sábado, marzo 26, 2005

Los caballos de verdad no me tumban

Eres extraño a mi realidad, sé que existes, sin embargo la mayor parte del tiempo te siento inmaterial, como un holograma o tantas de mis fantasías. Pero pienso en ti y me pregunto cómo puedo “quererte” (¿o será sólo deseo?), si ni siquiera estoy segura de quién o qué eres.
Mi vida está pasando de puntillas por encima del mar. Sé que no me hundo ni me mojo porque no tengo peso, no tengo cuerpo, no existo en el mundo de los vivos. Podría ser un ángel, pero hay demasiados temores y pecados en esto que a veces aún late en mi pecho.
¿Será que he empezado sólo a “funcionar”? no soy consciente de lo que vivo, de mis avances en el trabajo, de las órdenes que doy, de lo que como. Pienso, con la lengua amarga, que podría olvidar la vida, y para evitarlo escribo. Mas aún escribiendo, no dejo de sentirme entre la realidad, y alguno de mis más profundos sueños.
Quizás si sangrara recordaría mi humanidad. Sólo aquello del otro día, cuando salí a montar, molesta y triste por no ser querida como pensé, y porque las decisiones más acertadas suelen ser dolorosas... Sólo aquello me ha servido últimamente para no olvidar que no soy un espíritu aún, que existe vida en mí y que está viviendo sin que yo lo note.
Y no me siento triste.
Bebí sin comer. Hacia las cuatro y algo de la tarde tenía el estómago ardiendo por tres copas de cañazo y un nudo en la garganta que el primer cigarrillo en seis meses me ayudó a hacer soportable. Aún no siento el peso de mi cuerpo.
Me gustó el blanco cenizo en el que llegó trotando un amigo de mi anfitriona. ¿Me lo prestas? ¡Claro! ¿Le ayudo a montar? (no le dejé terminar) ¡Ah, ya sabe! Sí, claro, tengo experiencia en esto (mentira). Además, si se cae, del piso no pasa (risas) No me caigo... los caballos de verdad no me tumban.
Apenas me importó que el joven cenizo no tuviera freno, sólo bozal. De todos modos no íbamos a necesitarlo. Me dicen que en el pueblo hay otros caballos pendencieros y algunas yeguas, que no vaya para allá. ¿Es peligroso? Entonces vamos.
Casi escapamos corriendo, dimos algunas vueltas temerarias (perdí mis anteojos), alentados por el coro de chiquillos que se dedican a averiguar mi nombre, mis fechas de llegada y mi estado civil, para darles el dato a algunos jóvenes aspirantes a pretendientes que sé que mi estado corpóreo y sonriente tiene por ahí.
No se acerquen mucho, que me lo van a espantar. Pasemos por la plaza de armas, quizás nos lo encontremos de bajada (masoquista).
Fue el trago, el astigmatismo y el tener la cabeza en el estómago, no vi a tiempo a la yegua, pero mi cenizo sí. El chúcaro exaltado pensó que sería fácil aparearse sin que ella esté de acuerdo. No lo fue. Empezaron a darse de coses, una y otra y otra y otra vez. Habría sido fácil dominarlo con el freno, me dicen, con el bozal debí luchar más, y no era sencillo jalarle las cuerdas del hocico, con la hembra pateando.
Creo que pude haber caído tres veces, con el cenizo en dos patas, relinchos y toda su agitación. Pero los caballos de verdad no pueden tumbarme.
Por fin se dio por vencido (el dueño de la yegua me ayudó a disuadirlo). Una mujer, testigo de todo el jaleo, me sacó de golpe la tonta idea de que todo fue un juego: “Menos mal se sostuvo fuerte, señorita, o esa bestia la tiraba con fuera y se habría hecho daño”. No se preocupe, señora, que los caballos de verdad no pueden tumbarme. Vamos de vuelta con tu dueño, cariño, ya tuvimos bastante uno del otro por hoy.
Justo en ese momento llegaste sonriendo, con tu acertado comentario: “Tu caballo se ve molesto” (¡arg!). Tú, quien siendo más débil que el cenizo, ya me habías tumbado y matado en la mañana, y para todo el día. Gracias a Dios una cos de la yegua me dio en el pie, regalándome un motivo para llorar de verdad.
Y bueno, no sé por qué te he recordado, si ni siquiera te siento real. Ya no importa. Aún no recupero mi cuerpo, pero alguien encontró mis anteojos perdidos y me los devolvió. Luego te robé un beso, nada más. Final feliz.

2 comentarios:

kat dijo...

has descrito en esencia lo que desgració mi jueves santo...
ave maría purísima?

Angela dijo...

Sin pecado concebida... lo q me recuerda que no me he confesado ante un cura desde hace 3 meses, puf...