lunes, diciembre 19, 2005

Paz

No era una hamaca, sino un soporte para la hamaca que, según contaba mi bisabuela, usaban para mecer a mis tías y tíos, cuando eran bebés.

Nosotras, las tres de siempre, y algunas amigas de vez en cuando, o las primas de Piura, solíamos usarlo de cocina, cada tarde de vacaciones o de tareas escolares terminadas, en el corral de la mamá Blanca. A veces hacíamos agujeros al extremo de algún desafortunado pedazo de tela, y, tal como nuestras antepasadas, arrullábamos muñecas o a la más pequeña del grupo.

Desde que recuerdo, estuvo al fondo del patio (llamábamos patio a la parte que tenía suelo de cemento), al lado del jardín, con el enorme árbol de papayas, de tronco recto, que nos enseñó toda clase de raspones en el pecho y las piernas (más algún trauma de posible cáncer al seno para nuestras mamás) antes de aprendernos el truco de trepar por él.

Al otro lado de la cerca cuidadosamente instalada por mi abuelo, de pedazos de madera y una vieja pizarra de latón verde como puerta, las flores, tomates, ají mono, fríjol y el huabo, otra víctima de nuestras primates imitaciones.

Frente a esto, el gallinero (y patero, y pavero). Sólo los pollitos tenían licencia –y tamaño- para salirse por los huequitos de las redes de metal, y andar como dueños de casa, llevándose encontrones con los demás animales adoptados (perros, gatos, palomas) y salvándose por una pluma de los pies de tías atareadas con la diaria labor de lavar ropa.

Mi tortuga pasó de la casa pequeña de mis padres a la “de al frente”, la de mamá Blanca. Estuvo allí, en el jardín, hasta que notaron su tendencia a comer tomates. Luego la recluyeron en un encerrado de 1 metro por 30 centímetros, hasta que creció tanto (y empezó a gritar de angustia), que mis adultos de todo tipo decidieron llevarla a un dizque zoológico de la ciudad (al menos, eso me hicieron creer).

Las tardes eran frescas. La comida, de hojas y pelotitas verdes que caían del papayo. La única preocupación, que no nos vean trepar muy alto, bajar al gato tonto que se subió al techo y ahora se muere de miedo, no fastidiar a los pichones recién nacidos, alimentar a la tortuga, correr con los perros, no tocarse la costra de los raspones para no sangrar.

Un par de gallos acostumbrados a salir a jugar con nosotras al oír nuestras voces, increíble para mamá quien, pese a la admiración, no pudo evitar llevarlos a la olla. Piar, silbar, cocinar sin fuego, vender sin dinero, ser mamá, papá, hija, pelear, ya depende, de todos modos no importa, todo estará bien al caer la tarde, pese a los gritos de la mamá Blanca, que nos bañemos de una vez, que más de noche nos puede hacer daño, que yo sufro de los bronquios, que no debería usar sandalias con tira de tela, porque eso se moja y después me resfrío.

Mejor que eso, las visitas a los parientes del campo.

Hace años que no veo el soporte de esa hamaca… ya no lo recuerdo bien.

martes, diciembre 06, 2005

Sin novedad

Aunque el médico dijo y el jefe recalcó, buen hombre él, no siento la enfermedad hasta despertar en la discusión y ver sus ojos grandotes mirándome con una seriedad que me duele, porque le duele, y a este punto sólo dan ganas de retroceder el tiempo y borrar cualquier desvarío, lanzado a herir en plena avenida central.

El jefe quiere ayudarme, quizás contándome más historias de deshonras doncellezcas que, en mi caso particular, desea evitar. Yo necesito dormir (y que me dejen un poco en paz). El médico no puede tratarme en el hospital, Dios sabrá el motivo. Me ha pedido asistir a su consultorio privado, prometiendo un arreglo en el precio, pese a ser “uno de los más caros”.

Yo quiero a mi mamá, que mis hermanos no peleen cuando estoy en casa, que esos ojos preciosos no sientan dolor cuando lo hiero y hiero, casi sin querer, totalmente sin querer, sin saber.

Quizás necesito pastillas para disolver algunos vacíos de garganta y pecho, quizás necesito pensar sólo en “lo importante” (dicen que la carrera, el trabajo, ese tipo de cosas). Quizás sólo me hacen falta vacaciones.

viernes, noviembre 18, 2005

Deseo haber tenido un ángel (Lyrics)

Lo cierto es que hasta hace un rato he estado muy recargada de ira, pero nada que una buena dosis de metal (aunque sea "new metal") no me ayude a canalizar "sanamente".
Vaya letrita, ya se ve que la escribió un hombre. Sin embargo, la soprano que la interpreta es grandiosa. Más "vikingos".
Aquí, la traducción. No es exacta, claro, aún no me da para mucho el inglés. A ver si se pasan por la Web, Nightwish está bastante bien, la verdad (ya tendré un radioblog). Aquí va:

Wish I had an angel

Deseo haber tenido un angel para un momento de amor, deseo haber tenido tu ángel esta noche.

En un día que muere tomé profundamente un corazón inocente. Prepárate para odiarme cuando pueda herirte como nunca antes, esta noche.

Viejos amores que mueren difícilmente, viejas mentiras que mueren más difícilmente.

Deseo haber tenido un ángel para un momento de amor. Deseo haber tenido tu ángel, tu Virgen María deshecha. Estoy enamorado de mi lujuria, alas ardientes de ángel al polvo. Deseo haber tenido tu ángel esta noche.

Voy bajando tal frágil y cruel, la ebriedad cambia todas las reglas.

Viejos amores que mueren difícilmente, viejas mentiras que mueren más difícilmente,

Deseo haber tenido un ángel para un momento de amor. Deseo haber tenido tu ángel, tu Virgen María deshecha. Estoy enamorado de mi lujuria, alas ardientes de ángel al polvo. Deseo haber tenido tu ángel esta noche.

La emoción más grande no es matar, sino tener el premio de la noche. ¡Hipócrita! ¿Quieres ser mi amigo? ¡El treceavo discípulo que me traicionará por nada!

Último baile, primer beso. Tu tacto, mi dicha. La belleza viene siempre con pensamientos oscuros.

Deseo haber tenido un ángel para un momento de amor. Deseo haber tenido tu ángel, tu Virgen María deshecha. Estoy enamorado de mi lujuria, alas ardientes de ángel al polvo. Deseo haber tenido tu ángel esta noche.

Deseo haber tenido un ángel. Deseo haber tenido un ángel. Deseo haber tenido un ángel. ¡Deseo haber tenido un ángel!

Hay una chica...

Quizás deba coronarme como la reina de las estúpidas, o retirarme a vivir en una isla desierta y acabar haciéndole el amor a los delfines, qué más da. Pero vivir con gente, ni hablar, no puedo, no es lo mío.

Hace años conocí a una muchachita linda, de las más guapas que he visto jamás. Es una de esas ninfas que llaman la atención de todos los hombres, doquiera que vayan. No es exuberante, ni delgadita como las “Barbie girls”, pero sí preciosa. Que yo recuerde, todos mis amigos han quedado embelezados con su belleza, al punto de dejar de prestar atención incluso a sus propias enamoradas.

Esta Venus sin conciencia de sí misma se hizo mi amiga, quizás porque era una de las pocas a las que consideraba “decentes”, cuando estábamos en el colegio. Me caía bien (me cae bien), buena chica. Sin embargo, me di cuenta que era un martirio para mi alicaída autoestima andar con ella, pues todas las miradas se centraban en su tez blanquísima, su cabello azabache y sus 10 cm. más de altura.

Una vez su madre nos invitó a un desfile de modas. Las señoronas se dedicaron a regañar a la mamá de la ninfa, por no ponerla a modelar. Cuando me presentaban a mí, me miraban de reojo y sonreían con mueca forzada, una y otra vez, hasta hacerme desear salir corriendo del sitio aquel. Pero no pues, estaba con mi amiga, así que a hacerme la tonta, ¿total?

Lo cierto es que nos queríamos mucho. Ingresamos juntas a la universidad, estudiamos a la par casi toda la carrera (en distintas facultades, claro, porque ella ni muerta estudiaría Comunicaciones, pues “es para vagos”). No puedo decir que salimos, jamás hemos coincidido en una fiesta, primero porque no la dejaban ir, segundo, porque a mí dejaron de gustarme las escapadas de fin de semana.

Uno de mis amigos la conoció, ambos estudiaban lo mismo. Él, al igual que todos los demás, cayó bajo el encanto de esos hermosos ojos negros. Claro, el muchacho tenía novia, pero como es su costumbre, hablaba con una extraña mezcla de cariño y lascivia acerca de ella, al punto que su enamorada de entonces desarrolló un justificable recelo hacia esa niña, mi amiga, que se notaba a metros de distancia.

Mi amiga la más bonita a veces hablaba de ese chico como de un hallazgo invalorable, un amigo incondicional, un hombre estupendo, pero qué pena que tenga enamorada, además ella, que es tan, tan… en fin.

Yo no decía nada, no era mi asunto, ya bastante confundida andaba.

No podría contar las veces en que he oído a este chico hablar con cariño, lascivia e intenciones frustradas de la ninfa, la pura, la buena, la más bonita de todas, la que pudo haber “sido”, pero no fue, porque todo el tiempo estuvo con otra.

Pasó el tiempo, pasaron muchas cosas. Hace algunos meses salgo con este chico, quien se ha cansado de repetirme que nunca gustó de mi amiga bonita, que sí, que es guapa (admitió que era más guapa que yo una vez, hace poco, rendido ante uno de mis juegos de palabras). Además, y sin miedo a oírme “idiota”, son de clases sociales parecidas: pequeño burgueses ambos, con roce social, chicos de casa. Nada que ver con la autora de este blog, que hace mucho dejó el hogar y, desde entonces, suele ganarse la vida por sí misma y no marca tarjeta de entrada y salida.

A veces el chico bromea respecto a lo que “pudo haber sido”. Por supuesto, son bromas. A él, que me quiere tanto, ni siquiera se le ocurre cuánto me hiere con esto. Además, ella es mi amiga, no puedo hacerla a un lado en nuestras salidas y reuniones, sólo porque siento “celos injustificados”.

Ya no sé. Hace algunas horas, una amiga, otra, no tan guapa, pero feliz, me ha pedido de favor que no permita a nadie más hacerme daño. Muy tarde.

Mi amiga la ninfa hermosa acaba de pasar por la oficina. Todos los hombres de alrededor se congregaron en mi escritorio, esperando que se las presentara. No lo hice, ella iba de pasadita, tenía cosas que hacer. Por algún motivo sólo explicable con emociones, no me sentí contenta de que estuviera aquí, no pude sonreír.

Creo que sí, creo que he creado un monstruo. En fin.

Hoy me siento especialmente fea, quizás más que otras veces. Haber subido de peso no me ayuda a sentirme mejor. Y una mierda.

Quiero mi cerro, sobre las nubes, mi casita de adobe, una hoguera, una escuela, un poncho negro y un pasamontañas. Que nadie me vea, que nadie, salvo los campesinos, me conozca. Ya no quiero sufrir.

miércoles, noviembre 09, 2005

¿Por qué planté a mi enamorado?

Porque la reunión a la que fui duró más de lo previsto, sí… Pero bueno, fue por una causa noble (sorry, ¿sí?). Les cuento:

En algo salí “directamente” afectada a fines de abril de este año, cuando quise ir a la Laguna Negra, desde Palo Blanco. David moría por conocer las Huarinjas, y después de tantas horas andando, ¿ya qué más daba una subida de 5 más? Pero Gloria, asustada, nos recomendó que no hiciéramos tal travesía, pues la gente podría confundirnos con “mineros” y tratarnos mal. Decidí escuchar y no moverme de allí.

Comunicadores como somos, los del equipo sabíamos que el asunto de la mina aquella que quiere explotar cobre al norte de Huancabamba, traería secuelas sociales en toda la zona del andino central, pero los chicos del equipo técnico no nos prestaron mucha atención.

Poco tiempo después, la explosión: en los meses más difíciles de conflicto social por el tema de la minería (julio y agosto de 2005), se nos culpó de andar buscando oro en las tierras de Mijal, para extraerlo (aún teniendo nuestra zona de influencia a 60 Km. -y muchas montañas- de distancia de Henry’s Hill, el yacimiento cuprífero que se planea excavar).

Afortunadamente nos tocó la parte más “suave” del conflicto, nada que una solidificación de fuerzas y estrategias de comunicación en emergencia primaria (sumadas a la confianza ganada durante dos años de trabajo con los habitantes locales) no puedan contrarrestar (también hubieron complicaciones políticas y aún me dura el pálpito de que algún colega habló de más, y a drede, pero bueno, lo peor ya pasó).

Sin embargo, el problema continúa desarrollándose entre cimas de cordillera de cobre y oficinas burocráticas de economía, gobierno, redacción y opinión pública.

sábado, noviembre 05, 2005

¿Cómo?

No fue por conocernos hace años, poco a poco, como pensé, pues a ninguno de los dos nos interesaba estar juntos, hasta que lo estuvimos.

Tampoco fue en ese viaje solos, ambos queríamos a alguien más…

¿Cuándo respondí a tus coqueteos? No tanto. Yo estaba sola y jugaba a intentar algo (pues me gustabas). Tú coqueteabas con cuanta chica podías, pues andabas “sin compromiso”.

He de confesarte que esa única vez en que no bromeabas al decir que sería bonito querernos si no estuviésemos ya enamorados de otros, sentí el piso moverse bajo mis pies. Pero no tenía caso darle más vueltas pues, como dijo mi “Ángel”, tenías varias cervezas en la cabeza.

Y no, definitivamente no fueron esos primeros besos sin condición previa.

Hum… ¿La música que me diste, quizás? Debo admitir que te oía en cada nota, y venía a mis sentidos el hogar de siempre, el mío. ¡Qué maravillosa sensación!

¿Las llamadas cuando estuve en la selva? Ya para entonces había decidido quererte, pero aún no sabía qué esperar (mi compañero de ruta comentó que “la estabas haciendo linda”).

Quizás sea la cantidad de cosas que estoy aprendiendo contigo, la oportunidad que me brindas de compartir, de conciliar, de mirarte hasta dormir, de cuidarte. Quizás sea por la cantidad de cosas que me enseñas, por lo que compartes, por ser conciliador, por quedarte conmigo hasta dormirme, por cuidar de mí.

Casi lo tengo claro, pero ante tanta certeza, sólo soy capaz de decir una frase simple, sin mucha gracia, sin romance ni arreglos literarios: qué bonito es estar contigo.
----------------------------------------------------

Mi adorable “Pretencioso”, esto es para que luego no digas que no te dedico ningún espacio en mi blog, o que tengo un especio dedicado a rajarte (¡¡¡aunque a veces das unas ganaaaaas!!!). TQM.

jueves, noviembre 03, 2005

Incoherencias comúnmente humanas

Esto pasó hace más de un mes:

He prometido nunca comer delfín, salvo que esté a punto de morir de inanición y no me quede otra.

La otra noche fui a visitar a mis amables ex – vecinos del piso de abajo, a su pizzería. Quería saber por qué, de un día para otro, decidieron abandonar un departamento que, decían, les encantaba, complementaba la vida y les servía para criar a sus tres perritas adorablemente ruidosas, sin que nadie les dijera pío.

Pues resulta que los asaltaron llegando a casa del negocio, como la 1 de la madrugada. La efectividad del robo a mano armada delata todo un trabajo de seguimiento y planificación. Ya el barrio no era seguro (para nadie). Estaban entre abandonar y quedarse, consultaron con la casera, quien aprovechó el pánico para decir pío con respecto a las ruidosas cachorritas (muy oportuna, ella), y se acabó, se fueron, incluso sospechando que la vecina de arriba (o sea, yo), se había quejado del ruido.

He de confesar que los ladridos resultaban irritantes, además que los lanzaban en todos los tonos y ritmos posibles, especialmente entre las 11 de la noche y las 2 de la mañana. Pero ya estaba muy acostumbrada y, de hecho, todo el barullo aquél me daba seguridad y disipaba un poco esa sensación de soledad que suelen tener los departamentos de soltero. Así que no, no fui yo. Pudieron ser los vecinos de al lado, o cosas de la misma casera, ¿no?

Por esos días anduve seriamente “sicoseada” con pesadillas, malos augurios, nerviosismos e insomnio. Habría sido una tranquilidad saber que se trataba de algún exagerado síndrome premenstrual, pero la regla estaba aún lejos, así que no, nada de eso. La solución: actuar como menopáusica histérica, inventarme apariciones, poner toque de queda al enamorado (no me puedes ir a visitar después de las 10, porque es peligroso), y dormir con la luz encendida dos semanas seguidas.

De esto y aquello conversaba con los vecinos, mientras devorábamos un delicioso y engordante bocadillo de pan al ajo con queso derretido, cuando llegó David, previa llamada al celu, para saludar y llevarme al hotel de su tía, donde los excéntricos y alegres gambianos, que por unos días tomaron Piura, darían un recital de música y danzas folclóricas.

Haciendo tiempo, para no irnos justo después de comer, conversamos sobre edificios “pesados”, fantasmas, perritas que no le hacen daño a nadie, casas más grandes y posibilidad de mudarme con ellos cuando se acabe mi contrato (aseguré que lo dejaba en agenda, para pensar). Halagando el sabor del pan y el toque exacto de ajo, mi buen David, sin importarle cuán guerrillero podría resultar el comentario, dijo:

- ¿Alguna vez han probado delfín? Cuando lo sirven con ajo es realmente delicioso.

Sepulcral silencio nos cubrió. El otrora alegre anfitrión tornose rojo de ira y, mal controlando los espasmos vociferantes, sentenció:

- ¿Cómo es posible que hagas semejante comentario? ¡Tú no deberías llamarte humano!

Su esposa secundó esta y cada una de las frases que vinieron luego:

- ¿Acaso no has visto en los documentales del Discovery Channel que estos animalitos están en peligro de extinción? ¡Y son inteligentes, más inteligentes aún que algunos hombres! Además, en el documental dijeron que el delfín es el único animal capaz de hacer reaccionar a un niño con autismo, ¿te das cuenta? ¿Y si tú tuvieras un hijo con autismo? ¡Qué barbaridad! Nunca más digas que has comido delfín, es un crimen…

David sonreía, un poco avergonzado y otro poco sin entender bien tal reacción:

- Oye, el delfín se come de todas maneras, lo malo es la caza indiscriminada y la crueldad, pero el comercio de esa carne existe y…

Interrumpí sin disimular las ganas de cambiar de tema:

- ¿A qué hora era eso de los de Gambia?

David me siguió el juego, fue el escape perfecto:

- Es… ¡Hace 10 minutos!
- Bueno, ya vamos, ya vamos…

El anfitrión, otra vez de su color natural, entró en la conversación:

- ¡Ah! Es la hinchada de los gambianos que han llegado a ver jugar a su equipo, ¿no?
- Sí –responde David-, y son alucinantes estos patas. Imagínate que para venirse a Piura han fletado un avión, han llegado con el Gobernador y dos funcionarios diplomáticos, creo que hasta un ministro. Han fingido desperfectos, han pedido permiso para aterrizar en el aeropuerto y andan por aquí, como si nada. Ya han hecho varios recitales, ¡son lo máximo!

Alerta roja, los anfitriones se han quedado mudos otra vez, con los ojos muy abiertos, sólo que ya no colorados de ira, sino pálidos. Él dice:

- ¿Cómo? ¿Se han venido sin documentos? ¡Eso quiere decir que no se han puesto vacunas ni nada de eso! ¡Qué peligroso! ¡Eso es una locura, una desconsideración! ¿Has visto en los documentales del Discovery Channel la cantidad de pestes y enfermedades que hay en el África? ¡Esos negritos podrían estar infectados y nos van a contagiar! No, no me parece que los hayan dejado entrar, ha sido una irresponsabilidad. Debieron dejarlos en el avión, sí…

No recuerdo cuánto más nos mantuvimos sosteniendo la conversación, pero nos fuimos tranquilos y en paz. De todos modos, los anfitriones son buenos tipos y no iban a ahorcarnos, ni nada por el estilo. Igual salimos tranquilos, fuimos al recital y lo disfrutamos… bueno, yo lo habría disfrutado más, si no fuera por mi gripe y mis tacos viejos de oficina. Bonita experiencia.

Así las cosas.

sábado, octubre 29, 2005

Mariposa

Algo discretamente evidente trae a mi memoria recuerdos de niña, mirando vídeos con papá, en algún canal de televisión ecuatoriano (los que solían verse con mayor nitidez en Sullana, allá en la década de los 80’s).

Es inevitable notar la modernidad nostálgica del primer single-vídeo del nuevo álbum de HIM, Drak Light (no sé por qué el titulito en cuestión no me sorprende). Por algún motivo remite al estilo gótico-rock de "Dancing With Myself" (Billy Idol), y alguna película de duendes y hadas oscuras, tipo “Laberinto”.

Por otro lado, la frialdad de los edificios oscuros y los reflectores de luz azulada, con reminiscencias a “Blade Runner”, intentarían explicar el sentido de Dark Light, la modernidad que todos los globalizados vivimos (marketing puro y duro, para qué negarlo).

Rascacielos emergiendo del mar o un diluvio que lo está cubriendo todo, en ambos caso es muy anime, ¿no? Sin embargo, qué buen vídeo, qué ganas de regresar a Europa, qué bien le ha sentado el cambio de look a alguno de la banda (soy una gruppie, qué le vamos a hacer).

Aquí, Wings of a butterfly. Y, para variar cosas, me la dedico a MÍ MISMA.

Enjoy!


"Wings Of A Butterfly"

Heaven ablaze in our eyes
We're standing still in time
The blood on our hands is the wine
We offer as sacrifice

[Chorus]
Come on, and show them your love
Rip out the wings of a butterfly
For your soul, my love
Rip out the wings of a butterfly
For your soul

This endless mercy mile
We're crawling side by side
With hell freezing over in our eyes
Gods kneel before our crime

[Chorus]
Come on lets show, them your love
Rip out the wings of a butterfly
For your soul, my love
Rip out the wings of a butterfly
For your soul
(Rip out the wings of a butterfly)
Don’t let go
(Rip out the wings of a butterfly)
For your soul

[Chorus]
Come on, and show them your love
Rip out the wings of a butterfly
For your soul, my love
Rip out the wings of a butterfly
For your soul
(Rip out the wings of a butterfly)
Don’t let go
(Rip out the wings of a butterfly)
[x2]For your soul


"Alas de mariposa"

El cielo ardiendo en nuestros ojos
Aún permanecemos a tiempo
La sangre en nuestras manos es el vino
Que ofrecemos como sacrificio

[Chorus]
Ven, y muéstrales tu amor
Rasga las alas de una mariposa
Por tu alma, amor mío
Rasga las alas de una mariposa
Por tu alma

Nos estamos arrastrando lado a lado
en esta milla sin fin de misericordia
Con el infierno congelado sobre nuestros ojos
Sumisión de los dioses antes de nuestro crimen

[Chorus]
Ven, mostrémosles tu amor
Rasga las alas de una mariposa…


lunes, octubre 24, 2005

Dentro

Y no sé cuándo voy a estallar, la verdad. Desde que empieza el día, reclamos, tonterías, mujeres sabias que nunca se dejaron amar (nunca sufrieron) y la soledad las ha vuelto duras, groseras y niñas (o groseras como niñas, también puede ser).

Creo que me han caído mal los sándwiches de sardinas (dijo Yuri que olían a “mujer”), y debo esperar que las señoras de limpieza desocupen el pasillo, para ir al baño elitista a lavarme los dientes (eso, o comprar pastillas de menta).

Es increíble el modo en que he dejado a la nicotina adueñarse de mi cerebro. Gracias a algún dios existen los cigarrillos, o mi mañana habría sido más insoportable de lo que ya, entre cinismos, citas a santos, malos olores y el sonido del scanner.

Y he pasado bastante tiempo sin gritar, ni tirarme de los pelos. Pero aquí, alrededor, el trabajo sigue, aún en hora de almuerzo. Así es siempre, sacrificadas hora de almuerzo, siesta y sueño nocturno saludable, ¡pero ay de ti si llegas algo tarde por la mañana! Políticas, políticas, políticas (mi buen amigo Cobra recomienda el estado "automático", dice que le llaman instinto de supervivencia).

Alguien pretende venderme sistemas de funcionamiento modernos de oficina, pasando por sobre todas las jerarquías. Me he vuelto burócrata, ahora las jerarquías también son parte de mi vida, la dignidad humana es la misma, contesto, pero las capacidades no. En eso consiste el equilibrio, es la base del trabajo en equipo: que todos no seamos buenos en lo mismo. Además, ¿quién paga los platos rotos del grupo? ¿El jefe, no?

La catarsis por msn cuando descubrí una cara más del quíntuple cara que tengo en el trabajo no me ha servido. Es que no estoy hoy para haber salido de mi casa, hoy llevo una nube gris sobre los hombros y me arde la garganta de tanto fumar (ya estoy sintiendo deseos de uno más, a este paso acabaré mi recién comprada cajetilla en pocas horas).

No pues, hoy me tocaba vegetar y rumiar las penas en cama, abrazando el conejito aquél de pantalones rojos. No puedo evitar sentir nostalgia cuando te veo, cuando noto que falta un botón en tu ropa, bicho, que se lo llevó ese novio que tuve el año pasado, ¿lo recuerdas? Quedamos en que te lo devolvería cuando nos volviéramos a ver, pero ya hace rato dejamos esa babosada y mejor te compro un botón nuevo, que así es la vida y así de rápido se cambian los sentimientos (o nos morimos de amor, y eso no es bien visto en estos tiempos, como comprenderás).

Voy por el cigarrillo, que no tolero el ruido que viene de la reunión del fondo, en hora de almuerzo. No vuelvo a meterme en ese asunto tan de última hora, que luego los errores son reclamados con bilis de niña malcriada y hoy soy la más malcriada de las ancianas, no respondo de mí.

Ya no sé, no me he sentido bien desde la semana pasada, y las torturas psicológicas del enamorado no ayudan. Ni siquiera he podido hablar con el importante, para dejar claras algunas cosas. Ay, es que no somos nada. Y mil problemas difíciles ocurriendo alrededor, verdaderas pruebas de espíritu para gente que ya se ganó el cielo. Y yo, ni esto, ni aquello. Sólo, morderme los labios cada vez que escuche al séxtuple cara citar las sabias enseñanzas del santo aquél, por enésima vez, para quedar bien, y seguir desparramando nuestras tripas a diestra y siniestra, por donde le dejen.

¿Acaso somos imágenes, nada más? Va a resultar ser verdad aquello de existir sólo en tanto se nos percibe. Sí pues, eso parece. Y mi buen amigo de Puerto Rico, contándome cuentos de hadas y diciéndome, de todo corazón, bueno, niña, que tú no vives para complacer a los demás. Ve dentro de ti qué es lo que quieres de la vida y hazlo.

Pero chico, no puedo, no puedo. Tantas miradas expectantes y tantos “padres sustitutos” dispuestos a aconsejarme sin que se los pida, han acabado convirtiéndome en la pequeña autómata que ahora soy, hasta me da asco haber pensado que tenía capacidad de iniciativa y raciocinio humano, ¡mira cuánto asco! ¡Qué asco, qué asco!

Por lo menos escribo. Hoy me gustaría que mi vida se acabase en un post, puesta en letras rosa oscuro, sostenidas en la pantalla, sin nada más que lo que dicen, una y otra vez. Eso, eso mismo. Pero no, pues, mi vida no es un post. Ni modo, a seguir (ahora, además de un cigarrillo, también necesito un café).

Menos mal que no fui la responsable de que se inundara el pasillo de las oficinas, ya habría sido el colmo de las torpezas para un lunes en la mañana. Me voy (por fin terminó la abnegada y laxamente inmoral reunión).

miércoles, octubre 19, 2005

Paranoia

Ella amó (pese a que Alexis le dijo muchas veces que el amor humano daña de muerte). Amó y no tuvo miedo de que se le notara, aún con dolores acumulados de siglos y amores traicionados. Tuvo la suficiente fuerza/locura de amar una vez más, temblando de miedo. Él decía amarla también, todo correspondiente, correcto, óptimo, bueno.

Sin embargo, estaba en ese lugar bonito, bonito, muy bonito, del que es imposible hablar, porque tal vez duela más…



La verdad es que estoy muerta de miedo. No tanto miedo, sino desconcierto, aunque bien podrían ser ambas sensaciones: miedo, desconcierto, y una tercera: rabia. Sí, también esa, aunque no se nota mucho, pero es rabia, rabia más impotencia. Desconcierto + miedo + rabia + impotencia. Pésima operación. He tenido las alas rotas muchas veces la última media década, pero nunca atadas. Hoy sí.

Procuro no creer en premoniciones, ni en sueños, ni en miradas malas, ni en vibraciones negativas. Pero creo. Y hoy estoy a mitad convencida de saber quién es ese gato negro que me atacó en pesadillas, hace un mes. Un gato negro, grande, malo. Todas mis conocidas mascotas muertas en el piso, además. Y el gato cruel, hiriéndome.

Dicen que es “malo” soñar con gatos (me encantan los gatos, si son negros, más aún). Los gatos no me atacan, yo soy un poco gato, no hay gato que no guste de estar conmigo, los gatos son así, yo los entiendo. Pero ese gato negro me siguió hasta mi cuarto y me atacó, tantas veces como pudo, mientras yo me clavaba las uñas y golpeaba los nudillos de mis dedos contra la cabecera de madera, para despertar.

Tuve miedo de ese gato. Hoy creo en todas las supersticiones del mundo. Sé lo que significó el gato. No debí saber, no debí soñar con el gato, no debí atar cabos, ni descubrir que, quizás, a lo mejor, no sé bien, ella y la otra ella tuvieron que ver en lo de la semana pasada y en lo de esta semana.

¿Por qué la ella mayor me mintió al verme? ¿Por qué tratar de intimidarme diciendo que conocía a mi mal supuesta “jefa”, cuando la buena mal supuesta afirma que no la conoce de nada, pero sí a la ella menor, a la ella hija?

Amó. Amo. ¿Elección? No quiero elegir, quiero seguir así, estoy bien así. No soy mala. ¿Qué pasa? ¿Por qué si no es mi pasado, es el pasado de él? ¿Por qué tengo tanto miedo? No quiero soñar, no quiero gatos negros, no quiero atar más cabos, no quiero tener malicia, no quiero darme cuenta de nada.

Inocencia. Eso. ¿Dónde está?

jueves, septiembre 15, 2005

Agridulce

Creo que descubrí a Apocalyptica del mismo modo que a muchas de mis bandas : madrugando frente a MTV, justo cuando pasaban los vídeos menos populares, para noctámbulos fieles. Tenía 19 años.

Tocaban “Nothing else matters”, una de mis favoritas de Metallica, canción de amor bellísima. Me llamó la atención ver a 4 (entonces aún eran cuarteto) muchachos con facha de “heavys”, tocando violonchelos, instrumentos que algunos “guardianes del arte” se empeñan es discriminar como propios de una cultura sofisticada y por encima del “pueblo” (pienso en cierto director del coro de…)

No me enamoré locamente del grupo, sólo busqué algo en las nacientes cabinas de Internet de aquél entonces, eran finlandeses (sí pues, vikingos, tengo una fijación con los rockeros de por esos lares) y tocaban covers de Metallica (obvio) y algunas otras bandas pesadas. Genial.

Cuando estuve en España, gracias a un amigo experto en conseguir curiosidades musicales para mí (como Stratovarius y dulzuras parecidas), me trajo un disco de Apocalyptica. Bien ahí, aunque resultó un poco chocante escuchar mi enérgica “Master of puppets” en versión violonchelo y sin batería.

Luego no supe mucho de ellos (además, llevo 3 años de haber renunciado a tener TV en mi casa, eso no ayuda). Pero hace algunos meses hubo “pijamada” en casa de una amiga, con tragos, un montón de gente desconocida, hombres y mujeres de variadas ramas profesionales y opciones sexuales, todos en el cuarto de la anfitriona, conversando sobre mil cosas, con la luz apagada y el televisor encendido. Yo, mirándolo.

Vídeos musicales. Uno de Apocallytica. Featuring: ¡Caray, no logré leer!... Entonces, esa es la voz de… ese es… ¡Oye, mira, él es el vocalista de HIM, el grupo que te conté!... ¡Manya, ese otro es el Rasmus, ese que usa plumas de cuervo en la cabeza! ¡Y están cantando una canción con los Apocalyptica!

Mi motivo de éxtasis espiritual más recurrente es la música y las imágenes. Ville Valo y Laury Yllonen sosteniendo una sesión de ouija en una mesa ancha de madera vieja, cantando una canción descarnada, mientras la aparición, los 3 Apocalyptica (ya no son cuarteto), tocan sus violonchelos desenfrenadamente, de cabeza, pegados al techo. La imagen dura un segundo, pero me enamoré de ella.

Los músicos, en el el set de las escenas de Ville y Lauri, "el cuarto de la ouija".

Entonces, conseguí el vídeo por Internet, gracias a una dirección electrónica que me envió Ernesto, a través de mi blog, a propósito de una traducción de HIM que publiqué hace algunas lunas. ¡Gracias por ello, Ernesto!

Ahora, Bittersweet. Y me tomaré la libertad de dedicarla:

El otro día dijiste que “agridulce” era antitético, pero no, no lo es. De hecho, es el modo usual como me siento, como sé que otros se sienten, como funcionan las cosas a mi alrededor. ¿Complicada? No más que la mayoría de las mujeres, pero la canción que te doy ahora, amor mío, la escribió un hombre y la interpretan hombres… Aquí la tienes:

Bittersweet

I'm giving up the ghost of love

In the shadows cast on devotion

He* is the one that I adore

Creed of my silent suffocation

Break this bittersweet spell on me

Lost in the arms of destiny

Bittersweet

I won't give up

I'm possessed by him

I'm wearing a cross

He's turning to my god

Break this bittersweet spell on me

Lost in the arms of destiny

Break this bittersweet spell on me

Lost in the arms of destiny

Bittersweet

I want you

[I'm only wanting you]

And I need you [

I'm only needing you]

Bittersweet

* He convertido al masculino todos los pronombres femeninos originales.

Bueno, he aquí lo dicho (no es perfectamente literal, mi inglés no da para tanto):


Agridulce

Estoy dejando al fantasma del amor

En las sombras arrojado a la devoción

Él es el único al que adoro

Credo de mi silencioso ahogo

Rompe este encanto agridulce en mí

Perdido en los brazos del destino

Agridulce

No lo dejaré

Estoy poseída por él

Estoy llevando una cruz

Él se ha convertido en mi dios

Rompe este encanto agridulce en mí

Perdido en los brazos del destino

Rompe este encanto agridulce en mí

Perdido en los brazos del destino

Agridulce

Te quiero

[Sólo estoy queriéndote a ti]

Y te necesito

[Sólo estoy necesitándote a ti]

Agridulce


jueves, septiembre 08, 2005

Cerrando por hoy

Bueno, ya está, acabé de colgar las fotos en mi otro blog. Ahora, a dejar limpio el escritorio, para mi ausencia semanal. Pasa que estoy haciendo un curso en Lima, todos los viernes y sábados. Salgo de Piura los jueves por la tarde y tomo el bus de regreso el sábado en la noche. Ya llevo más de un mes en estas faenas, pensé que sería peor, pero no (el cuerpo se adapta a todo, por lo visto). Acabo el 30 de setiembre.

He tenido un sueño raro. Un hombre grande, demasiado grande, grueso y feo estaba enamorado de mí. Me recordaba mucho al dragón-perro de La Historia sin Fin, me daba la misma sensación amistosa. Casi nunca tengo en la cabeza detalles de mis sueños, pero esta vez lo he sentido todo tan real...

Hasta pude tocar una cerca de malla de acero que me separaba del lugar que el gigantón ocupaba, donde pasaba los días rodeado de pequeños que gustaban de estar con él, porque se sentían seguros y queridos.

Todos y todas, niños, niñas y adultos, me contaban que aquél extraño hombre me amaba. A mí me gustaba la idea, me enternecía. Me gustó conversar con él, poder tenderle la mano y abrazarlo. Era feo, feo, demasiado feo, pero tan lleno de dulzura...

Sabía en el sueño que mi enamorado debía andar por ahí, pero nunca le dije nada al tremendo ser que se esforzaba por gustarme. Sólo sé que le dije, claramente y con poco cargo de conciencia, que no tenía novio, sino un amante, pero que aún así podía hacer el amor con él.

En fin, extrañesas del subconsciente.

lunes, septiembre 05, 2005

De amores

Ahí está otra vez ese gusanito en el pecho que le quita el habla, le agita la respiración y le llena de aire el estómago. Se siente una de esas muñequitas plásticas, bonitas, que hipan cada vez que les golpean la espalda, y son dificilísimas de vestir. Pero bonitas, de mejillas rosas y ojos brillantes, así como ellas se siente.

Dice que ha subido de peso, mucho. No se nota. No sabe dónde están esos kilos que tiene de más, su cuerpo ha cambiado desde la última vez que una dieta rígida, una bulimia y una gastritis prolongada le dieron la figurita de niña andrógino-anoréxica que siempre deseó. Ahora tiene otra vez todos esos kilos, está algo llenita, pero no igual que antes (muy raro). Hasta a veces admite que se ve/siente bien.

Y el gusanito en el pecho, constante y travieso, quiere salir por sus ojitos, como lágrimas emotivas, o por su boca, como risa. ¿Es felicidad? Es algarabía constante, alegría y miedo se estar alegre, deseo y miedo de desear, cariño y miedo de ser vulnerable, amor y miedo de amar.

Pero esos ojos grandes y dulces, dulces como el caramelo más delicioso, que le arrancan lágrimas sonrientes y risas extasiadas, con miedo a derrochar tanto placer, esos ojos siguen allí, aún no se han ido, no quieren irse. Es cuanto más tiempo han estado consigo un par de ojos amados… ¿Qué pasa?


martes, agosto 23, 2005

No princesa

Hoy la princesa se siente especialmente fea, especialmente inútil, especialmente mal vestida y especialmente convencida de que no es una princesa de verdad.

Estuvo repasando su día, su noche pasada, en la calle principal, toda iluminada y multicolor, añorante de las capitales, corta y con poca oferta, por ser de provincia.

Las botas no pegan con el jean, ni la casaca, ni la blusa negra con letras plateadas, sin embargo, van mejor que las zapatillas de forro rojo, para ciudad y campo, da igual. Pero el taco de las botas es demasiado alto, sumando a su poca elegancia innata un cojeo insoportable que hará imposible una huída efectiva cuando llegue el momento (siempre llega).

Todo bien con esa chica que usa falditas sexis y botas de punta. Todo bien mientras el único vaso de cubalibre inquietaba suavemente y sin mucho éxito algunas de sus neuronas aún despiertas a esas alturas del stress. Todas las mujeres son princesas, sobre todos esas dos, ambas tristes, conversando sobre su vida, sus novios y los cigarrillos.

Pero luego, otra vez te sentiste algo pequeño, pequeño, pequeñísimo, como si todos estos años siendo tú misma, tú feita pero fuerte, feita pero valiente y tan trabajadora que ya no importa lo feita que eres, hasta que, por no sentirte fea, dejaste de serlo, todo eso conseguido se esconde, sales a la calle iluminada y eres feita, y mal vestida, y de ningún modo tienes derecho a creerte una princesa, porque las princesas miran revistas de modas y piden dinero a papá para comprarse ropa. Tú no.

Además, te resistes a soltar esa mano que adoras, la mano del espejo en el que te miras y te ves fea, y tonta, y nada de lo que tienes sirve ante ese espejo, nada, aunque el espejo cariñoso te acoge, te recoge, te ama. No te importa, princesa no princesa, porque has perdido todo lo conseguido, porque huías tanto de verte así para acabar abrazando esa realidad prejuiciosa, que te hace aún más fea.

¿Qué hace aquí la princesa? ¿Qué haces en este lugar que no es tuyo? ¿Qué haces entrando en el círculo al que sólo podías rozar tangencialmente, circunstancialmente, para no dañarlo ni dañarte? ¿Qué haces escribiendo cosas que duelen, princesa? ¿Qué haces llorando? ¿Qué haces?

Pobre mi princesa, sólo mía, princesa aunque nadie más lo vea. Pobrecilla. Debiste salir corriendo, pero las botas no te dejaron y aún te duelen los dedos de caminar tan rápido, y el pecho de caminar fumando, y el corazón de tantas rajaduras. Pero tú te lo has buscado, princesa, porque el mundo no es el Asteroide de los baobabs y la rosa coqueta, pero insistes en seguir en él.

Cuídate mucho, mi princesa. Y ven conmigo si tienes ganas de llorar y descansar. Yo no te veo fea, ni tonta. Yo te quiero, princesita. Sabes cómo llegar a mí, es fácil. Ven.

jueves, julio 28, 2005

Io non ho paura

Al profe de Filosofìa no le gustó tanto, me contó que (léase con voz impostada): “Me pareció más bien una mezcla entre drama, que no se logra, y policial, que tampoco está bien logrado, y terror, que no resulta bien en absoluto, y en fin, no entiendo cómo un niño de 10 años, teniendo toda la información, no pudo atar cabos, porque estos chicos de hoy en día, y con la influencia de la televisión… ¡Pero los campos cultivados de trigo me resultaron excepcionales!”

Sin embargo, la película me encantó. Es de esas historias que te siembran una semillita en el pecho, no sabes si de risas o lágrimas, pero ahí está, generándote amor, fe, sonrisas y picazón de conciencia. Afortunadamente, cualquiera de mis dos hermanos menores, de 13 y 10 años, harían (casi) lo mismo. Entonces, no fue fantasía, ¿pero quién podría reivindicar de esta manera a los seres humanos, si no un niño? Y un niño sin formación cristiana, por cierto, pero más ángel que el que más (bien natural, todos los seres humanos lo tenemos de nacimiento, aunque usted no lo crea).

Al iniciar la noche

David y yo decidimos que ya habíamos tenido bastante, y luego del quinteto de clarinetes (sí, eso mismo, QUINTETO) tocando “La pampa y la puna”, seguido de un minuet europeo y mucho mejor interpretado que el anterior clásico andino, decidimos ir al cine.

Es que habíamos asistido, muy entusiastas nosotros, a la inauguración de la Escuela de Música de Piura. Mejor dicho, a la inauguración de su nuevo local, un bonito edificio de material noble, terriblemente contrastante con su otrora localcito de tripley y esteras, que por años ocuparan frente a la unidad vecinal de Piura.

Si debo agradecer al presidente regional, lo hago ahora. Estos artistas perseverantes, tan sólo por amor al arte y nada más, se lo merecían. Bien por César Trelles Lara, pues la acción, politiquera o no, ha favorecido a quienes se lo tenían bien merecido.

Hasta ahí, todo asumido. Llegamos al lugar del evento, en transversal pública, pero cerrada para la ocasión. Camino a los palcos de atrás, para la “plebe”, encontré a mi buena profesora Aura, mujer de recio carácter que alguna vez en su vida asumió la osada misión de enseñarme a tocar piano clásico. No era lo mío, pero me defendí como pude, y bien. Abrazote, somos amigas.

Bueno, para atrás con nosotros dos. En el camino, caras conocidas, algunos saludos incomprensiblemente eufóricos y, oye David, todos estos son apristas…

Una pancarta sobre la tribuna desde donde las luminarias musicales de Piura actuarían para el público: “Dr. César Trelles Lara, la juventud te agradece hoy y siempre”. Mi paranoia de periodista y mujer me dicen, querido mío, que esto es propaganda pura y dura. David también lo ha notado.

Varios minutos de espera después, pero inesperadamente, los apristas se ponen de pie, y aplauden a su manera, tres palmas – espacio – tres palmas. Sólo permanecemos sentados David, yo, una pareja en la fila delante de nosotros, y un señor de atrás. ¿Son palmas apristas? Sí, las he oído antes. Seguramente ya llega Trelles Lara. David mira e informa: no es Trelles, es Alan…

Sí, Alan García, él mismo. Mierda, esto es más propagandístico de lo que pensaba, ¿qué hace este tipo aquí? Pasó justo junto a nosotros, nos miró por un segundo, pero prefirió seguir saludando a quienes le hacían fiesta. Carajo, carajo, carajo, carajo… Algo en mi intuición de reportera no practicante me dice que esto no puede ser legal del todo. ¡Y no tengo una cámara! No importa, seguramente saldrá en todos los periódicos. Ahora entiendo por qué la invitación pública del presidente regional, en los medios de comunicación impresa.

“Ilustrísimo ex presidente, Dr. Alan García Pérez”, dijeron todos los ponentes. Y bueno, me consolaba viendo los rostros felices de los alumnos de la Escuela de Música, de ese muchacho que tocó violín con un excelente punteo y un pésimo dominio del arco, y ese memorable Cóndor Pasa con guitarra sola y solista, y el Ave María de Schuber en una voz de soprano popular, bonita, falta de educación, pero ya lo logrará con el tiempo... y los clarinetes.

David y yo acordamos hacer algún tipo de escándalo si Alan García hablaba, pero ya eran 15 para las 9 y la película empezaría 25 minutos después. Ni hablar, vámonos. Pero… qué efectivos e inescrupulosos asesores de propaganda tienen los apristas, mira que convertir un acto público en una suerte de mitin camuflado. Ay. Pero aún así, ¡que viva el Perú! (paisito lindo, donde está la gente a la que más quiero).

No tengo miedo

El título que le han puesto en castellano es “El secreto”. Pésimo, pero efectivo si quieres vender la película, desde el trailer, como una historia de suspenso. Prueba de ello, el grupo de adolescentes lanzamaízpopcorn que se situaron bulliciosamente en la última fila de la sala más chiquita de Cineplanet.

También estaban, casi en pleno, los humanistas de donde trabajo. Entre ellos, el profe de Filosofía. Hola… vamos atrás, David.

Varios niños haciendo carreritas entre trigales amarillos como el sol. Juegos inocentes, pigmentados con la malicia que bien se aprende en casa. El protagonita, Miguel (como mi hermano de 13), es el más "estúpidamente bueno", mejor persona que todos los demás, a futuro, sin lugar a dudas.

Miguel, de puro curioso, descubre un secreto a voces entre los adultos de su pueblo, campesinos eventuales, cuidadores de los cultivos de trigo, hasta la cosecha.

Su primer encuentro con el miedo, “paura”, asusta adrede a todos los espectadores. Es vanamente terrible, injusto. Pero en fin, cosas del director.

Poco a poco, el niño de 10 años descubre información que le es difícil de entender, por más “chico de hoy en día, con televisión” que sea, mi señor filósofo. Sabe que aquello no es bueno y actúa según su conciencia (y es que la conciencia nunca te puede llevar al mal).

La historia es cruda y tierna a la vez. Los adultos, manipulados, pobres y ambiciosos, actúan casi sin escrúpulos. Los niños no dejan de ser niños, pese a los dilemas morales que deben enfrentar… ¿Quién, a los 10 años, acepta que su papá puede hacer algo malo? ¿Quién lo entiende? Miguel no, es sólo un niño, pero sabe lo que es bueno, aunque no tenga peregrina idea de lo que es un Ángel Custodio (mientras algún Ángel de la Guarda se está valiendo del buen niño ateo para actuar).

Miguel tiene miedo, pero da igual. Conduce su bicicleta rumbo a la más osada de sus intervenciones, rezando una oración a la naturaleza, pidiéndole a los seres de la noche que cuiden del “bambino”, de él mismo, y calla de un grito al cuervo mal agorero que le infunde terror. Y va, hace lo que tiene que hacer, se arriesga, pese a ser un niño. Hace bien.

Lo cierto es que la información clave de la historia llega de golpe, totalmente, a través de las noticias en televisión. Para un adulto está todo resuelto, pero no para Miguel. A quienes vean la película, les recomiendo ponerse en el lugar de un niño de 10 años en zona rural. De otro modo, pensarán como mi amigo el filósofo. Pero en fin, opiniones...

Humildemente, la recomiendo. Creo que vale mucho la pena. A mí me gustó. Buen final de jueves por la noche. Y yéndonos por el lado puramente sentimental, he de reconocer que me han dado grandísimas ganas de ser niña otra vez y hacer cosas buenas sin pensármelas tanto. Ni modo, a tener 25 y seguir.
P.D.1: Pregunté a mi hermanito de 10 años qué haría si en el malecón del río Chira (por donde suele jugar) encontrara una cueva con un niño de su edad encadenado. Me dijo, muy seguro: “llamaría a la policía”. O sea, de todos modos se metería en el asunto… ¡Adoro a ese enano!

P.D.2: Los adolescentes lanzamaízpopcorn se quedaron mudos a los 15 minutos, y vieron la película con total atención.

martes, julio 12, 2005

El pelirrojo

Había pasado toda su adolescencia de morenita regordeta y, en su cabeza llena de hadas rubias, creyéndose la niña-púber-adolescente más fea de su clase. Pero sacaba casi las mejores notas de su año (la niña más bonita y blanca tenía notas aún mayores, algunas de sus compañeritas se esforzaban por hacérselo saber), y en su casa le habían llegado a convencer de que era la inteligencia más importante que el exterior, aunque, de todas maneras, no eres fea, hijita.

El papá sobre protector y celoso, además los trabajos de fin de semana en el negocio familiar, no le ayudaron a mejorar su nivel de aceptación con los chicos de su edad. Ni siquiera el mudarse de barrio, pues le prohibieron contundentemente hacer grupo con las chicas y chicos de la calle esa, porque tenían malas costumbres.

Además, un accidentado paso de sus padres por la religiosidad exacerbada de una secta con cariño recordada, le sumaron a su cabecita de niña-genio sin ganas de serlo, la certeza de que no se debía tener enamorado hasta después de acabar la carrera universitaria, que las drogas llegarían a sus manos como demonios destilando ácido muriático (y el lugar más seguro era, evidentemente, su cuarto, tras su puerta-cortina, muñecas y libros) y que si alguna vez llegaba a masturbarse, no entraría al Reino de los Cielos.

Sin embargo, así como en casa le quitaban mundo, así se lo daban. El trabajo de la familia la exponía a conocer y hacerse conocida a nivel de toda la ciudad, de todos los alfabéticos segmentos sociales y, a la vez, le permitían observar a través de una cámara, comportamientos, actitudes, gestos, miradas, danzas. Y como bien metida estaba en el asunto, hasta aprendió de olores, sonidos y sabores, populares casi todos, exclusivos algunos, con falta de ubicación. En fin, le quitaron mundo, pero al mismo tiempo, le llenaron las manitos de él (y la espalda de fuerza, y el sentido común de maña, para moverse con soltura, sin dejarse ensuciar, entre todo y todos).

Pero masturbarse seguía siendo un pecado de lo más mortal (menos mal que no le exigieron ir a misa), y tener novio, ni hablar. De pronto se enteró que el amor dolía, ese amor alto, flaco y pelirrojo, que pasaba frente a su naricita una y otra vez, pecoso popular del barrio, con la chica de acá, y la de allá, y la de más a la esquina, y hasta esa muchacha mayor, a quien llamaba prima. Sí, señor, el amor dolía.

Escribió sobre él en un diario. Pensó que un cuaderno bien forrado, con florcitas y un dibujo de su invención por día escrito, serían el perfecto cofre para los tesoros de su corazón. Y claro, no se le ocurrió mejor caja fuerte que entre el colchón y las tablas de su cama. No pasaron dos semanas antes de descubrir que mamá ya lo había leído, y con detenimiento. En esos arranques de ira que solía tener, lo hizo pedazos y se avergonzó de ser quien era. Quizás fue una de las primeras veces en que quiso morirse, y además en serio. Pero no, mejor no.

Masturbarse seguía siendo un pecado, y tener novio, ¡Dios me libre!

Aún miraba al muchachito largo, de pelos rojos. A veces compartía sobrenombres para el pecoso ese, cabeza con ají, ¡horrible! Pero se moría, se moría porque la mirara, se acercara, le diera un beso y fuera su enamorado.

Nada.

El muchachito éste no era su primer amor. Ya se había ilusionado, un par de años antes, con un chiquillo igual de pálido, pero acastañado, mientras recitaba una poesía en el aniversario de su colegio. Fue el inicio de esa cábala, de enamorarse de intérpretes, la mayoría de veces sólo mientras interpretan (canción, poema, violín, guitarra eléctrica, relativo total).

Creo que también empezó su gusto por lo hombres irracionalmente altos.

La pobre chiquilla regordeta encontró un día, justo en la puerta de su casa, al pelirrojo y al acastañado, jugando como los dos mejores amigos de toda la vida (después de todo, es lo que eran). El corazón nunca antes le había dado tantos saltos (masturbarse seguía siendo un pecado), por el gusto de verlos a ambos, y por la conmoción de verlos juntos, y además como amigos. Y claro, en la puerta de su casa.

Acercarse despacito. Hola. El pelirrojo le respondió con algo de familiaridad, con el otro no era la cosa. Permiso, voy a pasar, es mi casa. Ajá. Cerró la puerta, entrar como si nada sucediera, ¿total? Dos semi-dioses adolescentes haciendo fuercitas en la puerta de su casa eran el pan de cada día....

De pronto, la convocatoria de chicos creció. Pero claro, no era por ella, sino por las hermanitas brasileñas que se habían mudado a vivir en el piso de abajo. Lindas, blancas, de cabello claro con inversión propia, y un poquitín marihuaneras. Fue por aquellos días que la nena supo a qué olía aquello, previo escándalo de papá y mamá. Nada del otro mundo, ¿no?

El chico acastañado se emparejó rápidamente con una de las niñas nuevas, pero el pelirrojo no. Es decir, coqueteaba con una, con la otra, pero no. ¿Qué pasaba? Nada, seguramente, nada con ella, de hecho. Y un día, volviendo del colegio, el chico en cuestión, el semi-dios del fuego, en uniforme único escolar, dos años mayor que ella, caminó a su ritmo un rato en la acera de enfrente y luego, pasó a la de ella, gordita, aunque ya no tanto, y le habló.

Fue bonito, fue el acercamiento más bonito hasta hoy, según dice ella, pues nada sabía de él –y muy poco de la vida-, por ende, nada temía. Entonces, todo fue rosado y azul marino, y fresco, y de ensueño, y el viento levantaba los cabellos que llevaba fuera de la trenza anti-calor que se hizo corriendo a la salida del cole, y levantaba también algunos de sus mechones rojos, los que le caían sobre la frente. Era el hombre más hermoso que había visto jamás, y seguía siendo pecado masturbarse, pero la masturbación, por entonces, no le importaba mucho (no era momento para ponerse a imaginar los traumas que se le vendrían encima algunos años después).

El flaco pelirrojo, cabeza con ajíes, se fijó en ella. Papá los vio llegar juntos, papá hizo algunas preguntas a la hora de la comida, papá le dijo, sin que ella se lo pidiera, la verdad. Claro, entonces ella no lo asumió como verdad, sino como un montón de tonterías que dicen los papás celosos contra los amigos de sus hijas. Pero ni modo, verdad es verdad, y nada grave, sólo que el muchacho no era un “chico serio”, que ya había estado con todas las chicas del vecindario, que tal y cual.

Sí, la nena estaba enamorada, pero hubo una estúpida tendencia a ser racional, de adolescente fue demasiado racional, quizás porque aún se creía la niña más fea de su clase, y era preciso ser “superior” en algo. Y el trabajo en casa y con la familia, y la experiencia que marca aunque uno no quiera, hicieron que vea las cosas claras, muy a su pesar: sí, pues, no es un muchacho que valga la pena (¿valer la pena para qué, si ambos tenían entonces no más de 16 años?).

Entonces, la nena empezó a desterrar de su corazón el amor puro que cualquier adolescente de 14 puede sentir por un muchachito no tan dañino, casi de esa edad, un poquito mayor. Y aunque le picaba la pancita cada vez que lo encontraba por la calle, y se sonrojaba ante sus coqueteos, sabía que no valía la pena estar con ese semi-dios del fuego, quien tantas veces la había visitado en sueños (¿eso también era masturbarse?).

¿Qué hacer, entonces? A los 14 hay mucho tiempo libre, luego de las tareas escolares, el trabajo en casa y el hermanito menor. ¿Qué hacer, qué hacer?... Dejar que el subconsciente decida no dejarla sin historias de amor, dejar que los abrazos añorados se sientan reales. ¿Dibujar? No, muy evidente. Escribir.

En un nuevo diario, esta vez de llave y candado, que además llevaba a todas partes, empezó a gastar lapiceros, completar su fallida historia de amor, hacer felices a otros, inventar nuevos finales para sus películas preferidas, soñar con seres pálidos, cada vez más pálidos, sensuales, delgados, andróginos. Poco a poco apareció la patología. Oscuros, molestos como lo tendría que haber estado ella con su alrededor, diferentes al semi-dios del fuego, luminoso, que aún le hacía la corte, con toda dulzura y desparpajo, frente al barrio, y que se entere el mundo entero.

La nena no pudo callar su enojo, por ello, sangre en sus letras, sangre en sus dibujos, demonios, vampiros… ¿Qué pasó aquí? Mamá siempre te crió para que seas una niña buena, de tul y encajes y los mejores modales que la hija de una profesora puede tener. ¿Qué pasó aquí? No sé, pero me gusta. Me gusta.

Y de tanto hacer felices a otros en sus cuentos, quiso también ser feliz ella misma, y entró en sus hojas de cuaderno con candado, perfumado porque no había más remedio, y fue quien siempre hubiera querido, una princesa no, una guerrera, una mujer-macho fuerte y nada gorda, temida y añorada por hembras, pero amante de algún hombre a quien nunca llegaba a encontrar, con quien nunca podía estar, quien siempre tenía que irse o siempre tenía que morir.

Cobró fuerza, el nuevo dios. Fuerza, rostro, voz. Masturbarse seguía siendo un pecado, ¿y qué? Alexis lo valía, Alexis lo valía todo (leyó el nombre en algún libro de historias griegas). Y ya estaba, ahí estaba, su amante, él, contra quien nadie, ni demonios, ni vampiros, ni compañeras de clase chismosas, ni flacos pelirrojos, ni papá, ni mamá, se podrían oponer. Alexis, su final.

domingo, julio 03, 2005

¡No es tu problema!

Admito que no soy la mujer más “open mind” del planeta, por una sencilla razón: no tolero la asquerosa “unidireccionalidad” de los “mente abierta” de hoy en día, pues tienden a no aceptar como válido cualquier pensamiento “conservador” (llaman así a todo lo que les parece) que vaya en contra de su libertad para hacer lo que se les de la gana, siempre, donde sea, como sea y con quien sea.

Y no soy moralista, pero no me da vergüenza que alguien me llame así a causa de mis ganas de no soportar las incoherencias y las injusticias.

Sé que hay normas de convivencia a respetar, no porque sean “sucias leyes humanas”, sino por tratarse de simple “buen trato”, inherente a nuestro instinto de conservación y formación de grupos (¿han notado que, por la calle, hasta los perros se saludan?).

Yo no le hago daño a nadie oyendo la música que escucho, siempre y cuando no haya un enfermo convaleciente en el departamento de al lado... ¿Imagínense cuántos ángeles y demonios le haría ver al pobre si pongo el Master of Puppets de Metallica, a todo volumen, un domingo al mediodía?

Claro, tantas veces he respetado a quienes no suelen hacerlo conmigo, sí pues, ¿y? No siento haber perdido nada, vivir en vecindario no es una competencia, aunque a veces parezca lo contrario.

No sé si sea parte de mi tendencia psicológica a enclaustrarme y mi vida de ermitaña, que suele romperse con salidas en grupo al cine, o a comer celebrando el cumpleaños de alguien. No sé. Pero sí sé que no me viene mal ser como soy, aunque a veces exagero (siempre hay cosas por corregir y mejorar) y otras tantas, simplemente, meto mi nariz donde no me llaman, porque siento que sí es mi jodido asunto y ya.

Tal parece que vivir y andar por las calles consiste en no mirar a nadie, no sentir a nadie y no saber de nadie. Alguna injusticia no ha de dolerte si no te la están haciendo a ti, ¿total?, por las “puras webas” no te vas a hacer problemas. Entonces... ¿para qué estamos?

Hombre, tampoco te digo que me voy a meter a la casa de mis vecinos de abajo, para opinar que no deberían tener tantos perros en un depa tan chiquito, pues están solos y necesitan compañía, aunque sí les digo, de vez en cuando, que los dejen bien alimentados al salir, porque ladran demasiado y a veces resultan un poco “insoportables”. En fin, cosas de esas... (me han dado permiso de echarles agua con un rociador, jejejejejeje)

Y tanto rollo, sólo para contar que además de no soportar a los “mente abierta unidireccionales”, tampoco aguanto a los “relativistas”, porque no pues, porque es una actitud conveniente ante cosas que son universalmente negras o blancas. De acuerdo, es cierto que cada ser humano vive un universo de experiencias y aprendizajes, diferente a los demás, y que un ladrón que roba por hambre tiene (o debería tener) menos pena que el que roba por pura ambición y tal, pero...

Pero creo que me faltaron cursos de filosofía para darle forma a lo que quiero decir.

El otro día, cuando estuve en Puerto Maldonado, salí con la gente de un albergue que había conocido. Buenos tipos.

Primero fuimos a una disco de por afuera, puro ritmo musical brasileño. Luego, a otra más “céntrica”, con toda la música del ranking de “Studio 92”. Muy bueno todo, hasta que vi a dos mujeres peleando. A una de ellas la sacó abrazada un hombre grande y gordo, tal vez su novio, no sin antes darle un empujón contra la barra a la otra flaca (podría catalogarse como “defensa propia con armas no equitativas”)...

La mujer, que tocaba con facilidad los 40 años, se sacudió el polvo, se arregló el cabello, y continuó disfrutando de la fiesta. Me dijo que era de Lima y miraba a todas las chicas de mi grupo, empezando conmigo, con una expresión muy poco maternal, más bien lésbico. En fin, ese sí que es asunto de ella (y de la que quiera ligar con ella). Punto.

Al poco rato, un muchacho pasó por encima de nosotras y se lanzó de inmediato a sacar plan. Lo consiguió en tiempo récord. Entones, una de las guías del albergue, muy bajito y casi con dolor: “Angelita... ese pata(n) es el novio de la administradora del albergue... sí, es él”...

Bueno, ¿y a mí eso qué me importaba? Total, apenas si había conocido a la administradora y ni siquiera me había caído del todo bien (claro, prejuicios míos, seguro esperaba que la mujer se lo pasara haciéndonos la fiesta, con todas las cosas que seguramente tendría que hacer)... Pero bueno, estaba lo suficientemente borracha para:

- Hola... Perdona, ¿tú eres Fulano, verdad?

Y Fulano, espantado... Entonces:

- Yo: Sí, sí, tú eres Fulano, el novio de Sultana, la de tal y tal sitio...
- Él (sudando frío): ¡No, no soy, te estás confundiendo!...
- Yo (antipatiquísima): ¡Sí, sí eres! (risa)
- Él: ¿Cómo me conoces? ¿Quién eres?
- Yo: Me llamo Ángela, ¿pero qué más te da?
- Él: ¿Y cómo conoces a Sultana?
- Yo: Porque soy reportera...
- Él: ¿Trabajas con ella?
- Yo: No...
- Él: ¿Qué cargo ocupas en el albergue?
- Yo: ¡Ninguno! No te espantes. Ya te he dicho que soy reportera y, francamente, sólo la conozco de dos días... Pero ellas sí trabajan con ella (las guías, de brazos cruzados y gesto grave).

Fulano saludó a las chicas con todo el cinismo del mundo. Preguntó por Sultana, dijo que la iría ver en estos días. Luego se volvió a mí:

- Él: ¿Qué quieres?- Yo: ¿Cómo?
- Él: ¿Qué quieres que te de a cambio de que no digas nada?
- Yo: Ay, no seas idiota. Si ni sé quién eres, caíste, imbécil. Pero bueno, ellas son amigas de Sultana y verán lo que harán. Yo, mañana me borro de esta ciudad. Pero me encantó hacerte pasar un mal rato, para que no pienses que puedes hacer daño a la gente que te quiere, y salir siempre impune.
- Él: Pero dime quién eres...
- Yo: Nadie, ¿ok? Nadie.

Luego de eso, lo confieso, ni siquiera me atreví a ir sola al baño, sino con una de las guías. Ella me contó que Sultana “podría estar” embarazada del adorable muchachito, y que no era la primera vez que le ponía los cuernos, pero que ella estaba muy enamorada y ciega, y que tal y que cual, y bueno, amiga, ya verán ustedes lo que hacen. Yo, sobre todo después del roche, sí le contaría a la mujer de 5 idiomas bien hablados que su amado se desboca cuando ella no está cerca, aunque me mande a la mierda, ¿total?...

Cuando he contado esto que pasó a amigos y amigas, la primera respuesta ha sido: “¡Pero qué antipática eres! ¿Cómo se te ocurre hacerle ese roche? ¡Pobre!”...

Es decir, que si mis amigos ven a mi novio besando a otra, ¿no le dirían nada, para no hacerle dar chucaque?... ¡CARAJO!

Tampoco se trata de andar por ahí buscando intrigas, hablo de actuar ante evidencias tan vergonzosamente tangibles.

Pero bueno, salvo para las guías, esa noche fui la bruja más mala del mundo, sobre todo en opinión de mi compañero de viaje, quien, en parte porque ya estaba molesto conmigo (otra historia) y en parte porque herí su susceptibilidad de “mente abierta unidireccional y relativista acérrimo”, me gritó un fiscalizador: “¿Y acaso era tu problema?”.

No sé, pues, no era mi problema. Pero me resulta difícil confiar en un hombre o en una mujer que traiciona sus propios “te amo’s”... Bueno, eso de entrada, que si luego hay Sultanas capaces de tolerar a Fulanos de este tipo, ¿ya qué me queda?

Hombre solitario


¡Jó! Pobrecito. Y yo pensando que solamente las mujeres necesitábamos encontrar "equilibrio emocional" luego de algunas malas experiencias (¿o será porque el tío que compone estas canciones es andrógino?).

Cosas que pasan aquí, en la China y en Finlandia (¿despechadosanónimos.com?)...

Bueno, ahí la dejo, con un enlace al vídeoclip. Esto es a cambio de un post que estoy preparando, relacionado con la sapientísima y archiconocida frase: "No es asunto tuyo"... Si me da tiempo para acabarla hoy, lo hago y la publico de una vez, pues me está picando en la conciencia cual ladilla de trasero (¡arggggg!).

Va:

Belinda fue mía hasta que la encontré
abrazando a Jim
y amándolo

Entonces vino Sue, me amó profundamente
es lo que yo pensé
sin embargo lo nuestro
también murió.

No sé lo que seré, pero hasta que pueda encontrarme
una chica que estará (conmigo) y no jugará a mis espaldas
Seré lo que soy
Un hombre solitario
Un hombre solitario
Un hombre solitario

Lo he tenido donde el amor es un mundo pequeño
Algo de medio tiempo, un anillo de papel
Yo sé que esto acaba teniendo una chica que te ame
correcta o incorrecta, débil o fuerte

No sé lo que seré, pero hasta que pueda encontrarme
una chica que estará (conmigo) y no jugará a mis espaldas
Seré lo que soy
Un hombre solitario
Un hombre solitario
Un hombre solitario...

-----------------------------------------------------------

Belinda was mine 'til the time that I found her
Holdin' Jim
And lovin' him

Then Sue came along, loved me strong,
that's what I thought
But me and Sue,
That died, too.

Don't know that I will but until I can find me
A girl who'll stay and wont play games behind me
I'll be what I am
A solitary man
A solitary man
A solitary man

I've had it to here being where love's a small world
A part time thing A paper ring
I know it's been done havin' one girl who loves you
Right or wrong weak or strong

Don't know that I will but until I can find me
A girl who'll stay and won't play games behind me
I'll be what I am
A solitary man
A solitary man
A solitary man...

miércoles, junio 29, 2005

Declaración


Hay algunas personas que nacimos para meternos en líos, como si no viviésemos sin ellos, como la droga del pobre y triste heroinómano, las pastillas del farmacodependiente o los cigarrillos del fumador compulsivo.

Sí, señores, los problemas son los motivos de mi existencia. No me mal entiendan, no son los objetivos por los que estoy embarcada en esta gesta que se llama vida mía, sino más bien la gasolina, el líquido vital que mantiene en funcionamiento mi tantas veces abollado organismo y mi reencauchado corazón.

Varios amigos, llenos de las mejores intenciones del mundo, me han recomendado tomar un “tiempo fuera”, un respirito de tanta conmoción, que no entienden de dónde sale mi capacidad de aguante, cantidad de ganas de no dejarme en paz a mí misma por un buen rato, en vez de parar la carrera y dormir unos meses el sueño de los justos, hasta estar realmente bien, pero bien, bien, bien, quizás hasta diferente de cómo soy, porque a algunos no les parezco estar bien nunca.

Pero no, pues, no entiendo. Y ni siquiera acabo de salir de un lío para meterme en otro, no señor. Hace diez días estaba explorando con mi lengua un cuerpo de mente familiar, hace ocho días me largaba a la selva, para trabajar con alguien que esperaba de mí una “muy buena compañía”, pero preferí "pegarme", limitarme a los trabajos curriculares y dejarme llevar por el paisaje y la gente buena-nueva que a lo mejor no veré más.

Hace tres días recordé la despedida de mi ex, en el Jorge Chávez, y lloré toda la noche. Hace un día, reencuentro con buenas amigas, exploración por las calles de Lima (y el centro, y las combis, y de vuelta a la Capón), y hoy por la mañana, el cuerpo de mente familiar. Ahora mismo, me siento feliz de hacer lo hecho, sin más. Si pudiese disolverme en la canción que estoy oyendo ahora, no estaría mejor.

Algo me dice que estoy en problemas. Sí, lo estoy, pero estimo un desenlace razonablemente discreto. Y no sé, no sé, nunca se sabe, así de definitiva es esta verdad. No sé. Pero me dijo una vez un chamán…

Estoy contenta. Te quiero de tal modo y lo sabes. Estoy contenta y estoy en líos, sí, para variar. Es que debo mantenerme viva, y este es el único modo que conozco. De pronto ya no me duele el corazón reencauchado, y no temo tener que llevarlo a una nueva reparación (y si sí, ni modo). Creo que he aprendido a no apostarme, simplemente seguir el juego.

Te quiero de tal modo y esto es mejor a llorar, otra vez, por culpa de un nuevo extraño. Y te acompaño. Y me acompañas. Si pudiera disolverme en la canción que estoy oyendo ahora, quizás podría explicarlo mejor…

No sé lo que tengo, pero siento piso (MI piso) bajo mis pies. Me gusta estar aquí.

There she goes again...

----------------------------------

Otros blogs:

diariodecaminos.blogspot.com, chalacodepiura.blogspot.com

lunes, junio 13, 2005

La sirenita

Fue culpa de esa historia en versión “niños”, la de Disney, la del final feliz. Ayer me quedó tan claro como el agua, durante el espectáculo de “Hollywood sobre hielo”, cuando interpretaron el cuento ese y me descubrí cantando:
“Quiero que sepas que bien estarás
quisiera poder quedarme a tu lado
me gustaría tanto verte feliz…”

Tantas veces canción cantada y, por primera vez, entendida.

Sí pues, cuando era una pequeña fanática de Disney, solía aprender de memoria las canciones de todas las películas de moda, pero ya veo que no tenía idea.

Y claro, llenarse tanto de historias de amor simple, donde dos seres vivos pueden vencer, solititos, cualquier dificultad o prejuicio cultural (inclusive una cola de pez), la llevan a una a creerse que el amor lo puede todo, que nunca se acaba y, lo peor, que se pasea cómodamente sobre todas las barrera pensables y posibles.

¡Pero no! La sabia naturaleza no ha parido “diferencias” por las puras.

Y me remito a la verdadera Sirenita, esa de Hans Christian Andersen, la desafortunada princesa del reino marino que sacrifica su prenda más reciada –su encantadora voz- para obtener un par de hermosasa piernas y salir al mundo de los humanos (mira tú), a tratar de conquistar a algún príncipe escandinavo (quien, por cierto, le debía la vida).

¿Y qué pasó? El príncipe llegó a quererla muchísimo, como a una adorable hermanita menor. Es que ya estaba enamorado de otra, una muchacha (oportunista) que lo encontró en la bahía, luego de que la sirena le salvara de morir ahogado en un naufragio.

Después, el tipo se casa con la otra. La sirenita llora con el corazón roto (es que además, perder a su gran amor le significaba morir al día siguiente de la noche de bodas del afortunado… ¡qué crueldad!).

Claro, los amigos marinos de la jovencita encontraron la solución: “Mata a tu príncipe con esta daga y –me encanta esta parte- cuando su sangre caliente salpique a tus pies, volverás a ser una sirena, y regresarás al mar, donde perteneces”.

¿Y qué hizo la pobre enamorada? Aún humana, se lanzó al mar, para adelantar un poquito su muerte, pues prefería eso al sufrimiento de su amado. Fin. ¿Y el príncipe? Pues habrá tenido muchas noches de boda más, luego hijos y luego, ya qué importa.

Eso. No hay que nadar contra la corriente, ni jugarse la vida por nadie, así de simple.

¿Amar? Sí pues, seguro, en algún momento. Amar… ¡Condenado instinto de preservación de la especie! ¡Mentiras que nos creamos para justificar nuestra capacidad de equivocarnos! (o sea, la inteligencia).

Pero claro, hay una esperanza: permanecer en el lugarcito que nos toca, en nuestro reino bajo el mar, pues seguramente allí las cosas estarán “menos peor” que en la superficie. Con un poco de suerte, a lo mejor encontramos un tritón de lo más guapo, como el ruso ese, campeón en patinaje artístico sobre hielo, que salió haciendo unas piruetas en pantalón apretadísimo… Ay, no aprendo.

Evaluación del espectáculo:

- LO MEJOR: el malabarista y la enérgica rutina en solitario del adorablemente desgreñado, apestoso y agarrable “Tarzán” (¡qué chato más bueno!).

- LO MÁS “CHIC”: el peinado de “Anastasia, la reina de la magia” ¡Y qué garbo y fuerza al patinar! ¡De grande quiero ser como ella!

- LO MÁS TRISTE: el pobre “Bola de Nieve”, tigre siberiano que sirve de payaso en fotos de niños (ni siquiera me dieron ganas de averiguar el precio). Pobre animal, encadenado, con luces dándole a la cara y un montón de enanos ruidosos usándole de peluche anti estrés.

Apuesto a que lo dopan. ¿Dónde están los “Amigos de los Animales” cuando se les necesita? Seguramente, observando el espectáculo en zona preferencial (con lo que cobran por consulta).

¡Por lo menos tendrían que haberle puesto al tigre un nombre más digno!

- LO MÁS ANECDÓTICO: el fotógrafo encargado de enyucar al público los llaveritos con diapositiva, le alcanzó uno a mi mamá, “porque mire, ahí sale su niña”… ¿Aló? ¡Soy una vieja decrépita a punto de cumplir 25 años, hágame el favor de tener más respeto con mis canas!

- TAREA PENDIENTE: aclararle a mi ex que no es a él a quien tuve miedo, sino a un ex anterior, cuya historia conoce muy bien. Sólo si pregunta, claro.

Y, ahora en serio: FIN.

domingo, junio 12, 2005

Cansadita...

Creo que hoy ha sido un día productivo. He estado sentada durante 7 horas seguidas frente a la computadora. Digamos que releí lo último publicado en "Desde mis ojos", y... creo que me deprimí más de lo que estaba.

Sin embargo, tengo tantas historias por contar...

Decidí crear dos nuevas páginas, una de crónicas de viajes, bastante personal también, pero con un tema específico. Otra, sobre mi trabajo y algunos artículos, notas y reportajes publicados en medios de comunicación de Piura. Me interesa que otros vean, a través de mis palabras, lo que yo puedo ver... Salir un poco de mí, pues hay tantas cosas alrededor por las que vale la pena secar los ojos.

Bueno, sigo aquí, en mi "cyberpastizal", mirando al centro mismo de mi corazón y escribiendo, escribiendo, escribiendo.

Aquí, las direcciones:
http://chalacodepiura.blogspot.com
http://diariodecaminos.blogspot.com

Y me ha llamado mamá, para decirme que en media hora llega a Piura, con los criters. Mañana cumple años Miguel, mi inmediato inferior. Ya va por los 13.

Un abrazo.

sábado, junio 11, 2005

Torniquete

i tried to kill the pain
but only brought more (so much more)
i lay dying
and i'm pouring crimson regret and betrayal
i'm dying praying bleeding and screaming
am i too lost to be saved
am i too lost?

my God my tourniquet
return to me salvation
my God my tourniquet
return to me salvation

do you remember me
lost for so long
will you be on the other side
or will you forget me
i'm dying praying bleeding and screaming
am i too lost to be saved
am i too lost?

my God my tourniquet
return to me salvation
my God my tourniquet
return to me salvation

(I want to die)

my God my tourniquet
return to me salvation
my God my tourniquet
return to me salvation

my wounds cry for the grave
my soul cries for deliverance
will i be denied Christ
tourniquet
my suicide

-------------------------------

Traté de matar el dolor
pero sólo conseguí más (mucho más)
propongo morir
y sangro pesar y traición
estoy muriendo, rezando, sangrando y gritando
¿Estoy demasiado perdida para ser salvada?
¿Estoy demasiado perdida?

Dios mío, mi torniquete
vuelve a mí, salvación
Dios mío, mi torniquete
Vuelve a mí, salvación

¿Me recuerdas perdida por mucho tiempo?
¿Estarás del otro lado o me olvidarás?
Estoy muriendo, rezando, sangrando y gritando
¿Estoy demasiado perdida para ser salvada?
¿Estoy demasiado perdida?

Dios mío, mi torniquete
Vuelve a mí, salvación
Dios mío, mi torniquete
Vuelve a mí, salvación

(Quiero morir)

Dios mío, mi torniquete
Vuelve a mí, salvación
Dios mío, mi torniquete
Vuelve a mí, salvación
Mis heridas claman por un sepulcro
Mi alma clama por comprensión
¿Seré negada, Cristo?
Torniquete
Mi suicidio.


Lo cierto es que Evanescence no es mi banda favorita, pero me encanta el Fallen y esta canción es mi preferida. La escuché por primera vez en noviembre de 2003, en uno de mis viajes de mochila “post depresión severa”. Me encantó, la entendí casi en el acto…

A estas alturas, me apena un poco que pueda seguir sonando tras de mí, como soundtrack, aunque con diferentes actores de reparto. ¿Huelo a “involución” o es, simplemente, un evidente, aburrido y típico caso de “vida cíclica”?

¿Será acaso que nunca se llega a aprender totalmente de los errores, o es que estoy condenada a toparme siempre con "muchachitos" de la misma serie de producción? De ser tal, debo descubrir eso que está fallando en mi dirección, y repararlo -o cambiarlo- en el acto, antes de estrellarme sin remedio.

Bueno, estas tonterías me sirven para practicar algo de inglés. Por cierto, la traducción es mía y hay un par de líneas “interpretadas”. Es muy triste, pero es sólo una canción…

viernes, junio 10, 2005

Gone with the sin, by H.I.M. (His Infernal Magesty)

I love your skin oh so white
I love your touch cold as ice
And I love every single tear you cry
I just love the way you're losing your life
Oh, my Baby, how beautiful you are
Oh, my Darling, completely torn apart
You're gone with the sin my Baby and beautiful you are
You're gone with the sin my Darling
I adore the despair in your eyes
I worship your lips once red as wine
I crave for your scent sending shivers down my spine
I just love the way you're running out of life
Oh, my Baby, how beautiful you are
Oh, my Darling, completely torn apart
You're gone with the sin my Baby and beautiful you are
You're gone with the sin my Darling

--------------------------

Amo tu piel, tan blanca
Amo tu tacto, frío como el hielo
Y amo cada lágrima que lloras
Simplemente amo el modo en que estás perdiendo tu vida
Oh, mi niña (o), cuán hermosa (o) eres
Oh, querida (o) mía (o), rota (o) en dos completamente
Te vas con el pecado, niña (o) mía (o), y estás hermosa (o)
Te vas con el pecado, querida (o) mía (o)
Adoro la desesperación en tus ojos
Adoro tus labios, alguna vez rojos como el vino
Anhelo tu olor, que hace temblar mi espina dorsal
Simplemente amo el modo en que estás huyendo de la vida
Oh, mi niña (o), cuán hermosa (o) eres
Oh, querida (o) mía (o), rota (o) en dos completamente
Te vas con el pecado, niña (o) mía (o), y estás hermosa (o)
Te vas con el pecado, querida (o) mía (o)

¿Dedicable?... jejejejejeje

¡Manda fotos!

¡Hola, Adrián!

Qué gusto me da q salgas a conocer un poco los alrededores... ¿En qué ciudad vives? ¿Dublín? (espero no haberte mandando al otro lado del globo).

Oye, supongo q habrás llevado tu cámara digital para allá. Espero q t animes a mandar fotos d vez n cuando, para conocer yo también.

Yo tngo algunas "pics" nuevas, q me gustaría enviarte. No sé si a esta dirección, pues seguramente t recargo el correo q todos usamos para estar n contacto contigo.

Sí, con lo d la mudanza me quité un peso muy grande d encima, como tú dices. Y es un sitio nuevo, no me trae ningún tipo de recuerdos. Sin embargo, d todos modos me siento sola.

No sé qué me ha dado. Dsd hace 3 semanas estoy con un malestar q parece ser físico, como lo q t da antes de la gripe. Sin embargo, no acabo de enfermar, más bien ando en un estado de "ensueño" q no me deja hacer bien las cosas...

Es como estar viviendo en automático. Casi no me entero d nada, casi no sonrío de verdad, casi siempre estoy a punto de llorar, prefiero esconderme, estar sola. Siempre cansada y con ganas de dormir todo el día, no salir de la cama, boca seca, dolor de estómago y de cabeza... en fin.

Quizás sea estrés, no sé. Si es algo psicológico, q es lo más probable, no se me ocurre cómo resolverlo... no quiero gastar dinero en estas cosas, la verdad. Además, hay trabajo por hacer y creo q todavía lo puedo hacer bien.

La verdad es que los textos de autoayuda y las frases positivas q suelo inventarme y usar como grito de guerra, a veces no me bastan.

Imagínate, ponerme así ahora q aún estoy acá. ¿Cómo será cuando me vaya a Alemania? Ese proyecto está madurando y debo poner toda mi cabeza en ello. No admitir distracciones de ningún tipo, ni trabajar mal, pues del dinero depende q salga bien, ni enfermar y, por último, ni enamorarme de nadie, porque al final eso me haría dudar d lo q quiero y no deseo cambiar de planes, sobre todo si depende en un 50% de otra persona, pues ya sabes cómo somos los seres humanos, fallamos, nos equivocamos, hacemos daño sin querer y tal...

Yo... me salgo d esta ruleta rusa por un buen tiempo, ¿sabes? Ya estoy un poco cansada.

Sé q no es bueno tener este tipo de planes de vida, tan cuadriculados, tan a largo plazo. Pero con metas puestas es que, a la hora de la acción, haces lo que tienes que hacer y no otras cosas. Así por lo menos tengo garantizado q no dejaré q "nada" externo venga a desequilibrar más mi normal desequilibrio emocional.

Después de estar contigo (perdona q hable del tema), pensé q no volvería a "querer" a alguien q fuese capaz de darme miedo... Y aquí me tienes, temblando debajo de mi cama, rezando para no tener q verle, para no oír de él, para no saber cuánto daño habría sido capaz de hacerme, para q nadie se burle de mí.

Y eso q es un buen chico (no un buen hombre, creo q ese es el problema). A veces me doy asco.

Lección aprendida: nuestra mejoría espiritual y moral no depende de nadie más q d nosotros mismos. Los "salvadores" no existen, son seres humanos capaces de convertirse en verdugos en cuestión de segundos. Es uno mismo, el dios en el que creas y ya.

Por lo menos... tengo la satisfacción de haber hecho las cosas bien. Ya si así no me funcionaron, es que el “mundo” es el problema, no yo.

Ya encontraré al loco adecuado para mí. Supongo q en algunos años más. Ahora, Alemania, mi mamá, mis hermanos y esos amigos que me quieren tanto y q jamás querrán dejar de hacerlo, porque son amigos de verdad.

Já... sigo con mi malestar de gripe, que no es gripe, y además mal del estómago, por una súper hamburguesa q comí anoche, luego de casi 2 días de agua y fruta... ¡Pero qué buena estaba la hamburguesa!... Por cierto, he aprendido bien tu técnica para echarle las cremas y comerla sin destrozarla. Mis amigos me miran raro, pero ya me da igual, jajajajajajajaja...

Oye, perdona por este mail tan recargado de mis malos momentos. Sólo deseo una respuesta refrescante, de esas que sabes dar. Igual ni te enteras bien, suele pasarle a quienes me oyen monologar y alucinar.

Cuando vuelva de Puerto Maldonado, te contaré. Seguramente vendré cargada de fotos e historias. Ojalá todo salga bien. Además, voy con buena gente. No les conozco mucho, pero confío, es mi vicio. Confiar.

Y... si acaso participo en un sesión de "ayahuasca", también te contaré, jejejejejejejeje... Es un alucinógeno, sirve en terapias para encontrar tu yo interior, tu animal guía y no sé qué cosas más. Droga "new age", made in Perú. Vamos a ver.

Un beso y un abrazo. Te recuerdo algunas veces y se me escapan sonrisas.

Juanca te manda saludos, pregunta por el "cabronzuelo ladilla de culo" con regularidad. Es más, me confesó que cuando se despidió de ti, en el aeropuerto, sintió un airecito en el pecho. Pero claro, como es un macho bien macho, no dejó que se le notara. ¡Mira lo que le ocasionas a la gente, webón!

Y nada, me largo a seguir trabajando.

Otro abrazo.

Con cariño,

Angela

martes, junio 07, 2005

Día del padre, el año pasado

Hoy ha sido un día en que debí llevar rosas al cementerio y llamar por teléfono al abuelo. Ni uno, ni lo otro, sólo trabajo y sueño. A veces siento cargo de conciencia por no llorar más a mi padre, otras veces lo lloro. Mi amor por él no ha cambiado, sin embargo, no estoy mal ahora, no estamos mal. Quizás con él todo sería peor… o mejor. Dios sabe por qué hace las cosas. Y papá, si puedes sentir lo que escribo ahora, comprende por qué lo hago y perdóname.

En todo caso, mis recuerdos por ese padre maravilloso y humano siguen en mí y no me hace ningún daño llevarlos conmigo a donde vaya. Más bien me dan fuerza, me dan valor, me animan a correr riesgos, para que él se sienta orgulloso… para mantener en alto su nombre, siempre. Está bien amarlo y recordarlo, así es como debe ser… así es como el verdadero amor nunca muere.

Ahora, mi papá es aún más fuerte. Y a mí, más me vale sacarle el jugo a mi año en la U de Navarra, ya que, encima de todo, por estar en España es que no pude venir al entierro. Cosas que pasan a veces (qué ridículos resultan todos mis motivos actuales de mala vibra cada vez que recuerdo este pasaje de mi vida... ¡Pero qué rápido se me olvida lo fuerte que puedo llegar a ser!). En fin, eso, a ver si por una temporada me privo de más involuciones (por favor, Dios).
----------------
A ti, señor Valverde, mientras escucho una de tus canciones favoritas (Africa, de Toto). Por ti ya no puedo llorar triste :)

.