viernes, marzo 11, 2005

Al final del día

De un tiempo a esta parte me siento como toda una respetable ancianita: apenas son las 8 de la noche y ya estoy cayendo de nariz en el escritorio. Y eso, con mil cosas por hacer en mis horas libres (malditos compromisos en los que me meto).
Este trabajo me va a dejar calva, y va a agravar mi locura, hasta convertirla en un mal fisiológico. Ya bastante irritable me he notado últimamente, y eso que estoy tratando de ser "linda". Me gusta System of a Down, pero ya terminó de sonar Aerlials en el Win y justo ahora ha empezado la canción símbolo de mis padres, gracias a la cual me llamaron como me llamaron: Angie (¡larga vida a los Stones!).
Todo mi día ha estado lleno de sensaciones extrañas, como de estar en otro lugar. Acabo de recordar las imágenes de cuando mi padre y yo fuimos por primera vez en moto a un pueblecito rural de Sullana (o Paita) llamado "Puente de los serranos". No sé a cuenta de qué me vino eso a la mente, pero ahí está.
Puf... a donde sea que miro, veo tus ojos, dice Jagger... ¿Qué diablos le habría hecho el buen David Bowie a su esposa de aquél entonces, para dedicarle semejante canción?
Tengo problemas para pasar una tabla Excel al Corel. Estoy a punto de tirar la toalla, e irme a casa a dormir, pero bien pensado... No sé, la verdad es que estar sola a veces no es algo bueno, luego sólo pienso en comer y a estas alturas de mi kilos, no me conviene (necesito dieta con urgencia).
Sigo con mil confusiones en la cabeza, hace un rato pretendí escribir algo más útil que mis tonteos diarios aquí, pero no lo voy a hacer por ética: es que tengo pendientes escritos por encargo (un guión y la correción de un librito) y mientras no empiece siquiera con eso, no tengo derecho moral a hacer nada más.
Trataré un poco más con la tablita esta, y cuando me duela demasiado la espalda, me borro.

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