sábado, marzo 05, 2005

Acúsome Padre...

...de haberme valido de este medio para vulgarizar todo lo que ya no podía contarle a él.
Así fue, necesito sacarlo todo, que quede registrado con fecha y hora, de ese modo tendré "documentos" sustentatorios de mi descargo y podré decir: "renuncié definitivamente, he aquí la prueba".
Ángel me sugirió crear un blog y me ayudó a hacerlo. Bien. Luego, a escribir. Durante los 5 meses anteriores al nacimiento de "Desde mis ojos", cada detalle grabado en mi lengua y mis retinas acababan en un larguísimo e-mail, rumbo a algún servidor de España, y era leído por un muchacho adorable, quien a lo mejor no entendía bien mis proyecciones sarcásticas, pero que seguramente sonreía con la última frase antes de mi firma: "te quiero, no lo olvides".
Recuerdo haberle dado ánimos de mil maneras para continuar una relación que, bien pensado ahora, estaba condenada al fracaso. Por lo menos sé que no volveré a intentar mantener un noviazgo a varios kilómetros de distancia.
Lo pensé posible al incio, no por romanticismo, sino por confianza en la fuerza humana. Muchas parejas lo han conseguido, ¿por qué no íbamos a intentarlo nosotros? Debo confesar que fui soberbia al creer que no habría otra para él, ni otro para mí. Que nos habíamos "encontrado", únicos en el mundo, el uno para el otro, y con eso lo teníamos resuelto casi todo... que el deseo de ser constantes caería por su propio peso.
Casi todas las noches lloraba, extrañándolo, deseándolo y rezando por estar bien y estar juntos, pidiendo paciencia y fortaleciendo la esperanza. Diariamente llevaba apuntes en una de mis tantas libretas multiusos, de esas que compro como material de trabajo y acabo transformardo en "diario" (luego nadie las puede tocar). Anotaba todos los detalles de mi vida, y luego, al final del día, le escribía.
Noté que le agobiaba tener un e-mail mío cada 24 horas, me dijo que prefería las sorpresas. Entonces esperaba a tener más letras, luego juntarlas todas, y despacharle un mensaje electrónico cada semana, o una bonita carta cada mes, con fotos, regalitos, y tanta cosa bonita que me creía incapaz de hacer, antes de.
Las llamadas telefónicas fueron otra historia...
La verdad es que Adrián, en poco tiempo, me trató con mucho cariño. Y yo, pese a darme cuenta de todo, quizás porque tengo el corazón más parchado y más viejo, no quise aceptar que él necesitaba, como yo, amor, y que todo lo que hiciera y dijera sería veraz (no verdad), pues así lo estaba sintiendo.
Lo cierto es que nunca antes me habían dicho, luego de besarme, "te quiero". Y claro, nunca antes me había animado a decirlo yo, pese a haberlo tenido atragantado. Confieso que ni siquiera fui del todo veraz al principio, pero el niño (de mi edad biológica) era tan dulce y se mostraba tan emocionalmente desamparado (aún lloraba a su única ex), que deseé jamás hacerle daño.
La pose de "mujer fría" me duró muy poco. Adrián fue suficientemente ágil, logró derretir mis escudos, y era conciente de que lo hacía, por eso confié. "Siento que te quiero", me dijo. Y ese "siento" nunca me gustó, pero ¿quién diablos era yo para discutir las tantas diferentes formas de amor que existen en el mundo? (tonta, realmente tonta por escuchar a gente de "mente abierta", y dar chance a que me rompan el corazón, sólo porque igual no sucede así y soy una cuadriculada).
Ahora entiendo que no debo dar tantas concesiones en una relación, ojalá haya oportunidad de poner en práctica la lección aprendida.
Luego me enamoré. Nunca al nivel de necesitarlo conmigo siempre, pero me enamoré de su trato, de su corazón tan grande y tan inocente (hasta darme cuenta que la inocencia tenía muchas pinceladas de inmadurez e inexperiencia), de sus deseos de quedarse a mi lado, de la foto con su perrita que me mandó por Internet, de la súper coneja (bastante fea, por cierto, pero empalagosamente linda) que me regaló cuando estuvo cerca de mí (el primer peluche que me obsequia un chico), su sinceridad, la locura de ponerme al teléfono a toda su familia, las palabras de cariño en el buzón de mensajes de mi celular...
Releo y me pregunto lo que me preguntaba entonces, aunque ya sin quererlo a él: ¿con qué clase de vándalos he andado antes?
Lo cierto es que él me perdió por descuido, pero aguantó bastante. No se esforzó, a simple vista es lo que se ve, pero quién sabe. Es un niño, un niño muy lindo y bueno, que no sabe sacarle el lado bueno a lo malo, que su mayor sufrimiento ha sido perder a su enamorada de 5 años (que ha de doler muchísimo, pero son cosas que pasan... ¡Otros se divorcian!), y aún no lo ha superado.
No era su intención buscar a otra chica para sentirse mejor, pues tuvo oportunidad de hacerlo antes, y nada. Sé que le gusté muchísimo. Él me gustó muchísimo también, y le quise tanto como se puede querer a un chico en estas especiales circunstacias.
Esperaba que nos encontrásemos en mayo. Para entonces él tendría ahorrado suficiente dinero y yo pediría vacaciones. Y pasearíamos juntos por todos lados, y nos cobraríamos todos los besos que distanciados no podíamos darnos, y eso, simplente sentirnos cerca, nada más.
Lo cierto es que ha sido difícil sacarlo de mi mente, justamente porque me empeñé en tenerlo siempre allí, presente, totalmente presente.
Sin embargo, hay algo más que debo confesar...
Fue el 3 de enero de este año, un día antes de que Adrián decidiera terminar nuestra relación y proponerme una bonita amistad platónica, hasta vernos nuevamente.
Subí a Chalaco, no recuerdo bien a qué, pero tenía ganas de ver a Justin, un tipo del que ya he hablado en el blog, y que en aquellos días buscaba emparejar con una amiga mía. No había notado antes su existencia, sólo una mirada que me hizo decirle a toda voz "tengo novio", y mostrarle luego, toda emocionada, la famosa foto de Adrián y su perrita (¡Mira, él es mi enamorado, ¿no es guapo?!... ¡Qué insoportable soy!).
Quería fastidiarlo, contarle cosas y reclarmarle por qué no estuvo en Piura para Año Nuevo. Entre tantas tonterías, empezamos a conversar. Me gusta conversar con él, sin embargo, ese día sentí algo especial... tan especial que al salir, me dije: "Con Adrián no podría hablar de este tipo de cosas, porque no las entendería, o no le interesarían tanto como a mí" (el tema fue la importancia de conservar las tradiciones).
Quizás juzqué mal a Adrián ese día, o quizás nunca llegué a conocerlo suficiente. Luego de aquella duda, la certeza: "¡No quiero un novio para filosofar hasta las 3 de la mañana, quiero un novio que me quiera como me quiere él, y punto". Y ya sabemos lo que pasó al siguiente día.
La última vez que escribí a Adrián fue cindo días después de la ruptura, un e-mail terriblemente sarcástico y personal. Espero que haya entendido el mensaje, en vez de quedarse dolido por lo que le dije (sin más, que no era aún un hombre hecho y derecho). Sé que fui muy dura, pero a veces es necesario que se nos digan las cosas (eso, sin más detalle). Espero que de algo le sirva.
No he vuelto a saber de él, pero sé que le ha escrito a uno de los Ingenieros que trabajan conmigo (me lo contó burlándose, el muy perro, y pretendía contarme el contenido. No le dejé), así que ha de estar bien, eso me da gusto.
La gestora de la "separación" absoluta fui yo, él no quería. Es que quien se siente culpable de algo siempre lanza la ridícula frase "seamos amigos". No me interesa parecer inmadura, así como no me interesa ser amiga de alguien que me está dejando. Por ello, tiempo, hasta que no nos importe a ninguno de los dos, ni las ofensas, ni las cosas bonitas, ni nada.
Cuando Adrián me propuso aquello de no ser novios, pero seguir comunicándonos y conociéndonos, hasta vernos, pensé en Justin por una milésima de segundo, pese al llanto y el deseo de que las cosas no acaben allí. Pero pensé en él, y dije: "No. No me pidas que crea que serás un amigo constante, si no lo has sido como novio. Y yo no te seguiré atendiendo con cariño, esperando verte algún día, sin ser tu novia, porque tengo una vida".
Dijo que no quería perderme, pero a la vez me empujaba lejos de él. Me fui, no voy a rogar por cariño, y permanecer donde no quieren quereme. ¡Y al diablo con todo!
Ahora... quisiera darle las gracias a Adrián por liberarme, ofrecerle disculpas por la fuerza de lo dicho, y no volver a pensar en este asunto.
Lo cierto es que he empezado a querer a alguien más. Si es demasiado pronto, pues así sucede a veces y ya. No sé si me anime a empezar una historia nueva por ahora, pero debo aceptar lo que siento, y ser feliz con ello.
Dicho (y escrito) está.

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