Desde mis ojos...

viernes, febrero 05, 2010

El triste destino de una pequeño burguesa de clase obrera

Esta mañana una buena amiga alegró mi día con un comentario de esos que sólo son capaces de hacer las amigas buenas. Pensé, por un momento, que no me equivoqué o, mejor aún, que no soy la única “equivocada”.

Tengo frente a mí un póster gigante de Monseñor Romero, un respetable sacerdote asesinado en 1980 por las Fuerzas Armadas de El Salvador, en plena Guerra Civil. Su delito: denunciar los genocidios que cometía el gobierno y permanecer junto a las personas pobres, a quienes protegía con verdadera convicción cristiana.

Sus superiores intentaron convencerle de escapar del país, como lo hicieron varios de sus compañeros, en legítima protección de la propia vida. No se fue. Y digan lo que digan comunistas varios, estoy convencida de que él debió esperar el primer disparo pidiendo con humildad a su dios lo que sea que los creyentes piden a sus dioses antes de morir. Incluso podría afirmar que cuando aún los soldados no irrumpían en el lugar donde les esperaba, guardaba alguna esperanza (¿No fue acaso su propio Mesías quien horas antes de la crucifixión, y sabiéndola inevitable, rezó “Señor, aparta de mí este cáliz"?).

En todo caso, Romero no fue un temerario irresponsable, sino un cura coherente con sus principios religiosos, amante de las personas más necesitadas y enemigo de la injusticia del poderoso. Ahora bien, permaneció en el “campo de batalla” porque fue allí donde le tocó querer estar. El destino de cada ser humano no viene determinado, sino que va tomando forma y color con el aporte de diferentes circunstancias, actuaciones y, por supuesto, las propias decisiones.

Conversaba la otra noche con un colega, rojo recalcitrante, y entre insistencias y contundencias vascas me ofreció su concepto de “buena persona”: “Ser humano que hace la revolución y guía su vida por senderos de lucha por la justicia social”. Luego, y pese a afirmar que las comparaciones son odiosas, empezó a repasar a refugiados y refugiadas colombianas, residentes en Bilbao, que desde el momento en que salieron de su patria se han dedicado a continuar las enseñanzas del Ché Guevara, implicándose en tareas admirables con colectivos en constante riesgo de discriminación. De nada me sirvió intentar hacerle ver una verdad de perogrullo: “Cada quien es según sus propias experiencias”. Ni caso, continuó enumerándome una serie de hombres y mujeres grandiosos por el hecho de haber sufrido persecución, expulsión, cárcel, orfandad, etcétera.

Ahí lo dejé. Me fui con una sensación dolorosa en el pecho.

Hace algunas semanas, en un ambiente bastante similar, un compañero de trabajo me llamó “burguesita” porque comenté que en el colegio sí me habían hablado de Derechos Humanos. Es que claro, sólo “las personas que estudiamos en colegios y universidades privadas” podemos tener conocimiento de estas abstracciones, pues “el pueblo”, el pobre, triste, engañado e ignorante pueblo, no, nunca, jamás.

En un golpe de tablero cayeron al suelo todos los elementos que rodean un proceso de educación formal: la familia, el barrio, los medios de comunicación...

La respuesta que pensé (porque me estoy quedando muda de puro cansancio) fue de talante revanchista:

Muy bien, entonces llamaré a mi madre y le recriminaré el haberse partido el lomo toda su vida -ella y mi padre, pero se murió, así que no va a poder sufrir la regañina reivindicativa- para darme una educación buena, dentro de lo que cabe, y además renegaré de mi apellido, de las clases de música, de las lecturas obligadas y el trabajo forzado de fines de semana en filmaciones de eventos sociales, pues, entre otras, han sido esas las acciones culpables de gran parte de mi bagaje cultural. Sí, eso.

Es muy desagradable intentar vivir en un lugar en el cual debes ofrecer constantes disculpas por no ser lo que las personas esperan que seas: si buscas trabajo, debes ser de origen pobre; si eres de origen pobre, tu actitud debe ser humilde y debes verte un poco inculta; si eres inculta, igual no te hacen mucho caso y no te permiten entrar en la sociedad, porque te costará adaptarte a las costumbres locales; si te cuesta adaptarte a las costumbres locales, tienes una mala predisposición y además eres inculta, claro. Sumado a eso, si te adaptas a las costumbres locales, “los tuyos” empezarán a llamarte “alienada”, diría Ernesto.

Por otro lado, si vienes aquí “con permiso de estudios”, debes tener dinero hasta en las orejas. Si no lo tienes, pues... Creo que las personas de mi entorno están a punto de generar el prejuicio que corresponde a los estudiantes sin dinero: tenemos que ser, necesariamente, refugiados, o andar con problemas políticos en nuestros países. De otro modo, no hay forma, queda un vacío allí que no se puede llenar y los vacíos complican la vida, sobre todo en estas culturas de abundancia y exhibición.

Es curiosa la contradicción en la que caen precisamente los seres humanos más "estudiosos": encasillan, sellan, etiquetan. Parece que el exceso de teoría e información les hace creer que poseen autoridad para organizar al mundo y sus múltiples sociedades como mejor les parece, según marcas políticas, raciales, etcétera. Por fortuna, algunos aún poseen capacidad para reconocer errores y transcender sus propias ideas preconcebidas. Algunos.

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Ayer formé cola frente a la policía, cita para presentar papeles, prórroga de permiso. Tenía fiebre y se notaba, parecía un pollito contagiado de esa peste mortal que suele dar a los pollitos. Frente a mí, dos chicos negros, bastante jóvenes. La afirmación redundante para romper el hielo: “Hace frío, ¿eh?”. Pues sí. Eran de Gambia, ese país pequeñito incrustado en Senegal. Les conté de un avión fletado por el gobierno gambiano hace cinco años, para ir a Piura y hacer barra a su selección de fútbol, en el campeonato mundial Sub-17. Comentaron que su presidente tiene relaciones diplomáticas y comerciales bastante fuertes con Chávez, el de Venezuela, “es que los dos son igual de tontos”. Reí. En esa fila, aún con nuestras diferencias, todos tenemos motivos para sentirnos iguales, pese a mi residencia de estudiante, pues ya es bastante duro llegar hasta Europa sin familia, piensan.

En eso, el policía llama en voz alta: “¡El de asilo! ¿Quién es el de asilo?”. Y acudió otro negro, jovencito, bonito, francófono, de mirada impenetrable. Sentí como cuando vas a la farmacia a comprar preservativos y te cantan las marcas desde el cuarto del fondo. Supongo que no todos los refugiados querrán ventilar su situación, habrá quienes aprovechen esa condición precisamente para tener una vida distinta a la que no les permitió permanecer en sus países.

Me equivoqué, no todos somos iguales en esa fila, algunos, en definitiva, se lo pasan peor.

Estos veintiocho meses me han aportado canas, sobre todo canas. Y arrugas. Y cientos de emociones buenas y malas que aún soy incapaz de describir e interpretar. También experiencia. Amigos, amigas. Una relación sana y madura (y es aquí cuando el pelirrojo dice: “¡Pues vaya mierda de relaciones has tenido hasta ahora, niña!”).

Lo bueno es que he conseguido ganar tiempo para preparar mi marcha con calma y no dejar pendientes detrás.

Hoy encontré un e-mail de Myriam en mi buzón. Me contaba que había visto recientemente la película “Persépolis”, basada en el comic de Marjane Satrapi. Me dijo que la protagonista le recordaba mucho, pero mucho a mí.

Ay, la Satrapi, otra “pequeño burguesa” de dos mundos que no ha hecho caso a lo que todos esperaban que ella fuera. Mírala ahora, qué bien está y cuánto comunica con sus historias. Lo dicho, cada quién a lo que hace mejor, punto pelota, me voy cenar.



martes, enero 19, 2010

But the memory remains...

No se trata de algo personal contra la “noble villa”, sobretodo porque no podré pagarle en decenios el aprendizaje que ha conseguido procurarme en dos años. Sencillamente, es un rechazo a “la grandeza”, al “ideal americano en Europa” que alguna vez contagió mi ánimo y me convenció de soñar sueños ajenos.

Tampoco es mi idea, se la copié a un chino que me encontré en Munich...

En todo caso, me gustaría comentar una conversación que sostuvimos el colombiano y yo, hace algunas horas, a propósito de nuestros motivos para irnos:

“¿Te das cuenta de que permanecer aquí implica siempre pensar sólo en nosotros mismos? Tener paciencia para conseguir NUESTRO permiso de trabajo, competir para que NOS contraten, observar con orgullo el resultado de NUESTRO esfuerzo, ajustarnos los cinturones para que el dinero NOS llegue a fin de mes, trabajar más para poder conseguir más dinero y así acrecentar NUESTRA ganancia. En fin, crecer y aprovechar al máximo NUESTRO potencial. Pero queda un vacío... ¿Recuerdas cuando, allá en Colombia, o allá en Perú, NUESTRA principal satisfacción era ver cómo lo que hacíamos beneficiaba a OTRAS personas? Hace mucho que no siento algo así”...


Si nos descuidamos, acabaremos convirtiéndonos en el centro absoluto y único de la vida que vivimos y la vida en sí misma pasará a ser el salón decorativo de un columpio del diablo...

miércoles, enero 13, 2010

(In)solidaria

Aminetu Haidar volvió a casa. Una iniciativa única y personal ha surtido efecto… Enhorabuena.

Es curioso, en el tiempo que llevo viviendo en el País Vasco no he conseguido identificarme pasionalmente con causa social alguna, en comparación con las personas solidarias que he conocido aquí. A veces intento encontrar una razón específica que supere mi propio egoísmo, pero sólo consigo matizar excusas.

Tal vez me explique mejor gráficamente: ante el bombardeo israelí en Palestina, hace un año, sólo pude contener la rabia, callar y escribir algunas líneas en mi tonto blog, en tanto el colega que tenía al lado se enervaba, lanzaba maldiciones indignado y planificaba estrategias de sensibilización política en su sociedad. La sociedad vasca, por supuesto.

Lo mismo ha ocurrido con diferentes asuntos y problemas mundiales, incluso los que sucedieron en Perú, con un fuerte aditamento de impotencia y frustración, por supuesto. ¿Y acaso podría hacer algo si estuviese viviendo en mi pueblo natal? Tal vez no, pero por lo menos no sería sólo una “observadora distante”.

A propósito de asuntos relacionados con Perú y América Latina, desde que llegué aquí sólo he conocido a DOS personas que me han considerado apta para analizar diferentes situaciones ultramarinas, que me han preguntado por. Es curioso ver cómo las tribunas académicas y de opinión, incluso las alternativas y co-desarrollistas, tienden a admitir sólo “sangre local”, incluso para hablar de realidades ajenas. A veces, siento que las personas “del Sur” sólo somos interesantes en tanto víctimas, exóticas criaturas simpáticas (e inteligentes, claro), pero apartadas. Si el ejército no asesinó a nuestras familias en alguna guerra civil, o nos desplazó, ni nos miran.

Ahora bien, no es mi intención desestimar las sanas actitudes de discriminación positiva para con colectivos que han sufrido reales situaciones de violencia y miseria. Si justamente por esa “coherencia” mía es que no me he atrevido a pedir ayudas sociales y he intentado hacer las cosas de manera correcta, siguiendo todas las vías administrativas. Pero la repetida subvaloración de mi capacidad intelectual ha terminado haciéndome mucho daño.

Durante los primeros meses del master, a finales del año 2007, recurrí a mi tutor, porque necesitaba un trabajo. Él me dijo que podría ganar algún dinero en la facultad, redactando reseñas de libros, etcétera. Entonces, me preguntó: “¿Ya sabes escribir?”. Le miré consternada, la Maga debió sentir un apretón repentino y seco, pues la llevaba entre las manos. El buen hombre se apresuró en aclarar: “Me refiero a que si sabes escribir en términos académicos, porque bueno, esta es una universidad y tenemos un nivel de exigencia alto con los becarios”.

Sé escribir en culto, le dije, pero aún no he aprendido el dialecto peninsular.

Nunca me llamó. Pero eso sí, cada vez que me encuentra por la calle, abrazos y besos, todo es abrazos y besos, y cómo estás, y en qué trabajas, y cuándo vuelves a Perú, la familia, ayyyyyy, la lucha por un mundo mejor.

Quién diría…

Afortunadamente, no todos están completamente llenos, hay personas que aún son capaces de equivocarse y saben escuchar. Además, andan siempre tan ocupadas en sobrevivir que no reparan en las diferencias.

Pero empecé hablando de la Haidar, ¿verdad? Es que uno de mis compañeros de piso es marroquí. Viene de un pueblo pequeño, por lo visto, sus padres se dedican a la agricultura. Es un chico bastante centrado, trabaja más que nadie en esa casa y tiene papeles en regla.

Comentamos hace pocos días el caso de la saharaui en huelga de hambre en el aeropuerto de Lanzarote (Islas Canarias). Para él, la solución era clara: “Esa mujer tiene casa y familia en España. Pues que se vaya a su casa, contrate a un abogado y a esperar, como todos”. Le expliqué que la policía marroquí le había requisado el pasaporte y que, a efectos legales, ella no podía salir del aeropuerto en ninguna circunstancia.

“¡Entonces que pida asilo!”, sugirió al aire. “¡Además, ya ha conseguido el apoyo de la gente y el gobierno español le ha ofrecido una especie de salvoconducto para que se movilice por el país, así que eso, que se vaya a su casa, contrate un abogado y a esperar, como todos!” (Sí, insistía).

“Ya, pero es que con su protesta no sólo está buscando una solución a su problema personal, sino también llamar la atención del mundo sobre la opresión que ejerce tu rey a la población saharaui”, contesté.

Sonrió. “No es mi rey”, dijo, “y no entiendo por qué Aminetu hace eso”.

Cambié el tema. Pobre moro, ya tiene bastante con trabajar 12 horas al día y vivir en el piso de los bolivianos en plena ola de frío polar (es que ni de broma ponen la calefacción, los condenados, sino que prefieren andar por la casa vestidos de esquimales… ¡Que les den!), como para que la señorita “oenegera” llegue a marearlo con cuestiones de empatía internacional.

lunes, enero 04, 2010

Aspirina

Hace un rato conversé con alguien que estaba a punto de proponerme gestionar un contrato de trabajo para obtener papeles. Su argumento fue bueno, dijo aquello que yo una vez me dije: “Quiero conseguir permiso de trabajo y legalidad suficiente para regresar a casa si así lo deseo y no simplemente porque no me puedo quedar aquí”.

Le escuché en silencio y suspiré. He notado que me hace daño hablar de este tema. Lo único que atiné a decir (y creo que fui sincera): “Hace un año yo estaba entusiasmada y esta propuesta tuya me habría hecho saltar de alegría. Pero han pasado cosas, colega… Han pasado cosas”.

Lo cierto es que no puedo vivir de papeles. Quiero dinero. O, mejor dicho, un trabajo que me dé dinero. Ya estoy mayor y no puedo vivir del aire. Ya estoy cansada de “colaborar” y “aprender”, con una sonrisa de humildad. Ya no quiero… Necesito un trabajo remunerado, no sólo documentos. Ya podrían ofrecerme matrimonio para obtener ciudadanía, pero un matrimonio-trámite no me va a dar de comer, ni pagará mis deudas y aficiones. Además, tengo la ilusión de hacer cosas para las que estoy capacitada, no sólo sobrevivir con buen humor, mientras mi invaluable red de apoyo sigue dándome la mano.

Y resulta que en Perú no tengo prohibido trabajar y contratarme no implica firmar un pacto de sangre con el jefe de turno ("gratitud", ya sabes, no cualquiera hace estas cosas por extranjeros).

Llevo ya un tiempo sintiéndome seca, entristecida y mala.

Hace unos días ironizaba en un post sobre mis motivos de “odio hacia los europeos”. Un alma sensible, decente y con poca capacidad para entender el doble sentido, me dijo aquello que suelen decir las almas sensibles y decentes cuando ven algún amago de injusticia en la opinión: “No generalices”. Lo que me sabe mal de esta sugerencia es que sólo se oye cuando se trata de una “generalización de características negativas” y yo he aprendido en esta última década que tampoco lo bueno se puede/debe generalizar.

En todo caso, en ese post mencioné precisamente lo bueno, lo que me ha hecho amar a algunas personas de este lugar, lo que me está costando dejar

En una de las múltiples cenas culpables de mi reciente engorde, allá en Munich, un amigo de Alice, mi anfitriona, me preguntó justamente por la opinión general que me llevaba de los habitantes del Viejo Continente. Le respondí que era imposible contestar a esa pregunta, pues mis referentes próximos eran, por lo general, “positivos”. “A ver, explícame qué clase de idea voy a tener de los alemanes, si mi alemana más cercana es ésta que tengo al lado” y todos estuvimos de acuerdo en que Alice no es un ejemplo “ortodoxo”, pues, entre otras cosas, consigue que la expresión “Ich liebe dich” suene realmente dulce y amorosa cuando ella la dice, proeza imposible para el promedio germano, etcétera (ay, estos intelectuales misántropos).

Lo cierto es que nunca he creído tener una idea general de las personas de ninguna sociedad, sin embargo, sí que es posible determinar características comunes, sean pautas de comportamiento, sean principios legislativos civiles. Yo no creo que todos los españoles rechacen a los extranjeros, pero sí puedo afirmar, con conocimiento de causa, que el sistema administrativo nos complica demasiado la vida (por decirlo suave).

De todos modos he de admitir que no vine aquí con intención de quedarme y ya es hora de ir justificando lo invertido. Pero sé que estos rompederos de cabeza seguirán un rato más (ya sabes, el pelirrojo y otros asuntos, aunque no sería la primera vez).

viernes, enero 01, 2010

1 de enero de 2010

Nací y crecí en el lado donde las personas aprendemos, desde pequeñitas, que no es posible tener todo lo que uno quiere, porque no hay suficiente dinero y debemos establecer prioridades. Por eso no me llamó la atención cuando el hombre del bar de la esquina me dijo que tenía pocas oportunidades de ir a conciertos en Bilbao, pese a que le encanta la música. Para compensar, se ha montado una colección bastante completa de rock internacional, en audio y vídeo.

El otro día pasé por allí, rumbo a casa. Era una noche bastante fría y no se me antojaba la cerveza-cena de toda la vida, pero oí un agradable "estruendo" de guitarras eléctricas y, sin pensar, entré. Él, notablemente contento, me dijo: "Qué bueno que hayas venido! Mira el concierto que hemos conseguido!"...

Es éste uno de los españoles más sencillos que he conocido, aunque debo mencionar que el barrio, en general, está habitado por gente llana y trabajadora, sin mayor empeño en hacerse notar. Es la clase media obrera, esa "sociedad anónima" de personas que, sin ruido, mantienen activas las economías de sus países. Nunca tienen suficiente dinero para ir por ahí de alternativos, pero son la columna vertebral de cualquier sociedad y la carne de cañón de toda revolución. Es la gente despreciada por intelectuales de izquierdas y derechas, debido a su "aburguesamiento" y/o "mediocridad", que, sin embargo, sufre siempre los primeros embates de toda crisis. Son quienes reciben las balas.

...

Estoy imaginándome en mi habitación-taller, un fin de semana tranquilo, luego de comer algo caliente, abrazada a mi chico bajo el edredón, diciéndonos mutuamente que todo va a estar bien...

miércoles, diciembre 30, 2009

La gente piensa

Algo está pasando en el Sur: aquellos que nunca tuvieron acceso a las páginas impresas -salvo como "modelos" en libros de antropología- han empezado a llenar centrales, arrebatar titulares, desacreditar ministros y ocupar sillones presidenciales. ¿Es eso bueno? ¿Es eso malo? Ni uno, ni otro. Se trata de un proceso histórico-evolutivo normal, una fase más del andar humano en el mundo. Pero cómo duele, oh, sí, señor, cómo duele a quienes ven reducida su influencia y su poder. Es que, por supuesto, cualquier proceso de empoderamiento, en un mundo de ideas que valen por su concreción física, implica el "desempoderamiento" de los que ostentaban aquella rancia y aristocrática capacidad absoluta de (y aquí puede ser: gobernar, administrar, juzgar, matar).

El principal problema, y ésta es sólo una humilde opinión, es que la historia ha venido siendo escrita desde una perspectiva occidental, de raíces greco-romanas. Se cree, por tanto, que todo proceso de desarrollo debe tener como base el "buen vivir", entendido como el establecimiento de familias nucleares (y sólo nucleares) en cómodas casas urbanas, fortalecido por una educación sin perspectiva local (E, de elefante, J, de jirafa), basada en conocimientos acumulados tras siglos de investigación y exterminio de especies "inferiores". No olvidemos, claro, construir el centro de salud más cercano, salvoconducto de todo gobierno que busca ganarse el favor popular sin complicarse la vida. ¿Para qué instaurar la semilla del saber? ¿Por qué implementar costosos proyectos de desarrollo, si las personas quieren ver resultados inmediatos para las elecciones del próximo año?

Durante mucho tiempo, tal vez desde que dejamos de ser colonias, hemos sido "atendidos" por nuestros gobernantes con una actitud ambigua de "buena voluntad", sumada a una suerte de "decencia cristiana". Mientras tanto, importantes familias han seguido enriqueciéndose y, aún hoy, debemos soportar a cultísimas figuras públicas que, por televisión, piden respeto a su color de piel, apellido y nivel académico. Ellos llevan la "razón histórica". Los que pensamos diferente, a jodernos.

Ese punto de vista discriminatorio y malicioso, esa tendencia a diferenciar entre "artistas" y "artesanos", entre "cultura" y "folclor", a no medir y medirnos con la misma vara, pese a la procedencia nacional o racial (gran excepción el Inca Garcilazo de la Vega, aunque por decenios fuera presentado a la intelectualidad española con rasgos acriollados). Ese peso máximo aplicado a lo occidental, esa admiración ciega por lo "blanco", eso, eso es lo que ahora nos hace recelar de los levantamientos campesinos contra alternativas de desarrollo neoliberales, nos induce a llamarles "ignorantes", a acusarles de "terrorismo", de "narcotráfico", de todo lo malo (o feo) que se nos ocurra, porque estamos enfermos de prejuicios, porque tenemos miedo a nuestro propio pueblo, porque siempre es más fácil mantener el status quo, la sensación de crecimiento económico indiscriminado, en lugar de guardar silencio un momento y escuchar...



La Vieja Europa es famosa por sus excentricidades, por sus abusos y supersticiones, aunque ha presentado estos elementos al mundo envueltos en pan de oro, protegidos por la intangibilidad de la tradición. ¿Por qué no brindar el mismo reconocimiento a otras culturas?

...

Discutí hace un par de semanas con un colega de Piura, periodista él, acerca del último incidente relacionado con la resistencia popular a la explotación minera de la empresa Monterrico Metals. Me comentó, un tanto escandalizado, que los miembros de la Ronda Campesina habían instalado retenes de control de tráfico en diferentes áreas de la zona en conflicto, lo cual le resultaba ilegal, y que habían disparado a la policía con fusiles AKM (al parecer, el único tipo de armas militares al que suele tener acceso la población civil, por su repetida mención en los periódicos). "Eso es terrorismo", me dijo sin dudar y yo, tratando de mantener la compostura retórica (en honor a la amistad), respondí: "No, querido, eso no es terrorismo y ten mucho cuidado con escribir esas impresiones en tus reportajes. El terrorismo implica un uso sistemático del terror: asesinatos, secuestros, explosivos... Además, no estamos hablando de una organización ideológica, ni de un adoctrinamiento. ¿Somos tan soberbios como para no admitir que incluso las personas a quienes siempre hemos mirado por sobre el hombro y creído incapaces de 'razonar', pueden de pronto formular un argumento irrefutable y luchar? Dime..."

Sí, la verdad es que, muchas veces, somos así de soberbios (y ruidosos, y prepotentes, etcétera). Le pedí a mi colega una investigación semántica y otra jurídica, qué menos. Todas esas muertes y agresiones (y he dicho todas), merecen respeto y justicia. Lo que aún no consigo entender es la falta de sensibilidad y empatía de tantos compatriotas y autoridades: el sólo hecho de que comunidades enteras, acalladas durante décadas por la pobreza y el constante riesgo de discriminación, se organice y levante, ¿no debería llenarnos de alegría? ¿No es un paso importante en el desarrollo de nuestra democracia y una verdadera identidad nacional pluricultural?

Ay, los seres humanos son criaturas muy extrañas...

martes, diciembre 29, 2009

Little Junio goes to Prague (1)


Absinthe testing!

Hey, I said just test...

Oh, forget it!
You're a "poet", guy...

Confianza....

Para empezar, no tienen idea de lo que es protección de la propiedad. Te dejan por ahí a tus anchas, no te piden cantidad de documentos, como lo haría un buen empleado en Perú, ni te preguntan por tu nacionalidad, cuando creen que eres diferente al promedio.

Luego, hacen cosas estúpidas como dejarte vivir en sus casas mientras ellos están de vacaciones, o te pagan por llevarte a pasear a sus hijos y te invitan a comer en la mesa del patrón aunque seas la "chica de los recados domésticos".

Para mayor escándalo, en la biblioteca sólo te piden el DNI a fin de saber quién eres, pero no se lo quedan hasta que sales del edificio. Es decir, ya te puedes llevar todos los documentos que se te ocurran, ni siquiera se van a enterar.

¿Otra cosa por la que no me gustan los europeos? Esa confianza idiota en los bares (sobre todo en Bilbao) de no cobrarte nada por adelantado. Tú pides vino, cerveza, coges todos los pintxos que puedas imaginar, y los encargados te preguntaran A TI cuánto consumiste. ¿Te parece posible tal nivel de imprudencia? No, si yo alucino...

Lo que es peor, ya no en España (vale, País Vasco), sino más al norte: cuando entras al tranvía, o al metro, puedes hacerlo directamente, y a cualquier vagón. Nadie, PERO NADIE controlará si has picado tu ticket en alguna tonta máquina or something like this.

Lo más jodido, el motivo por el cual metería a todos los europeos en una cámara de gas: Hace dos días envié a mi madre, a través de WESTERN UNION, una humilde cantidad de euros desde Praga. Como esta gente del Este no tiene idea alguna sobre los "last-names" compuestos, pusieron los apellidos de mi progenitora como se les dio la gana y ahora la buena mujer no puede cobrar. Esta mañana permanecí DOS HORAS en una oficina de Pilsen (Republica Checa) tratando de arreglar el entuerto, y los amables eslavos no entendían una cuestión MUY BASICA: "Si tu eres la dueña de la plata, te conocen y tu madre tiene el código, ¿por qué no le entregan el dinero?"

Buena pregunta...

Pero no, no es ese mi real motivo de odio hacia los europeos, sino que tienen una extraña tendencia a engordarme... Es decir, no se dan cuenta de que creen, arbitrariamente, que siempre tengo ganas de comer los mejores platos de su ciudad y que tienen derecho a mantenerme a punta de delicias. ¿Qué les pasa? ¿No piensan en que una quiere estar delgada para el novio? Son unos desadaptados, no se enteran...

Ya para poner la guinda, que alguno te financie la mitad del pasaje a Munich. No, si son gente rara, no deberían existir, al carajo con ellos...

Puf...

A la próxima persona que me pregunte por qué me gusta estar aquí...

P.D: Me refiero solamente a mis amigas, amigos, y mis mejores experiencias en general (por si acaso)...

lunes, diciembre 21, 2009

de viaje

Hoy he iniciado un viaje dentro de un viaje más largo. En realidad, empezó ayer, cuando cogí el bus Bilbao-Madrid. Pero ayer fue día de despedidas, besos dulces, abrazos cálidos, los mejores deseos con un nudo en la garganta, que empiezan cada historia (porque cada historia, nos guste o no, empieza con una despedida).
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Anoche nevó. Afortunadamente, Madrid es seco. En Bilbao sería imposible no tiritar con el abrigo sobre la camiseta, sin chompa de lana enmedio. Aquí, aunque la temperatura es más baja, me siento a gusto. Ni siquiera el catarro se ha dado por aludido.
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Tal vez vaya al cine dentro de un rato, pausa merecida en el listado de asuntos por resolver, antes de tomar un avión, mañana. No he olvidado el pasaporte, a los "no comunitarios" no nos basta el DNI de extranjeros.
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Qué ganas de estar sola tengo hoy. Entiendo el motivo: cuando se avecina un vuelo, un traslado, un pequeño (o gran) cambio en el estado habitual, necesito concentrar mi atención en todos los detalles. Demando, por tanto, soledad. Pienso un poco y reconozco que sólo admito la presencia de mi madre o algún apreciado amante, si lo hubiera, pues en tales situaciones, la necesidad de alargar los minutos y matizar los futuros recuerdos le ganan a cualquier practicidad y/o misantropía.
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Debo comprar un medicamento que corte los síntomas de la gripe, no quiero tener problemas con los bávaros apenas aterrizar.
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También una tarjeta de llamadas internacionales, ya sabes, para hablar con la familia en navidad y cosas de esas.
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Fui al cine.

jueves, diciembre 17, 2009

Ay, esos bolis...


El asunto es el siguiente: estoy a punto de permitirme generar un oscuro prejuicio contra los bolivianos, a partir de una serie de juicios reales a los que he llegado en estos meses de convivencia con una pareja de cruceños.

No son mala gente, pero viven sobreviviendo en la ilegalidad y eso implica reducir al mínimo los servicios de habitación, por el máximo costo razonable.

La situación no es infrahumana, por cierto. Digamos que no vivo en un “piso-patera” y el lugar es bonito. Sin embargo, luego de haber compartido casa con españoles, manteniendo siempre relaciones democráticas y responsabilidades horizontales (pese a un par de neuróticas, para matizar), me vine a meter en una especie de “pensión universitaria”, donde los patrones son dueños del salón, la tele, y todos los servicios del lugar.

Es un negocio bastante usual: ellos consiguen un piso de tres habitaciones, por un precio “razonable” (dicen que 800 euros al mes, a saber) y subarriendan a dos o tres inquilinos, por 250 ó 300 euros cada habitación. Algunos llegan a meter hasta 10 personas y, aún así, el costo suele ser desorbitado. Afortunadamente, éste no es el caso.

Entonces bien, el moro, el joyero y yo pagamos, en total, 600 euros, con lo cual, los “dueños” cubren sólo el 25%, más los servicios.

Ahora, la “letra pequeña” del contrato:
  • El teléfono fijo es sólo del matrimonio.
  • El salón es territorio del matrimonio. Si quieren, pueden encerrarse días enteros. A veces “invitan” a pasar a los demás, pero se reservan el derecho a echarnos si, por ejemplo, quieren hablar por teléfono.
  • Tienen servicio de cable, teléfono e Internet, sin embargo, sólo encienden el WiFi cuando ellos quieren ver televisión. Los de la ONGD me dejaron un portátil tres fines de semana, para avanzar con mis diseños, y la doña me aclaró que “la habitación no se alquila con Internet”, que “el router gasta corriente y el ordenador también”. He de mencionar que ellos no tienen -ni saben usar- computadora.
  • No encienden la calefacción, porque dispara el precio de la luz. Recomiendan que “hay que abrigarse bien”.
  • Las habitaciones no vienen con sábanas, ni frazadas.
  • Pese a que los inquilinos “no debemos asumir el lugar como un piso compartido”, sí se nos exige apechugar y responder por las subidas de la cuota de la comunidad y los servicios.
Por cierto, no hay contrato, pues los dueños están aspirando a recibir ayudas sociales y no pueden registrar a otras personas en la vivienda que ocupan. Eso nos deja a los demás sin empadronamiento, por tanto, sin posibilidad de acceder a diversos servicios públicos a los que tenemos derecho por el sólo hecho de estar dejando el pellejo aquí.

Vamos a aclararnos un poco: la situación de los extranjeros no está para mezquindades y oportunismos, sino más bien debería animarnos a fortalecer lazos de solidaridad. El trato con los señores del piso no es malo, pero sí inestable, adaptable a sus intereses y conveniencias, según la necesidad. Y yo estoy un poco harta del discurso de “colaboración recíproca”, que no es sino un intercambio de favores, una especie de “te ayudo para que me ayudes”, “te sostengo y retengo con regalías, para que sigas pagándome puntualmente, mes a mes, pero no reconozco tus derechos más básicos”…

Se quejan de pobres y por sus manos circula mucho más dinero del que yo puedo haber tenido desde que llegué a Bilbao. Encargan joyas de 200 euros, compran mercadería, envían remesas de 400 euros a Bolivia, y no precisamente para mantener a la mamá enferma…

Como no es una “opresión sistemática”, puedo pasar los días con buen humor (y encender mi radiador de luz alógena 20 minutos cada dos noches, sin que se enteren, o tendré la culpa de la muerte de Jesucristo, joder). Pero he decidido, entre otras cosas, no hacer limpieza a profundidad de las zonas compartidas, sino sólo lo que ensucio… ¿O acaso en las pensiones universitarias la gente se pone de acuerdo para asear el baño común los fines de semana? ¿No se hace cargo de eso la casera? Pues lo mismo.
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Mientras no nos muramos de frío, todo estará bien (y ya queda poco).

El otro día le dije al joyero, también cruceño, que “nunca más en mi vida me metería a vivir con bolivianos”. Él, con paciencia y tolerancia, como corresponde a un buen cohabitante, observó que “no todos los bolivianos somos iguales, Angelita”, a lo que yo repuse: “¡Pero si así son ustedes, los de Santa Cruz, que se jactan de ser lo más elevado de su país, cómo serán los demás!”. Reímos.
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Buen tipo, el joyero, muy vivido. Es agradable conversar con él, salvo cuando se pone "clasista" y, al igual que el matrimonio, empieza a despotricar de “los collas”, esa “indiada ignorante” que ha reelegido como presidente al “indio bruto ese, que ni secundaria tiene”…

Homo homini lupus est
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Acotación necesaria:

Desde que llegué aquí sólo he tenido trato con una señora de los alrededores de La Paz, en el altiplano boliviano. Indígena quechua y portadora del mal de Chagas. Trabajadora. Asumió la noticia de su enfermedad con mucha tranquilidad (estábamos juntas en Médicos del Mundo) y su preocupación inmediata fue si acaso sus hijos tendrían lo mismo.

Hay gente para todo…

jueves, diciembre 10, 2009

Avatares...

Acabo de ver este trailer de una nueva película de James Cameron, Avatar. Seguramente será taquillera:


Official Avatar Movie

Pese a que el arte y el comercio no tienen fronteras (y este tipo de películas suelen ser una mezcla no siempre bien balanceada de ambos), me sabe un poco mal que Estados Unidos esté invirtiendo y promocionando filmes que atacan sus intereses económicos (y los del “mundo desarrollado”), tocando de manera directa los conflictos sociales generados por la sobreexplotación de recursos naturales, la expropiación de tierras y el exterminio étnico.

¿Qué pasa con el mundo? ¿Se ha declarado un jubileo internacional con perdón para todo el que se comporte de manera políticamente correcta? ¿Se querrán resarcir de lo que hicieron con los pieles rojas, y siguen haciendo con otras poblaciones a través de grandes empresas?

Actualmente, en nuestro planeta y fuera de cualquier ficción, comunidades indígenas vienen luchando desde hace muchos años por sus tierras. No son ni estilizados, ni azules, ni alienígenas, sino seres humanos de sangre roja, a quienes nadie dedica películas y más bien desprecian piadosamente con el mantra aquél de “son gente ignorante, manipulada por”…

Campesinos torturados en el año 2005 por las fuerzas de seguridad de la empresa minera Río Blanco Cooper, en la sierra de Piura (Perú).
La lista es muy larga. Se trata de hechos que no deben quedar soslayados por la superficialidad mediática. No es un juego.