Desde mis ojos...

viernes, noviembre 13, 2009

Para Sophia (o "la crisis de los casi 30")

He estado pensando en unas cuantas tonterías, como que en el bar de la esquina siguen poniendo la música que me gusta y me estoy pasando con las cervezas, sin ser alcohólica, aunque lo peor del vicio no es lo que cuesta sino que engorda. Por cierto, he dejado de fumar y descubrí que mi nuevo “personaje símbolo” de manías otakus es nada menos que la atractiva Misato Katsuragi, por unas cuantas coincidencias contundentes:

  1. Tiene 29 años.
  2. Es económica y laboralmente independiente.
  3. Es buena profesional, en su especialidad.
  4. Es hermosa (modestia aparte, aunque no comparto su voluptuosidad, yo soy del tipo “planita”).
  5. Cena cerveza.
  6. Tiene una extraña tendencia a fijarse en chicos menores que ella.
  7. El Complejo de Electra no le ayuda mucho a consolidar relaciones con hombres mayores que ella.
  8. Tiene espasmos de inmadurez que la meten en más de un lío.
  9. Casi siempre está riendo.
  10. Es depresiva.

Sólo me falta una mascota, un amante pasional y ganar suficiente dinero para pagarme un apartamento para mí sola, sin embargo, veo que desde aquí no podré…

Es por eso que he pensando en muchas tonterías últimamente, porque esta temporada me corresponde pagar las consecuencias de una serie de decisiones precipitadas tomadas durante los últimos meses. La primera: volver a Bilbao. La segunda: tener miedo de perder lo poco que tenía..

El gran jefe suele cantarme una canción repetida y cansona, que va algo así: “Es queeeee contigo la verdad es que no se sabe qué va a pasar y no generas sensación de seguridad”. Sé que lo dice porque padece de incontinente honestidad, pero a veces peca de ligero..

Y es que no soy una persona inconstante, mucho menos inestable. Lo acepto, es la imagen que he dado los últimos meses, pero sólo ha sido responsabilidad mía en tanto que fui yo quien tomó la inicial decisión de lanzarme a la piscina sin mayor precaución, nada más. El razonamiento empezó durante una trascendente conversación con una buena amiga de Pamplona, hace un par de meses: apenas había renunciado a mi trabajo y mi exjefa insistía en que siempre corrió ese riesgo conmigo, es decir, que al “contratarme” sabía que yo, en algún momento, querría irme a mi país y dejarla tirada..

Ante ese comentario y mi estúpida tendencia a sentirme culpable por todo, mi colega respondió: “No creas eso, no pienses eso. Cualquier persona, española o extranjera, puede dejar un trabajo por diversos motivos. Y tú eres como cualquier otro ser humano, con esa misma libertad, vengas de donde vengas”..

Hasta ese momento no se me había ocurrido pensarlo así y tal reflexión me ayudó a descubrir una serie de posturas generalizadas, acerca de contrataciones y relaciones laborales. Sólo quiero destacar ahora una actitud por demás insana, que consiste en creer y hacer creer al empleado que al otorgársele un puesto de trabajo se le está haciendo un favor. A eso habría que sumarle un detalle importante (y detonante): si el contratado se encuentra en una situación “difícil”, que implica riesgo de discriminación, la autopercepción del que contrata será aún más alta, más noble, llegará a rozar con la magnanimidad..

Da igual en qué circunstancias me fui, los motivos que me llevaron a tomar esa decisión y lo que ocurrió después. El asunto es que me atreví a romper una relación que me hacía daño, no sólo emocionalmente, sino también moral y económicamente. A los 29 años, con una carrera bien hecha y un puto master de los cojones, no se puede andar de “practicante” por la vida, ganando 400 soles mensuales (en equivalente valorativo) y currando incluso domingos, si fuera necesario, gracias a una ventajosa condición inicial con la empresa, “de palabra”, todo “de palabra”, pues los papeles habrían tenido que salir de mi pago y eso ya no, ya no..

No podría afirmar que hubo mala fe, pero así como se desliza la serpiente de la caridad en estas relaciones entre “superior e inferior”, también se ha de colar la conveniencia. ¿Por qué no? En tanto seres humanos, tenemos todo el equipamiento necesario para obrar mal. De modo que un día me cansé de que me traten como inmigrante y de tener miedo a no tener un duro. Y aquí me tienen, reivindicada, libre y sin un duro (al menos hasta diciembre, que empezaré a ver los abundantes frutos del trabajo que he venido haciendo desde que renuncié, porque tengo la buena fortuna de nunca estar en paro)..

Sigo cansada de que me traten como inmigrante, por ello estoy pensando seriamente en la posibilidad de volver a casa..

Esta mañana, conversando con una compañera de la oficina, me oí decir lo siguiente: “El gran jefe insiste en que yo debería hacer “lo que sea” para quedarme. “Lo que sea” implica trabajar en cualquier cosa. Cualquier cosa es limpiar casas y culitos. Hace un año y medio limpié casas y culitos, esos trabajos fueron una bendición. Sin embargo, luego de acabar el master, vivir lo que he vivido, gastar lo que he gastado y ver cómo mis compañeros de clase consiguen buenos trabajos y yo tengo que agradecer migajas por “mi condición de inmigrante”, pues… No, cariño, no voy volver a limpiar la casa ni el culo de ningún bilbaíno”..

Quiero dejar algo claro: no menosprecio la hostelería, ni el cuidado de personas. Necesidad es necesidad y se me dan bien los niños y los viejitos. De mejor ánimo trabajaría “en lo que sea” en el UK o en Alemania, pues me pagarían tres veces más que aquí y, en compensación, practicaría inglés y/o aprendería alemán..

Pero en Bilbao, me niego. Y si esto es soberbia, que se me castigue por ello, pero me niego..

Entonces bien, ¿qué quiero? Quiero vivir en un lugar pequeñito, pequeñito, donde nadie me ponga carteles si una noche no lavo los platos de la cena. Quiero no tener que compartir mi habitación con un taller de joyería ni soportar a inquilinas con neurosis varias. Me gustaría, en verdad, tener un sitio que pueda decorar a gusto, con un tocadiscos de aguja, un librero y un sofá remendado de Emaús. Y una gata, quiero una gata. Y, si no es mucho pedir, un compañero. Sí, un compañero, ¿por qué no? Soy humana, tan humana como el chico (vasco) de la fotocopiadora y el negro guapote que debe vender discos pirateados en las esquinas para sobrevivir. ¿Qué se creen? ¿Que él no desea la misma tranquilidad idílica y pseudo burguesa? ¿Piensan que el buen hombre ya se deshumanizó al punto de sólo ambicionar en la vida un plato de comida? Ayyyyyy, ustedes los blancos no saben nada, naaaaaaaada....

Pero no puedo tener lo que me gustaría, debido a que estoy metida en un círculo vicioso que ni siquiera comprenden mis personas más cercanas. Entiendo los motivos: lo que saben de mí, lo saben desde hace un par de años. No llegan a pensar, por ejemplo, que si alguien me dice: "quédate conmigo, te quiero", yo podría buscar la forma de. No pueden imaginarse que si consigo un trabajo interesante, con un sueldo decente, podré pagar ese lugar chiquito, con los discos y la gata. No, y nadie está dispuesto a proporcionarme oportunidades dignas o amor “en serio” porque no doy “imagen de estabilidad”, porque conmigo nunca se sabe, porque esto y aquello..

¡Y una mierda!.

Entonces, ¿qué me queda? Pues imaginar que ese lugar existe donde esté yo, en cuanto pueda dar un respiro de alivio y decir: por fin en casa. Y eso sería al lado de donde vive mi madre, en la cima del Huascarán, en Huancavelica o en el Pirineo francés, qué más da..

El caracol ha aprendido a llevar consigo su propia estabilidad. El caracol está aprendiendo a estar solo (salvo, por supuesto, la gata)..

Algunas personas nacimos con este sino, y es que ser “culo inquieto”, sin dinero y con responsabilidades, como que no va….

En fin. Pufff, por fin ha salido. Por fin.

Por cierto, yo soy ésta:o.

lunes, noviembre 09, 2009

Malditas canciones, Nº 1: Mi padre y el tecno alemán

A veces basta un sonido para atraer recuerdos gratos, basados en una composición de imágenes fijas que, una junto a otra, consiguen reproducir movimientos, olores, melodías, sabores, sentimientos exactos, sonrisas, lágrimas.

En estos días, a propósito del vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín, oí en algún documental las primeras palabras del famoso discurso de Jhon F. Kennedy, el 11 de junio de 1963: Two thousand years ago the proudest boast was "civis romanus sum" Today, in the world of freedom, the proudest boast is "Ich bin ein Berliner".

La frase trajo a mi memoria, de inmediato, una canción traspapelada entre muchas otras canciones amadas y voluntariamente “olvidadas”, City of Night (Berlin), de Peter Schilling.

Al principio resulta lenta, con un dramatismo, desde mi punto de vista, poco conseguido, aunque la sensación de persecución que marca el punteo de guitarra constante permite entrar en un coro que cambia de clave y compás, dando lugar a una melodía nostálgica y entrañable, suave como una canción de cuna, triste como la muerte de un ser amado, rítmica como un poema popular (Berlin, city of night, you sleep between the East and West, along the left and right…)

Aquí, el audio:
(Por favor, intenten ignorar a la señora punk del inicio, es que era eso o un vídeo de fotos de turistas latinoamericanos por la capital alemana, con la canción de fondo).


Sé que mis amigos de izquierda considerarán este post un tanto “reaccionario”, por citar el discurso de un presidente “imperialista”, contrario a los intereses comunistas de aquella época. Pero no es necesario ser una roja recalcitrante para observar el mundo con espíritu crítico y respetar el valor de la vida y la dignidad.

En todo caso, esta canción significa para mí algo bien distante a la política internacional: una vez, a los diecisiete o así, peleé con mi papá y nos dejamos de hablar. Pasó algo más de una semana y no sabía qué decir o qué hacer para acercarme y ofrecer disculpas, asegurándome de que no hubiese “represalias” de su parte (que de alguien he heredado la cabezonería).
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En esos días tristes andaba, cuando en medio de una práctica universitaria de Comunicación Radiofónica, encontré en el archivo musical del profe Quique un casete original de Peter Schilling, el album “The Different Story (World of Lust and Crime)”. Supe en ese momento que contaba con la herramienta adecuada para ablandar el corazón paterno y asegurarme un diálogo fluido, abrazo, besito y lagrimitas de alivio. Hice una copia de la dichosa cinta y se la llevé a Valverde como obsequio de buena voluntad, para hacer las paces.
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El resultado fue totalmente positivo y es por eso que, hoy por hoy, en Bilbao, más de diez años después, oír decir a Kennedy “Ich bin ein Berliner" me recuerda ese episodio de reconciliación con mi papá, un retazo colorido de esta vidita mía llena de remiendos y berenjenales.

Y a propósito de muros y vergüenzas humanas variadas, acabo de diseñar un cartel para promocionar charlas sobre el boicot académico a Israel, que toda Europa debería acatar si desea luchar de manera efectiva contra la represión a Palestina. Eso, entre otras cosas (una política exterior coherente ayudaría, pero ya se sabe que con presidentes, grandes empresarios y diplomáticos no se puede contar para estos fines).

Le he dicho al gran jefe que observe con detenimiento mis propuestas gráficas. Yo no soy de manifestaciones, se me da muy mal gritar arengas y llevar pancartas, me pongo mala, no sirvo para estas lides. A mí me va mejor con el trabajo oculto, ya lo he dicho antes, “el poder del poder en las sombras”. La labor de hormiga o de ratón. En fin, en esto también soy principiante. A ver qué tal:
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jueves, octubre 29, 2009

Ya que hablamos de "derechos"...

He recibido información a través de Youtube y diversos medios digitales, acerca de las diferentes reacciones de mi pueblo frente al Decreto Ley por la despenalización del aborto. Ahora mismo sólo puedo pensar “fuera de contexto”…


Niños con hambre...

Niños "víctimas colaterales" de bombardeos israelíes, en Palestina.

Niños-soldado, en la RD El Congo, realidad no tan lejana de lo que ocurre actualmente en Colombia, o sucedía en Perú (ahora que lo pienso, siguen alquilándose niños para la producción de PBC en la triple frontera Cusco-Puno-Madre de Dios).

Niños que corren el riesgo de morir de frío, en el altiplano peruano...


Los Derechos Humanos de estos niños tampoco fueron respetados, ¿esto ha motivado protestas tan descarnadas, a todo nivel? ¿Quién llama “pecadores” y “asesinos” a quienes dejan morir de hambre y frío a seres indefensos? ¿Quién condena a los señores de la guerra y se esfuerza por destruir las mafias de cuello blanco que hay tras el negocio armamentista mundial? ¿Acaso Dios también castigará a los culpables de todo esto?

Ojo: no considero en absoluto que el aborto solucione estos problemas sociales, sólo me dedico a descubrir muestras públicas de doble moral, aderezadas por la conveniencia de lo inmediato. No hay duda, los humanos somos de lo mejorcito que hay…

sábado, octubre 24, 2009

Muñeca

La dejé porque era fea, aunque tal vez sea correcto decir que se hizo fea poco a poco, que se afeó, lo cual le haría cierta justicia: no es fea, pero cuando decidí dejarla, todo lo bello que vi en ella al principio había desaparecido. Tal vez, debido a las circunstancias, ella atravesaba un momento feo que, valga la redundancia, la afeaba. O acaso yo empecé a ver reflejada en ella mi propia fealdad, no me gustó y me fui.
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Lo que llegué a lamentar, y aún lamento, fue lo tardío de mi decisión. Pude haberla dejado antes de verla fea, de modo que mi recuerdo mantuviera cierta hermosura, cierto aroma. Sin embargo, por cobardía, tardé. Pensé, ingenuamente, que esa fealdad era pasajera, que volvería a brillar como una rosa, pura, fragante. Pero, y aquí reconozco mi egoísmo, todas mis expectativas ante el retorno de su belleza buscaban justificar mi inicial decisión de quedarme con ella. No quería haberme equivocado de manera tan ridícula.
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Pero era fea o se hizo irremediablemente fea. Y tal vez he sido yo quien ha perdido la vista, la capacidad de ver su hermosura. Sin embargo, no lo siento. Nunca fue, sea dicho, físicamente fea, aunque tampoco plenamente agraciada. Yo la amaba y admiraba porque vi reflejada en su porte y su firmeza la sabiduría de Atenea, la elegancia de Afrodita, la cultura que adornó a Safo.
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No era, sin embargo, diosa ni poeta. Al igual que a mí, su humanidad la contaminaba constantemente, la corrompía, la, en resumen, afeaba estrepitosamente, condenándola a una carrera sin tregua por demostrar, gritar, demostrar, conseguir, demostrar, tener, demostrar. Atenea se vio reducida entonces a la burda ambición que hace girar el mundo de los humanos, los intereses básicos de las personas que, desde su nimiedad, buscan la inmortalidad sin poseer el don.
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Habría amado de igual manera su vulgaridad reconocida, su humildad. Pero no era ella una mujer humilde. Buena gente, sí, no lo voy a negar, ni dejaré de reconocer su bondad sencilla. Pero no pude soportar el envilecimiento progresivo de su alma, que tal vez no fue tal, tal vez ya estaba, como característica indeleble de su personalidad que no vi debido a mi ceguera, al deslumbramiento inicial que me hizo amarla, admirarla y respetarla.
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Pensé que podría soportar y acompañar, pero soy débil y fui doblemente débil al no irme a tiempo, asustado, y por irme luego, sin ser capaz de explicar, sencillamente porque siempre es difícil decir: te dejo porque ya no me gustas. Eso siempre requiere explicaciones extras, metáforas y eufemismos vacuos, palabreos inútiles que sólo agrandan las heridas y restan tiempo al tiempo.
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Entonces, ella se hizo fea y algún romántico podrá añadir que el conocimiento recíproco me ayudó a mirar su alma, la cual, a diferencia de su rostro de porcelana pura, siempre estuvo sucia. Y yo responderé: ¿Puedo ser capaz de atribuirme el derecho de juzgarla, si fue buena conmigo? Porque lo fue, lo fue a su modo. Entonces, intento no objetivarla, no catalogarla, no encasillarla. El esfuerzo es bueno, me enriquece. Pero no puedo evitar percibirla afeada, saberla fea, feísima, y sentirme profundamente herido por esa fealdad. Es entonces cuando digo: me voy, y ella me recrimina, se lanza sobre mí, intentando clavarme las uñas. Me insulta, me culpa, me acusa, y yo sólo puedo mantener sostenidos sus brazos, contener su desesperación, sin ganas ya de mirarla a los ojos, sin justificar mi huída -no tan- repentina, sin nada más qué decir.

miércoles, octubre 21, 2009

Grata sorpresa

Una noche de esas, que últimamente me suceden sólo de vez en cuando. Estudiantes jóvenes, latinoamericanos expatriados, bebiendo y añorando, como si de personajes cortasianos se tratara, sin las causas esnobistas de aquellos, pero sí compartiendo mucha, mucha indignación.

¿Y para qué sirve, a veces, la indignación? Para hablar, si no queda más remedio. Sólo para hablar y añorar.

Hay que reconocerlo: faltan trincheras, ovarios y testículos. O a lo mejor, sencillamente, carecemos de un arma, o la verdadera posibilidad de, como diría el Gran Jefe, “hacer la revolución”.

No, no hablemos de revolución. En las revoluciones siempre mueren los más pobres, los inocentes, los eternamente jodidos. Soy anti-revolucionaria. Apuesto por el ahorro de sangre, trabajo en solitario, cobro por baja, creo en minar bases, en el poder del poder bajo la sobra y de la mira telescópica de un francotirador.

En todo caso, fue agradable saber que Calle 13 no era un dúo reggaetonero usual. Me fastidiaron mucho con aquella huachafada de “atrévete te te, salte del closet”, sobre todo porque la mayoría de llamados masculinos a la liberación sexual femenina tienen como finalidad clave el beneficio hedonista de ellos, gracias a la desinhibición de ellas.

Pero los colombianos de esa noche me mostraron una canción que decía:

Allá abajo, en el hueco, en el volquete, nacen flores por ramillete. Casitas de colores con la ventana abierta, vecinas de la playa, puerta con puerta. Aquí yo tengo de tó, no me falta ná, tengo la noche que me sirve de sábana. Tengo los mejores paisajes del cielo, tengo una neverita repleta de cerveza con hielo…

Visto el vídeo, admito que, como peruana y latinoamericana, tiendo a conmoverme con esta clase de manifestaciones culturales. Esa contundencia que se dice bonito, tras una melodía alegre. Ese carácter jovial “pese a todo”, una manía poco entendida por pensadores puristas y cínicos peores que yo (porque soy cínica, pero no llego a ser maestra de tal postura filosófica).

En fin, ya se sabe que una canción no va a cambiar el mundo, pero a veces basta con que consiga hacer pensar y pensar es muy, muy necesario, sobre todo entre seres que nos jactamos todo el tiempo de poseer intelecto, libre albedrío, artes, etcétera, pero vivimos mirándonos al espejo.

Otro dato curioso: la camiseta del vocalista de Calle 13 al recoger su premio MTV Latino, en Bogotá, la semana pasada:
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“Uribe, paramilitar”. He tratado con suficientes colombianas exiliadas, perseguidas, acosadas por el actual gobierno colombiano, pero también suelo toparme con personas provenientes de clases altas que cuentan orgullosas sus relaciones con la familia presidencial, e inmigrantes sin papeles que defienden a un presidente “con huevos”, que por fin ha hecho frente a las FARC.

No me extraña, hay fujimoristas en Perú.

Quizás haga falta que todos nos quedemos físicamente ciegos, como en la novela del portugués, para que aprendamos a ver mejor.

martes, octubre 13, 2009

Babel


Fue tarde de médicos. Médicos del Mundo, para ser exactos. Una idea de esas altruistas y, a la vez, eficientes (extraña asociación), que nos viene bien a todos los extranjeros-no-europeos-ni-estadounidenses sin seguridad social: atienden rápido, bien y nos proporcionan las medicinas gratuitamente, cortesía de la Fundación Anesvad (dirán lo que quieran, pero ha sido una verdadera bendición en las épocas más difíciles).
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Gracias a una médica en concreto, que por ventura me toca casi siempre, pude recuperarme de una sinusitis en estado “fosa nasal a punto de generar necrosis”, conseguí análisis de sangre (estoy como una rosa, dicen) y detuve oportunamente un proceso infecciosos de uréteres que aún recuerdo con literal ardor.
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Lo admito, me desvivo por hacerles publicidad e invito a todos los extranjeros-no-europeos-ni-estadounidenses residentes en Bilbao a colaborar con la organización cuando consigan superar el inicial estado de miseria por el que todo recién llegado sin dinero debe pasar, pues así nos aseguraremos de que ningún paisano, negro o marrón, quede sin atención sanitaria, si acaso el francés, el italiano, el español, la alemana y secuaces, fracasan en sus intentos de frenar los movimientos migratorios humanos.
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Pero bueno, fue tarde de médicos. Llegué a consulta con cierta anticipación, preparada para encontrarme a algún yonqui antipático en la entrada. Al contrario, me atendió un muy amable hombre cincuentón que, rato después, bata en pecho, hiciera de asistente a la médica jovial de toda la vida.
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¿Tienes cita, maja? Sí, la saqué por teléfono antes de ayer. Vale, sí, aquí estás. Eres Lucía, ¿verdad? Ajá. Muy bien, pues espera un poquito, que hay algunos pacientes antes que tú. Ok, muchas gracias.
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La conversación de al lado llamó inmediatamente mi atención (y no sólo porque el moro estaba bueno, quede claro):
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  • El moro: Je viens de la France. J'ai vécu en France pendant deux années. Je suis ici depuis une semaine et ne parle pas Espagnol.
  • El negro: Oh, bien… Do you speak english?
  • El moro: Quoi?
  • El negro: Si tú hablas english… inglés.
  • El moro: Comment tu dit?
  • La sudaca mete su cuchara: L’anglais. Est-ce que tu parle l'anglais?
  • El moro: Oh, no, no. Je seulement parle français.
  • La sudaca (al negro): Not english, just french.
  • En negro (a la sudaca): You speak English!
  • La sudaca (pensando: ¿Quién me manda a mí a abrir la bocota? ¡Ya vamos a empezar a hacer el ridículo!): No, eh… Just a little bit.
  • El negro: Where are you from?
  • La sudaca: Perú, and you?
  • El negro: Nigeria.

Por cierto, aquí es preciso comentar que en su momento, haciendo fila para sacar documentos en la policía, una buena mujer nigeriana tuvo la paciencia y voluntad de explicarme que la composición fonética “naiyirria” quería decir Nigeria… ¡Hombre, que suena a africano si una no está familiarizada! (nunca mejor dicho).

En el lapso de mi conversación con el nigeriano, quien hacíase llamar Blessed, salió de consulta un argelino y entró el moro, que en verdad era marroquí. Pasaron sólo unos minutos cuando escuchamos vociferar a la médica: “¡Por favor, alguien que nos ayude, que este muchacho no se está enterando de nada!”.

Hay que señalar que las dos personas del consultorio que hablan el idioma de Sartre no estaban por ahí en ese momento. Entonces:

  • La peruana, al argelino: Oye, ve a ayudar a tu amigo, necesitan un traductor.
  • El argelino (a quien segundos antes se le oyó decir tres palabras en castellano): Moi? Mais je ne parle pas Espagnol!

El nigeriano empieza a reír. Lo siguiente ocurre a gritos y con todos los gestos y muecas imaginables:

  • La médica (desde el consultorio): ¡Necesito explicarle que debe tomar dos pastillas por la mañana y dos por la noche, durante cinco días!
  • La peruana: (al argelino) Eh… deux pilulaire pour le matin et… deux pour le… (Al nigeriano) Do you know how can I say “night” in french?
  • El nigeriano (partiéndose): I don’t know!
  • El argelino: Deux par le soir?
  • La peruana: Oui, oui, deux pour le matin el deux pour le soir, pendant cinq jours.

El argelino da las indicaciones al marroquí, EN ÁRABE. Sale el asistente y nos ruega entrar al consultorio.

  • La médica: el chico está muy mal de la garganta, tiene que cumplir exactamente con mis indicaciones, tomar estas pastillas y venir el lunes.
  • La peruana (angustiada): Eh… ton ami. No, no es así. Lui, no, il, eh… Shit! Vamos a ver: Il est très malade. Il doit (gesto de meterse una pastilla a la boca y tragar) deux (etcétera) et retourner ici lundi… (puf)

Buscamos un calendario, señalo el día. El argelino explica nuevamente en árabe. C’est bien. El marroquí quiere saber si el lunes le van a poner una inyección. Le quitamos esa loca idea de la misma aparatosa manera en que hemos sostenido los diálogos anteriores, en tanto el nigeriano se ahoga a carcajadas en la sala de espera, bendito (nuevamente, nunca mejor dicho).

Menos mal que nadie pensó en supositorios…

Acabado el trance, llegan las intérpretes oficiales de la organización.

¡Lucía, tu turno!

El mal que me aqueja estos días dio lugar a un rato más de risas, ay… En fin, mañana pasaré por las medicinas.

Lo dicho, fue una buena tarde de médicos.

Post data: en cuanto me encuentre estable y segura de permanecer al menos doce meses en un solo lugar, retomaré mis abandonadísimas clases de francés, para no volver a pasar por vergüenzas como ésta, caramba.

miércoles, septiembre 30, 2009

En defensa propia

Iba yo por la calle, mirando intensamente -por demanda de mi gradación de astigmatismo- una cartelera, cuando sentí acercarse veloz hacia mí una especie de puño que detuve sin mucho esfuerzo. En dos o tres segundos pude razonar y mis ideas pasaron por “a lo mejor la broma de alguien que me conoce y no saludé”, “un carterista”, hasta que la vi: se trataba, ni más ni menos, de una mujer rabiosa, quien a lo mejor pensó que la estaba observando (hay muchos enfermos sueltos en esta ciudad).

Una vez razonado y hallado el motivo de encontrarme sosteniendo un brazo ajeno, evitando con tal reflejo un certero golpe en la nariz, lo apreté fuerte, con toda la intención de hacerle daño, y lo lancé contra el pecho de su dueña, gritándole: ¿Eres idiota o qué? ¡Estoy mirando los carteles, no a ti, pobre loca!

No, no dije “de mierda”, últimamente esa palabreja no me sale con facilidad, ni siquiera cuando merece ser gritada con vísceras y contundencia. Será que estoy envejeciendo...

Lo grave de este asunto es que luego me quedé pensando, ¿y si no estaba loca en verdad?, ¿y si yo estaba interrumpiéndole el paso y decidió abrirse camino de forma poco ortodoxa?, ¿y si llegó a creer que podría actuar de esa manera conmigo porque, digamos, soy “marrón”? Es decir, ¿habría hecho lo mismo con una persona “nacional”?, ¿se habrá atribuido el derecho de hacerme daño por ser ella bilbaína -además de estar loca, claro- y yo extranjera?

Así, hasta llegar al metro.

Dos conclusiones: la primera, que no debo pensar tanto. La segunda: debo salir de este pueblo lo antes posible, el miedo ha empezado a hacerme mala.

viernes, septiembre 25, 2009

Autobús


Yo sé que él ha hecho muchas cosas que me favorecen, pero ese no es el espíritu.

¿Qué quieres decir con “el espíritu”?

La forma, la intención. Él me ha ayudado para que yo, a cambio, le brinde un servicio. Y ese servicio ha sido bueno, regular o malo, según mi nivel de especialización y mis capacidades, pero no se trató en ningún momento de un acto de gratitud, sino de trabajo…

Entonces, lo que dices es que él ha llegado a generar en ti la sensación de que al tenerte trabajando para sí, te estaba haciendo un favor, y que cada encargo era una oportunidad de aprendizaje, por tanto, le debías gratitud, ¿me equivoco?

No. De hecho, él ha dicho ver potencial en mí y yo me he preguntado –muchas veces- con qué derecho la gente de este país se lo pasa viendo “potencial” en las personas que venimos de fuera, como si sólo la praxis y la metodología locales fuesen válidas para generar “actos” y “actores” en el mundo profesional y en la vida…

Pasando por alto las experiencias previamente adquiridas. Es como estar condenado a ser un “diamante en bruto” para cualquier alma caritativa que quiera “ayudarte”, no alguien capaz de hacer bien varias cosas puntuales. Entiendo la buena intención al contratarte para hacer algo que no corresponde a tu perfil, pues al menos te generó una fuente de ingresos. Pero eso no es lo normal. A una persona se le da trabajo porque puede hacer ese trabajo (dejando de lado el proceso de adaptación y adiestramiento previos que corresponde brindar a cada empleado nuevo). Y como consecuencia, el “tener claro” desde el principio que esa no era tu especialidad, sino que se trataba de una “excusa” para incluirte en el equipo e ir superando tus "carencias" en el proceso…

Ha acabado generando una relación de dependencia bastante insana…

De gratitud ilimitada. Siempre le deberás un favor y tendrá potestad para reclamarte gratitud cuando lo crea conveniente. Qué situación más incómoda…

Incómoda y retorcida.

Tu as raison. ¿Y cómo se sale bien librado de eso?

Bien librado no se puede salir. Cuando a una relación laboral se anteponen sensibilidades, lo más seguro es que no haya forma de salir ileso…

No entiendo.

Te explico: de entrada se han confundido lo subjetivo y lo objetivo en la contratación. Un jefe no da trabajo a un empleado para “ayudarlo”, sino porque necesita de sus servicios. Pero, en este caso, ha sido al revés. El empleado (o sea, yo) ha sido contratado porque el jefe le ha considerado “potencialmente bueno”, y le ha puesto a trabajar “sin que éste tenga especiales capacidades para las funciones que debe hacer”. Ergo, el jefe está convencido de que está haciendo un favor al empleado y el empleado, a fuerza de costumbre y por no tener otra opción, acabará pensando-sintiendo-creyendo lo mismo.

Por tanto, una abdicación laboral adquirirá visos de ingratitud, deslealtad y “ruptura”.

Eso mismo. Y en una ruptura siempre entran en juego sentimientos heridos, pasiones y dolor.


Vale… ¡Carajo, qué pesadilla!

Dímelo a mí.

¿Y entonces, qué piensas hacer?

No sé… Alejarme un poco, para empezar. Y buscar otro trabajo.

Búscate uno donde tengas que describir lo que observas y en el campo…

Sí, sí, en esas ando. Y…

¿Y qué?

Nada, nada. Me distraje. Es que ese sonido de celular era igual al mío, de Lima, y me he acordado de cosas…

¿Qué cosas?

Cosas. Olores, sabores, voces, sensaciones. Cosas.

Cosas…

Sí… ¡Hey!

¿Qué pasa?

¡Que nos hemos pasado de parada!

¡Pucha!... Caminaremos, pues.

Sí, sí. Caminaremos un poco, que caminar siempre hace bien.

jueves, septiembre 24, 2009

en una especie de Limbo...

Asuka (¡As-KA!), la hija adoptiva de mis anfitriones...

Sophia y yo, luego de la compra, esperando el autobús.

A veces ocurre que se acercan. Los pichones tenían hambre. Mantuvieron un diálogo fluido conmigo, hasta que llegó Sophia, con la gata, y la madre cisne se nos enfadó.

¡El sol!

lunes, septiembre 21, 2009

Anacronía

Y hablando de finales, hace un par de días supe un detalle, un detalle pequeñito que debí saber hace dos años (por lo menos), frente a una conciliadora taza de café. Pero las vueltas de la vida no siempre permiten que los mensajes se transfieran de emisor a receptor, de manera personalizada, sin medio alguno. Los hados se empeñan en promover el infortunio, pero, oh, providencia, también llevan y traen noticias, palabras pequeñas, hilos sueltos de todos los colores que dejan colgados de los árboles, del portal de tu casa, bajo la almohada. Y habrá que tener ojos para ver, prestar atención y descubrir que lo que esperabas oír ha sido ya dicho y viene a ti, cargadito de ese contenido que tanto dolor te habría ahorrado y que ahora, aún a la distancia, te trae algo de paz.
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El hilito azul estaba sobre la mesa de centro, en el salón de una vieja amiga . Benditas sean las amigas.
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Por fin puedo...