lunes, diciembre 22, 2008

Navidades y cosas de esas


No recuerdo cómo se llama este niño, pero sí que ese día me encomendaron, además del trabajo habitual de logística-sensibilización-documentación-etcétera, averiguar sobre cómo pasaban las personas “de por ahí” la navidad, tal vez por ser ese un frío día de diciembre del año 2003, en la Meseta Andina.

Y bueno, como a la editora se le había metido esa cursi (sí, cursi) idea en la cabeza, obedecí, pues aún no tenía suficiente confianza para ir a mi bola y entrar en nebulosísimas ralladuras personales.

Entonces, luego de una rigurosa averiguación de datos reglamentarios (mis padres han venido al taller de capacitación porque son promotores de salud en el pueblo y tienen interés en saber cosas que les hacen bien, y la invitación, el refrigerio, el clima y tal) y de que vine porque no podían dejar a mi hermanito solo en casa y alguien tenía que cuidarlo, lancé la desubicada pregunta: ¿Cómo pasará tu familia la navidad?

¿Navidad?... Hum… Eso es algo que celebran los creyentes, ¿diga?

Si te volviera a ver, jovencito, te diría: No, cariño, no es algo que celebran los creyentes nomás… Pero a estas alturas, sabrá Dios qué es.

miércoles, diciembre 17, 2008

Misantropía

Es una cadena. Un eslabón tras otro, de asuntos simples. Así:

Un amigo mío dice tener ya bastante edad y quiere un hijo. Al parecer, las circunstancias en que desea tenerlo no importan mucho, con tal de tenerlo. Le digo: o sea, tu búsqueda de pareja implica poder procrear. Sí, responde. ¿Acaso no es obvio? No, no lo es. Hay personas que no quieren tener hijos, sino adoptar. Otras, que se enamoran habiendo descartado de entrada la posibilidad (muchos homosexuales, por ejemplo).

Entonces, él quiere tener un hijo para poder jugar juntos en el parque. Está muy bien. O acaso no está ni bien ni mal, simplemente es válido. Es válido porque es muy humano querer trascender en una cría, como en un libro, como nada en particular. Lo humano del asunto no es la opción escogida, sino la posibilidad de escoger.

Luego, habemos de ser respetuosos con cualquier elección, pues de eso se trata la libertad. Por tanto, debo aceptar que es bueno buscar una pareja por el mero hecho de querer procrear, como aceptar acaso que sólo se trataba de pasar el rato y es una estupidez sentir un par de grados de cariño más que el otro. Aceptar que la vida sigue, por ejemplo, y el mundo (el afecto, las personas) se vuelve cada día más descartable.

Evitar escribir en mi blog que me cago sobre las fiestas patrias peruanas, aún argumentando debidamente la sensación, pues alguien reclamará que “le deje ser y sentir”. Lo mismo si la niña aquella se ofende con sus compañeras de clase porque tienen la costumbre de entrar al Messenger como “no conectadas”, afectando con esto gravemente sus relaciones personales (pero las de verdad, las de mirar y decir a la cara).

Así dicho, tampoco puedo indignarme si los futuros diplomáticos de mi país ven normal y hasta “sabio” guardar sus ahorros en paraísos fiscales. Es que hay libertad. Y hay libertad para bombardear a los niños por televisión, estas navidades exígele a tu padre la última generación de juegos de vídeo, para tu agilidad, para tu habilidad, para tu imaginación, con dos personajes y así tu viejo (o vieja) se sienta, coge la consola de al lado y ala, a pasar rato juntos, que hay que fomentar unión familiar.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Hay cosas totalmente fuera de discusión, como las dos cervezas con el ripio que quedaba en la cartera, los viajes interoceánicos, etcétera. Tengo derecho a disfrutar mis horas y agradecer a dios y mis padres la vida, la oportunidad, gracias, gracias, buenos amigos (y amigas), todo bien, todo en orden, ni siquiera pienses en la tuberculosis, en la tifoidea o en el sida y tantos corazones rotos, porque no amerita, mujer, porque la vida es ya bastante dura y nada puedes hacer desde aquí.

Es que, claro, como luego cada quién puede fundar su reino donde quiera y como quiera, los esfuerzos de solidaridad se quedan en las luces navideñas y la chocolatada para niños con caries, pero caries de desnutrición, no esas que dan por falta de aseo dental (aunque también). Y una pelota o una muñeca rubia, que no se te olvide.

A fin de cuentas, y para ser coherente, valdría más bien vivir del arte y contemplar, y ceder, y ver de quién viene cada qué y cada quién y cada sueño, porque entonces el asunto es un sin vivir, cosa que tampoco merece la pena estando el respetable tan atento a la evolución de la larva, que si mariposa, que si polilla, que si futuro y diamantes en bruto, ay, por el amor de.
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Afortunadamente, existe la música (y el silencio).

Somos, en verdad, criaturas extrañas. Me gusto. Me gustan, sí. El desequilibrio y la incoherencia, más la posibilidad de enmendar, a saber si por derecho natural o acaso llegó el misionero católico justo a tiempo para avisarte que tu alma se irá al infierno porque suicidarte es un pecado (y chacchar coca, y casarte con tu prima).

Espiral…

Neutralidad ¿Existe la neutralidad?

Heme aquí, luchando por mantener mi permiso de residencia en un país que exporta armas a África y esquilma los recursos energéticos a Latinoamérica, porque resulta que los grandes empresarios tienen derechos tan grandes como ellos mismos y sus grandes familias, sus grandes casas, sus grandes automóviles, sus grandes inversiones, sus grandes riesgos, sus grandes aliados políticos, sus grandes inteligencias y sus grandes ambiciones.

Pero ellos también son humanos y de vez en cuando, ¿tú crees, Lucía?, se preguntarán este tipo de cuestiones y responderán: “¡Deja de pensar huevadas, chibola de mierda, y ya no te compliques la vida!”.

Es que al final, ¿quién no debe (siquiera las gracias)?; ¿quién no merece (siquiera las gracias o una patada en el culo)? Ni siquiera un muerto, no, señor, ni siquiera.

Y es cuando entiendo mejor a los mártires y los drogadictos. Bendita evasión. Divina ignorancia. Sí, hombre, ya sé que todo está bien, pero yo paso. Eso, paso.

¡Miren qué contrastes más bonitos!...

viernes, diciembre 12, 2008

La habitación de Lucía

Para Silvia, Alberto, Kari, Alice, Manolo, Pía, Miguel, Mario, Ernesto, Koldo, Adrián y Xavi.
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Si no hubieran ocurrido esos pormenores dolorosos que no condicionan la vida más allá de este espacio entre el cuello y el estómago (o el estómago también, si se pierde el apetito por ansiedad), la noticia habría sido realmente deliciosa, habría llegado airosa e insoportablemente feliz, a decir lo que ella y sus anfitriones llevaban tiempo esperando: por fin, un trabajo.

Supongamos que el éxtasis se hará esperar hasta el fin de semana, días festivos que laboriosamente dedicará a terminar lo empezado hace un año, por fin, Dios mío, de una buena vez. Esperando, claro, haber tomado suficientes apuntes y no perderse en elucubraciones tipo la paz mundial, el hambre, la injusticia y la madre que los parió.

Tal parece, eso creo, pasaremos nuevamente juntos la noche vieja. Por supuesto, esta vez tiene clarísimo que no acabarán en la cama, celebrando la borrachera, el chapuzón invernal en aguas cantábricas, la pérdida de seres queridos y la soledad. Oda a las almas gemelas ciegas, sordas y mudas, piensa. Oda al miedo, qué mierda. De todos modos, el hombre de mi vida murió en 1984 y la abstinencia es sana. Nada como besitos sabrosos para recuperar infantiles ilusiones, a estas alturas de los tiempos y la promiscuidad.

Ya ha pasado un año. Sí, como el año pasado y el antepasado. Todos los años pasa un año, sin embargo, cómo abrimos los ojos de sorpresa al decirlo en voz alta. Voz alta, resoplido, coño, carajo, cómo pasa el tiempo, edad, personas que no volverán, cambios de actitud, propuestas, vamos, gente, que hasta el más ateo piensa en esto de cerrar círculos en fechas específicas y para el uno de enero estaremos renovaditos, con la fuerza de voluntad sobrecargada, menos flojera y mucho ánimo. Ya.

Pues sí, problemas diluidos en vino. Miras discretamente a tu compañero esporádico de cambio de calendario, ese que luego insistió en tomar café un día de estos y días después, vía Short Message Service (es que ellos son sutiles), te dijo “hagamos como que nunca pasó nada”. Muy bien, complaceremos al caballero. Respondiste: “¿De qué estás hablando?”. Punto.

Mujer, confiesa que te atrae la idea de la repetición cíclica. Sí, bueno, pero da igual. Ya bastante harán él y tú con acompañarse y comprenderse sin decir palabra, pues ahora les hermana ese dolor jodido que no va más allá del espacio entre el cuello y el estómago, imperceptible, salvo que alguno de la misma especie, valiente idiota, se atreva a mirarles directamente a los ojos para imaginar lágrimas secas alrededor.

Esto, si al final pasan juntos la nochevieja y demás, pero te adivino ganas de autoflagelación ermitaña. Ya, así andamos. Mira que te lo han reclamado tus anfitriones cuando les sugeriste comprar un hamster para sobrellevar tu ausencia. “¡Si no nos has hecho ni caso!”, Silvia y su verdad a lo bestia. Es lindo cuando lo hace, porque luego se te queda mirando curiosa y dulce, parece una niñita. Una niñita bonita y buena.

“Por eso mismo deben comprarse un hamster, porque él tampoco les hará ni caso”. Alberto te da la razón. Es que hemos cenado juntos, celebrando que he conseguido trabajo en Bilbao y dejaré su casa de pareja recién hipotecada, con habitación amablemente cedida para guarecerme en mis meses de prácticas. Estas cosas se aplauden con énfasis, caramba. La imperfección de la humanidad, el desprendimiento pese al riesgo de incomodidad y la amistad.

De todas maneras, has sido un ratón, Lucía. Un hamster. Silvia y tú lo conversaron en la terraza (ya eres nuevamente una fumadora oficial), eso de tus ausencias mentales, del silencio, del cuidado meticuloso en no importunar, de las típicas discusiones, de tu trabajo y el sueldo mínimo vital español, de rupturas bilbaínas y planes de vida aquí, allá, cuando sea el momento adecuado y sin dejar pasar las oportunidades, porque nadie irá tras ellas para traértelas de vuelta en una jaula y te sirvas a gusto y paciencia, es así. Tú dudando en subir al avión y nosotros aquí, preparando tu habitación con tanto cariño (realismo sarcástico, ternura sincera).

Henos aquí, trasnochando, rehuyendo a pensar en esa mierda de dolor entre el cuello y el estómago que acabará diluyéndose en el vino y las horas, suficientemente cansadas para no despertar a tiempo por la mañana, llegar tarde a la oficina, etcétera. Afortunadamente, también extraño a mis hermanos y ese es un sufrimiento reivindicativo, de esos que se padecen con buen humor.

Esta gente me hará falta. Hace un rato, al llegar de Bilbao, sentí aquello de “casa”, de “mío”, de “mí”. Una tienda de campaña en lugar estratégico, guarecida de la lluvia y con calefacción. Y ya toca levantar trastos otra vez.

martes, diciembre 02, 2008

Cosas de esas que llaman la atención

Hace una semana asistí, toda entusiasmada yo, a una reunión-taller que organizó la Coordinadora de ONGD de Navarra. Temática: las ONGD y su participación en los medios de comunicación.

Interesante, aunque he de admitir que mi anarquismo crónico no me permite aceptar con una sonrisa sincera todo lo que por estos lares se dice de la imagen y participación de los “actores del Sur” en propuestas originadas en el seno de sus comunidades, para alcanzar su propio desarrollo (¡Y olé!).

Me pone nerviosa que se hable “del Sur”, en tercera persona, siendo yo del Sur. Y me pone más nerviosa aún el hecho de que tampoco les interese conocer diferentes puntos de vista, aprovechando la interculturalidad, porque es más fácil decodificar el mensaje que trae un cooperante europeo de algún viaje humanitario, que preguntar a quien ha nacido y lleva años viviendo lo que Naciones Unidas sabe muy bien traducir en cifras y buenas intenciones.

Miento, sí que aprovechan la interculturalidad, cuando el interlocutor intercultural está dispuesto a asombrarnos con historias de tráficos continentales, abusos, endeudamiento, prostitución y pateras. Los demás, acaso deberíamos sentirnos culpables por tener tanta desigualdad en nuestros países. En parte de ello estoy de acuerdo: somos culpables por no ocuparnos de saber y sabiendo, somos culpables por omitir.

Aún así, somos (y son) más de lo que las ONGD y sus cooperantes pueden contar. Hace falta análisis, dije. ¿Por qué un medio de comunicación de Navarra desconoce los programas de intercambio de estudiantes latinoamericanos, asiáticos y africanos promovidos por las universidades locales? ¿Cómo es que no se logra un mensaje de interés universal respecto a movimientos por la conservación del medio ambiente, equidad de género, violencia, terrorismo, etcétera? ¿Acaso la biosfera amazónica sólo interesa a Perú, Brasil, Colombia, Ecuador y la Sociedad Zoológica de Francfort?

Observo algo decepcionada (pese a no haber esperado nada nuevo) que el afán de diferenciación existe a todo nivel, hasta entre aquellas personas que luchan contra la discriminación. Creo que “el futuro” está ahí, entre los hijos de los inmigrantes que están ahora en primarias europeas. La humanidad habrá dado un gran paso hacia delante cuando en la descripción de una persona se omita, inconscientemente, su procedencia étnica. Hay mucho por recorrer.

Hoy me quedo con un comentario desafortunado de un periodista radiofónico, contando a oenegeros y oenegeras presentes la premura del día a día y la lucha por titulares llamativos. Es que los medios, a fin de cuentas, son empresas. Y agregó, todo entusiasmado: “Así como ha hecho la organización ______, que llevó una donación de uniformes y equipo deportivo a un grupo de niños en El Congo y les hicieron un vídeo cantando el himno del Athletic en euskara.”

Aquí la prueba del delito:
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Espero que estos niños no estén aprendiendo la geografía mediterránea fragmentada, que ya bastante tendrán con sus conflictos internos (los cuales, por cierto, llevan más de diez años a todo fuego, sólo que la cobertura mediática está gobernada por altísimos intereses y anda mete la nariz donde no te llaman, para que veas lo que te pasa).

No negaré la ternura que el documento ha despertado entre la gente de a pie, sobre todo si son fanáticos del Athletic de Bilbao. Visto desde ese punto, la cosa, además de anecdótica, ha servido para llamar la atención de personas que, a partir de ahora, al menos saben en qué parte del continente africano está El Congo.

Pero el trabajo de sensibilización de las ONGD y la cobertura de los medios no deberían quedarse en anécdotas. Como ex – encargada de sensibilización en un gran programa de desarrollo social, puedo decir que terminé cansada de las exigencias de señalización de la Cooperación Internacional: Que el huevo estrellado aquí y allá, que en huevo estrellado en todas partes. No sólo se trata de escribir el nombre del financiador, también hay que resaltar sus colores institucionales. No sólo son los colores y el logotipo, también hay que señalizar cada acción. No basta con señalizar cada acción, los beneficiarios deben aprender quién es quién y anda, repite el jodido parrafito en cada reportaje, cada nota, cada crónica, cada folleto, cada entrevista, cada publicación al aire, que si no el financiador se enfada y ve tú a saber qué nos hará, pues los designios del financiador son misteriosos.

Aburrida de tanta mierda marketera en pro del desarrollo humano estoy. Tal vez por eso, las ganas de decirle al periodista aquél que el mundo no es Navarra y que se le está atrofiando el criterio, por falta de ejercicio.

Afortunadamente, la náusea fue colectiva. Y como éramos todos, de un modo u otro, “trabajadores sociales”, pudimos decirlo bonito. Jodido, pero bonito.

En todo caso, he de admitir que mi rechazo ante el vídeo en cuestión fue, de arranque, visceral. Por ello, me limité a sonreír complaciente cuando me lo contó el amable cantinero que me fía los cafés a media mañana, todo esperanzado en que alguna vez hagan lo mismo con el Osasuna (y no me quedé calladita y linda porque me esté volviendo toda una dama con los años, sino que tampoco hay derecho a ir por el mundo rompiendo sanas ilusiones a la mala, sin haber pensado bien los argumentos, digo yo).

Ya sola, aquí y habiendo amainado la pasión (en gran medida), puedo analizar el documento teniendo en cuenta más detalles:
  1. No tiene nada de malo que los niños canten el himno del Athletic, mucho menos que alguna cooperante vasca se los haya enseñado. Una enseña las cosas que sabe, a mí también me ha tocado (y sí, me hice un lío reinventándome la Cenicienta con trabajo duro, justicia social y enfoque de género, pero ahí está, se la creyeron las niñas de Palo Blanco).
  2. La idea de grabarlos uniformados y cantando, para colgar en Youtube y compartir, está genial, seguro que a ellos les ha gustado verse, además (estas huevaditas también me hacían feliz de niña). Dudo mucho que en este caso se les haya obligado. Condicionado, sí, pero es que casi todas nuestras acciones están condicionadas por algo, así que melindrosa tampoco me voy a poner.
  3. Desafortunadamente, el material no se ha aprovechado para contar más cosas sobre el Congo y la realidad de esos niños, en el soporte digital (si no, miren los comentarios que han dejado en Youtube). Obligar a los internautas a leer y culturizarnos un poco no vendría mal, vaya.
  4. La intromisión de la televisión: aquí empieza la movida. Se hacen reportajes nada serios y el hecho se presenta como anecdótico. Queda una sensación bonita en el pecho pero, según he percibido, muy poca aptitud de acción (es que todos están preocupados por la crisis y eso de pelearse con los gobiernos poderosos del mundo por tener comprados/asustados a las autoridades tercermundistas -y jodidos a sus países-, como que no es prioridad).
  5. La ternura y demás sentimientos de ese tipo no generan, en sí mismos, una reflexión razonada.
  6. La ternura y demás sentimientos de ese tipo no suelen evolucionar a actitudes que requieren mayor implicación personal: empatía, pertenencia, afinidad, respeto. Sin esto, la certeza de una igualdad universal (por el hecho de ser humanos y, por ello, inteligentes y dignos de) no se manifiesta, y el movimiento emocional se convierte en caridad.
  7. La caridad es buena, buenísima, pero no puede ser sistémica, generalizarse como el método corporativo de interacción entre naciones, pues demarca claramente la posición de superioridad (quien da) e inferioridad (quien recibe). Y no, el mundo no necesita más de eso. Lo que hace falta es justicia.
  8. ¿Por qué en algunos lugares del planeta, hasta los modelos de uñas ganan mucho dinero si sus imágenes dan vueltas por ahí, y en el caso de estos niños, ya les vale con implementos deportivos que en Bilbao no se usarán más? Ya lo sé, es que el fin no es publicitario, pero eso no quiere decir que la imagen deba tratarse con menos respeto y cuidado. Además, sí es publicitario de algún modo, no nos hagamos los inocentes.
  9. Un conflicto bélico cruel se ha trivializado, sus causas (y causantes) se mantienen invisibles. Los nombres se conocen entre unos pocos, gente, por lo general, perteneciente a ONGD. Los medios de comunicación masiva, en este caso, no se hacen notar.
  10. Un periodista de radio está de acuerdo en que algún sector del mundo debe llamar la atención de ésta manera. Me da miedo pensar en el grupo social al que representa. Así visto, no estamos para jactarnos de la disponibilidad actual de la información, pues a fin de cuentas la gente ve lo que quiere ver, sin más.

Habría sido muy fácil enlazar el donativo del Athletic con una esperanza (si es que no se ha hecho ya). Que estos chicos no serán niños-soldado, por ejemplo, y explicar por qué…

Me gustaría poner algún enlace al conflicto de El Congo y temas relacionados al África, pero en estos minutos no he podido encontrar nada escrito por algún congoleño o congoleña, colgado en la Web. Seguramente hay, no habré buscado bien. No voy a convertirme en un intermediario más, ya estoy hasta la coronilla de intermediarios de “la voz del pueblo” y clichés de esos. Me voy a tomar aire. Dicen que mañana nevará.

lunes, diciembre 01, 2008

Territorio y lenguas largas

Permítaseme empezar citando al maestro:

“Agrego estas líneas mientras corrijo las pruebas de galera y escucho los boletines radiales sobre lo sucedido en los juegos olímpicos. Empiezan a llegar los diarios con enormes titulares, oigo discursos donde los amos de la tierra se permiten sus lágrimas de cocodrilo más eficaces al deplorar “la violación de la paz olímpica en estos días en que los pueblos olvidan sus querellas y sus diferencias”. ¿Olvidan? ¿Quién olvida? Una vez más entra en juego el masaje a escala mundial de los mass media. No se oye, no se lee más que Munich, Munich. No hay lugar en sus canales, en sus columnas, en sus mensajes, para decir, entre tantas otras cosas, Trelew.”
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Julio Cortázar
El libro de Manuel
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Con este llamado al localismo, que no es egoísmo en absoluto, sino parte de su fino sentido de lo absurdo sobre lo “oficialmente aceptado”, Cortázar denuncia la injusticia de los medios acerca del atentando de Setiembre Negro, durante los juegos olímpicos de Munich, en el año 1972. Injusticia, porque dan cobertura a los poderosos de siempre, fomentando la hipocresía y centrando la atención mundial en un hecho real, cruel, pero dotado de matices que ni la radio, ni la televisión cuentan.

Y, salvando las considerables distancias, estos días estuve en riña personal (y a quién le importa) con la difusión de información a través de los mass media y vías alternativas, como los blogs en Internet. Es que Perú lleva ya varios meses bastante moviditos, con aquello de la huelga de médicos, la incompetencia del (ahora ex) ministro de salud, la tuberculosis resistente concentrada en Lima y Callao, los audios que evidenciaron una red de corrupción en la concesión de lotes para explotación petrolera, la renuncia del gabinete, el nuevo primer ministro y su “oscuro pasado” (motivo de vergonzosas pataletas infantiles de cultísimos derechistas a ultranza), entre otras.

Entonces, y en plena cumbre del APEC, sucede un nuevo escándalo, ya trasnochado a estas alturas, que me ha llevado a preguntarme por enésima vez y como la periodista renegada que soy: ¿Tenemos en verdad la obligación de dar a conocer todo tipo de información? Y si así fuera, ¿acaso no deberíamos hacer un análisis de su utilidad o, al menos, complementar el mensaje con varias fuentes, con otros puntos de vista? En fin, ¿no estaría bien, aunque cueste tiempo (sí, ya lo sé, la premura de las rotativas), contextualizar un hecho, siquiera eso?

Aquí va:
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Libertad (con responsabilidad) de expresión

Soy partidaria de la democratización de la comunicación. Sin embargo, esta democracia no significa: yo digo lo que se me da la gana, interpreto lo que oigo como mejor me parece, sin confirmar, y así lo retransmito. Eso no es información, sino chismorreo puro y duro. Desgraciadamente, el hecho de que existan hoy tantas fuentes a través de Internet, nos da en la nariz con un muro lleno de palabras y mensajes. Nosotros escogemos, nosotros nos quedamos con aquello que complementa nuestro conocimiento y nos sirve para vivir.

Qué bonito. Entonces, ¿quién se hace responsable de las interpretaciones contraproducentes? Papá y mamá no siempre estarán al tanto de lo que el nene consume. El nene, por su parte, puede tener treinta años y poseer ya una tendencia política, una ideología, mayor o menor malicia y responsabilidad sobre su propio conocimiento, que condicionarán su modo de digerir lo que lee, ve y escucha.

Confío en la inteligencia humana, pero los medios de comunicación no se administran solos (de la misma forma en que el mercado no es dios). Debería haber, ahí dentro, mucha responsabilidad y compromiso social, además de la serie de intereses personales que toda empresa humana genera.

La bravuconada del Comandante General

Donayre fue un bocón, no cabe duda. A saber cómo lleva su vida personal y otras historias. Bocón, bravucón y hasta machista, según la observación de una ex – compañera del Master, a quien envié el vídeo para comentar. Que bien merecido se lo tiene, que el uso de Internet para denunciar a estos elementos es clave, que no deberíamos permitir, que esto y aquello.

Bueno. Yo me he declarado muchas veces defensora de causas perdidas, porque confío en que las cosas pueden hacerse bien y mejor.

El tema de la privacidad y el espionaje. Una cosa es denunciar a personas que están jugando con la inversión de empresas extranjeras en Perú, sobre todo si éstas están relacionadas con las autoridades que nos gobiernan. Otra, la cobertura que se da a temas que cobran importancia sólo a partir de su publicación.

Me explico: el vídeo donde el General se expresa de ese modo tan desagradable es una grabación casera, de una reunión de amigotes y esposas de los amigotes. Así, tal como está en Youtube, no se puede adivinar más. Quien lo ha colgado indica, simplemente, que se estaban refiriendo a soldados chilenos (entre iguales se entenderán). Luego, tal vez y sólo tal vez, la postura oficial de dicho señor, en voz de mando, no sea la que expresa allí. Y si no es su postura oficial, tampoco serán las órdenes impartidas a los soldados. Mejor dicho, aquí nadie atacará Chile, salvo que el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas (el señor Presidente de la República) así lo ordene.

Me parece justo y necesario que las personas ensayemos nuestra capacidad de escándalo e indignación. Pero eso no nos quita la obligación de, una vez superado el momento pasional, investigar, averiguar más del tema (si nos interesa siquiera opinar sobre ello, quiero decir). Tampoco debemos perder de vista las prioridades. Así como quien roba una gallina no merece la condena de un asaltante de joyerías o un traficante de drogas, un General que muestra su lado xenófobo de manera tan estúpida no merece que se le condene como se haría con alguno que, por ejemplo, dio golpe de Estado a su país y dirigió (o dejó suceder, que es lo mismo a fin de cuentas) una serie de asesinatos sistemáticos de todo el que pensaba diferente y podía dar problemas.

El que tiene boca…

Somos humanos, tendemos a medirlo todo con nuestra regla personal, pero eso no es justo. Las respuestas indignadas que he recibido de mis ex –compis de clase van desde la celebración por el uso efectivo de los medios, hasta la condena a todo tipo de discriminación. Me gustaría que mis pocas lectoras y lectores ojearan algunos de los dos mil y pico comentarios que el vídeo en Youtube ha generado, para saber si realmente el mensaje de “lucha contra la discriminación” está surtiendo efecto.

No quiero “discriminar”, pero… Mientras en mi país no haya una educación universal de calidad y un conocimiento pleno de los derechos, comentarios como los de Donayre, así, publicitados por televisión y con mil vueltas, podrían acarrear consecuencias adversas o, en el mejor de los casos, neutras, que se olvidan pronto. ¿Acaso el machismo y la bravuconada no son pan de cada día en varios segmentos poblacionales?

Esta carne (de cañón), si no está bien aderezada y debidamente acompañada, será insípida, inútil y hasta venenosa.

La gente “bien” atribuirá el hecho a que se trata de un “cholo bruto” (o sea, más discriminación racial), la gente que se identifica con él, tal vez le apoye o tal vez se pregunte muchas cosas. ¿Y nosotras, con quién nos identificamos, cómo somos? ¿Y nosotras, qué? ¿Debemos seguir apoyando las causas de lucha, porque sí? Lo siento mucho, me niego a ser una revolucionaria acéfala (y lo digo bajo riesgo de parecer snob).

Nadie es dueño de la verdad, por eso es importante dar el beneficio de la duda. Al menos, es una buena actitud de entrada, permite aprender más. Señalar al que señala no es una sabia regla de vida.

Conozco a muchos tipos de militares. Todos, sin excepción, han sentido cierta indignación ante las reivindicaciones públicas de víctimas de la guerra antiterrorista en Perú, fomentada por la ONGD Aprodeh. No puedo juzgarles. Encima, ellos, soldados y marinos, cuidando que todo esté en orden y las ceremonias se lleven con normalidad. Es su trabajo. En esa lucha, murieron sus padres y compañeros. Hubieron abusos, sí, de ambas partes. Asesinaron a cientos de inocentes, también. La evocación a la violencia es condenable, venga de donde venga. ¿Por qué no hacen un análisis así de puntilloso, por ejemplo, con el Ché Guevara?



Aclaremos posturas. Diré algo que tal vez, para algunas personas, resulte provocador: yo no estoy segura de nunca tener la necesidad de matar a nadie. Si alguien va a matar a quien quiero o a una persona inocente, y yo puedo actuar, pues actuaré (si el pánico y la adrenalina me lo permiten, claro). ¿Esto me convierte en una asesina en potencia? En absoluto. Simplemente estoy reconociendo mis imperfecciones.

De todos modos, ya se ha “hecho justicia”. El cuestionado General será dado de baja el 5 de diciembre (por otros motivos, claro, es que a partir del vídeo llamó la atención y se le descubrieron varios desmanes, o al menos así lo dice la versión oficial, que se niega a aceptar que lo hace por presión de Chile). Éste ha pedido disculpas públicas al país vecino y al suyo propio, admitiendo que sus comentarios fueron “estúpidos”. Bien ahí, circo para el pueblo.

¿Y el trasfondo?

Ningún peruano o peruana de clase media para abajo (y de mi generación para atrás, así no generalizo mucho) podrá negar haber sentido amor desmedido por su patria en la niñez. Ese patriotismo sentimental, nos guste o no, dependía de varios factores, entre ellos, a destacar: la independencia de la corona española, y las guerras territoriales con Chile y Ecuador.

Falla, entonces, el sistema educativo, el modo en cómo los peruanos y peruanas nos percibimos como nación. Luego crecemos y el aprendizaje básico de la niñez no puede seguirnos toda la vida. Pero tiene muy mala memoria quien niegue esos inicios xenófobos. En retrospectiva, pero xenófobos.

A algunas personas les dura esa sensación hasta entrada la madurez (como a otros, la religión, por ejemplo). A mí me dura Jesucito y a mucha honra. El asunto es que, de pequeños, se nos enseñan cosas buenas y cosas malas. Y las malas, que no serían malas en sí mismas, sino "mal transmitidas" y no gracias al profe (en el mejor de los casos), sino porque así decía en los libros de texto, así estaba estipulado en el programa escolar que venía desde arriba, desde el Ministerio de Educación.

Es innegable, además, que muchas repúblicas Latinoamericanas han fundado parte de su sentimiento patriótico en confrontaciones con el exterior. Cito a mi buen Ernesto: “Perú, la guerra con Chile; Ecuador, su ilusión amazónica; Bolivia, la salida al mar; Argentina, las Malvinas…”

Hay un largo camino por recorrer en estos países para que nuestro amor por “lo patrio” cambie de cimientos. Y es un proceso largo y delicado…

Lo del ejército ya son palabras mayores. No quiero entrar hoy en detalles (que el post está ya bastante largo), pero queda clarísima la idea de “cohesión ante amenaza externa”. Luego, cada quién piensa lo que quiere y actúa como mejor le parece. Pero institucionalmente, hay normas, hay formas de hacer las cosas, formas de reaccionar. Todo es sistémico, no se lo acaban de inventar. ¿Arcaico? Sí, pero no ganamos nada indignándonos ante ciertos desbordamientos de pus si luego nos contentamos sólo con el “castigo ejemplar”.

Después de todo, eso del “castigo ejemplar” también es arcaico.

La utilidad final

Me pregunto si alguna autoridad (además del propio Donayre, que ya bastante mea culpa ha hecho) saldrá a los mass media a contarnos por qué se le ha castigado, por qué esas cosas no se dicen (nunca, no sólo ante una cámara de vídeo encendida) y qué consecuencias tiene para los seres humanos heredar resentimientos y potenciar odios.

También podrían decirnos, dicho sea de paso, que eso de andar por ahí grabando vídeos de personas en situaciones comprometedoras, salvo que se trate de un tema de interés nacional, o de corrupción, o de salvar muchas vidas a cambio, no es una práctica ética. Ya no estamos para cacerías de brujas, hay mucha sangre derramada, mucha gente con hambre, mucha injusticia en el tintero.

Espero explicarme bien: pienso que haber sacado a la luz el vídeo de Donayre es positivo en tanto pueda generar un análisis profundo de puntos antes mencionados y dé lugar, poco a poco, a un cambio general en las personas y las instituciones. Sin embargo, el que haya sido transmitido luego por televisión, en señal abierta, me resulta totalmente desatinado (nuestras relaciones diplomáticas con Chile nunca han sido las mejores, ¿para qué empeorarlas?). Ni qué decir del congresista peruano Gustavo Espinoza, quien informó de la existencia del link en Youtube a colegas chilenos. Ay…

Los límites son difíciles de identificar, lo sé. Es el eterno dilema del comunicador (y del ser humano que busca ser coherente en esta vida). Me voy a casa, que ya ha dejado de llover.
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Antes de terminar, un vídeo de "The Trooper" (cortesía de Ernesto), concierto de Iron Maiden en Argentina. Iron Maiden otra vez y es que me acabo de enterar que el próximo año tocarán en Perú... ¿Por qué nunca estoy en mi país cuando debo? Bueno, el sentido del vídeo: si se presta atención (y leen los comentarios en Youtube), se darán cuenta de cómo el público abuchea a Dikinson... ¿Por qué será? ¿Será por la bandera del United Kingdom? A algunos les dura lo de las Malvinas, ¿no?
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martes, noviembre 25, 2008

El necio

Hoy ha muerto el padre de mi mejor amiga. Nuevamente estoy lejos de las personas que me quieren de verdad, cuando más me necesitan. Ella nunca me dejó sola.

Él, a fin de cuentas, fue quien me invitó a entrar en este entramado mundo del desarrollo con justicia social. Mi niña ha perdido a su padre y, lo sé, es algo que arde en el pecho y tarda mucho en sanar. Me gustaría estar contigo y darte un abrazo. No habría en el mundo, en este preciso instante, un mejor un lugar.

Nuevamente estoy lejos de las personas que me quieren de verdad, cuando más me necesitan. Y cuán cerca de lo insustancial.

He perdido un maestro. Que en paz descanses, Fer. Siento no estar junto a tu hija ahora, lo siento muchísimo. Yo también te quiero.

lunes, noviembre 24, 2008

Oleada


La persona que me acoge dijo categórica “vosotros tenéis complejo de inmigrante”. No sé bien a lo que se refiere. Si me habla del Síndrome de Ulises, igual sí entiendo, pero esto otro… Es que no se puede tener complejo de algo que en verdad se es. Yo no tengo complejo de peruana. Soy peruana. No tengo complejo de mujer. Soy mujer. Por tanto, no tengo complejo de inmigrante, sino que lo soy, aunque much@s filántrop@s marihuaner@s pretendan que nos llamemos de otro modo, extranjer@s, por ejemplo. Mira tú, luego un adjetivo calificativo de lo más normal se va a convertir en eufemismo de inmigrante. Buscar eufemismos para una palabreja absurda y puramente nominativa, la carga de contenido negativo. ¿Qué tiene de malo ser inmigrante, para empezar?

Inmigrante es, sencillamente, una persona que deja el lugar donde están establecidas sus raíces socio-culturales y se desplaza hacia otra zona, que le es extraña, donde empieza a construir una vida alternativa. Puede ser temporal, puede ser definitivo, ya depende. Los conocimientos universales se han disgregado por el mundo gracias a la inmigración-emigración (por cierto, ambos términos no son sinónimos, emigra quien sale de su lugar: yo emigro de Perú e inmigro a España, que quede claro). La humanidad y la distribución mundial ha tomado color y sentido (un sentido bastante voluble, dicho sea de paso), gracias a fenómenos migratorios. Los seres humanos somos animales semi - sedentarios y semi – nómadas, la carga genética de ambos extremos debe andar flotando por algún lugar de nuestra composición biológica, por eso esta capacidad de desplazamiento y adaptación.

Lo normal es que las personas busquemos. ¿Qué? No lo sé. No me atrevo a llamarle “felicidad”, porque además de ser cursi, se trata de un concepto manoseado y falso. Lo que la gente busca es satisfacción, y cada quién la encuentra según sus intereses: desde los típicos huidizos que acaban de romper una relación e intentan cubrir el vacío con tours espirituales y amantes indígenas, hasta padres y madres que dejan a la prole en ultramar, con la abuela, y vuelan a tierras donde la moneda tiene mayor valor, para romperse el lomo trabajando y asegurar a sus seres amados un mejor nivel de vida (alimentación balanceada, ropa, secundaria completa y, Dios mediante, universidad). En el intermedio, muchas otras especies.

La gente ha emigrado por negocios, por placer, por afanes expansionistas, por persecución ideológica, por supervivencia. El planeta se pobló gracias a los primeros seres humanos nómadas, que se fueron a andar por ahí y, en el camino, idearon diversos medios de transporte. Muchos de los grandes inventos de la actualidad, desde la rueda hasta el teléfono, surgieron porque las personas hemos necesitado movilizarnos y, estando lejos de quienes conocemos, comunicarnos. Estados Unidos alguna vez se pobló de irlandeses, alemanes e italianos; la raza nativa no extinta más antigua de aquél inmenso territorio, si nos ponemos rebuscados, está representada por la minoría peor tratada en ese “ejemplo de democracia universal”: los indios. Sin embargo, ellos no son Estados Unidos, como los incas no son Perú. Nuestros Estados actuales están habitados por nuevos nativos, con árboles genealógicos enrevesados, historias jóvenes de reivindicación, violencia, esperanza, ingenuidad (se me ocurre pensar en ciertos afanes bolivarianos), amor, racismo, discriminación, corrupción, despilfarro, injusticia, pasión, trabajo arduo, “criollada”, etcétera.

¿En qué momento las naciones son estables, inamovibles, imperturbables? ¿Cuándo fue la humanidad invadida por la tibieza del status quo favorable? El planeta entero no tiene ni 100 años constituido tal y como está ahora, pero es que los seres humanos somos criaturas tan soberbias y olvidadizas, que hemos preferido dar la espalda a la historia, soñando con fronteras infranqueables y negando el derecho al tránsito como si fuera éste una novedad peligrosa, llena de malicia.

Además, la cantidad de artículos y análisis que se hacen al respecto. Y los intelectuales, ¡Cómo opinan, por Dios! Y los desubicados: que el paisaje europeo está “cambiando” y ya no se siente aquello tan rancio y respetable que quien viene de turista pretende encontrar (o sea, ¿qué hace tanto negro y tanto indio en un país de blancos?). Otros, más moderados, opinan que está mal esa pérdida de privilegios sufrida ahora por los ciudadanos locales, en beneficio de los migrantes. Bueno, ¿y quién tiene autoridad para decir cómo deben ser las cosas? El mundo es un sistema movedizo y a las personas, de cuando en cuando, nos cae mierda encima. A todos. A todas. Nadie está totalmente a salvo de un revés en su historia personal. La crisis nos llega con nombre propio y ante ella, dos simples opciones: utilizar esta inteligencia de la que tanto nos jactamos y buscar los medios adecuados para salir del trance con más o menos dignidad (emigrar es una opción extrema, por cierto), o pegarnos un tiro. Así de simple y duro.

Complejo de inmigrante. Fácil decirlo para algunas personas. ¿Qué es tener complejo de inmigrante? No lo sé ni yo misma, y eso que soy inmigrante. No se trata de ir por ahí teniendo presente que se es de otro lugar, no necesitas pensarlo, se te nota. Además, como se te olvide, siempre alguna circunstancia, a diario, te lo hace recordar. ¿Tratar de demostrar a diestra y siniestra tu valía y capacidad profesional, es tener complejo de inmigrante? Ya, pero si se está buscando trabajo porque no se tiene un duro, es normal. ¿Fastidiarte porque alguna otra persona “de allá, de por esas tierras” mete la pata constantemente en un medio de comunicación, es tener complejo de inmigrante? Puede ser. Sin embargo, esto suele venir motivado por el temor al estereotipo. Y sí, se teme al estereotipo, porque si una quiere vivir con relativa tranquilidad en un sitio que no es el suyo (ya en mi pueblo hay otros prejuicios), va a ser difícil salir del saco donde estás metida junto con algunas centenas más.

Casos prácticos, para pensar, ambos ocurridos aquí y no hace mucho tiempo:

1º Conocí a un chico en el País Vasco, nos hicimos amigos, me presentó a su madre y desde entonces la buena mujer sufre por el bienestar de su retoño cada vez que el buen muchacho sale conmigo, porque sabe de una ecuatoriana que enamoró a un respetable vecino bilbaíno, se casaron y, obtenida la nacionalidad, la muchacha se mandó a mudar.

2º Puedo hacerme amiga de peruanas, ecuatorianas y marroquís, pero a golpes he aprendido que mi actuar con los masculinos compatriotas debe ser muy, muy cauto. He conocido pocos marroquís, ecuatorianos y peruanos solteros, mayores de 30 años y en condición de trabajadores, y esos pocos han intentado emparejarse conmigo a la segunda invitación a tomar café. Ante mi negativa, respuestas varias: que ya tienes casi treinta años y te vas a envejecer sola, que eres una creída y renegada de tu pueblo, que por qué no puedes estar con alguien que te puede querer bien y seguramente sí que estarás con un español, porque para las latinas estar con un español tiene mayor ventaja, etcétera.
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Sí, pues, lo que hay que oír.
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¿Que por qué acepté salir a tomar café, entonces? Porque creo en eso que se llama amistad y no me gusta despreciar a las personas, sin más. Sin embargo, todo tiene un límite y ahora mismo no me importaría parecer clasista y dejarles creer que soy una pituca nariz respingada, podrida en plata. A fin de cuentas, cada quién tiene derecho a escoger.

Entonces, eso del complejo de inmigrante resulta, así dicho, un facilismo que resume muchas otras sensaciones, sentimientos y, claro, complejos. Es tener que callar muchas veces y hacer el menor escándalo posible, en caso de que tu permiso de residencia esté en juego. Es vivir endeudada, con dificultades para encontrar trabajo y lejos de quien siempre podrá alimentarte gratis si llegas a necesitarlo. Es aceptar toda clase de ayudas con una sonrisa, deseando que pronto tu situación mejore, para poder compensar los favores y pagar por tu espacio (y gobernar en él). Es nostalgia. Es, algunas veces, sentir miedo ante los gritos “con acento”. Es que de vez en cuando algún ser extraviado te pregunte si por casualidad eres puta, para saber si tomarte en serio o no. Cosas así.

Por supuesto, lo bueno. Nunca falta lo bueno, sobre todo porque migrar es una opción personal y, como en todo lo humano, caben las más confusas contradicciones. Lo bueno es por lo que, a fin de cuentas, estoy aquí, con o sin complejos, genes perturbados, opiniones ilustres y Ulises varios. Pese a que echo mucho, muchísimo de menos a mi familia y amigas. Lo bueno son personas, de aquí y de allá, y alegrías íntimas. A veces, llega esa motivación extraña que me hace caminar marcando un ritmo y sonriendo en voz alta. Tal vez un poco de locura (bendita inconciencia). Tal vez deba ir a dormir ya, que en unas horas toca oficina y trabajo gratis. Mis grandes ideas del carajo.

sábado, noviembre 15, 2008

Cielos peruanos

Poca inspiración para escribir el día de hoy. Leyendo cosas del trabajo. Me gustaría, alguna vez, tomarme un asunto totalmente en serio. He pensado en medusas. Hice este vídeo:


martes, noviembre 11, 2008

ganglio inflamado un martes por la mañana

Mayo podría ser portador del VIH. ¿En qué más se puede pensar, mientras se espera el minuto libre de la trabajadora social de un ambulatorio, a ver si te pueden dar cita con el médico, o no? Para estas cosas hay que estar preparada siempre, Lucía. Un libro, por lo menos, y evitamos comernos el coco.
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Aún no sale el resultado de los segundos análisis. Los primeros fueron positivos, pero vaya usted a saber qué cosas se habría metido el buen Mayo dentro y a lo mejor desequilibró su química interna. En algún momento vino la imagen de aquél otro muchacho piurano, tan inmensamente amado en algún periodo de nuestra historia. Su hermosura afeándose en uno de sus abruptos ataques de superioridad, llamando "lacra" a los amigos más queridos por ser diferentes, mundanos, libres a su modo.

Recordaste, apretaste los puños y te prometiste entre dientes, Lucía, que si el segundo análisis de Mayo sale positivo, no te morirás sin buscar a ese ex – todo, a quien no has vuelto a ver desde que te rompió el corazón, y le romperás la boca, por eso, por "superior". Porque te lo imaginas en su caja de cristal pequeñoburgués-católico, despotricando de la gente "rara" (tal vez como tú) y repitiendo con altanería que siempre tuvo razón.
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¿Y eso, ayudaría a Mayo?
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No, no ayudaría. Es más, sabes bien que el ex aquél es buen tipo, a fin de cuentas. Buen cristiano, por decirlo claro. Hablará, juzgará, así es su especie. Pero si tiene oportunidad, hará algo, qué sé yo, donará sangre (y es cuando recuerdas su broma aquella de: "Yo no donaría mi sangre para que se la pongan a cualquier cholo" y decides dejar de recordar, porque acabarás vomitando en el ambulatorio y no estamos para armar escándalos, mi pequeño saltamontes inmigrante)…
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Piensas si tienes derecho a pensar y escribir sobre esto. No lo sé, niña. Ya es pasado, ¿no? Esta mañana, luego de dejar hablando a aquella mujer en el ambulatorio, cuando te diste cuenta de que la asistenta social no te iba a atender porque había unas cuantas más con cita, antes que tú, te preguntabas si acaso no hubiera podido ser él un mejor primer novio, no poner tanta metralla en el explosivo, siquiera para evitar las esquirlas.
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¿Una secuela? Mira la fecha de emisión de tu pasaporte y tu carita cadavérica de la foto, por más mueca de sonrisa... ¡PORLAREPUT…!
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Sí, pues, hay que saber ser el primero, digo yo. Es verdad que al final en tu cabeza mandas tú, y tú otorgas derechos a otros para hacerte daño. Chévere, punto para los especialistas en autoayuda. Pero a veces, los soldados españoles matan a los indios. No son los indios quienes imaginan que los españoles están matándolos. Mal ejemplo. Da igual. Que hay que portarse bien, evitar hacer daño, es lo que quiero decir. Y para eso es necesario cierto nivel de madurez, cualquiera no puede. En fin. Que vivan los niños y los locos.
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Mayo está loco. No. Mayo es un niño. Tampoco. A veces ha estado loco, otras ha sido niño, pero también le ha tocado ser plenamente consciente de. Es humano. Un buen humano, autodestructivo él, y bien solidario, digno representante de nuestra ya disgregada comuna. Disgregada por culpa mía, supuestamente yo les pariría sobrina y nos dedicaríamos a cuidar de ella, en nuestros ratos libres de la vida real. Heme aquí, al otro lado del mundo, alimentando patos en una laguna artificial y comiéndome la bilis, que por qué carajo tiene que ser tan complicado hacerse ver de un médico aquí. Como en Bilbao o peor, joder. Nos automedicaremos, pues, Lucía, que en selección de drogas legales soy más o menos buena. ¡Jodida manía de enfermar cuando andamos lejos!
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El otro día un chileno (ecólogo cincuentón y sexy) me dio la solución al mal trato que sufrían los peruanos en su país: "Que se regresen a Perú, pues nadie les obliga a estar ahí". Sí, québuenagraciapó… Discutir sobre Derechos Humanos y cosas de esas, ¿Pa’ qué? Luego, ¿Qué nadie les obliga? Vamoavé, es verdá que no existe una persona llamada Augusto Fujichet (o así) que vaya a buscarte a tu casa, te ponga una pistola en la cabeza, te obligue a endeudarte con un billete de avión y demás trámites (legales o ilegales), te acompañe hasta aterrizar en Santiago y te meta en una barriada de esas que ocupan nuestros compatriotas en el país vecino del sur, pero… Pero, pero, pero… Que no sé, sin más. ¡Qué viva la globalización!
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Y que viva también mi amigo Mayo. Que vivan los errores en las pruebas de VIH y en pocos días tengamos buenas noticias de ultramar.
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No sé por qué me acerqué tanto a la laguna artificial ésta, ahora me he empeñado en calcular el fondo. No me suicidaría aquí ni a palos, me moriría de frío. Y, para colmo, algo sé nadar. El agua turbia. ¿Tan fría como en el Titicaca, al lado de Amantaní, ahí donde, toda ecológica tú, te fuiste a lavar la ropa ya apestosa que llevabas a esas alturas de la excursión con el Sr. Fernández Barrena, hace casi dos años? Mira, los pececitos, esos que les dieron fritos para cenar, y el reflejo del sol, y esa agua cristalina, y me dolían las rodillas y los dedos de los pies, porque mis zapatos eran muy malos y piso mal, como pato, sí, pato, por eso me gustan los patos, porque de niña caminaba como pato, pero igual me metí al lago y descubrí que ya adentro no debemos dejar de patalear y movernos, o nos haremos cubitos de hielo y nos hundiremos hasta el fondo, el fondo, el fondo, el…
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Actualización a día 14 de noviembre:

¡El examen de Mayo salió NEGATIVO! ¡Él y su novia están BIEN! ¡VIVAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

miércoles, noviembre 05, 2008

Armín


En esta foto, que tomó mi padre hace 24 años, aparece aún adolescente uno de los hombres más valientes que tuve el gusto de conocer en mi niñez. Fue durante un mitin de Alfonso Barrantes, durante su candidatura a la presidencia, cuando Izquierda Unida empezaba nuevamente a desunirse y, entre las montañas abruptas y pueblos más empobrecidos de Perú, germinaban sin pudor semillas de violencia, sembradas por décadas de injusticia y exclusión social.

Pero el valiente de mi relato, que no es relato, sino una suma de recuerdos vagos de esas que suelo hacer en este blog, no se destacó precisamente por su militarismo en algún bando político (no de manera activista, en todo caso), sino más bien por haber sido el primer hombre en Sullana que se atrevió a ir por la calle vestido con ropa de mujer.

Una mujer elegantísima y guapa, dicho sea de paso. Enorme, bien formada, delicada y coqueta. Yo, a mis ocho años de edad, no podía sino quedarme mirándolo embobada, pues su belleza, andrógina, superaba cualquier estereotipo motivado hasta entonces por la televisión y los comentarios familiares.

Fue valiente porque, poco tiempo antes, los chiquillos de barrio podían unirse y perseguir a pedradas a cualquier homosexual que tuviera la mala idea de pasar por ahí (y loco o loca, tullidos varios a quienes pudiera relacionárseles con maldiciones y brujería, etcétera).

Fue valiente, además, porque empezaba a difundirse información atemorizante sobre "una enfermedad apocalíptica, transmitida por drogadictos, prostitutas y, sobre todo, maricones”. Así murió Simón, el gran varón de Willie Colón. Así se dijo de tantos otros, a quienes bien podría habérselos llevado el cáncer, la tuberculosis o la sencilla vejez. La sociedad fue implacable en aquello que las masas saben hacer mejor: prejuzgar. Sigue siéndolo, en muchos casos.

Y Armín, que así se llamaba, fue capaz de pasar por sobre todo aquello, con los tacones bien puestos y el maquillaje intacto.

Tantas veces se dijo que tenía Sida y el supuesto virus ya le ha durado casi veinte años, sin manifestación alguna. Chismes estúpidos. Su padre, amigo y compañero de trabajo del mío, un señor sencillísimo, ya ancianito, que llora de emoción cada que consigue verme, entre viaje y viaje, solía hablarnos de inyecciones de testosterona y rehabilitación (sí, cosas que aconsejaban los psiquiatras por entonces). Pero nada, nada. El chico seguía pretendiendo ser chica y exponiéndose al maltrato emocional que implica ser diferente (en un lugar pequeñito, pequeñito).

Una vez, mi padre y varios amigos presenciaron un amago de desprecio por parte de unos jovenzuelos desconocidos (porque ninguno del barrio se habría atrevido a levantar un dedo contra Armín, se le conocía desde niño, continuaba el cariño). Los hombres se apresuraron a defender a “la señorita”. Ese día entendí un poco mejor eso de la justicia y el respeto. Sobre todo, respeto.
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Tenía ganas de escribir sobre mí, contar que ayer recibieron mis papeles en la policía y ahora resta esperar. Que si me prolongan el permiso de residencia podré respirar tranquila y si no, siempre se puede apelar. Que tengo un margen de tiempo para buscarme un trabajito de media jornada y estoy hasta el pescuezo de laburo “especializado”, entre las prácticas oficiales y mis cachuelos. Que me siento contenta y da igual si llueve, porque ya no se mojan mis pies (gracias a las botas que Kari la bella me obligó a comprar en Lima, claro). Que la victoria de Obama dice mucho sobre las buenas intenciones de la sociedad estadounidense y quiero tener esperanza.

Pero recordé a Armín, pues mi madre me contó hace poco que el súper hombre había ganado un concurso de cosmetología en la capital y su centro de belleza tenía ahora más prestigio que nunca. Se ha convertido en un personaje respetable y sin escándalos. Bien por él y por algunas otras reinas de mi pueblo, hombres y mujeres, entre ellas, mi mamá.

Mira tú lo que me viene a inspirar el coro de "Journeyman", otra de Iron Maiden. Y es que, pese a mi narcisismo, el mundo no gira entorno a mi ombligo (menos mal, qué aburrimiento si así fuera). Bonita letra. Gran interpretación (son maestros). Así nos pasa a quienes disfrutamos de aquello llamado sinestesia. La vida en los dedos. La vida. Me callo. Ahí va:

Sé lo que quiero, digo lo que quiero y eso nadie me lo puede quitar…

jueves, octubre 30, 2008

El precio de la libertad

He dejado de lado mi trabajo para escribir este post, que lleva algunos días dándome vueltas en la cabeza. Ha sido resultado de una interesante mezcla de emociones, gracias a sucesos vividos las últimas dos semanas:

PRIMERO:

Mi nuevo arribo a España. Sí, era lo que quería. Sin embargo, pensé quedarme en Lima, tenía ya casi un trabajo y todo. El trabajo no salió, entonces debí revisar nuevamente mis opciones. Ay… El calor y la paz que llegué a sentir al pensar en permanecer cerca de mi familia, amigas y amigos fue tan dulce… Dudas.

Dos cuestiones determinantes: tenía un pasaje de vuelta y aún permiso para retornar, sin problemas en migraciones. Habría sido un escupitajo al cielo no tomarlo (al cielo y a cientos de personas que, a diario, luchan por tal oportunidad). Aunque tomarlo, a su vez, fue otro escupitajo, quizás de mayor envergadura, eso sólo el tiempo lo dirá.

El caso es que estoy aquí, satisfecha una parte de mi esquizoide espiritualidad. Pero lejos, muy lejos de todo lo que más amo en la vida, de lo único que aún puede hacerme sentir cargo de conciencia por alejarme: mi familia. Mi mamá. Mis adolescentísimos hermanos.

Sobrellevar este costo de oportunidad sin tener aún logros compensatorios sólo es posible adoptando un saludable cinismo o manteniendo un comportamiento evasivo, fácil de conseguir sumergiéndome en el trabajo, la socialización entre gente nueva e interminables lecturas de textos rebuscados y películas difíciles que siempre terminan haciéndome llorar.

Eso sí, una cosa que no podemos olvidar nunca las personas que migramos por temporadas, de manera desagregada, es la clara y contundente posibilidad de no encontrar, al volver, todo tal como lo dejamos. Ni a todos los seres amados. No es pesimismo, ni determinismo, no señor. Es, ni más ni menos, experiencia.

SEGUNDO

La incertidumbre. Sí, ya estoy aquí. ¿Y ahora qué? Esta temporada, a pesar de mí misma, no tengo proyectos precisos a mediano plazo, que dependan totalmente de mi control. Los factores externos pesan mucho. Encontrar un trabajo (prioridad absoluta, con todo y crisis) y conseguir renovar mi permiso de residencia. Esto último ha presentado dificultades. La policía me pide pruebas de que tengo dinero para vivir aquí y quieren saber cómo he vivido hasta hoy. Lo último es fácil de demostrar, ya está hecho, no aparecí en Bilbao por generación espontánea. Lo primero, complicado.

Y mientras mis hadas, hados y yo pensamos en una solución razonable, me considero afortunada al poder dedicar buena parte del día a las prácticas del máster. Una de mis compañeras posee un rigor metodológico admirable para cada acción, para estudiar cada documento. Hoy descubrí parte del motivo: es historiadora. En general, además, se les nota buena fe a las colegas. Conocimientos favorables para una trotamundos con ganas de trabajar en proyectos sociales y dar clases en universidad. Nada ambiciosa.

TERCERO:

El encuentro con recuerdos buenos, malos, tristes, alegres, interesantes, intensos, recorriendo las calles de Bilbao. Esta ciudad, ahora tan mía y ajena como otras ciudades del mundo (incluyendo aquella donde nací) consigue conmoverme al punto de la familiaridad. Sabrá Dios si se trata de una buena señal. Sabrá Dios cualquier cosa.

CUARTO

La confirmación del desarraigo. La irrupción del ego inquieto que se empeña en alejarme de mis afectos más sinceros, porque algún filósofo paterno le convenció en su más tierna edad de que las cajas de cristal no son el lugar más adecuado para vivir y aprender.

Será cuestión de carácter. Hay quienes consideran que echar raíces es una muestra de madurez. Las personas como yo, quizás por pura conveniencia, pensamos que la madurez no ha de estar peleada con el propio bienestar (masoquista bienestar, en algún momento, hay que reconocerlo).

En todo caso, a algunos bichos nos corresponde aprender a desenvolvernos en cualquier espacio, sin bajar la mirada.

Se trata de una búsqueda. Buscamos algo difícil de explicar con un discurso expositivo bien elaborado. A veces, para describir y transmitir lo que estamos buscando, hace falta música, colores, aromas o, sencilla y lógicamente, encontrarlo.

Eso, la confirmación del desarraigo. Nos damos cuenta de ello cuando nos es absolutamente posible abandonar cualquier espacio y, al mismo tiempo, se nos quiebra el corazón al dejarlo, pues hemos tenido tiempo de construir afectos entrañables ahí.

Nos adaptamos a cualquier lugar con mucha facilidad, pero no llegamos a pertenecerle, ni nos interesa poseerle.

QUINTO

La bendición de tener amigas y amigos. Es hermoso saber que existen estas personas en mi vida. No estoy sola. Donde quiera que me lleven la curiosidad y terquedad gatunas, no estoy sola. Y puedo darme el lujo de confiarme, confiarme tanto que ni siquiera me interesa no tener dinero suficiente para un pasaje de regreso en temporada baja (y es aquí cuando el pensamiento evasivo debe entrar a tallar para salvarme de una crisis de pánico o algo peor).

SEXTO

La lectura constante de estudios sociológicos y documentos centrados en el complejo tema de la cooperación internacional y el desarrollo humano. Vaya, tendríamos que agradecer a todos los dioses por habernos dado a una figura como Amartya Sen, para recordarnos cómo debemos comportarnos las personas respecto a otras, con justicia y demás.

Intentando digerir las buenas intenciones de las cincuenta primeras páginas del borrador del nuevo Plan Director de la Cooperación Española 2008-2012, encontré perlitas repetitivas que hablaban solemnemente de potenciar el desarrollo de capacidades en los seres humanos, para que puedan escoger el tipo de bienestar que prefieren, entre una serie de opciones, remarcando la importancia de que esta elección se haga mediante un proceso valorativo individual y adecuado, lo cual hace necesario: 1, que haya más de una opción (lo otro sería determinismo, fascismo o comunismo tradicional… ¡Venga, ya!); y 2, que haya total conciencia y capacidad de elección (ídem).

Bueno, veamos, mi país, Perú, tiene uno de los índices más lamentables en cuanto a acceso a la educación, lo cual resulta estrepitosamente peor en zonas rurales. De salud, ni hablar. Esto, a niveles gubernamentales. Luego están los/las héroes y mártires de toda la vida, con corazones enormes, fina capacidad de indignación e incansable vocación de servicio.

De ese dulce pandemonio, muchas veces, surgen especímenes como esta servidora, con ganas de tocar pelotas y pellizcar paredes internas de úteros varios, preguntando a la cooperación cosas de tipo:

Señoras y señores donantes, yo, una “socia” del “Sur”, en condición de inmigrante en su pobrecito país asolado por la crisis, quiero saber si tengo derecho a procurarme la libertad de tránsito y estancia pasajera en cualquier lugar del mundo, estudiando y trabajando, sin despertar sospechas, ni toparme con todos los muros administrativos que me corresponden por haber nacido donde nací. Eso, como opción válida para obtener el desarrollo que a mí me da la gana alcanzar… ¿No se trata acaso de elecciones personales? ¿O es que está bien que nos desarrollemos, pero sin salir de nuestras fronteras? A ver, ya que tanto hablan de políticas coherentes...

¿Nada?... ¡Bah! Luego no quiero oírles hablar mal de Berlusconi.



Libertad de tránsito, sin necesidad de tener dinero o ser diplomática… ¿Por qué no? Libertad para buscar y encontrar.

La necesidad apremia, el dinero siempre es necesario, pero a veces hay más motivaciones, diferentes, contradictorias y aún así complementarias.

Libertad para mantener esas motivaciones escondidas en mi más secreta intimidad.



Anoche me desvelé viendo la película Persépolis. Genial Sátrapi. Sátrapi migrante. Dejo un segmento que se entiende perfectamente en su contexto: la protagonista ha pasado una temporada deprimida, medicada y todo. Motivo: la no pertenencia a ningún lugar. En esta escena, despierta de aquello (previa conversación con Dios y Marx). Muy animada. Muy realista, hasta en lo de las piernas velludas (es lo que tiene esto de pasar varios días en cama hecha un moco). Nunca la canción “Eye of the tiger” me pareció tan bien utilizada. Hay muchas “Marjanes” dando vueltas por ahí…


Acaba de estallar una bomba en Pamplona, aquí al lado, en la Universidad de Navarra… Ha retumbado todo...

domingo, octubre 26, 2008

Forsaken

He llegado a Pamplona. Esta tarde. Fue una bonita tarde. Clara. Dulce. Ahora me muero de miedo, como siempre que empiezo algo nuevo, da igual si ya pasé por esto antes o hace ocho años di alguna vuelta por esta ciudad.
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Bilbao, bien, gracias. Lluvioso, humillante, afectuoso a su modo.
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Días extraños. Eso. Lo único que quiero es que me lleves lejos de aquí (y de cualquier otro lugar). Creo que, sin querer, en algún momento lo has conseguido. Nada más por ahora. Te quiero, pero este afán de autodestrucción. Gracias por entender y no darme la espalda. Mil gracias.
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martes, octubre 14, 2008

jueves, octubre 09, 2008

Víspera

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Hoy es mi última noche en casa. No es la primera vez, sin embargo echo de menos la adrenalina de otros tantos episodios similares, pues gracias a ella, sentí menos la incertidumbre y la lejanía futura, tan cercana, tan autoimpuesta, tan sin sentido a veces y tan... tan... ¿inútil?

Tal vez, por primera vez no sé el motivo, ni encuentro alegría en lo que (ya sé) me voy a encontrar. Si tan solo tuviera un poco más de paciencia, un poco más de fuerza, un poco más de dinero, un poco más de tiempo.

Me siento enferma.

Será que... la incertidumbre no me emociona más. O la certeza de que el mundo está lleno de buenos amigos y amables rompecorazones (da igual hacia dónde mire). O este jodido no encajar, este ir y venir del carajo y tanto afecto despediciado, a cambio de ingratitud y culpabilidad, pues dicen las teorías nuevas que cada quién es culpable de dejarse hacer, justamente por dejar hacer... Dejar hacer.

Corrupción por televisión. Otro presidente vociferante. Puro cinismo.

jueves, octubre 02, 2008

Mi cuarto de hora (de minuto y medio)

El saxofonista Jhonny Carter, en el hospital, respecto a sus médicos y demás:

Lo que pasa es que se creen sabios –dice de golpe-. Se creen sabios porque han juntado un montón de libros y se los han comido. Me da risa, porque en realidad son buenos muchachos y viven convencidos de que lo que estudian y lo que hacen son cosas muy difíciles y profundas. En el circo es igual, Bruno, y entre nosotros es igual. La gente se figura que algunas cosas son el colmo de la dificultad, y por eso aplauden a los trapecistas, o a mí. Yo no sé qué se imaginan, que uno se está haciendo pedazos para tocar bien, o que el trapecista se rompe los tendones cada vez que da un salto. En realidad las cosas verdaderamente difíciles son otras tan distintas, todo lo que la gente cree poder hacer a cada momento. Mirar, por ejemplo, o comprender a un perro o a un gato. Esas son las dificultades, las grandes dificultades. Anoche se me ocurrió mirarme en este espejito, y te aseguro que era tan terriblemente difícil que casi me tiro de la cama. Imagínate que te estás viendo a ti mismo; eso tan sólo basta para quedarse frío durante media hora. Realmente ese tipo no soy yo, en el primer momento he sentido claramente que no era yo, lo agarré de sorpresa, de refilón y supe que no era yo. Eso lo sentía, y cuando algo se siente… Pero es como en Palm Beach, sobre una ola te cae la segunda, y después otra… Apenas has sentido ya viene lo otro, vienen las palabras… No, no son las palabras, son lo que está en las palabras, esa especie de cola de pegar, esa baba. Y la baba viene y te tapa, y te convence de que el del espejo eres tú. Claro, pero cómo no darse cuenta. Pero si soy yo, con mi pelo, esta cicatriz. Y la gente no se da cuenta de que lo único que aceptan es la baba, y por eso les parece tan fácil mirarse al espejo. O cortar un pedazo de pan con un cuchillo. ¿Tú has cortado un pedazo de pan con un cuchillo?
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Fragmento de "El perseguidor"
Julio Cortázar

domingo, septiembre 28, 2008

En perspectiva


Ayer Lucía fue amablemente invitada a escarbar en su pasado y esto le produjo un dolor de corazón de esos que quitan el aire y dejan escurrir un poquito de vida entre los dedos.

Entendió claramente las trampas de los sentimientos. La realidad, la lejanía, por mucha información nueva y museos de Van Gogh, no disminuirán el amor con que se amó al primer amor, ¿para qué seguir negándolo? Eso, aunque racionalmente haya entendido desde hace varios lustros que habemos personas nacidas para permanecer alejadas unas de otras, pues nuestras almas están compuestas por sustancias que al acercarse se vuelven tóxicas y dañinas.

Así, en perspectiva, aprendizaje y biología de lo abstracto. Pero el amor florece en las heridas y hace pensar difuso. Otorga sensaciones de fuerza y alegría peligrosas, pues son ajenas. Envalentona en presencia del ser amado, pero debilita totalmente en su ausencia.

Lucía reconoce: ¿Para esto tanto paliativo? Y sonríe su soberbia pensando en aquellos angelitos imbéciles que colmaron noches intensas desde entonces al hoy, y se pregunta qué les habrá hecho pensar que ella podría amarlos. Quererlos sí, mucho, muchísimo. ¿Amarlos? ¿Con qué mérito? ¿Para qué?

En idas y venidas ha aprendido a conceptualizar su esencia. Cuando amó, no sabía, no podía interpretar. Luego fue tan sencillo: no me gusta que me lleven de la mano por ningún sendero nuevo, sino que me indiquen y yo, tomando aire para vencer el miedo y a mi propio ritmo, avanzaré. Avanzaré sola, me perderé, me encontraré y aprenderé. No conozco otra manera de aprender.

No sé qué nos sucede, mi querida Lucía. No nos gusta que nos acompañen. No nos gusta que piensen por nosotras. No nos gusta que nos señalen un lugar seguro donde debamos permanecer quietas. Sin embargo, disfrutamos de la compañía y nos encariñamos como un gatito, siendo inmensamente felices según la ocasión. Somos tan raras, cariño…

Hace tres años, Lucía supo que, pese al amor, no es saludable vivir los sueños de alguien más, porque los propios se resistirán a morir y la agonía será dolorosa. Hace pocos meses, entendió que no sólo la coincidencia de sueños genera amor.

Ahora, sola y pese a los momentos tristes -cuando la soledad no es tan dulce como en los alegres-, no concibe mejor manera de vivir y llevar su linda carga de ilusiones y esperanzas. ¡Silencio! No debemos interrumpir.
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Ella está en proceso y este proceso no admite extras, ni muertos, ni heridos. Si acaso llegara alguien que merezca un espacio, más le valdrá sabérselo ganar o pasará inadvertido, o será un nuevo ángel de esos a los que se les quiere con todo el corazón, pero si no dan para más, pues no dan para más y ya.

Lucía quiere una verdadera rosa azul. Una rosa azul que pueda ver con sus ojos, no sólo con el corazón.
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(¡Y el p%to “Alejandro” que no aparece de una j%$?da vez!)

jueves, septiembre 25, 2008

Clásicos


Sin tomar conciencia de que estoy pensando mucho en animales alados que acaban chamuscados o derretidos por el fuego, estuve dándole toda la tarde a mi favorita de Iron Maiden, “Flight of Icarus”, cuyo corito he puesto repetidas veces en el subnick del msn y pocos seres humanos dignos de hablar conmigo lo han identificado.

Recordé a la Doncella de Acero al releer las aventuras de Marji en la genial “Persépolis”, obra maestra del cómic moderno, aunque su protagonista me sabe mucho a una especie de Mafalda versión iraní, bastante más tirada a izquierdas, claro (la anárquica hija de Quino tenía a Libertad para salvarla de caer en algún extremo político y podía dedicarse a criticar con maestría todo lo sucedido -¡y por suceder!- en su entorno mundial).

Me preguntaba… ¿Qué necesita una persona para hacerse famosa con sus dibujos o sus escritos, además de ser muy buena (a veces)?. Me refiero a cuestiones autobiográficas. El autor de American Splendor triunfó escribiendo un diario público ilustrado de su “triste y mediocre vida”, todo un icono de la contracultura underground estadounidense. Tal vez él no sospechaba (ahora ya lo ha de saber) la capacidad motivadora de su pasotismo que, a fin de cuentas, no es sino una manera desgarradoramente irónica de vivir contracorriente en (in)sano y pacífico individualismo. Gran tipo, el Harvey ese.

Mi vida no es contracultural y lo de contracorriente es más bien interno, por tanto abstracto, por tanto incomprensible. No va. Tampoco he crecido en un ambiente convulsionado por los conflictos sociales, sólo normalito para la época: mi padre, comunista convencido y activista de los buenos, con un mal carácter reprochable, discutible sentido del humor, federado bancario y luego, fotógrafo y comerciante independiente. Mi madre, profesora de aquellas muy cultas, que se iba a la huelga nacional habiendo adelantado clases y evaluaciones a sus alumnas, pues su conciencia no le permitía dejarlas en el aire (y porque tenía tiempo, seamos francos, que yo, por entonces hija única, no daba tanto trabajo como mis adorables hermanos).

Nada inusual respecto a los demás miembros de la familia. Mentira, sus intrincados historiales bien habrían podido recrearse en una extensión de Macondo, pero como nadie aquí tiene la genialidad de García Márquez, así lo dejamos nomás.

Tal vez algún día me anime a escribir sobre los jóvenes de mi pueblo, que apedreaban maricones, cojos y locos, en mancha*, bien valientes ellos; o acerca de los helicópteros del ejército que pasaban cerquita de nuestras infantiles cabezas, todos con mandíbulas y ojos diabólicos pintados, llevando tropas a la frontera ecuatoriana. Ah, esas épocas de conflicto, apagones, alarmas y cierres de colegios (¡lo bueno de la temporada!). ¡Quédense con su violencia terrorista histórica, compatriotas del nororiente, centro y sur! ¡Nosotros tuvimos guerra de soldados, con tanques y todo!

Es que acabo de recordar a una compañera del master, peruana también, quien siempre buscaba atribuir a su región el sufrimiento de los peores desmanes históricos ocurridos en nuestro bonito país, a cuenta no sé de qué.

Y bueno, Iron Maiden. Se les quiere más (a estos y bichos parecidos) cuando se sabe que las juventudes de otros países no sólo tenían que pasar por sobre sus abuelitas cucufatas y curas desinformados para amarlos con todo su corazón, sino exponerse a la opresión absoluta de un aparato estatal fundamentalista. Bien ahí, Marji.

Y la Doncella dice:

Fly on your way like an eagle, fly as high as the sun. On your wings like an eagle, fly and touch the sun…
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Yeah!.





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*mancha: grupo, pandilla.

miércoles, septiembre 24, 2008

Samsa


Lucía despertó y era una polilla. Sus alitas temblaban impacientes, pero la habitación, demasiado pequeña, no le dejaba volar. Además, se veía demasiado grande en el espejo del tocador y entendía que, pese a haberle ocurrido de un día para otro (lo cual debería dar cierto sentido de normalidad al hecho de ser una polilla), no podría salir así a la calle, por una sencilla cuestión de sentido común.

Recordaba haber estornudado mucho la noche anterior, culpa de los ácaros y esa alergia de viajero tan arraigada y poco elegante que siempre lleva a cuestas. También lloró mucho, pero no ha sido la noche en que más lo ha hecho. Suele pasar a esas alturas del mes y ante decisiones extremas. Algunas veces hemos criticado su debilidad y su deseo de que alguien más, un ser “X” o “Y” o “Z” tome decisiones por ella, sin obligarla a pensar o equivocarse. Que cada quien es dueño de su vida, decimos, que esto y aquello. Pero bueno, un guía sabio, ¿por qué no?

Sabe que como buen “término medio” está obligada a trabajar todo el tiempo, sin descanso, en asuntos no siempre motivadores, pero reguladores sociales, normativos, esos dadores de status perseguidos por todos y todas sus iguales, sencillamente porque alguien ha dicho que antes de los treinta se debe estar ya ganando un sueldo fijo y buscando un buen hombre dispuesto a ayudarnos a salir de problemas.

Una pena no haber sido desplazada, o perdido un ojo en pleno enfrentamiento guerrillero, o acusada de algún tipo de subversión ideológica para, amenazas mediante, hacerse nombrar refugiada política. En su país, estar sana y tener estudios la condena a ser vergonzosamente de derechas o desfasadamente de izquierdas. Una opción populista de baja popularidad tampoco estaría mal. En Europa, no vale un carajo y más bien debería sentirse avergonzada de ser confiable y acceder a créditos. Tú, que tienes para pagar un vuelo en avión, deberías bajar la vista ante los pobres inmigrantes que llegan en patera. Tú, que te has dado el lujo de hacer una maestría (pues seguramente tus padres, acaudalados empresarios latinoamericanos, explotadores de indios y pobres, te la han pagado), deberías callar y seguirnos el ritmo sin chistar en todas nuestras juergas progres, porque has de tener dinero. Tú, que no traes pinta de mendiga y tu pasaporte dice “estudiante”, deberías tener un costoso seguro privado que te permita pasar con asco por sobre la seguridad social.

Sin embargo, la casa materna está llena de garrapatas y le corresponde a ella atraparlas, una a una, y echarlas al fuego. No hay voluntad para llamar a sanidad, no hay dinero más que para la comidita de cada día y que los hermanitos vayan a la escuela. Entonces, Lucía siente en verdad vergüenza de sí misma por procurarse una vida que jamás le correspondió, y sabe que debe atrapar hasta la última garrapata, antes de que se metan en los oídos de mamá y hermanos y no sabe qué hacer para que sus sueños no la aparten tanto de las únicas personas que, pese a putearla, nunca le dirán que no la quieren o que nunca la han querido. Le dirán que le odian, cosa que es normal cuando hay amor y frustración, pero que no la quieren, jamás.

En eso pensaba Lucía antes de dormir y dejar de llorar, pero esta mañana despertó y era una polilla. Sabe lo que ha de pasar con ella: su entorno mejorará. La madre tal vez se anime a seguir trabajando y se case de nuevo, pese a los machistas, inconcientes y heridos hermanos. Los hermanos crecerán y olvidarán la estupidez adolescente que les embarga. Y ella se quedará arrinconada, olvidada, rechazada por su aspecto sucio y terrible olor, las alas tullidas de no volar, hasta que una manzana lanzada por alguien se le pudra incrustada en su espalda blanda (las polillas no tienen caparazón), le provoque una infección general y una noche, sin mucho ruido y con la patitas tensas, acabe de morirse de una buena vez (si no se quema antes en el fuego de las garrapatas, según su naturaleza de polilla).

Eso sí, intentará dejar una cuenta bancaria accesible, para pagar el entierro y la vergüenza y que luego no se hable de más.

jueves, septiembre 18, 2008

Huelgas y combis

Ayer los médicos huelguistas detuvieron el tráfico de la Av. Pardo y los pasajeros de combis y buses bajaron sin llegar al paradero. Es gracioso esto de los paraderos, cada día resulta inevitable escuchar a algún chofer o cobrador/a discutiendo el tema de los paraderos y las multas.

Cosa nueva para los “profesionales del transporte público” esto de detenerse y dejar bajar a pasajeros sólo en lugares indicados por la municipalidad. Más nuevo aún verse en la obligación de detener su marcha completamente para permitir a la gente pisar tierra con seguridad. Muy pocos lo hacen.

Por lo general, se trata de carreras por conseguir clientes, aunque claro, olvidando descuidadamente el concepto de “clientes” que tanto bien nos haría, para mejorar el trato, pues con el servicio difícilmente se podrá hacer algo (salvo que se reordene el parque automotor, lo cual ocasionaría fortalecimiento de mafias, huelgas, protestas y mayor impopularidad para nuestro presidente –el de turno- y allegados).

Pareciera que los choferes de combis y buses nos hacen siempre “el favor” de dejarnos entrar en el vehículo y transportarnos por una bicoca. Con algo de suerte, encontraremos un cobrador o una cobradora que muestre cierto respeto por nosotros, que no nos suene las monedas cobrando el pasaje o nos hable a gritos.

Y claro, todo debe seguir así porque a nadie, ni a transportistas ni a usuarios, se nos ocurre demandar algo mejor.

Por cierto, eso de detenerse sólo en paraderos sucede en las avenidas grandes, donde corren el riesgo de ser vistos por la policía y acabar multados. Y repiten constantemente que lo hacen por eso, por evitar la multa. La seguridad les importa un carajo y esa forma de pensar cobra niveles caricaturescos con el tema del cinturón de seguridad: los chóferes sólo se lo colocan –mal, por cierto- cuando ven cerca a algún “tombo” o “tomba” controlando el tráfico. El cinturón del copiloto, donde a veces se sientan pasajeros, suele estar malogrado, pero te piden u ordenan, dependiendo de tu suerte, que te lo pongas así, por encima, para que el poli lo vea*.

Digo sin miedo que todo este sistema me parece un asco, más que por estar acostumbrada a andar en metro europeo (que tiene su modo de ser una mierda, pero es un “self service” bien estructurado y ordenado), por ser de Piura, donde los taxis cuestan razonablemente poco y las distancias no son largas de andar, la vida en buses y combis transcurre más tranquila y segura y la orquesta de bocinas y palabrotas no llega ni a los talones de la sonoridad que alcanza en Lima.

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Por otro lado, la huelga de médicos del mes, pidiendo aumentos salariales y la renuncia del nada ponderable ministro de salud, Hernán Garrido Lecca. ¿Qué creía el gobierno? ¿Qué con declararla “ilegal” iba a evitarla? A veces me conmueve la ingenuidad de autoridades que hace rato perdieron el respeto de la ciudadanía.

En todo caso, el gremio de médicos es uno de los mejores pagados en Perú: alrededor de tres mil nuevos soles (cerca de mil dólares). ¿Poco? En Estados Unidos, puede ser. En España, puede ser. En Chile, puede ser (entonces, ¿por qué no emigras a Chile y recibes allí los seis mil dólares que como médico te corresponden, y empiezas a pagar lo que cuesta la vida allá?)… En Perú, no. En Perú, ese monto es seis veces un sueldo mínimo vital, y éste sí que es indigno, irrisorio y, aún así, mucha gente vive de él (o con menos), manteniendo casa y familia.

Además, un médico al servicio del Estado (o sea, pagado por el gobierno para atender a las personas más pobres del país y a asalariados en peores condiciones) sólo está obligado a trabajar 6 horas. Luego, puede hacer turnos en una clínica privada o abrir consultorio.
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De ahí, como en todo, empezarán a resaltar los mejores en su trabajo (lo cual es justo) o los de mayor ambición de poder (pienso en un viejo conocido que se sostiene con garras y colmillos a la dirección del Hospital de Apoyo III de Sullana, pese a resoluciones judiciales y demás vainas).

Pero, es verdad, los hospitales peruanos carecen de equipos, medicamentos, personal calificado, buenas condiciones de aseo, espacio. Muchas salas acaban repletas de pacientes y eso, en caso de enfermedades contagiosas o con riesgo de epidemia, es realmente peligroso, tanto para pacientes como para los médicos mismos (así es, muchachos y muchachas, se reconoce públicamente que tienen un trabajo de alto riesgo y merecen mejor trato, pero… me parece que ustedes lo quisieron así, ¿verdad?... ¿No fueron ustedes los que escogieron la carrera, siendo conscientes del país que habitan? ¿O esperaban un cambio acelerado de normas sólo en su honor?).

En general, hay desidia de ambos bandos: gubernamental y administrativo. Desidia y mala fe, por cierto, pues son muchos los casos de enriquecimiento ilícito, a costa de los fondos del hospital, sin contar con el nepotismo, abuso de poder y acoso al que suelen estar expuestas, sobre todo, señoritas de rangos “inferiores” (entiéndase: enfermeras –o enfermeros, quién sabe- y técnicas en salud).

En todo caso, observo hipocresía de la pura en las declaraciones indignadas del ministro, al acusar a los huelguistas de irresponsables por abandonar a los pacientes. ¡Por favor! Como si nuestros gobernantes se caracterizaran por cuidar de nosotros, que a fin de cuentas es su obligación (para eso se les paga, ¿no?).

Si se les ha ofrecido lo que luego no se cumple, hay derecho a reclamar. Sin embargo, el abandono de los enfermos, ¿no resulta claramente antihipocrático? ¿No contradice los principios éticos de la medicina? No lo digo en apoyo a Garrido Lecca y Cía., sino por motivar un modo diferente de protestar y generar verdaderos cambios sociales. Pensar cuesta, lo sé, pero no hace daño intentarlo. Ya hemos visto, en todo caso, que el talón de Aquiles del gobierno peruano no son las manifestaciones callejeras, las cuales, en muchos casos, resultan perfectamente filtradas como cortinas de humo para tapar asuntos aún más turbios.

¿Qué se podría hacer?

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Las profesiones fueron “inventadas”, creo yo, para llegar a un nivel de especialización que nos permita servir mejor a nuestros semejantes. Muy aparte, ese vicio tan humano, tan humano, de querer escalar constantemente, en un afán de éxito profesional (y económico) que a algunas idealistas no nos acaba de cuadrar. Y no nos cuadra, pese a que diariamente nos vemos obligadas a trabajar y ganarnos el pan (no, no hablo de Lucía, ni de mí, sino de la hermosa mujer que viene dos veces por semana a limpiar la casa y cocinar, trabajo complementado con talleres de alfabetización y fisioterapia en distintos puntos de Lima y en su zona, San Juan de Miraflores).

Un problema sustancial del dinero es que si se le deja tomar decisiones por sí solo luego acaba convenciéndonos de que en tanto mayor cantidad tenemos, más le necesitamos. Y esa no es una ley de vida, por favor. Es verdad: cada quién tiene derecho a vivir como mejor le parece, pero una cosa es la necesidad real y otra bien diferente lo que el mercado, los medios y la sociedad nos presenta como “lo mejor”, “lo más apropiado” o, aún peor, “lo más saludable”.

La máscara del capitalismo, un bienestar sostenido por posesiones. Luego crece la inflación pero las autoridades, en vez de hablar claro e iniciar políticas de ajuste económico que impliquen reducir nuestros gastos a lo indispensable, hasta que las cosas mejoren, prefiere asegurar sus pocos puntos de popularidad y seguir manteniendo la pantalla de bonanza que genera el consumo masivo, exacerbado por una colectividad cegada gracias a telenovelas poco realistas, programas de televisión rendidos al rating y muchísima publicidad.

Los seres humanos solemos ser tan estúpidamente inhumanos…

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* Es justo reconocer que no todos los conductores y cobradores de combi con quienes me he topado en Lima obedecen a esta descripción (desafortunadamente son minoría). Sin embargo, sus ganas de hacer las cosas bien se ven frustradas constantemente por el pésimo funcionamiento de la estructura de transporte en general. Como en todo.