miércoles, noviembre 05, 2008

Armín


En esta foto, que tomó mi padre hace 24 años, aparece aún adolescente uno de los hombres más valientes que tuve el gusto de conocer en mi niñez. Fue durante un mitin de Alfonso Barrantes, durante su candidatura a la presidencia, cuando Izquierda Unida empezaba nuevamente a desunirse y, entre las montañas abruptas y pueblos más empobrecidos de Perú, germinaban sin pudor semillas de violencia, sembradas por décadas de injusticia y exclusión social.

Pero el valiente de mi relato, que no es relato, sino una suma de recuerdos vagos de esas que suelo hacer en este blog, no se destacó precisamente por su militarismo en algún bando político (no de manera activista, en todo caso), sino más bien por haber sido el primer hombre en Sullana que se atrevió a ir por la calle vestido con ropa de mujer.

Una mujer elegantísima y guapa, dicho sea de paso. Enorme, bien formada, delicada y coqueta. Yo, a mis ocho años de edad, no podía sino quedarme mirándolo embobada, pues su belleza, andrógina, superaba cualquier estereotipo motivado hasta entonces por la televisión y los comentarios familiares.

Fue valiente porque, poco tiempo antes, los chiquillos de barrio podían unirse y perseguir a pedradas a cualquier homosexual que tuviera la mala idea de pasar por ahí (y loco o loca, tullidos varios a quienes pudiera relacionárseles con maldiciones y brujería, etcétera).

Fue valiente, además, porque empezaba a difundirse información atemorizante sobre "una enfermedad apocalíptica, transmitida por drogadictos, prostitutas y, sobre todo, maricones”. Así murió Simón, el gran varón de Willie Colón. Así se dijo de tantos otros, a quienes bien podría habérselos llevado el cáncer, la tuberculosis o la sencilla vejez. La sociedad fue implacable en aquello que las masas saben hacer mejor: prejuzgar. Sigue siéndolo, en muchos casos.

Y Armín, que así se llamaba, fue capaz de pasar por sobre todo aquello, con los tacones bien puestos y el maquillaje intacto.

Tantas veces se dijo que tenía Sida y el supuesto virus ya le ha durado casi veinte años, sin manifestación alguna. Chismes estúpidos. Su padre, amigo y compañero de trabajo del mío, un señor sencillísimo, ya ancianito, que llora de emoción cada que consigue verme, entre viaje y viaje, solía hablarnos de inyecciones de testosterona y rehabilitación (sí, cosas que aconsejaban los psiquiatras por entonces). Pero nada, nada. El chico seguía pretendiendo ser chica y exponiéndose al maltrato emocional que implica ser diferente (en un lugar pequeñito, pequeñito).

Una vez, mi padre y varios amigos presenciaron un amago de desprecio por parte de unos jovenzuelos desconocidos (porque ninguno del barrio se habría atrevido a levantar un dedo contra Armín, se le conocía desde niño, continuaba el cariño). Los hombres se apresuraron a defender a “la señorita”. Ese día entendí un poco mejor eso de la justicia y el respeto. Sobre todo, respeto.
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Tenía ganas de escribir sobre mí, contar que ayer recibieron mis papeles en la policía y ahora resta esperar. Que si me prolongan el permiso de residencia podré respirar tranquila y si no, siempre se puede apelar. Que tengo un margen de tiempo para buscarme un trabajito de media jornada y estoy hasta el pescuezo de laburo “especializado”, entre las prácticas oficiales y mis cachuelos. Que me siento contenta y da igual si llueve, porque ya no se mojan mis pies (gracias a las botas que Kari la bella me obligó a comprar en Lima, claro). Que la victoria de Obama dice mucho sobre las buenas intenciones de la sociedad estadounidense y quiero tener esperanza.

Pero recordé a Armín, pues mi madre me contó hace poco que el súper hombre había ganado un concurso de cosmetología en la capital y su centro de belleza tenía ahora más prestigio que nunca. Se ha convertido en un personaje respetable y sin escándalos. Bien por él y por algunas otras reinas de mi pueblo, hombres y mujeres, entre ellas, mi mamá.

Mira tú lo que me viene a inspirar el coro de "Journeyman", otra de Iron Maiden. Y es que, pese a mi narcisismo, el mundo no gira entorno a mi ombligo (menos mal, qué aburrimiento si así fuera). Bonita letra. Gran interpretación (son maestros). Así nos pasa a quienes disfrutamos de aquello llamado sinestesia. La vida en los dedos. La vida. Me callo. Ahí va:

Sé lo que quiero, digo lo que quiero y eso nadie me lo puede quitar…

2 comentarios:

LOBO INQUISIDOR dijo...

Hola mi querida Angela, Te leo y me molesta que aun la gente sea tan prejuiciosa. Se aprobo en California el prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo, si en esa misma California que le dio un triunfo holgado a Obama. Que contradiccion! Es que el mundo se sigue diciendo algo, pero haciendo otra cosa? Es que no existe consistencia en tu moral o vision de vida? Me confunden, por eso quizas sigo solo, a veces mudo, pero nunca ciego. Ojala tus papeles se arreglen y todos sus deseos se cumplan. Y si no, tienes tu asiento en Karaoke de Diagonal!!

Galileus dijo...

Giro inesperado al arranque y desarrollo de una historia valiente (a pesar de mi retrógrado punto de vista). Por un momento pensé, que al mejor estilo de Scorsesse, a Armín le pasaría algo malo, pero qué bueno que haya logrado escalar y que se haya convertido en un ejemplo a seguir.

Por otro lado, estoy totalmente de acuerdo con la esperanza que se desprende del triunfo de Obama en U.S.A., aunque la sombra de la crisis haya recién mostrado la punta del iceberg...

Saludos galileanos!