lunes, diciembre 01, 2008

Territorio y lenguas largas

Permítaseme empezar citando al maestro:

“Agrego estas líneas mientras corrijo las pruebas de galera y escucho los boletines radiales sobre lo sucedido en los juegos olímpicos. Empiezan a llegar los diarios con enormes titulares, oigo discursos donde los amos de la tierra se permiten sus lágrimas de cocodrilo más eficaces al deplorar “la violación de la paz olímpica en estos días en que los pueblos olvidan sus querellas y sus diferencias”. ¿Olvidan? ¿Quién olvida? Una vez más entra en juego el masaje a escala mundial de los mass media. No se oye, no se lee más que Munich, Munich. No hay lugar en sus canales, en sus columnas, en sus mensajes, para decir, entre tantas otras cosas, Trelew.”
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Julio Cortázar
El libro de Manuel
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Con este llamado al localismo, que no es egoísmo en absoluto, sino parte de su fino sentido de lo absurdo sobre lo “oficialmente aceptado”, Cortázar denuncia la injusticia de los medios acerca del atentando de Setiembre Negro, durante los juegos olímpicos de Munich, en el año 1972. Injusticia, porque dan cobertura a los poderosos de siempre, fomentando la hipocresía y centrando la atención mundial en un hecho real, cruel, pero dotado de matices que ni la radio, ni la televisión cuentan.

Y, salvando las considerables distancias, estos días estuve en riña personal (y a quién le importa) con la difusión de información a través de los mass media y vías alternativas, como los blogs en Internet. Es que Perú lleva ya varios meses bastante moviditos, con aquello de la huelga de médicos, la incompetencia del (ahora ex) ministro de salud, la tuberculosis resistente concentrada en Lima y Callao, los audios que evidenciaron una red de corrupción en la concesión de lotes para explotación petrolera, la renuncia del gabinete, el nuevo primer ministro y su “oscuro pasado” (motivo de vergonzosas pataletas infantiles de cultísimos derechistas a ultranza), entre otras.

Entonces, y en plena cumbre del APEC, sucede un nuevo escándalo, ya trasnochado a estas alturas, que me ha llevado a preguntarme por enésima vez y como la periodista renegada que soy: ¿Tenemos en verdad la obligación de dar a conocer todo tipo de información? Y si así fuera, ¿acaso no deberíamos hacer un análisis de su utilidad o, al menos, complementar el mensaje con varias fuentes, con otros puntos de vista? En fin, ¿no estaría bien, aunque cueste tiempo (sí, ya lo sé, la premura de las rotativas), contextualizar un hecho, siquiera eso?

Aquí va:
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Libertad (con responsabilidad) de expresión

Soy partidaria de la democratización de la comunicación. Sin embargo, esta democracia no significa: yo digo lo que se me da la gana, interpreto lo que oigo como mejor me parece, sin confirmar, y así lo retransmito. Eso no es información, sino chismorreo puro y duro. Desgraciadamente, el hecho de que existan hoy tantas fuentes a través de Internet, nos da en la nariz con un muro lleno de palabras y mensajes. Nosotros escogemos, nosotros nos quedamos con aquello que complementa nuestro conocimiento y nos sirve para vivir.

Qué bonito. Entonces, ¿quién se hace responsable de las interpretaciones contraproducentes? Papá y mamá no siempre estarán al tanto de lo que el nene consume. El nene, por su parte, puede tener treinta años y poseer ya una tendencia política, una ideología, mayor o menor malicia y responsabilidad sobre su propio conocimiento, que condicionarán su modo de digerir lo que lee, ve y escucha.

Confío en la inteligencia humana, pero los medios de comunicación no se administran solos (de la misma forma en que el mercado no es dios). Debería haber, ahí dentro, mucha responsabilidad y compromiso social, además de la serie de intereses personales que toda empresa humana genera.

La bravuconada del Comandante General

Donayre fue un bocón, no cabe duda. A saber cómo lleva su vida personal y otras historias. Bocón, bravucón y hasta machista, según la observación de una ex – compañera del Master, a quien envié el vídeo para comentar. Que bien merecido se lo tiene, que el uso de Internet para denunciar a estos elementos es clave, que no deberíamos permitir, que esto y aquello.

Bueno. Yo me he declarado muchas veces defensora de causas perdidas, porque confío en que las cosas pueden hacerse bien y mejor.

El tema de la privacidad y el espionaje. Una cosa es denunciar a personas que están jugando con la inversión de empresas extranjeras en Perú, sobre todo si éstas están relacionadas con las autoridades que nos gobiernan. Otra, la cobertura que se da a temas que cobran importancia sólo a partir de su publicación.

Me explico: el vídeo donde el General se expresa de ese modo tan desagradable es una grabación casera, de una reunión de amigotes y esposas de los amigotes. Así, tal como está en Youtube, no se puede adivinar más. Quien lo ha colgado indica, simplemente, que se estaban refiriendo a soldados chilenos (entre iguales se entenderán). Luego, tal vez y sólo tal vez, la postura oficial de dicho señor, en voz de mando, no sea la que expresa allí. Y si no es su postura oficial, tampoco serán las órdenes impartidas a los soldados. Mejor dicho, aquí nadie atacará Chile, salvo que el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas (el señor Presidente de la República) así lo ordene.

Me parece justo y necesario que las personas ensayemos nuestra capacidad de escándalo e indignación. Pero eso no nos quita la obligación de, una vez superado el momento pasional, investigar, averiguar más del tema (si nos interesa siquiera opinar sobre ello, quiero decir). Tampoco debemos perder de vista las prioridades. Así como quien roba una gallina no merece la condena de un asaltante de joyerías o un traficante de drogas, un General que muestra su lado xenófobo de manera tan estúpida no merece que se le condene como se haría con alguno que, por ejemplo, dio golpe de Estado a su país y dirigió (o dejó suceder, que es lo mismo a fin de cuentas) una serie de asesinatos sistemáticos de todo el que pensaba diferente y podía dar problemas.

El que tiene boca…

Somos humanos, tendemos a medirlo todo con nuestra regla personal, pero eso no es justo. Las respuestas indignadas que he recibido de mis ex –compis de clase van desde la celebración por el uso efectivo de los medios, hasta la condena a todo tipo de discriminación. Me gustaría que mis pocas lectoras y lectores ojearan algunos de los dos mil y pico comentarios que el vídeo en Youtube ha generado, para saber si realmente el mensaje de “lucha contra la discriminación” está surtiendo efecto.

No quiero “discriminar”, pero… Mientras en mi país no haya una educación universal de calidad y un conocimiento pleno de los derechos, comentarios como los de Donayre, así, publicitados por televisión y con mil vueltas, podrían acarrear consecuencias adversas o, en el mejor de los casos, neutras, que se olvidan pronto. ¿Acaso el machismo y la bravuconada no son pan de cada día en varios segmentos poblacionales?

Esta carne (de cañón), si no está bien aderezada y debidamente acompañada, será insípida, inútil y hasta venenosa.

La gente “bien” atribuirá el hecho a que se trata de un “cholo bruto” (o sea, más discriminación racial), la gente que se identifica con él, tal vez le apoye o tal vez se pregunte muchas cosas. ¿Y nosotras, con quién nos identificamos, cómo somos? ¿Y nosotras, qué? ¿Debemos seguir apoyando las causas de lucha, porque sí? Lo siento mucho, me niego a ser una revolucionaria acéfala (y lo digo bajo riesgo de parecer snob).

Nadie es dueño de la verdad, por eso es importante dar el beneficio de la duda. Al menos, es una buena actitud de entrada, permite aprender más. Señalar al que señala no es una sabia regla de vida.

Conozco a muchos tipos de militares. Todos, sin excepción, han sentido cierta indignación ante las reivindicaciones públicas de víctimas de la guerra antiterrorista en Perú, fomentada por la ONGD Aprodeh. No puedo juzgarles. Encima, ellos, soldados y marinos, cuidando que todo esté en orden y las ceremonias se lleven con normalidad. Es su trabajo. En esa lucha, murieron sus padres y compañeros. Hubieron abusos, sí, de ambas partes. Asesinaron a cientos de inocentes, también. La evocación a la violencia es condenable, venga de donde venga. ¿Por qué no hacen un análisis así de puntilloso, por ejemplo, con el Ché Guevara?



Aclaremos posturas. Diré algo que tal vez, para algunas personas, resulte provocador: yo no estoy segura de nunca tener la necesidad de matar a nadie. Si alguien va a matar a quien quiero o a una persona inocente, y yo puedo actuar, pues actuaré (si el pánico y la adrenalina me lo permiten, claro). ¿Esto me convierte en una asesina en potencia? En absoluto. Simplemente estoy reconociendo mis imperfecciones.

De todos modos, ya se ha “hecho justicia”. El cuestionado General será dado de baja el 5 de diciembre (por otros motivos, claro, es que a partir del vídeo llamó la atención y se le descubrieron varios desmanes, o al menos así lo dice la versión oficial, que se niega a aceptar que lo hace por presión de Chile). Éste ha pedido disculpas públicas al país vecino y al suyo propio, admitiendo que sus comentarios fueron “estúpidos”. Bien ahí, circo para el pueblo.

¿Y el trasfondo?

Ningún peruano o peruana de clase media para abajo (y de mi generación para atrás, así no generalizo mucho) podrá negar haber sentido amor desmedido por su patria en la niñez. Ese patriotismo sentimental, nos guste o no, dependía de varios factores, entre ellos, a destacar: la independencia de la corona española, y las guerras territoriales con Chile y Ecuador.

Falla, entonces, el sistema educativo, el modo en cómo los peruanos y peruanas nos percibimos como nación. Luego crecemos y el aprendizaje básico de la niñez no puede seguirnos toda la vida. Pero tiene muy mala memoria quien niegue esos inicios xenófobos. En retrospectiva, pero xenófobos.

A algunas personas les dura esa sensación hasta entrada la madurez (como a otros, la religión, por ejemplo). A mí me dura Jesucito y a mucha honra. El asunto es que, de pequeños, se nos enseñan cosas buenas y cosas malas. Y las malas, que no serían malas en sí mismas, sino "mal transmitidas" y no gracias al profe (en el mejor de los casos), sino porque así decía en los libros de texto, así estaba estipulado en el programa escolar que venía desde arriba, desde el Ministerio de Educación.

Es innegable, además, que muchas repúblicas Latinoamericanas han fundado parte de su sentimiento patriótico en confrontaciones con el exterior. Cito a mi buen Ernesto: “Perú, la guerra con Chile; Ecuador, su ilusión amazónica; Bolivia, la salida al mar; Argentina, las Malvinas…”

Hay un largo camino por recorrer en estos países para que nuestro amor por “lo patrio” cambie de cimientos. Y es un proceso largo y delicado…

Lo del ejército ya son palabras mayores. No quiero entrar hoy en detalles (que el post está ya bastante largo), pero queda clarísima la idea de “cohesión ante amenaza externa”. Luego, cada quién piensa lo que quiere y actúa como mejor le parece. Pero institucionalmente, hay normas, hay formas de hacer las cosas, formas de reaccionar. Todo es sistémico, no se lo acaban de inventar. ¿Arcaico? Sí, pero no ganamos nada indignándonos ante ciertos desbordamientos de pus si luego nos contentamos sólo con el “castigo ejemplar”.

Después de todo, eso del “castigo ejemplar” también es arcaico.

La utilidad final

Me pregunto si alguna autoridad (además del propio Donayre, que ya bastante mea culpa ha hecho) saldrá a los mass media a contarnos por qué se le ha castigado, por qué esas cosas no se dicen (nunca, no sólo ante una cámara de vídeo encendida) y qué consecuencias tiene para los seres humanos heredar resentimientos y potenciar odios.

También podrían decirnos, dicho sea de paso, que eso de andar por ahí grabando vídeos de personas en situaciones comprometedoras, salvo que se trate de un tema de interés nacional, o de corrupción, o de salvar muchas vidas a cambio, no es una práctica ética. Ya no estamos para cacerías de brujas, hay mucha sangre derramada, mucha gente con hambre, mucha injusticia en el tintero.

Espero explicarme bien: pienso que haber sacado a la luz el vídeo de Donayre es positivo en tanto pueda generar un análisis profundo de puntos antes mencionados y dé lugar, poco a poco, a un cambio general en las personas y las instituciones. Sin embargo, el que haya sido transmitido luego por televisión, en señal abierta, me resulta totalmente desatinado (nuestras relaciones diplomáticas con Chile nunca han sido las mejores, ¿para qué empeorarlas?). Ni qué decir del congresista peruano Gustavo Espinoza, quien informó de la existencia del link en Youtube a colegas chilenos. Ay…

Los límites son difíciles de identificar, lo sé. Es el eterno dilema del comunicador (y del ser humano que busca ser coherente en esta vida). Me voy a casa, que ya ha dejado de llover.
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Antes de terminar, un vídeo de "The Trooper" (cortesía de Ernesto), concierto de Iron Maiden en Argentina. Iron Maiden otra vez y es que me acabo de enterar que el próximo año tocarán en Perú... ¿Por qué nunca estoy en mi país cuando debo? Bueno, el sentido del vídeo: si se presta atención (y leen los comentarios en Youtube), se darán cuenta de cómo el público abuchea a Dikinson... ¿Por qué será? ¿Será por la bandera del United Kingdom? A algunos les dura lo de las Malvinas, ¿no?
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2 comentarios:

Ernesto dijo...

Me citas dos veces, que no puedo sino decir presente y concordar con buena parte de lo que dices.

Cierto... estas declaraciones deberian motivar al analisis con respecto a ciertos problemas estructurales y todo eso, pero aun asi nos olvidamos de algunos detalles:
- El problema de la gasolina salio meses antes y no causo ni la pizca de revuelo.
- Un general chileno hablaba de que no tenia sentido invadir al Peru si se le podia comprar, y el Peru no salto tanto como Bachelet y su gobierno.
- El gobierno ha dejado que Chile le gane por puesta de mano.... ergo, victoria cuasi diplomatica para Chile.
- Y para rematar... leamos a Aldito hoy.

En todo caso.... la pregunta es si merece la baja por esto (con lo que se complace a Chile) o mas bien por algo de veras importante?

Se que el tema es sensible a tus amigas, pero ... como cuadra el tema de la discriminacion en este lio?

Regresando a lo de la cohesion alrededor de un enemigo, en todo caso debo repetirte que soy algo optimista al decir que si quitamos el factor "Chile" del Peru, aun nos queda suficiente margen para lograr dicha cohesion, de no ser asi.... el Peru ya estaria mas jodido de lo que esta.

Angela dijo...

Sí, bueno, supongo que la Guerra con Chile ocasionará en los peruanos un efecto tipo las grandes odiseas de héroes clásicos en los helenos de antaño, hay que querer la península, hay que sentirnos uno, etcétera.

Sin embargo, tienes razón en aquello: Perú puede obtener cohesión por muchos aspectos, no sólo en su unión contra un enemigo común. Además, considerarnos amenazados por algún vecino a estas alturas de acuerdos internacionales y juicios en La Haya, como que está bien tirado de los pelos. Sólo si nos metemos con Estados Unidos y todo el "Mundo Desarrollado" nos monta una guerra, claro.

Ya me gustaría poder tener más elementos científicos para describir con altura lo que observo y tengo en mente (¿lo ves? por eso te digo que debí estudiar antropología). En todo caso, decirte que, en mi caso particular, el concepto de Patria ni me va ni me viene, sin embargo, considero que la existencia de un Estado organizador y garante es necesario para asegurar la participación ciudadana y el cumplimiento de deberes y derechos.

Y a eso iba mi rechazo a la cobertura que se ha dado a este caso en los mass media, que finalmente hay un amago de incoherencia en todo lo que ha sucedido: el escándalo, la acusación, la destitución y los roces diplomáticos.

Es injusto y da muy mala imagen de cómo funcionan las cosas en nuestro país, ver que se pasan por alto muchos casos de corrupción, hasta que alguien mete la pata, hace el ridículo y entonces, ahí sí, se armó el chongo y todos a por la cabeza de turco.

Luego, el potenciar esta cacería indiscriminada, que a mi forma de ver nos confirma como una especie vil y envidiosa, dispuesta a todo por poner zancadillas y derrumbar a quien nos molesta desde el poder.

Me niego a manifestar mi apoyo total a un hecho que tiene muchos matices. Prefiero pensármelo un poco, contextualizar y, una vez superada la indignación, intentar encontrar un aprendizaje que vaya más allá del infantil: error - castigo.

A ver quién se rompe la cabeza conmigo.

Abrazote!