lunes, noviembre 24, 2008

Oleada


La persona que me acoge dijo categórica “vosotros tenéis complejo de inmigrante”. No sé bien a lo que se refiere. Si me habla del Síndrome de Ulises, igual sí entiendo, pero esto otro… Es que no se puede tener complejo de algo que en verdad se es. Yo no tengo complejo de peruana. Soy peruana. No tengo complejo de mujer. Soy mujer. Por tanto, no tengo complejo de inmigrante, sino que lo soy, aunque much@s filántrop@s marihuaner@s pretendan que nos llamemos de otro modo, extranjer@s, por ejemplo. Mira tú, luego un adjetivo calificativo de lo más normal se va a convertir en eufemismo de inmigrante. Buscar eufemismos para una palabreja absurda y puramente nominativa, la carga de contenido negativo. ¿Qué tiene de malo ser inmigrante, para empezar?

Inmigrante es, sencillamente, una persona que deja el lugar donde están establecidas sus raíces socio-culturales y se desplaza hacia otra zona, que le es extraña, donde empieza a construir una vida alternativa. Puede ser temporal, puede ser definitivo, ya depende. Los conocimientos universales se han disgregado por el mundo gracias a la inmigración-emigración (por cierto, ambos términos no son sinónimos, emigra quien sale de su lugar: yo emigro de Perú e inmigro a España, que quede claro). La humanidad y la distribución mundial ha tomado color y sentido (un sentido bastante voluble, dicho sea de paso), gracias a fenómenos migratorios. Los seres humanos somos animales semi - sedentarios y semi – nómadas, la carga genética de ambos extremos debe andar flotando por algún lugar de nuestra composición biológica, por eso esta capacidad de desplazamiento y adaptación.

Lo normal es que las personas busquemos. ¿Qué? No lo sé. No me atrevo a llamarle “felicidad”, porque además de ser cursi, se trata de un concepto manoseado y falso. Lo que la gente busca es satisfacción, y cada quién la encuentra según sus intereses: desde los típicos huidizos que acaban de romper una relación e intentan cubrir el vacío con tours espirituales y amantes indígenas, hasta padres y madres que dejan a la prole en ultramar, con la abuela, y vuelan a tierras donde la moneda tiene mayor valor, para romperse el lomo trabajando y asegurar a sus seres amados un mejor nivel de vida (alimentación balanceada, ropa, secundaria completa y, Dios mediante, universidad). En el intermedio, muchas otras especies.

La gente ha emigrado por negocios, por placer, por afanes expansionistas, por persecución ideológica, por supervivencia. El planeta se pobló gracias a los primeros seres humanos nómadas, que se fueron a andar por ahí y, en el camino, idearon diversos medios de transporte. Muchos de los grandes inventos de la actualidad, desde la rueda hasta el teléfono, surgieron porque las personas hemos necesitado movilizarnos y, estando lejos de quienes conocemos, comunicarnos. Estados Unidos alguna vez se pobló de irlandeses, alemanes e italianos; la raza nativa no extinta más antigua de aquél inmenso territorio, si nos ponemos rebuscados, está representada por la minoría peor tratada en ese “ejemplo de democracia universal”: los indios. Sin embargo, ellos no son Estados Unidos, como los incas no son Perú. Nuestros Estados actuales están habitados por nuevos nativos, con árboles genealógicos enrevesados, historias jóvenes de reivindicación, violencia, esperanza, ingenuidad (se me ocurre pensar en ciertos afanes bolivarianos), amor, racismo, discriminación, corrupción, despilfarro, injusticia, pasión, trabajo arduo, “criollada”, etcétera.

¿En qué momento las naciones son estables, inamovibles, imperturbables? ¿Cuándo fue la humanidad invadida por la tibieza del status quo favorable? El planeta entero no tiene ni 100 años constituido tal y como está ahora, pero es que los seres humanos somos criaturas tan soberbias y olvidadizas, que hemos preferido dar la espalda a la historia, soñando con fronteras infranqueables y negando el derecho al tránsito como si fuera éste una novedad peligrosa, llena de malicia.

Además, la cantidad de artículos y análisis que se hacen al respecto. Y los intelectuales, ¡Cómo opinan, por Dios! Y los desubicados: que el paisaje europeo está “cambiando” y ya no se siente aquello tan rancio y respetable que quien viene de turista pretende encontrar (o sea, ¿qué hace tanto negro y tanto indio en un país de blancos?). Otros, más moderados, opinan que está mal esa pérdida de privilegios sufrida ahora por los ciudadanos locales, en beneficio de los migrantes. Bueno, ¿y quién tiene autoridad para decir cómo deben ser las cosas? El mundo es un sistema movedizo y a las personas, de cuando en cuando, nos cae mierda encima. A todos. A todas. Nadie está totalmente a salvo de un revés en su historia personal. La crisis nos llega con nombre propio y ante ella, dos simples opciones: utilizar esta inteligencia de la que tanto nos jactamos y buscar los medios adecuados para salir del trance con más o menos dignidad (emigrar es una opción extrema, por cierto), o pegarnos un tiro. Así de simple y duro.

Complejo de inmigrante. Fácil decirlo para algunas personas. ¿Qué es tener complejo de inmigrante? No lo sé ni yo misma, y eso que soy inmigrante. No se trata de ir por ahí teniendo presente que se es de otro lugar, no necesitas pensarlo, se te nota. Además, como se te olvide, siempre alguna circunstancia, a diario, te lo hace recordar. ¿Tratar de demostrar a diestra y siniestra tu valía y capacidad profesional, es tener complejo de inmigrante? Ya, pero si se está buscando trabajo porque no se tiene un duro, es normal. ¿Fastidiarte porque alguna otra persona “de allá, de por esas tierras” mete la pata constantemente en un medio de comunicación, es tener complejo de inmigrante? Puede ser. Sin embargo, esto suele venir motivado por el temor al estereotipo. Y sí, se teme al estereotipo, porque si una quiere vivir con relativa tranquilidad en un sitio que no es el suyo (ya en mi pueblo hay otros prejuicios), va a ser difícil salir del saco donde estás metida junto con algunas centenas más.

Casos prácticos, para pensar, ambos ocurridos aquí y no hace mucho tiempo:

1º Conocí a un chico en el País Vasco, nos hicimos amigos, me presentó a su madre y desde entonces la buena mujer sufre por el bienestar de su retoño cada vez que el buen muchacho sale conmigo, porque sabe de una ecuatoriana que enamoró a un respetable vecino bilbaíno, se casaron y, obtenida la nacionalidad, la muchacha se mandó a mudar.

2º Puedo hacerme amiga de peruanas, ecuatorianas y marroquís, pero a golpes he aprendido que mi actuar con los masculinos compatriotas debe ser muy, muy cauto. He conocido pocos marroquís, ecuatorianos y peruanos solteros, mayores de 30 años y en condición de trabajadores, y esos pocos han intentado emparejarse conmigo a la segunda invitación a tomar café. Ante mi negativa, respuestas varias: que ya tienes casi treinta años y te vas a envejecer sola, que eres una creída y renegada de tu pueblo, que por qué no puedes estar con alguien que te puede querer bien y seguramente sí que estarás con un español, porque para las latinas estar con un español tiene mayor ventaja, etcétera.
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Sí, pues, lo que hay que oír.
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¿Que por qué acepté salir a tomar café, entonces? Porque creo en eso que se llama amistad y no me gusta despreciar a las personas, sin más. Sin embargo, todo tiene un límite y ahora mismo no me importaría parecer clasista y dejarles creer que soy una pituca nariz respingada, podrida en plata. A fin de cuentas, cada quién tiene derecho a escoger.

Entonces, eso del complejo de inmigrante resulta, así dicho, un facilismo que resume muchas otras sensaciones, sentimientos y, claro, complejos. Es tener que callar muchas veces y hacer el menor escándalo posible, en caso de que tu permiso de residencia esté en juego. Es vivir endeudada, con dificultades para encontrar trabajo y lejos de quien siempre podrá alimentarte gratis si llegas a necesitarlo. Es aceptar toda clase de ayudas con una sonrisa, deseando que pronto tu situación mejore, para poder compensar los favores y pagar por tu espacio (y gobernar en él). Es nostalgia. Es, algunas veces, sentir miedo ante los gritos “con acento”. Es que de vez en cuando algún ser extraviado te pregunte si por casualidad eres puta, para saber si tomarte en serio o no. Cosas así.

Por supuesto, lo bueno. Nunca falta lo bueno, sobre todo porque migrar es una opción personal y, como en todo lo humano, caben las más confusas contradicciones. Lo bueno es por lo que, a fin de cuentas, estoy aquí, con o sin complejos, genes perturbados, opiniones ilustres y Ulises varios. Pese a que echo mucho, muchísimo de menos a mi familia y amigas. Lo bueno son personas, de aquí y de allá, y alegrías íntimas. A veces, llega esa motivación extraña que me hace caminar marcando un ritmo y sonriendo en voz alta. Tal vez un poco de locura (bendita inconciencia). Tal vez deba ir a dormir ya, que en unas horas toca oficina y trabajo gratis. Mis grandes ideas del carajo.

4 comentarios:

Ernesto dijo...

Como "moderado" aludido, no debo sino autocitar y reafirmar el comentario que le deje a Jomra ;)
http://bitacora.jomra.es/2008/09/actualidad-en-general/elecciones-austria-extremaderecha-avanza/

Por otra parte debo decir que la percepcion que tiene la clase media trabajadora no es tan extrema, los compañeros lo ven a uno como alguien mas que trabaja hace sus cosas y aporta a la sociedad española, salvo algun que otro desubicado (me encuentro con alguno una vez al año nomas) esa presion del "complejo de inmigrante" no la he percibido al menos por parte de esos entornos.

Por cierto, es casi gracioso ver como se habla en algunos medios (progresistas y conservadores) acerca de los "emigrantes" cuando en realidad deberia hablarse de los inmigrantes... en fin!

Eso si.... cuantas cosas toca por hacer explicar... que el Peru no es solo un pais "in the mountains", que hay mar, que estamos en el Pacifico!!!, la diversidad, la solidaridad, el ingenio, las familias extendidas, la autoconstruccion, etc etc....

D X dijo...

Definitivamente las circunstancias son diferentes, pero lo común en nuestra 'situación' es la desventaja. Nosotros los 'del Sur' como tú dices, nacemos con el karma sellado en la frente. Donde quiera que vayamos nos van a mirar con desconfianza (a mi me pasó hasta en la frontera con Ecuador, por dios!), ahora si además de ser del Sur, no estás de paso y sino que eres inmigrante, tas jodi'o!

Me costó 4 años, 4 idas y vueltas, conseguir que los locales supieran que no podían meterme en la misma bolsa de los mexicanos y cubanos y no se ofendan por favor, no digo que esas bolsas sean malas, es solo que a las cosas por su nombre y las personas tb: yo soy Dixa y soy peruana y sí, tuve que sonreir y hablarles un poco de geografía pq después de todo yo era la 'visitante', pero bueee! te cansas
hablar y que nadie te escuche... un día te encuentran con las bolas llenas (permítanme la frase) y les respondes con una oración entre exclamaciones en la digas unas 4 o 5 veces el adjetivo favorito de los estadounidenses: fuckin... y entonces entienden que américa latina no es un país, y tampoco es otro nombre para Mexico.
Aquí hay un problema de identidad y es que es casi inexistente... y me pregunto, si no sabes quién carajos eres (y no te importa), cómo diablos vas a saber lo que son los otros??
Para mí, con problemas de socialización, fue todo un rollo llegar a esos puntos, pero pasa el tiempo y te das cuenta de que la gente asume que inmigrante es lo mismo que desventajado, aquí inmigrante es el empleado que hace el trabajo que el ciudadano no quiere hacer y por un salario que tampoco quisiera recibir, pero al tipo de cambio, al primero, le sale a cuenta romperse los nudillos lavando platos y limpiando inodoros. Sé que hay excepciones, incluso entre los inmigrantes hay diferencias... pero hablando de cantidades, más de 80% de inmigrantes empezamos así.

Hace algún tiempo conversaba con mi pareja del tema de las migraciones, yo viviendo mi propio drama, creyendo ser la única (para variar) y él me dijo algo como:
si la gente nunca ha parado de moverse... Ese que te jode tiene mezcla de 5 razas (creo q no era la palabra correcta pero la idea se entendió), la diferencia es que a él no le toco moverse.
Y sí... migramos de ciudad, migramos de país, cada uno tiene sus propias razones, ya enumeraste varias, la diferencia es cómo vivimos el proceso, a algunos les da con mera nostalgia, otros se deslumbran, a otros les entra la curiosidad, a otros resentimiento (mi país no me dio la oportunidad!), a otros miedo (esos que no hablan con nadie y ni responden el teléfono, pero creo q eso tiene que ver con asuntos legales), no nos olvidemos de los alienados, y por último, a los más afortunados, les da lo mismo China que Perú.

Sí, sí, ya me voy... solo quiero dejarte un link http://www.ve.terra.com/terramagazine/interna/0,,EI8862-OI1938787,00.html un articulito de uno de mis profes de la facultad. No va mucho con el tema, pero no deja de ser importante.
Saludos!

Ernesto dijo...

Entiendo la situacion.... en Madrid no pasa mucho, pero en otros sitios lo primero que me preguntan es si soy de Mexico, WTF?? Osea entiendo que no esten seguros si soy de Ecuador, Bolivia, Peru o Colombia, somos de la misma zona asi que normal, pero Mexico??? Como que un poquito lejos, digo yo.

Angela dijo...

A mí me da un poco igual que me confundan con dominicana (con lo guapas que son), siempre y cuando la pregunta no lleve consigo una carga de "generalización" ya no sólo del territorio, sino de costumbres, cultura y comportamientos.

Porque además, que luego de saber dónde nací me pregunten por Alan García, como que tampoco hace gracia.

Y bueno, Ernesto, comprendo que en tu situación no te haya ocurrido lo que Dixa o yo describimos, pero antes de decir que eso no ocurre siempre, podrías explicar al respetable tu particular situación. Y claro, también el por qué, desde tu particular situación, conoces a pocas personas que se lo pasan mal.

Eso.

Un abrazo. Gracias por sus comentarios.