martes, julio 22, 2008

Alguna más

Lucía recuerda que desde niña escuchó a su madre decir: ¡No quiero desgracias en esta familia! ¡No aguantaría la vergüenza!

Deben ser herencias forzadas de un pasado pseudo-burgués, porque apenas tenían todos ellos dónde caerse muertos. En fin, la opinión del vecino tiene alcances universales.

El problema es que con esto, la buena Lucía ha quedado totalmente condicionada. Mejor dicho, las “desgracias” mayores ocurrieron dentro de sus recuerdos, en sus secretos y en su corazón, y la convirtieron en eso que suelen llamar “maniaco-depresiva” y que, dicen, está muy de moda en estos días, sobre todo si se es mujer.

El caso es que de niña nunca la llevaron a un médico adecuado, porque es una vergüenza y son cosas que “Dios” nos ayudará a resolver, si confiamos en “Él”.

De adolescente, encontró un catalizador en los dibujos sangrientos, las heridas con navaja en toda la epidermis (que un dolor expulse al otro) y el heavy metal. Dice que le debe su vida a Metallica, que encontró un sentido, algo a qué asirse en algunas de sus canciones. Lo agradece y le creo.

Sin embargo, más allá de las pantomimas, nadie ha entendido algo muy importante: Lucía está enferma. Lucía está triste. Lucía es un corazoncito en carne viva que anda por la calle sin miedo a ser herido. Y la hieren, con inquina o sin querer, pero la hieren una y otra y otra y otra y otra y otra y otra vez.

Luego viene a mí, hecha un ovillito de lágrimas, mocos y sonrisas frustradas, y me pregunta: ¿Acaso es divertido romperme? Y yo le contesto: No, pequeña. No.

La abrazo y ella se queda dormidita, tranquilita, bonita como es aunque tenga la cara hinchada. Y entonces soy yo quien se pregunta: ¿Cómo alguien puede siquiera atreverse a romperla?

Y me doy cuenta que muchas personas van por el mundo rompiendo a otras para conservarse completas, que así funciona la vida, que así están puestas las reglas. Algunas hemos aprendido del cinismo y nos vemos fuertes. Otras, como Lucía, no pueden ser cínicas…

Lucía es fuerte, es muy fuerte. No sé cómo sentirá ella, pero la veo levantarse, recoger sus pedacitos, armarse con cuidado, mirando a través de las lágrimas y los recuerdos que debe dejar atrás. La veo aferrarse a una vida que promete ser mejor, pero ahora es difícil. La veo queriendo estar viva para no hacer sufrir, para no escandalizar, para ayudar a las personas que la quieren, más no por sí misma.

La conozco. La quiero. Me lo ha dicho en transparente, sin pudor moral. Le creo. Ahí está.

1 comentario:

Ernesto dijo...

Es grande, saldra adelante.... ese valor es dificil de tener, y lo tiene.

Y no... no es nada divertido... pero asi hay quien... no piensa... no valora .. no se da cuenta...