domingo, diciembre 30, 2007

Instinto


No deseo reabrir heridas que hace mucho, sin darme cuenta y sin mayor técnica, cautericé. Sin embargo, te agradezco la oportunidad de decírtelo, eso te hace grande, Corazón. Eso y todos los pequeños detalles importantes que tienes para mí.

Te quiero. Te conocí cuando ambos éramos conejos, bellos y alegres, jugando en el campo y comiendo flores. Me sentí feliz de comprenderte, mi niño.

Hoy no sé bien lo que eres, aunque te quiero más que nunca. Yo sé lo que soy (no te lo diré) y, mucho más importante aún, sé qué estoy buscando: ¿Un hombre? No, sería mucho pedir a la naturaleza. Un caballo. Eso es, quiero un caballo (y también un gato).

No puedo. Es que... hueles diferente, amor. ¿Cambiaste de olor o cambié yo?

2 comentarios:

Joze Luiz dijo...

¿Un hombre? Para mí es difícil serlo (humano hombre, hombre humano)... pero la naturaleza no te dará caballos ni gatos ... Te dará como a Vallejo un buho, un corazón... para que otros beban un poquito de él, de la abrupta arruga de tu hondo dolor... y te encontrarás a alguien con tu carga, y te aterrará ... La Ángela que llevo en mi me asusta... el niño que llevo en mi me aflige... no cambian las narices, ni el olor... cambia el lugar donde pones la mirada...

querida

Angela dijo...

Ya tengo un búho. También un gato y un corazón.
Anoche encontré un cargador de mi especie, quien tampoco puede amar. Le comprendí, pero es verdad, me aterró.
Tal vez no me aterre quien sonría sin fingir fuerza.
Ojalá...