martes, diciembre 11, 2007

Equalité

Tengo tanto derecho a identificarme con el agricultor indígena de la puna cusqueña, como lo tengo de quedarme hasta las tantas de la madrugada en alguna linda cenita, discutiendo con europeos acerca de tópicos que me revuelven el estómago, aquí, en Bilbao.

Soy igual en ambos casos, tal vez con referentes distintos. Y como yo, cualquiera. Es lo que hay, mi querida
Lucía.


Y dice sentirse un poco mal por tener tanto y otros tan poco, mientras el humo empieza a hornearnos. No te sientas mal, niña, porque un par de personas que te aman han trabajado desde que naciste para “hacerte” como mejor les pareció, y eso está bien. Agradece.

Ahora que eres grande, ahora que has visto lo que pocos y puedes comparar, comparar sin ofender, pero saber la diferencia, preocúpate por aprovechar mejor las oportunidades ofrecidas por tu entorno.

¿Privilegiada? No lo creo. Con más de dónde optar, materialmente sí. Pero se trata de aquello que has entendido como “opción”, que no es universal, pese a tu pesar.

Saca de tu cabecita la idea de estar mejor. La mejoría respecto a algo sobreentiende “lo peor” del otro lado. Esto tal vez sea útil en términos económicos, pero mira, la vida es riquísima, los seres humanos, cada uno de nosotros, somos capaces de montarnos en la historia como mejor nos parece.

No te negaré que existen desventajas. Pero los opresores están en todo el mundo y siguen ocasionando injusticias…

La injusticia de morir por defender un sueño; la injusticia de quedarme pequeño por mala nutrición; la injusticia de no poder protestar, porque no sé o tengo miedo; la injusticia de no formar parte de mi realidad política que, aunque nos joda, existe, y tengo el derecho/deber de ser partícipe; la injusticia de no saber leer y permitir, con esto, que un par de listos me estafen; la injusticia de perder mis tierras; la injusticia de sentir hambre; la injusticia de sentir frío; la injusticia de vivir en la calle; la injusticia de trabajar con cinco años de edad; la injusticia de que mi madre me haya alquilado a los productores de cocaína, en la selva, porque así ayudo a mis hermanos más pequeños; la injusticia de no poder escoger el número de hijos que quiero tener; la injusticia de no poder aceptar sin vergüenza que quiero tener muchos hijos, porque es mal visto en el mundo moderno; la injusticia de tener que dedicarme a tiempo completo a mi trabajo, porque soy mujer y debo andar demostrando mi valor y mi capacidad, en vez de estar sobreentendido, aunque no se me dé la gana hacerlo notar; la injusticia de ser considerada “panfletaria” por no ser más académica en clase, sin saber (ni preguntar) qué atrocidades he debido soportar en mi vida; la injusticia de postergar proyectos, por falta de recursos; la injusticia de que destruyan mis cerros, pues la minería es progreso; la injusticia de tener que adorar al dios que me imponen; la injusticia de no querer vivir, aunque la vida sea mi única oportunidad de estar vivo.

No les mires desde arriba, guapa. No les compadezcas (no nos compadezcas). Somos tan iguales como distintas. Puedo tratar de resolver mis problemas sola, aunque un poco de ayuda no me vendría mal. Recuérdalo.

Ni siquiera el más pobre necesita lástima. Necesitamos ser iguales en derechos y en dignidad. Necesitamos que sepas: esto es un sistema. No tienes la obligación de enviarnos donaciones, nosotros no deberíamos creer tampoco que es tu obligación. La solidaridad no es obligación de nadie, sino una cualidad que nos pertenece, como animales y seres humanos. Una necesidad de supervivencia recíproca. Un modo natural de existir, que se ha perdido, porque hemos olvidado que compartimos un solo planeta.

¿Te cuento algo? Cuando empecé a trabajar en esto del desarrollo, supe, en poco tiempo, que la agencia de cooperación titular era parte de todo un movimiento actual de conservación de recursos naturales. En mi país, muchas instituciones que trabajan por las áreas protegidas, tienen en el ideario un principio básico nunca evidenciado: la naturaleza sobre los seres humanos (como si no fuéramos también parte de ella).

El bosque de neblina me sirve más sin gente, la selva sur de Perú me viene mejor sin nativos. La acción antropogénica sólo debilita los ecosistemas, y a estas alturas de la historia, los científicos, quienes todo lo saben, han descubierto que debemos cuidar, que debemos proteger, que debemos conservar cada arbolito, cada animalito, cada colchón de agua, cada banco de oxígeno.

La extrema pobreza de las familias humanas habitantes de los valiosos ecosistemas, empeora el asunto: más deforestación, más expansión agrícola, más destrucción.

No hay desprendimiento gratuito, colega. Resulta más sencillo controlar a personas “instruidas”, que a toda esa “pobre gente”. Habrá que organizar, pues, programas de educación. Habrá que capacitar y dar mejor servicio de salud, a manera de trueque, para que me escuchen. Habrá, también, que apoyar ciertas políticas expansionistas de grandes empresarios, pues con ellos seguramente el presidente podrá razonar de “igual a igual”, y tendrá menos líos de administración (y no deberá aprender quechua, que tanto asco da a alguna cultísima congresista peruana).

No hay desprendimiento gratuito, entiéndelo, asimílalo, porque será útil para entender: sí, esto es un sistema.

Empieza, como te dije al principio, valorando lo que tienes y haciendo un mejor uso de tus recursos. Ahorra agua, fuma menos, respeta a tus vecinos. No te indignes con facilidad por la pasividad de los ciudadanos de a pie, ellos no tienen la obligación de saber. En todo caso, tu obligación es decirles, informarles, convencerles de esto, de la repercusión de sus acciones, de la igualdad de derechos y dignidad, de agradecer lo que tienen y ayudar, si desean, a quienes tienen menos, sin sentir lástima, sin sentir compasión. La caridad no es la buena acción del día, para luego ir tranquilo a la cama, sino un estilo de vida, un compartir entre iguales, porque humanos somos todos, aún quienes consideras “parias”, aún quienes no quieres en tu entorno social, aún quien te cae mal, aún quien no te conoce.

Sonríe enternecida con tus niños del Sahara, aprende y comparte gratitud, pero no los mires de arriba hacia abajo (aunque seas más alta). Indígnate si ves injusticia, porque es como eres, es lo que te ha tocado y debes vivirlo, pues te hará feliz. Indígnate y actúa, como lo has hecho hasta ahora, porque es tu función.

Pero no me pidas que participe en la conversación de hoy, esa en la que filosofaban todos sobre un mensaje para conmover a la sociedad. Triste sociedad si necesita ser “conmovida” para sentir cercanos a congéneres de otras razas, de otras latitudes. Tal vez sea así, pero pese a vivir en un país donde la discriminación siempre está a la orden del día, créeme, me duele interiorizarlo, aceptarlo como legítimo y, más aún, participar.

Confía en tu entorno, en su necesidad de información. Tal vez baste saber esto, que todo es un sistema, que todo lo ocurrido afecta, rebota, y si ya lo sabes, no te corresponde echarte para atrás, aunque tengas derecho a hacerlo.

Podrás decir que confío demasiado en las personas. No te engañes, conozco un poco de todo, por resumir. Justamente por eso, insisto en confiar y respetar, que ya bastantes muertes han ocasionado quienes creyeron tener la última palabra.

Igualdad, Lucía. Igualdad, equidad y rompernos la espalda trabajando, en lo que nos ha tocado. Eso y más.

2 comentarios:

Joze Luiz dijo...

En todo el mundo se cuecen habas... desde aquellas mañanas en Piura... hasta esa conversación política en Rio de Janeiro con argentinos, uruguayos, colombianos, ecuatorianos, paraguayos, brasileros, maldiciendo las dictaduras de los setentas y ochentas... Nuestros mundos son tan chiquitos... Mientras más diversidad existe hay más identidad , es inevitable ...
Es cierto somos todos uno solo, un sistema hace todo aquello para lo que ha sido diseñado, y todos co-construimos (unos en más medida que otros) este sistema... hay tantas cosas que emergen a partir de nuestras decisiones... la conciencia de ello te da más obligaciones... ¿hasta dónde seguirá esto?... como diría el Manu...como dijo mi amigo el gato... el futuro llegó hace rato...

Qué agradable encontrar tu blog...

te leeré a menudo.

JL

Galileus dijo...

Me encanta cuando dejas entrever tu lado oscuro, lado que todos poseemos y que a veces aflora o lo hacemos aflorar (a veces).

Me quedo una frase tuya que me pareció genial: "cada uno de nosotros, somos capaces de montarnos en la historia como mejor nos parece".

Y de alguna manera esa frase permite entender (léase tolerar) a queridas amigas tuyas (léase "L")...

:)

Saludos galileanos!