jueves, abril 19, 2007

Amistad


Divagando

Quiero conocer a un hombre que no me de las gracias por mi cariño, sino que pueda acompañarme sin que el placer constante sea una condición determinante para estar juntos.

Sin comentarios.

Quiero divertirme en fiestas y viajes con amigos de verdad, de los que no hacen daño, salvo que sea estrictamente necesario.

Oye, Tefo, ¿cuándo repetimos la salida a la playa? ¡Vente para Cusco! Y trae a Kristal, jejeje…

Quiero olvidar a las personas incapaces de entender que se puede herir por omisión, y que es derecho de cualquiera intentar defenderse, aunque en el proceso haga doler.

Carla, perdóname por lo de nuestro amigo Vladimir y por no contártelo. Te prometo que esos tres meses sin hablarnos fueron una temporada realmente triste. Claudia, lo mismo, pero por nuestro otro amigo, jajajaja…

Quiero trabajar con más ganas, pues, socialmente, es la tribuna en la que mejor se muestra mi valía profesional y personal.

Menos postear y más chambear.

Quiero dedicarme a mí misma estos días, verme bonita, vestirme bien y lucir mis zapatos rojos con toda la dignidad que he dejado rezagada durante mi última falsa historia de amor.

No más huevadas de éstas. Mucha clase, muchos amigos, muchos desprecios y un gran cinturón de castidad, de ahora en adelante. Es verdad que los hombres aprecian sólo lo que les cuesta obtener, esto de la "democracia" a la hora de dar el primer paso es un mal cuento feminista.


Ella

Ayer intenté, por enésima vez en mi vida, irme al infierno. Olvidé el entorno, olvidé la belleza de estas montañas y mi anhelo por que las cosas marchen mejor. Llegué a casa, preparada, concienciada, con los trámites en marcha y los contactos establecidos. Sólo faltaban unas cuantas pitadas de yerba y ser valiente, concretar.

Pero noté algo extraño en la habitación de mi vecinita de pensión. El día anterior, me pidió dinero prestado, para ir al médico. No averigüé más al respecto, pues necesitaba tiempo para autocompadecerme y revolcarme en mi propia mierda.

Toqué su puerta y me respondió, con una voz muy débil: “¿Angelita? ¡Pasa!”.

Noté la habitación cargada a olor de medicinas y enfermedad. La vi, arropadita, con un parche enorme en la nariz, la carita hinchada, los ojos tristes y papeles ensangrentados, tirados junto a su cama.

Me operaron ayer, tenía el tabique roto en dos partes. ¿Dónde has estado?

Estuve en un mundo alterno, mi niña, aprendiendo a crecer y a vivir. Aprendiendo a amar a alguien que me ha dañado, pero sin intención de hacerlo. Aprendiendo a perdonar y a amansar todos mis demonios, pues no me dejan sonreír. Llorando de nostalgia y de dolor al corazón, esperando que toda esta negrura acabe de una vez, para poder ver de frente y con claridad esa, su sonrisa, que tanto añoro, y esos ojos cargaditos de alegría, por verme a mí.

¿Y tú, amiga, que preguntas por mí y eres la que está realmente mal? ¿Cómo vas?

4 comentarios:

Myriam dijo...

En momentos como estos se aprecia el cariño de aquellos que están a nuestro alrededor y que a veces les damos tan poco en contraste con aquellos que les hemos dado tanto y que nos hacen sufrir.

Cuidate y sigue hacia adelante, tan abierta y avezada como siempre.

susana dijo...

precioso post angelita...

Angela dijo...

Muchas gracias, amigas. Y perdónenme por la falta de atención y dedicación en mis temporadas "tontas". Es bueno tener tantas hermanas y tantos hermanos por eleccion.
Las quiero mucho.

Lariza dijo...

me gusto mucho...jaja cusnto añoro esos dias..con todo y medicinas!!!