martes, marzo 14, 2006

Una simple catarsis

.

He aprendido a convivir con personas de todo tipo, y a mantener mi adquirido cinismo en constante movimiento, como lagunas de oxidación, para que toda la caca que asimilo no acabe pudriéndose, y engangrenándome el criterio, hasta dejarme completamente sin conciencia (es decir, para no acabar “madurando” tal como lo han hecho muchos “adultos” a mi alrededor).

No entiendo cuál es el sentido de tener como socio estratégico de un proceso de desarrollo a una municipalidad y su alcalde. Es decir, de poder se puede, pero tendríamos que tener garantía de la completa despolitización de la autoridad edil de marras, lo cual es casi imposible. Tampoco entiendo por qué todos los líderes que uno encuentra en el camino, tienen aspiraciones de gobierno.

Por último, no entiendo el criterio de selección que han tenido mis colegas con los líderes locales, pues casi todos están enmarañados en conflictos de intereses personales, políticos, económicos, dimes, diretes, y un súper largo etcétera. Puedo contar con los dedos de una sola mano mutilada a las personas que no quisieran ser alcaldes o ganar dinero, luego de sacar adelante algún proyecto de desarrollo… ¡En todo un distrito!

Bueno, quizás sea mi falta de experiencia lo que me hace hablar así, pero la verdad es que al primer favor político/económico que me pida un buen funcionario municipal, incluso hojas para sus impresiones, le retiraría muchas responsabilidades (y confianza). Si esperan asistencialismo, pase y sirva como antecedente, pero que yo lo promueva, que parte de mi estrategia de intervención sea dar regalos o comida, para comprometer a la gente a participar en actividades que, a fin de cuentas, son para su beneficio, no sé, me parece sumamente, eh… indecente.

Quizás estoy fantaseando, pero tal vez sea mejor si uno dedica más recursos humanos al tema de la sensibilización, personas buenas, que sepan escuchar y que gusten de compartir y conocer comunidades, convivir con ellas, establecer vínculos de amistad, tener la buena educación de interesarse por la cultura local, de respetar las costumbres y tradiciones, saberse los nombres de los vecinos (yo no me los sé completos), sin meterse en chismes de pueblo chico, claro está…

Hace falta preparar bien al personal que sale al campo, capacitarlos para ser buenos visitantes, buenos vecinos, buenos amigos, en fin, GENTE. Hace falta, además, tomarse un buen rato (quizás 4 meses, si Dios quiere y la Cooperación Internacional nos lo financia) para conocer la comunidad, apropiarla y aprender a respetarla.

Pero no, se tiene que hablar directamente con el alcalde, porque él es el jefe de todo (aunque los Tenientes Gobernadores de cada caserío representen al mismísimo Presidente de la República) y a él hay que rendir cuentas y ofrecer beneficios, casi siempre políticos, para que se le dé la gana facilitarnos la vida en SU zona.

A veces el alcalde entorpece las cosas, porque tiene mil cosas más que hacer además de formar parte del “equipo”, pero, fuera de esos inconvenientes, colabora. Pero tiene más gente a su alrededor, asesores, buenos o malos, pésimamente preparados, con mucha experiencia de trabajo, eso sí, pero además con unos egos tan, pero tan grandes, que nuestro trabajo (al menos el mío) parece reducido a lamerle los pies y darle siempre por su lado. Y bueno, con parte de nuestro bonito grupo laboral haciendo eso todo el tiempo, ¿qué se le va a pedir a una de las trabajadoras más mocosas?

Y así en todo, incluso a la hora de armar una presentación ante el M.A., filial "Canas". Veo que mi colega ha dado 15 minutos de espacio a un alcalde, para las palabras de bienvenida, otros 15 minutos al que presentará las actividades, 15 minutos más a otro alcalde, para que presente nuestro Programa y 20 minutos a uno de los jefes de la citada municipalidad. Luego de eso, no define tiempo, pero quedan 5 ponentes más: un técnico de campo y 4 agricultores. En la agenda sólo dice: a partir de las 10.35, hasta la 1 de la tarde, incluida la ronda de preguntas…

O sea… 2 horas con 25 minutos entre 4 ponencias y ronda de preguntas... ¡Una presentación total de 4 horas y media! Les digo que es demasiado, sobre todo los primeros. Que por favor reduzcan la exposición de los 2 alcaldes, más el jefe, más el representante del ministerio a 5 minutos cada uno, ordenando bien sus esquemas y lo que van a decir. Que el técnico y los productores que vienen después sí van a necesitar más tiempo, que pongamos 20 minutos como tope y los preparemos bien, que las dudas serían respondidas en el tiempo de ronda de preguntas, que para eso está… ¡Que no podemos alargarnos más de 2 horas y media en una actividad de este estilo, y que aún así ese tiempo es demasiado!

Lo dije objetivamente, pero tal parece que ofendí al jefe presente hasta el fondo de su alma. En ese momento me culpó por no saber cómo funcionaban las cosas en campo, y nunca pudo ponerse de acuerdo en si porque los agricultores acabarían adueñándose del micro, o hablando cuatro cosas y ya. Le dije que para eso era la preparación. Me volvió a recordar que no conozco a la gente de campo. Me pareció una falta de respeto responderle que tanto como él, al punto de creerlos débiles mentales, no.

Luego empezó a disparatar tratando de explicarme que si quería que reduzca su tiempo a 5 minutos, tenía que preparar el discurso una semana. En cambio, si le decía que hable una hora, no tendría ni que prepararse. Y continuó desmintiéndose a sí mismo, contándome que era importante contar absolutamente todo el proceso de formación de asociaciones productivas, porque la exposición era ante ingenieros agrónomos y ellos no podían quedarse con dudas (y yo, para entonces, estaba preguntándome para qué ajos servía la ronda de preguntas), que era importante dar tanta importancia a la autoridad, como a los agricultores, porque el sistema era circular y no íbamos a dejar claro el mensaje de un distrito fortalecido, si no explicábamos ese sistema, y "perdóname por lo que te voy a decir", "disculpa que te interrumpa", y otras expresiones seudo diplomáticas, mal disimulando una ira que crecía y crecía…

Traté de disculparme diciendo que no quería entrometerme en cosas de especialistas, que ellos conocían mejor que yo los esquemas y contenidos de los que hablarían, que sólo les estaba pidiendo que reduzcan todo a lo esencial, por consideración a los invitados y la prensa, y a nosotros mismos, no nos vayamos a meter en camisa de once varas. Pero nada, inutilidad total.

En aquél momento de la discusión eran ya casi las 7 de la noche, y yo tenía que llevar mi pequeña mascota a casa, a que coma, y recoger una jaula en casa de los padres de mi enamorado (ya les contaré de esto). Entonces, salí incluso antes que mi compañera de equipo acabe de dar la razón a la autoridad política, pero tuve tiempo de notar un desganado “de acuerdo” del jefe, al informársele que su discurso duraría 10 minutos.

Luego de eso, pasé a cosas más importantes para mi vida. Y ya falta poco, ya falta poco, pacieeeeencia…

1 comentario:

Angel dijo...

¿Tons era cierto lo de la lechuza? (cuando Claudia lo mencionó pensé que hablaba metafóricamente, ja).

Y sobre los líos esos con pseudopolíticos... haces bien en tomarlo con calma, que gente así te encontrarás en todos lados, siempre, y si te haces hígado por todos pues... terminas con una úlcera como la de mi papá.

Buen detalle el cuadro de Munch. Muy útil para ilustrar estados alterados (ganas de decirle sus cuatro verdades a algunas personas y no poder, por ejemplo).

P.D. Mañana sale en Magenta un cuentito llamado Benigno ¿te suena?