viernes, marzo 03, 2006

El vestido

El dilema que el día de hoy me ha embargado es uno de los más idiotas que han ocupado mi tiempo en los últimos años: un vestido de fiesta.

Hace 4 años, este problemita se habría resuelto en dos minutos, llamando a mi abuela. Ella, modista de antaño y con fama en Sullana, tomaba medidas, me acompañaba a comprar la tela, y en menos de dos semanas, tenía el chisme listo para usar, en la fiesta de graduación que corresponda.

Recuerdo que me hizo un lindo vestido negro, sencillo y largo, muy acorde con mis tendencias del momento, que usé una y otra vez, hasta que lo perdí de vista.

Fui con el vestido negro aquél a la graduación de David, en ese entonces uno de mis amigos más queridos. Todo estaba bien, hasta que encontré por ahí a una de las amigas más elegantes de mi catálogo, quien me miró atentamente y me dijo: “demasiado tétrica”. Le dije: “soy yo, ¿qué esperabas?”. Reímos y se acabó.

Desde entonces no asistí a ninguna fiesta (3 en 3 años) con otro traje, pues estas tensiones de buscar vestido no fueron hechas para mí, que ya otras preocupaciones la vida trae…

Pero algo pasó. Luego de haber vivido unos años en Piura, me choqué de nariz con una triste y usual realidad: las mujeres se fijan en cómo van vestidas las demás, catalogan imagen, hilillos sueltos, tela y modista. Hacen sus cálculos mentales del precio y te destrozan impíamente. Y yo, hasta el momento, viviendo engañada, creyendo que a las fiestas uno iba a pasárselo bien, y ya.

Me invitaron a un matrimonio el año pasado, y por sugerencia del medio generalizado, opté por serle infiel a mi abuelita, y recurrir a mi amiga, la más elegante del catálogo, para pedirle consejo y asesoría. Ella optó por prestarme uno de sus preciosos vestidos importados de USA, full New York. La verdad es que me encantó cómo me quedó, era inmensamente bonito, tanto que me dio mala espina llevarlo conmigo, pues supuse que algo malo le pasaría.

Por la predisposición a arruinar una prenda demasiado cara para mi rústico pellejo, tuve todas las precauciones posibles con ella. Me la probé en casa, para que David me viera. Le gustó, pero opinó que ese vestido tenía más de una puesta, y notó un huequito en la gasa, atrás, cerca del cierre. No le di importancia al detalle y seguí sintiéndome feliz por usar semejante belleza.

Llegó el día de la fiesta. Continué cuidando el vestido, dentro de lo posible. Además, disfruté estar allí luciendo enamorado por primera vez en Piura, conversando con viejos amigos y toda la diversión posible.

Luego, por viajes y cosas, tardé en llevar el vestidito a la lavandería. Pasé a recogerlo 3 días después, para devolvérselo a la dueña en calidad de urgente. Lo recibí, revisé muy por encima, y lo entregué, forrado en plástico, completamente extenso y pleno.

Al día siguiente, mi amiga llegó a mi oficina. Con una sonrisa incómoda, los ojos brillantes y todo lo calmada que pudo, me dijo:

  • El vestido huele horrible… ¡Y tiene un hueco enorme en la parte de atrás, junto al cierre! Yo no me di cuenta, sino Paty, que lo iba a usar en un reinado… El olor debe ser de la lavandería, el hueco, no sé. Por favor, llévalo otra vez a lavar…


En fin, huelga decir que me sentí avergonzadísima y completamente entristecida por lo que había pasado. Odié a todos los que me sugirieron que opte por una modista renombrada, o por lo que sea que no tuviera que ver con mi abuela (lo confieso, también odié a David por animarme a buscar otros vestidos aparte de los que habían en mi ropero). Pero nadie tenía la culpa de nada, salvo yo, por no avisar a tiempo del hueco, por no cuidar mejor el vestido y, por último, por preferir parafernalias sociales, estupideces de viejas habladoras y gente de “otro level”. ¡Al carajo!

Mi nick del Messenger por esos días fue: “creo que tengo escamas”. Lo cierto es que me deprimí, sin llegar a necesitar ansiolíticos, gracias a Dios (eso vino después y por otros motivos).

Intenté pagar el vestido a mi amiga y se ofendió con la oferta. Ella es buena y me quiere. Cuando se le falla a alguien así, duele más. Pero no hemos vuelto a hablar del tema.

Y hasta hace un rato, me estaba doliendo el estómago y casi me salían lágrimas de no poder optar entre mi abuelita y alguna modista de Piura, porque me toca ir, en unos días, al matrimonio de una prima de mi enamorado. Estoy con poca plata y el hecho de sentirme así de tonta e indecisa con un asunto que patea todos mis complejos e imperfecciones, me hacía doler la cabeza. ¿Para qué miento? Lloré.

Entre párrafo y párrafo de este post, levanté mi trasero, tomé el teléfono y llamé a la mamá Blanca:

- Mamita, quiero que me hagas un vestido… ¡Pero quiero que sea el más bonito de todos los vestidos bonitos que me has hecho!
- Yo te lo hago, hijita, pero tú me tienes que dar el modelo y lo adaptamos a tus medidas…
- Sí, mamita. Lo quiero para (tal día).
- ¡Ah, sí hay tiempo!
- Pero tú me acompañas a comprar la tela, ¿sí?
- Claro, yo voy, si quieres la compramos en Piura.
- ¡Ya! Pero que sea la próxima semana, que me dan un adelanto, porque ahorita no tengo nada de plata.
- Ya, no hay problema, hijita…
- Oki. Y dime, ¿cuánto me va a costar?
- ¿Cómo que cuánto? ¡A ti no te cobro!
- No pues, así no es… Ya, mira, compramos la tela y vemos, pero de todos modos te voy a pagar, porque ya lo tenía presupuestado.
- Ya, hijita, pero no te preocupes…

Y bueno, pese a que algunos moscardones mal situados en mi conciencia me están recitando complejos y poses en las dos orejas, creo que he optado por lo más correcto y sensato.

¿Por qué todo tiene que resultarme tan existencial? Pedazo de inmadura emocional, eso es lo que soy. Pero bueno, sigo viva.

.

3 comentarios:

Julio Cesar dijo...

Angela, las cosas hechas en casa son mejores veo que tu mamita tiene un arte de hacer de la tela una belleza mas de un completo, la belleza de ser tu misma y de lo que quieres usar, que dia tan especial, hoy o mañana, pero como tu dices, es mejor caer antes y luego saber caer, pero siempre levantarse ay mismito y eso es lo que tu enseñas en tu post, me encanto tu relato.
un abrazo cuidate mucho y que pases un bonito fin de semana

Ernesto dijo...

Pasala bien y luce tu vestido :)
Me has hecho recordar que tuve que mandarme a hacer mi primer terno justo por la boda de una amiga que se casaba en Pacasmayo, lo he usado poco porque aca en España no se estilan los colores claros... en fin.... (me quedara aun?)
Me acuerdo que mi abuela paterna, que en paz descanse, tenia su maquina de coser donde en su momento cosio con cariño varias cosas para mi hermana .... en fin... una generacion que ha sido relevada completamente (que sera de la marca Singer?) y que en España es considerada por algunos como una señal de atraso... que sabran ellos!!!!
PD. Ayer vi el concierto pensando que te hubiera gustado estar aca.

Vestidos de 15 años blancos dijo...

Un buen rato me has hecho pasar con este relato de vestido tan maravilloso