martes, julio 17, 2007

Canción fúnebre


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M
Cuando vi “Réquiem…”, dejé de fumar marihuana todo el día, todos los días.
A
Cuando vi “Réquiem…”, dejé de meterme el dedo para vomitar…
M
¿Eras bulímica? ¡Qué tonta!
A
¿Te drogabas todo el tiempo? ¡Qué tonto!
M
Sí, pues…
A
… Sí, pues.

Ficha Técnica

Dirección: Darren Aronofsky.
País: USA.
Año: 2000.
Duración: 102 min.
Interpretación: Ellen Burstyn (Sara Goldfarb), Jared Leto (Harry Goldfarb), Jennifer Connelly (Marion Silver), Marlon Wayans (Tyrone C. Love), Christopher McDonald (Tappy Tibbons), Louise Lasser (Ada), Keith David (Gran Tim), Sean Gullette (Arnold el psiquiatra).
Guión: Hubert Selby Jr. y Darren Aronofsky; basado en la novela del primero.
Producción: Eric Watson.
Música: Clint Mansell.
Interpretación cuartetos de cuerda: Kronos Quartet.
Fotografía: Matthew Libatique.
Montaje: Jay Rabinowitz.
Diseño de producción: James Chinlund.
Dirección artística: Judy Rhee.
Vestuario: Laura Jean Shannon.
Decorados: Ondine Karady.

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Sueños muertos

Es dura, como aquellos sueños en los que caes al vacío. Sabes, por cientos de referencias, que no estarás feliz al terminar de verla. Sabes, también, que la certeza de que “sólo es una película” no te sirve. Sin embargo, nos empeñamos en verla. En grupo, por si acaso. En grupo, el pudor ayudará a mitigar las reacciones más inesperadas y habrá apoyo moral, de ser necesario.

No pude evitar encontrar pinceladas de mi propia vida. Tal vez haber estado a punto de fastidiarla algunas veces, me ayudó a entender mejor por qué, en qué momento sucede que decides perderte, pese a saber que te estás perdiendo. En qué momento decides, simplemente, morir, aunque disfraces ante ti mismo ese andar hacia el infierno, como el modo en que cumplirás tus sueños.

Cuatro casos extremos de drogadicción y obsesiones. ¿Recuerdas cuando eras niño y eras feliz sólo con saber que mamá nunca iba a morir? ¿Recuerdas cuando tus subidas o bajadas de peso se resolvían llevando tu ropa donde la abuela, para que meta o saque tela de las bastillas (que, a fin y al cabo, para eso están)?

¿En qué momento empezaste a tener valor sólo por lucir bien aquél vestido, o por el dinero que llevas en los bolsillos?

Sobre todo… ¿En qué momento dejamos de lado a las personas que amamos y, muy importante, que nos aman?

Después de verla, no puedo evitar que los cabellos de mi nuca se ericen si escucho parte de la banda sonora, sobre todo la composición vertebral, Lux Aeterna, de Clint Mansell.

Hay desgracias que se pueden evitar sólo con una palabra, sólo con confiar, sólo con acompañar un ratito o llamar por teléfono a tiempo, Angela.

Los protagonistas .



Réquiem por un sueño es la historia de cuatro personas: tres jóvenes adictos a las drogas, metidos hasta el cuello en narcotráfico y una mujer mayor, madre del protagonista, que un día recibe una invitación para participar en su programa de televisión favorito y decide que eso, sólo eso, es el motivo que ahora tiene para existir.

Viuda y con un hijo inteligente, bueno y guapo, quien últimamente sólo llega a casa para robarse el televisor (una y otra vez) y comprar tóxicos sofisticados, como heroína. Ella piensa que ya no tiene razón de ser, antes cuidaba de su familia, ahora, nada. Y esa invitación a la televisión es una bendición. Debe prepararse, debe ir elegantísima y hablar de su querido Harry, de sus amigas y de su vida sencilla. Irá de rojo, piensa, como a la graduación del joven, hace algunos años.

Pero el vestido no le queda, ha subido algunos kilos… ¿Y ahora, qué puede hacer?

Su hijo la ama. Sí, la ama, pero ha perdido el sentido de lo que significa amar a una madre, además, ella está ya tan vieja y no consigue entenderla…

Él vive aparte. Tiene un mejor amigo, Tyrone, uno de los mayores ejemplos de lealtad que he visto en el cine, aunque la relación de ambos se desarrolle en un pantano; y una novia preciosa, Marion, que lo adora, confía y se apoya en él. Pero ninguno de los tres se da cuenta, tal vez por esa soberbia propia de la edad o porque ya no piensan claro, que no están capacitados para soportar a nadie, sino más bien deben buscar ayuda.

Pequeños descuidos. Dejar pasar señales de auxilio clarísimas, pero el día a día nos gana, pues, y siempre hay cosas más importantes que hacer.

El drama podría parecer excesivo, pero no por ello irreal. Por supuesto, la vida no tiene una banda sonora tan sugerente y expectante, pero sí peores consecuencias, peores escenas, peores desenlaces.

Bastaba sólo con un poco de atención para acabar mejor, con darle vueltas a algunos problemas, aunque duela pensar en ello, nada más para estar presentes, atentos, aunque no encontremos rápidamente la solución.

Pero los jóvenes de Réquiem son demasiado jóvenes. Marion es una niña fina y de buena familia, dejada de lado, pero muy bien atendida mensualmente, en su cuenta de ahorros. Tyrone ni siquiera tiene claro por qué está donde está, pero sabe que, con un poco de suerte y “buenos negocios”, estará mejor. Harry los quiere a ambos y desea tener su propio departamento, su propia familia y mucho dinero. ¿Cómo lo conseguirán? Vendiendo heroína. ¿Está bien? ¿Está mal? Qué más da. La confusión es demasiado grande y la frustración de no poder cumplir sus sueños podría ser peor que la muerte.

Sin perdón


Darren Aronofsky consiguió narrar eficazmente la vida diaria e interior de cada personaje, apoyando una buena historia en imágenes sugerentes, planos subjetivos y aberrantes, musicalización sobrecogedora y un ritmo acelerado, aunque no por eso menos descriptivo.

No hay buenos, ni malos. Los héroes son, a la vez, antihéroes. Están enfermos, se están destruyendo y no hay marcha atrás. Sufren las consecuencias de la soledad, la ausencia de un guía que pudo evitar la tragedia, si actuaba a tiempo, o de exigencias universales de belleza y bienestar.

¿Tenían derecho a querer ser felices? Claro que lo tenían. ¿Fueron adecuados los medios? Tal vez no, pero… ¿Tuvieron alguna otra opción? Quizás sí, quizás no, finalmente, no vieron a tiempo cómo hacer las cosas de otra manera, y fueron tras sus sueños, muriendo a cada paso, pero no sin ello dejar de amarse, o de ser buenos.

Una película cruda, difícil de ver, aceptar y tolerar, pero absolutamente recomendable. De hecho, tengo un hermanito quinceañero a quien no le vendría nada mal verla… ¿Han escuchado hablar del aprendizaje por defecto?

Aquí, un trailer:


Recomendación póstuma: tengan a la mano chocolates, tal vez los necesiten al terminar.

6 comentarios:

peregrino dijo...

Es una de esas películas que se hacen con otras inquietudes, que se hacen para mostrar y hacer pensar, que se hacen para decir alto y claro que algunos caminos nos llevan al desastre.

Nos leemos.

Enzo dijo...

¡Ah!

Angela dijo...

El director descubrió en la universidad que su vocación era "contar historias", y lo consigue magistralmente, sin formalismos ni moral.
La película me encanta, pero no es de esos dulces de buen humor que uno se come una y otra vez... Incluso me resulta más brutal que "Trainspoting" o "El museo de Margarita", si hablamos de dramas, no de "gore".
Recuerdo cuánto demoré en verla, sólo porque los hombres fuertes de un anterior grupo de amigos terminaron vomitando la vez que la transmitieron en el Cinefórum de la Udep.
Un abrazo y gracias por tu visita.

Martín Bolívar dijo...

Cero que la película puede ser testimonial, trata un tema de candente actualidad, que, además, sirve para reflexionar. Es un buen motivo para hacer cine, me parece.

césar castillo dijo...

hola, acabo de ver The fountain, del mismo director de 'requiem'. La he visto 6 veces en el curso de una semana y todavía siento que podría verla muchas veces más. Me encanta el argumento.

RichardChavez dijo...

Buena pelicula, no recuerdo si me drogue cuando la vi, pues en esos años estilaba drogarme y ver peliculas como Requiem, Inhala, Bala perdida (peruana). Es muy buyena pelicula.

Richard Chavez
www.richardchavez.blogspot.com