miércoles, mayo 16, 2007

Sobre "trabajo"

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Él, en su posición superior de hombre mayor, empresario exitoso, dueño de un lodge muy visitado por turistas ingleses, en Tambopata, Puerto Maldonado, decía insistentemente que nosotros sólo llegamos a fastidiar el estilo de vida de los nativos. Que en ningún lado está escrito que ellos quieren tener mayores conocimientos, que los vemos “pobres” desde afuera, porque en realidad ellos satisfacen sus necesidades de la mejor manera posible, con formas aprendidas siglos atrás.

Nos contaba orgulloso, además, que un Ese’ja, justamente ese que sirve de entretenimiento… Perdón, me corrijo: nos contaba orgulloso que el nativo Ese’ja que vive cerca de su albergue, y que, por azares del destino, puede ser observado por los turistas en su vida “natural”, lo cual les sirve para darse cuenta cómo viven los no contactados, en la selva del sur de Perú, ya tiene su propio televisor.

Comenté, un poco harta de oírle (y cansada de un viaje que ya llevaba varias horas), “sí, pues, es lo malo de estar tan cerca de la “civilización”. En cuanto se tiene un poco de dinero, se corre a comprar el televisor, olvidando otras necesidades más importantes”. Él refutó: “¿Qué? ¿Acaso no se pude comprar un televisor? ¿No tiene derecho a tener un televisor, como tú?”. Respondí, dibujando una sonrisa maligna en los labios: “Yo no tengo televisor. Desde que vivo sola, renuncié a tenerlo. Sólo veo películas y eso es una necesidad espiritual importante para mí, pero es un hábito que aprendí desde niña. Yo nací y crecí en una casa con televisor y he aprendido, luego de muchos años, que no es algo que necesito para vivir, ni siquiera para entretenerme”.

El hombre quiso seguir buscando el modo de “dejarme mal”. Preguntó si tenía celular, Internet, DVD… Bueno, que siguió exponiendo sus ideas, mientras yo pensaba, pensaba... y me iba cada vez más lejos…

Modernidad

Un estudiante de Ciencias Ambientales me dijo una vez que el deterioro de los bosques y los suelos se debía al incremento de la población mundial en los últimos 70 años. Sobre todo, la población rural. ¿Quién tuvo la culpa? Según él, las vacunas:

“Les dimos vacunas y ahora, en vez de morirse cinco de los diez hijos que tienen, como un control natural, viven, ocupan espacio, devastan los recursos naturales y son cada vez más pobres”.

¿Parece cruel? Muchos organismos de conservación de recursos naturales fundamentan sus acciones sobre esta base. La población, con sus actividades antrópicas, perjudica, de un modo u otro, el medio ambiente.

La solución, según el futuro ambientólogo, era dejar que la carencia de recursos en el campo empuje a todos sus habitantes a las ciudades, donde vivirían mal al principio, pero luego surgirían (como en los conos de Lima), y dejarán, de este modo, la selva y la montaña en paz.

Me pregunto: ¿Es que está expresa en la naturaleza humana la necesidad de habitar en la ciudad? ¿Es que el hombre no puede desarrollar su vida donde le plazca, guardando armonía con su entorno?

Lo que he citado puede herir sensibilidades (no me interesa si fastidia susceptibilidades, pues la susceptibilidad es un defecto y, como tal, debe superarse), sin embargo, aporta datos interesantes, que me han ayudado a afinar mi punto de vista respecto a los problemas de pobreza y exclusión social, que constantemente veo en mi entorno.

Es cierto que:
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Las poblaciones nativas de la selva solían vivir esparcidas por el bosque, en tribus semi-nómades. De pronto, surgió una necesidad de agruparlos (para catequizarlos, asistir a la escuela o brindarles atención médica, cualquier opción es válida y no se admiten prejuicios). Este sedentarismo ha ocasionado, entre otras cosas, el deterioro de su entorno, por la introducción de una agricultura a gran escala, crecimiento de la población, cambio de hábitos alimenticios, uso de ropa y productos “extraños” (tela sintética, papel higiénico, pasta dental) que en su ambiente natural no encajan, sino que producen mayores niveles de contaminación.

En las ciudades al menos se cuenta (o se debería contar) con sistemas adecuados para eliminar los residuos sólidos, reciclables y no reciclables, obtenidos como resultado de estos materiales. Pero en plena jungla, ¿cómo? ¿Qué se hace con ellos?

La expansión de la frontera agrícola, en la sierra, ha ocasionado el deterioro de los suelos, los bosques, los páramos, y la provisión regular de agua que estos sistemas ayudaban a mantener en el pasado.

¿Por qué tienen que usar madera para cocinar? ¿No pueden conseguirse una cocina a gas? ¡O una de querosene, si no tienen plata, porque están más baratas! Son expresiones, créanlo o no, de personas asentadas en ciudades, que nunca han tenido mayor drama vital que conseguir el número telefónico de una pizzería con servicio de delivery (y aprobar la universidad, claro).

Usan madera para construir sus casas. Siempre ha sido así. Talan los bosques para poder sembrar y alimentarse, en tantos los terrenos de la anterior cosecha recuperan los nutrientes perdidos, debido a un mal manejo del suelo e introducción de fertilizantes e insecticidas químicos.

¿Qué pasó aquí? ¿Los “brutos” no saben usar adecuadamente la tierra? No. Déjame contarte que, en el pasado, los habitantes de la sierra utilizaban para sus cultivos herramientas y tecnologías adecuadas a la dureza de la tierra, el clima y la pendiente. Además, su organización comunal (que no tiene nada que ver con doctrinas marxistas, pues fue heredada del incanato y las culturas adyacentes) les permitía hacer un buen uso del agua, bastando ésta para todos los cultivos bajo riego.

¿Qué pasó aquí, entonces? Tal vez a alguien se le ocurrió “modernizar a los brutos” introduciendo en sus labores agrícolas nuevas tecnologías: arado, tractores, químicos, transgénicos…

Sólo estos dos casos, de sierra y selva, para no ocupar mucho espacio y tiempo ajeno.
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¿Quién es el responsable, entonces?

Me gustaría que lo pienses un poco… Y me gustaría, también, que me digas si vale la pena hablar aquí de “responsables”, sino más bien de soluciones con un toque humanista y justo.

Déjalos ser

Respecto al primer tema que toqué, al inicio de este post, el “dejar que las personas hagan su vida y no medir su nivel de pobreza de acuerdo a nuestro patrón occidental”… Pecaré de poco humilde y diré que llevo en estos asuntos suficiente tiempo como para haber aprendido que no puedo medir a las personas, ni su situación, con la vara que aplico a mí misma.

No se trata de hacer que los habitantes de las zonas rurales y pobres del país, público objetivo favorito de mil y un proyectos de desarrollo, cambien de hábitos de vida. No se trata de que empiecen a vestir pantalones, comer spaghetti y hablar con acento limeño.

No. El tema aquí es hacerles ver cuánta dignidad y capacidad poseen, para hacerse valer como seres humanos y ciudadanos. Hasta ahora no he encontrado a ningún adulto, habitante de los andes, que, pese a tener algo de ganado y la olla llena todos los días, no ansíe saber leer, que "los de la ciudad" entiendan su lengua materna y recibir un buen trato cuando deba enfrentar a malencarados funcionarios públicos.

No conozco a ningún nativo de la selva a quien, pese a mantener su estilo de vida en tribus, como cazador y recolector, no le interese tener la certeza de que “los que vienen de fuera” no van a irrumpir de un momento a otro en su territorio, para quitárselo, sembrar coca "de exportación" y demás.

¿Por qué? Porque somos humanos, porque ansiamos trascender y ser respetados. Ningún poblador de la montaña más alejada debe privarse de saber cuáles son sus derechos, ni de obtener la capacidad para elegir el estilo de vida que quiera, quedarse en la puna con el frío, tranquilo, en vez de emigrar hacia algún pueblo, donde tal vez le vaya mejor, pero no le gusta, pues. Eso es libertad.

Personalmente, siento la responsabilidad de ayudar a que las condiciones de vida de mis compatriotas sean, en alguna medida, equilibradas. Que nadie se muera por nada, que los hombres entiendan que el cañazo en exceso les mata, que sus mujeres necesitan descansar cuando están embarazadas y que las niñas deben ir también a la escuela, igual que los niños.

¿Dejarles vivir como viven hasta ahora? Hasta cierto punto. Creo que ninguna sociedad progresa si su núcleo base, la familia, se funda en la desigualdad y la violencia.

Déjenme recordarles que el machismo, entre otras cosas, también es un “invento” traído de occidente.

Ahora bien, doy la razón al compañero de viaje que habló sobre el derecho de los nativos de comprar un televisor. Por supuesto que tienen ese derecho. El problema que veo en esto es el modo tan brusco con que estas tecnologías entrar en el corazón de la naturaleza, sin que haya una preparación, ni una real necesidad de las mismas (como sí la hay, por ejemplo, de la radio). Todos sabemos el daño moral y emocional que puede causar en todo tipo de personas, por más citadinas que éstas sean, la televisión de señal abierta. Bueno, por ese lado iba mi objeción.

¿Libertad? También. Yo tengo la libertad de tomar arsénico si el frasco me parece bonito, pero sin saber leer. Que es diferente a la libertad que tendría si elijo el franco aquél, sabiendo que ahí dice "arsénico" y lo que esto significa. Complicado, ¿no?

La clave es saber en qué detalles intervenir, con quiénes, a quién motivar y a quién capacitar. No importunar, no faltar el respeto, no obligar a nadie a creer en lo que yo creo. No es fácil, pero hay quienes nos dedicamos a ello y es un camino sin marcha atrás.

¿Por qué intervenir?

Porque es mi responsabilidad humana y moral. Porque, si puedo hacer algo y no lo hago, no me lo perdonaré nunca. Porque no se me da la gana dejar que tú los “califiques”, y decidas quién vive y quién no.

¿Quién eres para decidir a quién ligar las trompas de Falopio, porque, según tú, no es conveniente que tenga más hijos? ¿Te gustaría dar a luz y despertar estéril, sin tu consentimiento, sólo porque “el mundo te lo agradecerá”? ¿Te gustaría que alguien evalúe el derecho a vivir que tienen tus hijos, por estar mejor o peor dotados? ¿Te gustaría que alguien planifique tu familia sin consultarte? ¿Te gustaría que reforesten tu jardín, o te obliguen a mudarte, de un día para otro, porque encontraron petróleo en el subsuelo de tu casa y, lo siento, así es la ley peruana, ese subsuelo no es tuyo? ¿Verdad que no?

¿Por qué no te gustaría? Porque conoces, porque sabes. ¿Y las personas que viven en el campo, no saben? No, no saben de estos temas, porque su vida transcurre en otro entorno, sus prioridades son diferentes a las tuyas. Ellos no necesitan saber de átomos, como no es indispensable para ti saber arar la tierra. Entiéndelo así. A lo mejor, con eso, empiezas a generar en tu corazón un poquito de respeto, y a entender que nadie va a salvar al mundo dejando morir gente, por más "altruistas" que sean tus intenciones finales, camarada..

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2 comentarios:

Ernesto dijo...

Vamos a ver el tema es muy complejo, quieras que no la sobreabundancia de percepciones que ofrece la ciudad incita la curiosidad y llama a salir, no dando ganas de regresar.

El año pasado lei en el Readers Digest (de Sudafrica) sobre el proceso de despoblacion que sufren varias regiones de Europa precisamente las rurales, que los jovenes abandonan los pueblos y no regresan de la ciudad, tan es asi que cuando una amiga iba de visita a su pueblo con sus hijos los viejos del pueblo se ponian para mirarlos y acariciarlos puesto que un niño ya era una cosa rara en esos sitios. Se habla mucho de hacer atractivo esas zonas para que la gente no se vaya pero aun estan en eso buscando formulas, invocar inmigrantes extranjeros (cuya segunda generacion o aun la primera querran bajar a la ciudad), colocar universidades cerca o potenciar el estudio online pues saben que el joven que baja a estudiar no regresa.

Segun me dijeron en el IE, las famosas ayudas a la agricultura (parte de la razon por la cual no podemos exportar competitivamente a Europa) que da la UE son justamente parte de un mecanismo de contencion para reducir la inevitable presion sobre las ciudades.

Si Angela, me diras que me he desviado mucho, pero extrapolemos un poco, sabiendo esto, que se puede hacer para que esa informacion y conocimiento sobre la realidad no sea un iman para el abandono de las regiones rurales y selvaticas? como hacer que justamente ese conocimiento sea un aliado para que se entienda que no hay que quemar el bosque para sembrar, que el recurso maderero no es renovable, y sobre todo que su papel ahi como personas es muy importante?

nicky dijo...

Probablemente lo más difícil de entender, y aceptar, es el hecho que ninguno de nosotros tiene el derecho (y menos el deber) de cambiar las condiciones de vida de otra persona de acuerdo con nuestros criterios de "modernidad" o comodidad.
Cada persona, en su propio ámbito, debe tener la libertad plena de decidir adecuadamente sobre su destino.
Y si bien no podemos, como sociedad, intervenir en sus decisiones, creo que debemos (y podemos) generar las condiciones para que puedan tomar mejores decisiones.
Como dijiste Angela, libertad. Y como diste a entender, la libertad plena requiere de conocimiento. Solo puedo ser libre cuando soy plenamente conciente de mis decisiones y de sus implicancias.
La imposición de costumbres y modos de vida, con el prejuicio de que son los modos "correctos" ha sido, y sigue siendo, uno de los hechos más lamentables de la sociedad moderna.
Estoy enredado con el tema por cierto....de hecho es complicado y su solución, al menos en Perú, aún es lejana y oscura.