jueves, diciembre 07, 2006

¡Me bajo en la esquina! (y no quiero saber más)

Odio la Navidad. Aún no es un odio que me nazca de las entrañas y me provoque retortijones al encontrarme algún objeto luminoso, musical, totalmente descontextualizado y hasta grotesco por la calle (entiéndase por “papanoeles”, duendes, renos, muñecos de nieve, etc.). Pero ya casi, ya casi me da suficiente asco. Tal vez en un par de temporadas navideñas más…

Lo que pasa es que noto todo tan… falso. Y la falsedad no me gusta, mucho menos si se convierte en una excusa social para vender, vender más, más, más, más.

Afortunadamente no uso televisor. Sin embargo, a veces veo las tandas publicitarias en la casa donde almuerzo. No sé si será por el estrés laboral de fin de año, pero mi útero se contrae cada vez que escucho (o veo) comparar la “gloria” de Vivaldi con un delicioso y engordante panetón, nuevo producto de una vieja marca peruana.

O peor, esa publicidad de teléfonos celulares -muy ingeniosa, por cierto- en la que aparece un instructor ensayando a un grupo de sufridos “clasemedialta”, para reaccionar bonito cuando en Noche Buena algún bienintencionado pariente –o amigo- les regale “cualquier bodrio” y no el producto anunciado. Horrible.

Todo mundo celebra distintas cosas en Navidad. Algunos, el nacimiento de Jesús. Yo me considero y propago como “cristiana, pero sin credo”, aunque religiosa e históricamente eso no sea posible. En todo caso, soy seguidora ideológica de Jesucristo y asumo importante recordar el aniversario de su nacimiento y muerte, pero ya hay cosas de espiritualidad dogmática que no practico, ni busco, ni creo.

Imagino que muchos amigos y amigas se decepcionarán al leerme decir esto. Se decepcionarán, porque son buenos y me quieren mucho, de ver que no hay manera de salvar mi alma. Comprendo que confiar en que algo así realmente ocurrirá y que, además, le ocurrirá a un ser querido, es muy duro.

A mí me interesa procurar ser buena, pese a la bruja que llevo dentro.
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Y así con las navidades que celebran el nacimiento de Jesús, muy pocas ya de esas quedan y son las que menos ruido hacen en la televisión.

Expliqué lo anterior pues es justamente por respetar esta creencia que me ofende ver tanto materialismo al caminar por la calle, al encender el televisor, al escuchar hablar a personas de buena voluntad sobre el amor, la paz, las chocolatadas para niños pobres a quienes no volverán a ver el resto del año, mucho menos a sus padres, ¿a quién le importan sus padres? Seguramente son unos delincuentes, unas sinvergüenzas, por eso sus niños están como están…


No todos piensan así, lo admito, lo sé, lo resalto en negritas. No todos piensan así, muchos lo hacen con la mejor voluntad del mundo, pero el asistencialismo emotivo de la época, por compasión más que diversión, ya no me conmueve. Los niños necesitan entender las cosas a su modo y divertirse, no aprender que son dignos de compasión gratuitamente, pese a que la compasión no es mala, pero muy repetida puede desvirtuar el concepto personal de quien la recibe así, tan sin explicación, tan porque es pobre y ya. Y además, recibe lo que venga y sé grato.

La humildad es una virtud tan bonita y tan valiosa, que no se vale jugar con ella, o engañarla y usarla para hacerse el bueno.

Por otro lado, están quienes no creen en nada más allá de lo que pueden ver, pero les encanta la fecha, porque toda la familia se reúne, hay regalos, ven a la abuelita, hay regalos, se reencuentran con los primos, hay regalos, cenan un delicioso guiso de pavo (o cerdo, o venado, o pollo, o pescado, o mariscos), hay regalos. Y, en fin, que están todos reunidos, se lo pasan genial y, cabe resaltar el detalle, hay regalos.


Bueno, es que a todos nos gustan los regalos...

Llega el 24 de diciembre y ya imagino a un sinnúmero de madres gastando lo que no tienen para prepararnos algo riquísimo, que tendremos que desear hambrientos hasta las doce de la noche, después de la Misa del Gallo, a la que muchas familias tienen por tradición asistir. Son importantes las tradiciones, mantienen vivas la historia y las raíces de una sociedad. Y las Misas del Gallo son bonitas, a mí de niña me ha tocado hacer de Ángel Gabriel y de una pastorcita vestida de tafetán. Lo bueno es que ahora sé que muchas pastorcitas de verdad sí se visten de tafetán y con colores brillantísimos. Lindas.


No puedo evitar ponerme pesada en esta época, tengo demasiada sensibilidad en la piel (que no es susceptibilidad), mi cuerpo entero es pura mucosa bucal (o vaginal, o la que más absorba) y me resulta duro andar por ahí, sin enterarme, sin que me duela, sin repetirme que tampoco es justo aguarle la fiesta a mis hermanos menores, a los que todo esto aún les hace ilusión, aunque salga caro, pero son mis hermanos y, finalmente, soy parte del sistema y no voy a cambiar las cosas sola… ¡Si mis hermanos no tuvieran la cabeza tan dura!

Pero nada, pues, son tan mundanos como la humanidad normal (oda a mi “anormalidad”). Imagino que se les pasará al acabarse sus respectivas y notorias adolescencias. Ya experimentaré con mis hijos…

2 comentarios:

Ernesto dijo...

Pocos tienen la valentia de decirlo asi tan claro. Suerte al lidiar con la icomprension del mundo!
" .. bruja que llevo dentro" ? no tan asi, si no, no dirias lo que has dicho hoy.

Por cierto "panteon"? no habras tenido un wishful thinking?

Anónimo dijo...

hola pues me parece muy buena tu opinion, estoy de acuerdo con que muchas empresas solo utilican la navidad para vender y utilizan la publicidad hasta con descaro en estos tiempos para hacerte comprar lo que venden y no se preocupan por aquellos que no pueden ni siquiera ponerse un nuevo pantalon o nueva camisa, pero....
creo que lo has generalizado mucho, pues muchas empresas que intentan incrementar sus ventas para esta navidad hacen donaciones para que la gente pobre tenga sus regalos, de hecho hay una empresa aca en mi pais que con las ventas que hace dona dinero a fundaciones y una de esas fundaciones en espacial recluta a familias para que pasen un fin de semana en la navidad con niños de escasos recursos la fundacion le da dinero a la familia para que esta le compre un regalo al niño, con la idea de que pasen un tiempo compartiendo con el niño y si es posible lo adopten...

muy interesante

de nuevo sigue escribiendo asi como lo has venido haciendo saludos
att: Dävid