jueves, junio 22, 2006

Bruta, ciega, sordomuda

Lo de bruta me viene a pelo cuando castigo mis errores permitiendo que la bulimia nerviosa se adueñe de mi tino, cuando pierdo horas en el msn que luego debo recuperar en interminables madrugadas de oficina, cuando tengo la oportunidad de leer y prefiero dormir…

En fin, lo dicho, que no voy a sufrir por lo que ya ocurrió, pero tal vez sería bueno ir aprendiendo a controlar las depresiones, que sólo traen consigo gargantas amargas y kilos pírricamente perdidos, que se recuperan luego con increíble rapidez.

Aprovechar mejor el tiempo también me vendría bien. Ahora mismo debería estar almorzando y limpiando mi cuarto de alquiler, pero nooooooo… Adivina en qué productiva actividad me he quedado suspendida esta tarde.

Escribir me hace bien, no lo niego. No soy buena, tampoco mala. Estoy en entrenamiento, tal vez a futuro consiga algo importante con esto. Por lo pronto, van algunos ensayos que espero nunca descubras, porque me da un poquito de vergüenza, aunque también me son motivo de orgullo (esta bipolaridad de sentimientos sobre mí misma va a matarme un día de estos).

Hoy estar aquí, ser uno de mis post, motiva un cargo de conciencia realmente grande, pues ni siquiera será “efectivamente útil” esto por lo cual dejo en fila de espera todos los encargos de jefe y colegas. Tampoco tengo muchas ganas de ser metafórica. Estas son solo ideas a la hora de la siesta, con un cielo gris que no deja al sol picarnos los hombros y una sensación amplia de tranquilidad.

Acabo de recordar que he estado trabajando disciplinadamente toda la mañana, así que el remordimiento ahora se centra en el hecho de no estar comiendo, con el hambre que tengo, dándome un baño o atendiendo necesidades personales.

Ciega… Mañana en la tarde me entregarán mi pasaporte nuevo. Hoy, temprano, me sacaron una foto en la oficina de migraciones y salí, pese a disimular lo más que pude, con cierto gestito que tenemos todos los astigmáticos (y miopes, hipermétropes, etc…) cuando no llevamos puestos los lentes con medida.

Perdí mis anteojos informales hace una semana, en algún lugar de Chalaco… No he desecho mi mochila, pero espero sinceramente que no estén allí. Los perdí, sin mucha intención de conservarlos, ni de no tenerlos. Eran bonitos, pero tenían historia, se han envilecido subjetivamente en mí… ¡Diablos! ¡Le tengo bronca a unos anteojos!

El caso es que llevo varios días viéndolo todo con un halo brillante, sin poder definir caras a más de 3 metros de distancia. Estoy aprendiendo a identificar espaldas, formas de caminar, a adivinar palabras y utilizar al máximo el “manual focus” de la filmadora del Programa.

Eso sí, pronto me acostumbré a no esforzarme por ver nada, ¿total? Los paisajes se ven igualmente bellos, y si debo detenerme a mirar detalles de algo o alguien, será porque vale la pena y se acercará lo suficiente para facilitarme la vida. Además, si me esfuerzo mucho, puede que mi medida aumente.

A lo mejor luego consigo unos lentes de contacto… La plata para comprarlos es lo que no voy a tener en este fin de mes… Seguiré en la nebulosa hasta el 15 de julio, pues.

Si luego resulta que están en mi mochila, obsequiaré mis monturas a quien las necesite.

Sordomuda… Tal vez es porque hay cosas que, gracias a Dios, no aprendo. Y hoy tengo grandes deseos de callar, guardar en mi corazón cualquier sentimiento lindo o feo, encontrado, claro y confuso, que esté aflorando.

Quiero callarlo, callar las sonrisas y sonrojos que superan mi control y los sueños feos de la otra noche, cuando tuve frente a mí a uno de mis mayores miedos, en un escenario natural y una fotografía magistralmente lograda. Los sueños no predicen el futuro, pero sí te lanzan estrepitosamente a la cara lo que llevas en el corazón.

Y quiero permanecer callada, y quiero que esto sea sólo mío (y tal vez suyo), pero de nadie más, porque, a fin de cuentas, ¿para qué alguien más?

P.D.: Gracias por la asociación de palabra, mi ex querida Shakira.

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