lunes, abril 03, 2006

Tentaciones


Hoy tuve al diablo en frente, aunque a lo mejor sea mucho pedir llamarle “diablo”. Tenía ojos verde-pardos, que una amiga alguna vez llamó “grises”. Tal vez sea una simple cuestión de apreciación (o iluminación).

Llegó en mal momento, mal momento para mí, no para él. El muy diablo sabía que no estaba contenta, que me estaba doliendo el amor, que me sentía un poco postergada, tal es la correcta palabra y no la cambiaré por algún eufemismo, aunque duela en el alma.

Diablo maldito, diablo que, visto de cerca, guapo no es, para nada guapo… pero los ojitos claros de color bonito y expresión de niña triste, y esa foto de juventud en el DNI, igualito al enamorado mío, vista sin lentes, maldito diablo, atracción satánica, ¡sabías cuándo llegar a fastidiar y tentar!

Por algún oscuro conjuro (o un amigo boquiflojo) consiguió mi dirección electrónica. Por ahí, dicen los mayores, entran todos los males del mundo actual. Y justo por ahí, tuvo que entrar el diablo, a decir palabras dulces, sin conocerme siquiera, a contarme cuán impresionado le dejé hace tres noches, en una reunión de patas músicos donde también siempre ha de estar el diablo metido.

Con soberbia y ciega de amor por quien amo, le invité a largarse en el acto, a que nunca podría conmigo, a buscar en cabezas huecas la fijación por frases bien dichas y miradas claroscuras, falsas. El diablo ofreció disculpas y se retiró.

Esta mañana, la cosa era diferente. La soberbia mía seguía ahí, pero ya no apoyada en quien amo, pues la noche anterior, cuando por él mandé al infierno al diablo, él, ser extrañamente angélico, atravesó nuevamente una espada en mi pecho. No, la soberbia no era por amor, sino por orgullo, y por mí, y por Dios, aunque la soberbia sea un pecado.

El diablo reapareció esta mañana, y luego de un animado juego de palabras (antes prometí invitarle un cigarrillo, si a cambio me hacía compañía en trámites burócrata-mundanos), gritó en el messeger la verdad de su cercanía, su deseo de acciones prohibidas, su atracción por mí y, por qué no decirlo, la confesión de un nuevo capricho.

Por suerte, el diablo es el diablo, y no me preocupa su estado emocional. Sin embargo, la propuesta fue tan tentadora como el chocolate en plena dieta, como el helado de limón en el verano piurano, como, y tal fue el caso, la dulzura cuando duele el corazón.

La voz del diablo dijo a mi oído cosas sucias, alentadoras y halagadoras, todas a la vez, porque así es el diablo, te sabe comprar, te mima el ego, te vende mentiras y promete llevarte de la mano detrás de tus sueños.

Afortunadamente, no es esta la vez primera que el diablo camina a mi paso. Le conozco muchas mañas y le he retado tantas veces, como tantas veces he enfermado de depresión.

Invité un helado al diablo goloso, porque así la calentura humana y las ganas de pecar, en caso llegaran, serían recibidas con cabeza fría. Él continuó proponiendo cosas interesantemente prohibidas (¿a quién no le gustan las cosas prohibidas?), intentando también sembrar culpa en mi corazón, pues lo había juzgado y agredido de entrada, “nunca me había topado con alguien que supiera tantas cosas de mí, es como si me mostraras mi archivo policial. Además, como lo sabes, te pones a la defensiva y me atacas” (por lo visto, ángeles y demonios usan el mismo lenguaje).

Mi actitud defensiva es natural, diablo, pero sí, tiene que ver con que te conozco, moscardón oscuro. Estoy aquí, frente a ti, de puro temeraria, y porque confío tanto, pero tanto en mí, que no va a pasar nada, nada de nada, porque soy más fuerte, porque soy más hábil, porque…

Recordé entonces la frase que un buen amigo me enviara alguna vez (de autor traspapelado en su memoria), a propósito de una posibilidad de meterme en problemas, por soberbia, por creer demasiado en mí misma: “cuando bailas con el diablo, es él quien lleva el paso”.

Y retrocedí en mi ímpetu temerario. Y me di cuenta de la cantidad de cosas buenas que podía echar al tacho con sólo un mal entendido. Supe que ya no soy más la jovencita capaz de coquetear con el diablo, dejarse tentar y hasta caer, sin cargo de conciencia, sin perdón de doble moral, sin un ser amado al cual herir profundamente y sin nada qué perder.

Entonces, diablo, ni hablar. Salgamos de la heladería y cada quién a su sitio, no más pretensiones de empezar un juego que, aunque podamos controlar, nos va a dañar los corazones. Ni hablar, diablo, ni hablar.

A veces las costumbres antiguas son difíciles de desechar, y esa lucha se nota en los ojos, al menos la nota el diablo, que es de quien hay que cuidarse. Sigo peleando por mantener lo bueno que ahora tengo, sin embargo, ¡qué duro!... Hoy me siento humildemente victoriosa.
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11 comentarios:

Angel dijo...

A estas alturas del partido ya nada me sorprende, sobretodo viniendo de aquél...

Pero el simple hecho de que te hayas visto tentada siquiera (y por quién!!) me da naúseas. Lo siento.

Angela dijo...

Tentada a él, no... ¡tentada a la pendejada! ¿Qué? ¿No me crees lo suficientemente inescrupulosa? ¡Zafa p'allá!

Sin Tinta dijo...

Debo apuntar, al igual que Angelus, que las tentaciones demoniacas pueden adquirir cualquier forma, e incluso las menos sospechadas; con lo cual, una y otra vez tenemos que "entrenarnos" y nunca dejar de hacerlo, pues "màs sabe el diablo por viejo que por diablo".

Angela dijo...

Sí pues, amigo, eso lo sé bien. Justamente, apelando a tal verdad, es que escribí este post y he atribuido naturaleza demoníaca a un personaje real quien, a fin de cuentas, tampoco es "el diablo".

Aquí no me refiero al chico, sino a la situación... Y sí pues, más vale estar alerta.

Un abrazo!

Joe Nilson [NiiSan] dijo...

Hiciste bien, es mejor avanzar al dia siguiente sabiendo que venciste la tentacion, a pesar que quede rondando la idea en la cabeza, a que estes en un mea culpa infinito por lo acontecido, hay guerras que te mutilan fisicamente y duelen, pero las guerras que mas destruyen son esas que se pelean contra nosotros mismos, cuando nos rendimos o nos unimos a nuestro lado oscuro.

Buena eleccion la tuya Padme!.

Estas regando tu ciberpastizal.

Saludos desde RD.

JN

Anónimo dijo...

Lo que no te mata te hace más fuerte

Enzo Antonio dijo...

yo soy un diablo bueno y me gustaría saber cual es tu deseo mas preciado?
Saludos.

Angela dijo...

Dos deseos: o retroceder el tiempo y corregir algunos errores, o morir...

Anónimo dijo...

Increible q texto tan representativo a esta hora 2:57 de la madrugada en un lugubre lugar chileno

saludos Kerne...

Anónimo dijo...

los demonios me dejan pensando esta noche en Leiden, los demonios de otros amores que quieren que yo lleve su paso y que con ojos verdes o no verdes atraen mi espiritu benigno... bien por no seguirle el paso.

RuBa dijo...

cai a tu blogg por "coincidencia"
justo hoy "el diablo" se me presento....... y estube tentada a la "pendejada"........ me ah llegado esto q escribes..........
"...Supe que ya no soy más la jovencita capaz de coquetear con el diablo, dejarse tentar y hasta caer, sin cargo de conciencia, sin perdón de doble moral, sin un ser amado al cual herir profundamente y sin nada qué perder"........ amiga........ creo q "Alguien" me ah puesto en tu pagina...... gracias x ayudarme a salvar lo que tengo...... BUEN POST !!!!!!