jueves, abril 21, 2005

Agenda de hoy

Sorpresivamente me he dado cuenta de mis prioridades y he recobrado algo de la fuerza y el tiempo perdido en estos últimos días de censurable autocompasión.
No es que me sienta bien, de buenas a primeras, pero esa ansiedad que tenía clavada en la garganta de pronto me está dejando pasar saliva con bastante naturalidad. Debe ser que he cogido el mando de mi horario de trabajo nuevamente, y de mi condición de "jefa de área".
Lo cierto es que soy menos informal de lo que yo misma creo, y esto de tener que dar la cara siempre, la verdad foguea, aunque he notado que últimamente me he vuelto más tartamuda que de costumbre, y estoy hablando con un acento horrible entre piurano refinado, serrano emotivo, español petulante y medialengua monosilábica, como si fuera yo la única que ha de entenderme al abrir la bocota.
Tal vez fue el cafecito con Maritza (¡esa chica me está conociendo demasiado bien!), el súper abrazo de oso de Angelito o la plena confianza de mi jefe... quizás fueron las tres cosas juntas. Bueno, sólo espero que no me haya subido el ánimo el duro deber de enviarle un memo a uno de mis trabajadores... puf, las cosas que hay que hacer a veces (¡más tirana!).
Y bueno, me voy a Chalaco el viernes, y subo a Paloblanco el fin de semana, un caserío precioso, con la historia de todo un capítulo de mi vida. Me va a encantar reencontrarme con la gente buena, con los niños que ya han de estar enormes, con Dedo, el perro del Teniente Gobernador, y todos, todos, todos esos hermosos seres humanos que me quisieron casi sin conocerme y me recuerdan con todo su cariño. Y yo, la más ingrata, volveré luego de un año.
He convencido a un buen amigo de acompañarme, el pobre está un poco asustado, pues no he tenido reparos en describirle la parte cruda de tal caminata. Pero estoy segura de que le irá bien, además, más le vale, porque no pienso cargar con su humanidad de ciento ochenta y cinco centímetros.
Con un poco de suerte, lo convenzo para llegar hasta las Huarinjas, jejejejejejeje...
A ver qué pasa, y que mi ángel de la guarda, armado hasta los dientes y siempre en sobresaltos, el pobrecito, me cuide de una caida fenomenal por algún camino enlodado... y si me caigo, que no me rompa nada y que David consiga tomarme una buena foto.
Lo que me asusta un poco es que he estado fumando compulsivamente toda esta semana, no sé cómo me responderán los pulmones, sobre todo porque lo había dejado por varios meses. Pobre tonta débil. Shit happens, no way. Y David lleva hojas de coca.
A ver si me animo a ir a casa temprano y comer algo, o terminar de leer este libro, o dormir, que falta me hace. Gracias a Dios seguimos por aquí. Mi gastritis...

lunes, abril 18, 2005

Sobre héroes y curas

Historia de cómo se desvirtuó mi Primera Comunión y una necesaria venganza personal.

Muchas personas han de sentirse felices antes la sola idea de salir al campo, a dar un paseo familiar. A mí la idea me gustaba cuando era muy pequeña, pues papá, mamá y yo, montados en moto, llegábamos a cualquier lugar y el bendito vehículo jamás sufría desperfecto alguno.

Sin embargo, cuando crecí y ya no había más espacio en el asiento del copiloto, papá empezó a sacarnos en auto. A veces era el carro viejo del abuelo, posterior manzana de la discordia color turquesa; otras, alguno que alquilaba a sus amigos. Luego de varios paseos inolvidables, llegué a la sabia conclusión de que salir con papá, al menos en sus últimos años, que anduvo de rabia fácil y contenida ansiedad, era sinónimo de mala suerte.

Y tal, pues el carro siempre se enarenaba en la playa, o se cerraba con la llave adentro, o se le bajaba la batería, o se quemaba alguna cosa del motor, o se bajaba una llanta, o se ahogaba, o se recalentaba, o se jodía de cualquier otra manera, jodiendo con ello el buen humor inicial de mi padre y las ganas de seguir compartiendo este tipo de viajes frustrados con la familia.

Podría asegurar que se trató de una racha de mala suerte, resultado tal vez de la crisis económica, que hicieron perder a mi padre todos sus negocios de fotografía, allá por 1991, y la poca visión de futuro que tuvieron mis progenitores, por no hacerse de una pequeña fortuna familiar en vez de desperdiciar la plata en largos tratamientos de fertilidad, para poder darme hermanitos, más otras cosas de poca trascendencia, según los severos dictámenes de nuestros familiares más inteligentes y siempre mejor ubicados en el sistema.

Pero ellos siguieron viviendo su vida, con todo e hipotecas, otra historia, una de las olas más grandes que golpeó, tumbó, escribió largos capítulos de la vida familiar y nos hizo a todos como somos: ni buenos, ni malos, sólo así, y ya.

Por mí, esos dos siempre fueron capaces de todo, hasta de lo que les resultase menos agradable. En aquella época a los niños de muchas familias sullanenses nos tocaba hacer la Primera Comunión, entonces, luego de medio pelear con la monja del colegio para no tener que hacer la Catequesis allí, asesorada por chicas de tercero de secundaria, más perdidas que huevo frito en ceviche, nada más porque era su preparación para la Confirmación y así matar dos pájaros de un tiro, acabé en las reuniones de la Parroquia, cada domingo a las 10 después de la misa.

También se puso de moda hacer que los padres y la familia en pleno del/la nuevo/a receptor de hostias vayan todos juntos de la mano, como hermanos, a recibir al Señor. Pequeño problema para papá y mamá: no estaban casados por la iglesia, sólo civil, por tanto, habían vivido en pecado mortal más de 10 años de sus vidas, por tanto, no merecían el Cuerpo de Cristo, por tanto, debían arrepentirse de su concupiscencia, avergonzarse de sí mismos y proceder a arreglar el desorden, confesándose, casándose religioso y comulgando, como Dios manda y como debe ser, aunque la crisis los haya obligado después a vender los anillos. ¿Yo? Feliz de poder ir a la iglesia con mis padres juntos, como todos los demás niños.

En la Catequesis no me fue mal, conocí gente interesante, aunque no recuerdo ya quiénes. Pero este buen sabor que se me viene a la mente ha de ser porque, en su momento, hicieron bien lo suyo, respecto a lo que se refiere a irrumpir en mi vida de una u otra manera… Además, que por algún extraño motivo me tocó el grupo de los que se habían quedado “atrás” en esta loca carrera sacramental, y debí compartir interpretaciones bíblicas con “niños” de entre 13 y 16 años. Yo creo que tenía 10.

De todos modos, y ante el grupo grande, no pude dejar de sufrir complejos, es que no sé por qué siempre tuve que ser una niña tan desvergonzadamente enorme, junto a las flaquitas lindas que siempre hay en todas partes, y que eran escogidas para ser ángeles Gabrieles o vírgenes Marías en las actuaciones de Navidad, Pascua y tal. ¿Yo? De pastorcita o un extra de esos, aunque siempre me tocaba recitar la poesía de rigor.

Bueno, y entre cosa y cosa, llegó el soñado día de la Primera Comunión. Recuerdo una de las recomendaciones más bizarras de las catequistas a nuestras madres, a raíz de la leyenda negra de una niña a quien, debido a la emoción del momento, justo en pleno vestido blanco le vino la regla. Que sus hijas lleven puesta una toalla higiénica, por si acaso. Ay.

Bueno, sucedió lo de siempre: niñitas y niñitos que entran a la iglesia irradiando santidad, con las manitos juntas y las caritas inmaculadas, mientras un coro nunca bien afinado canta: “Vienen con alegría, Señor, cantando vienen con alegría, Señor…”

La ceremonia ese día fue especialmente larga… Papá, como ha tomado fotos desde que descubrió ser bueno para eso, no pudo resistir la prohibición del cura-párroco, y se mandó a sacarme algunas a mí y otros tantos. Imagino que tal atrevimiento significó para el reputado oficiante una ofensa extrema contra el Sagrado Corazón de Jesús, por ello, luego de dar la comunión a todos los niños, y a los padres, decidió que ese último de la fila no merecía el Sacrosanto Pan, y, sin más, cuando mi padre llegó a recibir la hostia, el Padrecito le dio la espalda, sin mayor explicación…

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Gracias a Dios me perdí el momento, o me habría puesto de pie y, luego de un auto condenatorio escupitajo, salido de todo ese teatro por la puerta principal, tal vez con Sound of silence de banda sonora (Hello darkness, my old friend…), dejando escandalizada a toda la sociedad sullanense y mandando al infierno todo lo que en aquél momento me significaba lo más sagrado. No, no lo vi, me distraje, pero es como si lo hubiera visto, y me duele, aún me duele.

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Papá se encerró en la habitación marital, lo más que podía encerrarse uno en una casa sin puertas, sólo cortinas. El resto de la familia pretendió que “todo normal”, pues ya había una enorme torta esperando por celebrantes alegres a su alrededor, y muchos invitados, casi ninguno buen amigo mío, a quienes debíamos acoger con suma educación y atención. Pese a que todos comentaban lo mal que se había portado el cura, nadie hizo lo que debió hacer: reclamarle con altura y palabras completas bien dichas y cortar todo tipo de celebración.

A mí por mucho tiempo me hicieron sentir que todo aquel mal rato era, ni más ni menos, otro de los arranques de esos que suele tener tu padre. Entonces, me quedó claro que todo era su culpa, y ya. Y yo no podía portarme mal, ni llorar, pues la felicidad de haber recibido ese día a Jesús superaba cualquier tonto sufrimiento, incluso si el que sufría era papá, debíamos celebrarlo ante todos, como si nada hubiera pasado.

Yo tenía 11 años y mi idea del sufrimiento ajeno se limitaba a imágenes de niños hambrientos, a quienes habría ayudado encantada en todo lo que hubiese podido. Pero no existía aún para mí el dolor que pueden ocasionar las palabras sin insulto, o un acto que no sea golpear. No entendía por qué papá se lo estaba pasando tan mal, pero sí sabía, sí sabía, sí sabía…

Lloré mucho. Quería mandar todo al diablo, quitarme ese tonto vestido blanco que no me gustaba, pero que me lo hicieron porque una prima mayor que viven en Piura y es niña “bien” llevó uno igualito el año pasado, sólo que a ella le lucía mejor porque es flaca; desbaratarme el peinado de “angelito”, los zapatos de correa que me estaban sacando ampollas, las pantimedias, la cadenita con el Espíritu Santo y, de ser posible, vomitar. Sí, vomitar la hostia, porque me la había dado ese cerdo, y ese cerdo ofendió a mi padre públicamente, injustamente, con todo lo que él hizo por estar allí y merecer el Cuerpo de Cristo y tanta cosa… ese cerdo horrible no podía representar a Jesús, no podía representar a nadie santo, a nadie. Y no quería haber recibido de él mi Primera Comunión. No. No. Una negación más para mi vida. No.

Papá, al verme llorar, dejó el encierro y me dijo que todo estaba bien, que no debía preocuparme. Que disfrutara, que Jesús estaba dentro de mí ahora, que me sienta feliz por ello, y que siempre lo lleve en mi corazón. Pero lo cierto es que papá nunca tuvo tiempo para enseñarme a perdonar al cura, y humano al fin, le comprendo.

Reverendo Padre Rafael Vértiz Cabrejos, me vomito en su sacrosanta cabeza, y me da igual si luego de morir le santifican. Me da absolutamente igual.

viernes, abril 15, 2005

El Bautizo

Un día llegué a casa llorando, porque mi abuela de turno había estado fastidiándome con la cantaleta de siempre: “Estás mora, estás mora, estás mora, el diablo te va a llevar”. Eso, más mi inscripción e ingreso con el primer lugar en un reconocido colegio católico de Sullana-city, obligaron al trío de reverendas ovejas negras de sus respectivas familias (o sea, mamá, papá y yo, por herencia), a tomar una decisión urgente: hay que bautizar a la niña.

Tenía 5 años, casi 6, y una férrea convicción de “chiquivieja” de que mis pecados de entonces no eran lo suficientemente grandes para merecerme el infierno, en caso muriera, y de que estaba mal usado el término “moro” como despectivo, puesto que así llamaban los españoles medievales a los árabes musulmanes (esos morenotes guapos de las películas “de romanos”), y ser musulmán no te condenaba al infierno, como mis tantas abuelas pretendían hacerme creer.

Pero bueno, pese al soporte moral de mis padres, estaba demasiado pequeña para aguantar aquello que entonces aún no conocía con el nombre de “presión social”, ergo, que me bauticen, para que mis abuelas me dejen en paz, mis padrinos me den regalos y haya brindis con mucha comida.

Los más viejos y las más viejas de casa me convencieron para comportarme todo el día como un verdadero angelito. Ya que Dios entrará hoy a tu corazón, tienes que ser la más buena de las niñas, para que no se moleste contigo. Ya que hoy quedarás limpia del Pecado Original (Eva, mujer mala, muy mala), debes demostrar a Dios que eres merecedora de ser una cristiana (Jesusito de mi vida, fuiste niño, como yo…). Mira, ya la van a bautizar por fin, a ver si se le sale de una vez el diablo (¿quién pidió opinión a los vecinos?) Ten cuidado, Angelita, porque como hoy te convertirás en hija de Dios (¿y qué he sido desde que nací hasta hoy?), seguramente el demonio estará envidioso y verá el modo de tentarte. Debes portarte bien.

Lo cierto es que llegué a pensar que al echarme en la cabeza el agua bendita habría una especie de transfiguración luminosa que me cegaría. La idea de que un horrible bicho rojo con cuernos y cola puntiaguda salga de mi pecho, quemándose y huyendo por todo el altar de la Iglesia Matriz, también cruzó por mi mente. Muy preocupada, fui donde el único hombre que podía disipar mis dudas y asegurarme protección incondicional: mi papá, quien sin hacer notar mucho su escepticismo para con ciertas normativas católicas, me explicó la naturaleza exagerada de todas las afirmaciones oídas, y hasta llegamos a la conclusión de que tanta prudencia era sólo para asegurar que me quede sentada en un solo lugar, sin correr el riesgo de ensuciar mi lindo vestidito blanco.

Recuerdo claramente la ceremonia, niños de varias edades, malcriados, llorando toda la misa, velitas prendidas, yo con dos lacitos de esos redondos de encajes en la cabeza, experimentos de madre joven (quizás recordando a sus muñecas), cuando las hijas están chiquitas y no se pueden defender. El padre que la ofició hablaba raro, como en esas pelis “de romanos” donde salían mis muy guapos y mal ponderados moros. Es que es español, hijita. Ah… ¿O sea que él es del país de donde vino Cristóbal Colón, cuando descubrió América? Sí… ¿Y él vino con ellos? No, no es tan viejo… ¿Entonces él ya vino en avión? Por favor, cállense los dos. Ya, mamá.

Cuando el cura me hizo la señal de la cruz, con ceniza, imaginé ardor y me quedó la sensación de tener un aspa en bajo relieve en la frente, hasta que el espejo destruyó mi primera fantasía estigmática. Respecto al agua, sé que hubo trabajo extra del pobre hombre que debió cargarme y ponerme al nivel de la pila bautismal, porque ya entonces estaba bastante gordita. Y claro, la nena sugestionada y con imaginación de futura novelista (antes de conocer el significado de la palabra “frustración”), sintió que realmente alguna especie de ángel había entrado en ella, y fue, más que nunca, una verdadera y levitante “Hija de Dios”. Eso, hasta el brindis y la fiesta…

Siempre que había reunión familiar bipolar (o sea, familia del padre y familia de la madre), nos juntábamos todos en casa de la Mami Fila, que era más grande y de material noble, o sea, con más “caché”, para que los sobrinos banqueros, tíos terratenientes y demás yerbas se sientan cómodos, y todos bajo en “anfitrionato” de la Mami Fila. Claro, eso en teoría, porque a la hora de la hora, las criollísimas hermanas Coronado de la calle Callao, familia materna, se adueñaban de la cocina y entre todos los dispares invitados armaban tal jarana de sanjuanitos, huayno, trova y rock, que daban ganas de nunca acabar la cosa, pese a que los niños, niñas y pre adolescentes de la familia acabábamos siempre rezagados al patio central, en una mesa horrible pero bien arregladita para la ocasión, con tenedores de plástico y mandiles anti desastres nucleares.

Yo, para la segunda presa de pavo y en pleno desconocimiento de la virtud de la templanza (es decir, con ganas de pedir una tercera presa), aún estaba creyéndome eso de que Dios me había tocado justo ese día, y no ningún otro. Entonces, con mis alitas de ángel enano totalmente desplegadas, mi estigma en la frente, un místico mutismo y siempre andando en el aire, llegué hasta la sala, exclusividad de los “mayores”, y sin mayor explicación me senté entre papá y algún invitado, para compartir la cena con ellos.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac, tic, tac… (Siempre estos silencios, ¡siempre, siempre, siempre!)

¿Qué haces aquí, niña? ¿No ves que este lugar es para los adultos? ¡Te vas a ensuciar si no comes en la mesa! –No fue la Mami Fila, alguna de sus primas quizás sí- Pero quería estar aquí con ustedes… Además, están celebrando mi bautizo… (Tal vez ese fue el inicio de una larga lucha contra todo)

Sé que tensé a la gente, pero papá no se inmutó. Me dejó quedarme a su lado, imagino que tan contento como cualquiera de nosotros cuando nuestro hermano menor nos joroba el plan de chupar a gusto con los amigos, pero aguantando, como hombre de 30 años y padre de una niña de 5, casi 6. Sostuve la cantaleta del bautizo, celebración por mí, tengo derecho a estar en la fiesta, hasta que pude conocer a todos los adultos del lugar, la mayoría medianamente desconocidos.

Saludé a uno por uno. Mi madrina, Amanda, me regaló una muñeca que debió gustarme mucho, aunque prefería una Barbie (sí, tal como lo leen). Mi padrino, de cuyo nombre prefiero no acordarme, una tarjeta de ahorros, de esas del Banco Popular, donde yo no ahorraría ni un sol, sino papá y mamá, para luego poder pagarme los útiles escolares y cosas de esas. Debí poner una cara nada angelical y desinteresada cuando el padrino me la entregó, pues papá se apresuró a abrirla para explicarme que aquello… ¡Qué lindo, tiene dibujitos en colores! ¡Mi padrino me ha regalado una libretita para dibujar!... No, Angelita, no, no es para dibujar, es para que aquí vayas poniendo tus platita y… Todo el rollo.

Bueno, a partir de ese día, en cada celebración donde la Mami Fila, si era para los niños, nos traían a la sala y no nos volvían a relegar al patio. Senté un precedente, ni más ni menos, y por muchos años, me sentí orgullosa de ello.

Curioso recordar mi bautizo a estas alturas, cuando con 24 años llevo encima la vergüenza de no haber hecho la Confirmación, primero porque no se me daba la gana pasar los domingos por la mañana mirando chicos, que la preparación para eso era, una alcahuetería total. Segundo, porque aún ahora y con lo creyente que soy, no le encuentro sentido a algunos ritos, y no estoy para confirmar nada.

Post Data: Unos días antes de cumplir 15 años mandé a mi padrino muy a la mierda porque le escuché hablar mal, mal, mal de mi papá, y aunque mocosa, india, malcriada y todo, a mi viejo le debo lealtad, y no voy a respetarte nomás porque eres mi padrino, pues mi padre es más importante que tú, y al carajo conmigo si con esto me estoy ganando mil veces el infierno, ¡hipócrita!

Y es que uno nunca sabe a dónde te llevará la vida, por mucho que te lo pienses antes de empezar a vivirla, ¿verdad?

Test del Dalai Lama

Ya que estoy dedicada a tonterías, me acaba de llegar una de esas cadenas con una súper presentación en Power Point, dizque elaborada por el Dalai Lama (por cierto, sigue siendo el niñito ese que se hizo amigo de Brad Pitt en la película aquella donde el cuero en cuestión la hace de alpinista austriaco, ¿verdad?).
Bueno, he aquí mis resultados:
1) Según el test, la primera pregunta define la personalidad del participante, descubriendo su tabla de valores a través de sus preferencias zoológicas (o zoofílicas, si viene al caso). Entonces:
  • Caballo: orgullosa por sobre todas las cosas, no podía ser de otra manera.
  • Perro: a mi ego le sigue mi amor por la familia. Nada mal, nada mal.
  • Mariposa: el amor, el amor... ninguna novedad.
  • Pájaro: dinero. El dinero está por debajo de mi orgullo, mi familia y el amor. Quien diga que soy una mujer metalizada, acaba de darse contra un gran muro.
  • Colibrí: carrera. Eso explica por qué la descuido con tanta facilidad.
2) La segunda, relacionando nombres con colores, es para ver a qué persona tenemos siempre en nuestra mente, a saber:
  • Amarillo: Justin, alguien a quien nunca olvidaré (¡qué miedo!... pero podría jurar haber puesto otro nombre en el test, cuando todavía no conocía a este tipo... jejejejejeje)... esto debería llamarse más bien: "fijación de turno".
  • Naranja: mi madre, a quien puedo considerar una verdadera amiga. Totalmente de acuerdo.
  • Rojo: una persona a la que amo de verdad... ¡¡¡¿¿¿HELEN???!!!
  • Blanco: mi alma gemela... ANGELITOOOO!!! Obvio, microbio!
  • Verde: Carla, otra persona inolvidable.
3) Aquí se trata de cómo defino a cada quién, según la virtud o vicio que atribuya a los animalitos en lista:
  • Perro: fidelidad. Define mi yo. Indiscutible.
  • Gato: independencia. Define a mi pareja. Sí, siempre me los topo así, me gustan así, ni modo.
  • Rata: envidia. Mis enemigos y creo que los enemigos de todo el que, desafortunadamente, los tiene.
  • Café: estimulante. Nada menos que mi definición del sexo... jajajajajajajaja, de acuerdo sin medida!
  • Mar: azul (tal vez influenciada por el diseño de la presentación Power Point), es como veo la vida... ahora, no sé si será triste, o limpia y refrescante, o los dos, o tal...
4) Mi día preferido de la semana: el domingo, porque se puede hacer de todo, desde visitar a la familia, tontear con los amigos y ver al chico especial, cuando lo hay, y que te importe un bledo el trabajo.
Luego viene la parte fea: manda este mensaje a no sé cuántos contactos, bla, bla, bla...
Bueno, divierte. Soy un caballo orgulloso, que ama a su familia, revolotea tras el amor cual mariposa, le interesa medianamente el dinero y se preocupa razonablemente de su carrera. Sí, cómo no... Pero sí... ¡Qué cólera! A ver qué tonteras me llegan luego, pa' compartir.
Paz.

Cuestión de orgullo

Me encontré con el cura a la hora del almuerzo, me dijo que conversemos, antes de pedírselo, y aproveché la familiaridad para hacer el berrinche que me hacía falta hacer desde hace algunos meses, por todo y por todos, pero para empezar, por mí misma, que a veces me canso de llorar sólo por las noches y ser la buena del canto, cuando anda ve tú quién te tiene consideración a la hora de la guerra.

Estuve antipatiquísima, espero francamente no haberle provocado mayor disgusto con ello. Todo normal, contándole por qué me sentía tan mal y explicándole que la gran crisis emocional que me abrumaba no iba más allá de los hemisferios de mi cerebro. Y entre tal avalancha de rocas y puras rocas, que no entiendo, que estoy mal hecha, que Dios debió ajustarme bien algunos tornillos, porque cómo es posible que sea una mujer tan emprendedora en el trabajo, con tales y cuales capacidades y fama –infundada- de buena profesional (que la voy a perder, como me descuide), si para las cuestiones amatorias y estupideces relacionadas soy algo menos que un absoluto cero a la izquierda, con todo y depresiones mortales que sólo me queman neuronas y me hacen perder el tiempo.

El cura opina que mi último mal prospecto de novio es de los mejores que me he topado, pues de todos modos semejante ejemplar no me convenía, por lo extraño (me gusta más es palabra, que extranjero), por lo diferente y por todo. Yo lo sé desde siempre, pero desde siempre lo tuve ignorado, pese a haber tenido el valor de escribirlo (me basta con repasar algunos posts). Es que tengo tendencia a joderme la vida, no hay duda, y a dar el brazo a torcer sólo porque una sonrisa “inocente” me conmovió el útero, toda una vergüenza para el modelo de mujer moderna.

Y explico por qué es uno de los mejores: porque se dio cuenta que la cosa no iba a funcionar, y que no estoy en edad de buscar más tonteos, porque a los 24 años ya se busca algo estable y a lo mejor eso él lo sabe. Y seguro ha de ser verdad, porque mis contemporáneas ya están, mayoritariamente, tejiendo botines, o haciendo maestría en España, que con eso ya definieron lo bien que les va en la vida, lo encaminadas que están y lo mugre envidiosa que me siento en este momento.

Entiendo que para los hombres, como para las mujeres con más cerebro que yo, buscar pareja ha de ser como ir de compras: miran, miran más, quizás uno, dos o tres salidas, y luego igual devuelven el producto, porque no acabó de convencerlos… ¡Y ay del producto que se hizo ilusiones, que no está en su derecho! ¡Débil mental!

La verdad, a estas alturas y con muy poca experiencia en inteligencia emocional, no se me ocurre cómo podría conocer a alguien que “como pareja sí va a funcionar”. Esperar a que Dios me lo diga sería una buena opción, pero a veces habla tan, pero tan bajito… Igual despotrico porque estoy un poco podrida de todo el día de hoy, y deprimida, y al diablo conmigo. No sé, a esperar y tener paciencia y hacer cosas útiles y ya. ¿Esperar qué? Puf, la sola idea de querer a algún nuevo extraño me enferma, ya bastante esfuerzo hago para no salir corriendo ante la posibilidad de dejarme besar, con lo que me cuesta…

Gracias al Cielo ahora no conozco a nadie, puedo estar tranquila y salvaguardada de todo riesgo. Es que gustar de alguien y crear ilusiones me debilita de tal manera, que finalmente preferiría saber mi futuro de la A a la Z, haciéndome a la idea de que estaré sola, pero sin sobresaltos.

Pensando en frío y a la mala, veo con tristeza que este lío en el que estoy metida es culpa mía, sin derecho a réplica. Y mi mayor problema no es el amor no correspondido, porque nunca hubo amor de ningún tipo, no hay que ser cínicos. Mi jodido trauma es el orgullo herido y un miedo agorero que no acabo de entender, pero que a estas alturas ya debería darme soberanamente igual.

Y, que frente al cura, que además me quiere muchísimo y a quien estimo como a un abuelo frente al cual puedo patalear a voluntad, reconocí que bien me valdría especializarse en el fino arte del “agarre”, que es usar y ser usado sin que duela, satisfacer de paso necesidades hormonales y disminuir el stress. Me ha dicho que debo confesarme por el par de agarres confesados en su oficina, y se asustó de cuánto daño podría hacer si me lo propongo, porque así son las mujeres.

Pero… ¿de qué otro modo puedo comportarme, si cada vez que me enamoro (y mi último problema no es el caso) me despachan de lo lindo “porque no quiero que sufras, niña, y eres una mujer extraordinaria, con mucho que dar al mundo”, sí, cómo no?... Aunque más me convendría quedarme quieta un rato, no descartaré la posibilidad. Y ya.

miércoles, abril 13, 2005

Algunas conversaciones

Reproducción casi fiel de diálogo con Eddy, el viernes 8 de abril de 2005:

Yo: Por cierto, Adrián me escribió, me dijo que se iba a Irlanda, ahora ya debe estar allá…
Eddy: Así que te escribió el Chato…
Yo: Sí, y la verdad estoy contenta. Todavía me duele un poquito lo que pasó, pero no le puedo quitar al chico el mérito de haber sido súper decidido y seguro en su momento, además…
Eddy: De eso justamente quería hablar. Conversé con Justin.
Yo: Ah…
Eddy: Mira… al tipo le han llenado la cabeza de cosas, y ha sido ese cojudo de “Toñito”*, él ha sido, aunque dice que no ha metido su nariz para nada.
Yo: No entiendo, ¿qué pudo haberle dicho? ¿Le ha hablado mal de mí?
Eddy: No, no, no, nada de eso. Lo que pasa, en resumen, es que el pata se muere por ti, ¿ya? Está peor que tú, de verdad…
Yo: ¿Sabes que no te lo creo?
Eddy: Créeme que es verdad, soy hombre, tengo hijos, sé de esto.
Yo: Ya, pero yo sé más de esa clase de gente que viene de otros países y…
Eddy: Angelita, hombre es hombre, no seas terca. Y es eso, que te quiere, pero está confundido, tiene muchas dudas, sobre todo respecto a tu trabajo y su trabajo.
(Nos llama “Toñito”)
Eddy: Mira, él te va a llamar cuando estés en Piura…
Yo: No me va a llamar, el otro día estuvo y no me llamó.
Eddy: Esta vez sí, porque tiene muchas cosas que decirte. Pero… no sé, es que de verdad le han llenado la cabeza de cojudeces y no sé… ¿crees que cuando estés con él, porque van a estar, seas suficientemente fuerte para soportar esas dudas, esos temores y tanto prejuicio que se ha formado el huevón éste?
Yo: …No… no voy a aguantar, pero él no vendrá a mí si no los supera solito primero. En fin, ya no sé qué pensar. Todo este asunto me da miedo, y no de ahora. Simplemente me da miedo.

Ahora, algunas frases de Justin en el msn, el lunes 11 de abril del 2005:

“No he cambiado de parecer, la atracción que sentía por ti se ha desvanecido, creo que mejor estoy solo ahora, no sé luego pero no creo que tú debas esperar tanto, siento que no va a funcionar y no te quiero hacer daño. Me conozco, sé que en un mes o dos, te voy a hacer daño y no quiero que eso pase… Espero no haber perdido tu amistad. Me siento como una mierda ahora, pero después podría haber sido peor. No creas que yo no siento que he perdido, eres una mujer especial y siempre te vas a distinguir de la masa”…

Lo más que pude responder a todo, fue: ¿Sabes que me suenas a una mezcla especialmente rara de mis dos últimos ex?

Hoy, 13 de abril del 2005, viene Félix, otro de los amigos que trabajan conmigo, allá en la sierra:

Félix: Oe, flaquita, ¿y qué es de tu estimado?
Yo: Mi estimado está en Irlanda, me escribió ayer, manda saludos…
Félix: ¿Justin se fue a Irlanda?
Yo: ¡Ah, no! Te estaba hablando de Adrián. Justin está en Piura, con sus colegas, no sé dónde.
Félix: ¿Y qué tal va eso?
Yo: El lunes me dio una patada en el culo espectacular. Después de eso ya entendí el mensaje, y zafo cuerpo. Lo que sí me joroba es que los roles se hayan invertido de este modo. Él hizo la bulla, y yo soy la botada. En fin, cosas que pasan…
Félix: Pero yo no entiendo a ese muchacho. Pone cara de enamorado imbécil cuando te ve, se pone de todos los colores cuando lo fastidiamos contigo, y luego, en dos semanas no va a dejar de quererte y tal…
Yo: Félix, todo es posible. Pero bueno, yo ya tengo mis propios entuertos mentales y sentimentales para resolver esta semana, además solita, así que debo agradecerle al Cielo que me haya quitado de encima un potencial problema de cien kilos…
Félix: Para mí que “Toñito” le ha lavado el cerebro… Sí pues, si lo ha andado jodiendo todo el tiempo, delante de nosotros, con la cantaleta de que él no puede implicarse con nadie, que se acuerde de la chica anterior, que se tuvo que ir por el problema que tuvo con un pata, que tú, que la Universidad, que esto, y aquello… ¡Ese huevón la ha fastidiado todita!
Yo: (después de abortar una estúpida sonrisa que estaba por nacer en mi rostro) No sé, no sé, si él se ha dejado convencer de ese modo es porque ha querido, tan grandote y tan inseguro (y tan imbécil, y tan débil, y tan inestable, y tan como los que suelen gustarme y dañarme). Ya no me importa, ahora me toca estar en otras. Caso cerrado.

Eso.

Lo cuento porque quiero sacarlo. Pero de todos modos ya tuve tiempo de pensar, darme cuenta que estoy confundida, que debo superar muchas cosas y que ya tengo bastante con mis rollos, como para cargarme los de alguien más.

Otra cosa, que la última vez que me hice la fuerte y pretendí ser amiga de alguien a quien quería diferente, e intenté descubrir los motivos ocultos que tuvo para apartarme de sí, acabé a punto de saltar de un puente, de lo débil, triste e inútil que me sentía. Hay una especie de hombres que me debilita sobremanera y Justin pertenece a dicha especie, por tanto, aquí botadita estoy bien. Además, ¿por qué no iba a ser verdad todo eso que me dijo? Mejor le creo, porque me resulta más fácil eso que alucinar algún tipo de heroísmo, por demás tirado de los pelos.

Algo que sí me gustaría preguntarme en público es: ¿Acaso la gente no tiene nada que hacer, que vive metiéndose en líos ajenos?...

Y para lo que venga respecto al tema: ¡¡¡¡¡¡NO TE ESCUCHO, SOY DE PALO, TENGO OREJAS DE PESCADO!!!!!!

Me voy a comer.

* Toñito (oculto su nombre real, por razones de subsistencia) trabaja conmigo y además es jefe de una ONG en la zona. Él solicitó el voluntariado de Justin. Él, además, una vez me dijo que en caso de pelearse con el muchacho, le bastaba una llamada a Lima, al jefe máximo de su organización, para mandarlo de vuelta a los Estados Unidos... No, no es mala gente, pero está bien nóico, el pobre. Miren que hablar así de su compañero y mano derecha. Menos mal que hace mucho tiempo aprendí a controlar el asco.

Boulevard de los sueños rotos

¿Han notado que los adolescentes de ahora, que se consideran fanáticos de Green Day, creen con ello que han descubierto la pólvora? ¡Já! Si supieran lo que son de viejos, aunque siguen vendiéndose como chiquillos rebeldes. Pero eso no les quita lo de buenos músicos. Y sigo perdiendo mi tiempo.

Boulevard of Broken Dreams

Camino un camino solitario
El único que siempre he conocido
No sé a dónde va
Pero es un hogar para mí y camino solo

Camino esta calle vacía
En el Boulevard de los Sueños Rotos
Donde la ciudad duerme
Y soy el único y camino solo

Camino solo
Camino solo…

Mi sombra es lo único que camina a mi lado
El bajo de mi corazón es lo único que está latiendo
A veces deseo que alguien de afuera me encuentre
Mientras tanto camino solo

Camino bajo la línea
Que me divide en alguna parte en mi mente
En el borde
Del límite y donde camino solo

Lee entre líneas
Qué carajos y todo está bien
Revisa mis signos vitales
Para saber que aún estoy vivo a camino solo

Camino solo
Camino solo…

Mi sombra es lo único que camina a mi lado
El bajo de mi corazón es lo único que está latiendo
A veces deseo que alguien de afuera me encuentre
Mientras tanto camino solo
------------------------
Tan tán...

Ahora tengo sueño, me voy a casa, a leer y dormir, que necesito descansar. Estoy con sobrecarga de todo, casi caigo de nariz esta tarde en la oficina y me siento débil. Debe haber mucha energía negativa en el ambiente, qué sé yo. Si hubiera aprendido a leer las cartas, creo que ahora sería rica. Me largo.

martes, abril 12, 2005

Traducción del dolor...

¡Na! No es filosofía teológica (aquello de que el sufrimiento es perfectamente encomendable por una buena causa, te ayuda a formarte como persona y todo ese rollo), es otra de las canciones que me gustan, traducida. Claro, ésta la traduje con ayuda, hace algunos meses… mi buen EX profe de inglés (¡are, ajo, erda!):

Pain*
By Jimmy Eat World

No siento lo que siempre sentí
Lo sé
Voy a sonreír y no preocuparme
Intento, pero demuestra que…

Cualquier persona puede construir lo que yo construí
Y mejor ahora
Cualquier persona puede encontrar las mismas pastillas blancas
Esto elimina mi dolor…

Es una mentira, un beso con los ojos abiertos.
Y él** no está respirando de nuevo
Todo me molesta…
(Elimina mi dolor)
Olvídalo, fueron tiempos horribles
No puedo dejar de fastidiarme.

Nunca pensé que caminaría lejos de ti
Lo hice
Pero es una falsa sensación de éxito
Todo el tiempo huí

Cualquier persona puede ver cada defecto mío
Y no es duro
Cualquier persona puede decir que está sobre todo esto
Esto elimina mi dolor…

Es una mentira, un beso con los ojos abiertos.
Y él no está respirando de nuevo
Todo me molesta…
(Elimina mi dolor)
Olvídalo, fueron tiempos horribles
No puedo dejar de fastidiarme.

Elimina mi dolor
Elimina mi dolor
¡Elimina mi dolor!

*La versión en inglés está publicada en un post de enero, de este mismo blog.
** “Ella”, en la versión original.

Without you, Adrian still hurt...

So… el olvido no fue real. Lo supe anoche, cuando sentí miseria al tratar de alcanzar con mi mano el lugar donde Adrián solía dormir al principio, en un colchón, junto a mi cama, y no le encontré. Por enésima vez, desde que se fue, no le encontré.

Me había deshecho de todos los recuerdos, pero sólo tiré a la basura las fotos impresas. La rosa que debí pagar a falta de sencillo, en Lima, la tarjetita esa con el hijo del gato de Silvestre diciendo: “Y pensar que pudimos no habernos conocido… ¿te imaginas de lo que nos estaríamos perdiendo”?, la carta –única carta-, donde me entregaba el corazón, y sobre todo, la enorme y fea coneja de peluche, “Conejita” a sugerencia suya, seguían por ahí, en uno de los armarios. Los recuperé.

Recordé que me regaló a Conejita para no sentirme sola. Me sentía sola, pese a Dios, por eso la traje conmigo, y conversé con ella. Le conté la historia de un amor fugaz, que fue amor y que ella existe gracias a todo ese enredo emocional. Le dije que era un recuerdo de un joven que me había tratado como a una princesa y, pese a que después de un tiempo todo se fue al diablo, porque forzamos las cosas y tratamos de mantenernos juntos en la distancia, esas pocas horas no saldrán de mi corazón. Quizás el tiempo las vele un poco, como ha velado tantos otros recuerdos, pero no saldrán, lo sé.

Por lo menos ahora sé que no se olvida a alguien creando ilusiones con otro muchacho, y es definitivo. Ya se me hacía raro lo mucho que tardé en olvidar a un ex anterior, estando sola y sin ninguna propuesta interesante. En todo caso, ahora que me toca enfrentar un par de desasosiegos amorosos, sola otra vez, lo haré como Dios manda y sin cartas bajo la manga, entonces, al final, todo estará mejor que ahora.

Con respecto a mi conversación vía msn de ayer, con el gringo, tuve la prudencia de guardarla y he descubierto que él piensa que me ha roto el corazón, lo cual le extraña, pues nunca estuvimos juntos. Es que le dije: “¿Acaso tienes miedo de irte, dejándome enamorada y con el corazón roto? ¡Pero si ni siquiera sabemos si nos vamos a enamorar o no!”… Claro, como el hombre no es hispano hablante, no entendió. He aquí la verdad: no tengo el corazón roto, pero sí estoy emocionalmente desilusionada y racionalmente decepcionada.

Además, siento curiosidad por saber qué es eso tan malo que él podría hacerme dentro de un par de meses, motivo por el cual acabó dando por absolutamente terminado el asunto, porque se conoce… pero la curiosidad mató al gato, y yo soy un gato que ya lleva 4 vidas menos… me quedan 3 y debo cuidarlas mejor, sin dejar de correr riesgos, que si no, me aburriría como esfinge bajo la arena.

A trabajar.
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"Pero como tú bien dices, la señora realidad es la verdadera gran triunfadora de todas nuestras batallas. Y quizás a veces se venga de nosotros porque no le rendimos el culto que ella exige de las personas realistas".
De una de las tantas cartas de Fernanda María, a Juan Manuel.
Alfredo Bryce Echenique
La Amigdalitis de Tarzán

lunes, abril 11, 2005

Último minuto...

Justin entra al msn, y luego de conversar sobre varias cosas sin sentido, me cuenta que la gran atracción que sentía por mí se acabó, que se conoce y no me quiere dañar en el futuro... En fin, caso cerrado. Soy especial aquí y en todo el mundo, él siente que ha perdido mucho, pero es mejor así. Me siento... irremediablemente sola. Llorando en la ofi, cómo no. En fin, por algo pasan las cosas, y Dios sigue allí. Por lo menos no tuve que destrozarme frente a él. Y ya pasará, todo pasa... todo pasa.

Un día de esos que a veces pasan

Prometí a mamá, en mensaje grabado al teléfono, que llegaría a casa el domingo por la mañana, bien tempranito. Ya no viajo hoy, apenas he llegado de Chalaco y estoy bastante cansadita, leeré un rato y luego me iré a dormir. Besito a los niños.

Pero dormir antes de medianoche, en el último par de meses, se me ha hecho casi imposible. Escribí hasta acabar la batería de una laptop HP prestada, y después, a esperar que el sueño venza el ruido de la fiestaza esa que estaba sucediendo a un estadio Miguel Grau de distancia, allá en las casas de los de la Fuerza Aérea del Perú. Debí cerrar todas las ventanas de mi cuarto-minidepa, pues más me valía el calor piurano de 9 de abril (recién bajada de los 13 C de mi Chalaco querido y los -2 C del aire acondicionado de la camioneta institucional) que la fastidiosa orquesta y mesa, mesa, mesa que más aplauda le mando, le mando, le mando la niña…

Al final, mi bien tempranito acabó en un despertar prolongado de diez a once y media de la mañana, en pleno domingo, con resfrío y ganas de dormir tres días más.

Puse a tocar mi disco pirata de Bob Marley (a Justin le encanta el reagge), hice lo de cada mañana, mecánicamente: un baño, un vaso de yogurt pese al cual no consigo bajar de peso, dientes limpios, alistar mochila, esa negra pequeñita que ya es parte de mi historia de viajes, pese a ser de catálogo para niñas lindas, llevar a Sullana sólo lo justo y necesario, pues me vuelvo esta misma noche, que mañana no quiero andar en apuros para llegar a la oficina.

Queda poco dinero en el monedero, así que caminaré hasta donde las combis. El walkman en estos casos es infaltable, pero algo no va bien, no funciona… ¡Carajo, se sulfataron las pilas! Las saco y limpio el desastre con papel higiénico, que este pobre aparatito, de más de cinco años (me lo regaló una alemana, en Pamplona-España, bastante viejo ya, hacia noviembre del año 2000), aguanta todo y tiene para rato.

Me voy, mi madre ha de estar preocupada (la costumbre que tienen las madres de preocuparse siempre). Los autos van y vienen al ritmo de Return to inocense, esa cosa new age que suena muy bien, aunque aquello de “just believe in destiny” no acaba de convencerme. Da igual, el canto del indio norteamericano suena tan bien, que ya pueden decirme que soy de Ganímedes. Le siguen los rumanos de Dragostea din tei y todos empiezan a andar más rápido que el planeta y ese otro loquito que anda sin camisa por Miraflores mueve los brazos al ritmo de la canción (la verdad es que siempre los va moviendo y hasta parece divertirse… imagino que no ha de sufrir de stress). Me hace gracia, me río un poco, sigo cantando, dice en las cintas de seguridad de algunas toallas higiénicas (literatura para el baño) que caminar rápido 20 minutos al día ayuda a muchas cosas en el cuerpo, a ver si es verdad.

Un viaje normal, leyendo. Ahora ando en La amigdalitis de Tarzán. Fernanda María de la Trinidad de Monte Montes me recuerda a la tipa que se peina frente a mí, todas las mañana, mientras yo la miro en el espejo (digo que es ella la que se peina, porque yo siempre voy con las greñas por todos lados, menos en su lugar). Sobre todo me la recuerda durante su última relación amorosa, con el españolito lindo ese llamado Adrián. ¡Dios! ¿Acaso todas las mujeres, cuando nos ponemos a escribir enamoradas, sonamos igual de ingenuas, dulces, positivas y locas de contentas por la vida?... Ay…

Llego a casa y me recibe con toda la efusión del mundo… el gato. ¿Y mi mamá? ¿Y los niños? ¡Caramba, sólo falta que se hayan ido a comer afuera! ¿No habrán oído mi mensaje? Sí, veo que han dejado algo haciéndose en la cocina. En fin, sigo leyendo y los espero. Se me ha dado por marcar algunas frases del libro, ¿total? es mío. Insisto en sentirme identificada, pero mi lapicero no da más. Oye, gato, ¿me traes otro lapicero que tengo en la mochila, allá en el cuarto de visitas-mi cuarto? Mierda de animal, sería bueno que sirvieras para algo en vez de quedarte allí mirándome con cara de me das sueño, niña. Igual se te quiere, bicho inútil, y ya voy yo, pues.

Mamá y David llegan. Mamá me abraza y me besa. David, hola bruja, ¿por qué has llegado tarde? ¡Seguramente te quedaste dormida! Ay, mi precioso hermanito de diez años. ¿Y Miguel? Todo el tiempo estuvo durmiendo en su cuarto y yo ni enterada. Es que le toca servir como monaguillo los domingos a las seis de la mañana. Mamá me cuenta que está de novio con una niñita del coro que fue su alumna particular el año pasado. Una gordita relinda, relinda. Bueno, al menos el energúmeno de doce años tiene buenos gustos, y así se aprende, vaya (y la hermana mayor, teniendo primer novio a los 20, por celos de papá).

Hice un trato conmigo esta mañana: no leería en casa, ni me encerraría en el cuarto mío y de visitas, que las pocas horas con la familia hay que aprovecharlas bien, siquiera para soportar a David imitando a todos los animales del mundo, para llamar la atención, y resistirse a darme besitos porque soy muy bruja, pero dándomelos al final, y más, más, más bruja aún, pero todos los besitos que le pida.

¿Con mamá? Que el viaje a Chalaco me gustó, es decir, que me gustó el trayecto, porque puse un disco con varias de las canciones que me gustan, y la Ing. Santa Clara, a quien tenía muy mal ponderada y súper prejuiciada en mi dizque librepensadora cabeza, no paró de seguir el ritmo de casi todas y matarse de risa cuando me oía cantar I will survive con pasión (Did you used to cry?... Sometimes… Really?... Yes, but now I’m not the stupid little girl still in love with him –no, si ya me interesé en otro, que no puedo con mi genio).

¿Y Justin, cómo está? (como si lo conocieras, madre querida) No le vi… de hecho, estuve procurando no verle, creo que no me habría ido bien. Pero tampoco le vi de lejos ni nada. Bueno, es mejor así, hijita. Ya, pero me cuenta un amigo en común que han conversado hace tres días, y sí, que él está igual o peor que yo, o sea, que de verdad se muere por mí, sin embargo, tiene la cabeza hecha un caos, un mar de dudas.

La cantaleta aquella del trabajo, de que siente que no funcionará, que no quiere dañarme (¿que tan bueno…?), que esto y aquello y, en resumen, que está que se muere de miedo, mujer, y tiene muchos, muchos prejuicios, pero te quiere. Y no sé, la verdad es que me he cansado cuando hablé con él, de tantas vueltas que le da a las cosas, y me preocupa, ¿crees que cuando estén juntos ustedes dos, puedas aguantar todas sus dudas? No sé, supongo que si alguna vez llegamos a estar juntos (posibilidad reducida ahora a un milímetro cuadrado), será porque el niño éste despejó sus dudas (y con ello, contribuyó a despejar las que me ha producido a mí) y no podría ser de otro modo, que ya estoy hasta aquí de inestables.

La verdad, mami, esto que me ha dicho el buen Eddy me gusta. Es decir, estemos o no, sé que el chico no ha dejado de sentir esto de un día para otro, tan inconstante no es. Y que se lo piense mucho también es bueno, pero no me gustaría que acabe decidiendo por los dos. En todo caso, si no quiere, ni hablar, que esto no es cosa de uno. Y si quiere… ay, la verdad no sé qué haría en ese caso, ahora la que se siente en retroceso soy yo, aunque hay por él un cariño muy grande, mamá, y unas ganas enormes de hacerle partícipe de muchas cosas que me pasan, de mi vida, qué sé yo. Y bueno hijita, estas cosas o funcionan o no funcionan. Si funcionan, peor para ti porque acabas casada. Y si no funcionan, pues por lo menos ya no me preocupo tanto, porque ya sé que se te pasa, y rápido, además. Sí pues, ma, todo pasa, salvo que un par se ponga a trabajar para que no sea así.

Y David me muestra cómo los pingüinos se deslizan sobre la panza por el hielo, o en este caso, sobre el piso recién encerado. No me quejo, todo lo ha limpiado él. Miguel, descifrando la utilidad de la masturbación, porque su catequista le ha dicho que no desfogar podría convertirlo en un violador, pues acumularía tanta energía como el big-bang o como carajos se haya llamado el primer punto que explotó y se convirtió en el universo. O sea, mastúrbate o acabarás creando vías lácteas. Le dije a mi pequeño casi adolescente que por ahora se conforme con sus sueños eróticos, que ya son bastante desfogue de energía creadora de universos alternos, y que consulte libros de biología si quiere ver tetas sin salirse de contexto (sugerencia de Davidelhermanitomenor). Y ya buscaré al famoso catequista ese el próximo fin de semana, a ver si le explico un par de cosas…

En esas andábamos, conversando de todo un poco, hasta que alguien, quizás fue Miguel, a propósito de la edad del Papa, recordó a la Mami Fila, señora que durante muchos años fue mi abuela, pues crió a mi padre (bastante mal en algunos sentidos), desde los dos años de edad. No la he visto desde el 2001, cuando acusó judicialmente a mi madre de haberle robado unas joyas, caso que se fue al diablo por falta de pruebas, fundamento y por delatarse totalmente mal intencionada: un pequeño demonio llamado “hijo legítimo” se lo sugirió como parte de un oscuro trato para volver a tratarla como madre y retirar todas las denuncias de demencia senil que tenía puestas contra ella, motivo por el cual mi padre luchó hasta casi desquiciarse y morir accidentado haciendo una de las cosas que mejor sabía hacer: andar en motocicleta.

Uno o dos meses después de la reconciliación familiar (madre, hijo, nuera y nietas brasileñas) y con la madre mía denunciada, la nueva señora de la casa echó a la calle a la anciana, que entonces tendría 87 años. Volvieron a atosigarla con juicios que siguen hasta hoy. Mamá tuvo una idea peregrina: quizás debamos ver por ella. Yo, en uno de mis momentos más despiadados, ni hablar, que si luego se muere con nosotros, otra vez vamos a tener a esa gente encima. Déjala, que ya encontrará a alguien. La Mami Fila pasó por varias casas, hasta llegar a la contigua a la ex suya, ahora de su muy legítimo hijo y muy legítima y gringa nuera: donde la tía Irmita, su hermana segunda, viuda y al cuidado de la familia de uno de sus hijos, todos enemigos declarados de mi padre en vida. No es que arrastre pleitos ajenos, sino que creo en una cosa llamada lealtad, por ello, conmigo la cosa no era y ya.

… y volvemos a la edad del Papa. Nos dimos cuenta que la Mami Fila ya ha pasado los 90 años. Y yo, a media voz, suelto la siguiente frase, asquerosa, injusta y sin ningún derecho a existir: “Creo que todas las tonterías y malas cosas que hizo cuando tuvo el control de todo, le están costando ahora la vida tan larga que tiene. Está viendo morir a todos sus seres queridos. Dios quiera que ella no se muera sola”.

En ese momento, sonó el teléfono. Un tío de los varios que tengo, anunciando algo triste: ha fallecido la señora Irmita… (¡Carajo!)

Mis hermanos, mamá y yo, en silencio. Mamá se hace la fuerte y la resentida, pero es buena, buenísima, aunque con el ánimo endurecido y desconfianza casi enfermiza en la gente que no comparte su sangre o una muy íntima amistad. Ay, hijita, la señora Fila se ha quedado totalmente sola… pobrecita, cuánto le habrá chocado la muerte de su hermana… ¿Y ahora, quién la va a cuidar? Afortunadamente le queda un hermano más, mamá, mi padrino, ese al que mandé al infierno, viejo de mierda, cuando tenía quince años, porque le escuché hablar sucio, muy sucio de mi papá por teléfono, con el hijo legítimo. Supongo que se irá a vivir con él.

¿Mereceré algo bueno, con toda esta carga negra encima? La verdad, sí. Es decir, no le he hecho daño a nadie, y si ahora estoy peleada con media familia paterna, no será porque yo lo provoqué, pues durante los líos aquellos yo era una simple adolescente gorda, bonita, metalera y algo autista. En fin, una oración por la tía Irmita y la mamá Fila. Ojalá fuera posible… no sé, de todos modos tendré que tragar un poco de orgullosa saliva y verla, uno de estos días, que con ella no me interesa morirme molesta, pese a que jodió alguna vez, y jodió mucho.

Por mi parte –y aparte-, mejor hago bien las cosas ahora. No quiero juzgar, no quiero juzgar, no quiero juzgar… pero tampoco quiero pasármelo así de mal cuando sea vieja. ¡Qué lío mental! Al menos ha mandado el asunto “Justin” a un honorabilísimo segundo plano. En fin, a ver si más tarde encuentro al cura, que suele saber de este tipo de cosas y, mejor aún, es amigo. Tengo sueño.

jueves, abril 07, 2005

Perra

Hoy me enteré que los encargados del arreglo de computadoras aquí en el trabajo no han cumplido con reparar mi CPU (después de 3 semanas en su poder). He debido agilizar algunos trámites, y a ver si ahora sí.
Mientras tanto, como escribo desde máquina ajena, no podré colgar fotos aquí. De todos modos me voy a Chalaco el finde (me muero de miedo), y traeré más imágenes, mejores imágenes. Me esmeraré en lo que sí soy buena, y al carajo con todo lo demás.
Mientras tanto, la traducción de "Bitch", de Meredith Brooks, uno de mis más fieles soundtracks de vida :
Odio al mundo hoy
eres demasiado bueno para mí
lo sé, pero no puedo cambiar
pero me ves quizás como si fuera un ángel por dentro
inocente y dulce...
Ayer lloré
debí relevarme para ver el lado más suave
puedo entender lo confundido que estabas
no te envidio
soy un poquito de todo
todo envuelto en uno
Soy una perra, soy una amante
soy una niña, soy una madre
soy una pecadora, soy una santa
y no me da vergüenza
soy tu infierno, soy tu sueño
no soy nada en el medio
Tú sabes que no lo querrás de otra manera
Entonces déjame ser como soy
esto podría significar que tú tienes que ser
un hombre más fuerte
y eso te asegurará
cuando empiece a ponerte nervioso
y me vaya a los extremos
mañana cambiaré
y el hoy no significará nada
Sólo cuando lo piensas, me consideras fuera
Las estaciones cambian
Pienso que es alucinantes, haces lo que quieres
Y no trates de salvarme

Soy una perra, soy una broma
Soy una diosa en mis rodillas
Cuando te duele, cuando sufres
Soy tu ángel encubierto
Me he caído, me he levantado
No puedes decir que no he vivido
Sabes que no lo querrás de otra manera

Bueno, ya está. Mañana… en fin, mañana será mañana, aunque me muero de miedo. De todos modos, la canción me ha animado a seguir dando tumbos por la vida. Ya habrá mejores comedias.

sábado, abril 02, 2005

Terquedad

Me resisto a creer que algo no va a funcionar sólo por corazonadas, y a llorar por lo que todavía no me ha hecho daño. Aún no está activado mi seguro de vida, así que no pienso morirme por cosas que sólo matan a personajes de literatura. Y me encantaría estar siempre de buen humor.

viernes, abril 01, 2005

¿Que por qué la gente inteligente hace cosas estúpidas?

Por las hormonas, ni más, ni menos. Porque la educación amorosa promedio, en estos lares, se limita a tratar de mantener la virginidad (o en el peor de los casos, la "estabilidad"), pero nadie te enseña a "no enamorarte tan rápido", cosa que por Europa, Estados Unidos y Primer Mundo en general, está envidiablemente de moda.
Bueno... no sé por qué me voy tan lejos, si estoy rodeada de personas que piensan así, y me lo repiten a coro siempre, en todas las tonalidades imaginables (e inimaginables). Ya quisiera no necesitar de nadie de ese modo. Como dice Gabo, el amor es un sentimiento infame que nos condena a necesitar irracionalmente de una persona desconocida. Sí pues, es eso, necesidad de alguien que no tendría que estar ahí, que su presencia general es un accidente y, como tal, tendría que ser evitado y fácilmente olvidado. Pero no, ya empieza uno (o una) a querer contarle cosas, a querer verle, a querer hacerle partícipe de su vida (que le importa a medias, siendo optimistas), etc., etc., etc...
Me encantaría volver a la época en que esperar por alguien bajo la lluvia dos horas, mil horas, como un perro, me parecía una soberana estupidez que ningún ser humano "inteligente" haría jamás. Luego me sorprendo a mí misma haciendo un viaje relámpago, por tierra, de 14 horas ida y 14 vuelta, a la capital, solamente para pasar unas horas con alguien, y decirle "adiós" (con beso inolvidable) en el aeropuerto (y rápido, que hay que coger el carro de regreso)... ¡Qué miedo!
¿Y ahora? Ahora no acabo de curarme de una, y ya estoy en otra, además por puro gusto. Lo que es peor, ni siquiera tengo una relación, no señor, estoy alucinando solamente, considerando una posibilidad de podría ser nula y súper, súper, súper confusa. Pensar que casi me he roto la crizma por andar desfogando mis frustraciones sentimentales con el trasero de un pobre caballo, vaya (pudo ser peor... pude haber estado en Piura, con una moto).
Y estaba asustadísima antes de conversar con el fulano en cuestión... Pasé dos semanas tensas, de pelea conmigo misma, buscando razones para inclinar la balanza a su favor, pues consideraba (y es cierto) que los motivos más "pesados" que la inclinaban en su contra eran el MIEDO, no válido para pesar, sino para actuar con más prudencia, y los PREJUCIOS, absolutamente inválidos. Y lloré mucho, y temblé sola en mi cama, y me esforcé por estar "curada" de Adriancito, para no hacerle daño a este muchacho, y tal, y cual, y todos los ejercicios mentales que pude, para que al final... El niño éste se eche pa' atrás. Ay.
Bueno... así las cosas.
De todos modos la vida sigue (dicen), por eso anoche nos juntamos unos cuantos especímenes de la oficina más "hippie" de esta reputada institución (aunque le duela al jefe) y nos fuimos a comer pollo a la brasa y beber sangría.
Interesante grupo: dos cajamarquinos, uno Agrónomo, hijo de quizás el mejor botánico peruano actualmente (¿qué creían, que no conozco gente importante?), otro, Comunicador, mi asistente (sí pues, soy jefa). Las dos hermanas Atúncar, que hacen prácticas en mi área, Joelito y yo.
Conversamos de muchas cosas, más profundas y sentimentales en tanto aumentaban las cajas de sangría sobre la mesa (porque a nadie se le dio la gana de servírnosla en jarra). Finalmente nos tomamos casi una caja por cabeza, y eso que nos cuidamos para no acabar "mal" y poder venir hoy a la oficina.
Luego, cada quien a casa. ¿Los hombres? De hecho que a tomar algo más. Nosotras tres, caminando hasta Miraflores, que tampoco está tan lejos y como que se nos pasa un poco. En el camino encontramos un perrito flaco y sarnoso, cometimos la "burrada" de tratarlo bien (bendita burrada), y se nos pegó hasta que le compramos algo de comer. También conocimos al "Árabe", un loquito que da tumbos por Castilla, destilando los conocimientos que adquirió en su época de catedrático universitario, antes de que la droga le hiciera perder el control sobre sí mismo. Me pidió dinero en un repetuosísimo castellano, agradeció en alemán, compartimos la sorpresa en francés y nos despedimos en inglés, con apretón de manos. El perrito aún nos seguía.
Más adelante, un grupo de adolescentes con un hermoso y compadecible pastor ruso (¡qué calor ha de sentir el pobre!), se burlaron de nosotras preguntándonos si era nuestro el chusco que nos venía detrás. No es nuestro, pero nos cae bien, es mejor que algunos humanos que conozco (de esos que miden su valor por la raza de sus perros, carajo).
Y a dormir.
Mentira. Me di un baño, estuve dando vueltas en la cama un rato. Miré el celular, tenía mensajes y llamadas perdidas. A contestar, no importa la hora. Luego, una estúpida idea cruzó por mi estúpida cabeza, y acabé mandándole un msn todo conciliador a... ADRIÁN!!!... jajajajajaja... más taradaaaaaaaaaa! Pero en todo caso, fue en plan: "sin rencor, ¿ya nos toca ser amigos?"...
De todos modos no puedo con el roche, ¡Dios mío! No sé si quiero respuesta, pero francamente me excedí... Eso no se hace, Angelita, eso no se hace (es lo malo de mandar a la mierda a alguien, luego tienes que buscar hacer las pases, esperando que quizás te escupa en la cara... y te aguantas!).
Ojalá haya cambiado de celular...
Nooo, ya no importa. De todos modos, no me dio nada más que penita y en serio me gustaría encontrarme con su mala ortografía en el messenger, de vez en cuando.
Lo peor fue lo de luego, que empecé a llorar por sentirme sola, y a desear con todas mis fuerzas que el taradoesequestáenChalaco (pese a que me dijo que vendría a Piura) aclare su cabeza y no se eche nuevamente para atrás. Vamos, tampoco lo quiero irremediablemente, pero sería muy bonito...
¿Ya ves? Ya estás otra vez alucinando, niña tonta. Mejor deja de fastidiar a la Providencia con ruegos estúpidos, que Dios debe estar bastante ocupado con el mundo así como está, y además por el Papa. Por cierto, pese a que nunca me gustará el modo en que Karol llegó al puesto (y soy católica, ¿eh?), no voy a dejar de decir aquí que es un buen hombre, como muchos otros que sé que están trabajando por la paz, almas anónimas que tal, tal, tal, tal y tal, lo sé, lo sé. Pero este es hombre público, pues. Y ya, tema cerrado. Chau.