martes, febrero 22, 2005

Un capítulo de "Sex and the city"

Estoy tratando de entender mi enfermiza tendencia a involucrarme en relaciones que sé que acabarán, y además, mal. Hay una canción que todavía duele (Perdido), duele mucho. Le recuerdo… no está bien, pero supongo que no es suficiente tiempo aún para sacar todas las espinitas, y perdonar.
He pensado el fin de semana en mi “patrón repetitivo”: cooperante voluntario, joven, que no estará mucho tiempo cerca. Me he encontrado culpable de cobardía: lo cierto es que me asusta empezar una relación con alguien a quien tengo garantizado a mi lado por tiempo indefinido (aunque nunca se sabe, claro).
Quizás un joven de saco y corbata, cuya familia se empeñe en conocerme a las dos semanas de salir juntos, me espanta. Sin embargo, disfruto apasionándome al límite del suicidio con hombres extraños, que aman con ilusión, y tan rápido como mueren las ilusiones, dejan de amar, dejándome queriendo sola.
Me reconozco culpable de huir a las relaciones “serias y normales”, como las de todo el mundo. No sé si será mi forma de pensar, o mi inconsciente y constante deseo de vivir sin “ataduras”. De algún modo, pareciera que me gusta seguir sufriendo con los mismos tropiezos, que lo prefiero.
No sé qué tan culpable soy. De pronto no me gustan todos los chicos que gustan de mí, como es normal. Algunos me acusan de no apreciar el “producto nacional”. Bueno pues, no es del todo verdad. Me recuerdo enamorada de dos chicos (mi primera ilusión platónica, para empezar, y luego un muchacho de Ingeniería, en mi época universitaria). Soñé con cada uno en su momento, y deseé que algún día pudiesen mirarme con cariño.
Lo cierto es que no estuve con ninguno, no les gusté. Es más, uno de los dos me despreció y se burló de mí, quizás porque entonces estaba muy gorda y todo ese rollo. Entonces, sí que me han gustado, y mucho, chicos de por aquí.
También debo mencionar que estuve enamorada de un buen amigo, pero se acabó en un par de agarres. Fue una decepción para mí, esperaba llegar a estar con él. Nada, y todo pasa por algo…
¿Qué más? Hace 3 años salí con un muchacho de Trujillo, y aprendí lo que es “ligar” sin ningún tipo de implicación sentimental. Se acabó en dos semanas, en decir, dejé de verlo, y no me costó en absoluto.
Por otro lado, está mi mejor amigo, Ángel, a quien siempre he considerado el mejor partido conocido. Pero como dicen, lo que no nace, no crece. Eso sí, envidiaré por el resto de mi vida a quien se case con él.
Entonces, no es una cuestión de nacionalidad o tal. Claro, sería gracioso tatuarme banderitas en el brazo… En realidad, temo que es eso, el miedo a las ataduras, las ganas de no tener responsabilidades, pero no por eso dejar de vivir historias de amor, por demás estúpidas, pero interesantes de contar. Experiencia, a fin y al cabo.
Y pensando en tales cosas, acabo con la cabeza revuelta y me resulta más difícil aclarar qué es lo que siento ahora. Creo que necesito un psiquiatra. Tal vez deba conversar sobre esto con alguien “grande”. No quisiera gustar de este muchacho por “patrón repetitivo”… no sé qué podría pasar luego del tiempo límite en que suelen quebrárseme este tipo de relaciones. Bueno, de todos modos, nunca sabemos qué pasará luego. Ya basta de mí, tengo hambre. Me voy.

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