martes, febrero 15, 2005

En un día de necesidades creadas por algún Dpto. de Marketing

Me gustaría poder borrar esta tonta sonrisa de mi cara, tonta, tan tonta, que todos la han notado, la única ilusa que creyó todo el tiempo no ser evidente: yo.
Quizás esto no tenga mayor trascendencia (no sería una gran sorpresa), pero pese a mis miedos y faltas de aire, ya quisiera que fuese el principio de algo que llegue a valer mucho, pero muchísimo la pena.
¿Aquello de “no apresurarme” significará que no debo agarrar con él? No quiero hacerlo, quiero darle un beso. Nunca agarro con los chicos que me resultan realmente valiosos para algo bueno (lo siento por algún amigo que entró en el juego, pero bien sabías el terreno que pisabas).
Siento haberlo asustado, pero si continúa allí, creo que es valiente y está bien. No sé, no me imagino nada, apenas estoy aprendiendo a no imaginar nada con mi ex, resulta un poco violento cambiar de excusa para los suspiros. Pero sí me gustaría darle un beso.
En fin, me siento perdida por completo, muy perdida. Quizás esto no tenga mayor trascendencia (¿por qué diablos me preocupo?). Se me ha subido a la cabeza el brindis en taza que hicimos hace un rato en la oficina, por el “Día del amor y la amistad”, con vino de Chincha, cortesía de las niñas de los maníes.
No sé por qué tengo tanto miedo, si me gusta. ¿Será porque también está de paso? (claro que año y medio es más que un mes, pero igual, esto ya lo he probado antes, sabe mal…) No quiero perder a alguien valioso, sin embargo, estoy bien sola… ¡Quisiera que la Providencia sea más explícita algunas veces!...
En fin, basta de desesperación, que es pecado. Voy al baño. Que disfrutes la foto del brindis.

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