domingo, agosto 30, 2009

Domingo por la tarde, una gata, un bar

Y repetía que ha muerto mi amiga, mi mejor amiga, veinticinco años de amistad, luego de reclamar un par de veces al barman una canción de Fangoria, y quejarse del disco de Silvio Rodríguez, tan tibio, tan sin sentido, tan monótono dada la actualidad, la situación personal (pérdida y embriaguez).

Mientras tanto, su gata de tres meses mantiene el equilibrio, subida en su hombro cual loro de corsario, toda húmeda de leche derramada, ante las miradas compasivas del respetable, que critica a murmullo pelado la falta de humanidad, etcétera, por llevarla de copas estando tan pequeñita.

Debo dejar de fumar, agregaba, porque la amiga, el cáncer de pulmón, la edad, las mujeres debemos estudiar mucho, trabajar y demostrar que valemos el triple que los hombres y yo preguntando qué pasa si quien te oprime es otra mujer y ella sonríe y responde: ¡Es igual! Porque claro, no todo lo malo de esta vida se puede masculinizar, faltaba más. Pero esa mirada triste en pleno Casco revolucionario, esa decepción, ese evitar el póster gigante del Ché Guevara e insistir: ¡Fangoria, Fangoria, por favor! Y luego: perdonad, muchachas, hoy no es mi día, hoy no estoy bien, fueron veinticinco años de amistad. Y la gata-loro, las miradas, los murmullos, la condena.

Van de progres y no son nada, antes de despedirnos. Míralos qué bien se lo pasan, qué poco se preocupan, cuánto beben, cuánto comen, cuántos derechos que luego dicen no tener.

¿Tantas verdades haz visto, ama de gatas, mujer-macho guapa, que tienes la mirada triste y no disfrutas de la evasión socialista que te brinda el lugar donde perteneces? Mujer sola. Sola de humanos-lobo, de humanos manada que te aceptan cuando eres fuerte, cuando estás sana, y te relegan cuando vas infectada, porque el contagio, la mala vibra y demás.

Me voy, digo (ese domingo tenía que trabajar).

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Me pregunto si el respetable murmurará con la misma indignación cuando la policía pega pataditas humillantes a algún gitano o moro que tuvo a bien pasar por ahí justo cuando la redada de turno.