domingo, abril 30, 2006

Posibles cambios

Si Dios quiere y las cosas se dan convenientemente, hacia finales de este año mi vida dará un giro de 360 grados. Un giro anteriormente planeado, por supuesto, pero dejado de lado por varios motivos coyunturales, de los que no me arrepiento.

Estoy muerta de miedo, y si mi estado anímico estuviese sano ahora, seguramente esta incertidumbre en la panza me resultaría más deliciosa que punzante. Pero bueno, mi amigo Ángel dice que es lo bonito de la vida, que puedes hacerle dar las vueltas que quieras, que no te detienes salvo que tú así lo quieras.

Mi gesta, a partir de hoy, ha de concentrarse en conseguir un bendito contrato de trabajo... es aquí cuando se prueba la “utilidad” de los contactos que uno tiene, vaya. Además, renovar mi pasaporte, que ya venció el año pasado. Imagino que una visa previa de entrada a la Unión Europea “y todo en orden” me ayudarán a obtener resultados positivos.

Anoche conversé por teléfono con mi amiga Alice, de Munich. Una de mis amigas más queridas. Dice que me ayudará y que no estaré desamparada. Bueno pues, entonces, a cumplir mis años de trabajo duro y capacitación... Dios quiera, Dios quiera, Dios quiera.

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viernes, abril 28, 2006

La muerte me sienta bien ;)

Un poco de humor negro no le viene mal a nadie, menos si una misma es la "víctima". Mi papá me enseñó una vez cuán importante es reírse de sí a veces, y agradecer cuando te aceptan un favor. ¡Vamos cambiándole de una vez el tono a este blog, que ha estado algo torpe y triste los últimos días!

Es bueno ser transparente, sin nada qué ocultar, ¿verdad? ¡Abracitos!


miércoles, abril 26, 2006

En ningún lugar

Cuando Alejandro vio el desorden, sintió oprimírsele el pecho. ¿Dónde está?, preguntó casi gritando, casi corriendo. No escuchó ninguna respuesta, ya estaba dentro de la casa, desordenándolo todo aún más, buscándola como si fuese su propio corazón, sus propios brazos, sus propias piernas las extraviadas.

Alejandro sitió su propio olor a caravanas, desierto y caballos, oyó su corazón agitado, ¿asustado? Sí, mucho. ¿Dónde está? No hay una nueva respuesta, nada que valga la pena escuchar, o tal vez sí. Un zumbido de moscardón maldito en su cabeza, ninguna claridad, fiebre del alma, calor. Ella está muerta, mi señor.

Fueron sus propias piernas las extraviadas, pues no las sintió más, sino el suelo pedregoso golpeando su frente. Quizás la sangre fluya por esa nueva herida, hasta que el corazón deje de latir. ¿Quién se la ha llevado? Nadie, está muerta.

Él, el único, el señor, se ha derrumbado. Saborea la derrota más grande, sobre su mayor victoria. Ella está muerta, mi señor, lo espera ya limpia, ya hermosa, como siempre. El ama ha lavado su cuerpo y cambiado sus ropas, como ella hubiera hecho de estar viva, al saber de su retorno. Ella lo espera, pues merece ser mirada con amor antes de entrar en la tumba. Repóngase, señor, y acompáñela.

Alejandro no entiende el saqueo de su casa, el desorden, la ruptura. Teme entrar en la habitación cargada de incienso y susurros íntimos. ¿Quién es ella, si no su mujer? ¿Quién es esa criatura inerte, que le ha robado las formas a su amada, y la imita grotescamente, llena de heridas secas? ¿Por qué no despiertas, vida mía? ¡Mírame! Por amor a Dios, mírame.

Lleva esperándolo así más de una semana, señor. Intentamos avisarle de su gravedad, pero estaba tan lejos. Sin embargo, mire esa sonrisa tenue. Lo esperaba, no ha perdido su hermosura, las mejillas aún se colorean de cobre, para usted.

Los saqueadores atacaron cuando supieron su muerte, pero al encontrarla dormida, bella, retrocedieron. Señor, mírela y no se canse de mirarla, porque pronto no podrá verla más.

Alejandro conoce el miedo desde que supo amarla, ahora todo ese miedo le nubla la vista… ¿Quién es ella? ¿Por qué ella? ¿Dónde está mi mujer? Aquí, mi señor, aquí, donde se quedó al partir usted, donde lo esperó. No la culpe por su corazón marchito, ella lo amó, pero la fiebre vino y se agravó con la pena. No fue culpa de ella, señor, no fue culpa de ella.

¿Por qué, muerte, te ensañas conmigo? ¿Por qué te la llevas? La muerte ha secado su corazón, mi señor, pero por Dios, mire cómo sonríe al escuchar su voz, mire cómo irradia toda su belleza y su aroma, para usted. Señor, mírela y háblele de amor, toque sus cabellos y diga adiós. Ella debe irse.

Noches tristes y malditas, ésta y todas las que vendrán. Amada mía, única, inexistente. Escogiste a la criatura más sublime para clavarle una daga en la razón, matarla y llevarla contigo, muerte, noche, tal vez para alegrar tus solitarios días. Y ella sonríe, ya no sufre más, ya no llora más por mí. Perdóname, mi princesa, por no haberte hecho feliz.
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martes, abril 25, 2006

Divagaciones con el estómago vacío


No pues, no tengo hambre, supongo que será parte del proceso. Sin embargo, la música ayuda y también las cosas por hacer en la oficina, aunque esto de estar dándome al 30% no es lo mío.

No he visto mariposas cerca lo últimos días, tal vez deba ir al campo y fotografiar algunas, aún necesito recuperar ciertas “razones de ser y hacer”, que al parecer he perdido de vista en los últimos meses.

Me encantaría viajar a ver a mis ahijadas en el caserío aquél, cualquiera de mis amigas colegas iría conmigo, y si no, el buen Justin dice que se apunta. Es gracioso, por fin he podido conversar más de 5 minutos con él, sin fastidiarnos. De hecho, me invitó al cine. Cómo es la vida, pensar que en este mismo soporte comenté en alguna época lo mucho que me dolía su sola presencia, por varios motivos poco claros, que ahora ya no importan.

Imagino que es el modo en que actúa el tiempo para sanar las heridas. Alguna vez pensé que sería un poco triste ver a algún amor presente simplemente como “alguien a quien quise, en tal o cual medida, y que ahora conversa conmigo de vez en cuando y me regala discos”. Sin embargo, ya cuando ha ido ocurriendo, con uno y con otro, me doy cuenta que no duele como uno pensaba, que “la pasión tormentosa” es apenas un recuerdo vago, y sólo queda gente, sin más.

Quizás no sea un trato justo éste, el de “repasar” a mis ex’s. Me doy cuenta que hay uno sólo de ellos, de mis arrebatados amantes de viaje e ingenuos niños lindos, al que no me gustaría ver nunca más en mi vida. No porque lo haya querido mucho, nada de eso, sino que no fue bueno con nadie…

Sin embargo, él no me tocó cuando sintió que era inadecuado, se echó para atrás a tiempo y me salvó de sí mismo, de un mal mayor a perderlo…

¡Carajo! De pronto este tipo al que tenía bloqueado para cualquier buen sentimiento me resulta todo un caballero. Insisto, ¡cómo es la vida!

Bueno, en general –y finalmente- me doy cuenta qué faltó en todas mis relaciones: amor. Sin embargo, y pese a no sentirme orgullosa de los recuerdos, son míos y eso los hace invaluables. Orgullosa me siento de mi capacidad de entregar mi corazón en bandeja, aunque es una gesta que tal vez, un día de estos, me cueste la vida.

Una amiga acaba de decirme que uno nunca debe darse al 100%, salvo a Dios, porque la gente falla. Sí pues, así de claro lo he tenido siempre, pero a veces… fallo, pues, porque soy gente, y me labro mis propias desventuras.

Si con esto último no aprendo de una vez, ya debo tener algún tipo de retardo mental-emotivo. A ver si debo declararme emocionalmente discapacitada hasta nuevo aviso, no sé. De hecho no estoy para sorpresas, ni emociones fuertes. Ni siquiera soporto la sensación placentera que da llenar el estómago a la hora del almuerzo, vaya.

Ando con el pecho adolorido, eso sí. Tengo la extraña sensación de que me han sacado el corazón a cucharadas. La herida infectada ha vuelto a sangrar un poco entre ayer y hoy, pero la pus sigue saliendo a borbotones. Con un poco de suerte, se pudre todo y no vuelvo a sentir nada.

A veces es difícil entender por qué ocurren las cosas, pero mi cabeza se enfría algunos minutos durante el día y lo veo todo tan claro… tan conveniente, tan sin otro modo de haber ocurrido, tan suave, tan fresco, tan fragante, tan… bien.

Lástima que sean sólo algunos minutos al día.

Insisten en invitarme a comer, pese a haberles dicho claramente que no tengo hambre. En fin, para eso están los amigos, para no dejarnos morir, aunque sea eso lo que estemos deseando con toda el alma. Ya me tocará estar del otro lado (una y otra vez, como siempre, como es lo normal y equilibrado en esta vida). Hoy soy “la enfermita”.

Me quedo pensando en algo que una sicóloga amiga me ha dicho hace poco: “no dejes que tu pasado arruine siquiera un minuto de tu presente”… A ver si hacemos caso.

Gracias.

lunes, abril 24, 2006

Te envío un ángel...

He de confesar que por primera vez en casi 26 años me encuentro ante una ruptura de gran envergadura: no se trata más del “chico guapo e interesante con quién compartir un par de trenes en Europa, o un “mochileo” por montañas peruanas”. No, esta vez he debido demoler toda una posible estructura de vida, porque el compañero escogido encontró, al final, que nada de lo hecho entre ambos estaba bien.

La canción “In the end”, de los Linkin Park, nunca fue más precisa para mí. “Me sorprende hacer aguantado tanto y haber llegado tan lejos. Nunca podrás decir que no me esforcé, pero tú ya te habías cerrado y alejado, y todas estas cosas que ahora quedan en mi memoria, eventualmente serán un recuerdo de lo fuerte que luché y de lo lejos que llegué, pero al final, nada realmente importa. Puse toda mi confianza en ti, llegué hasta donde nunca antes había llegado, por eso es necesario que sepas esto, aunque al final, nada realmente importa”.

Sabrá Dios por qué ocurre esto a veces, sabrá Dios qué tipo de amor fue, es, si fue amor, si mi corazón va a recuperarse y volverá a latir con la vitalidad de siempre, o quedará lleno de callos y aprenderá a moverse más lento, con prudente desconfianza y sin muchas ganas de amar. Quiera Dios que mis lágrimas se sequen totalmente esta vez, porque no quiero que nadie más me vea nunca así de vulnerable.

Hoy él ha de pasar por una prueba grande y decisiva. No puedo estar a su lado, he tratado de "envalentonarme" e ir a acompañarle, brindarle de algún modo el gran amor que aún queda en mi corazón para él y apoyarle (aunque él insista en que no le apoyé como una novia amante tendría que haberlo hecho). Más nada, ya se acabó, ya no hay historia aquí. Vaya, cómo me gustaría estar con él, pero sé que no me necesita, es claro, o no me habría echado de su lado. Además, él es inteligente para estas cosas y obtendrá todo el cariño de sus amigos y familia, yo ya no pinto nada allí.

De todos modos, he rezado por su victoria, por su tranquilidad y por su éxito. Le he pedido a Dios que convierta cada una de mis lágrimas en bendiciones para él, en muchísimas bendiciones, hasta que quede vacía mi alma de dolor y sólo haya paz. Les pido a quienes me lean que me ayuden a rezar por él, y también por mí, para no tener más angustia y aceptar, con fortaleza, que tal vez no le vuelva a ver en muchos meses, o años, o nunca. Dicen que mientras hay vida, hay esperanza. La esperanza, hoy, duele, así que no ha de ser buena.

Es extraño, pero no he sentido ganas de llorar mientras escribía esto. No cantes victoria, Angela, que el día aún no acaba, el trago amargo por los proyectos frustrados no termina de pasar. Pasará mañana, cuando se vaya a Lima y la sensación de querer verle en algún momento desaparezca con su presencia. Mientras tanto, tranquila.

Ve y cuídalo el día de hoy, amigo mío. Te necesita más que yo…
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domingo, abril 23, 2006

Look


Sólo haciendo tiempo en la oficina, a que empiece la ceremonia de inauguración del año académico y nos entreguen el título a todos los "nuevos licenciados". Hace demasiado calor para ponerme el saco encima, ya lo haré al salir.
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viernes, abril 21, 2006

Markus

Mi prima Chío estuvo llamándome desde la noche anterior, pero no le hice mucho caso, veía la última función de “V for Vendetta” y la película estaba en lo más interesante de la intriga política y “multimediática”. La Obertura de 1812 nunca volverá a sonarme igual…

Por la mañana, casi coincidente con un rudo despertar, de los que tengo desde hace más de una semana, llamó otra vez. La noticia más bien me molestó un poco, pues fastidiaba mi “normal estado de depresión severa”: un amigo de Alemania está por aquí y quiero presentártelo. Sigue viaje al toque, pero al menos conocer gente y practicar el inglés te ayudará a distraerte un poco”.

Ni hablar, pensé, ¿para qué quiero conocer más gente, si ya me sobra la que tengo alrededor? Además, ¿quién le ha dicho a ésta que quiero distraerme? ¡No señor! ¡Si lo que yo quiero, justamente, es seguir revolcándome en mi sufrimiento, cual cerdo anoréxico, y llorando por quien ya no vale la pena! Más tarde llamaré a Chío y le diré que no puedo, que me duele el estómago, que me desmayé, ya veré…

Pero Chío insistió tanto, que ya pues, voy.

La mañana en la oficina fue extraña, no hubo mucha gente alrededor y pude llorar, abrazando a mi amiga Eli, por las cosas que han ocurrido en los últimos días. Qué dolor más grande, inesperado, inimaginado (¿existe esta palabra?). Pareciera que han arrancado, a la mala, un trozo de mi alma, un alma de carne y vasos sanguíneos, que arde y no deja de sangrar.

Así, con lágrimas secas en la cara y mis pestañas, salí un poco antes de la hora del almuerzo y me enrumbé a donde trabaja mi prima. Ella y su amigo me esperaban. Entusiasmada, nos llevó a recorrer su centro de trabajo, aulas, laboratorio, granja de avestruces, etc., etc., etc., mientras yo rumiaba mi bilis preguntándome qué carajos estaba haciendo allí y el buen Markus, que así se llamaba el alemán, tomaba fotos y era feliz.

Antes de salir del lugar, encontré a una amiga, otra conocedora de mi drama. Hizo la pregunta mala (¿cómo estás?) y me eché a llorar, más aún cuando supe que la historia de “mi falta de amor y abandono” se ha hecho larguísima. Sentí demasiado dolor y demasiada frustración de una sola, y decidí perder en sentido por algunos minutos, para recuperar las habilidades motrices y seguir viviendo. Chío y Markus miraban de cerca y tuvieron mucha paciencia.

Me invitaron a comer. No tenía hambre (hace días que no tengo hambre). Ya en el restaurante, aún con ganas de vomitarme a mí misma y sin posibilidad de retroceder el tiempo, ensayé: “my boyfriend left me the last week and I love him…”

Conté la historia, como pude. Lloré en inglés, mientras me preguntaba “why?” y repetía, cual autómata, “I’d never left him alone”…

Quizás nada lo dije bien dicho, pero Markus entendió. Ya con los dos compañeros de mesa enterados de mi drama, me sentí más tranquila y me animé a comer algo.

Regresé a la oficina con él, pues debía conocerla para pasar a buscarme en la noche. Ya frente a la computadora, apenas avancé algunas cosas del trabajo, pero sí empecé un nuevo proyecto: Editorial Hemisferio, de Lima, me ha pedido la continuación de un libro para adolescentes que escribí hace un par de años, sólo que ahora no me darán el argumento, ni el esquema, ni los posibles personajes. Ahora depende de mí, de lo que yo quiera, buena noticia que me dio mi amigo el cura antes de ayer.

He avanzado las tres primeras páginas, y aunque ha resultado ser una catarsis un tanto dolorosa, me ilusiona mucho la idea de publicar de nuevo, y una historia más personal, más mía.

Sirvió también conversar con mi amiga Lucía, quien dice verme demasiado flaca, demacrada y con la terrible arruga del ceño fruncido en medio de la frente. Los amigos son ángeles que Dios pone a tu alrededor, no hay duda.

Markus pasó a buscarme a las 7, como habíamos quedado. Fuimos a mi casa, allí encontramos a Chío. Me puse zapatillas y salimos rumbo a la Universidad Nacional de Piura, alma mater de mi prima. Seguimos hablando de todo un poco, lloré nuevamente, diciendo “adiós” (suele sucederme con todos los recuerdos). Seguimos camino, rumbo a casa de mi prima. Esperamos a Blanca, su hermana, y salimos a un karaoke, para cantar y tomar sangría.

Muchas cosas compartidas con el “chico nuevo”, muchas cosas en común. Traía su celular cargado de canciones que, de no haberlas tenido, hoy seguirían siendo tristes recuerdos. Ahora me recuerdan a él.

Cantamos en el karaoke, bien, mal, pésimo, bien otra vez. Dos jarras grandes de sangría entre cuatro personas y el estómago vacío de comida. Más temprano, durante el almuerzo y cuando aún rumiaba mi rabia, Markus me miró con muchísima ternura por un segundo. Ahora podía reír a carcajadas, pese a llorar a ratos, por algún recuerdo, por alguna canción de amor, and I know that you’re good, I know that you’re good, I know that you’re really good, my darling, aunque ya sea tarde para cantar tal cosa. Casi me toca “La Isla Bonita”, pero eso sí habría arruinado la noche (mi canción linda).

Bailé… luego de mucho pensarlo, bailé. Pensé que dolería demasiado, que no estaba lista para ello, pero lo hice y con ánimo. No volveré a bailar como lo he hecho en los últimos meses, pero pude hacerlo suave, música alegre que nunca llegamos a bailar juntos, pero cuánto nos habría gustado, justamente esa bailamos, y lo hice con Markus, con Chío y Blanquita, en un karaoke de Tallanes, a la una y media de la madrugada, entre semana.

Amé estar allí. Amé salir con mis primas. Amé conocer a Markus. Buen chico. Busca un amor tranquilo y bonito, un amor que no le dé sorpresas todos los días, pero sí la paz de conocer profundamente a quien comparte su vida consigo. Hoy sigue su viaje, bien por él. ¡Disfruta Máncora! ¡Felicidad en Alemania! ¡Enjoy every single day in your life!

Al final, cada quién a casa. Dejé al chico en el hotel y seguí camino, pero empezó a sonar en la radio del taxi “A diferent story”, by Peter Schilling. Le pedí volver, busqué a Markus y escuchamos la canción en plena calle: ¿lo conoces? Es de los ‘80s. Estamos locos.

Otra vez, rumbo a casa. Sola. Contenta. Ya en mi cama, repasando el día. Un mensaje de texto, from Markus. Sí, colega, yo estoy pensando exactamente lo mismo, no tienes idea de cuán igual que tú. Ya estamos domesticados y mejor que sea sólo así. Mi corazón fue gitano por algún tiempo, pero ya no (o tal vez sólo está fuera de entrenamiento). Además, lleva tantas heridas infectadas, que hasta huele un poco mal. Dejémoslo descansar. Un abrazo. Buen viaje. Hasta pronto.



P.D.: Quiero el corte de pelo de la hermosa Natalie Portman en “V for Vendetta”…

jueves, abril 20, 2006

A mi amor...

Soñé que éramos felices, una nueva noche de fantasías y tristes despertares, llena de angustia, el día de hoy, desde que me dejó. Tal vez no sea sano escribir ahora, pero quiero hacerlo, pues por lo general me ayuda a dejar mi mente más clara, y las ideas no se pueden escapar.

He pasado los últimos 4 días en cama, enferma de tanto fumar, fumando de tanto dolerme, dolerme el alma, la culpa, el corazón. He hablado con amigos, parientes, sicólogos y curas. También he hablado con Dios, Quien nunca responde de inmediato, ni con palabras sonoras, pero sí coloca en el camino los medios que necesito para estar bien (o menos mal).

Dicen que no me quiso de verdad, que no se enamoró, que el amor no fue fuerte. No es verdad que no me haya querido, lo hizo a su modo, tierno, con detalles, con búsqueda incansable de mi bienestar inmediato. También me quiso con su devastadora franqueza, que tantas veces me hizo preguntar al Cielo: ¿si le soy tan defectuosa, por qué sigue conmigo? Me quiso como sabe querer, con errores y muchas virtudes, con toda su dedicación dedicada a hacerme bien, para devolverle bien.
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Pero no puede devolverle bien todo el tiempo, pues me sentía sola, triste, insegura. En él confiaba como en ningún otro, pero muchas veces le pedí que no jugara con esa confianza, que lo pareciera además de serlo, que no me hiciera sufrir. Él no me hizo sufrir a propósito, pero casi sin darme cuenta, al cabo de pocos meses, mi corazón estaba lleno de llagas. Un corazón herido necesita tiempo y mucho amor para recuperarse. Él me daba su amor desde lejos, por algunas horas en la semana, pero mis heridas, justas o no, seguían allí.
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Entonces, le pedí perdón por todas las ofensas que pudiera haber hecho. Él sintió demasiadas, más de las que dije, más que todo lo que dije durante el último mes. Él llegó a no querer entender la buena intención de aquél comentario sobre su futuro trabajo, dejó de creer en mi amor...
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Hace más de una semana, el hombre al que más he querido me dijo que no quería seguir conmigo, que mis miedos lo habían cansado, que tal vez lo “corrí”, que las cosas no iban a mejorar pues mi inseguridad me superaba y que dicha determinación, pensada ya desde hace un mes, no tenía marcha atrás.

He hecho lo que ninguna mujer debe hacer cuando le dicen que no la quieren querer más: llorar pidiendo una oportunidad, un chance, apelar al gran amor que, en teoría, nos teníamos, e implorar para que se me deje demostrar que puedo no tener miedo, que pese al miedo puedo ser fuerte, que una vez aclarados todos los malos entendidos, generados en discusiones a través de messengers fallidos y llamadas cortas, por falta de presupuesto, las cosas podrían ser mejores…

Pero no. Él, además de lo dicho, tiene muy en claro que el “nosotros” se ha arruinado, que nada de lo construido hasta el momento ha sido bueno, que seguimos siendo personas valiosas, por separado, sin funcionar como pareja.

Quedé desolada…

Yo tengo muchos defectos, lo sé. Me tomo las cosas demasiado a pecho y me cuenta decidir, pues son muchos los aspectos que he de considerar antes de optar. Es mi vida, es lo que me toca, son mis responsabilidades y no me les corro.

Mi bien amado ha visto mi alma como nunca nadie la vio antes. Ha visto mis fortalezas y mis temores, ha visto mis demonios y mis ángeles, me ha visto por entero, desnuda, suya… Quiso hacer de mí una mejor persona, cuando yo sólo necesitaba de su apoyo y compañía. Su carácter no le ayudó a entender que no debe arreglarle la vida a todo el mundo, que basta con estar presente. No pudo “resolver mis temores”, entonces se asustó y huyó.
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Sin embargo, amor mío, no sabes cuánto más te quiero al conocer tus debilidades, no sabes cuánto más quiero estar a tu lado, no sabes cuánto más te amo y cuánto más me cuesta aceptar que ya estás muerto, que no hay esperanza, que se terminó.

Mi pequeño ya no quiere estar conmigo. Mi niño precioso me ha alejado de sí. Mi chiquito bonito nunca más estará allí, no volveré a ver sus ojos al despertar, ni sentiré su olor.

Conservo a mi familia adorada, a mis amigos, mi trabajo bonito y mis facultades, aunque me siento débil y coja. Ya no tengo miedo, pues he perdido a mi valioso complemento. Vuelvo a estar sola y sé cómo es esto, lo puedo manejar. Pero he perdido a mi compañero, la alegría de mi corazón, lo que tanto temí perder. Ya no tengo miedo.

Te amo, tengo el corazón desagarrado, los ojos secos, el rostro marchito y siento menos carga, pero esa "carga" me hace falta, corazón mío, me hace falta...
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Qué lástima, nunca pensé que también tendría que borrar tu recuerdo.

Te amo. Adiós.
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martes, abril 11, 2006

Funeral de corazones

Es mejor que esta canción triste hable por mí, yo no tengo fuerza para escribir de dolor, porque me derrumbaría aún más. Es parte de mi realidad, hoy. Los que pueden entenderme, sabrán de qué hablo. Los que le conocen y le quieren: recen por él, apóyenlo y cuídenlo, como cuidarían lo más preciado que tienen en sus manos (como no pude hacerlo yo). Recen por mí, para que pronto ya no me haga falta lo nucho que he perdido. Por favor, "sin comentarios".
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HIM Lyrics
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El amor es el funeral de los corazones y un himno a la crueldad, cuando los ángeles lloran sangre sobre la maldad floreciendo.

El funeral de los corazones y una súplica por misericordia, cuando el amor es un arma que me separa de ti.
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Ella fue el sol, brillando sobre la tumba de las esperanzas y sueños de ambos, tan frágil.
Él fue la luna, pintándote con este resplandor tan vulnerable y pálido.
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El amor es el funeral de los corazones y un himno a la crueldad, cuando los ángeles lloran sangre sobre la maldad floreciendo.

El funeral de los corazones y una súplica por misericordia, cuando el amor es un arma que me separa de ti.
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Ella fue el viento, llevando en su interior todos los problemas y miedos que tú por años trataste de olvidar.
Él fue el fuego, agitado y salvaje, y tú eras como una polilla a ese fuego.
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La marca herética, más allá de lo divino. Una oración a un dios que está sordo y oculto. Los últimos ritos para las almas en llamas. Dos pequeñas palabras y una pregunta: ¿por qué?

El amor es el funeral de los corazones y un himno a la crueldad, cuando los ángeles lloran sangre sobre la maldad floreciendo.
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El funeral de los corazones y una súplica por misericordia, cuando el amor es un arma que me separa de ti.
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jueves, abril 06, 2006

Rosa providencial


Está más grande que como se ve en las fotos, pero aún no he podido sacar la cámara de la ofi, para hacer “uso inadecuado de herramientas de trabajo”. Tiene el pico más ganchudo y cada que se agarra de mis dedos, los deja bastante adoloridos, aunque no llega a sacar sangre.


No sé si me pica despacio porque soy quien le da de comer, o porque aún está pequeña. Lo cierto es que algunas personas han notado que conmigo es menos agresiva que con los demás. Claro, menos agresiva cuando hay nuevos extraños presentes, porque cuando estamos solas, en mi habitación, hay una verdadera guerra declarada.

Cuando Walter me la obsequió para que la críe, pues “me gustan los bichos extraños”, tenía un poco de miedo. Sé muy poco de crianza de aves, alguna vez papá y yo rescatamos una lechuza adulta, de unos 30 cm., y picaba aún estando débil (la costumbre arraigada de apedrearlas por “demoníacas”, que tiene alguna gente). Pero éste, según mi amigo, era un polluelo. En fin, a ver qué se puede hacer, por lo menos hasta que esté más grande y pueda largarse.

La llevó a la oficina hace un mes, en una cajita, y era realmente preciosa. Una miniatura perfecta, de 8 cm. de alto (ahora mide 10 cm.). Todos hicieron fiesta al verla, hasta las más conservadoras, que creían encontrarse con un animalejo horrible, agresivo, ¡la personificación del mal!

Afortunadamente, por aquí en proyectos ya estamos acostumbradas a tantas guerreadas, que la pequeñita nos resultó a todos “dulcisisísima”. Afortunadamente, además, hay algunos biólogos que se ofrecieron a buscar información necesaria para que no muriera en el intento de crecer con un guardián humano (es decir, yo).

“Es una paca-paca”, me dijo Luchito, un “mochuelo peruano”. Sé que los mochuelos son lechuzas pequeñas, aunque también les llaman así a los polluelos de lechuza y búho. También sé que Palas Atenea era representada con un mochuelo mediterráneo en el hombro, más grande que la paca-paca criolla, pero mochuelo a fin y al cabo. Es decir, mejor mascota no puede haber en el mundo para esta humilde servidora…

La lechuza en cuestión no crecerá más de 15 cm. y, a diferencia de sus parientes más grandes, no nacen de a dos y viven una promiscuidad muy acorde con sus necesidades de supervivencia. Buen dato, pues entonces, para cuando la soltara, tendría menos problemas en reincorporarse a la vida silvestre.


Me dijeron que debía enseñarle a cazar, que poco a poco le fuera soltando presas grandes, para que las destrozara, y luego vivas, para que las matara ella misma. Hasta ahora estoy pensando en que deberé hacer de tripas corazón, e invertir mis soles en ratones albinos, o salir a perseguir lagartijas… pero, gracias a Dios, todavía no ha llegado ese momento.

Por ahora, la paca-paca permanece en mi habitación cual princesa cautiva: sólo la suelto de la jaula cuando hago la siesta, para que revolotee entre 4 paredes, y la alimento 3 veces al día. A veces, cuando llego de comprarle carne de pollo, me da un poco de cargo de conciencia saber que hay gente que ya quisiera poder comer eso que le estoy dando al bicho éste. Pero bueno, si me voy a complicar por la moralidad de mis actos más mínimos, mejor me suicido de una vez, que así no se puede vivir.

Ahora que está un poco acostumbrada a mí, me gustaría poder sacarla en las noches y que revolotee un poco, pero recelo de los gavilanes y hasta de los pajaritos. Según Walter, la rescató cuando un grupo de avecillas cantoras de Piura (negros y chilalos) pretendían almorzársela, o sólo matarla, por instinto, porque saben que es “el enemigo”. Así que, ni hablar por ahora.

Otro motivo por el cual no la suelto a gusto es porque el buen hombre que me prestó la jaula, y que la cuida los fines de semana, tuvo a bien recortarle las plumas de las alas, para que no escape. Cierto es que me rompió el corazón con tal acción, pero me sentí medianamente presionada (no daré más explicaciones respecto a esto).

Ha sido la sensación de propios y extraños. Me han ayudado con su alimentación compañeros de oficina, padres de mi enamorado, músicos alternativos, mejores amigos, etc. Ahí sigue la paca-paca, que no tiene nombre porque no es mía, y en cualquier momento se va y será mejor para ella, que cualquier cuidado humano.

Pero ni siquiera destroza sus presas, quizás porque no ha visto a un adulto de su especie haciéndolo. Ayer comprobé, luego de un gran susto, que es todavía bastante vulnerable.

La estaba alimentando con carne nueva, aprovechando que venía con venitas y algo de sangre. Entre los tantos bocados que engulló con impaciencia, le alcancé uno bastante grueso, que sostuvo sólo con la punta del pico.

Por mucho rato estuvo con la presa colgando, y pensé que se animaría a desmembrarla con las garras. Pero no… Antes de que pudiera hacer algo, la tragó entera…

De pronto sus plumas se erizaron, abrió muchísimo los ojos y empezó a querer regurgitar. Quise sacarla de la jaula, para ayudarla, pero como buen animal en peligro, se puso más agresiva que de costumbre. Se arrinconó en la jaula, aún con las plumas erizadas.

En ese momento, ya bastante asustada por la evidente asfixia de mi mascota-compañera, vi que en la cómoda, junto a mí, había una rosa seca, con el tallo roto por la mudanza, y la franela que uso como techito de la jaula, cuando la pongo junto a la ventana.

Pese a toda su voluntad y los rasguñones que aún me duelen en los dedos, saqué a la paca-paca de la jaula, la envolví en la franela, para sostenerla con mayor firmeza, y usé el tallo de la rosa como un ganchito, para ayudarla en sus intentos de vomitar la carne.

Lo conseguimos.

Yo no pude dormir hasta que no comprobé que estaba del todo bien. Ella durmió tranquila y esta mañana despertó con el mismo ímpetu de siempre, gracias a Dios. Comió frenética, pero ya bocados más pequeños y yo, me vine al trabajo. Creo que este es el primer día de la semana en que me he animado a desayunar.


P.D.: Gracias por las rosas…

miércoles, abril 05, 2006

¡Y se hizo la Música!


Por obra y gracia de mi buen Angelito, ahora tengo completo el radioblog. ¡Bienvenidos!

Algunas canciones las he traducido o comentado antes en este blog, tal es el caso de:
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Recomiento "Ella", de Bebe. Es mejor que el Prozac, porque no te "alegra" la cara, sino el corazón. Una vez un amigo de la oficina, el buen Joelito, dijo que le recordaba a mí (¡!). De "Africa" también he hablado, me recuerda a papá.
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Angelito de mi vida, te has hecho merecedor de un lengüetazo en la oreja, como prueba de agradecimiento y pacto de fiel amistad. ¡Eres de lo mejor!

¡Qué tal cara de desagrado, hermano!

lunes, abril 03, 2006

Tentaciones


Hoy tuve al diablo en frente, aunque a lo mejor sea mucho pedir llamarle “diablo”. Tenía ojos verde-pardos, que una amiga alguna vez llamó “grises”. Tal vez sea una simple cuestión de apreciación (o iluminación).

Llegó en mal momento, mal momento para mí, no para él. El muy diablo sabía que no estaba contenta, que me estaba doliendo el amor, que me sentía un poco postergada, tal es la correcta palabra y no la cambiaré por algún eufemismo, aunque duela en el alma.

Diablo maldito, diablo que, visto de cerca, guapo no es, para nada guapo… pero los ojitos claros de color bonito y expresión de niña triste, y esa foto de juventud en el DNI, igualito al enamorado mío, vista sin lentes, maldito diablo, atracción satánica, ¡sabías cuándo llegar a fastidiar y tentar!

Por algún oscuro conjuro (o un amigo boquiflojo) consiguió mi dirección electrónica. Por ahí, dicen los mayores, entran todos los males del mundo actual. Y justo por ahí, tuvo que entrar el diablo, a decir palabras dulces, sin conocerme siquiera, a contarme cuán impresionado le dejé hace tres noches, en una reunión de patas músicos donde también siempre ha de estar el diablo metido.

Con soberbia y ciega de amor por quien amo, le invité a largarse en el acto, a que nunca podría conmigo, a buscar en cabezas huecas la fijación por frases bien dichas y miradas claroscuras, falsas. El diablo ofreció disculpas y se retiró.

Esta mañana, la cosa era diferente. La soberbia mía seguía ahí, pero ya no apoyada en quien amo, pues la noche anterior, cuando por él mandé al infierno al diablo, él, ser extrañamente angélico, atravesó nuevamente una espada en mi pecho. No, la soberbia no era por amor, sino por orgullo, y por mí, y por Dios, aunque la soberbia sea un pecado.

El diablo reapareció esta mañana, y luego de un animado juego de palabras (antes prometí invitarle un cigarrillo, si a cambio me hacía compañía en trámites burócrata-mundanos), gritó en el messeger la verdad de su cercanía, su deseo de acciones prohibidas, su atracción por mí y, por qué no decirlo, la confesión de un nuevo capricho.

Por suerte, el diablo es el diablo, y no me preocupa su estado emocional. Sin embargo, la propuesta fue tan tentadora como el chocolate en plena dieta, como el helado de limón en el verano piurano, como, y tal fue el caso, la dulzura cuando duele el corazón.

La voz del diablo dijo a mi oído cosas sucias, alentadoras y halagadoras, todas a la vez, porque así es el diablo, te sabe comprar, te mima el ego, te vende mentiras y promete llevarte de la mano detrás de tus sueños.

Afortunadamente, no es esta la vez primera que el diablo camina a mi paso. Le conozco muchas mañas y le he retado tantas veces, como tantas veces he enfermado de depresión.

Invité un helado al diablo goloso, porque así la calentura humana y las ganas de pecar, en caso llegaran, serían recibidas con cabeza fría. Él continuó proponiendo cosas interesantemente prohibidas (¿a quién no le gustan las cosas prohibidas?), intentando también sembrar culpa en mi corazón, pues lo había juzgado y agredido de entrada, “nunca me había topado con alguien que supiera tantas cosas de mí, es como si me mostraras mi archivo policial. Además, como lo sabes, te pones a la defensiva y me atacas” (por lo visto, ángeles y demonios usan el mismo lenguaje).

Mi actitud defensiva es natural, diablo, pero sí, tiene que ver con que te conozco, moscardón oscuro. Estoy aquí, frente a ti, de puro temeraria, y porque confío tanto, pero tanto en mí, que no va a pasar nada, nada de nada, porque soy más fuerte, porque soy más hábil, porque…

Recordé entonces la frase que un buen amigo me enviara alguna vez (de autor traspapelado en su memoria), a propósito de una posibilidad de meterme en problemas, por soberbia, por creer demasiado en mí misma: “cuando bailas con el diablo, es él quien lleva el paso”.

Y retrocedí en mi ímpetu temerario. Y me di cuenta de la cantidad de cosas buenas que podía echar al tacho con sólo un mal entendido. Supe que ya no soy más la jovencita capaz de coquetear con el diablo, dejarse tentar y hasta caer, sin cargo de conciencia, sin perdón de doble moral, sin un ser amado al cual herir profundamente y sin nada qué perder.

Entonces, diablo, ni hablar. Salgamos de la heladería y cada quién a su sitio, no más pretensiones de empezar un juego que, aunque podamos controlar, nos va a dañar los corazones. Ni hablar, diablo, ni hablar.

A veces las costumbres antiguas son difíciles de desechar, y esa lucha se nota en los ojos, al menos la nota el diablo, que es de quien hay que cuidarse. Sigo peleando por mantener lo bueno que ahora tengo, sin embargo, ¡qué duro!... Hoy me siento humildemente victoriosa.
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