martes, marzo 11, 2008

Sweet Child in Time (ayer)

Tengo miedo.
Es demasiado lejos, demasiado.
Es difícil (nadie dijo que sería fácil, Lucía).
Merecer lo que no quiero merecer (cuidado con lo que persigas, puede que lo consigas).
Tengo miedo.

¿Por qué siempre? La última vez que tuve tanto asco de llegar a casa, la última vez que los ojos cerrados y el engreimiento, ella me dijo “lo siento”. ¿Qué diferencia? Ella es mayor, ella es… ella es peruana.
Y sólo bastaba tomar un bus para llegar a casa y estar cerca…

No, Lucía, no nos estamos arrepintiendo. Sólo me arrepiento cuando hicimos daño, cuando nos hicieron daño. Casi siento deseos de arrepentirme al descubrir que no puedo hablar con quien hago el amor (sexo gratis, Lucía, y a domicilio, sin diálogo, sólo eso, sexo).
La complicación (la conversación) sirve para unir, para abrir, para corazones grandes y sin miedo.

Yo no tengo miedo, pero mi corazón se siente pequeño, pequeño, pequeño. Hoy Iñaki* es un filósofo convencido de la existencia de Dios. Yo, su catarro.

Y tengo miedo. Miedo a tener que decir: “No quiero”. Oír insistir: “Sí, sí quieres, te estás engañando”. Yo: “No, no quiero”. Refutación: “¿A quién le estás siendo fiel?”. A mí. A mí. A nadie más que a mí. A una decisión, a un gusto, a un hartazgo, a pocos deseos de volver a lo mismo, o peor, pese a ser más conveniente ahora, que somos nada.

¿Cómo explicas “Tal vez quiero (porque claro, él sabe mejor que tú), pero no se me da la gana”? ¿Si no se te da la gana, es que no quieres al final? ¿Cómo decirle, con cariño, que es eso, cariño, que la confianza, que buscar un abrazo protector, que le quiero, sin más? Un abrazo amigo. Un amigo (¡por favor, por favor!) sin deseos de cogerte, o besarte, o amarte, Lucía. Sólo un amigo.

Un amigo.

Una amiga.

Alguien que escriba sobre nosotras.

Respeto.

Miedo a quedar mal (aunque sea justo y necesario).

Lucía, mi Lucía. Duerme y siente caricias imaginarias de quien no tiene la suerte de verte dormir. Y piensa… Piensa… Duerme…
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* El “hombrecito” aquél de un año, quien te cuida dos semanas al mes.

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