viernes, octubre 19, 2007

(In)completas

A Lucía, principalmente.
A mi segundo día de regla.
Y también a Daniel, Iván, José y Manolo.
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Escuchábamos juntas a Calamaro, tratando de decirle a una reciente exnovia, que desespera de esperarle, que no salía a buscarla juntamente porque corría el riesgo de encontrarla, que día y noche sigue mordiéndose las uñas del rencor, que aún le debe una canción de amor.

Admitía que el corazón se aferraba a lo perdido. Es verdad. El corazón suele aferrarse a los amores que ya se fueron, porque quisieron. Olvidamos los defectos suyos, que nos llevaron hasta el punto de ruptura, pero cómo recordamos los nuestros, cómo nos regodeamos en destriparlos, en culparnos, en insistir hasta, digamos, entender por qué, sumergidos en un tradicional estado de contemplación confusa que siempre, siempre, nos hará más daño del necesario, de lo justo.

Pero las relaciones reales -y sus respectivas rupturas- son sólo un modo de vivir, sufrir y aprender. Son tal vez la mitad de lo que forma nuestro querer “de pareja”, nuestra insistencia, nuestra esperanza terca y nuestra ilusión.

Existe otro tipo de “relaciones”, relaciones que, valga la redundancia y la contradicción, no existen. Son amores sin receptor, pese a que el receptor es real, sabe y también, a su modo, entrega amor. No podríamos llamarles “platónicas”, pues el platonismo implica silencio. Sin embargo, es contemplación, es construcción de fantasías en bases reales que jamás ocurrieron. Es amor en estado puro, sin justificación racional y sin experiencia, que puede fortalecerlo, como destruirlo de un momento a otro.

Nos encontramos tú y yo, amiga mía, mirando a una dulce pareja de enamorados jóvenes, y ambas tuvimos la misma idea que, luego de algunos indicios, nos animamos a confesar: “que les dure”. Podría parecer, siendo muy superficiales, que tiramos la toalla ya, que nos “amargamos”.

Pero, querida, ¿no soy acaso una mariposa libre, que emigra cuando la estación cambia, que prueba el placer momentáneo y se niega a bajar la plenitud de su vuelo? ¿No eres tú un ave espléndida, de alas firmes, que desprecia con honestidad los lugares mediocres, que no le servirán de nido? Tal vez sea un poco, un poco de amargura, consecuencia de saber o, aún peor, saber en carne propia. Saber es una ventaja, también una maldición.

Pero no podemos engañar a nuestro corazón. Hemos decidido protegerlo y me parece perfecto. Pero no le diremos que deje de dar saltitos si está emocionado. Y daremos saltitos con él, aunque debamos manifestarlos con coquetas estiradas de cuello, miradas fulminantes o sonrisas pícaras, pues así va este juego de poderes y, créeme, es lo que más nos conviene aquí, donde estamos.

Sin embargo, existe el momento clave, tal vez frente a la computadora, gracias al bendito Messenger, o una llamada al celular. “Sí, corazón, yo también te quiero mucho. Ve a dormir, que ya es muy tarde allá. Besitos. Buenas noches. Chau”, con voz melosa, emoción evidente y cariño totalmente sobreentendido.

¿Quién era?, preguntaste. Uno. No, uno así nomás, no. Se nota que es especial. Y sí, pues, es especial. Así como especial es ese muchacho guapo, que todos los días conversa contigo, Internet mediante, que no ves desde hace más de tres años y te empeñas en conservar dentro de tus afectos más importantes. “Porque no has estado con él, porque no ha tenido tiempo de quedarte mal”, te digo, sin ningún sarcasmo. “¡Conmigo no tienes que ser cruel!”, respondes. Y yo: pero sí honesta, corazón.

Tal vez es injusto suponer que nuestra musa lejana va a decepcionarnos de cerca, pues eso implicaría dar por hecho que en cuanto esté a nuestro lado, “intentaremos algo”. Y no, no necesariamente. Además, planificarlo con puntos y comas podría resultar hasta estúpido. Siempre es mejor que los sentimientos fluyan con suavidad, con naturalidad. Ese “hombre perfecto” al otro lado del teclado, pese a su imperfección, no es utilizable, en absoluto. No es “lo que evita que nos sintamos solas”, sino alguien que comparte con nosotras tiempo valioso entre el trabajo y el sueño, alguien amigo, pese a las insinuaciones, la sexualidad expresa y la nostalgia por lo no ocurrido.

Se trata de seres humanos con quienes compartimos nuestros sentimientos de manera personalísima, que no sería posible con un novio normal o alguna confusión de estas, pues generaría celos, malos entendidos, peleas desgastantes y demás enfermedades de riesgo crónico.

Nuestras musas lejanas son, sobre cualquier cosa, amigos. Amigos-pareja que no son pareja, y que nunca nos hicieron pasar por el embrollo de enamorarnos, desenamorarnos, justificar, pretender que nada ha pasado, mentir, jugar sin querer… En fin, que nunca nos hicieron llorar a la mala (porque hemos llorado, por supuesto que sí, sobre todo cuando recordamos cuán poco tiempo tuvimos).

Amigos porque, si queremos, podemos decirles, sin medir intensidad, que “me cogí a Fulano el fin de semana” o, simplemente, callar, pues todo lo que está sucediendo en este día a día normalísimo (con trabajo, familia, amigos, preocupaciones, responsabilidades, vocación, sueños por alcanzar, viajes, fiestas y días pico de excitación sexual), no tendría por qué perturbar la dulce armonía del momento exclusivo de ideas puras, de cariño sin barreras, de dormiré pensando en ti y sonrisas, porque no hay más preguntas y la realidad puede quedarse guardada en algún cajón, hasta mañana.

Extraño suceder de acontecimientos, extraño compromiso que implica una decisión personal, que podría ser “paso de esto” y sigo en mi usual rutina. Extraña inclinación iniciada con una sonrisa tímida, ante aquellos ojos preciosos y ese saludo dulce, allá en una playa ecuatoriana, luego de un año nuevo triste; o un intercambio de ideas en el Congreso de la República, seguida por cierta admiración profesional, consumada con una pizza comida con manos y dientes, risas y la última cerveza, que nunca llegó; o esa visita esperada con curiosidad y algo de vergüenza, en Cusco, y ganar confianza gracias a dos palabras (o exceso de mojitos), sentir confirmada toda la presunta bondad en su caballeresca abstención y decir adiós, con el corazón comprimido y los ojos brillantes, sin saber si sabrás más…

O mirarte durante tantos años, esperando una respuesta amable. Sentir tu amor-odio y seguirte el juego, para no ser menos, para no ser más. Hasta que por fin, tú también me quieres, cuando estabas a punto de partir…

Historias incompletas… Historias completas, destinadas a vivir una vida fantástica, alimentada sólo por la voluntad de querer y un cariño surgido en algún recodo del camino, sin justificación, pero con total verdad y admiración.

Otro tipo de amor, un platonismo evidenciado ante ambos, un procuremos vernos, aún sabiendo que será diferente, porque sí. Aún sabiendo que la realidad duele demasiado, pero existes y, de algún modo u otro, te amo.

Y así seguimos, mi querida Lucía, cantando para no olvidar, con muy poca maldad, pero cansadas de esperar. Seguimos alimentando sueños, poniendo rostros intercambiables a los “novios imaginarios”, mientras resolvemos nuestra vida con cuellos de camisa almidonados y sonrisas serviciales, porque todas esas personas lindas que nos miran atentas, no saben que algo nos duele por dentro.

Continuemos, pues, fantaseando. ¿Total? Por ahora no tenemos a alguien insoportablemente real junto a nosotras, que pretenda acaparar nuestros suspiros. Ni siquiera historias cortas, sino cuentos, por lo pequeñitos y simples, con final contundente y sin dar lugar a pensar más. Nada más.

Mientras tanto, amiga mía, aquí en el asfalto, procuremos ser como las musas de Sabina o Calamaro. ¿Oyes cómo sufren ellos por ellas? ¿Oyes cómo las aman, sin ser correspondidos? ¿Oyes lo que han debido pasar para alcanzarlas? Podremos parecer muy por encima de todo, muy putas, por lejanas, por duras. Pero merecemos lucha y no menos, princesa. Merecemos a quien ahora desespera de esperarnos y llegue hasta nosotras, pese a los muros, los escudos, las garras y las máscaras. Así de difícil. Así de claro.


6 comentarios:

Just dijo...

Buen video,
buena cancion,
Grandes Calamaro y Sabina
(aunque nunca jamas quiera decir tal vez)

Malu dijo...

Ay, esos fantasmas tuyos, niña, siempre algún fantasma... Lo bueno es que no acaparan.
Un abrazo muy, muy fuerte.

Raulín Raulón... dijo...

Posiblemente aquel amigo tuyo se conforme con alguna canción de esas, esperando a que lo dejes, hasta que tenga que cantar "Por mirarte, no te olvidaré nunca..."

Bienvenida al club de los que podemos convertir en una verdadera monstruosidad el cuento de Monterroso.

Angela dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Angela dijo...

Gracias por sus comentarios.
Gracias por la bienvenida, Raulón, aunque debo decir que los cuentos de Monterroso son exquisitamente monstruosos, sin que nadie los convierta en ello.
Ay, la pasión.

Galileus dijo...

Bueno, como decía Rose (ya de anciana), en Titanic: "El corazón de una mujer es un profundo océano de secretos". Y siguiendo con la metáfora, leer tu blog, querida Ángela, es como querer sumergirse en el abismo y no poder distinguir nunca el fondo.

Leo en tus posts, finales optimistas, valientes con miras hacia el futuro y yo simplemente puedo agregar: "Amén".

Saludos galileanos!