sábado, septiembre 22, 2007

Otra vez un adiós definitivo

Dice el Dr. Bobadilla que no se puedes quedarte quieta en ningún sitio… y tiene razón. Acabas de subir a otro bus, el cuarto de la semana. Ya es costumbre, pues, y unos minutos luego de esa opresión liviana en el pecho, de nuevo al camino, como si nada, como siempre.

No podrás decir que duele, pero sí se corta un poquito la respiración. En algún lugar del camino aprendiste a reprimir las lagrimas, ¿total? Volverás, siempre vuelves, aunque tardes un poco. Y siempre dejas amigos detrás, sin proponértelo pero con ganas, a fin de cuentas, ¿a quien no le gusta hacer amigos, dime?

Tramposa. Reprimes las lágrimas porque sabes que si lloras, no pararás en mucho rato y eso te hará doler la cabeza, si bien también te ahorrará algunos sueños pesados y cierto amargor que a veces te escuece la lengua.

De todos modos, has quedado satisfecha. Una nueva clase, con nuevos universitarios. La vida académica te atrae, lo sé, pero no es todo lo que quieres. Te pican los pies. La psicóloga de esa empresa donde fuiste a aquella entrevista, hace un mes, pudo interpretarlo como inestabilidad. Bueno, sí, ¿y que?

Lo tienes asumido hace tiempo y te importa cada vez menos. Sabes lo que quieres, pero aún eres incapaz de sistematizarlo, colocarlo muy ordenadito en letras, separado en guiones o números, para resaltar la importancia de un objetivo sobre otro. Por ahora, estás esperando una respuesta que, sin ser vital, tensa hasta la médula.

Cruce

Ya en el bus, el celular que no ha parado de dar noticias curiosas desde ayer. Esta vez, Mario, el de la productora. “¿Aun estas en Chiclayo?”, pregunta. Él seguramente vuelve de Cajamarca y se va para Lima por la noche (otro viajero). Demasiado tarde y tú sin saldo, señorita trabajadora independiente. Ni modo. ¿Te bajarías del bus por verle? Hoy no, hoy debes llegar a casa y contar a tu madre que te presentaron como “especialista en comunicación para el desarrollo”, que a las madres siempre les gusta escuchar eso. Ya nos veremos otro día, Mario, aunque eso implique tener que despedirnos luego de unas horas. La vida es una correlación de encuentros y adioses, imparable, no sé si para los demás, para ti, sí.

Domestícame

Tuviste tiempo de ver a tu chico de Cusco y conversar. Conversar. Esencial, ¿verdad? Nunca conversaste antes con él, sólo acariciaste y sentiste. Sentiste lindo y luego sentiste cómo el patrón de hombre complicado se te repite hasta en las historias cortas. Preguntas: ¿Por qué tanto miedo? ¿Por qué siempre el fantasma de la ex novia amada? ¿Por qué todos? No encuentras respuesta. ¿Existe una respuesta? No estás de humor para pensar en ello, pero este adiós te dolió, no el de Cusco, que la celeridad de tu viaje te era prioritaria y el cinismo te mantuvo “regia” a tiempo completo.

Te dolió esta vez, porque antes de irse le dijiste: esta soy yo, así soy yo. Demasiado tarde, pero mejor así, ¿no? Imagina si le abrías tu corazón antes, cuando había tiempo. La misma lejanía seguramente y más triste aún.

Pudiste decirle, pudiste llorar un poco y luego, suspirar. Verlo alejarse con una ilusión nueva en el pecho conseguida allá en la selva, y mucho optimismo, el mismo brillo en los ojos que te hicieron confiar en él y luego, al decepcionarte, inventar una metáfora:

Cuando te echaste para atrás, mi niño, sentí haber pasado la tarde jugando con una linda niña de Chalaco, allá donde trabajé. Jugué llena de alegría con ella, corrí entre los árboles, arrebatada de inocencia y confianza, como si todo fuera bueno, sabiendo que me iré de Chalaco y no volveré en mucho tiempo, pero no importa, no importa.

Entonces, mi pequeña niña me dijo que debía ir a casa y me despedí con un abrazo amoroso. Y la vi alejarse, aún sonriendo, aún satisfecha. Luego, antes de dar la vuelta también y seguir mi camino, revisé mis cosas. Y descubrí que mi linda niña fue linda para distraerme, distraerme y no darme cuenta que se estaba robando mi cámara digital de fotografías, ni siquiera mía, sino del trabajo.

Así sentí cuando te echaste para atrás. Era imposible pensar en volver a correr contenta entre los árboles, contigo. Siento mucho no poder decir lo siento. Eres el segundo chico en el año que demuestra lo fácil que es olvidarme (el sexto de toda mi vida amorosa, todos, para no variar) y mi cariño hace algún tiempo dejó de ser idiota.

Aeropuerto

Juraste, luego de despedir tantas veces a ese novio que tuviste alguna vez, que no volverías a despedir a ningún amante pasajero (ni derivados), que no pasarías nuevamente por el pasaje oscuro de sensaciones contrapuestas, del cual siempre salías con un pedacito menos de tu corazón.

Pasaste el día a su lado, entre Miraflores y Quilca, entre Larcomar y el centro de Lima, bajando con ello la tensión del día siguiente, del día decisivo, ese en que te tocó enfrentar a un estresado funcionario del consulado, a ver si te dan la visa y puedes estudiar tu maestría de una vez.

Aún estabas en trámites y llevabas tu vida entera en un fólder institucional. Andar con el archivo en la mano no resultaba cómodo en absoluto, por eso le pediste a tu chico de Cusco que lo guardara en su mochila. Bien.

Al final, antes de partir al aeropuerto, besos y ninguna promesa, porque las promesas son peligrosas y eres realista, pese a ti misma. Además, la niña de Chalaco nunca te devolvió la cámara, aunque reconoció el robo y te ofreció disculpas. Peor es nada. No podrías volver a confiar en ella, aunque tu cariño sigue intacto o ha crecido, porque le dejaste ser parte de ti diciéndole quién eres.

Se fue. Fumaste el último cigarrillo que te convidó en el portal de tu amiga Karina, frente al Ministerio del Interior. Fumaste y evitaste pensar mucho. Echaste la colilla en el basurero de la entrada y subiste las escaleras hasta el primer piso. Entonces…

¡POR UN DEMONIO, MIS PAPELES!

Y buscaste un taxi a las doce de la noche. Y enrumbaste al aeropuerto, sabiendo que rompías un importante juramento hecho a ti misma, aquel día en que te cansaste de sufrir.

Taxi

Él se habría dado cuenta del asunto al chequear su pasaje, si no llegabas antes. Llegaste, menos mal.

Otra despedida, menos cálida, algo de cinismo recuperado y buen humor. Parece que no, pero sí has aprendido.

Ya con tu aspiración a la visa en las manos, subiste a un taxi blanco y desapareciste en la carretera, con el viento de Lima en la cara y sin saber qué sentir, qué pensar, qué querer. Lloraste. Demasiadas emociones en un día, demasiadas incluso en un mes, demasiado, pero bien.

Iván, también de Piura, te dejó llorar y te llevó, ya sin cobrar la carrera, a comprar cigarrillos. Compartió uno contigo. Conversó contigo. Es que hay ángeles en todos lados y eres afortunada, niña, porque encuentras uno cuando lo necesitas. A algunas personas no les sucede tan seguido (o sí, pero no se dan cuenta).

Necesitabas llorar, para llegar a casa con solo una cosa en tu cabeza: ordenar tus papeles, la entrevista es en unas horas más. Ordenarlos uno a uno, con paciencia, con cuidado, revisando una y otra vez. Lo que pasó al día siguiente aún no lo puedes descifrar, pero al menos recibieron todos tus documentos.

A esperar y que sea lo que Dios quiera.

Trotamundos

¿Por qué te mueves tanto, pequeña? ¿Por qué huyes tanto? ¿Huyes de ti? Imposible, te llevas doquiera que vayas, doquiera que estés vas pegada a las suelas de tus zapatos, como esas raíces que nadie ve. Es que van contigo. En la selva crecen palmeras que se mueven, ¿lo sabías? Eres como ellas, o como un trompo, hermoso y estable sobre su propio eje sólo cuando da vueltas y vueltas. Eres como la Tierra, como un explorador, sin freno.

¿Qué sembraron en tu alma cuando crecías? ¿Quién lo sembró? ¿Por qué? ¿Tendrá algún sentido tu búsqueda, servirá de algo, si no a ti, a otras personas, de modo que también a ti?

¿Qué estás buscando? ¿Paz? ¿Dios? ¿Algún compañero de tu especie, que disminuya con cariño la velocidad de tus pasos y permanezca cálido, a tu lado, pese a cualquier ex novia determinante, pese a cualquier “trauma” oportuno?

Quizás no sea una búsqueda, ¿has pensado en ello? Quizás sólo eres así y de ningún otro modo, aunque suene loco o incomprensible (me pregunto que dirán los psicólogos de esto). Quizás, simplemente, eres tú.

Colofón

El que valga no te “desquerrá” tan rápido, dice Ernesto… Ojalá tengas razón, amigo mío. Ojalá, algún día, alguien te dé la razón.


4 comentarios:

susana dijo...

gracias angelita.... bien pegada a las suelas de mis zapatos y de esta tierra.... el miercoles me voy a Tailand.... sigo trotamundeando.... ahora: el lejano Oriente... que les pese a quienes no consiguen entender esta forma de vida... no es busqueda, es vida.... solo tengo una vida para disfrutarla, no quiero perder el tiempo llorando por alli, simplemente vivir. Quizas me falte un companyero o no... me siento bien conmigo misma

Ernesto dijo...

Mas calma, mas cabeza fria, aprender de lo pasado, sin renunciar a ti misma. Tan simple y tan complejo.

Angela dijo...

Mis queridos amigos: una vez descubrí que la estabilidad ordinaria me daña. Mi madre dice que esto sucede porque no tengo hijos, que para cuando eso suceda, me detendré. Quién sabe.

Lo descubrí cuando amaba con todo mi corazón al equívoco "amor de mi vida" (saben de quién hablo) y me dolió en el alma considerarme cruelmente atada por él, sin él saberlo a cabalidad.

Es gracioso: ahora que lo recuerdo, hasta mi madre por aquella época se preguntaba qué pasaría con mis metas y "sueños de fuga" estando tan enamorada de él, jajajajajaja

Ay... Dios sabe por qué deja que pasen las cosas.

Yo sé que este ir y venir del carajo es importante para mí. Me gusta ver lo que soy ahora, me gusta recordar la clase de amigos que tengo y conseguir que los corazones de mis seres queridos brillen con intensidad.

Estamos bien como estamos, Susana querida. Sólo debemos tener más cuidado con nuestras almas, pues a veces las exponemos demasiado y no tenemos quién nos cuide por ahora (mundanamente hablando), ni nos dé un amor dulce y reconfortante, para sanar un poco más rápido de lo usual.

Pero nos tenemos a nosotras mismas, amiga, y nunca desaparecemos, de un modo u otro, ahí estamos.

Te quiero mucho, gringa. A ti también, Ernesto.

Ani dijo...

No es que te dañe tu estabilidad ordinaria. chiquita... lo que pasa que disfrazas un mundo que no quieres enfrentar.... eres valiente y amas... pero solo ponle orden a tus aspiraciones... no ocultes el temor... dsfrazar los sentimintos es lo que te daña... quien cree que solo vive bien... sucumbe en la soledad tenebrosa y se vuelve histerica e insoportable-
Tu eres única y la vida te dio mucho... animo y adelante... muchos te aman y cuidan de ti
besos