sábado, septiembre 01, 2007

Nudos


Echo de menos a los serranos. Estaba implícito en mi sonrisa y una tonta espera de respuestas similares, por la calle, en el bus, en la combi, aquí y allá. Extraño esa educación tan formal, tan buena, que aunque se estén quejando, lo dicen bonito, o la amabilidad y las sonrisas sencillas de quienes llegan del campo.

Echo de menos a los serranos y nunca antes lo sentí con tanta nostalgia. A veces, cuando volvía a Piura de las alturas de Chalaco o Ayavaca, notaba entusiasmo en mi ánimo y se me escapaban buenos días por la calle, sin ton ni son, sólo porque todas las demás especies animales se saludan de algún modo cuando se encuentran. Me quedaba con la mano levantada o recibía miradas extrañas y sólo podía optar por acostumbrarme nuevamente a mi “civilidad” estándar.

Ahora es diferente.

Demasiada melancolía, días nerviosos de planes que dependen de una respuesta difícil para empezar a ejecutarse, mucho por postergar, demasiado por ganar. ¿Debo seguir viviendo mi vida, sola? Hace mucho que soy una hembra adulta, me cuesta forzar un poco el intelecto, para que ahogue temporalmente estos espasmos de instinto puro, que quieren irse, que quieren husmear cada rincón, que aún esperan, la naturaleza es así, encontrar un lugar propio, con un espécimen similar a mí.
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Pero, francamente (humana y racionalmente), ya no creo en nada. Sólo echo de menos a los serranos, porque la viveza criolla, la descortesía y la vulgaridad instalada como actitud de vida en muchas personas de la ciudad que me crió (con lo bonita que era), me provocan un poco de asco. Será falta de costumbre. Espero nunca acostumbrarme a esto. Vaya, mis niveles de tolerancia disminuyen significativamente cuando estoy cansada. La tensión, también. Tristeza. Demasiados hogares. Selectividad, apertura. Dormir.

5 comentarios:

Ernesto dijo...

Vaya .... y pensar que hace unos meses hablabamos sobre la personalidad serrana, de su dosis de victimismo, de su: "seguro que es de Lima!!", interesante como cambian las cosas...

Es tiempo de adaptacion y al final estos periodos se vuelven mas cortos, al menos asi me ha pasado.

Angela dijo...

Mantienen esas estupideces, pero debemos aceptar que groseros por la calle y en general no son. Una cosa no quita ni incluye otras, las personas somos así.
Un abrazo.

susana dijo...

bueno bueno.... melancolía? pues, cuando uno conoce la sierra se vuelve melancólico, y te lo digo yo que te quiero mucho angelita... melancolía de un presente y de un futuro, sobre todo. pero quizás tristeza por ver a un país fragmentado, tan parecido y diferente a la vez. que se anula el uno al otro... rotworowski (una historiadora) dice que el Perú es andino, aunque no lo aceptemos... la pena es ver cómo nos transformamos, lo diferente que somos a pesar de provenir de una misma raíz y cultura, y cómo nos negamos. estoy contigo.

Anónimo dijo...

Gracias por la deferencia a los serranos de Chalaco, con seguridad ellos tambien te recuerdan con cariño y respeto; en cuanto al saludo fraterno y amable, son patrimonio que espero no cambien con el transcurso del tiempo (males de la modernidad e influencia de modelos "superados y egoistas"), espero q comentarios como el tuyo, hagan efecto multiplicador y motiven a quienes los practican a seguirlos cultivando y trasmitiendo.
Que los exitos y la suerte siempre te acompañen mi estimada Angela y que las adversidades fortalescan tu aguerrido espiritu.
un abrazo TCalle.

peregrino dijo...

No extrañas a los serranos, extrañas a la humanidad; creo que todos lo hacemos.

Nos leemos.