sábado, agosto 26, 2006

Jeans rotos



La verdad es que no sé nada de desarrollo, por ello preferiría no hablar del tema, pese a trabajar en asuntos relacionados desde hace poco más de tres años.

Este tiempo no me hace una experta y es que aún no me acostumbro a lo que veo. Puedo entender, puedo respetar, pero no aún acostumbrarme.

Hace pocos meses encontré un espejo adecuado a mí, uno que me mostraba tal cual soy, medio llenita de los costados, medio nada “fashion”, medio idealista y medio campestre, con oficio, beneficio, causas a las rebeldías y dónde caer muerta, en caso aquello llegue a suceder por estos días.

Entonces decidí que mi alma era feliz con esta vida complicada de viajes, tierra en los “hi teek”, ampollas por hojotas grandes, de caucho, y mucha gente desconocida dispuesta a no dejarme dormir a la intemperie, nada más porque alguna vez les acepté con gusto un plato de frijoles y chancho “patrullero”, buenísimo, por cierto.

Y eso, que estando de pie frente a ellos, dirigentes y dirigentas, gobernadores y gobernadoras, vecinos y vecinas del llano, todos y todas con pies enormes de casi descalzos y mucha experiencia de vida en montañas y medios piuras rurales, me siento la más sin derecho a estar ahí delante, porque, simplemente, no tengo nada que enseñarles…

Sin embargo, ahí estoy, y lo repito y repito, con gusto y con alegría. Casi los aplausos luego de cada dinámica son espasmos nerviosos míos, de ver a todo mundo contento por mi culpa, antes que por lo que suelo decir: “¡Démonos todos y todas fuertes palmas por el trabajo del día de hoy!”.

Y es que claro, ¿qué puedo enseñarle yo a una maestra que conoce el arte de preparar sus clases a la luz de las velas, o un niñito que estudia en la misma condición? ¿Qué puedo enseñar al señor Fulano de Tal, que a puro sudor y espalda ennegrecida de soles implacables, siembra una hectárea entera y conoce los días de lluvia con una exactitud que los científicos de SENAMHI envidiarían? ¿Qué le enseño a la señora que, como toda madre, hace magia día a día para alimentar a sus hijos e hijas, a la vez que se va hasta el monte a traer sus atados de leña, pastea las vacas, ovejas o cabras, prepara desayuno, almuerzo y cena para los peones, asiste a las reuniones de APAMAFA(1) y sabe, cada una a su manera, ser amorosa con su familia?

Cada quién debe tener en la cabeza su propio “concepto” de desarrollo. Tal vez sea el carro del año, completamente legal. Tal vez sea un ascenso, completamente legal, también. No me voy a quejar del derecho personal de ser mejor al modo propio, pues así es, así ha sido siempre, desde que el ser humano es individuo, desde que la tendencia imperante es medir tu valor por lo que llevas encima, desde que cada persona lucha por lo que le parece correcto, individualmente y, en el peor de los casos (subjetivamente hablando), con una buena carga de hedonismo atada al cuello.

No hay consenso aquí, aunque la verdad ES, aunque la verdad no dé lugar a discusión, pese a darlo, y mucho. La ONU podrá organizar cumbres internacionales, donde los diplomáticos discuten el futuro de la humanidad y disponen las “reglas generales” de conducta y metodología, una suerte de moderno Olimpo lleno de todopoderosos que, seguramente, nunca se han ensuciado los pies con lodo (salvo los invitados especiales que de vez en cuando llegan por ahí).

Mientras tanto, cascos azules por todos lados y Estados Unidos como dueño y señor, por ser el “socio mayoritario” de tan reputada organización internacional. Y bueno, esto tampoco tiene nada de malo, salvo permisiones en guerras (de por sí, injustas), salvo intromisiones en políticas internas, salvo cero condonación de deudas externas, pese a Papas y cantantes británicos, más toda la Oxfam y sus protestas internacionales avaladas por rutilantes estrellas de la farándula mundial (por cierto, ¿por qué nadie me avisó que Miguel Bosé estaría con los algodoneros de Sullana? ¡No es justo! ¡Tenía que darle unos cuantos recaditos!).

Y aquí estamos, pues, frente a los “Objetivos del Milenio”. Que no tienen nada de malo, por supuesto. Es más, van con muy buena intención, se felicita el aporte de quienes se ganan el sueldo discutiendo en altas esferas (alguien tiene que hacerlo, todo planeta necesita sus “luminarias representativas”). Yo aún no hablo fluidamente el inglés, que si no…

Ahora pienso en mi proyecto de vida, en mi labor diaria y en mis “cinco metros cuadrados”, concepto que inventé hace algún tiempo y que abarca tanto el bienestar de mi mamá, mis hermanos y toda la zona de intervención de los proyectos donde hago las veces de comunicadora-facilitadora-sensibilizadora-tapa huecos-camarógrafa-relacionista pública-publicista-periodista subversiva (esto último, porque me duele el estómago de sólo pensar en dejar pasar el pan de cada día –injusticias y demás- que uno se encuentra por ahí por el campo, entre casita y casita, sin autoridad que se entere, ni intención de hacerlo).

Ya me han dicho que no me meta en lo que no me importa, incluso una comitiva entera de cierto gobierno regional, hace algún tiempo, a propósito de unas sequías con sus respectivas heladas y cosechas quemadas. Lo que ellos, ustedes, NADIE sabe es que SÍ ME IMPORTA.

Aún no sé cómo, tengo la idealista idea de que si nos tomamos los problemas sociales “ajenos” un poco más como problemas propios (que, de hecho, lo son), entre todos y todas podríamos resolver una serie de líos de esos gordos que a veces no nos dejan dormir. Cooperación y solidaridad, eso para creyentes y no creyentes, ricos, clase media y pobres, vaya. Pero claro, más fácil es quejarse de que el alcalde no pone suficiente resguardo policial frente a las casas más importantes, para que las pandillas no hagan de las suyas por ahí.

Bueno… es que todo acto humano trae cola, y la cola es más grande cuando va con implicaciones sociales. Como con la naturaleza, somos, todos y todas, parte de un sistema, aunque la economía neoliberal predique lo contrario respecto al consumo, el comercio, el mundo, Dios, etc.

Mientras tanto, mientras los grandes empresarios de Piura no noten que viven en una región agrícola, que potenciando habilidades de los agricultores locales (es un ejemplo) pueden conseguir productos propios para colocar en sus supermercados, de mejor calidad, a buen precio, beneficiando con esto a cantidad de familias paisanas, que gracias a Dios trabajan la tierra y conservan las semillas de la vida, vamos a seguir dependiendo de la cooperación internacional, que no está mal, es más, que es excelente, pero viene con condiciones, viene con metas apresuradas y globales, con presiones que superan la velocidad de la educación y el respeto a las tradiciones.

¿Acaso no sería lindo autogestionar nuestro desarrollo? O, siendo más específicos, ¿acaso no sería lindo que entre nosotros mismos y nosotras mismas nos ayudásemos para conseguir que no haya hambre, una mejor educación y salud pública, condiciones de vida dignas, respeto por nuestra sociedad pluricultural, amor al prójimo como a nosotros mismos? Con esto, ya casi se podría dar por descontada la violencia… Es que la violencia social es reacción ante la opresión: la doméstica, a la opresión del machismo; la callejera, a la opresión de la falta de recursos, la opresión de la frustración. La opresión es injusticia.

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El otro día escuchaba de un concierto de Víctor Heredia la canción “Sobreviviendo”. Sé que con lo que escribo ahora no doy ejemplo de mesura, buenas formas y profesionalismo, pero igual va:

Un compañero de oficina me dijo: “¡Mujer, hoy estás depresiva! ¡Esa música da ganas de cortarse las venas!”. Yo respondí: “Ni hablar, esto no es para deprimirse, ni da ganas de morir… Más bien lo que provoca es ir a bajarse algunas cabezas…”

Perdón por apelar a la violencia, aún más si “Sobreviviendo” trata acerca de procurar la paz. Pero es que a veces, pese a ser yo bastante pacifista y optimista respecto a la capacidad de mi especie para ser justa y buena, simplemente ya no aguanto.

Pero… ¿pero qué? A seguir trabajando, nomás. Hay cosas bonitas, como esto de dar clases (no daré mayores detalles), que es una buena oportunidad para abrir algunos criterios jóvenes y despertar interés en el entorno, aunque sea para que menos personas pasen de largo ante la realidad. Además, los alumnos y alumnas que me han tocado son unas gemitas.

Ya vi que este trabajito bendito tiene mucho de vocación, de amor que sale del ombligo, recorre las vértebras, se posiciona en el corazón y en el cerebro, y te llama, te llama imperiosamente, al punto de no sentir tu vida completa sin esto, no sentirte útil, no sentirte tú. Por ello, duele cuando hay menosprecio, ligereza e incomprensión…

Trae sus luchas “anti prejuicios”… Con decir que a veces a esta “careniña” de zapatos empolvados y jeans rotos por el uso, recién llegada del campo, no se la han tomado en serio, sino hasta que alguien muy “formal” recitó sus “referencias” (¡a saber Dios cuáles!). Bueno, que viva el individualismo radical, pero bien lejos de mí y de quienes no lo necesitan, porque saben compartir. Y que me muera el día en que decida dejar de soñar.

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(1) Asociación de Padres y Madres de Familia.

3 comentarios:

Marea dijo...

Continúa con el buen trabajo.

Angel Castillo Fernández dijo...

Inconforme de nacimiento. ( :

Anónimo dijo...

muy interesante el comentario, en verdad creo que eres una perfecta desconocida (apasionada y desubicada para bien) en este mundo real, pero..... la intención oculta (mensaje subliminal) es muy positivo, espero que genere los resultados que buscas(influir en uno ya es bastante), a mi particular entender, sencibilizar a los duros de corazón y patearles el trasero para que reaccionen..... dificil verdad?. PD.- espero mas comentarios de chalaco.
Gracias. atte. TCalle.