viernes, enero 20, 2006

Acerca de un nuevo final

Cuando empezó todo, yo sabía que te amaba, y ya antes, un par de veces, me había planteado la posibilidad. Te conocía tanto, y te quería tanto también, aunque fue todo gradual, cada quien con su propia vida y sus vendas en los ojos.

Mirarte mirarme, besarte, mi pecho vacío lleno de alegría, pues aunque el panorama no fuera alentador, hasta ese momento, tu llegada (tu decisión de llegar) fue un motivo de gozo grande, que con dulzura fue animándome a olvidar viejas heridas. Fue una bendición de Dios.

Más adelante, con más tiempo, ya mirándonos, ya teniéndonos, empezaron a surgir problemas, cosas de todo el mundo, cosas de las relaciones, líos usuales que cada pareja debe aprender a resolver. Nosotros los resolvimos decidiendo que tú tenías razón, y yo sufría alguna patología. Pero me sentí satisfecha, pues quería seguir a tu lado y hacerte feliz.

Además, la cantidad de cosas buenas que guardas en tu corazón: la dulzura con la que me tratas (cuando no estás fastidiando), cuánto me cuidas, tu paciencia, tu cariño incondicional, tu admiración hacia mi trabajo, tus ojos al contemplarme, tu grata compañía, tu autenticidad, tu sinceridad, tu lealtad, tu inteligencia, tu dedicación, tus pequeños sacrificios para estar conmigo, tu capacidad de hacerme reír… Cualquier nueva rayita en el corazón, se vio inmediatamente compensada (pero no sanada).

Hemos vivido 7 meses, mi más larga relación hasta el momento, la más corta para ti. Y te vas.

La decisión ha sido tuya, pues debes “encontrar tu camino”. Sabes cuándo partes, pero no hay fecha de retorno. Tu familia te apoya en esto, y los comprendo, pues Lima es el bien de todos los que llevan con garbo capacidades como las tuyas. Aquí, conmigo, sólo “mediocridad”.

Me asusta… Has elegido, pero no sabes a lo que vas. Sólo tienes claro que tu familia te ayudará. Yo nunca fui tomada en cuenta, sólo soy “la enamorada”, una chica cualquiera que va y viene, que puede ser reemplazada, que no importa.

Sé que te vas a hacer mejor persona. Sé también que te quedarás allá, pues puedes hacerlo. Sería una estupidez si regresaras. ¿Qué te puede ofrecer Piura? Un poco de tranquilidad, un trabajo promedio, frustración. Y claro, en Piura estoy yo. Con Piura, he sido desechada, y no es bueno pretender que no ha sido así.

A estas alturas, te amo. Pero de eso no se muere nadie. Más bien estoy muriendo de decepción e incertidumbre. Has elegido no buscar más en Piura, sino buscar en otro sitio, nada seguro aún, nada de horarios. No sabes cuánto tiempo te quedarás, ni qué harás. Sólo sabes que estarás con parte de tu familia, que a ellos les va bien, que conocen gente. A lo mejor coges esas prácticas de dos meses, a lo mejor consigues algo de 6 meses, o quizás un año.

Yo… no confío en que optes por mí en decisiones futuras. Tampoco confío en que Lima quiera dejarte ir. Lo que sí sé, y espero de todo corazón que así sea, es lo bien que te irá, lo mucho que aprenderás, lo competente que te volverás y lo pronto que me olvidarás.

Amor mío, te he pedido terminar la relación, pero no quieres. Te he dicho mil cosas feas, pero sabes que es por miedo, y sigues abrazándome. Yo procuro ver el lado bueno de todo este asunto, pero no lo consigo. Algo dentro de mí se ha roto y ahora, simplemente, no tengo fuerza.

Quiero disfrutar de estos tres días que aún nos quedan. Procuraré no pensar en cosas malas, y darte toda la ternura de la que es capaz mi corazón. Que te lleves de mí una sonrisa, y quizás la última mirada enamorada que te regalen mis ojos.

Después de eso, nos escribiremos, y a veces nos llamaremos. Piensas venir a verme todos los meses, esperaré a que te decepciones tú solo, no existe esa posibilidad (salvo que sea con tu dinero, pues ¿crees que quienes te están llevando lejos, te faciliten los medios para mantener lazos aquí?).

Pero es justo que sepas que al subirte al bus, recubriré mi corazón con una mejor armadura que la que usaba antes de llegar tú. Y empezaré a olvidar el “nosotros”, que para mí fue siempre tan vívido, y para ti nunca existió del todo.

Mi amado y dulce niño, que te vaya muy bien, que tus alas crezcan, que vueles a la altura que mereces. Gracias por todo tu cariño. Tal vez, en unos meses, y quizás amando a alguien más, pueda recordarte con una sonrisa.

Te quiero. Espero que no hayan más lágrimas para ti. Te dejo uno de nuestros últimos besos.

Adiós.

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