miércoles, enero 26, 2005

Intento de vacaciones en Sechura, primera entrega:

Fue antes del 31 de diciembre. La gastritis nerviosa me provocaba náuseas y dolores de cabeza, siempre estaba alterada y de mal humor, y seguramente no tardaría en empezar a oír voces, por tanto necesitaba un “parón”.
Pedí que me adelantaran una semana de vacaciones (con tan mala suerte que me contaron como días de permiso los de la celebración por Año Nuevo y fin de semana). Bueno, no nos vamos a hacer problemas por una tontería así. Nos esperaba la playa.
No sé bien cuándo acabamos metidas en la aventura, ni siquiera tengo muy claro cómo es que decidimos largarnos a tal sitio, y no a las recurrentes Máncora o Colán, para que las fanáticas del gym nos refrieguen en la cara sus vientres planos y sus bien levantados traseros. No pues, no voy a ir de vacaciones para estresarme de complejos. Vamos a un sitio donde nadie nos vea, donde podamos dormir y bailar en la arena, allí donde seguramente habrán muchas gaviotas y un buen desconocido siempre dispuesto a ayudar.
Fuimos a Sechura.

Día 1: Crónica de un camping frustrado

Con una bruja en el trío, resultó aún más interesante la idea de ir a parar a un pueblo fantasma a la orilla del mar, que destruyera un maremoto en 1980: Chulliyache, a 7 Km. de Sechura, capital distrital del arenoso distrito.
Helen, con sensibilidad de pitonisa, sintió en el acto el aire frío que delataba el sufrimiento de aquellos muertos de antaño, cuyas almas seguramente aún daban vueltas por el lugar. Lo cierto es que a mí en todo momento me pareció brisa marina, ni más ni menos, pero en fin, a una bruja nunca se le discute nada, sobre todo si tiene mal genio.
Horizonte plano, carretera empedrada y casas abandonadas, picadas en sus bases por el ir y venir del mar en marea alta, de allá cuando el maremoto. Cosa rara: todas de ladrillo, cemento y confitillo… ¿Qué caleta de pescadores pobres está hecha completamente de material noble? Además, con orden de urbanización. Algo interesante para preguntar a las almas esa noche… o en la oficina de turismo de Sechura, al día siguiente (íbamos con la firme intención de acampar).
El mototaxista que nos llevó, por la módica suma de 7 soles (éramos tres, una más potona que la otra, con sendas mochilas igual de potonas y ni idea de dónde andábamos), nos dejó el número de su celular, por si acaso nos echábamos atrás en nuestra idea de pasar la noche en la playa. Contribuyó al desánimo contándonos que la zona se había puesto muy peligrosa desde que empezó a llegar por ahí “gente de afuera” (no detallaré).
Y nosotras, a iniciar nuestras cortas vacaciones. Una del grupo no pensaba meterse al mar por motivos femeninos, la otra, ¿quién sabe? En fin, ahí estaba el botellón de Tabernero Rosé, de 2 litros, para reparar cualquier conflicto.

Por culpa mía debimos alejarnos bastante de los pescadores. Es que no llevé el bikini puesto debajo de la ropa (es primera vez que uso uno de dos piezas, además), y fue toda una odisea convencer a Carla, la liberal, librepensadora, poeta subterránea, vanguardista, etc., etc., que no tenía NADA DE MALO que me pusiera tranquilamente el traje de baño si me envolvía con la toalla. En fin.



El mar estaba especialmente agitado. Por la mañana escuchamos algo, muy poquito, acerca del maremoto en Asia. Para mí los asuntos no se relacionaban, pero para Helen sí. Entonces, luego de enterrar las botellas de gasesosa y vino en la orilla, para enfriarlos, decidió respetar al océano, porque finalmente es uno solo en todo el mundo (gran verdad), y se había llevado muchas vidas ese día.

Pero éramos un trío de desinteresadas por la humanidad, en realidad, y el vino rosado suele subirse a la cabeza con relativa facilidad. Me largué un rato a correr por la playa, quizás hasta un par de kilómetros, donde mis amigas no me vieran, para poder pelearme un poco con el mar y reprocharle –ya que no había a quién más- por tantos asuntos que entonces consideraba importantes. Llorar un poco y gritar sin límite, porque nadie se va a quejar: “¡Te quiero, idiota! ¿Es que no lo ves?”, quizás presintiendo lo de luego.
De vuelta al grupo, a dormir un poco y descubrir que las gaviotas son aves que no tienen respeto ni guardan distancia con nada: bastó tirarles un pedacito de cáscara de mango para tenerlas a todas reclamando comida. No estábamos para compartir, ni tampoco para levantarnos a espantarlas, pues teníamos en el estómago una lata de atún, galletas Club Social y muchas energías gastadas, como para acabar con las que nos quedaban.

Hasta ese momento aún conservábamos la esperanza de poder acampar, o dormir en las casas abandonadas del pueblo fantasma. Quizás lo habríamos hecho, de no ser porque se corrió la voz entre todos los pescadores que nos quedaríamos. Más señales de alerta y, por lo menos para mí, acrecentada prudencia: si nos quedábamos, era mejor que nadie lo sepa, y si ya lo saben, ni modo, a buscar un hotel en la ciudad.

Empezamos a caminar a las 6 de la tarde, confiadas en que nuestra experiencia trabajando en los caseríos de la sierra nos ayudaría a hacer 7 kilómetros en 40 minutos. Por ello, nos detuvimos media hora en el pueblo, para dar vueltas y vueltas, viendo a través de las ventanas y el cemento carcomido de las pareces cómo se ocultaba el sol.
Carla y yo entramos a la iglesia y ella pudo cumplir una de sus fantasías más preciadas: ocupar el altar. Por algún motivo extra natural, Helen prefirió esperarnos afuera.


Hacia las 6 y media marchamos nuevamente a Sechura. “La hacemos en media hora, sí, van a ver que llegamos antes que se oculte el sol”.
Era caminar, caminar y no acercarnos un ápice a la torre de luz que se veía frente a nosotras, indicándonos la ciudad.

Por fin alcanzamos el río, y el “Depósito Municipal de desperdicios biológicos”, bautizado en nuestro buen cristiano como “cementerio de conchas”. En ese momento sentí escalofríos, me asusté. Ya eran casi las 8 de la noche y gracias a Dios teníamos luna, de otro modo nos caíamos al río (y habrían resultado fotos muy graciosas, por cierto).
Más escalofríos… ¿Auras? ¿Presentimientos? Nada, sólo humana prudencia: una cosa es andar con todo plano alrededor, porque puedes ver quién se acerca a muchos metros de distancia, pero allí, entre tantas lomitas de conchas, ya no me sentía segura.
¡Llama al señor del mototaxi, Helen, ahora mismo! (bendito invento el celular). El buen hombre llegó 10 minutos después, y una vez subidas con todo y mochilas: "¡Qué suerte que llamaron, señoritas, porque este sitio es muy peligroso! Hace 15 días encontraron a un taxista degollado detrás de esas lomas!"
Sobra describir nuestras caras. El camino hacia la ciudad (sólo 5 minutos en mototaxi) nos pareció eterno y una corriente fría nos corría por el espinazo. Gracias a Dios llegamos a un hotel, con TV, cable, ducha, y luego, a atragantarnos con pollo a la brasa… lindo primer intento por salir totalmente de la civilización.
Con respecto al taxista degollado: después nos enteramos que era de Piura, y no lo habían matado allí… que sólo dejaron el cuerpo, pero lo ajusticiaron en otro lado. Bonito consuelo.

8 comentarios:

Angel dijo...

Bueno mi estimada, te ha quedado bonito el post, buena selección de fotos.
Ya te creé un link desde mi página (un poco de publicidad no le hace daño a nadie) y ojalá que salga lo de blogsperú... sino, a mandar de nuevo los datos.
Nos estamos viendo luego, abrazote.

P.D. El "botellón" del que hablas es mejor conocido en la lengua vernácula como Damajuana ^_^

Anónimo dijo...

uy chvre tu historia amia asuu como habrs estado tiritando d miedo soy de sechura y se toda la historia de la playa pero asuq valor tuviste jejjej ahh y gracias por visitarlo claroq si lo visitas ia no te qude tan tarde

D for disaster dijo...

(time traveling)

me vacilan harto las construcciones abandonadas. dan un feeling tipo dimensión desconocida que me despega los pies del piso.

me vacilan harto las playas desiertas. me hacen sentir en casa, como si en mi vida anterior hubiera sido un muy-muy.

lo que no me vacila es el vino rosé, que me da dolor de cabeza. pero eso lo puedo disculpar.

cuándo de regreso?

Anónimo dijo...

Te falto lo de la imagen del Señor de los milagros !Que bien se conserva no? ya me animaste a ir a la playa y mandar mis sutis bien lejos jeje la prox t recomiendo que vayan hacia el norte y llegarán a los Manglares de San Pedro allí si se puede acampar, claro eso si corren durante 1 1/2 hora. Bye regresen pronto a mi linda tierra. atte Piedrita, por cierto visiten www.sechura.net

Anónimo dijo...

holaaaa como estan bueno escribo pa agradecerles el haber visitado sechura ps como too sechurano me alegro y espero q nosea la primera ni la ultima
ahhh una cosa mas en la playa c puede acampar d lo mas normal d la vida y hasta pasar la noche yo la pase con unos amigos del inst ps

marina dijo...

hi!!! soy de sechura que lindo que hayas visitado mi linda tierra, por cierto mi padre es pescador y tambien me encanta el mar. ojala regreses pronto. Por cierto las fotos estas lindas

Anónimo dijo...

hola amigos, no se donde de que parte eran,pero ojala que la hayan pasado bien por aca,Sechura es linda y cuando gusten aqui tienen un amigo para ayudarles en algo.les falta conocer varios jugares y se iran verdaderamtente muy contenos,les falta mucho ver.soy daniel.
daniel llenque

Anónimo dijo...

hola amigos, no se donde de que parte eran,pero ojala que la hayan pasado bien por aca,Sechura es linda y cuando gusten aqui tienen un amigo para ayudarles en algo.les falta conocer varios jugares y se iran verdaderamtente muy contenos,les falta mucho ver.soy daniel.
daniel llenque