miércoles, mayo 13, 2009

Tacto

Sintiéndome como hoy, hace diez, siete, tres años, pasaría la noche en casa de C, cargada de olor a tabaco negro, cortesía de su padre (aún estaría vivo su padre), perros de presa amansados y marihuana. C y su novia (¿Quién era tu novia hace tres años, querida mía?), el hermano menor de las tres, amargadísimo contra el mundo injusto, capitalista, hedonista, fetichista, competitivo hasta las hueveras, cariño, así que ponte a estudiar, fuma menos y no te metas en conversaciones de mayores, ¿has entendido?

Y él, maldiciendo, eso, a leer kilos de papel para el examen de segundo de Derecho, en la uni aquella del desierto, extendida sin fundamento por todo Perú.

Cuánto me gustaría, C, saber que ahorita mismo subo a una combi y voy para allá, para allá lejos, en la arena, donde sueles irte a vivir una y otra vez, para contarte que un nuevo cabrón me ha hecho daño y tú Angelita, tranquila, vales un montón, que se joda. Y ala, fuma, que los buenos amigos están en las duras, las maduras, pero eso sí, a la desintoxicación nos apuntaremos juntas, como a aquella dieta que nunca empezamos o a ese proceso de vegetarianismo que tú asumiste valientemente hasta que a mí se me ocurrió preguntar: “Bueno, viene Krishna montado en su vaca… ¿Y qué me va a hacer?"

Qué deseos locos, amiga, de mirar una de esas pelis difíciles o surrealistas a mil color o blanco y negro, cuando pensamos que es temprano y pasa de la medianoche, o bajamos vídeos y alucinamos con ésta u otra fotografía, en tanto pienso: No podría pedir más, no podría estar mejor. Y la carencia de ciertos afectos biológicamente determinados por la menstruación pasa a sexto plano, porque la familia es importante y también lo es trabajar para comer y comer para vivir o comer en ese preciso momento en que el efecto tal y el deseo cual. Entonces, y por lo general, me toca cocinar alguna nueva idea en quince minutos, intentar un postre que salió mal y eso, cariño, cena completa a las tantas de la madrugada, porque la “bajona” y tú, las pinturas de tu novia en la pared (ya sé con quién estabas hace tres años), más una serie de recuerdos líquidos que saboreo escuchando alguna de nuestras canciones.

Te quiero, C, te quiero con furia, ¿y por qué no habría de quererte, si cada mañana luego de cincuenta mil lágrimas mías me regalabas tu tiempo a borbotones, pese a las clases y esas ganas que todos tenemos de progresar sin dejar de ser?

Te quiero porque hemos compartido el mismo miedo y la misma lejanía, porque nos dejamos de hablar tres meses por un chico que ninguna de las dos quería de verdad y optamos por seguir siendo hermanitas, como dijo Fer, y porque cuando lo de la crisis en Palo Blanco estuviste ahí y me hiciste reír, pese a haberme convertido en gato y mirar más negro que nunca. Te quiero porque me sostuviste el día del puente y me escribiste: tu papá me caía bien, era un gran tipo, y yo, aún niña, no podía dejar de llorar. Te quiero por el poema a las alas quebradas cuando lo del chivo en el mercado y el maltrato universal a los animales, por ese temor que inspirabas a mi madre cuando aún pretendía que vistiera de rosa y consiguiera un novio a los veintitrés.

Te quiero por Copito Blanco la de la Mente Oscura, todos los pollos a la brasa con ensalada y cerveza, todas las películas, las sandalias rotas, los campamentos a último minuto y sin equipo adecuado, con cuatro paltas envueltas en papel periódico, y porque sabes que me convierto en vikingo después de las dos de la mañana y si alguien intenta quitarme la comida, gruño. Por acompañarme vía WebCam en las madrugadas de trabajo y por creer que soy fuerte y por confiar en mí.

Recuerdo el olor de cada una de tus casas, la sensación del colchón y nunca nos las arreglamos para no quitarnos la manta por la noche, ¿cómo haces cuando duermes con tu novia? Y te quiero también porque pensabas: es una chica sana y no quiero corromperla, cuando sabías bien que ambas estábamos locas. Te quiero porque me diste la oportunidad de mirar por el Tercer Ojo y querer pese al corazón roto y todo ese cinismo con que defendemos la fantasía y nos protegemos de la desilusión.

Ay, C, mi querida C, mi muy querida, querida C, cuánto te echo de menos, preciosa, bonita, amada mía. Tanto que te besaría hasta asfixiar y luego te abrazaría (y tú a mí), sabiendo cuán hermanas somos, cuán amigas y cuán inseparables pese a inquietudes varias y pájaros en la cabeza.

Te quiero, amiga, pese a estar aquí.

Ayer un pedacito de mí ha dejado Bilbao, ¿sabes? Y yo he pensado en ti, porque dicen que cuando algo nos duele, las personas recordamos los nombres que nos saben más dulce y nos dan calor. Y cómo me gustaría, cómo me gustaría estar allí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

mierda... hoy he estado pensando en ti, todo el dia... sabias q es estoy medio drunk... la quema de mi papa!!! me he tomado una dalai jejej y estoy en nubes, te adoro, te quiero... te todo! eres mi best friendo... my friend in needs... my friend with weed... tu sabes a lo q me refiero.
con furia... te quieros!!!!!!!!!