sábado, julio 16, 2016

Madre Colectiva. Madre Comunidad.

jhkjhkj

Vicky: te has ido. Y es ridículo escribirte ahora, no entrarás a este blog, ya no miras Facebook, pasas de todo esto. Parece curioso que una escéptica como yo piense en tu transcendencia. Pero, ¿sabes? No soy escéptica en realidad. De hecho, me considero animista en esencia y creo haberlo sido siempre, desde pequeña.

Tú fuiste, en gran parte, el tipo de hogar que quisiera ser para mi niña: abierta, cálida, con panes rellenos de jamón y leche caliente para los fenómenos esos que se han encerrado en el cuarto de tu hijo a ver ora anime, ora Jeunet, ora Kieslowski, ora MTV. Allí estabas, y no reparabas en palabras tiernas, abrazos y besos.

Vicky: en verdad, en verdad, no voy a olvidarme de ti.

Justo en ese momento en que te despedías de tus seres amados, mi hija rompió en llanto y yo pensé: “alguien se va”. Y no me acordé en ti, pese a haberte tenido presente toda la semana, horas antes. Lo siento. Lo siento muchísimo.

Vicky: te amo. No tanto como tu hijo, tu hija o tu esposo, o tal vez tanto como ellos, pero diferente, porque no fuiste mi madre. Sin embargo, fuiste muchos ejemplos, mucha apertura, mucha colectividad. Tú misma dejaste clara la individualidad, tú misma nos enseñaste a amar a cada persona en su universo y diversidad. Tú misma me dejaste llorar como una nena por un ex novio ingrato, y me dijiste: ¡Ánimo, Angelita! Y me diste chocolate, y me abrazaste, y creo que tu partida es una mierda dantesca. Sin embargo, comprendo que necesitabas descansar.

Quisiera que el trabajo, nunca más, me quite tiempo para acercarme a todas las personas que podrían ser tú.

Vicky: gracias por tanto amor.

Buen viaje. Buen destino. Feliz eternidad.