viernes, julio 05, 2013

¡Me da igual!

Es curioso cómo a veces centramos el análisis de los grandes problemas de nuestra vida laboral en cuatro pavadas. Quizás sea una forma de evitar enfrentar situaciones incontrolables (en apariencia) y seguir andando de puntillas por la tangente, sin dejar, por ello, de quejarnos.

Recientemente sucedió algo, digamos, curioso: una usuaria denunció de manera infundada a una de mis compañeras de oficina (española, por tanto, más “sonora” de lo habitual en un país andino). Afirmo el infundio porque fui testigo del asunto y sabemos, además, que la “víctima” no las tiene todas consigo (no la compadezco, llega a ser muy pesada).

La usuaria alcanzó un reclamo escrito a la gerente, quien armó un pequeño escándalo de doble rasero: por un lado, reconoció en la denunciante varios matices de problemas mentales; por el otro, cuestionó a la española su tono grosero, su rudeza y, sobre todas las cosas, esa pésima actitud de que todo le daba igual.

Y es que “me da igual” es una de sus frases más recurrentes en cualquier conversación y reunión de equipo. - ¿Podemos hacerlo así o tú cómo lo prefieres? - A mí me da igual, como ustedes lo vean mejor. - ¿Te molestaría acompañarnos a una reunión el próximo viernes, a primera hora de la mañana, o es un problema? – Ningún problema, me da igual, voy con ustedes. - ¿Quieres sentarte adelante? – La verdad, me da igual.

Así, hasta el infinito.

Entonces, al no entender el conflicto de la gerente (quien ha vivido muchos años en España), preguntó al equipo y descubrió lo siguiente:

En América Latina, “me da igual” equivale a “no me importa”.

Esta última expresión tampoco es problemática en España, pero escarbando aún más, descubrió que “no me importa” es una frase prohibida en la crianza de los niños latinoamericanos "decentes y bien educados". Nunca podemos decir (admitir) que algo no nos importa, salvo al manifestar menosprecio hacia asuntos calificados como poco importantes por la norma social.

Es decir, mientras para una española, “no me importa” significa “no me molesta, no es un problema para mí, no me significa mayor esfuerzo hacerlo (ergo, puedo hacerlo y de buena gana)”, para una latinoamericana “bien criada”, “no me importa” quiere decir, como poco, “no me interesas, ya puede pasarte por encima un tráiler y ni siquiera me voy a inmutar, así de poco vales para mí”. ¿Exagero? No. A veces somos el non plus ultra de la susceptibilidad.

Para resumir: todos estos meses, la colega, con sus guturales “me da igual”, intentaba dejar claro que podíamos decidir y estaría de acuerdo, pero algunos le estaban entendiendo “hagan lo que les salga de los huevos, a fin de cuentas a mí me interesa un carajo lo que está pasando aquí”. Y, por lo visto, la gerente era de las más afectadas (pese a haber vivido muchos años en España).

¡Somos la hostia!

Considero muy importante que las personas foráneas comprendamos los códigos locales, por supervivencia y respeto. Al ser ésta una ciudad pequeña, la comunicación transcurre en tonos bajos y se requiere de muchos rodeos para hacer cualquier solicitud. Debemos aprender a comunicarnos en tales circunstancias, siempre y cuando no empeñemos nuestra personalidad (somos minoría, pero tenemos la prerrogativa de exigir respeto a la diversidad).

Ahora bien, en el ámbito laboral, nuestros compañeros deberían mostrarse dispuestos a poner de su parte y tratar de entender las diferencias culturales. No digo interpretarnos a la perfección, sino mirarnos con un poquito más de buena fe, en vez de ponerse a la defensiva y considerarnos los monstruos altaneros que no somos (ni queremos ser). Y, muy importante, corregirnos oportunamente si estamos usando términos inadecuados para la idiosincrasia local. A fin de cuentas, es parte del trabajo en equipo.

Personalmente, lo tengo bastante más fácil que la colega española: el código peruano, aún con variantes, no es tan distinto al ecuatoriano, y luego de vivir en Guatemala (donde nadie nunca dice “no”) me resulta bastante sencillo sumarme a los rodeos, aunque la mayoría de veces me canso y acabo lanzando el mazazo final.

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