jueves, mayo 10, 2012

Lemon Juice


Pasado atemporal: 

Hace pocos meses me sorprendí compartiendo con una amiga valoraciones bastante duras acerca una ex-compañera de trabajo, por quien siempre sentí distante aprecio. Ella estaba en el nivel más bajo de la escala de salarios y difícilmente habría podido integrarse en los entornos de los “grupos superiores” (básicamente, porque no estaba interesada). Eso sí, tenía contrato fijo y seguridad social. 

De vez en cuando, hacía confidencias a gente como yo, de la “nube aquella” que flotaba entre el funcionariado formal y la nada absoluta. Tal vez nuestra situación de seres desapegados nos brindaba cualidades de agujeros escarbados en la arena, donde personas tímidas podían gritar sus frustraciones y tristezas con alguna posibilidad de eco inmediato y sin mayor vida que algunos segundos antes del entierro. 

“Tenía miedo”, dije. “Tenía demasiado miedo y eso me generaba desconfianza”. Mi interlocutora me miró sorprendida. Debí explicar: “Si una persona tiene tanto miedo de perder su trabajo, ¿no crees que, en un momento de crisis, podría llegar a la traición para conservarlo?”. Sí. Sin ninguna duda, sí. 

Y no me atrevería a culparla. Brecht decía que antes de aprender moral, habría que llenar el estómago, y las espiritualidades calvinistas, tan arraigadas en nuestra América, predican que el “yo” está por encima de cualquier convención colectiva y el mal de “los otros” es castigo divino. Así, aplicando un reduccionismo atroz a la corriente cultural. A eso sumémosle desestructura social e individualismo exacerbado para dar la contraria al comunismo, porque el comunismo es Satanás. 

A veces las personas nos encuentran confiables y nos cuentan secretos. Es imprudente tomar esto como un “voto de confianza”. Quizás, sencillamente, necesitan hablar y ser escuchadas. Entonces, limitémonos a escuchar y callar. 

Presente continuo: 

Hace algunos meses, la comunidad organizada se comunicó con el donante para acusar a la ONG ejecutora de abandono y posible malversación de fondos. Usaron la dirección que la ONG ejecutora había compartido,  para asegurar la transparencia y horizontalidad del proceso. La comunidad organizada, que en su día a día rutinario sería incapaz de hacerle un plantón al alcalde (entre otras cosas, porque el alcalde les mandaría a la policía rompe-manifestaciones y una que otra bala perdida daría a matar), agradeció poder hablar directamente al donante, que en la estructura de la Cooperación Internacional vendría a ser algo así como Dios. 

Durante las semanas previas a la denuncia, una obra de infraestructura mal planificada sucumbió a un temblor. La ONG ejecutora, habiendo ya cerrado el proyecto, convocó a comunidad y socios locales para buscar soluciones. Los socios locales, emocionalmente comprometidos en cuanto ocurrió el suceso, acabaron dejando claro que sólo actuarían a condición de recibir dinero y hacerse cargo de su administración, con mano de obra gratuita brindada por la comunidad organizada. La ONG ejecutora no registró ni firmó ningún compromiso, por tanto, no podía probar los cambios en el discurso de los socios locales, ni documentar cada encuentro con la comunidad organizada. 

Entonces, y a espaldas de la ONG ejecutora, la comunidad organizada, sin afán de provocar mal alguno, con toda su buena fe y sintiéndose abandonada, se puso en contacto con el donante y le contó que consideraron prudente informar por vía interna antes de ir a los medios de comunicación. “Nos sentimos solos, siempre nos dejan solos, estamos cansados de estar solos, quizás usted, Dios mediante, nos pueda ayudar”. Jamás mencionaron los trabajos de planificación y la búsqueda de financiamiento extra en la que andaba la ONG ejecutora.

Y no me atrevería a culparlos (por supuesto que sí, montón de desleales): durante su vida han tocado tantas puertas, y tantas puertas les han cerrado, que temen ser engañados, por eso recurren a la mayor parte de organizaciones que podrían echarles una mano, sobre todo si éstas han sido presentadas como importantes. Brecht decía que antes de aprender moral, habría que llenar el estómago, y las espiritualidades calvinistas, tan arraigadas en nuestra América, predican que el “yo” está por encima de cualquier convención colectiva y el mal de “los otros” es castigo divino, etcétera… 

Consejos prácticos para oenegeros/as honestos/as y comprometidos/as: 
(El orden de los factores no determina su importancia) 

  • Haz un curso básico de contabilidad, probablemente debas resarcir todos los errores de tu asistente contable y quedarte solo/a con los informes finales. 
  • Prepárate para despedir a quien te signifique un lastre. El tema de la ideología está muy bien, pero a ti te pagan por hacer un buen trabajo y tu equipo recibe dinero también por trabajar. Tú puedes pensar o sentir lo que quieras, pero el 80% de tu personal se iría a vender salchichas por unos dólares más. Y luego te contarían que allí se estresan menos.
  • Deja todo por escrito, desde la reunión más absurda hasta un convenio de colaboración. Prepara actas de compromiso y procura que todas estén firmadas, haz copias de las cédulas, graba, toma fotos. Muchas personas tienden a negar lo que dijeron en cuanto notan que ya no les conviene sostenerlo. Y sin ningún remordimiento. 
  • Si no tienes la entereza de espíritu (o problemas mentales) de la Madre Teresa, no establezcas lazos afectivos con nadie. A excepción de algunos amigos, cualquier ser humano sería capaz de traicionarte por beneficio propio, incluso esa gente de la comunidad a la que defiendes con tanta pasión. 
  • No eres el padre o la madre de tu población sujeto, ni su presidente, ni su alcalde, ni su teniente gobernador. Tampoco eres responsable de su pobreza. Estás allí para cumplir un objetivo específico, que podría beneficiar a toda la comunidad si sale bien, pero no te corresponde resolver todos los problemas que encuentres en el camino.
  • No tienes amigos en la comunidad, ni entre los socios locales, ellos forman parte de tus relaciones laborales. Quizás, pasado el tiempo, puedas llegar a establecer vínculos más cercanos con algunos, pero, de entrada, tu misión no es hacer amigos, así que no te agobies. 
  • Probablemente te quedes solo/a si las cosas se ponen feas. Así funciona, los seres humanos nos cohesionamos con “los nuestros”, tú harías lo mismo en una situación similar. Vale, no lo harías, pero ellos sí. 
  • Permítete desconfiar de tus socios locales y de la comunidad (créeme, no sería una actitud de superioridad). Seguramente encontrarás gente increíble, pero a la mayoría le ha de haber afectado crecer y sobrevivir en ambientes hostiles, de valores distorsionados. 
  • Unos más que otros estarán envilecidos, sospecharán de tu administración y envidiarán tu salario, tus estudios y privilegios. Compréndelos, pero no te les entregues en bandeja de plata, con “Chivo Expiatorio” escrito en la frente. 
  • Tú no estás jodido/a, por eso te permites ser generoso/a. Ellos sí lo están, por eso se vuelven suspicaces cuando hay dinero de por medio y siempre cuentan los centavos. Así funcionan y tu buena voluntad no va a marcar gran diferencia. 
  • Tus compañeros de trabajo en el entorno local también pueden llegar a envidiar tu salario y tu situación privilegiada. Aún con esto, los buenos profesionales harán que todo marche bien. Pero prepárate: un par de ellos/as te obligarán a hacer de psicólogo/a en tanto les perdonas que hayan iniciado murmuraciones en tu contra. 
  • No esperes acciones democráticas de gente acostumbrada a vivir en represión. Los cambios de comportamiento llevan tiempo y dependen de muchos factores conjugados. ¿Te sorprendes? ¡Si eso te lo enseñaron en el Máster! Qué ganas de olvidar lo importante. 
  • La pobreza y la injusticia duelen, pero si tienes vocación de redentor/a revolucionario/a, sin una pisca de mentalidad empresarial, no te dediques al desarrollo humano en un contexto de Cooperación Internacional. Más bien carga tu oboe, una caja de antiofídicos y vete a alfabetizar la Amazonia. Eso sí, procura que ningún minero o petrolero vaya detrás de ti, usándote de escudo-puente con las comunidades nativas, así evitas el riesgo de acabar convertido en alfiletero. 


Para terminar, si crees que tener en cuenta todo esto implica ser cínico/a, ve pensando en cambiar de rubro. Según esta propuesta, sólo necesitas capacidad de observar las conductas sociales de una realidad que te es ajena (es decir, desconocida), a una distancia respetuosa y sin la ilusión (un tanto soberbia) de cambiar actitudes con sólo dejarte ver. También deberías aprender a establecer sistemas de trabajo conjunto a través de la negociación, siempre destacando los beneficios personales y sociales, sin pretender que otros compartan tu amor al arte. 

Ahora bien, si te has empeñado en proteger y guiar a un ser humano, al punto de darle la libertad, el cariño y la felicidad que consideras adecuada y justa, ten un hijo o una hija y fórmale según tus principios. Ya verás que hasta él/ella, a sus 14 años, te fastidiará.