jueves, enero 06, 2011

Momento muerto


Tengo ganas de un martini azul, un martini azul en el Txo. Un martini azul en el Txo, con Zigor. Afuera, frío gélido. Dentro, intentar el rincón más alejado, donde el humo llegue menos.

(Ya es 2011, habrá entrado en vigor la prohibición de tabaco en cualquier lugar público. Será como con los toros, habrá “defensa de la tradición”).

Quiero un martini azul y quiero a Zigor y quiero estar en el Txo. Pero también me gustaría compartir una cena sencilla en casa, con mamá, hermanos, abuela, etcétera. Hacer planes de trabajo allá. Entiendo, sin embargo, que aún no es momento de tomar decisiones postergadas (por tanto, sigamos postergando).

También me gustaría pasar la noche entera bajando video clips con Tefo, mientras Carla nos manda al carajo y pide que la dejemos dormir. Despertar en colchones desperdigados e ir hasta la cocina por un café, evitando pisar gatos (gatitos pequeñitos). Que se nos atraviese el pitbull, amoroso a su modo perruno, y quita, qué asco, puf, buen chico.

Se me ocurre, además, que podría estar en el piso madrileño de Ernesto, despachándonos una botella de vino. O tomando unas cañas con Jorge, jugando con Andrea, cenando con Tania, atacando la nevera de Silvia y Alberto, cotorreando con Sophia.

Pero estoy en Guate, en la mesita del comedor de mi nuevo “sitio”, robando Internet a las oficinas de al lado. La sueca mira una película en su habitación. Tengo frente a mí un póster de los canales de Venecia, recuerdo transoceánico de otra de mis compañeras de piso. Mañana debo madrugar para ir a trabajar. Ya tengo pendientes y ese agradable estrés rutinario. Mujer atareada y pluriempleada, en esencia seguimos igual.

No hay martini, sino ron. Lo demás tendrá que esperar.