martes, febrero 08, 2011

Todo y nada



Han pasado muchas cosas. Muchas, y no puedo escribir acerca de ninguna. Demasiadas personas, demasiados nombres, pocos años. Pocos años, pequeño porcentaje de la vida vivida, punzadas en el pecho, fastidio por un presente que sólo satisface por compartimentos. Deseo de plenitud.

Esta mañana, cuando el médico me informó que tengo el tabique desviado (probablemente hereditario), recordé que la producción de clorhidrato de cocaína es uno de los negocios más sangrientos e injustos del mundo. Por lo menos en Cusco, Puno y Madre de Dios mantiene activa la trata de personas, sobre todo niñas y niños (son pequeñitos, pueden meterse a los fosos de hojas de coca, cal y queroseno, y pisar, pisar, pisar).

A veces echo de menos la primera habitación independiente que tuve en Piura. Allí vivió Indira durante muchos años, fue su centro de operaciones y nido de amor (cómo cambian las cosas). Añoro llegar a esa ratonera con un baño aún más pequeño y sin puerta. Me pregunto por qué la extraño tanto, si era tan fea. Por entonces solía salir mucho con Yuri, un buen amigo. Era grato ser consciente del valor de las persona que me rodeaban, tener un buen trabajo y perspectivas más o menos claras de a dónde quería llegar.

También extraño a Carla, con y sin Metal, con y sin perros, con y sin cerveza, con y sin, pero siempre ella y todo lo que significaba ella: Tefo, Fernando y sus amores, toda aquella apariencia disfuncional que nos hacía tan extremadamente libres y tan realistas en nuestra ensoñación.

Dicen que para el viajero, volver a casa implica “ver que no ha pasado el tiempo”. Mentira. El tiempo pasa. Mis hermanos son mayores, muchas de mis amigas han dejado Piura, otras ya son madres, mis amigos están comprometidos o se han casado. Una sobrina nació en mi ausencia, otra viene en camino.

Me encontré escuchando una canción vieja y suspirando por un chico que venía confundido entre las notas. Uno de los que nunca me hicieron caso, claro. Creo que mis recuerdos “amatorios” más bonitos son de mi periodo platónico, que duró casi una década, porque el afecto que viene a mí en torno a ellos es totalmente mío y era un afecto confiado, dulce, naïf. Creo que, en general, disfruto de las canciones que, en mi ahora y a lo largo de esta corta historia, nadie me ha podido quitar (pienso en Ángel y esas interminables noches hablando de nada).

Debe ser la laringitis, esta mañana de médicos, las pastillas, la inyección. Debe ser que siento la carencia de una persona que pueda llamar al trabajo para avisar que no voy, si estoy demasiado débil para hacerme cargo del protocolo (suele ser alguien de la familia, una amiga cercana, el compañero o la mamá). Debe ser que hace mucho no me sentía tan sola... Debe ser que nunca hago caso cuando me mandan a descansar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Angelita que te recuperes pronto, descansa!!! Muchos abrazos y besitos a la distancia
TQM ... Myriam

pastillas para el acne dijo...

espero que te recuperes pronto, suerte linda