miércoles, marzo 25, 2009

Lupus


Hoy tengo ganas de escribir. Me he pasado el día buscando información sobre ONGD de diferentes comunidades para armar bases de datos.

Ya no sé qué pensar de los nombres y diseños de las Web de las ONGD… La mayoría conserva el mensaje “pro-fondos” que caracterizó a todas hasta hace pocos años. Viniendo “del otro lado”, me cuesta mucho tragarme imágenes tan lindas, dulces, de niños con mocos y miradas inocentísimas, haciendo sentir a los habitantes del “lado afortunado” eso, que son afortunadísimos y pueden compartir un pedacito de su fortuna ayudando a personitas que “con poco son tan felices”…

Es que se me mezclan muchas cosas en la cabeza. Recuerdo, por ejemplo, a mis padres impidiéndome sobremanera que haga cola en navidades para que algún Papá Noel de la Sullana pituca me de un regalo barato, que en poco tiempo se iba a estropear.

Cierra la boca y no te atrevas a llamarme clasista por lo que acabo de escribir. Tampoco me cuentes historias de personas sencillísimas que valoran cual tesoros lo que los demás desechan. No intentes darme una lección de humildad, porque la caridad entendida como limosna puede satisfacer una necesidad puntual de cualquier ser humano, pero no valora como es debido su dignidad.

Algunas personas, incluyendo quienes venimos “del otro lado”, podemos darnos el lujo de elegir, porque tenemos la ventaja de saber de qué manera merecemos vivir. Y no hablo de dinero, sino de atención médica universal y de calidad, educación, respeto a los derechos fundamentales, etcétera.

Una cosa es decir: “Tengo poco dinero, por tanto, da igual que mi habitación sea húmeda, pequeña y horrible, voy a aguantar ahí un rato, con una buena dosis de optimismo, hasta que vengan tiempos mejores”.

Y otra muy diferente es vivir en ella sin preguntarse por qué, sin metas tras el sacrificio, sin creer que incluso un acabado más bonito en la pared podría hacer la estancia más placentera.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver tanta “superficialidad” con los problemas gravísimos que azotan al mundo? Mucho. Somos seres humanos y estamos totalmente equiparados en composición biológica y capacidades potenciales. Lo que tenemos en la cabeza es cuestión de cultura, sociabilidad, oportunidades y formación. Las ventajas del “lado afortunado” y las desventajas del “otro lado”, así vistas, han surgido tras siglos de actuación antropogénica (que se jodan las feministas, voy a decir “antropo” porque soy de Perú y me sale del útero).

Nos hemos buscado lo que tenemos porque nos dedicamos a jactarnos de nuestra racionalidad, atacándonos unos a otros como lobos. Desarrollando armas para someter. Porque sí, porque así somos. Las expansiones, las conquistas, las expediciones… Todo ha sucedido para someter. De ahí, las ciencias.

Un día decidimos que debíamos civilizarnos y continuamos sometiendo al resto del mundo, sólo por el hecho de no conocerlo.

Así, hasta nuestros días.

No voy a negar la desventaja de los que venimos del “otro lado”, pero, atención, no todos los que venimos del “otro lado” tenemos las mismas desventajas. Allá, al otro lado, existen grandes problemas de desigualdad y discriminación recíproca. Unos pueden irse a Estados Unidos a aprender idiomas y llevan una vida inimaginablemente buena para cualquier europeo de clase media.

Otros, a la academia del barrio nomás, convalidándolo con el trabajo y los estudios normativos.

Y un buen número de ellos y ellas ni siquiera saben escribir sus nombres…

Es verdad, señoras y señores del Norte, hay necesidades allá en el “otro lado”, pero no son precisamente como las imaginan. Hay muchas historias detrás de un niño que muere de hambre, una prostituta de 12 años o una guerra civil. Mucho más que la foto conmovedora y no se va a resolver con una propina lavaconciencias, pertenecer a un partido de izquierdas o apoyar la causa bolivariana (por cierto, pienso sinceramente que Bolívar fue un líder bastante mediocre para el bombo que se le está dando últimamente). Que no se me malinterprete, cada quién puede hacer con su dinero y su tiempo libre lo que quiera, mucho mejor si le da satisfacción y coherencia de vida. Pero sin soberbia, por favor, ni siquiera de la bienintencionada, que está muy de moda hoy por hoy.

Creo que no estamos moviendo los hilos correctos, ni implicándonos de verdad. A ninguno de nosotros (y nosotras, vale) nos ha dolido aún demasiado. ¿Qué pasa con la empatía? Ah, es que a veces lo olvido, la empatía se da entre “iguales”… (Por si no se enteran, estoy siendo irónica).

Tenemos mucha contaminación en la cabeza. Demasiada, demasiada contaminación.

martes, marzo 24, 2009

estaré contigo otra vez


Hace tiempo que no escribo. Me nace cuando voy por ahí, en el metro, muriéndome de calor o con las manos frías de lluvia. Pero apenas pisar sitio seguro, distracción, evasión, se acabó, no lo hago una y otra vez.

Aquí estoy, tratando de parir una bonita justificación al silencio, pero todos los temas y las ideas disueltas en el estómago, hora de cenar, hora de cerrar, hora de dormir un poco.

El otro día estuve en un Suyo llamado Asturias, orando lo único que me sé en quechua frente a una Cocha y un Apu nevado, con los pisamierda rojos puestos hasta la muerte y un paguito a la Pachamama sin alcohol.

Me voy a Perú. Después del concierto del 30 de, claro.

Abrazos y besos.