lunes, diciembre 22, 2008

Navidades y cosas de esas


No recuerdo cómo se llama este niño, pero sí que ese día me encomendaron, además del trabajo habitual de logística-sensibilización-documentación-etcétera, averiguar sobre cómo pasaban las personas “de por ahí” la navidad, tal vez por ser ese un frío día de diciembre del año 2003, en la Meseta Andina.

Y bueno, como a la editora se le había metido esa cursi (sí, cursi) idea en la cabeza, obedecí, pues aún no tenía suficiente confianza para ir a mi bola y entrar en nebulosísimas ralladuras personales.

Entonces, luego de una rigurosa averiguación de datos reglamentarios (mis padres han venido al taller de capacitación porque son promotores de salud en el pueblo y tienen interés en saber cosas que les hacen bien, y la invitación, el refrigerio, el clima y tal) y de que vine porque no podían dejar a mi hermanito solo en casa y alguien tenía que cuidarlo, lancé la desubicada pregunta: ¿Cómo pasará tu familia la navidad?

¿Navidad?... Hum… Eso es algo que celebran los creyentes, ¿diga?

Si te volviera a ver, jovencito, te diría: No, cariño, no es algo que celebran los creyentes nomás… Pero a estas alturas, sabrá Dios qué es.

miércoles, diciembre 17, 2008

Misantropía

Es una cadena. Un eslabón tras otro, de asuntos simples. Así:

Un amigo mío dice tener ya bastante edad y quiere un hijo. Al parecer, las circunstancias en que desea tenerlo no importan mucho, con tal de tenerlo. Le digo: o sea, tu búsqueda de pareja implica poder procrear. Sí, responde. ¿Acaso no es obvio? No, no lo es. Hay personas que no quieren tener hijos, sino adoptar. Otras, que se enamoran habiendo descartado de entrada la posibilidad (muchos homosexuales, por ejemplo).

Entonces, él quiere tener un hijo para poder jugar juntos en el parque. Está muy bien. O acaso no está ni bien ni mal, simplemente es válido. Es válido porque es muy humano querer trascender en una cría, como en un libro, como nada en particular. Lo humano del asunto no es la opción escogida, sino la posibilidad de escoger.

Luego, habemos de ser respetuosos con cualquier elección, pues de eso se trata la libertad. Por tanto, debo aceptar que es bueno buscar una pareja por el mero hecho de querer procrear, como aceptar acaso que sólo se trataba de pasar el rato y es una estupidez sentir un par de grados de cariño más que el otro. Aceptar que la vida sigue, por ejemplo, y el mundo (el afecto, las personas) se vuelve cada día más descartable.

Evitar escribir en mi blog que me cago sobre las fiestas patrias peruanas, aún argumentando debidamente la sensación, pues alguien reclamará que “le deje ser y sentir”. Lo mismo si la niña aquella se ofende con sus compañeras de clase porque tienen la costumbre de entrar al Messenger como “no conectadas”, afectando con esto gravemente sus relaciones personales (pero las de verdad, las de mirar y decir a la cara).

Así dicho, tampoco puedo indignarme si los futuros diplomáticos de mi país ven normal y hasta “sabio” guardar sus ahorros en paraísos fiscales. Es que hay libertad. Y hay libertad para bombardear a los niños por televisión, estas navidades exígele a tu padre la última generación de juegos de vídeo, para tu agilidad, para tu habilidad, para tu imaginación, con dos personajes y así tu viejo (o vieja) se sienta, coge la consola de al lado y ala, a pasar rato juntos, que hay que fomentar unión familiar.

Entonces, ¿qué podemos hacer? Hay cosas totalmente fuera de discusión, como las dos cervezas con el ripio que quedaba en la cartera, los viajes interoceánicos, etcétera. Tengo derecho a disfrutar mis horas y agradecer a dios y mis padres la vida, la oportunidad, gracias, gracias, buenos amigos (y amigas), todo bien, todo en orden, ni siquiera pienses en la tuberculosis, en la tifoidea o en el sida y tantos corazones rotos, porque no amerita, mujer, porque la vida es ya bastante dura y nada puedes hacer desde aquí.

Es que, claro, como luego cada quién puede fundar su reino donde quiera y como quiera, los esfuerzos de solidaridad se quedan en las luces navideñas y la chocolatada para niños con caries, pero caries de desnutrición, no esas que dan por falta de aseo dental (aunque también). Y una pelota o una muñeca rubia, que no se te olvide.

A fin de cuentas, y para ser coherente, valdría más bien vivir del arte y contemplar, y ceder, y ver de quién viene cada qué y cada quién y cada sueño, porque entonces el asunto es un sin vivir, cosa que tampoco merece la pena estando el respetable tan atento a la evolución de la larva, que si mariposa, que si polilla, que si futuro y diamantes en bruto, ay, por el amor de.
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Afortunadamente, existe la música (y el silencio).

Somos, en verdad, criaturas extrañas. Me gusto. Me gustan, sí. El desequilibrio y la incoherencia, más la posibilidad de enmendar, a saber si por derecho natural o acaso llegó el misionero católico justo a tiempo para avisarte que tu alma se irá al infierno porque suicidarte es un pecado (y chacchar coca, y casarte con tu prima).

Espiral…

Neutralidad ¿Existe la neutralidad?

Heme aquí, luchando por mantener mi permiso de residencia en un país que exporta armas a África y esquilma los recursos energéticos a Latinoamérica, porque resulta que los grandes empresarios tienen derechos tan grandes como ellos mismos y sus grandes familias, sus grandes casas, sus grandes automóviles, sus grandes inversiones, sus grandes riesgos, sus grandes aliados políticos, sus grandes inteligencias y sus grandes ambiciones.

Pero ellos también son humanos y de vez en cuando, ¿tú crees, Lucía?, se preguntarán este tipo de cuestiones y responderán: “¡Deja de pensar huevadas, chibola de mierda, y ya no te compliques la vida!”.

Es que al final, ¿quién no debe (siquiera las gracias)?; ¿quién no merece (siquiera las gracias o una patada en el culo)? Ni siquiera un muerto, no, señor, ni siquiera.

Y es cuando entiendo mejor a los mártires y los drogadictos. Bendita evasión. Divina ignorancia. Sí, hombre, ya sé que todo está bien, pero yo paso. Eso, paso.

¡Miren qué contrastes más bonitos!...

viernes, diciembre 12, 2008

La habitación de Lucía

Para Silvia, Alberto, Kari, Alice, Manolo, Pía, Miguel, Mario, Ernesto, Koldo, Adrián y Xavi.
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Si no hubieran ocurrido esos pormenores dolorosos que no condicionan la vida más allá de este espacio entre el cuello y el estómago (o el estómago también, si se pierde el apetito por ansiedad), la noticia habría sido realmente deliciosa, habría llegado airosa e insoportablemente feliz, a decir lo que ella y sus anfitriones llevaban tiempo esperando: por fin, un trabajo.

Supongamos que el éxtasis se hará esperar hasta el fin de semana, días festivos que laboriosamente dedicará a terminar lo empezado hace un año, por fin, Dios mío, de una buena vez. Esperando, claro, haber tomado suficientes apuntes y no perderse en elucubraciones tipo la paz mundial, el hambre, la injusticia y la madre que los parió.

Tal parece, eso creo, pasaremos nuevamente juntos la noche vieja. Por supuesto, esta vez tiene clarísimo que no acabarán en la cama, celebrando la borrachera, el chapuzón invernal en aguas cantábricas, la pérdida de seres queridos y la soledad. Oda a las almas gemelas ciegas, sordas y mudas, piensa. Oda al miedo, qué mierda. De todos modos, el hombre de mi vida murió en 1984 y la abstinencia es sana. Nada como besitos sabrosos para recuperar infantiles ilusiones, a estas alturas de los tiempos y la promiscuidad.

Ya ha pasado un año. Sí, como el año pasado y el antepasado. Todos los años pasa un año, sin embargo, cómo abrimos los ojos de sorpresa al decirlo en voz alta. Voz alta, resoplido, coño, carajo, cómo pasa el tiempo, edad, personas que no volverán, cambios de actitud, propuestas, vamos, gente, que hasta el más ateo piensa en esto de cerrar círculos en fechas específicas y para el uno de enero estaremos renovaditos, con la fuerza de voluntad sobrecargada, menos flojera y mucho ánimo. Ya.

Pues sí, problemas diluidos en vino. Miras discretamente a tu compañero esporádico de cambio de calendario, ese que luego insistió en tomar café un día de estos y días después, vía Short Message Service (es que ellos son sutiles), te dijo “hagamos como que nunca pasó nada”. Muy bien, complaceremos al caballero. Respondiste: “¿De qué estás hablando?”. Punto.

Mujer, confiesa que te atrae la idea de la repetición cíclica. Sí, bueno, pero da igual. Ya bastante harán él y tú con acompañarse y comprenderse sin decir palabra, pues ahora les hermana ese dolor jodido que no va más allá del espacio entre el cuello y el estómago, imperceptible, salvo que alguno de la misma especie, valiente idiota, se atreva a mirarles directamente a los ojos para imaginar lágrimas secas alrededor.

Esto, si al final pasan juntos la nochevieja y demás, pero te adivino ganas de autoflagelación ermitaña. Ya, así andamos. Mira que te lo han reclamado tus anfitriones cuando les sugeriste comprar un hamster para sobrellevar tu ausencia. “¡Si no nos has hecho ni caso!”, Silvia y su verdad a lo bestia. Es lindo cuando lo hace, porque luego se te queda mirando curiosa y dulce, parece una niñita. Una niñita bonita y buena.

“Por eso mismo deben comprarse un hamster, porque él tampoco les hará ni caso”. Alberto te da la razón. Es que hemos cenado juntos, celebrando que he conseguido trabajo en Bilbao y dejaré su casa de pareja recién hipotecada, con habitación amablemente cedida para guarecerme en mis meses de prácticas. Estas cosas se aplauden con énfasis, caramba. La imperfección de la humanidad, el desprendimiento pese al riesgo de incomodidad y la amistad.

De todas maneras, has sido un ratón, Lucía. Un hamster. Silvia y tú lo conversaron en la terraza (ya eres nuevamente una fumadora oficial), eso de tus ausencias mentales, del silencio, del cuidado meticuloso en no importunar, de las típicas discusiones, de tu trabajo y el sueldo mínimo vital español, de rupturas bilbaínas y planes de vida aquí, allá, cuando sea el momento adecuado y sin dejar pasar las oportunidades, porque nadie irá tras ellas para traértelas de vuelta en una jaula y te sirvas a gusto y paciencia, es así. Tú dudando en subir al avión y nosotros aquí, preparando tu habitación con tanto cariño (realismo sarcástico, ternura sincera).

Henos aquí, trasnochando, rehuyendo a pensar en esa mierda de dolor entre el cuello y el estómago que acabará diluyéndose en el vino y las horas, suficientemente cansadas para no despertar a tiempo por la mañana, llegar tarde a la oficina, etcétera. Afortunadamente, también extraño a mis hermanos y ese es un sufrimiento reivindicativo, de esos que se padecen con buen humor.

Esta gente me hará falta. Hace un rato, al llegar de Bilbao, sentí aquello de “casa”, de “mío”, de “mí”. Una tienda de campaña en lugar estratégico, guarecida de la lluvia y con calefacción. Y ya toca levantar trastos otra vez.

martes, diciembre 02, 2008

Cosas de esas que llaman la atención

Hace una semana asistí, toda entusiasmada yo, a una reunión-taller que organizó la Coordinadora de ONGD de Navarra. Temática: las ONGD y su participación en los medios de comunicación.

Interesante, aunque he de admitir que mi anarquismo crónico no me permite aceptar con una sonrisa sincera todo lo que por estos lares se dice de la imagen y participación de los “actores del Sur” en propuestas originadas en el seno de sus comunidades, para alcanzar su propio desarrollo (¡Y olé!).

Me pone nerviosa que se hable “del Sur”, en tercera persona, siendo yo del Sur. Y me pone más nerviosa aún el hecho de que tampoco les interese conocer diferentes puntos de vista, aprovechando la interculturalidad, porque es más fácil decodificar el mensaje que trae un cooperante europeo de algún viaje humanitario, que preguntar a quien ha nacido y lleva años viviendo lo que Naciones Unidas sabe muy bien traducir en cifras y buenas intenciones.

Miento, sí que aprovechan la interculturalidad, cuando el interlocutor intercultural está dispuesto a asombrarnos con historias de tráficos continentales, abusos, endeudamiento, prostitución y pateras. Los demás, acaso deberíamos sentirnos culpables por tener tanta desigualdad en nuestros países. En parte de ello estoy de acuerdo: somos culpables por no ocuparnos de saber y sabiendo, somos culpables por omitir.

Aún así, somos (y son) más de lo que las ONGD y sus cooperantes pueden contar. Hace falta análisis, dije. ¿Por qué un medio de comunicación de Navarra desconoce los programas de intercambio de estudiantes latinoamericanos, asiáticos y africanos promovidos por las universidades locales? ¿Cómo es que no se logra un mensaje de interés universal respecto a movimientos por la conservación del medio ambiente, equidad de género, violencia, terrorismo, etcétera? ¿Acaso la biosfera amazónica sólo interesa a Perú, Brasil, Colombia, Ecuador y la Sociedad Zoológica de Francfort?

Observo algo decepcionada (pese a no haber esperado nada nuevo) que el afán de diferenciación existe a todo nivel, hasta entre aquellas personas que luchan contra la discriminación. Creo que “el futuro” está ahí, entre los hijos de los inmigrantes que están ahora en primarias europeas. La humanidad habrá dado un gran paso hacia delante cuando en la descripción de una persona se omita, inconscientemente, su procedencia étnica. Hay mucho por recorrer.

Hoy me quedo con un comentario desafortunado de un periodista radiofónico, contando a oenegeros y oenegeras presentes la premura del día a día y la lucha por titulares llamativos. Es que los medios, a fin de cuentas, son empresas. Y agregó, todo entusiasmado: “Así como ha hecho la organización ______, que llevó una donación de uniformes y equipo deportivo a un grupo de niños en El Congo y les hicieron un vídeo cantando el himno del Athletic en euskara.”

Aquí la prueba del delito:
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Espero que estos niños no estén aprendiendo la geografía mediterránea fragmentada, que ya bastante tendrán con sus conflictos internos (los cuales, por cierto, llevan más de diez años a todo fuego, sólo que la cobertura mediática está gobernada por altísimos intereses y anda mete la nariz donde no te llaman, para que veas lo que te pasa).

No negaré la ternura que el documento ha despertado entre la gente de a pie, sobre todo si son fanáticos del Athletic de Bilbao. Visto desde ese punto, la cosa, además de anecdótica, ha servido para llamar la atención de personas que, a partir de ahora, al menos saben en qué parte del continente africano está El Congo.

Pero el trabajo de sensibilización de las ONGD y la cobertura de los medios no deberían quedarse en anécdotas. Como ex – encargada de sensibilización en un gran programa de desarrollo social, puedo decir que terminé cansada de las exigencias de señalización de la Cooperación Internacional: Que el huevo estrellado aquí y allá, que en huevo estrellado en todas partes. No sólo se trata de escribir el nombre del financiador, también hay que resaltar sus colores institucionales. No sólo son los colores y el logotipo, también hay que señalizar cada acción. No basta con señalizar cada acción, los beneficiarios deben aprender quién es quién y anda, repite el jodido parrafito en cada reportaje, cada nota, cada crónica, cada folleto, cada entrevista, cada publicación al aire, que si no el financiador se enfada y ve tú a saber qué nos hará, pues los designios del financiador son misteriosos.

Aburrida de tanta mierda marketera en pro del desarrollo humano estoy. Tal vez por eso, las ganas de decirle al periodista aquél que el mundo no es Navarra y que se le está atrofiando el criterio, por falta de ejercicio.

Afortunadamente, la náusea fue colectiva. Y como éramos todos, de un modo u otro, “trabajadores sociales”, pudimos decirlo bonito. Jodido, pero bonito.

En todo caso, he de admitir que mi rechazo ante el vídeo en cuestión fue, de arranque, visceral. Por ello, me limité a sonreír complaciente cuando me lo contó el amable cantinero que me fía los cafés a media mañana, todo esperanzado en que alguna vez hagan lo mismo con el Osasuna (y no me quedé calladita y linda porque me esté volviendo toda una dama con los años, sino que tampoco hay derecho a ir por el mundo rompiendo sanas ilusiones a la mala, sin haber pensado bien los argumentos, digo yo).

Ya sola, aquí y habiendo amainado la pasión (en gran medida), puedo analizar el documento teniendo en cuenta más detalles:
  1. No tiene nada de malo que los niños canten el himno del Athletic, mucho menos que alguna cooperante vasca se los haya enseñado. Una enseña las cosas que sabe, a mí también me ha tocado (y sí, me hice un lío reinventándome la Cenicienta con trabajo duro, justicia social y enfoque de género, pero ahí está, se la creyeron las niñas de Palo Blanco).
  2. La idea de grabarlos uniformados y cantando, para colgar en Youtube y compartir, está genial, seguro que a ellos les ha gustado verse, además (estas huevaditas también me hacían feliz de niña). Dudo mucho que en este caso se les haya obligado. Condicionado, sí, pero es que casi todas nuestras acciones están condicionadas por algo, así que melindrosa tampoco me voy a poner.
  3. Desafortunadamente, el material no se ha aprovechado para contar más cosas sobre el Congo y la realidad de esos niños, en el soporte digital (si no, miren los comentarios que han dejado en Youtube). Obligar a los internautas a leer y culturizarnos un poco no vendría mal, vaya.
  4. La intromisión de la televisión: aquí empieza la movida. Se hacen reportajes nada serios y el hecho se presenta como anecdótico. Queda una sensación bonita en el pecho pero, según he percibido, muy poca aptitud de acción (es que todos están preocupados por la crisis y eso de pelearse con los gobiernos poderosos del mundo por tener comprados/asustados a las autoridades tercermundistas -y jodidos a sus países-, como que no es prioridad).
  5. La ternura y demás sentimientos de ese tipo no generan, en sí mismos, una reflexión razonada.
  6. La ternura y demás sentimientos de ese tipo no suelen evolucionar a actitudes que requieren mayor implicación personal: empatía, pertenencia, afinidad, respeto. Sin esto, la certeza de una igualdad universal (por el hecho de ser humanos y, por ello, inteligentes y dignos de) no se manifiesta, y el movimiento emocional se convierte en caridad.
  7. La caridad es buena, buenísima, pero no puede ser sistémica, generalizarse como el método corporativo de interacción entre naciones, pues demarca claramente la posición de superioridad (quien da) e inferioridad (quien recibe). Y no, el mundo no necesita más de eso. Lo que hace falta es justicia.
  8. ¿Por qué en algunos lugares del planeta, hasta los modelos de uñas ganan mucho dinero si sus imágenes dan vueltas por ahí, y en el caso de estos niños, ya les vale con implementos deportivos que en Bilbao no se usarán más? Ya lo sé, es que el fin no es publicitario, pero eso no quiere decir que la imagen deba tratarse con menos respeto y cuidado. Además, sí es publicitario de algún modo, no nos hagamos los inocentes.
  9. Un conflicto bélico cruel se ha trivializado, sus causas (y causantes) se mantienen invisibles. Los nombres se conocen entre unos pocos, gente, por lo general, perteneciente a ONGD. Los medios de comunicación masiva, en este caso, no se hacen notar.
  10. Un periodista de radio está de acuerdo en que algún sector del mundo debe llamar la atención de ésta manera. Me da miedo pensar en el grupo social al que representa. Así visto, no estamos para jactarnos de la disponibilidad actual de la información, pues a fin de cuentas la gente ve lo que quiere ver, sin más.

Habría sido muy fácil enlazar el donativo del Athletic con una esperanza (si es que no se ha hecho ya). Que estos chicos no serán niños-soldado, por ejemplo, y explicar por qué…

Me gustaría poner algún enlace al conflicto de El Congo y temas relacionados al África, pero en estos minutos no he podido encontrar nada escrito por algún congoleño o congoleña, colgado en la Web. Seguramente hay, no habré buscado bien. No voy a convertirme en un intermediario más, ya estoy hasta la coronilla de intermediarios de “la voz del pueblo” y clichés de esos. Me voy a tomar aire. Dicen que mañana nevará.

lunes, diciembre 01, 2008

Territorio y lenguas largas

Permítaseme empezar citando al maestro:

“Agrego estas líneas mientras corrijo las pruebas de galera y escucho los boletines radiales sobre lo sucedido en los juegos olímpicos. Empiezan a llegar los diarios con enormes titulares, oigo discursos donde los amos de la tierra se permiten sus lágrimas de cocodrilo más eficaces al deplorar “la violación de la paz olímpica en estos días en que los pueblos olvidan sus querellas y sus diferencias”. ¿Olvidan? ¿Quién olvida? Una vez más entra en juego el masaje a escala mundial de los mass media. No se oye, no se lee más que Munich, Munich. No hay lugar en sus canales, en sus columnas, en sus mensajes, para decir, entre tantas otras cosas, Trelew.”
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Julio Cortázar
El libro de Manuel
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Con este llamado al localismo, que no es egoísmo en absoluto, sino parte de su fino sentido de lo absurdo sobre lo “oficialmente aceptado”, Cortázar denuncia la injusticia de los medios acerca del atentando de Setiembre Negro, durante los juegos olímpicos de Munich, en el año 1972. Injusticia, porque dan cobertura a los poderosos de siempre, fomentando la hipocresía y centrando la atención mundial en un hecho real, cruel, pero dotado de matices que ni la radio, ni la televisión cuentan.

Y, salvando las considerables distancias, estos días estuve en riña personal (y a quién le importa) con la difusión de información a través de los mass media y vías alternativas, como los blogs en Internet. Es que Perú lleva ya varios meses bastante moviditos, con aquello de la huelga de médicos, la incompetencia del (ahora ex) ministro de salud, la tuberculosis resistente concentrada en Lima y Callao, los audios que evidenciaron una red de corrupción en la concesión de lotes para explotación petrolera, la renuncia del gabinete, el nuevo primer ministro y su “oscuro pasado” (motivo de vergonzosas pataletas infantiles de cultísimos derechistas a ultranza), entre otras.

Entonces, y en plena cumbre del APEC, sucede un nuevo escándalo, ya trasnochado a estas alturas, que me ha llevado a preguntarme por enésima vez y como la periodista renegada que soy: ¿Tenemos en verdad la obligación de dar a conocer todo tipo de información? Y si así fuera, ¿acaso no deberíamos hacer un análisis de su utilidad o, al menos, complementar el mensaje con varias fuentes, con otros puntos de vista? En fin, ¿no estaría bien, aunque cueste tiempo (sí, ya lo sé, la premura de las rotativas), contextualizar un hecho, siquiera eso?

Aquí va:
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Libertad (con responsabilidad) de expresión

Soy partidaria de la democratización de la comunicación. Sin embargo, esta democracia no significa: yo digo lo que se me da la gana, interpreto lo que oigo como mejor me parece, sin confirmar, y así lo retransmito. Eso no es información, sino chismorreo puro y duro. Desgraciadamente, el hecho de que existan hoy tantas fuentes a través de Internet, nos da en la nariz con un muro lleno de palabras y mensajes. Nosotros escogemos, nosotros nos quedamos con aquello que complementa nuestro conocimiento y nos sirve para vivir.

Qué bonito. Entonces, ¿quién se hace responsable de las interpretaciones contraproducentes? Papá y mamá no siempre estarán al tanto de lo que el nene consume. El nene, por su parte, puede tener treinta años y poseer ya una tendencia política, una ideología, mayor o menor malicia y responsabilidad sobre su propio conocimiento, que condicionarán su modo de digerir lo que lee, ve y escucha.

Confío en la inteligencia humana, pero los medios de comunicación no se administran solos (de la misma forma en que el mercado no es dios). Debería haber, ahí dentro, mucha responsabilidad y compromiso social, además de la serie de intereses personales que toda empresa humana genera.

La bravuconada del Comandante General

Donayre fue un bocón, no cabe duda. A saber cómo lleva su vida personal y otras historias. Bocón, bravucón y hasta machista, según la observación de una ex – compañera del Master, a quien envié el vídeo para comentar. Que bien merecido se lo tiene, que el uso de Internet para denunciar a estos elementos es clave, que no deberíamos permitir, que esto y aquello.

Bueno. Yo me he declarado muchas veces defensora de causas perdidas, porque confío en que las cosas pueden hacerse bien y mejor.

El tema de la privacidad y el espionaje. Una cosa es denunciar a personas que están jugando con la inversión de empresas extranjeras en Perú, sobre todo si éstas están relacionadas con las autoridades que nos gobiernan. Otra, la cobertura que se da a temas que cobran importancia sólo a partir de su publicación.

Me explico: el vídeo donde el General se expresa de ese modo tan desagradable es una grabación casera, de una reunión de amigotes y esposas de los amigotes. Así, tal como está en Youtube, no se puede adivinar más. Quien lo ha colgado indica, simplemente, que se estaban refiriendo a soldados chilenos (entre iguales se entenderán). Luego, tal vez y sólo tal vez, la postura oficial de dicho señor, en voz de mando, no sea la que expresa allí. Y si no es su postura oficial, tampoco serán las órdenes impartidas a los soldados. Mejor dicho, aquí nadie atacará Chile, salvo que el Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas (el señor Presidente de la República) así lo ordene.

Me parece justo y necesario que las personas ensayemos nuestra capacidad de escándalo e indignación. Pero eso no nos quita la obligación de, una vez superado el momento pasional, investigar, averiguar más del tema (si nos interesa siquiera opinar sobre ello, quiero decir). Tampoco debemos perder de vista las prioridades. Así como quien roba una gallina no merece la condena de un asaltante de joyerías o un traficante de drogas, un General que muestra su lado xenófobo de manera tan estúpida no merece que se le condene como se haría con alguno que, por ejemplo, dio golpe de Estado a su país y dirigió (o dejó suceder, que es lo mismo a fin de cuentas) una serie de asesinatos sistemáticos de todo el que pensaba diferente y podía dar problemas.

El que tiene boca…

Somos humanos, tendemos a medirlo todo con nuestra regla personal, pero eso no es justo. Las respuestas indignadas que he recibido de mis ex –compis de clase van desde la celebración por el uso efectivo de los medios, hasta la condena a todo tipo de discriminación. Me gustaría que mis pocas lectoras y lectores ojearan algunos de los dos mil y pico comentarios que el vídeo en Youtube ha generado, para saber si realmente el mensaje de “lucha contra la discriminación” está surtiendo efecto.

No quiero “discriminar”, pero… Mientras en mi país no haya una educación universal de calidad y un conocimiento pleno de los derechos, comentarios como los de Donayre, así, publicitados por televisión y con mil vueltas, podrían acarrear consecuencias adversas o, en el mejor de los casos, neutras, que se olvidan pronto. ¿Acaso el machismo y la bravuconada no son pan de cada día en varios segmentos poblacionales?

Esta carne (de cañón), si no está bien aderezada y debidamente acompañada, será insípida, inútil y hasta venenosa.

La gente “bien” atribuirá el hecho a que se trata de un “cholo bruto” (o sea, más discriminación racial), la gente que se identifica con él, tal vez le apoye o tal vez se pregunte muchas cosas. ¿Y nosotras, con quién nos identificamos, cómo somos? ¿Y nosotras, qué? ¿Debemos seguir apoyando las causas de lucha, porque sí? Lo siento mucho, me niego a ser una revolucionaria acéfala (y lo digo bajo riesgo de parecer snob).

Nadie es dueño de la verdad, por eso es importante dar el beneficio de la duda. Al menos, es una buena actitud de entrada, permite aprender más. Señalar al que señala no es una sabia regla de vida.

Conozco a muchos tipos de militares. Todos, sin excepción, han sentido cierta indignación ante las reivindicaciones públicas de víctimas de la guerra antiterrorista en Perú, fomentada por la ONGD Aprodeh. No puedo juzgarles. Encima, ellos, soldados y marinos, cuidando que todo esté en orden y las ceremonias se lleven con normalidad. Es su trabajo. En esa lucha, murieron sus padres y compañeros. Hubieron abusos, sí, de ambas partes. Asesinaron a cientos de inocentes, también. La evocación a la violencia es condenable, venga de donde venga. ¿Por qué no hacen un análisis así de puntilloso, por ejemplo, con el Ché Guevara?



Aclaremos posturas. Diré algo que tal vez, para algunas personas, resulte provocador: yo no estoy segura de nunca tener la necesidad de matar a nadie. Si alguien va a matar a quien quiero o a una persona inocente, y yo puedo actuar, pues actuaré (si el pánico y la adrenalina me lo permiten, claro). ¿Esto me convierte en una asesina en potencia? En absoluto. Simplemente estoy reconociendo mis imperfecciones.

De todos modos, ya se ha “hecho justicia”. El cuestionado General será dado de baja el 5 de diciembre (por otros motivos, claro, es que a partir del vídeo llamó la atención y se le descubrieron varios desmanes, o al menos así lo dice la versión oficial, que se niega a aceptar que lo hace por presión de Chile). Éste ha pedido disculpas públicas al país vecino y al suyo propio, admitiendo que sus comentarios fueron “estúpidos”. Bien ahí, circo para el pueblo.

¿Y el trasfondo?

Ningún peruano o peruana de clase media para abajo (y de mi generación para atrás, así no generalizo mucho) podrá negar haber sentido amor desmedido por su patria en la niñez. Ese patriotismo sentimental, nos guste o no, dependía de varios factores, entre ellos, a destacar: la independencia de la corona española, y las guerras territoriales con Chile y Ecuador.

Falla, entonces, el sistema educativo, el modo en cómo los peruanos y peruanas nos percibimos como nación. Luego crecemos y el aprendizaje básico de la niñez no puede seguirnos toda la vida. Pero tiene muy mala memoria quien niegue esos inicios xenófobos. En retrospectiva, pero xenófobos.

A algunas personas les dura esa sensación hasta entrada la madurez (como a otros, la religión, por ejemplo). A mí me dura Jesucito y a mucha honra. El asunto es que, de pequeños, se nos enseñan cosas buenas y cosas malas. Y las malas, que no serían malas en sí mismas, sino "mal transmitidas" y no gracias al profe (en el mejor de los casos), sino porque así decía en los libros de texto, así estaba estipulado en el programa escolar que venía desde arriba, desde el Ministerio de Educación.

Es innegable, además, que muchas repúblicas Latinoamericanas han fundado parte de su sentimiento patriótico en confrontaciones con el exterior. Cito a mi buen Ernesto: “Perú, la guerra con Chile; Ecuador, su ilusión amazónica; Bolivia, la salida al mar; Argentina, las Malvinas…”

Hay un largo camino por recorrer en estos países para que nuestro amor por “lo patrio” cambie de cimientos. Y es un proceso largo y delicado…

Lo del ejército ya son palabras mayores. No quiero entrar hoy en detalles (que el post está ya bastante largo), pero queda clarísima la idea de “cohesión ante amenaza externa”. Luego, cada quién piensa lo que quiere y actúa como mejor le parece. Pero institucionalmente, hay normas, hay formas de hacer las cosas, formas de reaccionar. Todo es sistémico, no se lo acaban de inventar. ¿Arcaico? Sí, pero no ganamos nada indignándonos ante ciertos desbordamientos de pus si luego nos contentamos sólo con el “castigo ejemplar”.

Después de todo, eso del “castigo ejemplar” también es arcaico.

La utilidad final

Me pregunto si alguna autoridad (además del propio Donayre, que ya bastante mea culpa ha hecho) saldrá a los mass media a contarnos por qué se le ha castigado, por qué esas cosas no se dicen (nunca, no sólo ante una cámara de vídeo encendida) y qué consecuencias tiene para los seres humanos heredar resentimientos y potenciar odios.

También podrían decirnos, dicho sea de paso, que eso de andar por ahí grabando vídeos de personas en situaciones comprometedoras, salvo que se trate de un tema de interés nacional, o de corrupción, o de salvar muchas vidas a cambio, no es una práctica ética. Ya no estamos para cacerías de brujas, hay mucha sangre derramada, mucha gente con hambre, mucha injusticia en el tintero.

Espero explicarme bien: pienso que haber sacado a la luz el vídeo de Donayre es positivo en tanto pueda generar un análisis profundo de puntos antes mencionados y dé lugar, poco a poco, a un cambio general en las personas y las instituciones. Sin embargo, el que haya sido transmitido luego por televisión, en señal abierta, me resulta totalmente desatinado (nuestras relaciones diplomáticas con Chile nunca han sido las mejores, ¿para qué empeorarlas?). Ni qué decir del congresista peruano Gustavo Espinoza, quien informó de la existencia del link en Youtube a colegas chilenos. Ay…

Los límites son difíciles de identificar, lo sé. Es el eterno dilema del comunicador (y del ser humano que busca ser coherente en esta vida). Me voy a casa, que ya ha dejado de llover.
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Antes de terminar, un vídeo de "The Trooper" (cortesía de Ernesto), concierto de Iron Maiden en Argentina. Iron Maiden otra vez y es que me acabo de enterar que el próximo año tocarán en Perú... ¿Por qué nunca estoy en mi país cuando debo? Bueno, el sentido del vídeo: si se presta atención (y leen los comentarios en Youtube), se darán cuenta de cómo el público abuchea a Dikinson... ¿Por qué será? ¿Será por la bandera del United Kingdom? A algunos les dura lo de las Malvinas, ¿no?
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