martes, noviembre 25, 2008

El necio

Hoy ha muerto el padre de mi mejor amiga. Nuevamente estoy lejos de las personas que me quieren de verdad, cuando más me necesitan. Ella nunca me dejó sola.

Él, a fin de cuentas, fue quien me invitó a entrar en este entramado mundo del desarrollo con justicia social. Mi niña ha perdido a su padre y, lo sé, es algo que arde en el pecho y tarda mucho en sanar. Me gustaría estar contigo y darte un abrazo. No habría en el mundo, en este preciso instante, un mejor un lugar.

Nuevamente estoy lejos de las personas que me quieren de verdad, cuando más me necesitan. Y cuán cerca de lo insustancial.

He perdido un maestro. Que en paz descanses, Fer. Siento no estar junto a tu hija ahora, lo siento muchísimo. Yo también te quiero.

lunes, noviembre 24, 2008

Oleada


La persona que me acoge dijo categórica “vosotros tenéis complejo de inmigrante”. No sé bien a lo que se refiere. Si me habla del Síndrome de Ulises, igual sí entiendo, pero esto otro… Es que no se puede tener complejo de algo que en verdad se es. Yo no tengo complejo de peruana. Soy peruana. No tengo complejo de mujer. Soy mujer. Por tanto, no tengo complejo de inmigrante, sino que lo soy, aunque much@s filántrop@s marihuaner@s pretendan que nos llamemos de otro modo, extranjer@s, por ejemplo. Mira tú, luego un adjetivo calificativo de lo más normal se va a convertir en eufemismo de inmigrante. Buscar eufemismos para una palabreja absurda y puramente nominativa, la carga de contenido negativo. ¿Qué tiene de malo ser inmigrante, para empezar?

Inmigrante es, sencillamente, una persona que deja el lugar donde están establecidas sus raíces socio-culturales y se desplaza hacia otra zona, que le es extraña, donde empieza a construir una vida alternativa. Puede ser temporal, puede ser definitivo, ya depende. Los conocimientos universales se han disgregado por el mundo gracias a la inmigración-emigración (por cierto, ambos términos no son sinónimos, emigra quien sale de su lugar: yo emigro de Perú e inmigro a España, que quede claro). La humanidad y la distribución mundial ha tomado color y sentido (un sentido bastante voluble, dicho sea de paso), gracias a fenómenos migratorios. Los seres humanos somos animales semi - sedentarios y semi – nómadas, la carga genética de ambos extremos debe andar flotando por algún lugar de nuestra composición biológica, por eso esta capacidad de desplazamiento y adaptación.

Lo normal es que las personas busquemos. ¿Qué? No lo sé. No me atrevo a llamarle “felicidad”, porque además de ser cursi, se trata de un concepto manoseado y falso. Lo que la gente busca es satisfacción, y cada quién la encuentra según sus intereses: desde los típicos huidizos que acaban de romper una relación e intentan cubrir el vacío con tours espirituales y amantes indígenas, hasta padres y madres que dejan a la prole en ultramar, con la abuela, y vuelan a tierras donde la moneda tiene mayor valor, para romperse el lomo trabajando y asegurar a sus seres amados un mejor nivel de vida (alimentación balanceada, ropa, secundaria completa y, Dios mediante, universidad). En el intermedio, muchas otras especies.

La gente ha emigrado por negocios, por placer, por afanes expansionistas, por persecución ideológica, por supervivencia. El planeta se pobló gracias a los primeros seres humanos nómadas, que se fueron a andar por ahí y, en el camino, idearon diversos medios de transporte. Muchos de los grandes inventos de la actualidad, desde la rueda hasta el teléfono, surgieron porque las personas hemos necesitado movilizarnos y, estando lejos de quienes conocemos, comunicarnos. Estados Unidos alguna vez se pobló de irlandeses, alemanes e italianos; la raza nativa no extinta más antigua de aquél inmenso territorio, si nos ponemos rebuscados, está representada por la minoría peor tratada en ese “ejemplo de democracia universal”: los indios. Sin embargo, ellos no son Estados Unidos, como los incas no son Perú. Nuestros Estados actuales están habitados por nuevos nativos, con árboles genealógicos enrevesados, historias jóvenes de reivindicación, violencia, esperanza, ingenuidad (se me ocurre pensar en ciertos afanes bolivarianos), amor, racismo, discriminación, corrupción, despilfarro, injusticia, pasión, trabajo arduo, “criollada”, etcétera.

¿En qué momento las naciones son estables, inamovibles, imperturbables? ¿Cuándo fue la humanidad invadida por la tibieza del status quo favorable? El planeta entero no tiene ni 100 años constituido tal y como está ahora, pero es que los seres humanos somos criaturas tan soberbias y olvidadizas, que hemos preferido dar la espalda a la historia, soñando con fronteras infranqueables y negando el derecho al tránsito como si fuera éste una novedad peligrosa, llena de malicia.

Además, la cantidad de artículos y análisis que se hacen al respecto. Y los intelectuales, ¡Cómo opinan, por Dios! Y los desubicados: que el paisaje europeo está “cambiando” y ya no se siente aquello tan rancio y respetable que quien viene de turista pretende encontrar (o sea, ¿qué hace tanto negro y tanto indio en un país de blancos?). Otros, más moderados, opinan que está mal esa pérdida de privilegios sufrida ahora por los ciudadanos locales, en beneficio de los migrantes. Bueno, ¿y quién tiene autoridad para decir cómo deben ser las cosas? El mundo es un sistema movedizo y a las personas, de cuando en cuando, nos cae mierda encima. A todos. A todas. Nadie está totalmente a salvo de un revés en su historia personal. La crisis nos llega con nombre propio y ante ella, dos simples opciones: utilizar esta inteligencia de la que tanto nos jactamos y buscar los medios adecuados para salir del trance con más o menos dignidad (emigrar es una opción extrema, por cierto), o pegarnos un tiro. Así de simple y duro.

Complejo de inmigrante. Fácil decirlo para algunas personas. ¿Qué es tener complejo de inmigrante? No lo sé ni yo misma, y eso que soy inmigrante. No se trata de ir por ahí teniendo presente que se es de otro lugar, no necesitas pensarlo, se te nota. Además, como se te olvide, siempre alguna circunstancia, a diario, te lo hace recordar. ¿Tratar de demostrar a diestra y siniestra tu valía y capacidad profesional, es tener complejo de inmigrante? Ya, pero si se está buscando trabajo porque no se tiene un duro, es normal. ¿Fastidiarte porque alguna otra persona “de allá, de por esas tierras” mete la pata constantemente en un medio de comunicación, es tener complejo de inmigrante? Puede ser. Sin embargo, esto suele venir motivado por el temor al estereotipo. Y sí, se teme al estereotipo, porque si una quiere vivir con relativa tranquilidad en un sitio que no es el suyo (ya en mi pueblo hay otros prejuicios), va a ser difícil salir del saco donde estás metida junto con algunas centenas más.

Casos prácticos, para pensar, ambos ocurridos aquí y no hace mucho tiempo:

1º Conocí a un chico en el País Vasco, nos hicimos amigos, me presentó a su madre y desde entonces la buena mujer sufre por el bienestar de su retoño cada vez que el buen muchacho sale conmigo, porque sabe de una ecuatoriana que enamoró a un respetable vecino bilbaíno, se casaron y, obtenida la nacionalidad, la muchacha se mandó a mudar.

2º Puedo hacerme amiga de peruanas, ecuatorianas y marroquís, pero a golpes he aprendido que mi actuar con los masculinos compatriotas debe ser muy, muy cauto. He conocido pocos marroquís, ecuatorianos y peruanos solteros, mayores de 30 años y en condición de trabajadores, y esos pocos han intentado emparejarse conmigo a la segunda invitación a tomar café. Ante mi negativa, respuestas varias: que ya tienes casi treinta años y te vas a envejecer sola, que eres una creída y renegada de tu pueblo, que por qué no puedes estar con alguien que te puede querer bien y seguramente sí que estarás con un español, porque para las latinas estar con un español tiene mayor ventaja, etcétera.
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Sí, pues, lo que hay que oír.
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¿Que por qué acepté salir a tomar café, entonces? Porque creo en eso que se llama amistad y no me gusta despreciar a las personas, sin más. Sin embargo, todo tiene un límite y ahora mismo no me importaría parecer clasista y dejarles creer que soy una pituca nariz respingada, podrida en plata. A fin de cuentas, cada quién tiene derecho a escoger.

Entonces, eso del complejo de inmigrante resulta, así dicho, un facilismo que resume muchas otras sensaciones, sentimientos y, claro, complejos. Es tener que callar muchas veces y hacer el menor escándalo posible, en caso de que tu permiso de residencia esté en juego. Es vivir endeudada, con dificultades para encontrar trabajo y lejos de quien siempre podrá alimentarte gratis si llegas a necesitarlo. Es aceptar toda clase de ayudas con una sonrisa, deseando que pronto tu situación mejore, para poder compensar los favores y pagar por tu espacio (y gobernar en él). Es nostalgia. Es, algunas veces, sentir miedo ante los gritos “con acento”. Es que de vez en cuando algún ser extraviado te pregunte si por casualidad eres puta, para saber si tomarte en serio o no. Cosas así.

Por supuesto, lo bueno. Nunca falta lo bueno, sobre todo porque migrar es una opción personal y, como en todo lo humano, caben las más confusas contradicciones. Lo bueno es por lo que, a fin de cuentas, estoy aquí, con o sin complejos, genes perturbados, opiniones ilustres y Ulises varios. Pese a que echo mucho, muchísimo de menos a mi familia y amigas. Lo bueno son personas, de aquí y de allá, y alegrías íntimas. A veces, llega esa motivación extraña que me hace caminar marcando un ritmo y sonriendo en voz alta. Tal vez un poco de locura (bendita inconciencia). Tal vez deba ir a dormir ya, que en unas horas toca oficina y trabajo gratis. Mis grandes ideas del carajo.

sábado, noviembre 15, 2008

Cielos peruanos

Poca inspiración para escribir el día de hoy. Leyendo cosas del trabajo. Me gustaría, alguna vez, tomarme un asunto totalmente en serio. He pensado en medusas. Hice este vídeo:


martes, noviembre 11, 2008

ganglio inflamado un martes por la mañana

Mayo podría ser portador del VIH. ¿En qué más se puede pensar, mientras se espera el minuto libre de la trabajadora social de un ambulatorio, a ver si te pueden dar cita con el médico, o no? Para estas cosas hay que estar preparada siempre, Lucía. Un libro, por lo menos, y evitamos comernos el coco.
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Aún no sale el resultado de los segundos análisis. Los primeros fueron positivos, pero vaya usted a saber qué cosas se habría metido el buen Mayo dentro y a lo mejor desequilibró su química interna. En algún momento vino la imagen de aquél otro muchacho piurano, tan inmensamente amado en algún periodo de nuestra historia. Su hermosura afeándose en uno de sus abruptos ataques de superioridad, llamando "lacra" a los amigos más queridos por ser diferentes, mundanos, libres a su modo.

Recordaste, apretaste los puños y te prometiste entre dientes, Lucía, que si el segundo análisis de Mayo sale positivo, no te morirás sin buscar a ese ex – todo, a quien no has vuelto a ver desde que te rompió el corazón, y le romperás la boca, por eso, por "superior". Porque te lo imaginas en su caja de cristal pequeñoburgués-católico, despotricando de la gente "rara" (tal vez como tú) y repitiendo con altanería que siempre tuvo razón.
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¿Y eso, ayudaría a Mayo?
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No, no ayudaría. Es más, sabes bien que el ex aquél es buen tipo, a fin de cuentas. Buen cristiano, por decirlo claro. Hablará, juzgará, así es su especie. Pero si tiene oportunidad, hará algo, qué sé yo, donará sangre (y es cuando recuerdas su broma aquella de: "Yo no donaría mi sangre para que se la pongan a cualquier cholo" y decides dejar de recordar, porque acabarás vomitando en el ambulatorio y no estamos para armar escándalos, mi pequeño saltamontes inmigrante)…
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Piensas si tienes derecho a pensar y escribir sobre esto. No lo sé, niña. Ya es pasado, ¿no? Esta mañana, luego de dejar hablando a aquella mujer en el ambulatorio, cuando te diste cuenta de que la asistenta social no te iba a atender porque había unas cuantas más con cita, antes que tú, te preguntabas si acaso no hubiera podido ser él un mejor primer novio, no poner tanta metralla en el explosivo, siquiera para evitar las esquirlas.
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¿Una secuela? Mira la fecha de emisión de tu pasaporte y tu carita cadavérica de la foto, por más mueca de sonrisa... ¡PORLAREPUT…!
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Sí, pues, hay que saber ser el primero, digo yo. Es verdad que al final en tu cabeza mandas tú, y tú otorgas derechos a otros para hacerte daño. Chévere, punto para los especialistas en autoayuda. Pero a veces, los soldados españoles matan a los indios. No son los indios quienes imaginan que los españoles están matándolos. Mal ejemplo. Da igual. Que hay que portarse bien, evitar hacer daño, es lo que quiero decir. Y para eso es necesario cierto nivel de madurez, cualquiera no puede. En fin. Que vivan los niños y los locos.
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Mayo está loco. No. Mayo es un niño. Tampoco. A veces ha estado loco, otras ha sido niño, pero también le ha tocado ser plenamente consciente de. Es humano. Un buen humano, autodestructivo él, y bien solidario, digno representante de nuestra ya disgregada comuna. Disgregada por culpa mía, supuestamente yo les pariría sobrina y nos dedicaríamos a cuidar de ella, en nuestros ratos libres de la vida real. Heme aquí, al otro lado del mundo, alimentando patos en una laguna artificial y comiéndome la bilis, que por qué carajo tiene que ser tan complicado hacerse ver de un médico aquí. Como en Bilbao o peor, joder. Nos automedicaremos, pues, Lucía, que en selección de drogas legales soy más o menos buena. ¡Jodida manía de enfermar cuando andamos lejos!
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El otro día un chileno (ecólogo cincuentón y sexy) me dio la solución al mal trato que sufrían los peruanos en su país: "Que se regresen a Perú, pues nadie les obliga a estar ahí". Sí, québuenagraciapó… Discutir sobre Derechos Humanos y cosas de esas, ¿Pa’ qué? Luego, ¿Qué nadie les obliga? Vamoavé, es verdá que no existe una persona llamada Augusto Fujichet (o así) que vaya a buscarte a tu casa, te ponga una pistola en la cabeza, te obligue a endeudarte con un billete de avión y demás trámites (legales o ilegales), te acompañe hasta aterrizar en Santiago y te meta en una barriada de esas que ocupan nuestros compatriotas en el país vecino del sur, pero… Pero, pero, pero… Que no sé, sin más. ¡Qué viva la globalización!
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Y que viva también mi amigo Mayo. Que vivan los errores en las pruebas de VIH y en pocos días tengamos buenas noticias de ultramar.
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No sé por qué me acerqué tanto a la laguna artificial ésta, ahora me he empeñado en calcular el fondo. No me suicidaría aquí ni a palos, me moriría de frío. Y, para colmo, algo sé nadar. El agua turbia. ¿Tan fría como en el Titicaca, al lado de Amantaní, ahí donde, toda ecológica tú, te fuiste a lavar la ropa ya apestosa que llevabas a esas alturas de la excursión con el Sr. Fernández Barrena, hace casi dos años? Mira, los pececitos, esos que les dieron fritos para cenar, y el reflejo del sol, y esa agua cristalina, y me dolían las rodillas y los dedos de los pies, porque mis zapatos eran muy malos y piso mal, como pato, sí, pato, por eso me gustan los patos, porque de niña caminaba como pato, pero igual me metí al lago y descubrí que ya adentro no debemos dejar de patalear y movernos, o nos haremos cubitos de hielo y nos hundiremos hasta el fondo, el fondo, el fondo, el…
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Actualización a día 14 de noviembre:

¡El examen de Mayo salió NEGATIVO! ¡Él y su novia están BIEN! ¡VIVAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

miércoles, noviembre 05, 2008

Armín


En esta foto, que tomó mi padre hace 24 años, aparece aún adolescente uno de los hombres más valientes que tuve el gusto de conocer en mi niñez. Fue durante un mitin de Alfonso Barrantes, durante su candidatura a la presidencia, cuando Izquierda Unida empezaba nuevamente a desunirse y, entre las montañas abruptas y pueblos más empobrecidos de Perú, germinaban sin pudor semillas de violencia, sembradas por décadas de injusticia y exclusión social.

Pero el valiente de mi relato, que no es relato, sino una suma de recuerdos vagos de esas que suelo hacer en este blog, no se destacó precisamente por su militarismo en algún bando político (no de manera activista, en todo caso), sino más bien por haber sido el primer hombre en Sullana que se atrevió a ir por la calle vestido con ropa de mujer.

Una mujer elegantísima y guapa, dicho sea de paso. Enorme, bien formada, delicada y coqueta. Yo, a mis ocho años de edad, no podía sino quedarme mirándolo embobada, pues su belleza, andrógina, superaba cualquier estereotipo motivado hasta entonces por la televisión y los comentarios familiares.

Fue valiente porque, poco tiempo antes, los chiquillos de barrio podían unirse y perseguir a pedradas a cualquier homosexual que tuviera la mala idea de pasar por ahí (y loco o loca, tullidos varios a quienes pudiera relacionárseles con maldiciones y brujería, etcétera).

Fue valiente, además, porque empezaba a difundirse información atemorizante sobre "una enfermedad apocalíptica, transmitida por drogadictos, prostitutas y, sobre todo, maricones”. Así murió Simón, el gran varón de Willie Colón. Así se dijo de tantos otros, a quienes bien podría habérselos llevado el cáncer, la tuberculosis o la sencilla vejez. La sociedad fue implacable en aquello que las masas saben hacer mejor: prejuzgar. Sigue siéndolo, en muchos casos.

Y Armín, que así se llamaba, fue capaz de pasar por sobre todo aquello, con los tacones bien puestos y el maquillaje intacto.

Tantas veces se dijo que tenía Sida y el supuesto virus ya le ha durado casi veinte años, sin manifestación alguna. Chismes estúpidos. Su padre, amigo y compañero de trabajo del mío, un señor sencillísimo, ya ancianito, que llora de emoción cada que consigue verme, entre viaje y viaje, solía hablarnos de inyecciones de testosterona y rehabilitación (sí, cosas que aconsejaban los psiquiatras por entonces). Pero nada, nada. El chico seguía pretendiendo ser chica y exponiéndose al maltrato emocional que implica ser diferente (en un lugar pequeñito, pequeñito).

Una vez, mi padre y varios amigos presenciaron un amago de desprecio por parte de unos jovenzuelos desconocidos (porque ninguno del barrio se habría atrevido a levantar un dedo contra Armín, se le conocía desde niño, continuaba el cariño). Los hombres se apresuraron a defender a “la señorita”. Ese día entendí un poco mejor eso de la justicia y el respeto. Sobre todo, respeto.
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Tenía ganas de escribir sobre mí, contar que ayer recibieron mis papeles en la policía y ahora resta esperar. Que si me prolongan el permiso de residencia podré respirar tranquila y si no, siempre se puede apelar. Que tengo un margen de tiempo para buscarme un trabajito de media jornada y estoy hasta el pescuezo de laburo “especializado”, entre las prácticas oficiales y mis cachuelos. Que me siento contenta y da igual si llueve, porque ya no se mojan mis pies (gracias a las botas que Kari la bella me obligó a comprar en Lima, claro). Que la victoria de Obama dice mucho sobre las buenas intenciones de la sociedad estadounidense y quiero tener esperanza.

Pero recordé a Armín, pues mi madre me contó hace poco que el súper hombre había ganado un concurso de cosmetología en la capital y su centro de belleza tenía ahora más prestigio que nunca. Se ha convertido en un personaje respetable y sin escándalos. Bien por él y por algunas otras reinas de mi pueblo, hombres y mujeres, entre ellas, mi mamá.

Mira tú lo que me viene a inspirar el coro de "Journeyman", otra de Iron Maiden. Y es que, pese a mi narcisismo, el mundo no gira entorno a mi ombligo (menos mal, qué aburrimiento si así fuera). Bonita letra. Gran interpretación (son maestros). Así nos pasa a quienes disfrutamos de aquello llamado sinestesia. La vida en los dedos. La vida. Me callo. Ahí va:

Sé lo que quiero, digo lo que quiero y eso nadie me lo puede quitar…