domingo, septiembre 28, 2008

En perspectiva


Ayer Lucía fue amablemente invitada a escarbar en su pasado y esto le produjo un dolor de corazón de esos que quitan el aire y dejan escurrir un poquito de vida entre los dedos.

Entendió claramente las trampas de los sentimientos. La realidad, la lejanía, por mucha información nueva y museos de Van Gogh, no disminuirán el amor con que se amó al primer amor, ¿para qué seguir negándolo? Eso, aunque racionalmente haya entendido desde hace varios lustros que habemos personas nacidas para permanecer alejadas unas de otras, pues nuestras almas están compuestas por sustancias que al acercarse se vuelven tóxicas y dañinas.

Así, en perspectiva, aprendizaje y biología de lo abstracto. Pero el amor florece en las heridas y hace pensar difuso. Otorga sensaciones de fuerza y alegría peligrosas, pues son ajenas. Envalentona en presencia del ser amado, pero debilita totalmente en su ausencia.

Lucía reconoce: ¿Para esto tanto paliativo? Y sonríe su soberbia pensando en aquellos angelitos imbéciles que colmaron noches intensas desde entonces al hoy, y se pregunta qué les habrá hecho pensar que ella podría amarlos. Quererlos sí, mucho, muchísimo. ¿Amarlos? ¿Con qué mérito? ¿Para qué?

En idas y venidas ha aprendido a conceptualizar su esencia. Cuando amó, no sabía, no podía interpretar. Luego fue tan sencillo: no me gusta que me lleven de la mano por ningún sendero nuevo, sino que me indiquen y yo, tomando aire para vencer el miedo y a mi propio ritmo, avanzaré. Avanzaré sola, me perderé, me encontraré y aprenderé. No conozco otra manera de aprender.

No sé qué nos sucede, mi querida Lucía. No nos gusta que nos acompañen. No nos gusta que piensen por nosotras. No nos gusta que nos señalen un lugar seguro donde debamos permanecer quietas. Sin embargo, disfrutamos de la compañía y nos encariñamos como un gatito, siendo inmensamente felices según la ocasión. Somos tan raras, cariño…

Hace tres años, Lucía supo que, pese al amor, no es saludable vivir los sueños de alguien más, porque los propios se resistirán a morir y la agonía será dolorosa. Hace pocos meses, entendió que no sólo la coincidencia de sueños genera amor.

Ahora, sola y pese a los momentos tristes -cuando la soledad no es tan dulce como en los alegres-, no concibe mejor manera de vivir y llevar su linda carga de ilusiones y esperanzas. ¡Silencio! No debemos interrumpir.
.
...
.
Ella está en proceso y este proceso no admite extras, ni muertos, ni heridos. Si acaso llegara alguien que merezca un espacio, más le valdrá sabérselo ganar o pasará inadvertido, o será un nuevo ángel de esos a los que se les quiere con todo el corazón, pero si no dan para más, pues no dan para más y ya.

Lucía quiere una verdadera rosa azul. Una rosa azul que pueda ver con sus ojos, no sólo con el corazón.
.
-----

(¡Y el p%to “Alejandro” que no aparece de una j%$?da vez!)

jueves, septiembre 25, 2008

Clásicos


Sin tomar conciencia de que estoy pensando mucho en animales alados que acaban chamuscados o derretidos por el fuego, estuve dándole toda la tarde a mi favorita de Iron Maiden, “Flight of Icarus”, cuyo corito he puesto repetidas veces en el subnick del msn y pocos seres humanos dignos de hablar conmigo lo han identificado.

Recordé a la Doncella de Acero al releer las aventuras de Marji en la genial “Persépolis”, obra maestra del cómic moderno, aunque su protagonista me sabe mucho a una especie de Mafalda versión iraní, bastante más tirada a izquierdas, claro (la anárquica hija de Quino tenía a Libertad para salvarla de caer en algún extremo político y podía dedicarse a criticar con maestría todo lo sucedido -¡y por suceder!- en su entorno mundial).

Me preguntaba… ¿Qué necesita una persona para hacerse famosa con sus dibujos o sus escritos, además de ser muy buena (a veces)?. Me refiero a cuestiones autobiográficas. El autor de American Splendor triunfó escribiendo un diario público ilustrado de su “triste y mediocre vida”, todo un icono de la contracultura underground estadounidense. Tal vez él no sospechaba (ahora ya lo ha de saber) la capacidad motivadora de su pasotismo que, a fin de cuentas, no es sino una manera desgarradoramente irónica de vivir contracorriente en (in)sano y pacífico individualismo. Gran tipo, el Harvey ese.

Mi vida no es contracultural y lo de contracorriente es más bien interno, por tanto abstracto, por tanto incomprensible. No va. Tampoco he crecido en un ambiente convulsionado por los conflictos sociales, sólo normalito para la época: mi padre, comunista convencido y activista de los buenos, con un mal carácter reprochable, discutible sentido del humor, federado bancario y luego, fotógrafo y comerciante independiente. Mi madre, profesora de aquellas muy cultas, que se iba a la huelga nacional habiendo adelantado clases y evaluaciones a sus alumnas, pues su conciencia no le permitía dejarlas en el aire (y porque tenía tiempo, seamos francos, que yo, por entonces hija única, no daba tanto trabajo como mis adorables hermanos).

Nada inusual respecto a los demás miembros de la familia. Mentira, sus intrincados historiales bien habrían podido recrearse en una extensión de Macondo, pero como nadie aquí tiene la genialidad de García Márquez, así lo dejamos nomás.

Tal vez algún día me anime a escribir sobre los jóvenes de mi pueblo, que apedreaban maricones, cojos y locos, en mancha*, bien valientes ellos; o acerca de los helicópteros del ejército que pasaban cerquita de nuestras infantiles cabezas, todos con mandíbulas y ojos diabólicos pintados, llevando tropas a la frontera ecuatoriana. Ah, esas épocas de conflicto, apagones, alarmas y cierres de colegios (¡lo bueno de la temporada!). ¡Quédense con su violencia terrorista histórica, compatriotas del nororiente, centro y sur! ¡Nosotros tuvimos guerra de soldados, con tanques y todo!

Es que acabo de recordar a una compañera del master, peruana también, quien siempre buscaba atribuir a su región el sufrimiento de los peores desmanes históricos ocurridos en nuestro bonito país, a cuenta no sé de qué.

Y bueno, Iron Maiden. Se les quiere más (a estos y bichos parecidos) cuando se sabe que las juventudes de otros países no sólo tenían que pasar por sobre sus abuelitas cucufatas y curas desinformados para amarlos con todo su corazón, sino exponerse a la opresión absoluta de un aparato estatal fundamentalista. Bien ahí, Marji.

Y la Doncella dice:

Fly on your way like an eagle, fly as high as the sun. On your wings like an eagle, fly and touch the sun…
.
Yeah!.





-----
*mancha: grupo, pandilla.

miércoles, septiembre 24, 2008

Samsa


Lucía despertó y era una polilla. Sus alitas temblaban impacientes, pero la habitación, demasiado pequeña, no le dejaba volar. Además, se veía demasiado grande en el espejo del tocador y entendía que, pese a haberle ocurrido de un día para otro (lo cual debería dar cierto sentido de normalidad al hecho de ser una polilla), no podría salir así a la calle, por una sencilla cuestión de sentido común.

Recordaba haber estornudado mucho la noche anterior, culpa de los ácaros y esa alergia de viajero tan arraigada y poco elegante que siempre lleva a cuestas. También lloró mucho, pero no ha sido la noche en que más lo ha hecho. Suele pasar a esas alturas del mes y ante decisiones extremas. Algunas veces hemos criticado su debilidad y su deseo de que alguien más, un ser “X” o “Y” o “Z” tome decisiones por ella, sin obligarla a pensar o equivocarse. Que cada quien es dueño de su vida, decimos, que esto y aquello. Pero bueno, un guía sabio, ¿por qué no?

Sabe que como buen “término medio” está obligada a trabajar todo el tiempo, sin descanso, en asuntos no siempre motivadores, pero reguladores sociales, normativos, esos dadores de status perseguidos por todos y todas sus iguales, sencillamente porque alguien ha dicho que antes de los treinta se debe estar ya ganando un sueldo fijo y buscando un buen hombre dispuesto a ayudarnos a salir de problemas.

Una pena no haber sido desplazada, o perdido un ojo en pleno enfrentamiento guerrillero, o acusada de algún tipo de subversión ideológica para, amenazas mediante, hacerse nombrar refugiada política. En su país, estar sana y tener estudios la condena a ser vergonzosamente de derechas o desfasadamente de izquierdas. Una opción populista de baja popularidad tampoco estaría mal. En Europa, no vale un carajo y más bien debería sentirse avergonzada de ser confiable y acceder a créditos. Tú, que tienes para pagar un vuelo en avión, deberías bajar la vista ante los pobres inmigrantes que llegan en patera. Tú, que te has dado el lujo de hacer una maestría (pues seguramente tus padres, acaudalados empresarios latinoamericanos, explotadores de indios y pobres, te la han pagado), deberías callar y seguirnos el ritmo sin chistar en todas nuestras juergas progres, porque has de tener dinero. Tú, que no traes pinta de mendiga y tu pasaporte dice “estudiante”, deberías tener un costoso seguro privado que te permita pasar con asco por sobre la seguridad social.

Sin embargo, la casa materna está llena de garrapatas y le corresponde a ella atraparlas, una a una, y echarlas al fuego. No hay voluntad para llamar a sanidad, no hay dinero más que para la comidita de cada día y que los hermanitos vayan a la escuela. Entonces, Lucía siente en verdad vergüenza de sí misma por procurarse una vida que jamás le correspondió, y sabe que debe atrapar hasta la última garrapata, antes de que se metan en los oídos de mamá y hermanos y no sabe qué hacer para que sus sueños no la aparten tanto de las únicas personas que, pese a putearla, nunca le dirán que no la quieren o que nunca la han querido. Le dirán que le odian, cosa que es normal cuando hay amor y frustración, pero que no la quieren, jamás.

En eso pensaba Lucía antes de dormir y dejar de llorar, pero esta mañana despertó y era una polilla. Sabe lo que ha de pasar con ella: su entorno mejorará. La madre tal vez se anime a seguir trabajando y se case de nuevo, pese a los machistas, inconcientes y heridos hermanos. Los hermanos crecerán y olvidarán la estupidez adolescente que les embarga. Y ella se quedará arrinconada, olvidada, rechazada por su aspecto sucio y terrible olor, las alas tullidas de no volar, hasta que una manzana lanzada por alguien se le pudra incrustada en su espalda blanda (las polillas no tienen caparazón), le provoque una infección general y una noche, sin mucho ruido y con la patitas tensas, acabe de morirse de una buena vez (si no se quema antes en el fuego de las garrapatas, según su naturaleza de polilla).

Eso sí, intentará dejar una cuenta bancaria accesible, para pagar el entierro y la vergüenza y que luego no se hable de más.

jueves, septiembre 18, 2008

Huelgas y combis

Ayer los médicos huelguistas detuvieron el tráfico de la Av. Pardo y los pasajeros de combis y buses bajaron sin llegar al paradero. Es gracioso esto de los paraderos, cada día resulta inevitable escuchar a algún chofer o cobrador/a discutiendo el tema de los paraderos y las multas.

Cosa nueva para los “profesionales del transporte público” esto de detenerse y dejar bajar a pasajeros sólo en lugares indicados por la municipalidad. Más nuevo aún verse en la obligación de detener su marcha completamente para permitir a la gente pisar tierra con seguridad. Muy pocos lo hacen.

Por lo general, se trata de carreras por conseguir clientes, aunque claro, olvidando descuidadamente el concepto de “clientes” que tanto bien nos haría, para mejorar el trato, pues con el servicio difícilmente se podrá hacer algo (salvo que se reordene el parque automotor, lo cual ocasionaría fortalecimiento de mafias, huelgas, protestas y mayor impopularidad para nuestro presidente –el de turno- y allegados).

Pareciera que los choferes de combis y buses nos hacen siempre “el favor” de dejarnos entrar en el vehículo y transportarnos por una bicoca. Con algo de suerte, encontraremos un cobrador o una cobradora que muestre cierto respeto por nosotros, que no nos suene las monedas cobrando el pasaje o nos hable a gritos.

Y claro, todo debe seguir así porque a nadie, ni a transportistas ni a usuarios, se nos ocurre demandar algo mejor.

Por cierto, eso de detenerse sólo en paraderos sucede en las avenidas grandes, donde corren el riesgo de ser vistos por la policía y acabar multados. Y repiten constantemente que lo hacen por eso, por evitar la multa. La seguridad les importa un carajo y esa forma de pensar cobra niveles caricaturescos con el tema del cinturón de seguridad: los chóferes sólo se lo colocan –mal, por cierto- cuando ven cerca a algún “tombo” o “tomba” controlando el tráfico. El cinturón del copiloto, donde a veces se sientan pasajeros, suele estar malogrado, pero te piden u ordenan, dependiendo de tu suerte, que te lo pongas así, por encima, para que el poli lo vea*.

Digo sin miedo que todo este sistema me parece un asco, más que por estar acostumbrada a andar en metro europeo (que tiene su modo de ser una mierda, pero es un “self service” bien estructurado y ordenado), por ser de Piura, donde los taxis cuestan razonablemente poco y las distancias no son largas de andar, la vida en buses y combis transcurre más tranquila y segura y la orquesta de bocinas y palabrotas no llega ni a los talones de la sonoridad que alcanza en Lima.

--

Por otro lado, la huelga de médicos del mes, pidiendo aumentos salariales y la renuncia del nada ponderable ministro de salud, Hernán Garrido Lecca. ¿Qué creía el gobierno? ¿Qué con declararla “ilegal” iba a evitarla? A veces me conmueve la ingenuidad de autoridades que hace rato perdieron el respeto de la ciudadanía.

En todo caso, el gremio de médicos es uno de los mejores pagados en Perú: alrededor de tres mil nuevos soles (cerca de mil dólares). ¿Poco? En Estados Unidos, puede ser. En España, puede ser. En Chile, puede ser (entonces, ¿por qué no emigras a Chile y recibes allí los seis mil dólares que como médico te corresponden, y empiezas a pagar lo que cuesta la vida allá?)… En Perú, no. En Perú, ese monto es seis veces un sueldo mínimo vital, y éste sí que es indigno, irrisorio y, aún así, mucha gente vive de él (o con menos), manteniendo casa y familia.

Además, un médico al servicio del Estado (o sea, pagado por el gobierno para atender a las personas más pobres del país y a asalariados en peores condiciones) sólo está obligado a trabajar 6 horas. Luego, puede hacer turnos en una clínica privada o abrir consultorio.
.

De ahí, como en todo, empezarán a resaltar los mejores en su trabajo (lo cual es justo) o los de mayor ambición de poder (pienso en un viejo conocido que se sostiene con garras y colmillos a la dirección del Hospital de Apoyo III de Sullana, pese a resoluciones judiciales y demás vainas).

Pero, es verdad, los hospitales peruanos carecen de equipos, medicamentos, personal calificado, buenas condiciones de aseo, espacio. Muchas salas acaban repletas de pacientes y eso, en caso de enfermedades contagiosas o con riesgo de epidemia, es realmente peligroso, tanto para pacientes como para los médicos mismos (así es, muchachos y muchachas, se reconoce públicamente que tienen un trabajo de alto riesgo y merecen mejor trato, pero… me parece que ustedes lo quisieron así, ¿verdad?... ¿No fueron ustedes los que escogieron la carrera, siendo conscientes del país que habitan? ¿O esperaban un cambio acelerado de normas sólo en su honor?).

En general, hay desidia de ambos bandos: gubernamental y administrativo. Desidia y mala fe, por cierto, pues son muchos los casos de enriquecimiento ilícito, a costa de los fondos del hospital, sin contar con el nepotismo, abuso de poder y acoso al que suelen estar expuestas, sobre todo, señoritas de rangos “inferiores” (entiéndase: enfermeras –o enfermeros, quién sabe- y técnicas en salud).

En todo caso, observo hipocresía de la pura en las declaraciones indignadas del ministro, al acusar a los huelguistas de irresponsables por abandonar a los pacientes. ¡Por favor! Como si nuestros gobernantes se caracterizaran por cuidar de nosotros, que a fin de cuentas es su obligación (para eso se les paga, ¿no?).

Si se les ha ofrecido lo que luego no se cumple, hay derecho a reclamar. Sin embargo, el abandono de los enfermos, ¿no resulta claramente antihipocrático? ¿No contradice los principios éticos de la medicina? No lo digo en apoyo a Garrido Lecca y Cía., sino por motivar un modo diferente de protestar y generar verdaderos cambios sociales. Pensar cuesta, lo sé, pero no hace daño intentarlo. Ya hemos visto, en todo caso, que el talón de Aquiles del gobierno peruano no son las manifestaciones callejeras, las cuales, en muchos casos, resultan perfectamente filtradas como cortinas de humo para tapar asuntos aún más turbios.

¿Qué se podría hacer?

--

Las profesiones fueron “inventadas”, creo yo, para llegar a un nivel de especialización que nos permita servir mejor a nuestros semejantes. Muy aparte, ese vicio tan humano, tan humano, de querer escalar constantemente, en un afán de éxito profesional (y económico) que a algunas idealistas no nos acaba de cuadrar. Y no nos cuadra, pese a que diariamente nos vemos obligadas a trabajar y ganarnos el pan (no, no hablo de Lucía, ni de mí, sino de la hermosa mujer que viene dos veces por semana a limpiar la casa y cocinar, trabajo complementado con talleres de alfabetización y fisioterapia en distintos puntos de Lima y en su zona, San Juan de Miraflores).

Un problema sustancial del dinero es que si se le deja tomar decisiones por sí solo luego acaba convenciéndonos de que en tanto mayor cantidad tenemos, más le necesitamos. Y esa no es una ley de vida, por favor. Es verdad: cada quién tiene derecho a vivir como mejor le parece, pero una cosa es la necesidad real y otra bien diferente lo que el mercado, los medios y la sociedad nos presenta como “lo mejor”, “lo más apropiado” o, aún peor, “lo más saludable”.

La máscara del capitalismo, un bienestar sostenido por posesiones. Luego crece la inflación pero las autoridades, en vez de hablar claro e iniciar políticas de ajuste económico que impliquen reducir nuestros gastos a lo indispensable, hasta que las cosas mejoren, prefiere asegurar sus pocos puntos de popularidad y seguir manteniendo la pantalla de bonanza que genera el consumo masivo, exacerbado por una colectividad cegada gracias a telenovelas poco realistas, programas de televisión rendidos al rating y muchísima publicidad.

Los seres humanos solemos ser tan estúpidamente inhumanos…

------

* Es justo reconocer que no todos los conductores y cobradores de combi con quienes me he topado en Lima obedecen a esta descripción (desafortunadamente son minoría). Sin embargo, sus ganas de hacer las cosas bien se ven frustradas constantemente por el pésimo funcionamiento de la estructura de transporte en general. Como en todo.

miércoles, septiembre 17, 2008

Usos y cosas

Revisé mi pobre billetera china y noté que comprar el bendito MP3 (o MP4, o Ipod) iba a ser la “egoistada” más grande del mes (en mi particular situación, respecto a las particulares necesidades de mi particularísima familia). Además, seamos realistas, ¿en verdad voy a salir a correr cada mañana, tarde o noche, una vez que sea poseedora del aparato de marras? No, porque me da flojera correr y siempre encontraré nuevas excusas para no hacerlo. Debería procurarme más salidas a comunidades rurales, que vivifican cuerpo, mente y espíritu… ¡Eso sí es deporte, caray!

Entonces, haciendo un balance general y dado que sí me gusta escuchar música, conseguiré pilas recargables, nuevos audífonos y algunos discos en blanco, más barato todo; dedicaré un domingo próximo a armar interesantes listas de reproducción (que para eso, entre otras cosas, está la laptop) y seguiré fiel al discman verde que buenamente me cedió mi precioso hermanito de 13 años, ya que en su percepción social de las cosas, el color perico no le resulta especialmente masculino (adolescencia de pueblo chico).

Y eso que pasé a discman porque mi otro hermanito, el de 16, arruinó mi walkman.

No, no soy una activista “anti tecnología”, pero tengo bastante arraigados los principios de necesidad real y el aumento de productividad que debería traer consigo su satisfacción. En todo caso, tengo el orgullo de llevar cinco años sin televisor (que no sin cine), aún habiendo pasado veintitrés lunas de mi vida prestándole atención a la caja reglamentaria que teníamos en la sala de casa.

Por cierto, una compi del master me envió un interesante documental. Algo largo, sí, pero vale la pena:

Aquí, la versión original y el guión documentado.

lunes, septiembre 15, 2008

Para ti

Luego de dejar a Lucía (y fue como separarme de una hermana gemela, siamesa, así de doloroso), caminé hacia la avenida, subí, confiada, a una combi colorida y me dejé llevar por recovecos extraños, hasta que no supe, oh, dios mío, dónde estaba.

Él en la ciudad. Yo quería verle. Moría por verle. Sabía cuán cansado debía estar y yo, celular en mano, mejor ve a dormir, cariño, aún no sé bien cuánto tardaré. “Te espero”. Sin más. Me espera.

He andado torpe con esto del transporte público en Lima. Tal vez sea la luna, la falta de costumbre, la distracción de premuras y cuentas regresivas. Quiero ver a mi mamá, mis hermanos, mis amigas. Viajes largos, dinero, aquí, allá, libros, picazón, alergias, tonteos de bar, gente que no entiende las señales, mochilas pesadas, salida a campo, asedio, expectativa, admiradores confundidos, un taxista triste (su mujer acaba de irse a Francia, trabaja allá), mucha, muchísima suerte (¿qué hace aquí, sola, señorita? ¿No sabe lo peligroso que es?). Lucía, mi buena Lucía, mis dos Lucías. Yo misma. Por fin el lugar (maldito semáforo). Por fin él.

Sentadito frente a una taza vacía de café y el último trozo de un pastel. Un libro. Sus ojeras remarcadas, sus arruguitas cada vez más notorias (o tal vez, notorias esa noche, de tanto viaje y tanta espera), sus ojitos dulces y sus canas furtivas. Él, mi amigo sin motivos, mi ángel de la guarda, una de tantas lecciones de madurez, uno de tantos dolores pasados, un afecto tan grande, tan grande, que no puedo sino darle las gracias por dejarme quererle sin huir asustado, ni atarme, ni hacerme doler.

Duerme ahora. Es tan grato mirarlo dormir y cuidar su sueño. Abrigarlo bien, que esta ciudad es fría. Acariciar sus llagas. Está herido. Está herido y estoy herida. Sabemos de nuestras historias, nuestras cicatrices. Tal vez por eso este afecto tan puro, tan diferente y tan, a fin de cuentas, amor.

No vale la pena dar explicaciones.

Espero, pronto, aquí o allá, volverte a ver. Y que nos enamoremos de personas buenas. Y que tu ella y mi él nos regalen esta triste y bonita canción, cariño mío:

viernes, septiembre 12, 2008

pica-pica

¿Un líder necesita realmente vociferar así?

No sé si se trata de un modo de ser común de la gente latinoamericana, pero noto mucha furia alrededor, muchas ganas de opinar y gritar. A veces me cansa esta costumbre de rasgarnos las ropas para parecer pobres (porque una persona pobre no puede ir limpia y bien remendadita por ahí, nadie se tomaría su pobreza en serio), de llorar y actuar frente a una cámara de televisión, de aullar para asustar.

Estoy cansada de hombres gritones. Estoy hasta el re-culo de hombres violentos.

Sobre todo así, fríamente calculados. Entiendo un golpe en defensa propia, no una planificación, la construcción de una imagen con la ayuda de varios asesores, la clara intensión de amedrentar y motivar el apoyo de los “sin voz”, aquellas personas que nunca tuvieron el chance de hacerse oír y ahora… ¿Ahora? Ahora tampoco lo tienen, pues alguien habla por ellos, pero no les deja hablar. O, en todo caso, les ha condicionado para decir lo más conveniente.

¿Qué? ¿Acaso no hemos visto el fenómeno aquí mismo? ¿Se nos ha olvidado tanto asentamiento humano llamado Alberto Fujimori o Alan García? ¡Por favor!

Y por todos lados, personas sufriendo y muriendo. Personas iguales a toda la humanidad, pero que alguna convención internacional de devoradores de caviar (léase Naciones Unidas) ha considerado oportuno llamar “indígenas”, sólo para resaltar diferencias que les hacen particulares y, contraproducentemente, también los reducen y aíslan. Ganas de dificultar la empatía universal, digo yo. En vez de buscar el respeto y la dignidad entre iguales.

Ni modo, nuestras mentes limitadas nunca renunciarán a la rotulación y conceptualización como principios ordenadores de conocimiento.

Imagino que los gritos de Chávez distraerán temporalmente la atención sobre su asunto con Cristina Fernández (con lo bien que me cae esa mujer) y su relación con las FARC (más y más violencia). A ver si su nueva bravuconada aporta un ápice a la resolución de los tristes conflictos internos que suceden ahora mismo en Santa Cruz (Bolivia). No podemos negar que Evo, a su modo, va siendo bastante más coherente (¿será por esa capacidad cultural andina de escuchar y pensar un poco antes de hablar?).

Por aquí, habas aderezadas. Entre huelgas de médicos y rebrotes "aislados" de tuberculosis, los grandes centros comerciales se multiplican y descentralizan. Cuando llegué, hace un par de meses, miraba sorprendida cómo la gente acudía a estos emporios, ya no sólo por veletería de fin de semana, sino, efectivamente, a comprar y comprar, tarjetitas mediante. El crédito de consumo aumenta, los intereses también, los ciudadanos de clase media y baja, endeudados hasta el cuello. El televisor de plasma en cómodas cuotas y no hay cuándo instalar un water normal, con tapa, asiento para "señoras" y debida conexión al servicio público de agua y desagüe, en vez de la letrina que buenamente construyó el abuelo, hace cincuenta años.

Reviso mi bolsillo para pagar al amable (¡oh, milagro!) cobrador de combi, y saco un reluciente nuevo sol… ¡Del año 2008! ¡Por Dios!

Es entonces cuando empiezo a entender de dónde sale tanto dinero y para evitar entrar en shock, decido bajar unas calles antes de mi oficina, colocarme los audífonos y andar un poco. Me suena mucho aquella propaganda de Vargas Llosa, cuando postuló a la presidencia de la república en 1990, donde prometía, a propósito de la política económica del primer gobierno de Alan García: “Pondremos fin a los excesos de la maquinita” (de hacer billetes).

Ay, mi paisito lindo, ¿qué hiciste tú para merecer estos guías que te han tocado desde que empezaste a existir? ¡Ay, mi continente! Ay, ay, ay…

La buena noticia del día (y que aumente la inflación): R.E.M. tocará en Lima el 14 de noviembre. Oportunidad única. Imperdibles. Geniales. Totalmente recomendables…

Estas son las cosas que nos recuerdan cuán básicos terminamos siendo los seres humanos, pese a nuestras complicaciones, sí, señor.

11 de setiembre

Dos cosas tristes para recordar el día de hoy: .

El 11 de setiembre del año 1973, el dictador Augusto Pinochet dirigió un golpe de estado militar en Chile, desbancando y ejecutando a un presidente democráticamente elegido, Salvador Allende. Sí, socialista. A partir de entonces, miles de asesinatos y desapariciones, aunque muchos dirán ahora: "¡Pero mira lo desarrollado que está Chile!".

Yo no quiero un país desarrollado sobre sangre.

.:

El 11 de setiembre del año 2001, la organización terrorista Al Qaeda, hizo estrellar dos aviones secuestrados, llenos de pasajeros, contra las Torres Gemelas, en la isla de Manhattan (Nueva York). Murieron 2973 personas.

Consecuencias: la invasión y masacres en Irak, los posteriores atentados en Londres y Madrid y crecimiento de la xenofobia a nivel internacional.

...

¿Quién nombró a las personas responsables de todo esto líderes de nuestras vidas y nuestra historia? ¿Por qué el destino del mundo parece no poder salir de sus manos?

¿Debe la gente morir porque piensa diferente? ¿Debe la gente morir para mantener un equilibrio mundial que, año tras año, acrecienta las brechas de desigualdad entre ricos y pobres, que genera injusticia?

Tantos crímenes en nombre de la verdad… Luego resulta, como siempre, que la verdad es aquello que interesa a unos, frente a otros. A veces pienso que ha sido un grave error filosófico eso de dar categoría “absoluta” a la verdad. Somos tan soberbios los humanos, que creemos absoluto algo gestado en nuestro pensamiento…

Oh, la maldita verdad.

miércoles, septiembre 10, 2008

Agujeros

Tengo el Google predeterminado al entrar en Internet desde mi computadora (Ernesto, perdóname la vida), por ello, esta mañana encontré uno de sus tantos rediseños-buscadores del logo:
.

Me hizo gracia el humor negro, dada la coyuntura y controversia con que se ha venido desarrollando el experimento al que hace alusión: el Gran Colisionador de Hadrones.

Justo ahora (10 de setiembre de 2008), entre Francia y Bélgica se ha de estar probando este aparatito, un bicho enorme y subterráneo, cuya finalidad, hipotética, claro está, consiste en:
.

  1. Averiguar el origen de la materia,
  2. Explorar la supersimetría (lo que constituye la materia oscura, esa que es invisible pero atrae a los cuerpos de materia visible, de la cual estaría conformada gran parte del universo, vamos),
  3. Observar la colisión entre una partícula de materia y una de antimateria, que se atraen y destruyen mutuamente cuando se encuentran (vaya, vaya, conozco muchos tipos por ahí que bien podrían ser antimateria mía, así dicho), y
  4. Ver qué sucedió los segundos siguientes al estallido del Big Bang, antes de que la materia se ordenara en protones y neutrones.
    .
Al parecer, la curiosidad humana no tiene límites. Me gustaría sentirme tan emocionada como la cantidad de seres que ahora se han de encontrar ahí, pico metros bajo tierra, al pendiente de los resultados (si no acabaron ya y se fueron a merendar, porque esto de la diferencia horaria nos tiene algunas horas tarde a los latinoamericanos).

Algo gracioso: hace un par de meses encontré por Internet una contracampaña bastante fuerte a este experimento, alegando que el Colisionador en cuestión podría provocar la generación de agujeros negros, lo cual significaría, cuanto menos, el fin de la humanidad. Si recuerdan los capítulos de Flash Gordon y demás héroes intergalácticos de nuestra chiquititud, sabrán que los agujeros negros son peores que esta servidora a la hora del almuerzo… ¡Se lo comen todo!

He aquí el sentido del logo de Google del día de hoy: si se fijan bien, el isotipo (las letras) están siendo absorbidas. Buena gracia, hay que admitir su ingenio.

En fin, por ahora el horizonte sigue gris y sin novedad (gris no por mi estado de ánimo, sino que estoy en Lima y el cielo aquí es gris).

Debo aprovechar para agradecer a mis profesores y profesoras de matemática, ciencias naturales, física y química del Santa Ursula, Sullana, por haber hecho de mí una persona capaz de entender, siquiera medianamente, este tipo de asuntos. Además de la tele educativa de aquellas épocas, claro está (porque lo que es ahora…)

A ver qué pasa, pues.

lunes, septiembre 08, 2008

Pericos


Era temporada de lluvias y la casa se inundaba. Salía agua del desagüe y se metía en todas las habitaciones, pestilente piscina que a la nena le llegaba a las rodillas. Una vez se llenó de hongos, sus pies parecían de niña leprosa, se sintió mal de ser tan delicada. Desde entonces, sus padres decidieron no hacerla más partícipe de la limpieza de emergencia, cada tarde del fenómeno de El Niño en el año 1987.

Era una historia repetitiva. Se oían los relámpagos, luego rayos, entonces arrancaba la precipitación torrencial, que parecía traerse abajo el techo de eternit. Unos cuantos pasos, levantar cortinas y sábanas, subir a la hijita a la cama, para que no se vuelva a “honguear”, y empezar con la barredera, sacar baldes de agua a la calle, antes de que el televisor salga flotando en mierda, por ahí.

El padre solía montar alguna rabieta en contra de la casa de porquería donde vivían. La madre, Perica Mayor, respondía de mala manera y empezaba la pelea sobre intereses varios y respeto, pues fue el abuelo materno quien les mandó a construir esa casa y se las obsequió el día en que ella decidió, contra toda voluntad familiar, casarse con el padre de la criatura “cuatromesina” que luego les nació.

Fue un día de esos, ya habiendo amainado y con el suelo en proceso de rápido secado por el intenso calor del verano sullanense, que ella, aún en la cama de sus padres, amenazada por la posibilidad de contraer un rebrote de llagas si osaba poner un dedito fuera de ese lugar (un buen modo de mantenerla quieta, dicho sea de paso), escuchó una conversación para “grandes”, protagonizada por una niña más niña aún.

Una anciana y un adolescente acompañaban a la pequeña. Pidieron hablar con Perica Mayor, hermana de Perico Imberbe, un tío que estudiaba en Lima y a veces llegaba por ahí y llevaba a sus sobrinas a jugar a la Plaza de Armas y comer helados. Buen chico, el tío Perico.

La nena escuchó con atención, porque en verdad no había nada más interesante qué hacer y aquellas voces graves no tenían pierde. La abuela empezó a explicar una serie de enlaces, encuentros y desencuentros, que aterrizaron en un romance de hacía ya cinco años, entre Perico Imberbe y su hija, fruto del cual había nacido esa niñita tan bonita que les acompañaba. La mujer añadió que no se acercaron a la madre del padre, porque cuando sucedió el embarazo ya les habían humillado, dudando de honras y sugiriendo aborto. En fin, cosas de gente respetable.

Perica Mayor se puso digna, como acostumbraban las señoritas y señoronas de entonces, y no dudó en dudar de la veracidad del relato. Sin embargo, su cariño por los niños le hizo preguntar a la pequeña, con cantito suave de profesora:

- Dime, ¿cómo se llama tu mamá?
- Mi mamá se llama Tania.
- ¿Y tu papá?
- Periiiico.

La nena princesa, subida en la cama de sus padres para no contraer hongos, se echó a llorar.

miércoles, septiembre 03, 2008

Derechos y Humanos

Hace algunos meses, llegó a mi buzón de correo un enlace a este vídeo de Amnistía Internacional:
.

.
Me gustó el concepto y entendí que la censura de la televisión estatal española, para transmitirlo como “publicidad social”, de manera gratuita, quedaría resuelta en buena parte gracias a la contracampaña iniciada en Internet y la acción de muchos bloggers. Por supuesto, dejando fuera a todas las abuelitas a quienes he oído afirmar sobre esto o aquello con el indiscutible argumento de “así lo dijeron en la tele”.

Tiempo después, participé en unos seminarios, con un expositor de Amnistía Internacional. Jurista vocacional y convencido de la importancia de su lucha, agresivo y positivamente cínico, dedicó algunos días a hacernos entender por qué la pobreza es, más que un estrato socioeconómico, un atentado contra los derechos humanos.

Su postura era la siguiente: la pobreza, claramente ocasionada por la pésima distribución de bienes en el mundo, la explotación y el abuso, en beneficio de quienes tienen el poder o la riqueza, somete a miles de personas a una vida indigna, con niveles de supervivencia que debería darnos vergüenza siquiera tolerar.

Y es un atentado contra los derechos humanos, como la tortura, porque no permite a quienes la padecen desarrollar sus potencialidades, ejercer y disfrutar de su libertad.

Por supuesto, el buen hombre nos explicó esto de modo magistral y con terminología legal adecuada. Yo lo pongo en simple no pensando en mis lector@s, sino en mí misma y en mi necesidad irremediable de nivelarlo todo a mi altura, para deglutirlo sin atragantarme (es lo que tiene ser Lucía).

Imagino que la prohibición de las televisiones españolas fue definitiva porque se toca directamente a George W. Bush. He revisado (y recordado) anteriores propagandas de Amnistía Internacional y nunca antes fueron así de punzantes con Estados Unidos. Por otro lado, y pese a los entornos progres en los que suelo moverme (y a mi padre comunista, que en paz descanse), no me causa pudor alguno admitir que es de justicia encontrar por ahí a Fidel Castro, básicamente porque le queda bien eso de afirmar que “toda persona tiene derecho a dejar su país y retornar a él cuando quiera”.

No es saludable cegarnos. Un hombre sabio que pudo ser mi jefe (¡malditas fronteras!), me contó hace poco la historia de un taxista que conoció en La Habana, a quien intentó adular, como buen cooperante, admirándose de lo bien que se estaba allí y lo cultos que eran todos, en comparación con otros países de Centroamérica y Europa. El conductor, con mucha paz, le respondió: “Sí, pero ya me gustaría a mí poder ver esas realidades de las que usted me habla, con mis propios ojos”. Lección aprendida.

En todo caso, me parece bastante valiente la decisión de Amnistía Internacional no sólo de colocar a Bush (Fidel es blanco fácil, no tiene mérito meterse con él), sino también al primer sion… perdón, ministro israelí, al democratísimo presidente chino, al “Rey de Libia”, al amado líder norcoreano, al abstemio y antiperiodístico Putin, entre otros. Todos poderosos. Todos diplomática y económicamente intocables. Todos grandes líderes de un mundo que se va cada vez más al infierno, siendo justamente los más pobres y más jodidos quienes más luchan por vivir. Jodidos desde mi particularísima subjetividad, por supuesto. A saber de autopercepciones varias.

En los entornos tibios y de derecha en los que en esta ocasión me ha tocado moverme (soy voluntaria en una ONG bastante ligada al Opus Dei y trabajo en una zona pituca de Lima, que, curiosamente, concentra al mayor porcentaje de cooperantes internacionales, turistas y otras hierbas, tal vez por sus buenos/caros cafés, discotecas y cercanía con el bohemio distrito de Barranco) la percepción de Amnistía Internacional tiende a ser negativa, por una sencilla razón: la defensa de los derechos humanos de terroristas de Sendero Luminoso y el MRTA.

Es que habría que haberlo vivido para entenderlo. Muchas personas perdieron seres queridos en la guerra interna, que azotó Perú por casi veinte años (descontando los eventuales rebrotes en el Huallaga y la sierra norte). Aquellos que se vieron dañados por la guerrilla, consideran injusto el movimiento de dinero y cortes internacionales para defender a quienes pertenecieron a las líneas “asesinas”. Los que, por el contrario, padecieron a causa de políticos y militares, evidentemente apoyan las investigaciones de rigor, tanto de "presos políticos" como de comandos del ejército nacional. En este asunto de generalidades, no podemos olvidar los sentimientos de cada individuo. Una lástima que la opinión pública dependa a veces de cuestiones tan personales… ¿Una lástima?... ¿No somos acaso personas?

De ahí que es más fácil opinar e intentar ser justo y neutro desde la academia o con un pasaporte no susceptible al desprecio internacional (y la barriga llena y el corazón tal vez descontento, pero paliado por la filantropía, la lucha por la libertad de otros, etcétera).

En todo caso, esta propaganda de Amnistía Internacional dejaría en evidencia su compromiso de proteger los derechos humanos y “denunciar las injusticias vengan de donde vengan”, como reza el slogan de la campaña de difusión de este vídeo por Internet.

Es curioso, en Bilbao, mi entorno progre manifestó alguna vez que esta afrenta contra Fidel se debía a que AI, al ser tan grande y estar tan extendida en el mundo, había perdido ya independencia y obedecía a intereses de los propios gobiernos, que era una estrategia para mostrar que no se casaban con nadie, pero a la vez difamaban y/o mezclaban a elementos que no tenían nada que ver en el nivel de criminalidad de sus acciones. Y Fidel, claro, es el tío más chévere del mundo, sin manchas en el CV.

No sé, no sé, no sé.
.
A mí me gustó el profe que tuvimos... Me pregunto si será de las personas capaces de increpar directamente a algunos miembros de la Ertzaintza (policía bilbaína) si los ve por ahí, una madrugada, dando de alma a un desprevenido inmigrante –seguramente ilegal- marroquí.

Creo que la defensa de los derechos humanos debe empezar por casa (y la del vecino, si fuera necesario). Tal vez así todos, incluyendo a la buena y desequilibrada Lucía, seremos día a día un poquito más coherentes, digo yo, ¿no?