miércoles, junio 18, 2008

Libros


Andando por Ámsterdam, recordé que alguna vez estudié en una universidad donde nos prohibían leer algunos libros. Nos escogían las lecturas y, lo más irónico, muchos “libros prohibidos” aparecían en la base de datos de la biblioteca, pero sólo tenían acceso a ellos los profesores privilegiados.

Recordé también que nadie supo nunca responderme porqué, pero un porqué con el cual pudiera yo quedarme tranquila. Me respondían frases tipo: “Hay lecturas que hacen daño, por eso no dejamos que los jóvenes accedan a ellas”. Yo quería un argumento diferente, uno que no implicara paternalismo, ni la consideración clarísima de la incapacidad de los estudiantes (universitarios).

Pregunté: “¿Acaso no sería mejor… más democrático, más… adulto, que alguien guíe nuestra lectura, en lugar de prohibírnosla simplemente, como si fuésemos todos unos niños tontos?”.

Nunca hallé una respuesta suficientemente libre de condición, de tendencia, de interés. Todas iban relacionadas, orientadas a un modo de pensar, de “buen hacer”. “Ésta es una universidad privada –solían decir. Al entrar aquí, pagas para que te eduquemos según nuestras condiciones”. Y eso era formalmente correcto. Sonaba a que tenían razón.

Entonces, me iba (una y otra vez) a fumar un pucho sentada en mi melancólica banca de siempre, donde esperaba ver pasar a alguno de mis amigos del taller de creación literaria (al cual nunca pertenecí), para despotricar un poco. Luego, cargaba toda mi pinta de cuervo heavy regordete y enrumbaba hacia otra biblioteca, cualquier otra más soberana, aunque siempre peor implementada que la de mi universidad, allá, en Piura.

Las cosas de las que una se acuerda andando por Ámsterdam…

martes, junio 17, 2008

Ya no se busca


Voy para Perú en tres meses. Voy y vuelvo. Vuelvo para estar en ningún lugar, que es donde quiero estar. Quiero estar en ningún lugar, pues ese lugar sin lugar no demanda pertenencia, ni apego, ni afectos físico-emocionales, ninguna atadura, ni siquiera aquella dizque auto impuesta, llamada comúnmente “amor”.

(Es hora de empezar a soñar mis propios sueños)

Mi madre dice: “cuando te enamores, verás”. Cuando me enamore, en resumen, querré pasar el resto de mi vida junto a alguien, alguno o alguna, por quien dejaré de ser yo y empezaré a compartirme. Le daré mi mitad y me quedaré tan tranquila, así de simple, como la vida misma.

(Quiero escribir)

La vida misma es tan diferente para cada cual. Ni siquiera los seres llamados por nosotros, antropocéntricos humanos, “no pensantes”, viven vidas iguales. Y yo, lo sé ahora, amo sin amar a quien sin amar, me ama. Desde el fondo de mi ombligo y de mi incomprendido egoísmo, lo sé: le amo, y con mayor amor aún, porque no me obliga, no juega con las palabras, no tiene motivos para mentir.

(Me gustas)

Es cuando cada caricia vale como ha de valer el último segundo de vida. No necesito creer que le perderé, porque no le poseo. Ni le recobraré, porque no fue de mí.

Y es recíproco.

(No soy un muñeco. Mi lugar ES sobre mis propios pies)



Dice Susana que a los 30 empezaré a buscar un compañero eterno. No sé qué pasará a los 30. Ahora, a los 28, he comprendido que el camino es largo aún y cada tramo traerá su historia. Además, me hace feliz saber (haber descubierto) que no existe la eternidad.

martes, junio 10, 2008

On the road (again)


Es en verdad curioso andar por las calles rojas de Leiden y darme cuenta: las aceras altas me dan sensación de seguridad. La lógica es simple y de toda la vida: aceras de concreto, algunos centímetros por encima de la calzada, de asfalto o, en todo caso, de adoquines grises. Esto de aquí, sin embargo, no acaba de cuadrar en mi cabeza: ¿Acaso unas líneas amarillas evitarán que un vehículo invada el camino de los peatones? Demasiada inseguridad (o paranoia, que sería comprensible dadas las condiciones en que pensé lo que escribo).

Me siento alegre. Alegremente asustada y desubicada, pero bien. Muy bien.

miércoles, junio 04, 2008

La zumbadera


Sí pues, Lucía, por aquí estuvo hace un rato sonriendo con esa sonrisa tan dispareja que da ternura y tan limpia que da envidia (¡qué cólera!, dices, porque tu diente rojo pierde inocencia y las arrugas del ceño fruncido han empezado de recordarte la edad).

Por aquí estuvo siendo todo lo buena gente que es (bueno, pero de verdad), dándote abrazos y besitos dulces, tú temblando como una tonta, porque pensaste que se iría corriendo y qué más da, con el tiempo que queda, ¿no? Y mira, no entiende por qué pensaste que se iría, no se entera de nada, el pobre, lo subestimas un rato. No, si todo lo sabe el muy cabrón, todo lo sabe y lo entiende a su modo, sin experiencia, pero suficientemente bien como para no hacerte sentir peor y admirarse del modo en que llamas a la crisis de este mes, a la vocecita esquizoide y los lagrimones que no puedes tragarte, por más que intentas. Los lagrimones y los mocos que llevas echando desde hace meses. La rinitis no ha dado tregua esta vez.

Vuelves a lo tuyo pensando: qué gafas más feas. Pensando: qué lindo se ve con esas gafas feas. Sintiendo lo de siempre, esa doble dimensión, esos planos diferentes de las fotografías, la dificultad con que recuerdas luego las palabras compartidas y la sensación de haber despertado de un sueño apacible y extraño, que no consigues reconstruir con claridad (demasiado, demasiado esquizoide).

Ya no llores, que el llanto trae mocos, los mocos requieren ser limpiados y, de tanto limpiar, arde la nariz.

lunes, junio 02, 2008

Lo mejor de la temporada (hasta hoy)

Fin de semana en Madrid. He de confesar que no tengo palabras, sólo se me ocurren frases personalísimas, incomprensibles para cualquier sensibilidad externa a la mía. Y he decidido quedármelas conmigo. Esta vez, sólo pondré títulos. Las imágenes, la intuición y la amistad harán lo demás...
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Dejando de lado la ineptitud de la cónsul de (...) en Madrid, Ernesto me regaló una providencial mochila chica, multiusos.
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Reencuentro. Segovia. Mario.





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Un concierto (cortesía de Mario) que ya quedó tachado de mi lista "No me quiero morir sin...", y ha pasado, inevitablemente, a la lista de "Debo volver a..."

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Ceviche en Madrid, con cerveza Cusqueña y mis niños :)

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Ayyyy, Angelitaaaaaa...

Y les dejo un vídeo del concierto aquél, que hizo Mario, para que quienes me conocen sepan por qué estoy caminando de puntitas por las nubes, sintiendo todo mezclarse y siendo feliz, feliz, muy feliz... Yo soy la mano de las pulseritas y el celular (para que no digas que no te quiero, Daniel).

La próxima semana... ¡Barcelona y Holanda!...