martes, agosto 28, 2007

Grato


Aprendí: a veces es difícil mantener la cordura por uno mismo, pero resulta bastante más sencillo si lo haces por alguien más. Y por alguien más no fumo tanto como a veces, sobre todo en días nerviosos o rupturas repetitivas, o no más aspirar aquello que ayuda a no sentir dolor, o usar preservativo, por si acaso, o cumplir con las vacunas, o estudiar, o tomar un trabajo, o procurar un mejor sueldo, o demostrar sensatez, pese a los gusanos en ano y pies.
.
A veces simplemente existes por otros y eso está bien, quita egoísmo a tus idas y venidas, a tus intenciones, a tus acciones, te hace mejor, aunque debas reprimir humanidades oscuras que a veces te afloran por la nariz.
.
No quiero ser dulce. No estoy triste y no parezco triste. Mis dedos van solos, despreocupados, sin gustarte o sí, sólo tengo ganas de escribir. Pensaba en mi familia bonita, mis tres personas más importantes del mundo, en todo lo que valen, aunque incomprendidos, pues no hay perfección en estas tierras y eso es maravilloso. Y pensaba también en mis amigas y amigos. Y en mí.

lunes, agosto 27, 2007

familiar

ni siquiera Siento que haya pasado el tiempo y sucede siempre, siempre este no Ser conciente de que me fui y estoy de regreso, pues estoy de regreso a todos los lugares donde voy y de donde me voy, porque son parte de mí, son mi hogar, aunque dure poco y sólo distinga de entre ellos la casa donde Mamá y Hermanitos esperan mi retorno, sin dejar de vivir su vida, sin dejar de crecer, sin dejar de quererme más, sin verme siempre y viéndome como siempre, sin cambios, pese a mi cabeza llena de experiencias nuevas, que van, vienen, se quedan y escriben una libreta de apuntes agridulces, que hace bien, aunque a veces pesa demasiado sobre mis hombros.

esta ausencia de raíces ya es crónica, totalmente mía, determinante, así soy, así nací, es yo (soy yo), es quien escribe en un teclado problemático de cabinas públicas, por no tener computadora en casa, ni laptop, y quien gana lo que gana por consultoría, por escribir, que escribir me mantiene viva, como reír y querer, como viajar.

este día (ya es de noche) sucedió entre arena y olor infantil a animales de granja, bajo un sol benévolo de costa seca, pues ya conocí por muchos meses el sol de la sierra y puedo decir que el nuestro, el de costa norte peruana, es benévolo. Mamá cuidó de nosotros, nos mostró, orgullosa, el lugar donde trabaja desde hace algunos meses, nos invitó comida típica de tambogrande y helados. hace mucho que no me dejaba cuidar por ella, que no me sentía tan simplemente feliz, pequeña y sin vergüenza alguna, porque el mundo sigue siendo mío cuando yo quiera y cuando dios y sus Ángeles de carne y hueso me Ayuden a conseguir lo que deseo o a perderlo, que a veces eso también es bueno.

Deseé Enamorarme por enésima vez de daniel, mi Chico de sullana, aunque naciste en trujillo, como nací en Piura, pero de sullana. Me doy cuenta que nos hemos perdido de nuevo, barcenola es muy lejos, ¿no? y que me gustas desde la universidad, como nadie (mucho, mucho tiempo). Recordé que Trabajabas en tambogrande e imaginé la Sencillez de tomar tu Mano y respirar este aire que es nuestro, que nos acoge aunque vayamos por el mundo complicándonos la vida, pese a un mundo con corazón de Mujer Madre, Mujer premenstrual y mano de herrero.

susana, Amiga mía, por fin he entendido tu canción. ¿Qué te puedo decir? es bonito conocernos y ser Hermanas. hoy ha sido uno de esos días felices, sabemos más de nuestro corazón y de esta tristeza que, esperemos, alguna noche próxima montará en su Poesía y se irá.

jueves, agosto 09, 2007

Machu Picchu


Amaru despierta muy tempranito cada mañana y corre hacia el reloj de sol, junto a la casa de las vírgenes, hijas, sobrinas, primas y futuras concubinas del Inca. Espera paciente la llegada de los espíritus que a diario visitan su ciudad, caminando sobre extrañas ojotas de colores y sombreros, mirando extasiados cada rincón, cada piedra que los escultores mitimaes pulieron con sumo cuidado, para construir los templos del lado este.

Escucha con atención la explicación de los que vienen delante de los grupos y convocan a todos a su alrededor. Deben ser los amautas, piensa, pero no entiende lo que dicen. La lengua de sus maestros es más dulce, más parecida a los sonidos del agua, del viento, de los árboles y de los animales.

Ve cada día, con una sonrisa que siempre es nueva, cómo los espíritus rodean al reloj, extienden sus brazos hacia él y, con las manos abiertas, piden recibir ¿algún consejo? ¿Sabiduría? ¿Sensaciones similares a las que provocan los rayos? ¿Esperan que les hable un reloj? ¿Por qué no me preguntan a mí, a los sacerdotes o a los ancianos?
.


Mi casa, repite su corazón. Mi casa y la tranquilidad de hace algunos años, cuando compartía mi espacio y mis callecitas con espíritus como estos, pero más parecidos a mí, más parecidos a los niños que corren cerro abajo, gritando adiós a los que se van, más parecidos a lo que conozco. Ellos podían verme. Estos no. Se sientan sobre mí, sonríen, respiran con dificultad, imaginan, beben agua de envases transparentes, como el hielo, y no me ven.

¡Amaru!

Urpi, mi amiga, es princesa. Yo no soy príncipe, pero seré sacerdote, como los sabios y mis maestros. Por eso estás aquí, Amaru, lejos de donde naciste. Me gusta aquí, aunque era más bonito antes, todo verde, las terrazas cargadas de papas, ollucos, frutas. Ahora, los espíritus pasean por arriba, por abajo, por todas partes. Entran a los templos y se ocultan del Tayta Inti, en vez de agradecerle la luz, el calor, las estaciones, la vida. Cierran los ojos e invocan a la Mama Pacha con divertidos acentos, pero las faldas de los apus estás sucias, llenas de esos envases transparentes donde guardan su agua. ¿Por qué son piadosos solamente aquí, si la tierra los sostiene siempre, donde estén? .


A veces vienen desde el cerro de enfrente. Espíritus parecidos a los chasquis avanzan encorvados, cargando bolsas verdes, azules, negras, rojas, amarillas y extraños rollos para dormir. ¿Serán esclavos de los otros, los que siempre caminan más despacio? Los tratan con mucho cuidado, se les agachan un poco al hablarles, a veces hasta les preparan de comer. ¿Sabrá esto el Inca?

¡Amaru, por fin te encuentro!

Urpi es pequeñita aún y a veces resbala por las escaleras y las calles. Da muchos problemas a las nodrizas, pero la quieren. Es inteligente y bonita. Le gusta esconderse en el jardín de piedras, entre las flores, debajo del mirador principal. Los sinchis la dejan pasar al verla sonreír y luego deben andar detrás de ella, cuidándola. Urpi persigue a los pajaritos de verano, que hacen sus nidos en los árboles y las rocas. Ríe todo el tiempo y cuando las nodrizas la regañan, deja caer lagrimitas sueltas, calladita, mirando al suelo. Así las contenta otra vez.


¡Amaru, ya llegan los fantasmas! ¿Vamos a fastidiarlos un poco?

Hay más niñas fuera del Acllahuasi, ayudando a las mayores en el tejido. Los espíritus ni siquiera les pedirán permiso, sino que atravesarán sus telares sin ningún respeto. Lo de siempre, menos mal que con sólo andar de aquí para allá, no molestan mucho. Están un poco sordos, para llamar su atención tenemos que hacerles cosquillas en las manos. Entonces se sorprenden, hablan en voz alta, ríen y siguen dando vueltas un rato más. Pero no nos ven.

¿Hola? ¿De verdad, de verdad no me ves? No, Urpi, no te ve. No te ve porque no quiere o porque no sabe que estás aquí. Si supiera, como algunos, se esforzaría en mirarte, no en imaginarte. Te acostumbrarás con el tiempo, niñita mía. Todos nos hemos acostumbrado y seguimos viviendo en paz.


Me gusta aquí, más cuando llueve, porque el pasto mojado tiene un olor intenso, muy intenso, a salud, a alegría de la Pacha, a bienvenido seas cada día, Tayta Inti, y que Wiraqocha nos bendiga siempre, nos ilumine el corazón con sabiduría y bondad, dicen los sacerdotes y rezo yo, porque quiero ser sabio y bueno. Me gusta aquí, aquí es mi casa, aunque los espíritus lleguen por cientos, a diario, y nos invadan una y otra vez. Al menos son amistosos, no como los que vinieron primero, cuentan las ancianas, destruyendo.

Me gusta mi casa, aunque los visitantes le llamen cerro viejo, lo único que muchos de ellos saben decir en mi lengua.
.

Con cariño, para Monki.

martes, agosto 07, 2007

Como un disco - by Dead or Alive

Entre despedidas del trabajo, mensajes diplomáticos con mi último “choque y fuga”, de hace dos meses (¡puf!), el encargo amoroso de acoger al grupo de mejores amigos de un adorable ex novio, cuando los muchachones treintañeros pasaran por Cusco, malos ratos gracias a la gente de PERURAIL y alucinantes visiones en Machu Picchu (con ayuda “externa”, claro está), conocí una mirada intimidante, una sonrisa acogedora, una evocación de aquella incapacidad de no poder hablarle, ni verle a los ojos, sin poner cara de idiota y muchas, muchas ganas de saber qué hay más allá, de volverte a ver, aunque no me provoques ganas de besarte, sino de conocerte, sin nada físico que llegue a arruinar tal nivel de contemplación-admiración-curiosidad, y sigo matándome de risa, que estás buenísimo, tío (tío por tío y por las canas).

En fin, visiones que a veces suceden. Pero es del grupo “prohibido”, de los mejores amigos del adorable ex. En fin, me ha llamado la atención esto de sentirme “intimidada” por un hombre. Hace años que no me pasaba, muchos años en verdad. Tengo la sensación de desconcierto-ilusión que solía patearme la panza cuando jovencita universitaria, cada vez que ese grandote de ingeniería pasaba a mi lado, sin saludarme. Una niña tonta y muda, como si el tiempo pasara en vano.

Me siento toda una “reina”, como me hacen sentir siempre ese par de preciosos amigos homosexuales que tengo en Piura. Una “drag queen”, feliz, asexuada, intimidada, con ganas de reír todo el tiempo, sin ninguna esperanza, ni gana alguna de tener esperanzas. Me bailan todos los parásitos de la tripa, obtenidos tras años de trabajo en campo, me sigo riendo como estúpida, sin más, y quiero tener tu número privado, cariño, aunque ya lo tengo, ¡já!, y creo que te envié mis señales, porque siempre ando enviando señales sin darme cuenta o sin querer… Esta vez espero que no, pues no quería coquetear contigo (¡qué horror me da pensar que puedas pensar que soy una coqueta!)… ¡Me haces dar mil vueltas! Y sólo tus ojos, hombre, imagínate lo que pasaba cuando me abrazabas para la foto, ¡Ay! Pero mira tú, pese a verme aquí totalmente hormonal (que puede ser, porque estoy en la "etapa" y me das morbo, para qué lo voy a negar), siento sólo deseos de decir, de escribir, de sacar, de qué sé yo, porque me alegra estar pícaramente contenta, sabiendo que, pese a no haber cambiado las cosas en mi corazón, mi corazón no ha perdido la capacidad de entretenerse y montarse historias, aunque todos mis adorables ex se hayan empeñado en aplicarle torturas chinas de lo más diversas, hasta el más bueno, buenisisísimo, que tú conoces, dejándomelo todo roto (destajado) y asustadizo, al pobre.
.
Pero igual, ya sabes que me resulta casi imposible dejar de sonreír (salvo cuando me paso de mojitos, me pongo mala del estómago y vomito sobre el más dulce, bueno y confiable de tus amigos... ¿o fue sobre ti?)…

Y nada, ya está, todo tranquilo. ¡Qué buen desfogue, caray!

jueves, agosto 02, 2007

"Fraternité"


En fin, Lucía, así es la vida, ¿de verdad? Sí, mujer, de verdad, así es la vida, así es la gente, así es el mundo. Empieza feo, se pone bonito, empieza tranquilo, se agita, eres bueno o malo según qué comiste esa tarde o qué te picó, porque tú y cualquier persona tiene derecho a alterarse de vez en cuando, aunque la ira sea un pecado capital.

Pero en verdad, en verdad, Lucía, me hizo mucha gracia lo del otro día. Ya me habías contado que te sentías a veces un poco rara, observada. Cada vez que vas al banco, el cajero te pregunta si tu tarjeta es de Lima y tú respondes: no, es de Piura. Siéntete alagada, piensan que eres de Lima. Siéntete ofendida, piensan que eres de Lima.

¿Por qué te creen limeña? ¿Cómo son los limeños? No sé, ¿cómo son los piuranos? ¿Cómo son los sullanenses? ¿Cómo son los cusqueños? A mí no me preguntes, me cuesta un poco de humanidad dar respuesta a tamaña generalidad. Dime tú, que tu mejor amiga en Cusco es capitalina y cómo jode a veces, Lucía, que te miren de pies a cabeza y te hagan sentir tan, tan, tan extraña, como si no fuera éste también tu país.

Ni siquiera las dos españolas han pasado por algo así en todo este tiempo, ¿no? No que yo sepa, porque cuando les conté, se sorprendieron. Extranjera, Lucía, extranjera tú, con ese color chocolate tan de tu tierra y los ojos negrísimos. ¿Qué? ¿Tienes monos en la cara? ¿Tan diferente hablas? Diferente no, más bonito, ya sé que lo piensas y está bien, ¿total? ¿Por qué no puedes tener una presunción, si no es dañina? ¿Y a qué débil de autoestima vas a dañar con eso, a fin de cuentas? Estás loca.

Fue un buen día, Lucía. Casi no llegas, pero te habían comprado un pasaje, aunque el bus estaba por partir. Previsoras, tus amigas, pese a que salieron puntuales de la casa de voluntarios y no había manera de hablar con ellas. Menos mal que les diste alcance, Lucía, corriendo entre combis y taxis. Cusco, cuando quiere, te hace tardar más que Lima.

La pequeña te sonrió apenas verte, y te dijo en señas que tenía hambre. Siempre tiene hambre, incluso después de comer. El corazón se te llenó de calorcito, Lucía, hacía tiempo que no abrazabas a un niño, fue bonito, ¿no es así? Confió, se pegó a tu mano, junto con Candy, tu otra hermanita del día, y partieron dando tumbos hacia Urubamba, una vez más, para la obra de teatro y saludar algunos conocidos de la vez pasada. Menos mal que los viste y pudiste decirle adiós a la chica guapa de Barcelona, casi se va y tú ni te ibas a enterar, porque andarías en tus labores estresantes, como siempre, como sé que te gusta, porque es imposible que hagas algo sin pensar en que sirva, salvo los estimulantes. Estás loca, mujer, más que loca.

Ya de regreso, tus dos hermanitas sentadas entre la ventana y tú, tres en asiento de dos, quince asientos comprados cuando el bus aún estaba vacío, para toda la comitiva. Bien ahí, se las saben arreglar. Las españolas, repartidas adelante y atrás. Tú, a cargo de las tuyas y las hermanitas del asiento de adelante, ojalá, dios quiera, el cobrador quiera, el chofer quiera que no lleven personas de pie, exceso de pasajeros, no sabía que sabías hablar con señas, Lucía, ¿o es que lo acabas de aprender?

Mira pues, esa señora bien vestida sube al bus con su bebé en brazos, su nena de 5 años y un chiquillo de trece o así. Demasiada gente, es peligroso, demasiada gente, ¿qué se cree que somos, señor? Puta madre, Lucía, siempre lo mismo. Señora, ¿sus niñas están pagando asiento? Entonces déle el asiento a la dama, que viene cargando a su bebe. ¿Oí bien? Señora, ¿sus niñas están pagando asiento? Entonces déle el asiento a la dama, que viene cargando a su bebe.

Te diste cuenta que el hombre, curtido y citadino, hablaba a las chicas que iban en los asientos de adelante. Te preguntaste si no se habría dado cuenta el caballero que la mayorcita, a quien llamaba “señora”, tiene un marcado retardo mental, que se asusta, que no sabe qué responder. Aún no habías visto a la dama de la bebe, ¿verdad? Ellas vienen conmigo, señor, y son tres en dos asientos, mire bien. Todos los asientos están pagados.

¿Y usted, señora? ¿Usted va pagando los dos asientos? Sí, la verdad es que sí. Pero pediste un momento, Lucía, y conversaste con tus hermanitas, pequeñas, no más de nueve años. Ambas estuvieron de acuerdo en ir sentadas en cada una de tus piernas y dejar un espacio a la dama de la bebe, para que no se canse, para que no se caiga, para que esté cómoda, porque nadie más lo iba a hacer.

Y bien, bien incómodo, ¿verdad? Pero las niñas ni se enteraban. Jugaron todo el camino, juegos de niñas, una hiperactiva, la otra, sordomuda, inteligentísima. Y gritaban y reían y de pronto: ¿Puedes callar a tus niñas? ¡Mi bebita está durmiendo! Y tú pensaste: a la mierda, pero ya te lo esperabas, porque sí, porque así es la gente y así es el mundo, ¿verdad? Y te hirvió la sangre de las sienes, aunque trataste de ser paciente, y respondiste con voz firme: “Señora, le hemos cedido el asiento, tenga la amabilidad de no quejarse y esperar un poco”…

Las niñas seguían de fiesta, la hija de cinco años de la dama de la bebe jugaba con tus dedos, Lucía, mientras su madre reclamaba indignadísima, que si quieres hacer estas cosas paga tu asiento, que respeta a los demás pasajeros, que ándate a hacer esto a tu país, Lucía, que así es la gente que viene de otros lugares, ¿no, Lucía?, que hacen desórdenes, pero que en sus países nunca y esto y esto otro y tú aguantabas, te mordías la lengua y sonreías a las tres hermanitas que tenías ahora, sentadas en tus piernas, en tu estómago y en tu corazón.

Pero tú eres picona, Lucía, y está bien, pues, a veces es necesario en vez de guardarse las cóleras para el paro cardíaco. Ay, Lucía, esperaste al cobrador, pendeja, y cuando llegó le dijiste: por si acaso, estos dos asientos los pagamos desde el principio y los de adelante también. Él: sí, señorita, yo sé, son quince, ya los he contado, está bien, señorita. Ni una palabra más, Lucía.

Ya estaban llegando a Cusco, ya las niñas estaban más tranquilas, ya la dama de la bebe se volteaba hacia ti, un poco avergonzada, pero aún con la voz seca te decía: de todas maneras gracias por cederme el asiento, me has hecho un gran favor.

Y pensaste: que tus niños nunca corran la suerte de mis hermanitas, que esa bebita siempre te tenga a su lado para defenderla de damas incomprensivas. Dijiste: tranquila, discúlpeme a mí por haberle respondido de ese modo. Mira, estas dos niñas y todas las que ve en el bus son de un albergue, sus ojos se agradaron y su voz, quebrada, no sabía, lo siento, de verdad, y gracias. No, no agradezca, habría sido una falta no dejarle un sitio, señora, tienes razón, Lucía, usted necesitaba estar cómoda, por su bebita. Gracias y lo siento. Ustedes hacen un buen trabajo aquí, en verdad. Cualquiera puede hacerlo, señora, cualquiera es capaz de hacerlo. Gracias de nuevo.

Una cosa más señora… Mis compañeras son españolas, pero yo, al igual que usted, peruana.

Buenas noches. Gracias.