viernes, abril 27, 2007

A-Dios al Limbo


El Papa Benedicto XVI tuvo, hace algunos días, la buena idea de "dejar" que las almas de todos los niños muertos “en edad inocente” entren al Cielo, pese a no haber recibido el Santo Sacramento del Bautismo. Antes, estos pequeños sólo podían llegar al “limbo”, un lugar donde eran felices, pero “sin disfrutar de la visión de Dios”.

Celebro la decisión. La idea de llevar un cura a la sala de partos, por si acaso mi bebé muriera de asfixia o cosas así, a los pocos minutos de haber nacido, nunca me pareció muy atractiva.

Y la cantidad de niños abortados…

Recuerdo que este era uno de los principales motivos por los que siempre discutía con mis profesores de Religión y Teología. Que me dijeran que a Dios no le gustaba que me hiciera daño con drogas, podía entenderlo. Que hablaran de la Santa Pureza y de la capitalidad pecaminosa de la lujuria, ok, aceptable. De todos modos, tampoco me ha ido muy bien yendo por el mundo haciéndome la “open mind”.

Pero dos temas siempre me hicieron protestar: la condena a los homosexuales (sobre todo porque mi mejor amiga, una de las personas más nobles y buenas que conozco, es lesbiana), y el limbo para los niños que morían sin ser bautizados.

He leído las noticias del 24 de abril, al respecto. No negaré que me emocioné mucho, me dio tanta alegría por todos aquellos católicos practicantes, que tienen hijos fallecidos en esas condiciones… Y por la cantidad de recalcitrantes conservadores que dedican sus vidas a juzgar a los vecinos, que ahora tendrían que tragarse sus palabras…

De todos modos, no puedo negar que me hace gracia saber que un grupo de “expertos seres humanos” acaban de decidir algo por Dios. Pero bueno, al menos esta vez no están condenando a ningún grupo humano a las llamas del infierno. Ha sido una buena noticia, la verdad.
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P.D.: Me pregunto... ¿La norma sólo servirá para los bebés nacidos en familias católicas o también se extenderá a todos los niños del mundo?

jueves, abril 26, 2007

One dollar please!

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Debes pretender que no existen para seguir viviendo con tranquilidad. Eso, si desde niño te enseñaron a conmoverte con este tipo de imágenes. Si no, si puedes seguir comiendo tranquilo o muriéndote de frío cada vez que te cruzas con alguno o alguna, bastante hambrienta, bastante desnudo para la ocasión y el clima de Cusco, entonces, bien por ti, has alcanzado un nivel superior al mío, yo aún no consigo sacar una maestría en insensibilidad, ni un doctorado en pragmatismo. Ya sé, ya sé que si no me especializo pronto en estos temas, no sobreviviré en el mundo, así como está. Pero prefiero morirme, ¿sabes? Morirme como ser humano estúpidamente sensible, con el corazón reventado y la dignidad totalmente indignada. Creo que no podría vivir de otra manera.

Una vez, en Loja, un concejal nos contó que todos los mendigos de la ciudad tenían trabajo como baja policía o en los centros de procesamiento de basura. Que no se les permitía mostrarse en harapos por la calle, ni pedir dinero o comida, pues daban una pésima impresión a los turistas.

Vaya mierda, pensé. No les importa que su gente esté mal, que haya desempleo o que sus compatriotas tengan un mejor nivel de vida porque sí, porque se lo merecen, porque, como autoridades, tienen como principal obligación ayudar a las personas de sus comunidades a estar mejor. Trabajo conjunto, claro. Súper buena idea eso de capacitar a los indigentes en procesamiento de basura y darles empleo. Pero ese motivo, ese “no dar mala impresión a los turistas”… No sé, no acababa de encajar en mi, por entonces, romántica cabecita de joven recién egresada, haciendo sus pininos en comunicación para el desarrollo.

¡Bacán!, decían mis compañeros de pasantía. ¡Qué chévere que hayan conseguido sacar a los mendigos de las calles, y que les hayan dado trabajo! Sí, es que la iniciativa estaba muy bien, pero el concejal aquél, con amaneramientos de burócrata y pulcritud petulante, no me daba confianza. Y la ciudad… tan sin identidad, tan… extraña. Tan al gusto del turista, claro, pero con una cultura propia cada vez menos notoria.

En fin… De todos modos, hay algo que admiro mucho de Ecuador: el nivel de educación de sus pobladores. Educación democrática, formación generalizada para pobres y adinerados, para blancos, mestizos e indios, que los hace sentirse más orgullosos de sus raíces, su sangre latinoamericana y su país.

¿Racismo y discriminación? Sí, en todas partes hay cabezas gangrenadas con estos “frutos de la inteligencia humana”.

En Perú, una buena educación, para muchos, es un lujo. Sin embargo, sé que existe un gran porcentaje de maestros con verdadera vocación, que se las ingenian diariamente para enseñar cuestiones básicas y universales a sus niños, en condiciones deplorables.

Sin embargo, la pobreza extrema, generada por políticas implantadas sin conocer bien a las poblaciones, la discriminación y el liberalismo, se hace notar en cada esquina. Lo más lamentable: la indiferencia se nota más.

En Piura, la mendicidad es uno de los problemas sociales más duros y difíciles de combatir. Además, un reportaje aparecido en televisión hace algunos años, el cual mostraba a falsos mendigos ganando diariamente más que un jornal de albañil, ha hecho que muchos ciudadanos, incluyendo autoridades, endurezcan esa virtud llamada caridad, y no dediquen ni un poquito de sus presupuestos locales, siquiera para censarlos y descubrir los motivos de su condición.

Los resultados son alarmantes. Hace cinco años no existían en esa calurosa ciudad la cantidad de niños indigentes que hay ahora, sobre todo a los alrededores de Saga, Topi Top y Cineplanet. Son pequeños aún, pero crecen pronto y se están volviendo agresivos. ¿Así habrán empezado los pirañitas de Lima? Niños abandonados o incitados por sus padres a pedir dinero. Niños que han sido convencidos de que merecen recibir “propina” de desconocidos, niñas que llegan a pensar, por influencia de adultos convenidos, que tienen derecho a tomar lo que no les pertenece, porque son pobres y lo necesitan…

Pero a los ciudadanos decentes no les interesa, pues. Esto, que seguramente será un problema público importante en algunos años, aún puede prevenirse. Aún es posible dar un hogar a estos pequeños, saber para qué mafia trabajan, conocer a sus padres. Por el amor de Dios, Piura es una ciudad mediana, hay cosas controlables. Pero no, pues, no, mejor esperemos sentados a que estos niños se hagan mayores y, entonces, quejémonos, llamémosles “lacras”, sigamos llenando el penal de Río Seco con delincuentes menores y vayámonos todos al cielo, por no meternos con nadie.

Ahora estoy lejos de mi ciudad. Vivo en el centro del mundo, en uno de los destinos turísticos más importantes de Latinoamérica. Cusco, ciudad imperial, con paredes de piedra pulida, callejuelas estrechas, discotecas de nivel europeo, restaurantes carísimos, agencias de viaje, automóviles contaminantes de hace veinte años, educación centralizada en el servicio turístico, grupos elitistas de conservación del idioma quechua, citadinos despectivos con la gente del campo, a quienes, estúpidamente, llaman “indios”, pero no como definición de una raza, sino como adjetivo peyorativo, con todo el contenido ofensivo imaginable…

Y mendigos. Mendigos por doquier. Mendigos en la avenida El Sol, mendigos camino al mercado de San Pedro, mendigos frente a la Plaza de Armas, junto a cada iglesia, en la puerta de los restaurantes… Mendigos y pobladores campesinos vendiendo en las calles, cobrando 1 dólar por foto, exponiéndose, siendo en su mayoría mujeres, a que algún gringo, cansado de su insistencia, les diga, groseramente: “¡Nou me tocas, nou me tocas!”.

¿Cómo hacer entender a estas personas que no necesitan humillarse ante nadie? ¿Cómo, si sus mismos paisanos les menosprecian? Ayer fui al mercado a comprar un jugo. La señora, con permanente y cabello pintado de castaño, amabilísima, se dispuso a licuar las frutas, cuando apareció una campesina a vender zanahorias. Le pidió 1 sol por cuatro zanahorias enormes (la mujer cobra dos soles con cincuenta céntimos por un jugo de fresas, agua y azúcar). La casera le dijo a la “cholita”: ¡No, el kilo está setenta céntimos, no más!

Es algo que he visto en Chalaco, en cualquier otra zona rural en la que he estado. ¿Dónde quedó la solidaridad, el respeto, el reconocimiento por el trabajo ajeno, el agradecimiento a las personas del campo, quienes, finalmente, son los que nos salvarán de perder toda nuestra cultura, semillas y tradiciones? Buena pregunta. Lo único que yo puedo hacer es dejar de consumir jugos donde la mujer aquella. Comprar fruta a los campesinos, que también tienen su lugar en el mercado más turístico del Perú, y preparar mis menjunjes en casa.

Y mendigos. Esta mañana le conté a Mónica que en Loja solían meter en “ghettos” a los indigentes, para que los turistas no se llevasen una mala impresión. Cusco en bonito, pero tiene poco dinero propio. Las empresas más productivas son de limeños, arequipeños o extranjeros. ¿Por qué los cusqueños no han participado de la competencia? Aún no lo sé bien, pero… Resulta casi imperdonable que haya tanta gente durmiendo en las calles, con el frío que hace aquí. ¿Acaso no hay casas deshabitadas, que pueden rehabilitarse para los “sin hogar”? ¿Acaso cuesta tanto a los municipios investigar las raíces de esta pobreza?

Hay muchas ONG’s aquí, hay mucha gente que trabaja, pero casi todos son de fuera. La iniciativa de estar mejor no nace de los cusqueños (ni de los piuranos), sean ciudadanos de a pie o autoridades. Claro, es que siempre es más fácil esperar, con la mano extendida, la ayuda externa. Y claro, la cooperación internacional tampoco es un organismo que ande siempre bien encajado en principios fundamentales. A la larga, la pobreza es un negocio, un negocio indignante, un negocio de mierda, que me ha pagado el sueldo alguna vez, que se lo paga a muchos, que genera más desigualdad y más desidia en las personas que deberían tomar al toro por las astas, pero que, a este paso, nunca lo harán.

Anoche íbamos rumbo a casa, luego de una cerveza bien conversada. Moríamos de frío. Pasamos por esos pasajes bonitos, con arcos, que hay frente a la Plaza de Armas. Delante nuestro, tres agentes municipales de Seguridad Ciudadana. Vi al señor que siempre pide limosna junto a la discoteca Mamá África. Tenía un táper de tecnopor, con comida. Me tranquilicé. Más adelante (los agentes caminaban riendo, como si nada), una mujer… Una mujer sola, temblando, acurrucada en sí misma para darse calor… Una mujer, a las 12 de la noche, a unos 6 ºC, con un jean roto y un polito harapiento, de mangas cortas, sin zapatos…

Mi amiga se ganó una de las sonrisas más bonitas que he visto en mi vida. Yo, dejé de sentir tanto frío. Los agentes seguían riendo, sin enterarse de nada. Es que su trabajo es proteger a la gente que va de juerga de asaltos y sustos, no auxiliar a quienes mueren de frío en las calles. Así es la vida, no se les puede culpar. No se puede culpar a nadie en realidad, pero cómo jode…

martes, abril 24, 2007

Princesa pirata

La fiesta era para princesas y piratas. Leí sobre esas convocatorias de gente disfrazada en una revista turística. El Fallen Angel es un restaurante muy afamado en Cusco, de dueño peruano y “propio”, a Dios gracias.

No podía ser de otro modo, yo fui pirata. “Piratana”, según Mónica, quien explicó su recién inventado término como la definición de una mezcla entre “pirata” y “gitana”.

Ese Viernes Santo estuve muy lejos de cualquier reflexión. El jueves me lo pasé llorando, si mal no recuerdo, por motivos ya explicados en este blog. Pero la experiencia repetitiva hace que los dolores, aunque intensos, duren cada vez menos tiempo. Podría decirse que estas cosas insensibilizan conforme se dan, una y otra vez.

De todos modos, no fue una careta la que mostré ese día. Fueron ganas limpias de estar con alguien que, sin mayor condición, me brindó su amistad sincera apenas conocerme, aquí, en un sitio nuevo. Y, salvo algún traspié controlado a último minuto, todo bien.
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viernes, abril 20, 2007

Cerrado por derribo

No abuses de mi inspiración,
no acuses a mi corazón
tan maltrecho y ajado
que está cerrado por derribo.
Por las arrugas de mi voz
se filtra la desolación
de saber que estos son
los últimos versos que te escribo,
para decir "con dios" a los dos
nos sobran los motivos.
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¡Maestro Sabina!
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jueves, abril 19, 2007

Amistad


Divagando

Quiero conocer a un hombre que no me de las gracias por mi cariño, sino que pueda acompañarme sin que el placer constante sea una condición determinante para estar juntos.

Sin comentarios.

Quiero divertirme en fiestas y viajes con amigos de verdad, de los que no hacen daño, salvo que sea estrictamente necesario.

Oye, Tefo, ¿cuándo repetimos la salida a la playa? ¡Vente para Cusco! Y trae a Kristal, jejeje…

Quiero olvidar a las personas incapaces de entender que se puede herir por omisión, y que es derecho de cualquiera intentar defenderse, aunque en el proceso haga doler.

Carla, perdóname por lo de nuestro amigo Vladimir y por no contártelo. Te prometo que esos tres meses sin hablarnos fueron una temporada realmente triste. Claudia, lo mismo, pero por nuestro otro amigo, jajajaja…

Quiero trabajar con más ganas, pues, socialmente, es la tribuna en la que mejor se muestra mi valía profesional y personal.

Menos postear y más chambear.

Quiero dedicarme a mí misma estos días, verme bonita, vestirme bien y lucir mis zapatos rojos con toda la dignidad que he dejado rezagada durante mi última falsa historia de amor.

No más huevadas de éstas. Mucha clase, muchos amigos, muchos desprecios y un gran cinturón de castidad, de ahora en adelante. Es verdad que los hombres aprecian sólo lo que les cuesta obtener, esto de la "democracia" a la hora de dar el primer paso es un mal cuento feminista.


Ella

Ayer intenté, por enésima vez en mi vida, irme al infierno. Olvidé el entorno, olvidé la belleza de estas montañas y mi anhelo por que las cosas marchen mejor. Llegué a casa, preparada, concienciada, con los trámites en marcha y los contactos establecidos. Sólo faltaban unas cuantas pitadas de yerba y ser valiente, concretar.

Pero noté algo extraño en la habitación de mi vecinita de pensión. El día anterior, me pidió dinero prestado, para ir al médico. No averigüé más al respecto, pues necesitaba tiempo para autocompadecerme y revolcarme en mi propia mierda.

Toqué su puerta y me respondió, con una voz muy débil: “¿Angelita? ¡Pasa!”.

Noté la habitación cargada a olor de medicinas y enfermedad. La vi, arropadita, con un parche enorme en la nariz, la carita hinchada, los ojos tristes y papeles ensangrentados, tirados junto a su cama.

Me operaron ayer, tenía el tabique roto en dos partes. ¿Dónde has estado?

Estuve en un mundo alterno, mi niña, aprendiendo a crecer y a vivir. Aprendiendo a amar a alguien que me ha dañado, pero sin intención de hacerlo. Aprendiendo a perdonar y a amansar todos mis demonios, pues no me dejan sonreír. Llorando de nostalgia y de dolor al corazón, esperando que toda esta negrura acabe de una vez, para poder ver de frente y con claridad esa, su sonrisa, que tanto añoro, y esos ojos cargaditos de alegría, por verme a mí.

¿Y tú, amiga, que preguntas por mí y eres la que está realmente mal? ¿Cómo vas?

miércoles, abril 18, 2007

Atardecer

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He descubierto que los mejores recuerdos son aquellos que dejan en nuestro corazón una enseñanza útil, sostenidos sobre un vacío total de contenidos. Es decir, cuando no recordamos lo ocurrido, sino, simplemente, tenemos el aprendizaje, como parte de nuestra vida. Rememorar los pasajes del pasado es insano, disfrutar la nostalgia, inhumano.

Bendigo la capacidad de las madres del mundo animal, que consiguen olvidar a sus hijos luego de un año de haberlos expulsado de su lado. Olvidar es necesario para seguir viviendo. Pero nosotros, seres “inteligentes” y orgullosos de nuestra inteligencia, estamos condenados a cargar con frases buenas y malas, con dulzuras y dolores, y a veces, hasta a vivir de todo ello, como si fuera realmente necesario.

Hoy es uno de esos días en que quisiera sufrir de amnesia o morir, y así no saber más de ingratitudes. Me gustaría olvidar, con facilidad, todas las veces que he dicho “te quiero”, o darles una interpretación diferente. Poder buscar a mi enamorado de hace dos años y explicarle que al decir que lo amaba, realmente estaba diciendo que amaba estar con él, pero que eso no significaba que lo quería del mismo modo que él a mí o alguna estupidez similar.

Yo también empezaré a practicar esto de la memoria selectiva, incluso con las cosas buenas, pues muchas de ellas estuvieron basadas en mentiras, en verdades a medias y en palabras pronunciadas sin plena conciencia. A la mierda con todo, comenzando por mí…

martes, abril 17, 2007

Apenas nada más


Hoy recordé que una vez él me contó que estuvo muy enamorado de una chica italiana. Se conocieron en un intercambio universitario. Luego de ello, se mantuvieron “juntos” por dos años, viajando, buscando prácticas en ciudades cercanas…

Pero también me dijo que esa relación ya estaba muriendo. Que no eran novios, que habían luchado hasta donde pudieron (por lo menos él, creo que ella seguía luchando) y al final, nada pues, que era una joda querer a alguien tan alejado… Y que por ello no se enamoraría de nadie donde estaba en ese momento, pues ya bastante duro había sido un mar de distancia, como para buscarse ahora todo un océano.

De acuerdo, respondí. Tampoco me enamoraré de ti. Y pensé: no debo quererlo, entonces, no debo encariñarme, ni debo… No debo hacer nada.

Muy bien, pues, programémonos para que no surjan sentimientos que al final nos entristezcan, o cortemos el rollo. Debimos cortar el rollo, pero confiamos en que seríamos buenas máquinas, que funcionarían las claves y la predisposición emocional, que nos importaría un rábano tener una historia bonita, sentirnos a gusto, y decirnos “adiós”, como quien despide a un cliente de su discoteca, a las 4 de la madrugada.

Sin embargo, mi búsqueda no ha sido fructífera, la dureza que he procurado de todos los modos posibles, no ha logrado ennegrecer mi corazón como lo habría querido. Y él… él era alguien con quien disfrutaba estar, en todo momento. Él era… no lo sé ya, no quiero recordarlo tampoco…

No quiero volver a meterme en un asunto de estos, no quiero volver a fingir superficialidad en mis afectos, ni creer que soy capaz de querer a alguien por pedacitos y por momentos, pues no he sido criada para ello y no tengo una especialidad en “amor moderno”, aunque el mundo la demande.

Un día descubrí que le quería. Otro día, decidí ser valiente y decírselo. A la vez, quise alejarme de él, porque… Aquello de “no enamorarme” no había funcionado y él de todos modos se alejaría de mí. No tenía caso. Él solía recordarme que no valía la pena implicarnos mucho, porque nuestra relación no tenía futuro. Traté de seguirle el juego, pero de pronto, me vi perdida, ante la inminente lejanía y la inseguridad de su actitud.

Dolía.

Entonces, manifesté en voz alta: “me gustas, te quiero, me voy”. Y él, respondió del modo más inesperado, teniendo en cuenta su practicidad y celeridad: “yo también te quiero”.

Entre susurros y sonrisas, surgió una engañosa esperanza en mi corazón, que alimenté día a día con su cariño, sus palabras y sus miradas.

Algún tiempo después, él se fue, agradeciendo por todo lo bueno que soy, diciendo que había sido un placer coincidir. Y nada, a seguir viviendo.

Me quedé rota. Me sentí sola en esta ciudad que no es la mía, rodeada de personas desconocidas, que corrían de un lado a otro, sin parar.

Empecé a andar yo también, no podía darme el lujo de quedarme quieta. Además, esa mal nacida esperanza aún calentaba mi corazón por las noches, consolando mis lágrimas y arrullándome para dormir.

Pasaron algunos días, él habló conmigo por teléfono. Me dijo, tal vez borracho, tal vez hinchado de alguna emoción que ni él mismo se explica: “ya veremos cómo hacemos con esto”…

Yo creí, entonces, que tenía derecho a seguir cultivando ese amor. Yo creí que era amor.

Semanas más tarde, con pocas noticias de su parte y discutiendo su falta de atención, me dejó claro, a través de un mensaje al celular, que yo estaba confundida, que él nunca me dijo que seguiríamos juntos cuando él se vaya, que sólo le importaba mi amistad.

¿Confundida?

Sola…

Sin él.

¿Quién soy? –Volvió la sensación de vacío, de flotar en medio de la calle, sin sentido, sin recuerdos- Dolor.

¿Qué decirle? Enfurecerme, sí, primera opción. Me enfurecí. Pero no tenía caso reclamar, él se mantenía firme en su posición y, además, estaba tan lejos… (Me pregunto si habría sido capaz de decirme todo lo que escribió, a la cara).

No quise hablar más con él, quien continuaba demandando toda mi amistad, sólo mi amistad y nada más que mi amistad. El corazón me hablaba bajito, me suplicaba: “No me expongas más, mi niña. Lo que sea que él diga, te dañará, te dolerá. Tú lo sabes. No necesitas dejarle herirte. Permanece alejada, date tiempo, piensa en ti”.

Pero no pasaron más de dos semanas antes de darle la tribuna que necesitaba. Alguien me contó algo que no debió contar, respecto a deslices masculinos y noches de putas. Sentí asco. Inicié un nuevo canal de comunicación. Él, defendiéndose, insultando, pidiendo que no le atacaran, todo a través de mensajes y mensajes, durante una triste madrugada.

Rato después, sonó mi celular. Era él, explicándome cosas que ya no tenían sentido, pero que era necesario explicar, tal vez para no quedar tan mal.

Y entre datos y datos, escuché lo siguiente: “No quiero que sufras por nada. Tú, cuando caíste, sabías que te dolería al final. Desde el principio, ambos lo sabíamos. Tú también sabías que yo no me iba a enamorar de ti, porque tenía una pared en el corazón, estabas advertida. Pero sí te quiero. Si no te quisiera, no habría…”

Él siguió hablando. Yo, seguí llorando de dolor y de impotencia.

Ahora… Pues ya se acabó. A ratos quiero ser la gran amiga que él necesita, pero tengo miedo de sufrir más. No sé qué sentir. Como arranque pintoresco de autodestrucción, puse ayer en mi nuevo documento de identidad que sí estoy dispuesta a donar órganos, en caso de accidente (creo que es lo único humanitario que he hecho en los últimos días). Nada más, nada más. Sé que me lo merezco, porque yo me lo busqué… Pero ya no quiero que duela.

jueves, abril 12, 2007

Dando vueltas por ahí

Hoy decidí colaborar con mi amiga y “alter ego” negativo, Malu. Aquí, una pequeña parte del larguísimo testamento, y el enlace correspondiente:
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Algunas reflexiones de insomnio, sobre mis desventuradas elecciones masculinas y el “ideal” que no existe, pero que, tercamente, todos nos hemos puesto a buscar.
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Por: Angela V.
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"Cruditos"
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Un viejo amigo, al enterarse de mi última relación, me dijo, sin pensarlo mucho: “O sea, después de este extranjero, tú no volverás a estar con un peruano, ¿verdad?” Yo contesté, casi también sin pensar y, por supuesto, exagerando: “No, querido. Después del último piurano con el que estuve es que no volveré a relacionarme con un peruano”.

Muchas veces me han recitado la vela verde porque no me consigo un “peruanito lindo que me quiera mucho”. Yo, ante eso, no sé qué responder. Hablando de una sencilla atracción física, me gusta la gente de piel más clara que la mía, no lo voy a negar. Hormonalmente, en cambio, he sentido atracción loca por el vampiro Louis (la primera vez que vi a Brad Pitt en una película, pálido como un muerto) y Densel Washington.

Los rasgos rudos de la mezcla “indígena sudamericana” (a la que pertenezco), también me parecen preciosos, tanto en hombres como en mujeres. De hecho, creo ser de las pocas defensoras de la belleza propia de cada grupo mestizo, en este país mayoritariamente racista y despectivo por ignorancia.

En un plano más íntimo, pero aún físico, me gustan los hombres delgados, con masculinidad disimulada, que quedarían bien dentro de un vestido. Culpa de la música ochentera que escuchaba mi padre, y portadas de discos con el hermoso David Bowie, el rebelde Billy Idol, el tiernísimo John Bon Jovi y otras estrellitas estilizadas que estaban de moda por entonces. La imagen del “hombre limpio con cabello corto” estuvo siempre muy lejos de mi ideal de belleza masculina, y sigue estándolo, aunque ya no me causa mayor problema.

Ahora mismo, el “hombre más guapo del mundo”, para mí, es el delgadísimo y blanquísimo Ville Valo, de HIM, entre otras cosas, porque se parece a mí. Pero todo esto no es más que fotos en la pared.


Hasta aquí, lo superficial, y todos de acuerdo, porque nadie es quién para discutir los gustos de las demás personas.

En cuanto a formas de ser, pues…

Continúa...

lunes, abril 09, 2007

Zapatillas rosas


Ella es mi mejor amiga. Cuando la conocí, ambas queríamos ser diferentes. Lo ordinario nos daba náuseas y pretendíamos, a gritos mudos, reducir las injusticias que veíamos alrededor. Sueños de jóvenes saliendo de la adolescencia.
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No podría contar su historia en una página, ni quiero hacerlo. No es necesario. Sólo que estoy lejos de ella y la recordaba con cariño, con ganas locas de echarnos un pogo de a dos, en su cuarto, escuchando metal, o conversar toda la noche sobre nuestras alegrías y penas.
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Carlita, gracias a Dios no hice caso a la gente "normal", o me habría perdido de ti y no podría sentirme tan orgullosa de conocerte. Te quiero.

domingo, abril 08, 2007

Un sábado 7



Hoy mi padre cumpliría 52 años. No fue el mejor hombre del mundo, pero me enseñó a luchar, a estar sola aquí y ahora. Lo amo, porque, junto a mi madre, me hicieron fuerte.

Casi olvido la fecha, me he pasado el día rumiando la amargura que provoca en mí la “dulce inconciencia” de algunas personas, que les hace herir, herir, herir y seguir hiriendo, en un incomprensible afán por quedar bien.

Cuando una fiera ha sido lastimada, no se deja tocar, ni para que la ayuden. Es lo que soy, es lo que espero que mis amigos y amigas entiendan.

De todos modos, no es tan malo todo esto. Las cosas siguen por un buen rumbo. Tengo miedo, pero tampoco me voy a morir. Lloro, sí, pero no tanto como para perderme la noche y las estrellas.

Papá, perdóname por pensar a veces que no tengo a quien dedicar mi alegría, que estoy sola. Perdóname por esos excesos que, afortunadamente, no puedes ver, ni sospechar. Pese a todo, sigo estando bien.

jueves, abril 05, 2007

Rota (una y otra vez)


Hace un año creí perder al único amor de mi vida, por mis errores. Él lo dejó muy claro: yo no lo quise bien, pero soy buena. Lloré hasta secarme (o, al menos, eso pensé). Quise no querer otra vez, por estúpida lealtad, por no acostumbrarme a otros besos, por no volver a sufrir. Procuré endurecer mi corazón al máximo, hasta jugué un poco con algunas personas, injustamente. Y procuré, siempre, mantenerme fuera de cualquier sentimiento.

Hoy, un año después, he perdido a alguien a quien nunca quise querer, pero quise con el corazón en la mano. Las personas que me quieren de verdad me advirtieron del peligro, me dijeron: ¿Por qué le das tu corazón? ¿Se lo ha ganado? No les respondí, les di la espalda y seguí adelante. Creí que se lo había ganado.

Ahora sé que fui un bonito pasatiempo. Que soy amorosa y "querible" sólo cuando estoy al lado, nada más.

Tal vez no entiendes cómo se puede estar triste en Cusco. Pero esta ciudad tiene recuerdos de esa última persona, en cada rincón. Tiene sus abrazos, sus "te quiero", que entonces no pensé que estarían condicionados a "aquí y ahora". Tiene su sonrisa innegablemente sincera, su bondad inmadura, pero natural, y todas las cosas que me hicieron quererlo. Pero él ya no está y, lo que es más duro, ha renunciado a recordarme del modo en que aprendimos a estar juntos.

No lo culpo. No quiso engañarme, pero me dejé engañar. Desearía no haberle conocido, porque ya no quiero tener que recordar con cariño sus daños y su espalda alejándose de mí, para siempre.

Desearía nunca haberle conocido, para que me interese más estar sola aquí, sobrevivir, hacer nuevos amigos.

Desearía no estar llorando ahora, pues me ven así los señores y señoras que bajan del campo a mal vender sus verduras, para llevar a casa poca cosa qué comer, o el mendigo del mercado, que duerme a la intemperie, frente a la Plaza de Armas, mientras los turistas buscan un nuevo sitio para seguir la juerga, ignorándolo, pues, a fin de cuentas, a nadie le gusta sufrir, menos si es por alguien que no tiene nada que ver con ellos. Además, ¡son turistas! ¿Qué más les da?

Hay mucha pobreza en Cusco. Sólo por no dejar de conmoverme y buscar alguna solución, no quiero renunciar a tener corazón. De todos modos, estas personas son las que realmente valen la pena, pues nunca querrán dejarme. Pero deseo que mis afectos sean sólo eso, no quiero nada más.