miércoles, agosto 30, 2006

Sobre mañana y canciones viejas

No sé en qué ando, aunque vale la pena dedicar al mundo y a particularidades esta cancioncita de Perales que me suena en el corazón desde el bonito sábado. Qué sé yo, cuestión de fe, esperanza y su toque de ácida estupidez (todo un trago de exportación, hecho en Perú y tal).

Va:
Qué pasará mañana

Me miras... y el universo de tus ojos me lo cuenta todo,
me hablas y me preguntas al oído si te quiero un poco.
Me abrazas... y tus palabras son
qué pasará mañana cuando te hayas ido,
a quién podré contarle que te siento lejos.
Mañana se dormirá el amor
y guardará sus rosas para cuando brille el sol.

Y yo te diré temblando la voz
el tiempo va deprisa y ese día que soñamos vendrá,
apaga la luz la noche esta marchándose ya.

Despiertas... y tu sonrisa que amanece lo ilumina todo.
Me besas... y las palomas de tus manos acarician todo
Preguntas... y tus preguntas son
qué pasará mañana cuando te hayas ido,
a quién podré contarle que te siento lejos,
Mañana se dormirá el amor
y guardará sus rosa para cuando brille el sol.

Si tú te vas...

sábado, agosto 26, 2006

Jeans rotos



La verdad es que no sé nada de desarrollo, por ello preferiría no hablar del tema, pese a trabajar en asuntos relacionados desde hace poco más de tres años.

Este tiempo no me hace una experta y es que aún no me acostumbro a lo que veo. Puedo entender, puedo respetar, pero no aún acostumbrarme.

Hace pocos meses encontré un espejo adecuado a mí, uno que me mostraba tal cual soy, medio llenita de los costados, medio nada “fashion”, medio idealista y medio campestre, con oficio, beneficio, causas a las rebeldías y dónde caer muerta, en caso aquello llegue a suceder por estos días.

Entonces decidí que mi alma era feliz con esta vida complicada de viajes, tierra en los “hi teek”, ampollas por hojotas grandes, de caucho, y mucha gente desconocida dispuesta a no dejarme dormir a la intemperie, nada más porque alguna vez les acepté con gusto un plato de frijoles y chancho “patrullero”, buenísimo, por cierto.

Y eso, que estando de pie frente a ellos, dirigentes y dirigentas, gobernadores y gobernadoras, vecinos y vecinas del llano, todos y todas con pies enormes de casi descalzos y mucha experiencia de vida en montañas y medios piuras rurales, me siento la más sin derecho a estar ahí delante, porque, simplemente, no tengo nada que enseñarles…

Sin embargo, ahí estoy, y lo repito y repito, con gusto y con alegría. Casi los aplausos luego de cada dinámica son espasmos nerviosos míos, de ver a todo mundo contento por mi culpa, antes que por lo que suelo decir: “¡Démonos todos y todas fuertes palmas por el trabajo del día de hoy!”.

Y es que claro, ¿qué puedo enseñarle yo a una maestra que conoce el arte de preparar sus clases a la luz de las velas, o un niñito que estudia en la misma condición? ¿Qué puedo enseñar al señor Fulano de Tal, que a puro sudor y espalda ennegrecida de soles implacables, siembra una hectárea entera y conoce los días de lluvia con una exactitud que los científicos de SENAMHI envidiarían? ¿Qué le enseño a la señora que, como toda madre, hace magia día a día para alimentar a sus hijos e hijas, a la vez que se va hasta el monte a traer sus atados de leña, pastea las vacas, ovejas o cabras, prepara desayuno, almuerzo y cena para los peones, asiste a las reuniones de APAMAFA(1) y sabe, cada una a su manera, ser amorosa con su familia?

Cada quién debe tener en la cabeza su propio “concepto” de desarrollo. Tal vez sea el carro del año, completamente legal. Tal vez sea un ascenso, completamente legal, también. No me voy a quejar del derecho personal de ser mejor al modo propio, pues así es, así ha sido siempre, desde que el ser humano es individuo, desde que la tendencia imperante es medir tu valor por lo que llevas encima, desde que cada persona lucha por lo que le parece correcto, individualmente y, en el peor de los casos (subjetivamente hablando), con una buena carga de hedonismo atada al cuello.

No hay consenso aquí, aunque la verdad ES, aunque la verdad no dé lugar a discusión, pese a darlo, y mucho. La ONU podrá organizar cumbres internacionales, donde los diplomáticos discuten el futuro de la humanidad y disponen las “reglas generales” de conducta y metodología, una suerte de moderno Olimpo lleno de todopoderosos que, seguramente, nunca se han ensuciado los pies con lodo (salvo los invitados especiales que de vez en cuando llegan por ahí).

Mientras tanto, cascos azules por todos lados y Estados Unidos como dueño y señor, por ser el “socio mayoritario” de tan reputada organización internacional. Y bueno, esto tampoco tiene nada de malo, salvo permisiones en guerras (de por sí, injustas), salvo intromisiones en políticas internas, salvo cero condonación de deudas externas, pese a Papas y cantantes británicos, más toda la Oxfam y sus protestas internacionales avaladas por rutilantes estrellas de la farándula mundial (por cierto, ¿por qué nadie me avisó que Miguel Bosé estaría con los algodoneros de Sullana? ¡No es justo! ¡Tenía que darle unos cuantos recaditos!).

Y aquí estamos, pues, frente a los “Objetivos del Milenio”. Que no tienen nada de malo, por supuesto. Es más, van con muy buena intención, se felicita el aporte de quienes se ganan el sueldo discutiendo en altas esferas (alguien tiene que hacerlo, todo planeta necesita sus “luminarias representativas”). Yo aún no hablo fluidamente el inglés, que si no…

Ahora pienso en mi proyecto de vida, en mi labor diaria y en mis “cinco metros cuadrados”, concepto que inventé hace algún tiempo y que abarca tanto el bienestar de mi mamá, mis hermanos y toda la zona de intervención de los proyectos donde hago las veces de comunicadora-facilitadora-sensibilizadora-tapa huecos-camarógrafa-relacionista pública-publicista-periodista subversiva (esto último, porque me duele el estómago de sólo pensar en dejar pasar el pan de cada día –injusticias y demás- que uno se encuentra por ahí por el campo, entre casita y casita, sin autoridad que se entere, ni intención de hacerlo).

Ya me han dicho que no me meta en lo que no me importa, incluso una comitiva entera de cierto gobierno regional, hace algún tiempo, a propósito de unas sequías con sus respectivas heladas y cosechas quemadas. Lo que ellos, ustedes, NADIE sabe es que SÍ ME IMPORTA.

Aún no sé cómo, tengo la idealista idea de que si nos tomamos los problemas sociales “ajenos” un poco más como problemas propios (que, de hecho, lo son), entre todos y todas podríamos resolver una serie de líos de esos gordos que a veces no nos dejan dormir. Cooperación y solidaridad, eso para creyentes y no creyentes, ricos, clase media y pobres, vaya. Pero claro, más fácil es quejarse de que el alcalde no pone suficiente resguardo policial frente a las casas más importantes, para que las pandillas no hagan de las suyas por ahí.

Bueno… es que todo acto humano trae cola, y la cola es más grande cuando va con implicaciones sociales. Como con la naturaleza, somos, todos y todas, parte de un sistema, aunque la economía neoliberal predique lo contrario respecto al consumo, el comercio, el mundo, Dios, etc.

Mientras tanto, mientras los grandes empresarios de Piura no noten que viven en una región agrícola, que potenciando habilidades de los agricultores locales (es un ejemplo) pueden conseguir productos propios para colocar en sus supermercados, de mejor calidad, a buen precio, beneficiando con esto a cantidad de familias paisanas, que gracias a Dios trabajan la tierra y conservan las semillas de la vida, vamos a seguir dependiendo de la cooperación internacional, que no está mal, es más, que es excelente, pero viene con condiciones, viene con metas apresuradas y globales, con presiones que superan la velocidad de la educación y el respeto a las tradiciones.

¿Acaso no sería lindo autogestionar nuestro desarrollo? O, siendo más específicos, ¿acaso no sería lindo que entre nosotros mismos y nosotras mismas nos ayudásemos para conseguir que no haya hambre, una mejor educación y salud pública, condiciones de vida dignas, respeto por nuestra sociedad pluricultural, amor al prójimo como a nosotros mismos? Con esto, ya casi se podría dar por descontada la violencia… Es que la violencia social es reacción ante la opresión: la doméstica, a la opresión del machismo; la callejera, a la opresión de la falta de recursos, la opresión de la frustración. La opresión es injusticia.

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El otro día escuchaba de un concierto de Víctor Heredia la canción “Sobreviviendo”. Sé que con lo que escribo ahora no doy ejemplo de mesura, buenas formas y profesionalismo, pero igual va:

Un compañero de oficina me dijo: “¡Mujer, hoy estás depresiva! ¡Esa música da ganas de cortarse las venas!”. Yo respondí: “Ni hablar, esto no es para deprimirse, ni da ganas de morir… Más bien lo que provoca es ir a bajarse algunas cabezas…”

Perdón por apelar a la violencia, aún más si “Sobreviviendo” trata acerca de procurar la paz. Pero es que a veces, pese a ser yo bastante pacifista y optimista respecto a la capacidad de mi especie para ser justa y buena, simplemente ya no aguanto.

Pero… ¿pero qué? A seguir trabajando, nomás. Hay cosas bonitas, como esto de dar clases (no daré mayores detalles), que es una buena oportunidad para abrir algunos criterios jóvenes y despertar interés en el entorno, aunque sea para que menos personas pasen de largo ante la realidad. Además, los alumnos y alumnas que me han tocado son unas gemitas.

Ya vi que este trabajito bendito tiene mucho de vocación, de amor que sale del ombligo, recorre las vértebras, se posiciona en el corazón y en el cerebro, y te llama, te llama imperiosamente, al punto de no sentir tu vida completa sin esto, no sentirte útil, no sentirte tú. Por ello, duele cuando hay menosprecio, ligereza e incomprensión…

Trae sus luchas “anti prejuicios”… Con decir que a veces a esta “careniña” de zapatos empolvados y jeans rotos por el uso, recién llegada del campo, no se la han tomado en serio, sino hasta que alguien muy “formal” recitó sus “referencias” (¡a saber Dios cuáles!). Bueno, que viva el individualismo radical, pero bien lejos de mí y de quienes no lo necesitan, porque saben compartir. Y que me muera el día en que decida dejar de soñar.

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(1) Asociación de Padres y Madres de Familia.

miércoles, agosto 23, 2006

Algún sábado de estos...

Amorcito mío de ideas locas, moralista perversión y humanitaria trascendencia, ¿por qué algunas noches no puedo evitar tocarte, aunque no estés cerca? Hay música que me trae tu olor al corazón. Van a ser días largos, más lejos aún.

jueves, agosto 17, 2006

A Carla y demás…

¿Cuándo puedo contarte de mi pasado? Tal vez cuando esté afectando nuestro presente (nuestro, amiga, amigo, madre, hermano, amante, pues de otro modo, sólo sería asunto mío). Si no daña este ahora constante, que llega segundo a segundo, no hace falta contarte, salvo que…

Te quiera tan dentro de mi vida –y de mí- que sea bueno que me sepas, con sonrisas y miedos, aunque tal saber traiga dos filos, aunque sea una circunstancial arma, cuando tú lo decidas y yo lo permita (entonces, dejaremos de ser uno).

De otro modo, todos los pasados no existen, sino sus esquirlas y dulzuras, la experiencia, gracias a la cual nos gustamos, nos acercamos, amiga, amigo, amante, hermano, querida, y nos hicimos inseparables ahora, aunque el futuro traiga sorpresas. Pero el futuro tampoco existe, entonces, ¿por qué ocuparnos de él?

Confianza y hoy.

Gracias por tu desvelo y cada minuto conmigo, por creer en mí.
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miércoles, agosto 16, 2006

¡Listo, ya está! ¡Ponte insoportable!

Es bonito que seas y estés. Es bonito que hayas dado tumbos por ahí, justo cuando yo pasaba. Es bonito que hayas espantado a los psicólogos, aunque los “demonios” sigan siendo asunto mío. Es bonito que las cosas se acomoden en derredor, como la calma luego de la mala racha. Es bonito viajar a vernos. Es bonito leerte. Es bonito verte. Es bonito tocarte. Es bonito desearte. Es bonito tenerte. Es bonito escuchar música contigo. Es bonito conocerte. Es bonito tener ahora mismo tanto, pero tanto trabajo, mucho por leer y una gastritis qué controlar, suerte que aún no es úlcera. Es bonito que mi mamá esté tranquila y contenta. Es bonito tener alumnos. Es bonito dormir poco. Es bonito que mis hermanos se hagan cada vez más grandes y fuertes. Es bonito conocer a quienes conozco. Es bonito que tu dulzura me haga sentir dulce. Es bonito que tu paz me dé ganas de perdonar. Es bonito que estemos del mismo bando. Es bonito todo, incluso rezar, confiando en que existe Dios.
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martes, agosto 08, 2006

Mensajes en una botella

El otro día me llegó a la dirección de Hotmail una de esas cadenas de fotos cruentas, dizque para dar un mensaje de prevención y hacerle a uno “reaccionar” ante tentaciones tipo: conducir ebrio, usar desodorantes con antitranspirantes, escuchar "rock satánico", tomar Coca Cola, etc., etc., etc.

Casi lo borro sin mirar siquiera, pero me detuve en el rostro de una niña que lloraba con la boca muy abierta y los ojos llenos de interrogantes, a los pies de algún adulto muerto. Decidí enfrentarlo, pese a que mi morbo pseudo periodístico desapareció el 31 de diciembre del año 2000 (que fue, además, cuando decidí no ser reportera de calle).

Y bueno, resultó uno de esos e-mails de concienciación -y oración- pro “paz en Iraq, Palestina, Líbano y alrededores”… Tal vez no sea tan específica la ubicación de quienes se ven retratados en aquellas fotos, pero bastan para mostrar, por si alguien lo duda, que los “daños colaterales” de la guerra tienen sentimientos, familia, nombres propios y sangre tan roja como la de cualquier hijo de vecino bien devoto y alimentado.

Esta imagen, que a mi parecer era la menos morbosa e irrespetuosa de todas (vista desde mis subjetivísimos ojos de comunicadora social), traía consigo la pregunta: “¿Y si fueras tú, qué crees que sentiría tu mamá?”. Manipulación emocional, o no, tiene buen fin: identificarnos con el problema, aunque parezca estar muy lejos. Por cierto, el niño se parece al menor de mis hermanitos.


De todos modos seguiré ocupándome de mis “cinco metros cuadrados”, hasta poder expandir más mi “frontera de influencia”. Poco a poco, amigas y amigos. Poco a poco…


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Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo, les dirá: De cierto les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicieron.
Mateo 25: 37 al 40.

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No tengo pruebas

Temo, aunque no lo sepas (es mejor que no lo sepas), que también trabajas para la mina, amigo mío, porque todos allá lo hacen, de un modo u otro. La mina tiene empresas “fantasma”, la mina ha conseguido alianzas importantes, la mina protege su perfil. A ellos les interesa mostrar tanta claridad, pero tanta, tanta, que hasta la oposición se financian.

Así son las cosas, mi hombre valiente, mi mujer fuerte, pese a tal vez doler (la verdad duele, aunque no debería). ¿Cómo lo sé? Pues no es difícil saberlo, tú mismo puedes escarbar, llegar a la verdad y tal vez, sólo tal vez, dejar que te gane la decepción. Es que tampoco vale la pena decepcionarse, porque no importa el corazón interesado de quien tejió ese monopólico y oscuro lazo, sino el tuyo, y el de ella, y el de esa otra chica, o de aquél idealista que se bebe siempre un par de cervezas bien conversadas contigo, orgulloso de su trabajo.

Tal vez es paranoia mía, tengo la pésima costumbre de imaginar y averiguar verdades tristes, y la mala suerte de acertar regularmente, aunque me odies por ello. Malas costumbres heredadas de un guerrillero frustrado. Aquí donde estoy ya me han reprimido mucho los ímpetus, pero he aprendido a canalizar mi “malicia social” hacia actividades convenientemente constructivas… reciclaje de energía, le llamo.

Así es, amigo, paranoias y más paranoias. Ya mi ex profesora de Comunicación Internacional me ha dicho que no le siga el juego a los que “nos quieren separar de Estado Unidos”, cuando se me dio por reenviar esa cadena con el discurso del Ministro de Educación de Brasil y su opinión humanística sobre la Internacionalización de la Amazonía. No opinaré mucho acerca de su falta de criterio ocasional y temático, porque en realidad es una mujer inteligentísima, quien, a fin de cuentas, no quiere que un montón de “retrógradas” como nosotros, “terroristas ecológicos y sociales”, evitemos el progreso de la nación.

Ay… cosas de gente grande que yo no entiendo.

No estoy en contra de la explotación minera, ni del progreso. Lo que me hiere es el abuso, la falta de respeto a los derechos humanos, el menosprecio a las culturas locales y la compra insostenible de silencios. Todo esto me hiere, sí, aunque a estas alturas provoque risas y desinterés entre alguno de mis amigos.

Hablando de amigos, uno mío trabaja allí, en la mina. Me ha dicho que se gana bien, que es bueno, que se va a comprar un carro… Pero también me pide que yo siga “en contra” aquí, en mi lado del Perú, porque hace daño, porque empobrece… “Acá no, pero allá sí, porque ya están jodidos”, dice, tal vez inconsciente de cualquier magnitud…

Bueno, y así las minas y otras yerbas. No hay nada más qué decir respecto a esto, sólo que ni modo, pues, parafraseemos aquella copla popular y admitamos que los peces de los ríos cercanos se mueren porque no saben nadar.

Epílogo inútil

¿De qué me estoy quejando? Yo no vivo allá, la mina no me afecta ni bien, ni mal y con este “discurso-pataleta” no voy a hacerle un favor a nadie. Nada pues, debe ser que se me han juntado indignaciones los últimos días. Y claro, ver por la tele el domingo pasado a mis periodistas nacionales haciendo apología de la conveniente y mundialmente liberadora “muerte” de Fidel Castro, pese a cualquier opinión pública cubana, no me ha ayudado a sentirme mejor.

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En Alemania vinieron primero por los comunistas, y yo no protesté porque no era comunista. Después vinieron por los judíos, y yo no protesté porque no era judío. Después vinieron por los sindicalistas, y yo no protesté porque no era sindicalista. Después vinieron por los católicos, y yo no protesté porque era protestante. Después vinieron por mi, y ya no quedaba nadie que pudiera protestar".

Marín Neimoller

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He estado leyendo:
Niños de El Líbano
Fidel Castro, según elmundo.es
Los Pioneros de Fidel
El cubano de la isla
Mi leña al fuego
Granma Internacional

sábado, agosto 05, 2006

Cajamarca...

Una amiga dijo alguna vez que aún en esta época de miedo extremo por las consecuencias venéreas de la promiscuidad, creía que salía “a cuenta emocional” tener un novio (o una novia) en cada “puerto”, cuando de viajar se trataba.

No es esta una tardía declaración de liberalidad sexual, ni tendencia poligámica alguna, sino una evocación de recuerdos que, algunos pese a la distancia, traen a mis labios cierto gustito a miel y suspiros desde el fondo del corazón (corazón de mujer, siempre lleno de secretos injustamente incomprendidos a veces).

Soy fanática de andar sola por el mundo, conocer y amar profundamente a mis conocidos y conocidas de algunas horas, tal vez en el bus, tal vez de aquel inevitable tour y demás… Sin embargo, debo aceptar que el olor de un alguien, mezclado con el aroma a ciudad nueva y diferente, única, trae sabores más deliciosos a mi paladar.

No sé desde cuándo tengo tan sensible este occidentalmente descuidado sentido, es decir, mi memoria no llega a tanto, por lo que la raíz de esta manía “perruna” ha de habérseme contagiado antes del uso de razón.

Y estas vacaciones, merecidas y por fin aprovechadas convenientemente para desaparecer del mapa piurano por más de tres días, han grabado en mi corazón un aroma a aire fresco y flores cálidas, gracias a ti…