martes, julio 18, 2006

Crónica (de "suceso habitual")

Hoy desaparecí todo el día. Mi falta no es grave, estoy de vacaciones. Sin embargo, debí llegar más temprano, hay algo importante por ayudar a hacer… Lo sabía y me propuse venir de todas maneras, no es cosa buena abandonar a los compañeros en “problemas”. Sin embargo, aparecí tarde. No demasiado tarde, pero sí tarde. Tal vez, de llegar antes, habría ahorrado un par de cabezas adoloridas, pero, por primera vez en mucho tiempo y respecto a esta gente buena, no me importó… Necesitaba “imaginar” (pues, desde que te siento, me tengo prohibido pensar).
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Antes de ayer decidí darte cara, finalmente. Se podría decir que, viniendo tú rumbo a mi sitio, el encuentro sería inevitable. Pero no, fíjate que no. Que sepas lo decidida que estaba a mirarte de frente, como de enviarte con alguien la dirección del hotel y que te busques la vida solo.

Habría sido una descortesía enorme, yo sé. Pero, ¿qué más da? ¿Total, quién eres? (¿Quién te crees que eres?).

Estuve trabajando desde el día anterior, toda la noche, porque no quería tener que pensar en nada más que en ti y en mí. Sabía que de todos modos me llamarían desde la oficina, pero era fin de semana y yo estaría ocupadísima en quien soy, punto, celular apagado.

Imaginé tu corazón roto si no me encontrabas en el sitio acordado, más roto si al llamarme no contestaba, más roto aún si te confiaba que el temor intenso había ganado y, ni hablar, no quiero verte, ni saber quién eres, porque me importas tanto como nada, aún eres nadie y estoy a tiempo de evitar que seas alguien, porque los “alguien” siempre importan, y el importar implica compartir presencias, compartir tristezas, compartir alegría, compartir problemas y sufrir ausencias.

Sí fui.

No me gustó lo que vi al principio, pero no eres cáscara… ¿Quién soy yo para rotularte y acreditarte algún tipo de “derecho a devolución”? Vi un alguien que no identificaba, un alguien cansado de 10 horas hacia mí, desde mis ojos cargados de malanoche y deseos contrapuestos.

Te llevé andando hasta nuestro sitio y a todas partes. Andando a mi lado, como en los sueños más dulces y rechazados de estos últimos días. Andando a mi lado todas las horas largas y cortas.

Te reconocí.

Corazón delator, corazón de animal, guiado por percepciones. Reconocí tu nobleza y olvidé el miedo. Reconocí la profundidad de tu inteligencia y esos ojos azul grises con pinceladas verdes, indefinición de colores que me saca de quicio, porque a estas alturas mi vejez pretende quererlo todo definido. Reconocí el olor que imaginé, la voz que ya había escuchado y endulzado con respuestas espontáneamente amorosas. Eras tú.

Y deseé que encerremos todo en una burbuja de cristal, escondida en el lugar más bonito de nuestro presente, para que nadie la pueda ver, ni corromper. Decidí, desde ahora, guardar silencio, que no existas en el mundo real, para no cargarnos de “realismo”… ni de miedo, ni de posesión, ni de palabras, ni de promesas, ni de juicios, ni de futuros, ni de opiniones no solicitadas, ni de consejos, ni de moral, ni de política, ni de credos…

Que el corazón no se pase de moda, que los otoños te doren la piel, que cada noche sea noche de bodas, que no se ponga la luna de miel.

Joaquín Sabina – Noches de Boda

jueves, julio 13, 2006

Instinto Animal

Otra vez una canción…


Por esos días tarareaba la tonadita de moda en el lugar, de moda porque se oía en un comercial de automóviles. Cuánta fama tienen las bandas sonoras de los comerciales por esos lares, tanta, tanta, que a veces anunciaban discos con “la canción del comercial tal”. En fin, interculturalidad consumista, que ni eso es igual en todas partes.

La tarareaba y el buen Miguel se daba cuenta, le apretaba más la mano y se ponía rojito, rojito, sin decir nada, porque, salvo todo lo que sabía de historia y Francia, nunca decía gran cosa, ni sonreía, ni demostraba sentimiento alguno. Tanto mejor, no estaban para complicaciones ni amores. Además, ella ya andaba toda ilusionada por el “lindo chico” que le dejaba mensajes todos los días en su correo electrónico, y que en poco tiempo podría ver (cuando lleguen las vacaciones y esté a punto de volver a Perú).

Pero le dio igual y el día que quedó en verse con Miguel y dar una vuelta por Pamplona-España, la tarde del sábado, no recuerdo la fecha, pero casi cumplía 21 años, esa misma tarde de la pizza recalentada, de la cercanía del implacable verano europeo (“con vientos sub saharianos”), ella sabía que tal vez recibiría su primer beso, el tan esperado, idealizado y demonizado primer beso, de un chico que le gustaba relativamente poco, pero bastante agradable de conversar, acompañar y dilucidar.



Luego de algunas vueltas, y ella sin dejar de tararear esa canción tan dulce que decía cosas “bizarras”, pero en inglés, así que da igual, que sin esfuerzo no se entiende y a veces una no está de humor para entender canciones, fueron al súper mercado y la cajera estaba seguramente de mal día, porque se puso pesadísima a la hora de pagar. Miguel se indignó un poco, pues a su amiga peruana nadie la iba a tratar mal, ¡pero qué le pasa a esta tía! Tranqui, “galo”, que da igual.

Y seguía con la dichosa cancioncita, no sabe cómo Miguel la soportó tanto tiempo así. De vez en cuando conversaban sobre historia de Francia, que ni un francés de mi edad, que no estudie Historia, sabe lo que tú, ¿cómo así, eh? Es que hice trampa, leí “María Antonieta” de Stefan Zweig, cuando tenía 10 años, porque me gustó un dibujo animado llamado “Lady Oscar”. Como también me gustaba Mozart (los fanatismos de mamá), supe algo temprano de Austria y todos esos sancochados territoriales germano-eslavos. Y con papá comunista… Bueno, bueno…

Además, recalentar la pizza precocida, claro está, y preparar “omelettes” con queso, o de queso, o du fromage, para que pruebes y luego me dices qué tal. Y más y más comida, para tolerar mejor la pésima televisión española de sábado por la noche (tal vez sea una estrategia para obligarlos a todos a salir de juerga).

Imposible que no haya algo de incienso y “maría” en casa de un estudiante “erasmus”. Líate un porro, aunque sólo quede poquito, ¿total? Y quién sabe por qué, pues hasta ese momento ella sabía que tal vez recibiría su primer beso y siempre quiso estar totalmente lúcida para ello, aceptó “maría” y vino, se relajó un poco, continuaron hablando de historia francesa, de cómo los habitantes de París sintieron mucha tristeza cuando Luis XVI intentó huir, cómo lo recibieron con un silencio sepulcral, en los filos del camino, casi llorando, decepcionados de un rey en el que, hasta el final, confiaron…

Y el primer beso…



Sabe que, algunos años después, Miguel preguntaba por ella a una amiga en común, de Francia. Y la amiga de Francia le contaba lo mucho que él quedó prendado. Prendado, no enamorado. Tal vez, aunque no lo recuerda tanto así, ella fue especial.

Es gracioso que una canción tan dulce, que dice cosas bizarras, pueda recordarle el calorcito casi inocente de esos momentos.


jueves, julio 06, 2006

Libertad

Quizás pronto pueda ir nuevamente detrás de una canción.
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La música alegró mi corazón durante muchos años, se convirtió, tal vez contra su voluntad, en el único motivo por el cual valía la pena no exagerar las marcas del cortapapeles. Eso, antes de conocer el amor…

Quiero ir tras las melodías que convierten esos vacíos que duelen en el pecho en burbujas multicolor, que desaparecen los pies, porque no los necesitas, y convierten tus alas pequeñas, de ser humano social, en mariposa.

Me gustaría ir detrás de una canción, aún sin entenderla. Ya antes he llegado lejos siguiendo una canción.

Sé poco de música, sólo puedo decirte cuán dulce es el perfume que percibo al oírla, cuántas lágrimas se contienen, cuántas brotan, cuántas sonrisas plenas, suavidad, fuerza, nostalgia, tensión, vida.

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Una gaita irlandesa se escucha a lo lejos, en los montes de pasto fresco. Ha llovido en la noche y el amanecer trae neblina.

Dolores canta, como sólo Dolores puede cantar:
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Estoy sosteniéndome a lo que hago desde que te conocí
Y no será por mucho tiempo más
¿Si te dejo, lo notarás?
Y esto será bueno para alguien…
Porque tú no eres el único
No eres el único.

Toda la noche puse en mi almohada
Estas cosas que están mal
No puedo dormir aquí
Tan sola, tan sola…

Cadencia marcada por una cuerda y percusión. Saber que debes irte duele, siempre duele. Hacerlo, duele más aún. El perfume de una canción… el perfume de la libertad. Las cuerdas dejan el luto y tocan una melodía alegre, aunque aún prudente, aún dulcemente suave…

He decidido dejarte para siempre
He decidido empezar desde aquí
Relámpagos y truenos no cambiarán lo que estoy sintiendo

Y los narcisos lucen bellos hoy

En tus ojos puedo ver el disfraz
En tus ojos puedo ver la consternación
¿Alguien ha visto un relámpago?
¿Alguien luce adorable?
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La inigualable sensación de correr libre por el prado cargado de flores, ya no hay niebla. El corazón ha de ir roto, ha de doler. Pero nadie pisa tus pies ahora, nadie te sostiene del cuello, nadie te posee… No dejarás que nadie vuelva a poseerte así, porque eres hermosa, hueles a narcisos y quieres sonreír.

Y los narcisos lucen adorables hoy
Y los narcisos lucen adorables hoy
Lucen adorables hoy
Lucen adorables…

Gracias a Dios, hay música y flores.