miércoles, junio 28, 2006

Ego

He aquí el último rezago de mi otrora declarada “bisexualidad”. Erick lo encontró dando vueltas por la red, a propósito del comentario de un colega: “Pucha, Vampira, el vocalista se parece mucho a ti”.


Ha engañado a todos en la oficina, les ha dicho: “miren a A, le he dado unos retoques en photshop, es su versión blanca”. Todos cayeron. Y bueno, sigo pensando que el tipo es mucho más guapo, pero aún así siento cierto placer hedonista en todos mis huesos al saberme “andróginamente atractiva”.

Por otro lado, encuentro retorcidamente erótico el hecho de parecernos tanto, como si ambos fuésemos parte de una sola matriz, uno solo, posesión mutua (si no me detengo ahora, necesitaré una ducha fría)…

Mi narcisismo nunca fue tan evidente como hoy, ante esta imagen (y mi naturaleza terriblemente “hetero” también queda al descubierto, le duela a quien le duela).


¿Que es extraño ser feliz porque me parezco a un hombre? Podría ser peor. Podría querer parecerme a Van Dame.

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La estilización “gatuna” siempre me ha llamado la atención. Por maneras, delicadez y agilidad, no distingues sexos en los gatos jóvenes. Tengo la teoría de que un gato macho, de humano, tendría que ser sencillamente hermoso, místicamente atractivo y vertiginosamente afeminado.

Este afeminamiento, por supuesto, nada tiene que ver con una homosexualidad de vida. Simplemente es eso, suavidad y elegancia en el zarpazo asesino, fuerza en los tendones elásticos, no en la musculatura obsesiva. Estilización gatuna, andrógina, una tendencia extraña que adopté alguna vez, aunque nunca estuve segura de poseer totalmente…

Sin embargo, a estas alturas, debo sacar una lista de todas las veces que me han llamado gato. Lo han hecho en el contexto más ridiculizante, entre amigos. Lo han hecho en el sometimiento erótico más pecaminoso. Y ni siquiera me lo busqué. Culpan a cierta mirada heredada, a ciertos movimientos, en fin.


No sé. A los 21 años no me creía capaz de atraer a nadie (por entonces, “nadie” no determinaba sexo). Además, nunca me caractericé por tener un caminar elegante, debido a algunos problemas serios en las caderas y otras tantas malas costumbres. Entonces, ¿de dónde gato yo?...

Deben ser conductas aprendidas, mis mascotas favoritas fueron siempre gatos. Son suavemente agresivos, son atacantes letales, son elegantes, quieren sólo cuando quieren querer, olvidan con facilidad, van y vienen, se engríen si lo necesitan, marcan territorio con sus caricias…

Los gatos son silenciosos. A diferencia de los perros, no aman delirando, no mueven la cola con inquietud, no viven y mueren por el amo. Sólo existen, aman con dignidad, “honran con su presencia”, se van antes de que los echen y, si los llegan a echar, también se van, con la nariz en alto y sin mirar atrás.

Nunca terminé de aprender de mis mascotas…

Quienes equiparan a las mujeres con los gatos, han de conocerlas muy superficialmente, o nunca han tenido la dicha de corresponder realmente al amor de una mujer. Tampoco saben mucho de gatos.

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Tal vez el “androginismo” de mi sexualidad tiene mucho que ver con la ambigüedad de los gatos, una ambigüedad que, afortunadamente, he aprendido a mantener dormida y a explotar sólo ante el amante, el total desconocido o el amigo más cercano. La hermosura femenina me atrae en los hombres "endiosados", admirados, platonizados. Pero prefiero masculinos a mis compañeros mundanamente amados.

Quizás en algún momento pueda “determinarme”, aunque no veo necesidad de hacerlo, en un mundo indeterminado.

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Hace algunos días supe que no sólo fue un valiente, sino dos, dos valientes los que se “atrevieron” a amarme en silencio, cuando tenía 18 años. Por entonces, me vestía toda de negro, estaba 7 kilos más “grande” que hoy, llevaba el cabello suelto y en la cara, maquillaje oscuro. En fin, un pequeño ente sacado de algún mal ensayo de Burton.

Quizás vieron mi corazón lleno de miedos, o mis ojos bonitos. ¡Qué sé yo! El caso es que me amaban. Uno de ellos se sentía desvalido ante los chicos que me gustaban a mí. Pobre, no imaginaba siquiera que esperé todo el tiempo a que me declarase su amor, pese a “aquellos chicos”.

El otro se resignó a mantener en secreto su afecto, pues en su admiración había aceptado la cruda realidad que el entorno había convenientemente elaborado para él: pensó que era lesbiana.

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Alguna vez la “presión social” me presionó el cerebro hasta hacerme creer que era lesbiana. Me lo creí, me lo creí en el corazón y la médula. Eso, sumado a que ninguno de “aquellos chicos” dejaba de mirarme por sobre el hombro. Es que claro, ¿qué chico "guapo, decente y normal" se va a fijar en el mal ensayo de Burton?

El colmo de una chica “ruda” (fue el peor de mis gatos, el más gordo y menos fashion) es tener amigas igual de indefinidas, pero más pequeñitas y delgaditas, que la buscan como elemento seguro y protector, es decir, “como hombrecito”. Fui marimacho un tiempo, he de aceptarlo. Yo escuchaba callada el rollo existencial de tal o cual amiga, a cambio, le daba cierto aire de respeto, mantenía a raya los “malos espíritus”.

No sé cómo lo hacía, tal vez con esta mirada heredada.


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Me sentía sola, tardé más que el resto en aprender a amar y olvidar. Ahora sé hacer efectivamente ambas cosas, según la demanda.

Pero no sabía hacerlo a los 21 años, cuando más sola y asustada estaba. El mundo era demasiado grande, quería volver a España, quería no tener responsabilidades y, sobre todo, quería no sentir aquella ambigüedad en la cabeza, aquella facilidad para detectar homosexualidad y olor a marihuana, en cualquier pared.

Un amigo me enseñó, con gran valentía al enfrentar a su familia, el costo de ser gay, pero un gay libre, con plena aceptación de sí mismo. Una amiga me enseñó que hacer el amor con mujeres no era lo mío (sí sé de lo que me estoy perdiendo).

El pasado pasó y de él no se reniega, pues gracias a su existencia estamos aquí, mis bellos ojos azul grisáceo, a punto de conocernos. Gracias a su existencia, además, sé lo que soy y pude mandar de paseo a la “presión social”, reclamando mi derecho a ser “freakie”, a buscar para mí una belleza asexuada y una intimidad heterosexual, sin escándalos, ni daños colaterales. Gracias al pasado, respeto, marco mis límites y puedo vivir en paz.

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Feliz 28 de junio, mis queridos amigos y queridas amigas…

martes, junio 27, 2006

Opiniones ajenas

Hace mucho no oía esta fábula y me ha venido como anillo al dedo. Diariamente recibo un spot de Radialistas, apasionadas y apasionados, sobre temas diversos, de actualidad e interés general. Algunos sirven perfectamente para transmitir en radios rurales y hay permiso de los administradores de la Web para bajar sus archivos de audio. Lo máximo. A ver si se dan una vueltecita.

EL ANCIANO, EL NIÑO Y EL BURRO

NARRADORA
Érase una vez un anciano y un niño que viajaban con un burro de pueblo en pueblo.
EFECTO REBUZNOS
NARRADORA
Llegaron a una aldea caminando junto al asno y al pasar por ahí, un grupo de jóvenes se burló de ellos.
JOVEN (3 P)
¡Qué par de tontos!... Tienen un burro y, en lugar de montarlo, van los dos caminando. Por lo menos, el viejo podría subirse al burro.
ANCIANO
Tienen razón, hijo.
NIÑO
Móntese usted, abuelo, que usted está más cansado.
NARRADORA
El anciano se subió al burro y prosiguieron la marcha.
EFECTO BURRO SE ALEJA
CONTROL MÚSICA DE TRANSICIÓN
NARRADORA
Llegaron a otro pueblo y, al atravesarlo, una vecina se molestó mucho cuando vio al adulto sobre el burro y al niño caminando al lado.
MUJER
¡Parece mentira!... El viejo sentado y el pobre niño caminando. ¿Cómo no le da vergüenza?
ANCIANO
Tiene razón, hijo. Yo estoy aquí tan cómodo y tú…
NIÑO
Pero, abuelo, si yo no estoy cansado…
ANCIANO
Cambiemos. Móntate tú ahora en el burro.
EFECTO BURRO SE ALEJA
CONTROL MÚSICA DE TRANSICIÓN
NARRADORA
El anciano y el niño intercambiaron sus puestos y siguieron su camino hasta llegar a otra aldea.
HOMBRE
¡El colmo!... Vengan a ver esto, vecinos… El joven montado en el burro y el pobre anciano, que no puede con su alma, caminando.
ANCIANO
Vamos a hacer una cosa, hijo.
NIÑO
Dígame, abuelo.
ANCIANO
Tú pesas poco. Creo que el animal puede con nosotros dos.
EFECTO BURRO SE ALEJA
CONTROL MÚSICA DE TRANSICIÓN
NARRADORA
El burro avanzaba sin problemas llevando al niño y al abuelo sobre el lomo. Pero cuando cruzaron junto a un grupo de campesinos…
MUJER
¡Tengan compasión, caramba!... ¡Van a reventar a ese pobre animalito!
ANCIANO
Ya no sé qué hacer, hijo… Pero tienen razón, porque el burrito debe estar desfacellido …
NIÑO
¿Y si lo cargamos, abuelo?
ANCIANO
¿Cargar al burro?... Tal vez podamos…
EFECTO REBUZNOS
CONTROL MÚSICA DE TRANSICIÓN
NARRADORA
Y así llegaron al siguiente pueblo, el anciano y el niño con el burro sobre sus hombros.
JOVEN (CARCAJADA)
¡Nunca vimos gente tan boba!... Tienen un burro y, en lugar de montarse sobre él, lo llevan a cuestas… ¡Qué tontos!
EFECTO REBUZNOS
NARRADORA
De repente, el burro que iba cargado, se espantó, cayó por un barranco… y murió.
CONTROL MÚSICA TRISTE
LOCUTOR
Si te dejas guiar por las opiniones de los demás, acabarás como el anciano y el niño de este cuento, sin burro y sin llegar a ninguna parte. No hagas caso al qué dirán. Escucha únicamente la voz de tu corazón.

Dibujos a media noche

En esto pierde su tiempo mi querido asistente Erick, cuando todos pensamos que está "concentradísimo", avanzando los requerimientos del día a día...

Me corrijo, definitivamente no pierde el tiempo. Promete. Y me gusta la idea de que se haya dedicado a caricaturizar mi "alter ego" esa madrugada, cuando se quedó conmigo en la oficina, mientras yo terminaba cierta presentación para cierto grupo de parlamentarios latinoamericanos, la semana pasada... Sólo llegaron tres, pero la parafernalia estuvo bien hecha (palmas para los "sufrientes" comunicadores).

Gracias por tu tiempo y tu compañía, AMIGO.


viernes, junio 23, 2006

Procesos

Lo que más me fastidia de todo este asunto es echarte de menos, porque no hay motivos (ni siquiera he sentido la textura de tu rostro en mis dedos, ni el calor de tu cabello, ni el color de tu aliento).

Lo que más me fastidia de todo este asunto es echarte de menos, cuando sólo eres unas cuantas letras en el buzón de mi celular (demasiadas letras, para no saber quién soy), algunas llamadas dulces y varias conversaciones de madrugada, debidamente guardadas en una carpeta de mi computadora.

Lo que más me fastidia de todo este asunto es echarte de menos, cuando no sé quién demonios eres, y aunque te vea en unos días más, tampoco lo sabré, nunca acabaré de saberlo, pero (¡carajo!), ya compites en mis sueños por ocupar el lugar de recuerdos y deseos que fueron exclusivos hasta hace poco, y que, pensé, nunca serían de nadie más.

Lo que más me fastidia de todo este asunto es echarte de menos, pese a haber perdido la confianza, pese a no (querer) creer.

Y me fastidia también saber tan claramente que la Providencia está jugando conmigo ahora, que no eres un ángel, que no has llegado en el momento justo para rescatarme, sino que tal vez deba descartar estas ilusiones nuevas, para demostrarle a algún dios incomprensible cuánto ha conseguido hacerme madurar este último año, con sus ausencias.

Luego, prefiero enmudecer, mi niño grande, mi protector. Enmudecer y mantener lo nuestro como un secreto dulce en mi corazón, sólo tuyo y mío. Tengo miedo de "todos los demás"...

jueves, junio 22, 2006

Bruta, ciega, sordomuda

Lo de bruta me viene a pelo cuando castigo mis errores permitiendo que la bulimia nerviosa se adueñe de mi tino, cuando pierdo horas en el msn que luego debo recuperar en interminables madrugadas de oficina, cuando tengo la oportunidad de leer y prefiero dormir…

En fin, lo dicho, que no voy a sufrir por lo que ya ocurrió, pero tal vez sería bueno ir aprendiendo a controlar las depresiones, que sólo traen consigo gargantas amargas y kilos pírricamente perdidos, que se recuperan luego con increíble rapidez.

Aprovechar mejor el tiempo también me vendría bien. Ahora mismo debería estar almorzando y limpiando mi cuarto de alquiler, pero nooooooo… Adivina en qué productiva actividad me he quedado suspendida esta tarde.

Escribir me hace bien, no lo niego. No soy buena, tampoco mala. Estoy en entrenamiento, tal vez a futuro consiga algo importante con esto. Por lo pronto, van algunos ensayos que espero nunca descubras, porque me da un poquito de vergüenza, aunque también me son motivo de orgullo (esta bipolaridad de sentimientos sobre mí misma va a matarme un día de estos).

Hoy estar aquí, ser uno de mis post, motiva un cargo de conciencia realmente grande, pues ni siquiera será “efectivamente útil” esto por lo cual dejo en fila de espera todos los encargos de jefe y colegas. Tampoco tengo muchas ganas de ser metafórica. Estas son solo ideas a la hora de la siesta, con un cielo gris que no deja al sol picarnos los hombros y una sensación amplia de tranquilidad.

Acabo de recordar que he estado trabajando disciplinadamente toda la mañana, así que el remordimiento ahora se centra en el hecho de no estar comiendo, con el hambre que tengo, dándome un baño o atendiendo necesidades personales.

Ciega… Mañana en la tarde me entregarán mi pasaporte nuevo. Hoy, temprano, me sacaron una foto en la oficina de migraciones y salí, pese a disimular lo más que pude, con cierto gestito que tenemos todos los astigmáticos (y miopes, hipermétropes, etc…) cuando no llevamos puestos los lentes con medida.

Perdí mis anteojos informales hace una semana, en algún lugar de Chalaco… No he desecho mi mochila, pero espero sinceramente que no estén allí. Los perdí, sin mucha intención de conservarlos, ni de no tenerlos. Eran bonitos, pero tenían historia, se han envilecido subjetivamente en mí… ¡Diablos! ¡Le tengo bronca a unos anteojos!

El caso es que llevo varios días viéndolo todo con un halo brillante, sin poder definir caras a más de 3 metros de distancia. Estoy aprendiendo a identificar espaldas, formas de caminar, a adivinar palabras y utilizar al máximo el “manual focus” de la filmadora del Programa.

Eso sí, pronto me acostumbré a no esforzarme por ver nada, ¿total? Los paisajes se ven igualmente bellos, y si debo detenerme a mirar detalles de algo o alguien, será porque vale la pena y se acercará lo suficiente para facilitarme la vida. Además, si me esfuerzo mucho, puede que mi medida aumente.

A lo mejor luego consigo unos lentes de contacto… La plata para comprarlos es lo que no voy a tener en este fin de mes… Seguiré en la nebulosa hasta el 15 de julio, pues.

Si luego resulta que están en mi mochila, obsequiaré mis monturas a quien las necesite.

Sordomuda… Tal vez es porque hay cosas que, gracias a Dios, no aprendo. Y hoy tengo grandes deseos de callar, guardar en mi corazón cualquier sentimiento lindo o feo, encontrado, claro y confuso, que esté aflorando.

Quiero callarlo, callar las sonrisas y sonrojos que superan mi control y los sueños feos de la otra noche, cuando tuve frente a mí a uno de mis mayores miedos, en un escenario natural y una fotografía magistralmente lograda. Los sueños no predicen el futuro, pero sí te lanzan estrepitosamente a la cara lo que llevas en el corazón.

Y quiero permanecer callada, y quiero que esto sea sólo mío (y tal vez suyo), pero de nadie más, porque, a fin de cuentas, ¿para qué alguien más?

P.D.: Gracias por la asociación de palabra, mi ex querida Shakira.

martes, junio 20, 2006

Me dio una canción de madrugada

Bonita...

Te doy una canción
(Silvio Rodríguez)

Cómo gasto papeles recordándote
cómo me haces hablar en el silencio,
cómo no te me quitas de las ganas
aunque nadie me vea nunca contigo.

Y cómo pasa el tiempo, que de pronto son años
sin pasar tú por mí, detenida.

Te doy una canción si abro una puerta
y de la sombra sales tú.
Te doy una canción de madrugada,
cuando más quiero tu luz.
Te doy una canción cuando apareces
el misterio del amor,
y si no apareces, no me importa,
yo te doy una canción.

Si miro un poco afuera, me detengo.
La ciudad se derrumba y yo cantando.
La gente que me odia y que me quiere
no me va a perdonar que me distraiga.

Creen que lo digo todo, que me juego la vida,
porque no te conocen ni te sienten.

Te doy una canción y hago un discurso
sobre mi derecho a hablar
Te doy una canción con mis dos manos
con las mismas de matar.
Te doy una canción y digo patria
y sigo hablando para ti.
Te doy una canción como un disparo
como un libro, una palabra, una guerrilla
Como doy el amor.
.

P.D.: Las locas mariposas han olido el néctar, pero aún no quiero dejarlas volar... Tiempo.

lunes, junio 19, 2006

Flor de la pasión

Es que desde que me diste aquella noticia, amigo mío, me sentí libre, pese a que dolió un poco, ¿para qué voy a mentirte? Pero luego de pensar un rato y darme cuenta que siempre es así y por mí sólo será diferente “aquél”, sonreí, me di un baño con esa tan odiada agua helada (bendición despabilante), y decidí olvidar los pocos miedos que quedaban, pegados como sanguijuelas a mis tripas.

Y mira tú esta sonrisa en noche de domingo, frente a una semana devastadora en el trabajo, que empieza en unas cuantas horas. Pero cada día avanzado significará menos peso laboral, y más cercanía a esos ojos. Es una tierna, tiernísima cuenta regresiva y estoy en batalla personal con cierto escepticismo del que me dejé contagiar, pero que no es mío (muere, “madurez”, que quiero seguir viviendo).


Es bonito sentirse dulcemente tonta (nuevamente)...

sábado, junio 17, 2006

15.06.1980 - 15.06.2006


Mi nombre es "A", tengo 26 años y puedo volar...

lunes, junio 12, 2006

Niños del arenal


Es que no sólo se trata de eso, de que te estás poniendo bien bonita, sino que además te acuerdas de mí, pese a que cuando me viste, hace poquito menos de dos años, eras un ratoncito pequeñito, que apenas si daba saltitos entre rocas y desniveles. Y mira, te acuerdas de mí... ¡Qué linda!
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Miguelito de mi vida, hermanito querido, ya 14 años, y me provocaste mi primera migraña nerviosa al nacer, pedazo de cielo, pedazo de revolución y alegría. Que Dios te bendiga y te ayude a ser lo que quieres ser, lo que te haga feliz. Te doy todos los colores del mundo, todo mi amor y una promesa de 7 días andando rumbo a Ayavaca. Si no es este año, será el próximo. Yo cumplo, palabra de hermana mayor.
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¡Feliz cumpleaños, mi hombrecito! Todos los colores en mis ojos para ti.

sábado, junio 10, 2006

Pincel azul grisáceo

Ámame, como amaste al sol, antes de morir carbonizado, ojos asesinos. Sólo entonces merecerás mi amor, porque habrás compartido mi dolor.

No me engañas tras esa sonrisa dulce y el carmesí de toda tu piel, tornándose tal a mi lisura y cuestionamientos.

Estás, estás, siempre estás. Sabes cuándo, cómo, dónde estar, aunque en tu lado sea ya de madrugada, sea ya un nuevo amanecer y quién sabe qué estarás haciendo, o pensando, o queriendo de verdad.

Tu historia es tan familiar, ojos tristes, y mi miedo aún es tan vívido, que quisiera no estar donde estoy, sino muerta, sino inconsciente, sino en un cuerpo distinto, con otros recuerdos, no los míos, no yo.

Nuevas dudas en mi corazón, nuevas preguntas locas y esperanzas insanas. Tu historia es tan familiar, pero tú eres tú, otro… ¿Y crees que eso me importa? A veces sí, a veces también, a veces lo olvido.

Estoy muriendo de frío, ojos dulces, y ese color de tu mirada congela mi garganta, pero, estúpidamente, reconforta mi corazón y mis alas.

No quiero saber quién eres. No quiero quererte, ni quererte más. No quiero que existas, no quiero tu amabilidad, ni tu atención, ni tu amistad, ni tu dulzura, ni tus llamadas, ni tus sueños, ni tu bondad, ni tus recuerdos, ni tu virilidad, ni tus cuidados, ni tus libertades. No te quiero en mi camino (¡fuera de aquí!). No te quiero en mi horizonte, ojos de cielo.

Tengo miedo… ¿Quieres querer mis miedos? Vete. O quédate. Ve tú, es tu problema. Yo no quiero, porque tengo miedo, más miedo que nunca. Ve tú, evalúa tú si te conviene, si es bueno para ti. Si me escoges, no te quejes. Si me escoges, no me infravalores. Si me escoges, no me compares. Si me escoges, no me hagas vivir de tu pasado. Si me escoges, no me hagas daño.

Si me escoges, no querrá decir que te escogeré yo. Ahora lo sabes bien.

viernes, junio 02, 2006

Imperdonables

Me juzgaste, te juzgaré…
So I dub thee unforgiven…

Estaba pensando en aquella época en que, gracias a muchos recursos estilísticos de “anti moda”, pude disimular en la adolescencia lo triste que estaba por dentro, con un aspecto rudo e insondable, que un hombre quien dijo quererme alguna vez, simplificó en una sola expresión despectiva y “madura”: “eras una gordita amargada, mal vestida, que andaba por ahí pateando bancas”.

¿Por qué estaba triste? Sería bueno no recordarlo, sin embargo, ha quedado clarísimo en mi memoria. Pero está bien, pues desde esta perspectiva, puedo evitar ser dura conmigo misma. Sé que no tuve otra opción. O tal vez sí, pero no habría dado como resultado lo que soy ahora.

No me interesa contar los detalles y maldades externas que me convirtieron en una amargada de 17 años. Sólo sé que me propuse no querer, salvo a mi familia. A estas alturas, hace algunas semanas, he pensando en recuperar aquella fuerza para no amar. Ni modo, ya crecí e involucioné. Soy “adulta” ahora y mi corazón loco no tiene arreglo.

Pero sentí nostalgia el otro día, de mis discos empolvados que no puedo oír porque el “mini” de toda la vida, la dulce Diana, no funciona más (y nunca me guardo dinero para hacer un último intento con ella). Recordé mi banda sonora de entonces, cuando pensaba indiscutiblemente que no bastando con ser la chica más fea del mundo, era también la más culpable de todos los pecados, pues entonces, ¿cómo justificar toda la maldad que debí descubrir siendo una niñita?

Si comparo mi experiencia con otras, sé que no fue la peor. Sin embargo, fue feo para mí, y era de esas que cuando hacían algo mal, previa explosión paterna, se escribía insultos en el estómago, los brazos o las piernas, con una navaja de lápices nuevecita.

Solía estar siempre triste por entonces. Gracias a Dios existía la música.

Podía escribir y dibujar todo el día, soñando con historias de amor, erotismo, muerte, poca cosa. Aún conservo los rostros de quienes imaginé mis amantes y compañeros, únicos en mi soledad insondable de adolescente inadaptada. Aún a veces recuerdo un nombre adorable e inexistente, cuando el corazón duele, y lo digo en voy alta, añorando.

Gracias a Dios existía la música.

Yo era imperdonable y oía y veía de eso una y otra vez, de hombres que confabularon para encerarlo en un pozo de concreto, con un oso de felpa y un violín. Del niño que empieza a construir su sepulcro desde que descubre cuál es la única salida; que siendo adulto, continúa su trabajo, y escribe su soledad en las paredes con un cincel; que siendo viejo, se daña las manos y pasa su sangre por todas las letras en bajo relieve, prepara la puerta de su tumba, la cierra con llave, mira el sol que entra por el agujero que dejó en la pared su lápida. Muere.


Extraño… Hace mucho no oía la “guitarra orgásmica” de Hammet, en el solo más emotivo del imperdonable, “The Unforgiven”, lo que creí ser en algún momento. Gracias a Dios existía la música, o habría enloquecido de verdad, tal vez muerto, o tal vez sólo habría sido una linda adolescente obediente y ya estaría convenientemente casada con un chico bueno y decente. Tal vez sería tan feliz como aquella “alter ego” lo habría deseado. Yo, no tanto, porque ahora soy feliz (aunque a veces se note muy poco).

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Si yo me sentía imperdonable por mis pesares, ahora que te conozco y sé, ¿podré(mos) evitar que lo seas tú, que sólo tienes un corazón limpio y “no encajas” en este mundo, donde vives contenta y anónima?