miércoles, marzo 29, 2006

Contaminación ideológica


Hace como un par de meses, a través de muchos medios, algunas personas “mayores” se hicieron cargo de mostrarme, con un gran golpe en la nariz, la inutilidad de mi trabajo y la estupidez con matices redentores que significaba mi decisión de trabajar en temas de desarrollo rural, para colmo, en provincia.

Adultos “viejos” de todo tipo (entiéndase “viejos” por “expertos”), con agresiones que nunca fueron tales, y por supuesto, sin ninguna mala intención. La más dolorosa fue decidir sobre la voluntad de alguien a quien quiero, que acá en este pueblo nada bueno había para él. Eso, por ejemplo, no venía claramente contra mí, es más, nunca fue contra mí…

Esta acción fue la primera de muchas, que llegaron tras otra, tras otra, tras otra. De pronto sentí que estaba tan desubicada y sin futuro, como al graduarme de la universidad, con muchos murmullos y gritos rondándome la cabeza, haciéndome sentir claramente culpable por “desperdiciar mi vida” en un trabajo “mediocre”, con “gente de poco nivel”.

Mi amiga Lucía, por ejemplo, al contarle triste que mi enamorado se iba a Lima, me llamó la atención por lo egoísta que estaba siendo, ya que “alguien como él no tiene futuro en Piura, pues este pueblo no ofrece oportunidades para los profesionales inteligentes. Más bien tú deberías estar pensando en irte también, conseguir un buen trabajo allá, porque una mujer preparada como tú no puede condenarse a quedar en provincia”.

Primera norma de esta separación: Lima está bien para él, Piura está mal. Si deseo que esté en Piura, conmigo, seré egoísta. No debo ser egoísta, no si lo amo.

Empecé a asumir con amargura esta idea, más por conveniencia que por convicción. Una vez dentro de mi estómago, el tema de la separación tendría sentido. Por supuesto, algunas demás personas opinaron igual que Lucía, o parecido, y eso empujó a la fuerza, y sin bulimias que valgan, la tan rechazada verdad centralista. Ni modo.

Pasé una semana en Lima, en febrero, coordinando actividades de mi trabajo. Es algo que puedo hacer sin problemas, y que seguiré haciendo mientras duren algunos temas. No me da miedo la gran ciudad y me encanta la enorme oferta de capacitación y experiencia que ofrece, y que no hay en Piura, qué lástima. Hay que reconocer lo reconocible.

Sólo por una maestría, me iría para allá en mi actual condición (igual que me iría a España, si pudiera). Pero claro, si me quedo sin trabajo, la situación apremia y es menester que esté allá, lo hago sin pensarlo casi, pues hay deberes y responsabilidades familiares a las que no puedo faltar.

Mientras no ocurran imperiosas necesidades, no me movería de Piura, pensaba ingenuamente, pero aún así aproveché para dejar algunos CV’s, cosa completamente legítima, y conversar con personas del mundillo del desarrollo social (más burócratas que otra cosa), a ver si a lo mejor, una vez acabado mi contrato por estos lares, me “abría” y buscaba algo por la capital.

Pero claro, por un momento me detuve a pensar en mi móvil: ¿por qué quiero irme a Lima, si había decidido quedarme en Piura? ¿Por qué salir de un trabajo bueno? ¿Por qué, si aquí mismo puedo conseguir otra cosa, en caso de aburrimiento justificado? ¿Desde cuándo estoy pensando en irme a Lima?

La respuesta fue tan obvia como contundente: desde que mi novio está allá. Genial, genial, genial, nuevamente la niña tonta está pensando en girar completamente el curso de su vida por amor a un hombre. Pero claro, ahora no se trata de agarrar una mochila y largarme a tontear por el sur de Francia, aprovechando la beca de estudios. Tampoco es una de mis usuales excusiones a la montaña, no señor…

Se trataba de un cambio de caminos, de objetivos, de metas. No habría sido tan fácil perder de vista las gratitudes y buenos tratos de la gente con la que trabajo, si no hubiese estado tan bombardeada por ideas progresistas acerca de la capital, su abanico de oportunidades y lo poco que vale la pena quedarse en provincia.

La familia “limeña” de mi enamorado, a veces, se entrometía, sin querer, preguntando cuándo me mudaba yo a Lima. Respondía que tal vez a fin de julio, que no sabía, que en fin, ya veríamos. No era la mejor respuesta que pude haber dado, pues tendría que haber defendido más firmemente mi posición e individualidad (ya que hablamos de desarrollos personales).

El colmo fue cuando una prima suya me dijo por msn: “Angela, yo no le veo futuro a tu relación a largo plazo, si no te vienes a Lima a trabajar”. La verdad es que me asusté con esa afirmación tan imprudentemente lanzada, y entré en una de tantas crisis de pánico que empezaron desde que me supe enamorada otra vez, condición que tantas penas me ha traído SIEMPRE.

Intenté ser diplomática, le dije que eso iba a depender del lugar donde él consiguiera trabajo luego de las prácticas, que bueno, ya se verá…

Pero entonces mi organismo recordó antiguos estados bulímicos, emocionales y físicos, y empezó la falta de apetito y la rebeldía a tragarme todas esas ideas, sin importar qué quiero, qué pienso, qué espero, qué necesito yo.

Sin embargo, había perdido el control de las cosas, al nivel de ni siquiera poder hablar del tema con mi enamorado, sin morirme de miedo. Simplemente quería no sufrir más, no pensar más, no tener por qué carajos estar metida en este tema, y preferir un coma inducido, o algo así, para despertar cuando ya no me sea posible recordar nada.

Traté de recuperar mis propios motivos de existencia: me gusta el trabajo que hago, soy feliz en él. Amo a mi enamorado y lo extraño, pero no voy a cambiar el rumbo de mi vida si él mismo no tiene definido el suyo. No me voy a MUDAR a otra ciudad sólo por estar con él, además porque a mí me significaría alquileres, búsquedas y sacrificio por varios años, porque a nadie le conviene tener en el CV empleos de 3 ó 4 meses…

Si me voy a Lima, pensé, me iría a vivir, no menos de 3 años. No es un juego, no es un final feliz de historia de Corín Tellado, no es una decisión simple, inspirada por una serie de sentimientos bonitos. ¿Y si me quedo desamparada?

Decidí que sólo iría a Lima, o a cualquier otro sitio, con algo bien seguro bajo mis pies (insisto, salvo que la necesidad sea apremiante), y porque sería lo mejor para mí como persona, en lo que se refiere a formación profesional. En Sullana, que está tan cerca de Piura, vive mi madre y a ella le ayudo con mis hermanos. Padre muerto. Tengo prioridades. Te quiero con todo mi corazón y me encantaría compartir contigo todo lo que tengo, pero siempre habrá más personas que necesitarán de mí.

Entonces, no me voy a Lima, al menos no por ahora. Dolió mucho tenerlo así de claro, sobre todo por él. Pero él puede venir a Piura…

Y volvió la idea del egoísmo y la falta de oportunidades.

Me sentía tan culpable de no hacer las cosas bien, que recurrí, pensé yo, a la única persona adulta que no iba a juzgarme: un amigo sacerdote. Esta fue su respuesta:

“Hay que aceptar una realidad: hoy por hoy, y hasta que este país no cambie (cambiará, pero cuesta tiempo) Lima es Lima y provincias, provincias. Verdaderamente tu proyecto profesional está en Lima. Ya sé que por tu carácter te encuentras más cómoda agarrando una mochila y yendo a caminar por cerros y pueblitos rurales. Está muy bien, no cambies en eso; es tu carácter y eso es muy bonito. Pero también es cierto que he conocido en Lima profesionales exitosos, de primera línea, provenientes de sitios apartados de la selva y que seguían soñando con la selva. Incluso se llevó allí a su miraflorina esposa, con todos los sustos por su parte ante cocodrilos y sapos gigantes. Y se querían muchísimo uno al otro…

… Yo también te haría la misma pregunta que te hacen ellos: "Angela, ¿cuando piensas irte a Lima?" ¿Dónde está el 80% de los egresados de la udep? En Lima. Y los que tienen mejor expediente y más capacidad, están en Lima o el extranjero el 98%. ¡No te asustes de Lima! Tarde o temprano vas a ir allá. Es lógico que su familia jale a tu enamorado para Lima. Allí está su futuro profesional, en Piura no. Nos guste o no es así.”

Luego de esto, me he sentido la mujer más egoísta del mundo. No puedo cortarle las alas. No puedo obligarlo a vivir en una ciudad que, si bien es cierto, lo hace feliz, no le dará los medios necesarios para realizarse y ser el gran hombre que va a llegar a ser. ¿Quién soy yo para impedir que sea mejor de lo que será aquí?

El fin de semana lo pasamos juntos, vino a Piura. Está contento con sus prácticas en Lima, dice que hasta julio es inevitable quedarse allá. Mientras tanto sigue buscando trabajo, en donde sea, pero de preferencia en Piura y alrededores.

Entre reuniones familiares conocí a un tío suyo, también sacerdote. Me preguntó si yo tenía planeado irme a Lima. Le dije: “No, tengo trabajo acá”.

Él respondió: “Claro, y estás bien en ese trabajo, me cuenta mi sobrino. Él se quiere quedar en Lima hasta julio, después de eso seguro regresa a Piura. Está contento contigo”.
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Me gustó poder decir tan claro lo que quería. Pero seguí sintiéndome egoísta, sobre todo cuando escuché a mi enamorado contar las cosas nuevas que estaba conociendo, la ropa, las tías regias, la vida cultural…

Ayer conversábamos por msn. Me dijo que uno de sus mejores amigos, acá en Piura, le estaba proponiendo trabajar en Paita (puerto internacional, ciudad pequeña, cerca de aquí), a partir de agosto de 2006. Quizás él esperaba que diera un salto de alegría y le animara, pero no fue así.

Sentí helarse mi espina dorsal y una punzada aguda en la garganta… ¿Paita? ¿Y qué harías tú en Paita? En Paita no podrías vestir bien, ni conocer la cantidad de cosas alucinantes que hay en Lima, ni tener las mismas oportunidades… ¡Además, te insolarías al segundo día! Créeme, amor, que sentiría tanto dolor de verte “atrapado” en Paita, como el que siento de ver a mi lechuza luchando por salir de su jaula…

No sé qué diablos ha pasado conmigo. Él se molestó, sigue molesto, me ha pedido conversar sobre mi reacción una vez que me la piense bien, pero yo no quiero hablar de nada, no quiero nada. No entiendo qué extraño gusano me está carcomiendo los sesos, ni dónde se ha ido mi afán de luchar por los derechos humanos, ni mi amor por mi tierra. Me duele y me resulta difícil ver las cosas con un panorama más amplio.

¿Será que estoy demasiado agotada? ¿Que ya hice callo o que de tanto rasguñón, mi corazón ha llegado a no sentir nada? No sé, no sé, pero me he asustado de mí misma el día de ayer.

jueves, marzo 23, 2006

Mochuelo


No le he puesto nombre, porque no es mía. Esperaba que pudiera aprender pronto a comer sola, y que le crezcan las plumas de las alas, para que se vaya lejos, encuentre otras lechuzas y siga las leyes de su especie.
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No nos llevamos bien: yo la alimento, pero a la vez la retengo en una jaula. Ella come y se quiere ir.

Me la regaló hace poco un amigo, recién rescatada del apetito voraz de un grupo de avecillas cantoras. Imagino que, con lo inquieta que es, se habrá aventurado a revolotear fuera de su nido, y casi le cuesta la vida la travesura.

Es un “mochuelo peruano”, no crecerá más de 15 cm. (ahora tiene 9 cm. de estatura). En estos días tiene la penosa misión de hacerme compañía, aguantando con eso mis días de largo en la oficina, mis atenciones de 20 minutos y mi habitual tristeza.

Lo cierto es que le he tomado cariño, pese a los picotazos y a su poca receptividad. Entiendo y apoyo esa actitud rebelde, es un ave silvestre, permanecer en esa jaula es por completo antinatural. Me duele verla allí, pero me dolería más soltarla ahora, con las alas mochas (no se las corté yo… ¡jamás lo haría!) y sin poder destrozar por sí misma sus bocados de carne. Se la cenaría algún gato, o incluso alguna de sus parientes más grandes, que anidan cerca de mi casa.

Me duele saber que el único ser que está cerca de mí ahora, que espera por mí y que no se va, permanece a mi lado porque está enjaulada. Habla claramente de lo que entendí por mi realidad, hace algún tiempo.

Anoche, mientras lloraba por sentirme sola y sin mayor explicación, ella detuvo sus ímpetus de fuga y me miró por largo rato. No sé si habrá entendido los ruidos raros que hace esa criatura enorme que la tiene cautiva, no sé si habrá entendido que repetía, una y otra vez, quiero a mi mamá, quiero a mi mamá, quiero a mi mamá, quiero a mi mamá…

No sé cuánto tiempo lloré, ni a qué hora me quedé dormida. Pero la pequeña lechuza se mantuvo quieta en la jaula, hasta esta mañana, que no aguantó el hambre y otra vez a protestar y revolotear lo más que le dejan los barrotes.

A veces la suelto en mi sala, para que no pierda la costumbre de estirar las alas y querer salir de allí. Tiene que irse, no debe quererme. No soy la mejor compañía del mundo, eso lo saben bien los ausentes. ¿De qué me quejo? Soy yo la que escogió estar sola, ¡qué diablos! Yo soy la que escogió vivir separada de mi familia, de mi mamá… de la única persona que no me va a dejar, hasta que me muera.

Los seres humanos somos criaturas muy estúpidas…

Que tus alas crezcan pronto, pequeña, para que seas libre. No aprendas nada de mí.

sábado, marzo 18, 2006

Amigos míos


Quiero escribir un post, dedicado a los dos chicos que más quiero en el mundo (además de mis hermanos), pero veo la imperiosa necesidad de retroceder, para ello, un año y medio por lo menos. Así lo haré.
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SETIEMBRE 2004
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Angelito y David, en mi oficina, antes de que a ambos se les diera por cuidar sus niveles de colesterol y ponerse a dieta, en setiembre de 2004.

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Ángel y David, los conocí juntos, en el ’98, y pese a que me cayeron espesos (sobre todo el exhibicionista de las patillas), me gustó que fuesen descaradamente antipáticos, pues brillaban como joyas enterradas entre la hipocresía y la “diplomacia social”.

En ese entonces, segundo año de universidad, yo procuraba no ser amistosa con nadie. Un par de chicas agradables e inteligentes, y un interesante fumón buena gente, constituían todo mi grupo social. Del colegio y corta vida, en cuando a amistad, había sacado una poderosa lección: que no hay que confiar en nadie.

Era usual encontrarlos en una banca, rodeados por algunos amigos y amigas fieles (entre ellos el buen Nikki, otro chico valioso), y ver pasar por su lado a gente que, al escuchar sus conversaciones, aceleraba el paso con ojos desorbitados, totalmente escandalizada.

Supe en algún momento que esta tendencia a espantar a las personas era totalmente conciente, obedeciendo a algún prejuicio elitista, de andar sólo “con los más listos”. Insospechadamente, no eran un par de nerds, sino más bien muchachos con fama de librepensadores y hasta bohemios (¡já, bohemias, mis polainas!), que acabaron formando, junto con un profe egresado de La Católica y algunos chicos y chicas más, el primer club dedicado a estudiar y hacer literatura en la Udep (Taller de Creación Literaria).

Para ser fieles a la realidad, nunca pertenecí a su grupo de salidas, “chupetas” y poesía, pero casi sin darme cuenta, se convirtieron en un punto inevitable en donde podía detener mi paso, conversar y pasar un rato bonito.

Así, sin pensar, fue surgiendo cariño y muchísima confianza. Seguía sin compartir sus reuniones, pero me invitaban a alguna presentación, o coincidíamos en proyecciones de cine, talleres en la Alianza Francesa, teatro… Claro, dada la frecuencia con que este tipo de cosas ocurren en Piura, he de decir que nos veíamos poco en la calle, más bien siempre nos cruzábamos en la universidad.

Sin darme cuenta, empezaron a invitarme a sus cumpleaños. Casi nunca iba, por antisocial, por tonta o qué sé yo.

Un día, ellos y una amiga mía, aparecieron por mi casa en Sullana, con una torta, para celebrar mi cumpleaños. Papá y yo debimos salir a filmar ese día, así que hubo un cruce espectacular, y nunca nos vimos. Todavía les duele “la torta despreciada”.

Lo que era muy raro es que muchas personas pensaban que ellos y yo éramos íntimos amigos, porque siempre nos veían juntos. No lo éramos y, como dije antes, solíamos estar juntos en la Universidad, pero no mucho después. Ahora no consigo recordar cuál es la primera fiesta en la que coincidimos los tres (¿la hubo?).

Una vez, un chico que viajó conmigo de Piura a Sullana, me preguntó si Ángel y yo teníamos “algo” (somos bastante parecidos, no sólo de nombre, sino en actitudes generales). Le dije que no… y completé: Ángel es acogedor y me nace quererlo mucho. Quien podría decirte que me gusta un poco es David, pero es a ratos, luego se encarga de tirarme la fantasía de un manotazo, con lo bestia que es. Además, tiene enamorada, así que ni hablar…

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María Esther, Erika, Yo (ocupando la silla del Rector), Ángel y David, en foto para la posteridad, después de mi ceremonia de graduación.

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Siendo "nosotros mismos", en mi fiesta de graduación. La pequeñita es Fiorella, otra buena amiga.
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En casa me habían “prohibido” tener enamorado durante la secundaria, y ya estaba tan acostumbrada a no complicarme la vida con esos temas, que seguí igual los tres primeros años de universidad. Sin embargo, algún muchacho llegó a gustarme (y muchacha, porque además estaba en período de “indefiniciones”).

Porque vivía en Sullana y era más “parecido a mí”, me acerqué más a Ángel, “mi Angelito”, a quien, de no haberme curado en la adolescencia de este tipo de lenguaje, podría calificar de “mejor amigo”… No, mejor parafrasearé a Forest Gumm: Angelito es mi muy amigo más querido.

Recuerdo tardes interminables los domingos, en su casa, haciendo de todo, ¿total? Nunca nos aburríamos. David siempre estaba, de todas maneras. Era tan bienvenido en casa de Ángel como un hermano más, y en los cumpleaños nos entramábamos en conversaciones que parecían no tener solución. Son recuerdos llenos de luces, música y alegría.

Cuando estuve en el extranjero, un año, no me comuniqué con ninguno de los dos, porque estábamos “peleados”. Antes de irme, David hizo alguno de sus “caballazos” y Ángel lo secundó. Me molesté con ambos. Hace algunos meses supe que me habían organizado una fiestita de despedida, a la que nunca fui, porque no supe que existía.

A mi regreso, todo volvió a ser bueno. David seguía con la enamorada de toda la vida, Ángel seguía fanatizado por “X Files” y los animes, yo seguía enamorada del chico guapo que a veces pasaba por nuestra banca, y nunca me miraba.

Entre tonterías y último ciclo universitario, a punto de pasar por un terrible “síndrome del graduado”, empecé a valorar aún más la compañía de estos chicos, de los cuales sólo sabía lo poco que me había esforzado por aprender. Ángel era realmente un amigo de los mejores, y siempre estaba allí para escucharme, sobre todo luego de alguna decepción amorosa.

David, en general, era bastante más arisco a todo, al menos así lo sentía yo, pero nunca dejó de brindarme su tiempo. Sabía que podía recurrir a cualquiera de los dos cuando quisiera hablar o despejarme de cosas no tan buenas, disfrutar la música con la que crecí, estar bien.

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Ángel, hace poquito nomás, pretendiendo que mi pequeña lechuza suba a su pie (nótese la mancha crema y marrón al lado se su zapato).

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David, en una reunión con amigos, hace un par de meses (ignórese por completo mi marcado interés en sacarle fotos sólo a él).
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He llorado mis penas de amor en los hombros de ambos (sí, a veces me daba la impresión de sólo buscarlos cuando estaba triste, sobre todo a David). Ambos, pese a mis ingratitudes, siempre me acogían y reconfortaban. Es un poco difícil explicar, pese a mi emoción al escribirlo, cuánta confianza sentía con ellos y cuán segura estaba siempre de estar bien si alguno andaba cerca.

No, no éramos íntimos, pero sí amigos. Y ahora que he tenido que pensármelo, me doy cuenta que he sido afortunada por haberme cruzado con este par.

MARZO 2006…

A veces, cuando debo caminar por los pasillos de la Universidad, los extraño. Ángel aún anda por aquí. Luego de tratar de pasar (sin regurgitar) la carrera de Derecho, que nunca le gustó y no sé por qué mala influencia la escogió, decidió cambiarse a Comunicaciones. Le va muy bien y se le ve en su salsa, “como pez en el agua”. Seguimos siendo muy amigos, aunque con menos tiempo para estar juntos. Él refuerza todos mis recuerdos más bonitos de niñez.

David terminó Derecho, está en Lima, haciendo prácticas y buscando su propio trampolín a la independencia. Espero que lo encuentre pronto, y que además le guste mucho. Con él está un pedazo muy grande y vital de mi corazón.

viernes, marzo 17, 2006

Momento vacuo


Yo creo... no, no creo, ESTOY SEGURA de que si existe el infierno y en él gobierna un Satanás, tiene que ser parecido, si no igual, igualititíto a este hombre... ¡Simplemente hermoso y completamente asexsual!
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Bueno, y así con las criaturas etéreas. Pero he visto en un vídeo en concierto, donde le hacen un close-up mientras grita el final de su canción, una amalgama de curación de caries... ¡Es humano!

jueves, marzo 16, 2006

¿Abdicar?


Anoche mi avecilla se dejó acariciar por un rato y eso me hizo feliz. Una amiga estuvo conmigo hasta la madrugada, procuré no llorar, ni hablar de temas tristes, sino de sueños, de Munich, de cosas que dejo de lado y otras que me asustan, pues podrían obligarme a optar por un cambio en mi vida que ya había descartado.

Me pregunté por qué dejar lo que me ha costado conseguir, si será para vivir un sueño que no es mío, y en el cual soy constantemente violentada.

Quise vivir en un lugar con éste, con todos los colores del mundo, y ser feliz en compañía del cielo.
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Soñé que moría, pero no fue verdad. Desperté con fiebre, pero no había dolor mientras me mantuve horizontal. Cuando me puse de pie (debía alimentar a mi mascota), sentí una punzada en el pecho que produjo todas las lágrimas tontas que se pueden llorar al amanecer, y me di cuenta de lo débil que mi cuerpo estaba.

Ahora, simplemente, me pregunto: ¿Merecemos esto?

martes, marzo 14, 2006

Una simple catarsis

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He aprendido a convivir con personas de todo tipo, y a mantener mi adquirido cinismo en constante movimiento, como lagunas de oxidación, para que toda la caca que asimilo no acabe pudriéndose, y engangrenándome el criterio, hasta dejarme completamente sin conciencia (es decir, para no acabar “madurando” tal como lo han hecho muchos “adultos” a mi alrededor).

No entiendo cuál es el sentido de tener como socio estratégico de un proceso de desarrollo a una municipalidad y su alcalde. Es decir, de poder se puede, pero tendríamos que tener garantía de la completa despolitización de la autoridad edil de marras, lo cual es casi imposible. Tampoco entiendo por qué todos los líderes que uno encuentra en el camino, tienen aspiraciones de gobierno.

Por último, no entiendo el criterio de selección que han tenido mis colegas con los líderes locales, pues casi todos están enmarañados en conflictos de intereses personales, políticos, económicos, dimes, diretes, y un súper largo etcétera. Puedo contar con los dedos de una sola mano mutilada a las personas que no quisieran ser alcaldes o ganar dinero, luego de sacar adelante algún proyecto de desarrollo… ¡En todo un distrito!

Bueno, quizás sea mi falta de experiencia lo que me hace hablar así, pero la verdad es que al primer favor político/económico que me pida un buen funcionario municipal, incluso hojas para sus impresiones, le retiraría muchas responsabilidades (y confianza). Si esperan asistencialismo, pase y sirva como antecedente, pero que yo lo promueva, que parte de mi estrategia de intervención sea dar regalos o comida, para comprometer a la gente a participar en actividades que, a fin de cuentas, son para su beneficio, no sé, me parece sumamente, eh… indecente.

Quizás estoy fantaseando, pero tal vez sea mejor si uno dedica más recursos humanos al tema de la sensibilización, personas buenas, que sepan escuchar y que gusten de compartir y conocer comunidades, convivir con ellas, establecer vínculos de amistad, tener la buena educación de interesarse por la cultura local, de respetar las costumbres y tradiciones, saberse los nombres de los vecinos (yo no me los sé completos), sin meterse en chismes de pueblo chico, claro está…

Hace falta preparar bien al personal que sale al campo, capacitarlos para ser buenos visitantes, buenos vecinos, buenos amigos, en fin, GENTE. Hace falta, además, tomarse un buen rato (quizás 4 meses, si Dios quiere y la Cooperación Internacional nos lo financia) para conocer la comunidad, apropiarla y aprender a respetarla.

Pero no, se tiene que hablar directamente con el alcalde, porque él es el jefe de todo (aunque los Tenientes Gobernadores de cada caserío representen al mismísimo Presidente de la República) y a él hay que rendir cuentas y ofrecer beneficios, casi siempre políticos, para que se le dé la gana facilitarnos la vida en SU zona.

A veces el alcalde entorpece las cosas, porque tiene mil cosas más que hacer además de formar parte del “equipo”, pero, fuera de esos inconvenientes, colabora. Pero tiene más gente a su alrededor, asesores, buenos o malos, pésimamente preparados, con mucha experiencia de trabajo, eso sí, pero además con unos egos tan, pero tan grandes, que nuestro trabajo (al menos el mío) parece reducido a lamerle los pies y darle siempre por su lado. Y bueno, con parte de nuestro bonito grupo laboral haciendo eso todo el tiempo, ¿qué se le va a pedir a una de las trabajadoras más mocosas?

Y así en todo, incluso a la hora de armar una presentación ante el M.A., filial "Canas". Veo que mi colega ha dado 15 minutos de espacio a un alcalde, para las palabras de bienvenida, otros 15 minutos al que presentará las actividades, 15 minutos más a otro alcalde, para que presente nuestro Programa y 20 minutos a uno de los jefes de la citada municipalidad. Luego de eso, no define tiempo, pero quedan 5 ponentes más: un técnico de campo y 4 agricultores. En la agenda sólo dice: a partir de las 10.35, hasta la 1 de la tarde, incluida la ronda de preguntas…

O sea… 2 horas con 25 minutos entre 4 ponencias y ronda de preguntas... ¡Una presentación total de 4 horas y media! Les digo que es demasiado, sobre todo los primeros. Que por favor reduzcan la exposición de los 2 alcaldes, más el jefe, más el representante del ministerio a 5 minutos cada uno, ordenando bien sus esquemas y lo que van a decir. Que el técnico y los productores que vienen después sí van a necesitar más tiempo, que pongamos 20 minutos como tope y los preparemos bien, que las dudas serían respondidas en el tiempo de ronda de preguntas, que para eso está… ¡Que no podemos alargarnos más de 2 horas y media en una actividad de este estilo, y que aún así ese tiempo es demasiado!

Lo dije objetivamente, pero tal parece que ofendí al jefe presente hasta el fondo de su alma. En ese momento me culpó por no saber cómo funcionaban las cosas en campo, y nunca pudo ponerse de acuerdo en si porque los agricultores acabarían adueñándose del micro, o hablando cuatro cosas y ya. Le dije que para eso era la preparación. Me volvió a recordar que no conozco a la gente de campo. Me pareció una falta de respeto responderle que tanto como él, al punto de creerlos débiles mentales, no.

Luego empezó a disparatar tratando de explicarme que si quería que reduzca su tiempo a 5 minutos, tenía que preparar el discurso una semana. En cambio, si le decía que hable una hora, no tendría ni que prepararse. Y continuó desmintiéndose a sí mismo, contándome que era importante contar absolutamente todo el proceso de formación de asociaciones productivas, porque la exposición era ante ingenieros agrónomos y ellos no podían quedarse con dudas (y yo, para entonces, estaba preguntándome para qué ajos servía la ronda de preguntas), que era importante dar tanta importancia a la autoridad, como a los agricultores, porque el sistema era circular y no íbamos a dejar claro el mensaje de un distrito fortalecido, si no explicábamos ese sistema, y "perdóname por lo que te voy a decir", "disculpa que te interrumpa", y otras expresiones seudo diplomáticas, mal disimulando una ira que crecía y crecía…

Traté de disculparme diciendo que no quería entrometerme en cosas de especialistas, que ellos conocían mejor que yo los esquemas y contenidos de los que hablarían, que sólo les estaba pidiendo que reduzcan todo a lo esencial, por consideración a los invitados y la prensa, y a nosotros mismos, no nos vayamos a meter en camisa de once varas. Pero nada, inutilidad total.

En aquél momento de la discusión eran ya casi las 7 de la noche, y yo tenía que llevar mi pequeña mascota a casa, a que coma, y recoger una jaula en casa de los padres de mi enamorado (ya les contaré de esto). Entonces, salí incluso antes que mi compañera de equipo acabe de dar la razón a la autoridad política, pero tuve tiempo de notar un desganado “de acuerdo” del jefe, al informársele que su discurso duraría 10 minutos.

Luego de eso, pasé a cosas más importantes para mi vida. Y ya falta poco, ya falta poco, pacieeeeencia…

viernes, marzo 10, 2006

La bendita doble moral

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La hija mayor de una conocida mía, y su enamorado, han decidido desde hace un mes vivir juntos, en casa de él (sus padres viven en el extranjero y no han dado problemas al respecto).

El otro día estuve conversando con una tía de la chica, le contaba que había conocido su casa y a su…

¡Enamorado!, completó ella presurosa, pero sigo opinando que esa no es la palabra correcta que define a un conviviente, con quien además se tiene vida marital.

No quise contradecir a la señora, pero hay una serie de nombres apropiados para definir al “enamorado” de marras:

  • Marido, aunque en realidad la palabra se refiere a “esposo”, en este caso, por uso, podría entenderse como compañero de hogar, con quien se tiene vida conyugal.
  • Pareja, término que, personalmente, detesto usar por lo impersonal e indefinido que suena. Sin embargo, llega a precisar exactamente la situación amorosa-sexual que mantienen dos personas.
  • Conviviente, que semánticamente no llega a ser un término exacto, pues define a “quien vive con alguien”. El término, en sí mismo, no se refiere a alguien con quien se comparte la misma cama, pero sirve según el uso y el contexto.
  • Concubino, que sería una forzada masculinización de la palabra “concubina”, según la RAE: “mujer que vive en concubinato”, lo cual, a su vez, significa: “relación marital de un hombre con una mujer sin estar casados”.

Por supuesto, la “sagrada” institución que es el matrimonio religioso, que no sé por qué tiene que ser dictatorialmente sagrada, antepondría a estas apreciaciones mías, toda la doctrina eclesiástica acerca de la moral, la bendición de Dios, la familia como núcleo irrompible, etc., etc., etc.

Debo dejar en claro un par de cosas:

  1. Según la legislación peruana, a 2 años de convivencia, los implicados, pese a no estar “desposados”, tienen todos los derechos y deberes de esposos que han firmado su correspondiente acta en el registro civil. Los hijos nacidos dentro de la convivencia, sin importar cuánto tiempo lleven en ella, tienen condición de “naturales” y son beneficiarios de todo lo que a los padres les es deber para con ellos.
  2. Para mí, la importancia del matrimonio religioso radica básicamente en prometer ante el ser en el que más crees y al que más amas (Dios, Alá, Buda…) y con la venia de un anciano sabio (el sacerdote, el rabino, el shamán, el pastor…), que amarás y serás fiel por siempre a un ser humano, con quien tendrás y criarás hijos, y compartirás alegrías y tristezas.

Pienso que es muy valioso que dos personas puedan llegar a este nivel de compromiso. Realmente, de manejarse con total franqueza, esto de matrimoniarse ante toda la comunidad tiene que ser una muestra muy grande de amor.

Con esto estoy tratando de remontarme al matrimonio en el sentido más tribal, creado por sabiduría humana, quizás inspirado por la divinidad, pero, a fin de cuentas, un modo de organizar la sociedad y asegurar la supervivencia de los nuevos seres.

Claro, es cuando el humano empieza a pensar, que las cosas se complican. Pero la estructura familiar sigue siendo animalmente instintiva, gracias a Dios: las aves y los mamíferos marinos viven en pareja, hasta que la muerte los separa, y crían juntos a sus hijos. Algunos mamíferos terrestres viven en manadas, para proteger su especie y equilibrar el número de machos y hembras necesarios, que aseguran la supervivencia.

Las madres mamíferos crían a sus hijos, hasta que éstos pueden vérselas solos. Luego, los echan de su lado a dentelladas o coletazos, a que busquen su propio grupo y formen su propia familia. Ese chip valiosísimo, el instinto, es el que, de tanto pensar, hemos acabado despreciando, desobedeciendo y, quizás por eso, enredándonos la vida y buscando felicidades cada vez más intrincadas.

Las exigencias sociales, por supuesto, nos obligan a adoptar conductas y pareceres. “Al César lo que es del César”, dijo Jesucristo, en una memorable lección de convivencia (literalmente hablando) pública. Ante el lugar en que hemos venido a parar, no podemos hacer nada más que adaptarnos, sin perder nuestra individualidad (Dios, credo, metas, ideales, personalidad).

El conflicto sexo-género también procede de esta convención social: en la Francia de los Luises era perfectamente masculino usar maya, pelucas elegantes y maquillaje. Los habitantes del Tahuantinsuyo no usaban pantalón, y se forraban las piernas cuando hacía frío. Este es un tema que pienso tratar más adelante, pero sirve para ilustrar la idea.

Durante muchos años, la virginidad de la mujer antes del matrimonio ha sido símbolo de pureza, decencia y dignidad. Los reyes antiguos que impusieron esta exigencia en sus futuras esposas, realmente querían asegurar que ellas no vinieran embarazadas de otros. Ya en sus casas, sería fácil vigilarlas… ¿Alguien dudaba del machismo del himen intacto?

Sigo: luego de inquisiciones, cismas, cristiandades y otros (porque hablar de los abusos cometidos por todas las religiones del mundo, nos llevaría la capacidad entera del blog), quedó claro en las sociedades más conservadoras que la virginidad de una soltera la hacía noble y buena.

No se trataba de elección, de higiene, de salud, sino de calidad de persona. Y claro, la niña virgen tenía que llegar así al matrimonio, o podía ser repudiada por el santo varón con quien contraía nupcias. Sólo esta idea cruel de la virginidad me sirve para comprender el ruido que, durante los últimos años, han hecho los partidarios de la revolución sexual… ¡Claro, es que era una verdadera represión!

A estas alturas, ya me encuentro ante una sociedad que se hace de la vista gorda ante el “pecado”, pero no admite el “escándalo”. Y el escándalo consiste en hacer el amor a libre elección, tomando todas las precauciones del caso y con quien se te dé la gana, sin morirte de vergüenza. Muchas personas (entre ellos, cantidades de padres y madres de la generación de los míos), no se hacen problemas si imaginan que sus hijos tienen relaciones sexuales, ¡pero que no lo lleguen a confirmar!

Por supuesto, es difícil tener las cosas claras. Los jóvenes lobeznos no se reproducen hasta después de haber pasado un buen tiempo solos, a la de Dios, luego de que la madre los expulsara de su seno y su cuidado. Tendría que ser similar con los humanos, desde mi punto de vista. Pero como todo, la idea del sexo libre se ha enviciado, llenándose de permisivismos, ansias de placer y poca claridad para tomar decisiones.

Definitivamente no puedo decir que antes fue mejor, pues gracias a este tan rememorado “antes”, muchas enamoradas perdonan a sus novios el ir de putas, porque “esas mujeres son para eso”, y muchos novios fieles y formales van de putas, porque “esas cosas no puedo pedirle a mi enamorada… ¡A ella la respeto!”.

Entonces, ¿cuál es el pecado de la chica citada a inicios de este post? ¿Vivir con un hombre sin estar casada? ¿Que todo el mundo se imagine que tienen relaciones sexuales, sin estar casados? Yo veo a la convivencia como una complicación más bien legal, pues debido a la informalidad, puede generar una serie de infidelidades y abandonos que no sólo perjudicarían a la pareja emocionalmente, sino en repartición de bienes, hijos (si los hubo), seguro social en el trabajo, entre otros (porque, antes de 2 años, la ley no los ampara como familia).

Aclaro: el matrimonio no frena la infidelidad, ni el maltrato, ni el abandono, sino que ofrece garantías materiales más inmediatas al cónyuge afectado, ante la agresión.

Pero bueno, tal parece que la exigencia generalizada es no dar qué hablar. Entonces, valdría que estos dos sigan manteniendo relaciones sexuales a escondidas, poniendo carita de ángel ante papá y mamá, no sólo para que no se lo imaginen, sino para que descarten del todo la idea, ¡porque no, qué horror!

En fin, sin prejuzgar a la familia, entiendo que esto no sea fácil de asimilar de buenas a primeras. Poco a poco…

Por lo visto es difícil ser auténtico sin un toque de sinvergüencería. Personalmente, me caen bien los que no manejan un doble discurso, aunque, debo reconocerlo, a veces es socialmente justo y necesario.

Al César, lo que es del César…

jueves, marzo 09, 2006

La sal en nuestras heridas

HIM lo dijo, y no soy quién para discutírselos… Love is insane!
.
Him - Salt In Our Wounds
.
Aquí estamos
En medio de la tormenta del amor
Esperando por la calma
Para apaciguar nuestros corazones
.
Aquí estamos
Y no sabemos cómo detenerlo
Esperando por la guerra
Que ponga fin a todo esto
.
El amor es insano, cariño
Nosotros también lo somos
Es la pequeña tumba de nuestros corazones
Y la sal en nuestras heridas
.
El amor es insano, cariño
Entonces los somos nosotros también?
Es la pequeña tumba de nuestros corazones
Y la sal en nuestras heridas
.
Aquí estamos
Desde donde empezamos
Esperando por el dulce amor
Con los brazos abiertos
.
Aquí estamos
Justo como antes
Esperando por el calor
De esta tierna tormenta
.
El amor es insano, cariño
Nosotros también lo somos
Es la pequeña tumba de nuestros corazones
Y la sal en nuestras heridas
.

Him - Salt In Our Wounds
.
Here we are
In the maelstrom of love
Waiting for the calm
To soothe our hearts
.
Here we are
And don't know how to stop
Waiting for the war
To end it all
.
Love is insane and Baby
We are too
It's our hearts little grave
And the salt in our wounds
.
Love is insane and Baby
So are we too?
It's our hearts little grave
And the salt in our wounds
.
Here we are
Right back where we began
Waiting for sweet love
With open arms
.
Here we are
Just like before
Waiting for the warmth
Of that tender storm
.
Love is insane and Baby
We are too
It's our hearts little grave
And the salt in our wounds
.
.
_______________
Nota: recordar colocar un radioblog… ¡Angelito, tú eres mi salvación!

martes, marzo 07, 2006

Adrián

Papá siempre amó la música, y atesoraba dos torres de discos de vinil en su rincón de la casa.

Nunca creció, si entendemos por crecer sólo escuchar apasionadamente música criolla, bebiendo cerveza. Él tenía un momento para sí, casi todas las tardes, dedicado a sus discos, ordenarlos, oírlos, limpiarlos.

Aprendí de música con él y mamá, aunque ella siempre fue más clásica. Papá dedicaba su ocio a darnos vueltas por Sullana en la moto, leer, escribir cosas que rara vez mostraba, y soñar mientras pasaba de gaitas a charangos, de naves espaciales en pleno tecno alemán, a señoras chicheras y tíos caimanes, letras difíciles de entender a los 6 años, pero aún así, grabadas en el inconsciente.

Debo decir que tengo un prejuicio respecto al ambiente musical que me hace sentir en calor familiar, por eso amo a Ángel, David, Claudia y Eddy, a sus reuniones y cumpleaños tranquilos, oyendo a Shocking Blue, REM, Dire Strais, U2, Toto.... Crecí con esa música y no es una coincidencia que mis amigos más queridos (no te ofendas por llamarte “amigo”) me hagan recordar mis tardes sentada en el piso, con alguna muñeca, viendo a papá disfrutar de las canciones.

Gracias por la música.

Haciendo un giro brusco y totalmente justificado en este post, quiero compartir con ustedes una canción que, con sólo evocarla, me encuentro sentada en la casita chiquita de la calle Callao, en Sullana, hace casi 20 años.

Bajo su paraguas una tarde gris
A un pequeño parque llegó
Y en un viejo
banco se dejó caer
Y se durmió

Soñó con ser un gran
señor
Soñó con una casa en la ciudad
Y un perro fiel en su jardín
Y una
mujer hermosa a quién amar

Soñó con ser, soñó con ser
Un
ciudadano más

Adrián, Adrián
Un ser humano como los
demás
Adrián, Adrián
Un ciudadano más

Cuando de repente
escuchó una voz
Que le llamaba y se despertó
Y por el perfume pudo
presentir
Que una mujer

Estaba ahí, muy junto a él
Queriendo
compartir su soledad
¿Quién eres tú? Le preguntó
Una mujer del mundo, nada
más

Y la besó, y entre los dos
Formaron un
hogar

Adrián, Adrián
Un ser humano como los demás
Adrián,
Adrián
Un ciudadano más


Papá me contó que el autor, un español llamado José Luis Perales, escribió esta canción desde el exilio, durante la dictadura de Franco. Entonces, trataba de explicarme cuán grande era la patria, cuán libre ha de sentirse un hombre al poder caminar por su país sin sufrir persecución, cuánto vale para un ser humano encontrar la paz de un hogar y un amor bonito. Cantidad de cosas sencillas que la modernidad se ha empeñado en rotular de “mediocres”, pero cuánta felicidad reportan.

He recordado la canción debido al nombre: Adrián se llama la “musa inspiradora” de este blog. Lo inicié hace más de un año, luego de que el buen Adrián decidiera que debíamos romper nuestra relación, porque la lejanía entre nosotros no tenía remedio: él en España y sin ganas de regresar a Perú, yo en Perú y sin ganas de irme.

Creo que le debo un homenaje, pues pese a haber sido un amor trunco, se encargó con buena gana y dulces maneras, de dejarme muy en claro cuál era mi valor humano, de mujer, y cuántas cosas maravillosas merecía.

Imagino que ha pasado a muchas personas esto de encontrar a alguien que traiga el “polvo mágico”, cicatrizante de heridas. Claro, luego se van y dejan un raspón nuevo, pero ya no es mortal…

El tal Adrián es español, y cuando le conocí, en Chalaco (raro, ¿no?), no tenía la más mínima intención de ser amable con ningún hijo de su madre patria, pues ya había conocido a una camada de cooperantes de por aquellos lares, harto problemáticos. Allí tuve a “bien” ilusionarme con uno de ellos, y me creí correspondida, pero… nada, no sólo no era un buen hombre, sino tampoco una buena persona.

Fue en ese capítulo de mi vida cuando sufrí mi primera gran depresión medicada: bajé 5 kilos de golpe, entré en un extraño estado de hiperactividad inconsciente y me dedicaba a juegos riesgosos entre carros y puentes, los cuales me valieron la clasificación profesional de “suicida”. En realidad soy demasiado cobarde y “positiva” para ser suicida. En fin.

Lo más gracioso de todo, ahora que lo recuerdo, es que no quise mucho al chico. Simplemente, me dolió la agresión injusta, agresión de alguien que yo entendía como “bueno”. Y es que si estas cosas no pasan, uno nunca aprende (y es lo bueno, a fin de cuentas).

Un año después, conocí a Adrián, y lo traté con prejuicio y generalidad. Como le gusté desde que me vio, y era realmente un niño de buenos sentimientos, estuvo ahí detrás, hasta que di el brazo a torcer, porque, para qué negarlo, a mí también me gustó.

Fue una historia de “amor-complicidad” muy bonita, pero bastante corta. Nunca dije “te quiero”, pero él sí y es lo único por lo que podría tacharlo. Recuerdo que, por msn, conversé con todos mis amigos de España, de la época de la Universidad de Navarra, preguntándoles: “¿qué quiere decir realmente un español cuando dice `te quiero`?”… ¡Las cosas que uno hace a veces! ¡Qué risa!

Él se fue a España y yo quedé, cual Penélope, a su espera. Pero luego de algunos meses, él ya no pudo más y yo… no sé, yo estaba esperando, porque era lo que me tocaba y procuro no fallar en estas cosas, sobre todo si el tipo lo vale (dulce ingenuidad que da la falta de experiencia). Sin embargo, una vez que le dicen a una que ya no la quieren, ni tonta para quedarse ahí, ¿verdad? A seguir con la vida, que gracias a Dios aún hay esa oportunidad.

Adrián es uno de esos ex amores que no duele recordar, ni siquiera porque ya no se les tiene. Entran y salen de la vida con tanta suavidad, que apenas hacen daño. Son eso, el “polvo mágico”, la nota que hacía falta para recordarte que eres buena, que eres bonita, que el que te dañó a la mala es el verdadero malo de la película, que la vida sigue y que hay que sonreír.

Digamos que con este niño dejé completamente de lado la idea romántica que tenemos muchas mujeres, acerca del “chico malo que me quiere bien”. No sean ilusas, colegas, los chicos malos son eso, chicos malos. No quieren bien, no nos van a querer bien por ser bonitas, si ni siquiera son capaces de quererse bien a sí mismos, sin egoísmos ni violencia. Lo bueno no empalaga, lo bueno te hace feliz. Ténganlo en cuenta a la hora de valorar a las personas.
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(Además, entérense que por más buenos que sean, siguen siendo hombres, así que sus terribles dolores de cabeza les traerán, para darle emoción a la relación, jajajajajaja)
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Gracias a Dios hubo un Adrián en mi vida, o no existiría este blog… o no sería capaz de correr un nuevo riesgo, a pesar del miedo… o seguiría herida y no podría amar bien.

Hoy tengo el corazón lleno de amor, aunque duele que mi precioso esté lejos ahora. Sin embargo, mi David, debo decirte que espero sinceramente nunca poder/tener que dedicarte un post como éste.

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P.D.: Adriancito, si alguna vez lees esto, por favor no vayas a creer que lo he escrito sólo porque recientemente me has enviado el último disco de HIM, en orginal, no señor (jejejejeje). Aunque claro, te lo agradezco, soy la chica más envidiada por los hombres de mi oficina y la única en todo el norte del Perú con un ejemplar como éste entre sus posesiones… ¡Mil veces gracias!
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viernes, marzo 03, 2006

El vestido

El dilema que el día de hoy me ha embargado es uno de los más idiotas que han ocupado mi tiempo en los últimos años: un vestido de fiesta.

Hace 4 años, este problemita se habría resuelto en dos minutos, llamando a mi abuela. Ella, modista de antaño y con fama en Sullana, tomaba medidas, me acompañaba a comprar la tela, y en menos de dos semanas, tenía el chisme listo para usar, en la fiesta de graduación que corresponda.

Recuerdo que me hizo un lindo vestido negro, sencillo y largo, muy acorde con mis tendencias del momento, que usé una y otra vez, hasta que lo perdí de vista.

Fui con el vestido negro aquél a la graduación de David, en ese entonces uno de mis amigos más queridos. Todo estaba bien, hasta que encontré por ahí a una de las amigas más elegantes de mi catálogo, quien me miró atentamente y me dijo: “demasiado tétrica”. Le dije: “soy yo, ¿qué esperabas?”. Reímos y se acabó.

Desde entonces no asistí a ninguna fiesta (3 en 3 años) con otro traje, pues estas tensiones de buscar vestido no fueron hechas para mí, que ya otras preocupaciones la vida trae…

Pero algo pasó. Luego de haber vivido unos años en Piura, me choqué de nariz con una triste y usual realidad: las mujeres se fijan en cómo van vestidas las demás, catalogan imagen, hilillos sueltos, tela y modista. Hacen sus cálculos mentales del precio y te destrozan impíamente. Y yo, hasta el momento, viviendo engañada, creyendo que a las fiestas uno iba a pasárselo bien, y ya.

Me invitaron a un matrimonio el año pasado, y por sugerencia del medio generalizado, opté por serle infiel a mi abuelita, y recurrir a mi amiga, la más elegante del catálogo, para pedirle consejo y asesoría. Ella optó por prestarme uno de sus preciosos vestidos importados de USA, full New York. La verdad es que me encantó cómo me quedó, era inmensamente bonito, tanto que me dio mala espina llevarlo conmigo, pues supuse que algo malo le pasaría.

Por la predisposición a arruinar una prenda demasiado cara para mi rústico pellejo, tuve todas las precauciones posibles con ella. Me la probé en casa, para que David me viera. Le gustó, pero opinó que ese vestido tenía más de una puesta, y notó un huequito en la gasa, atrás, cerca del cierre. No le di importancia al detalle y seguí sintiéndome feliz por usar semejante belleza.

Llegó el día de la fiesta. Continué cuidando el vestido, dentro de lo posible. Además, disfruté estar allí luciendo enamorado por primera vez en Piura, conversando con viejos amigos y toda la diversión posible.

Luego, por viajes y cosas, tardé en llevar el vestidito a la lavandería. Pasé a recogerlo 3 días después, para devolvérselo a la dueña en calidad de urgente. Lo recibí, revisé muy por encima, y lo entregué, forrado en plástico, completamente extenso y pleno.

Al día siguiente, mi amiga llegó a mi oficina. Con una sonrisa incómoda, los ojos brillantes y todo lo calmada que pudo, me dijo:

  • El vestido huele horrible… ¡Y tiene un hueco enorme en la parte de atrás, junto al cierre! Yo no me di cuenta, sino Paty, que lo iba a usar en un reinado… El olor debe ser de la lavandería, el hueco, no sé. Por favor, llévalo otra vez a lavar…


En fin, huelga decir que me sentí avergonzadísima y completamente entristecida por lo que había pasado. Odié a todos los que me sugirieron que opte por una modista renombrada, o por lo que sea que no tuviera que ver con mi abuela (lo confieso, también odié a David por animarme a buscar otros vestidos aparte de los que habían en mi ropero). Pero nadie tenía la culpa de nada, salvo yo, por no avisar a tiempo del hueco, por no cuidar mejor el vestido y, por último, por preferir parafernalias sociales, estupideces de viejas habladoras y gente de “otro level”. ¡Al carajo!

Mi nick del Messenger por esos días fue: “creo que tengo escamas”. Lo cierto es que me deprimí, sin llegar a necesitar ansiolíticos, gracias a Dios (eso vino después y por otros motivos).

Intenté pagar el vestido a mi amiga y se ofendió con la oferta. Ella es buena y me quiere. Cuando se le falla a alguien así, duele más. Pero no hemos vuelto a hablar del tema.

Y hasta hace un rato, me estaba doliendo el estómago y casi me salían lágrimas de no poder optar entre mi abuelita y alguna modista de Piura, porque me toca ir, en unos días, al matrimonio de una prima de mi enamorado. Estoy con poca plata y el hecho de sentirme así de tonta e indecisa con un asunto que patea todos mis complejos e imperfecciones, me hacía doler la cabeza. ¿Para qué miento? Lloré.

Entre párrafo y párrafo de este post, levanté mi trasero, tomé el teléfono y llamé a la mamá Blanca:

- Mamita, quiero que me hagas un vestido… ¡Pero quiero que sea el más bonito de todos los vestidos bonitos que me has hecho!
- Yo te lo hago, hijita, pero tú me tienes que dar el modelo y lo adaptamos a tus medidas…
- Sí, mamita. Lo quiero para (tal día).
- ¡Ah, sí hay tiempo!
- Pero tú me acompañas a comprar la tela, ¿sí?
- Claro, yo voy, si quieres la compramos en Piura.
- ¡Ya! Pero que sea la próxima semana, que me dan un adelanto, porque ahorita no tengo nada de plata.
- Ya, no hay problema, hijita…
- Oki. Y dime, ¿cuánto me va a costar?
- ¿Cómo que cuánto? ¡A ti no te cobro!
- No pues, así no es… Ya, mira, compramos la tela y vemos, pero de todos modos te voy a pagar, porque ya lo tenía presupuestado.
- Ya, hijita, pero no te preocupes…

Y bueno, pese a que algunos moscardones mal situados en mi conciencia me están recitando complejos y poses en las dos orejas, creo que he optado por lo más correcto y sensato.

¿Por qué todo tiene que resultarme tan existencial? Pedazo de inmadura emocional, eso es lo que soy. Pero bueno, sigo viva.

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jueves, marzo 02, 2006

Dolor de cabeza

Llegué de Lima el lunes, después de una semana intensa, trabajando, corriendo de un lado para el otro, conociendo a mis socios y aliados en la capital, compartiendo con David todo lo que no se puede en el mes, soñando, buscando posibilidades de estar mejor, sonriendo, discutiendo, llamando por teléfono a los nuevos contactos, ubicándome con las combis, entrando en jeans a la sede de la Unión Europea, sólo para descubrir que el ambientillo diplomático-burócrata me deprime, conociendo una playa del sur, amante, estresada y feliz.

Fue una semana bien aprovechada, no lo puedo negar. Sin embargo, desde que llegué a Piura he sentido una sensación de tristeza en el corazón, que me alarma, pues no se trata del típico síndrome premenstrual que mensualmente me hace creer que el mundo se ha acabado.

Es… insatisfacción de seguir aquí, ganas de que toda labor conocida acabe de una vez, para empezar algo nuevo, con mejores perspectivas de vida… Ganas de creer que puedo estar un poquito estancada, deseos de vivir conociendo gente en las montañas, haciendo cosas bien hechas, con un total respaldo de que no hay otra opción que la correcta, sin favores, sin imágenes, sin intereses superiores.

He sentido deseos de convivir realmente con la gente que huele sucio, que viste sucio, que sonríe limpio y aprende con humildad. Estoy cansada de ser parte del sistema que avala injusticias. Trabajo de hormiga, calladito, es lo que quiero hacer. El ruido sirve para atraer la atención, quiero atención en cosas que valgan la pena. Una vez le pedí a Dios que me permitiera ser la voz de quienes temen levantarla, para pedir lo que por derecho les toca; los ojos de quienes, por costumbre, no ven que son dañados.

Seguiré tras eso, no quiero perder el rumbo, ni olvidarlo. He estado demasiado metida en lo “políticamente correcto” y, quizás Lima, quizás el amor, quizás las expectativas de mi madre, me han mostrado que puedo exprimirme más el cerebro y las energías, que ahora.

Amo a mi mamá por entenderme y sentirse orgullosa de mí. Amo a mis hermanos por ser buenos chicos y hacer lo que el corazón les dicta. Amo a mi padre, por haber sido un ser humano lleno de contrastes, por enseñarme a tolerar, respetar, trabajar, luchar y llorar. Amo a mis amigos, porque me quieren incomprensiblemente. Amo a mi David, porque me ama dejándome ser y quisiera viajar a cualquier punto del planeta, con él.

He aquí el grupo de seres por los que no debo olvidar quién soy.

Estoy cansada, muerta de sueño y desanimada, pero ya falta poco y hay mucho por hacer. Espero que haya valido la pena, no tanto el trabajo institucional, sino las semillitas buenas que cada uno de nosotros, todo el equipo, haya podido sembrar en esas personas bellísimas, de voz bajita y marcado acento serrano. Que las cosas malas no echen raíces.

Quizás escriba un libro sobre esta experiencia en los próximos años.

El fin de semana veré a mi mamá y hermanitos, luego de muchos días ingratos. A fin de mes, veré otra vez a David. Es extraño y bonito sentirse así de incompleta por la distancia, y tan plena cuando está cerca. No voy a preguntarme más qué es lo que pasa, simplemente, lo viviré.

Muchas cosas… Hace mucho que no escribo sobre mi trabajo y los demás. Quiero darle un abrazo a mi comadre de 19 años, de Chalaco. Ella es feliz cuando estoy por allí, su hijita de 3 años me saluda cariñosa, me da besitos y juega a las carreritas.

En fin, seguramente otra vez me hace falta dormir. El ambiente en la oficina no ha sido agradable en los últimos días, el jefe está molesto y eso se siente en casa rincón… ¡Caray con estos jefes omnipresentes!

Sí, debo dormir. Y para ello, terminar con mis pendientes de hoy. Y limpiar mi casa. Y sonreír.