domingo, mayo 07, 2006

Mi dulce niño...

No te avergüences de tus virtudes, aunque por ellas te hayas sentido mal anoche. El dolor que te causó todo lo que ocurrió es la mejor prueba de que tú misma sabes cuánto valen las cosas buenas que haces…

El cura siempre escucha y siempre está ahí, para ayudarme. Todas las personas abandonadas en su momento, en pos del amor, están conmigo, nunca se fueron. Mis amigos y amigas de siempre, los y las que me quieren con todo el corazón, permanecen alrededor. Incluso mi tía, la “gorda horrible” de mi tía, a quien nunca faltaré al respeto, pues no tengo cómo agradecerle todo el apoyo que presta, diariamente, a mamá y mis hermanos.

No puedo permitir que mis seres amados sean juzgados nuevamente, no puedo permitir que se conviertan en objeto de burla y murmuración, aunque las ofensas provengan de un ser aún más querido. Menos aún puedo permitirme dar lugar a esas ofensas, quejándome, aunque quien me escuche sea dueño de mi corazón, sea, en mi romántica ingenuidad, “mi mitad”.
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Viernes por la noche. Salí con las chicas y me he sentido peor desde entonces. Se han portado bien conmigo, no lo voy a negar, y constantemente demuestran cuánto vale mi amistad para ellas. Son buenas.

Sin embargo, ¿cuán diferentes somos? ¡Tanto, a veces! Las cosas iban bien, incluso me animé a usar el pantalón a la cadera de ella, y esa blusita marrón, sin sujetador, que me hacía ver tan flaca como un niño de Burundi, y por tanto, “regia”.

Pensé que estaríamos conversando, cerveza en mano, toda la noche, en el famoso bar aquél, al que casi nunca me animo a entrar por resultarme un forzado concentrador de la “crema y nata” de Piura. Mentira, no es tal, en realidad es abierto al público, pero los precios de las bebidas casi nunca van con mi presupuesto.

A veces no sé quién demonios soy. Por trabajo y por doctrina de vida, suelo tener poca vergüenza para moverme tranquila en las circunstancias más extremas. Sin embargo, a veces me han despreciado, me han tratado de “chola”, “negra” y “gorda”. Me han dejado con ganas de volar algunas cabezas y quedarme en mi rincón.

Hoy el cura me lo dijo: “te gusta coger tu mochila e irte a caminar al campo, tomar fotos –que te salen bonitas-, ser libre. Sin embargo, noto que no te muestras entre la gente de aquí, que te ocultas. No debes ocultarte, no debes tener miedo. Entiendo que a veces la presión es fuerte, es estresante. A nadie le gusta ser el punto de atención, de miradas y comentarios, eso cansa”.

El cura me mira comprensivo, sus ojos brillan de tanto amor y tanta piedad. Me anima, sí, a mejorar un poco mi imagen y sentirme más segura. Sabe que soy capaz de sentirme perfectamente segura en cualquier circunstancia, pero para ello es necesario que me dejen hablar, que me dejen sola, de cara al problema, que me dejen ser, que soy buena y valgo. Él, y mi amiga la sicóloga, me han dicho que es normal sentir miedo ante lo que no se conoce, o se conoce poco. Que eso no me hace tonta, ni acomplejada. Que es un proceso natural.

A veces soy incapaz de reconocer el “nivel” de la gente con la que me relaciono. A mis conocidos los clasifico del siguiente modo: “me caes bien o no”. Al que me cae bien, incluso puedo acogerlo, luego, como amigo. Al que me cae mal, lo observo un poco, le doy chance. Si el prejuicio se destroza y es pertinente, lo recibo en mi corazón, sin mirar atrás. Si el prejuicio se confirma, me alejo. Fin del problema.

Pero debo aceptar que las diferencias sociales me entorpecen el tino. Si me presentas a tu trabajadora doméstica, la saludaré con un beso, aunque protocolarmente no sea correcto. Soy estúpida para estas cosas, gracias a Dios.

Reconozco que, de plano, los “pitucos” o “pijos” me causan antipatías. Pero dejan de ser “pitucos” si empiezo a conocerlos y quererlos, es más, se me olvida que alguna vez, en mi compleja cabecita, lo fueron.

Con mi último enamorado aprendí cuán clasista es la sociedad piurana. Sabía que existían grupos distintos y yo no formaba parte de alguno de ellos. Me molestan las injusticias, que unos tengan mucho y otros casi nada. Pero acepto que así es el mundo y agradezco que haya quienes, de un modo u otro, puedan manejar mucho dinero, pues algo de eso siempre va destinado a ayudar, sépanlo o no.

Él es un tipo bueno, que fluctúa entre lo que le hace feliz en esta etapa de su vida y lo que tiene que hacer, porque es lo que le toca. Lo amo, porque conozco ese conflicto, pero amarlo no es sano, pues él no me quiere más consigo.

Yo también tengo mis conflictos, todos los tenemos. Aquella bipolaridad, aquellos ambientes desconocidos en los que a veces debí moverme, tomada de su mano, me asustaron. Aquella incapacidad suya, seguramente temporal, de decidir entre uno u otro, me creó gran inseguridad. El desenlace ya se dio y duele. Dios sabe por qué hace las cosas. Tengo ahora la dolorosa y serena sensación de que el agua ha vuelto a su cause normal.

A veces, estando con él, llegué a sentirme “fuera de lugar”. Él siempre gustó de mi forma de verme y vestir, él mismo no se ocupaba mucho de su presentación. Sin embargo, él sabía tanto de protocolo, de buenas formas, de elegancia y glamour… Ante eso, una niña asustadiza como yo, no pudo sino sentirse triste, sentir que no podía llegar al nivel que él conocía (ojo, que no exigía). Tal vez ambos debemos aprender a ser más comprensivos.

Para mí era importante que en aquella fiesta, la gente me viera hermosa, junto a él, con el vestido más bonito del mundo. Para mí era importante que mi abuelita hiciera ese vestido. Para mí son importantes incluso las cosas más simples, que a otra persona tal vez no complicarían. ¿Por qué estoy llorando? Así soy.

Cuando vi la película “El jardinero fiel”, entendí que no era la única. Fui una mujer que debió callar sus ímpetus, para que él no mostrara su desaprobación. Fui una mujer que a veces no exigió más de lo que él podía hacer, simplemente para no permitirle decepcionar mis principios, por lo mucho que le quería.

Yo no deseaba brillar, sino que él lo hiciera. Con eso, me sentía satisfecha y orgullosa. A mí me basta con firmar lo que escribo y que mi nombre, al pie de mis fotos, se vea con claridad. Esta es mi presentación y sé que, una vez pasada la etapa de “entrar por los ojos”, las personas inteligentes lo valorarán.

Yo deseaba que él me llamara por teléfono una vez a la semana, sin olvidarlo.

Una vez él me dijo: “Por estar tanto tiempo con lacras sociales, ahora crees que eres una de ellos”. Fue cuando, estúpidamente, me comparé con su ex enamorada, linda, inteligente, perteneciente a ese grupo social que mira con atención tus ascendencias. Me comparé para quedar peor, por eso, por miedo. No tiene caso llorar sobre la leche derramada, a estas alturas. Ya alguien podrá quererme con esos miedos, los notará y se cuidará de no generarlos. Ya alguien me amará y se las arreglará.

Yo nunca he estado con “lacras sociales”, sino con personas “diferentes”, con problemas bizarros por los que tal vez yo nunca tuve que pasar. Ya no estoy en edad de pensar en “buenas o malas influencias”, pues tengo el control de lo que me hace bien y mal. Tengo amigos diferentes, tengo amigos extraños y menos extraños, tengo amigos buenos, sin más.

Ayer recordé todo esto, cuando las chicas me dijeron que, ante la implacable sociedad “burguesa” de Piura, debía cuidar mi imagen. Que no estaba bien no tener buena ropa para salir a una reunión, que no era un “muchachito”. Agradecí el consejo y les pedí que, a la quincena, me acompañaran a hacer compras y me ayudaran a escoger.

Sin embargo, ellas continuaron. Y opinaron sobre un tema que nunca debieron, porque me es sagrado. Sobre mis responsabilidades familiares, ante una madre viuda y dos hermanos en el colegio. Opinaron que no era mi obligación, que debía pensar más en mí y que esto no sería una “seguridad” a la hora de establecer una nueva relación.

Fue un momento de aquellos en que lo único que quiero es que mi mamá me abrace y mi papá me defienda. Una vez me pasó con mi ex enamorado, luego de un "caballazo" suyo, quien opinó (¿por qué todos opinan?) que eso de “querer que mi mamá me cuide” no era una actitud sana, siendo yo una mujer adulta.

Fui al baño del bar elegante, me encerré algunos minutos y empecé a llorar y a rezar… “Dios mío, Tú sabes, Tú sabes, Tú sabes… ¡Oh, Dios, Tú sabes!”…

Salí, con la cara limpia, como la princesa que soy, con una gran sonrisa, y continué allí, un rato más. Luego, fuimos a una discoteca de moda, a la que sólo he asistido tres veces, desde que se inauguró.

Sentí asco… Fue peor, recordé que con él nunca tuve que estar en un sitio así, porque tampoco le gustaba. Recordé las reuniones interminables con los chicos en su casa, lo a gusto que allí se estaba. Recordé que lo quiero y fue peor, peor, mucho peor.

Pero se trataba de estar contenta, de no pensar en “huevadas”. Bailé un poco, me presentaron a un muchacho que se me enquistó durante varias canciones. Me di cuenta de su intención y hace mucho que no estoy para estupideces. Necesitaba ayuda. Vi un ángel…

Se trataba de mi “eterno amor adolescente” (que será adolescente ante mis ojos por el resto de la vida, aunque ahora ya va por el tercer año en la universidad). Me saludó, con amabilidad y coquetería, aproveché un pare de la música y me acerqué a saludarlo, eufórica. Le dije, bajito, que me ayudara a quitarme de encima al muchacho ese. Fue mi cómplice.

Conversamos acerca de las vidas nuestras, en los últimos meses. Supo de mi dolor y me dio ánimos, a su manera, como un chico de 20 años sin complicaciones. Fuimos a bailar, y gracias a Dios nos tocaron todas las canciones que me oprimen el corazón, pues las bailé con mi enamorado, sintiéndome siempre la mujer más feliz del mundo.

Lágrimas. No llores, Angelita, me dijo el niño. Mi dulce niño… no él, la canción, esta que no tiene cuándo pasar de moda. Qué bueno, sonreí en mi llanto. Qué bueno, amigo, de ahora en adelante, cada vez que escuche esta canción, me voy a acordar de ti y de nadie más. No llores, Angelita.

Después de eso, volví al grupo. Apareció otro ángel. Un amigo de la universidad, mayor, tenor del coro (yo era soprano). Un hombre bueno, leal, más que bueno. Por fin, en toda la noche, me sentía ubicada y segura. Fuimos a la terraza, me invitó cigarrillos, aunque él no fuma, y actualizamos datos. No nos habíamos visto desde el 2003. Perdimos el mutuo rastro y él asumía que yo estaba fuera de Piura, fuera de Perú, siendo quien soy y aportando, representando, siendo feliz.

Le conté acerca de mi conflicto del mes y el conflicto de la noche. “Angelita, tú no debes preocuparte por agradar a esta gente. Tú no eres de las personas que deben seguir parámetros, sino que eres de aquellas quienes marcan nuevos parámetros, abren caminos. Eres capaz de hacerlo, y te veré haciéndolo, porque sé que puedes”.

Tal vez no sea verdad lo que dice (aunque a veces siento que sí), pero fue bueno pasar las dos últimas horas de fiesta hablando con él. Fue de mucha paz para mí, de mucha paz.

Al volver a casa, ya amaneciendo, aún sentía dolor. Hice algo de lo que no me arrepiento (pero, por si acaso, procuraré mantener mi celular sin saldo, hasta que esto se me pase) y por fin pude dejar de llorar, y dormir.

Hoy el cura me dijo todo y más, y mi Eli, compañera de oficina, ha demostrado, por enésima vez, cuán pura y fuerte es su amistad y su amor por mí.

Gracias, Dios, por todo lo que me das. Gracias por esta gente que me ha sostenido. Gracias.


P.D.: No compraré ropa esta quincena, sino que me matricularé en clases de teatro, que empiezan el mismo día de pago. Los trámites de fuga siguen…

5 comentarios:

July Calmet dijo...

Angela, tengo aficion a ver el "como" estan escritos los textos, me encanta como escribes: desde como armas una cadena a traves de la cual puedes decir lo que tienes en la cabeza sin aturullar hasta la forma en que construyes las frases.

Admiro tu libertad a la hora de escribir y tu regio desprecio por lo socialmente correcto. Es maravillosa la forma en que la pluma (el computador, propiamente dicho) nos saca el cascaron y las mascaras... ¡Sigue siendo libre!

Elizabeth dijo...

Hola amiga de mi corazón, gracias por nombrarme, te quiero muchísimo, y me siento orgullosa de tener una amiga como tu.

Es cierto a veces muchas pasamos por situaciones similares y nos ocultamos, yo te contaba todo lo feo que me pase desde que llegue de Ecuador hasta como el tercer año de la Universidad por este tema social en Piura inclusive de mi propia familia.
Sientes que la gente es diferente y llena de prejuicios, pero como dices todos son diferentes. Lo importante es no dejar que te hagan sentir mal porque no tienen derecho.

Estoy muy feliz por la persona que eres, me da gusto que sigas la idea original de marcar parámetros, también me da mucho gusto que puedas ayudar a tu familia y como amiga too me siento orgullosa de ello, eso te hace mejor persona que los que no lo hacen, pues poder ayudar a la familia vanagloria, hace sentir muy especial y llena profundamente.

Me encanta la forma de expresar lo que sientes, definitivamente eres una estrella.

Quisiera escribir mas cosas pero soy sentimental............

Abrazo

Te quiero mucho

digler dijo...

pues yo creo que no necesitas comprar nada, tienes todo lo que una persona puede anhelar, y quien dude de eso, pues no sabe lo que se pierde

Yuri dijo...

Angelita,

Disculpa que no haya podido estar contigo el tiempo que hubiese querido ...cosas del trabajo y del mundo de adultos.

Como te dije en nuestra última conversación, el tiempo -ya sé que es trilladazo- lo cura todo; más aún, nos ayuda a reflexionar y comprender que el dolor que sentimos es necesario para poder madurar y crecer como personas.

Con respecto al no sentirte ubicado alguna vez en la vida, en algún lugar y con ciertas personas estoy completamente de acuerdo con mi amor platónico ja! -la gana de fregarla- creo que todos alguna vez hemos experiemntado esa sensación. Y también estoy completamente de acuerdo con ella, te quiero amiga así como eres; rara, pero te quiero.

Por otro lado, quiero aclarar el tema de “lacra social”, tema que no me afecta en realidad. Pero si quiero dejar en claro el término. Lacra hace referencia a: “Vicio físico o moral que marca a quien lo tiene” o “Persona depravada” . Entonces, con todo el respeto del mundo que tengo a tu sentimientos Angelita ...Que no joda!!! ...me cae bien el tipo... pero ...Que no joda!!!

Para terminar, dejame decirte que estoy completamente de acuerdo con July sobre tu dotes de escritora. Lamentablemente soy harto taba para escribir, será por eso que pocas veces me animo a escribir un comentario en tu blog ...ahí tienes otra prueba más de que todos alguna vez nos sentimos acomplejados ...pero como dijo Libertad: en el ludo soy todo un pantera ...ja!

Te quiero

El gordo

Angela dijo...

Ojalá el tiempo pase rápido y se lleve consigo recuerdos buenos y malos, todos los recuerdos. Si él no los respetó al decidir que no merezco su amor, ¿por qué debo guardarlos con cariño en mi corazón?...

Es doloroso saber, a estas alturas, que su afán por ser "el mejor hombre en mi vida" sólo lo llevó a cansarnos a ambos, a herirnos a ambos. Es quien más daño me ha hecho, quien más me ha destrozado... y no es justo, porque yo estaba enamorada y confié.

Me siento tan estúpida e impotente, sin embargo... no hay nada, sólo un pasado corto del cual reniego todas las mañanas. Nada más.